El PP y el ruido de sables

VienenRojosA la amenaza velada, a la coacción discreta, al subrepticio chantaje y a la sigilosa intimidación, cuando se ejercen sobre el estado y la convivencia, se les llama ruido de sables. Es el recoveco donde se emboscan quienes no aceptan la democracia, quienes nunca creyeron en ella. El Partido Popular, apretando el cuello de España con psicótico afán, no admite que las gargantas busquen un hálito de aire, de vida, y se aparten de sus garras. Tras la adversidad electoral, el ruido de sables es su discurso.

La tradición española es rica en ruido de sables, en asonadas cuarteleras, golpes de estado o infundios orquestados para amedrentar al pueblo y ensalzar, por ejemplo, oprobiosas restauraciones. El PP no acepta su derrota porque la gestión y el despojo de lo público es la labor mejor retribuida, indemnizada y jubilada de España y no es fácil renunciar a ella. Toda derrota genera miedo cuando hay algo que temer y ese miedo acciona trituradoras de papel, formatea discos duros y pone los sables a dialogar, en estado de barahúnda social.

El idilio de la derecha española con los sables se remonta al golpe de estado del general Franco, golpe que no ha sido condenado por el ¿democrático? partido que gobierna. La Ley Mordaza, la protección de imputados (ahora “investigados”) o la prohibición de informar gráficamente al pueblo sobre dañinos delincuentes, son pequeños sablazos a la democracia del mismo PP que, en boca de sus líderes y cargos públicos destacados, ha empuñado la batuta para dirigir una sinfonía de sables como dios manda, como sólo ellos y ellas saben hacerlo.

El Partido Popular es hoy el partido más radical de España, una mafia predadora que amenaza con colocar zapatos de hormigón al país si no se cumplen sus caprichos. La reacción del espantajo Aguirre, de los portavoces, de los voceros y de la mismísima Vicepresidenta del Gobierno sigue el modelo del hampa haciendo correr la voz por todos sus medios en todos los barrios. ¡Que vienen los soviets y las huestes bolivarianas!” es el penoso y rancio grito que corean a las puertas de los cuarteles para remover a los acuartelados.

Por ahora, han sacado a cuatro fantoches borrachos de nostalgia con sus banderitas rojigualdas para rechazar las urnas y golpear a la prensa, culpable, según Rajoy, de lo que el pueblo ha votado. Han convertido un partido de fútbol, la válvula de escape social por excelencia, en un asunto de estado. Y a diario contemporizan con fanáticos como Losantos, Inda, Tertsch, Herrera o Marhuenda, que arengan miedo, odio y venganza como preludio a una partitura para sables y cornetas.

El radicalismo de extrema derecha, como las lagartijas, agita las colas que les han sido amputadas en los comicios para distraer la atención del enemigo. Ya no le vale, como a las serpientes, volver a cambiar de camisa pues todas las de su escueto armario son de color azul en distintas tonalidades. El daño a la ciudadanía española puede multiplicarse si consiguen su objetivo de amedrentar al desubicado PSOE para permanecer en el poder. Precisamente el PSOE justificó su giro hacia posiciones liberales moderadas con el ruido de sables que contrarrestaba la banda sonora de la libertad y la justicia durante la transición.

España es un extraño país donde la extrema derecha radical se ha hecho con el gobierno y azota con el látigo de la pobreza y la desigualdad a muchos de quienes la votan. Un país extravagante donde un partido socialista y republicano es sostén principal de un obsoleto régimen monárquico. Un grotesco país cuyo rey se desplaza a la vecina república para rendir homenaje a sus propios muertos republicanos, cosa imposible en las fosas y cunetas que laceran su reino. Un país estrafalario donde la salida de la cárcel de un torero homicida y una defraudadora tonadillera abren los telediarios mientras de fondo se escucha un pasodoble de ruido de sables.

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Aborto y otras mortandades

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Se podría estar de acuerdo con la nueva letanía del Partido Popular a cuenta del aborto si no fuera por la crueldad que conlleva. El aborto no es un derecho, reza el estribillo electoralista repetido mil veces por los peperos, como es costumbre, para que cale o cuele como verdad. Abortar es una decisión terriblemente dura que afrontan quienes sufren un embarazo no deseado percibido como amenaza para el presente de la mujer y el incierto futuro que aguarda a la criatura.

El PP, negando la mayor, el derecho a decidir en todas sus formas, se toma la libertad de decidir por la mujer, en este caso, y decide que el aborto no es un derecho. Se podría estar de acuerdo con que no es derecho, sino decisión, si tal decisión fuese tomada por la mujer dentro de unos parámetros amparados por la ciencia y no por un catecismo cualquiera. No se olvide que quienes atacan el aborto son los mismos que condenaron a Galileo y repudian a Darwin.

Pero la decisión la han tomado quienes hacen lo posible para que cuestiones como el trabajo, la vivienda, la educación o la sanidad dejen de ser derechos. Son los mismos cuyas hijas abortaban en la discreta clandestinidad londinense de los años 60 y 70 y ahora lo hacen en la costosa intimidad de las clínicas privadas. Para ellos no es asunto moral, ético, médico o jurídico, ni siquiera económico, nada de eso, se trata de un frío cálculo aritmético, una variable más de la proyección de voto, un imperdonable estacazo estadístico a la mujer.

El plumaje de la gaviota, manchado, sucio, mugriento, y en muchas zonas podrido, no es apto para mantener el vuelo y su caída en picado amenaza a lo que se le ponga por delante. Desnortado, el PP se erige en defensor de la vida una vez que el concepto pasa debidamente por su particular cedazo. El aborto no es un derecho, como lo son el derecho al suicidio de los desahuciados, a apurar hasta el último suspiro la hepatitis C o a pagar el entierro que la falta de recursos para el hospital o la nutrición adelanta en algunos casos.

Como campeones de la vida, paladines de los derechos y adalides de las libertades que son, también son dados a emprender santas cruzadas en los confines terráqueos. El síndrome de don Quijote ha aturdido sus mientes y se lanzan a reclamar a Maduro derechos que ellos merman o suprimen aquí en su tierra, en España. Proclaman que Venezuela es dictadura sin aceptar que es ahí donde conducen sus reformas neoliberales, sus recortes, su prensa bien pagada, sus presos políticos, sus cargas policiales y su ley Mordaza.

También tienen un cedazo para las calificaciones, otro para las libertades y un tercero para los derechos. Por el tamiz que que no cuela Venezuela, sin dificultad alguna pasan Marruecos, Guinea, Arabia Saudí, Guatemala y hasta la comunista China, como solventes democracias sin presos políticos, con prensa libre y sin sangre a sus espaldas. El colmo de la hipocresía es que sea Aznar, guerrero de Irak, negacionista de la dictadura franquista, comisionista de Gadafi, defensor de Videla o Pinochet, quien empuñe la antorcha libertaria en su carrera de guerras, dictaduras y dinero.

A tan orate señor le acompaña el sin par escudero Felipe González en tamaña aventura, esa de salvar patrias. Gran maestro del populismo, es indicada pareja para tratar asuntos del país cuyo presidente Carlos Andrés Pérez masacró a unas 3.000 personas en 1989 y González le ofreció 600 millones de dólares para aliviar tan crítico momento. El mismo escudero es sospechoso de aprender en Venezuela las virtudes de la guerra sucia del estado materializada en los GAL. Son gentes de esta ralea las que deciden qué cosa es el bien y dónde habita el mal, qué muerte es digna de compasión y qué derechos y libertades valen la pena.

El Movimiento redivivo

Movimiento

“Cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado PP y PSOE sus últimos objetivos electorales. La posibilidad de cambio ha terminado”. Así, presentando a las alternativas a la alternancia como un temible y feroz ejército con sangre y fuego en sus banderas, el bipartidismo ha conseguido mitigar su caída quedado el estrepitoso batacazo en coscorrón. 2.473.210 andaluces, más 2.266.104 silencios, han bendecido la corrupción y los recortes. Algo más de 1.150.000 han apostado por cambiar, lo que convierte a Andalucía en una comunidad conservadora e indiferente.

El pueblo español, perdida la batalla de Andalucía, próximas las escaramuzas municipales, pendientes otros choques autonómicos, avanza hacia la degollina de las generales de fin de año. El desgaste del Partido Popular le va a suponer ceder poder en favor de la guardia mora de Ciudadanos, socorro aliado de última hora para frenar a la brigada indignada. Al acecho para acaparar botines y medallas, la falange socialista atiende el frente interno en Ferraz donde hace tiempo que tocan generala.

En la calle, el desconcierto, reflejado en las urnas sureñas, hace convivir los anhelos y las iras con la indolencia y la ausencia de una alternativa definida, identificable, clara. Ha transcurrido un tiempo precioso, suficiente para dar a conocer un programa, en el que la tropa de la indignación no ha visto propuestas de sus coroneles o sus sargentos. El asedio del bipartidismo, del Ibex y de la prensa amaestrada los ha puesto a la defensiva, en trance de repliegue y casi de retirada.

El horizonte de votantes con precarias nóminas, con salud y educación expropiadas, con suministros básicos extractivos, sin vivienda o comida aseguradas, es desolador cuando se encierran en las cabinas electorales. A un lado, papeletas de rosas y gaviotas vendepatrias, a otro salvapatrias de círculos sin programa o siglas desgastadas y, entre ellas, las cañas de nuevo cuño que de nuevas no tienen nada. La necesidad de votar nunca estuvo tan complicada.

El voto, cautivo y desarmado, legitima las ilegítimas políticas dictadas desde Bruselas o Alemania, desde grandes empresas o desde la banca. La democracia, cautiva y desarmada, se ha convertido en una fábula, un cuento, una parábola, para legitimar tristes realidades y adormecer esperanzas. La ciudadanía, cautiva y desarmada, ha sido llevada al paredón de la desigualdad y la pobreza donde silban al unísono las oraciones y las balas.

Sólo quedaba el derecho al pataleo, a la libre expresión pública de quejas y necesidades que también, con la Ley Mordaza, ha sido cautivada y desarmada. El PP, en una razia desconocida en democracia, se ha llevado por delante el espíritu de la transición con su particular cruzada. Sabedor de que su mayoría absoluta y la estafa eran una oportunidad única, ha arrasado el país, como Atila, practicando una política de tierra quemada.

En España no volverá a crecer la hierba. PSOE y PP, con sus vasallaje liberal, sus Reyes Católicos y sus Torquemadas, lo malo conocido en España, han hecho frente común para prolongar la Edad Media. Ambos aspiran a turnarse en el sillón del Cardenal Cisneros, el de Pepe Botella o el del General Espartero, atentos a administrar el estado y obtener ganancias. Es el Nuevo Régimen, el nuevo/viejo Movimiento redivivo en el siglo XXI. Cautivo y desarmado el ejército rojo, ha alcanzado el bipartidismo su último objetivo: continuar.

Madrid-Caracas: ida y vuelta

venezuela

La campaña mediática e institucional desatada sobre Venezuela llama a la reflexión. Hay cosas de Venezuela que no me gustan desde mucho antes de esta campaña y otras muchas que sí me gustan y que no aparecen en ella. Me disgusta que sea España, su periodismo y su diestra casta, la que utilice a Venezuela para desactivar a la oposición interna. Me preocupa que este interesado discurso falsario cale hasta la médula en el español medio tabernario.

Han conseguido, martillo pilón, dibujar sobre el chavismo, ganador en 18 de 19 elecciones avaladas por observadores internacionales, rasgos dictatoriales. Me disgusta que se reprima a quienes exhiben símbolos contrarios a un jefe de estado, sentado en el trono por un dictador, que no ha ganado una sola elección y que está exento de pasar tan democrática prueba. El presidente venezolano se lo tiene que currar, y eso me gusta, para mantenerse en el poder o pasar a la oposición. El rey y la princesa Leonor, no.

Se le reprocha a Maduro que encarcele a opositores, cosa que me disgusta, desde un país que encarcela de forma ejemplarizante a quienes piensan en voz alta y en público de manera diferente al gobierno de la ley Mordaza y la ley de Partidos. Me disgusta que dé lecciones de democracia y de derechos humanos un país que ha abolido la Justicia Universal, que no condena el franquismo y que saca una moneda de curso legal que consagra como de paz 40 años de terror.

No me gusta que las élites venezolanas desabastezcan al pueblo para provocar su indignación contra el gobierno, y tampoco que las élites españolas se apropien de lo público con la complicidad del gobierno. Me gusta que, en lo que va de siglo XXI, la pobreza haya pasado del 49 al 27% de la población venezolana y me disgusta que España, en los últimos tres años, haya emprendido el camino inverso. Me gusta que la desnutrición venezolana haya pasado del 13,5 al 5%, el desempleo del 16 al 7% y que la UNESCO haya declarado a aquel país libre de analfabetismo. Me horroriza que la democracia española esté consiguiendo justo lo contrario.

Venezuela y España están hermanadas por oligopolios mediáticos que se vuelcan en denostar a la primera y encubrir las miserias de la segunda. Se echaba en cara a Chávez el uso de la televisión como elemento de propaganda, cosa que no me gustaba, y resultó un aprendiz comparado con lo que el PP ha hecho y hace con las televisiones públicas de España. Populismo llaman a Maduro y el pajarito, a Báñez y la virgen del Rocío. La prensa no es libre ni aquí ni allá y es la de España, sin duda, la más manipuladora y manipulada.

No me gusta un país que financia a partidos extrafronterizos. No me gustó la presencia de Carromeros en Cuba, ni las asesorías de Felipes González o Aznares a los Capriles de Hispanoamérica. No me gustan los países que apoyan dictaduras como la marroquí, la saudí o la guineana. No me gustan los países que flirtean y condecoran a dictadores como Pinochet o Videla. No me gusta que el dinero secuestre democracias y, en este sentido, no me gustan mis gobernantes, no me gusta mi país. Me gusta la utopía de que sea el pueblo quien gobierne España.

Me gusta que la dignidad de los pueblos latinoamericanos rechazara el Tratado de Libre Comercio de las Américas y escapasen del imperio norteamericano, ni Obama lo ha perdonado. La dignidad tiene un precio y Venezuela ha sido declarada enemigo público de USA, por su rebeldía y porque hasta EEUU se ha creído que es el modelo de la oposición al neoliberalismo europeo. Me disgusta y me horroriza que Europa haya caído en la sima de la indignidad permitiendo que las élites mercantiles y financieras, americanas y europeas, pacten en secreto, de espaldas a la ciudadanía, el TTIP, el tiro de gracia a la democracia.

Una diferencia a tener en cuenta entre Venezuela y España es que allí, para gobernar por decreto, el presidente pide permiso a la Asamblea Nacional. Aquí se hace sin permiso del Congreso, sin consenso, por la cara. ¿Venezuela o España? ¿Madrid o Caracas? Ni tan sucia ni tan limpia, ni tan dictatorial ni tan demócrata. O pueblo, o dinero: es lo que las separa.

Han ganado los malos

carcel

Una trama de suspense se caracteriza por la sucesión de acontecimientos inesperados y por una difusa caracterización de los buenos y los malos. A la angustia provocada por la matanza de París le siguen momentos de tensión e intriga que, por desgracia, la ciudadanía parece condenada a aceptar como parte del guión de su vida cotidiana. Como sucede con las cadenas de TV, obligadas por la industria del cine a repetir malas películas de serie B, la sociedad tiene que soportar pesadillas de forma cíclica sin posibilidad de cambiar de canal o apagar la tele.

Si, como dicen los próceres de las democracias, el objetivo del terrorismo es acabar con el sistema de libertades, se puede afirmar que las inmundicias del kalashnikov lo han conseguido. No se trata de que cuatro descerebrados, sin fe ni dios que la sustente, hayan invadido el continente europeo o derrotado a los demonios de la OTAN. Se trata de que las libertades democráticas vuelven a ser las víctimas, pero a manos de los presuntos buenos de la película.

El guión del terror yihadista es un guión de producción casera en el que cobardes alimañas muestran su capacidad para golpear los débiles cuerpos de dibujantes desarmados o indefensos viajeros de tren. Una hazaña sin honor digna de balandrones niñatos adictos a la ceguera que se dispensa en cualquier templo de cualquier religión. Una secuencia repetitiva de los golpes que se intercambian los actores del drama bélico global en los cuerpos de sus ciudadanos.

La película continúa y, a la sinrazón de los malos, le sigue la nada razonable respuesta de los buenos que, dicho está, se apresuran a golpear a la mayoría de los suyos que ha resultado indemne del atentado. Le Pen ha puesto sobre la mesa su propia yihad pidiendo la suspensión de Schengen y la criminalización de todo aquel que no tenga su color de piel e ideológico. El resto de los buenos moderados han sacado el bisturí dispuestos a amputar las libertades democráticas.

Cada atentado yihadista sirve de excusa, como parte del guión, para recortar libertades que resultan casi tan incómodas para los poderes occidentales como para los comandos de la ceguera. Sucedió tras lo de las torres gemelas, lo de Atocha o lo del metro de Londres. Todos los atentados son realizados por animales de imposible control y utilizados sistemáticamente por los gobernantes para justificar sus pulsiones limitadoras de libertades y sus ansias de control social. Y son los buenos.

¿Qué ha movido al caricaturista “Willem” a declarar que “Vomitamos sobre toda esta gente que ahora dice que son nuestros amigos”? Es lo que pasa cuando se asiste a la demostración de hipocresía escenificada en la manifestación de París, cuando se percibe con fundamento que los nuestros no acaban de encajar en el papel de buenos de la película. Los nuestros están dando la razón a los malos rematando la faena como no deben.

No han hecho falta atentados para que el Partido Popular criminalice las protestas en España, para que aparte a los jueces de la autorización para espiar teléfonos o para que perpetre la Ley Mordaza. El atentado a Charlie Hebdo es suciamente utilizado para rescatar sus viejas aspiraciones totalitarias de control sobre las redes sociales y para santificar la inhumanidad instalada en las vallas de Ceuta y Melilla. Le Pen y Le PPen quieren más, con o sin atentados. En muchos aspectos, sus intenciones programáticas también son terrorismo. Miren si no cómo sus propuestas y sus prácticas económicas matan y destrozan vidas. Definitivamente, han ganado los malos. Todos ellos.

Charlie y la hipocresía

charlie

Tres días de terror, de angustia, de dolor, de impotencia, de solidaridad y también de hipocresía. Ante un atentado como el sufrido por los humoristas de Charlie Hebdo, las industrias se han desatado en una vorágine de reacciones con inusitada magnitud emocional. La industria informativa ha hecho su agosto, la política ha llenado sus redes, la religiosa ha desbordado los templos, la armamentística se frota las manos y las redes sociales se han llenado de “Yo soy Charlie”.

Suele suceder, como antesala del olvido, cada vez que un hecho se escribe a sangre y fuego en una página de la historia cotidiana. Lamentablemente, estos episodios son diarios en un mundo eternamente entregado a la guerra y la barbarie, pero el uso de mayúsculas, negritas o cursivas se supedita al lugar donde se producen los hechos, a la filiación de quienes los sufren o al servicio prestado por quienes los perpetran. La escala del dolor cotiza en las bolsas ideológicas al alza o a la baja en función de cada inversor.

La Historia advierte, y caso omiso se le hace, de que todas las cruzadas son de ida y vuelta, de que el diálogo de las armas sólo vale para hablar de muerte y de que las desigualdades aniquilan al ser humano. Las sociedades se levantan sobre cimientos de sordera que las condenan una y otra vez a repetir sus fracasos porque los éxitos son acaparados por unas minorías encumbradas por el miedo y la ignorancia de las mayorías. Ahí tienen su origen todos y cada uno de los fanatismos religiosos que sustentan los fanatismos económicos, políticos y militares que condenan al mundo a lo que hoy es, pura destrucción.

Aún calientes los cadáveres, las reacciones de fobia y odio se han reavivado, como se ha visto con Le Pen al proponer como remedio homeopático a la barbarie la misma barbarie de plomo. La yihad occidental reclama su turno para hacer exactamente lo mismo que la yihad oriental en el macabro negocio del terror, el odio y las armas. Los talibanes grupos defensores de la supremacía occidental han sacado sus banderas y sus rapados cerebros a pasear en varias ciudades europeas, supuestamente por solidaridad, realmente por ciego fanatismo.

En España, recuerden que is different, Esperpento Aguirre se ha apresurado a utilizar el atentado de París para eximir de culpas a su conciencia aduciendo que demuestra que el 11M no tuvo que ver con la guerra de Irak. Pretenderá desligar las acciones del fundamentalismo mercantil de la OTAN en Irak, Afganistán o Libia y el permanente apoyo al genocidio practicado por Israel, de las reacciones del fanatismo yihadista. En España, is different, no existe Le Pen porque existe Le PPen.

Todo el espectro político ha condenado el asesinato de la sonrisa y el humor, el abanico mediático ha exhibido una enconada defensa de la libertad de expresión y la ciudadanía es Charlie por unos días. En la different España, el Partido Popular, sus medios afines y su militancia han izado la bandera de la hipocresía, una vez más, para defender lo que a diario atacan. La libertad de expresión ha sido manchada al ser reivindicada por el partido que ha promovido la Ley Mordaza, los medios que la han jaleado y los millones de españoles que, con su voto, son cómplices de ella.

Hace poco tiempo, un rato en la historia, la portada de El Jueves mofándose de los actuales reyes fue censurada, fue amenazada por caricaturizar a La Macarena la revista Mongolia y autocensuró su propietario otra portada de El Jueves por tildar a la monarquía de mierda. Facu Díaz ha sido imputado, Alfon, Carlos y Carmen han sido condenados, Loles León ha sido despedida y los manifestantes son golpeados, amenazados, identificados y multados por salir a la calle a practicar la libertad de expresión. España is not different, su gobierno es hipócrita, más bien idiota y peligroso como Le Pen.

Mariano Vidriera Rajoy

transparencia

Ignoro qué tipo de pócima, qué mágico bebedizo, le han hecho tomar secretamente al presidente de mi país para que, como sucedió al Licenciado Vidriera de Cervantes, se vea él todo transparente. Sospecho que la redoma ha pasado de boca en boca por todos y cada uno de los miembros del gobierno y de la plana mayor del Partido Popular. Su pretendida lucha contra la opacidad y la corrupción me hacen sospechar que el seso ha huido de sus cabezas, que ha desertado la razón de esa banda dándola por imposible.

Pocos días ha necesitado el gobierno Rajoy para pintar de negro los pocos cristales diáfanos que aún quedaban en su España de miedo y oscuridad. Mariano Vidriera insiste en que una capa de negro es el remedio para que la luz entre a raudales en las tinieblas institucionales donde sólo él y los suyos se desenvuelven como vampiros en noche cerrada. Creo que no soy la única persona que percibe cierta insania o perversidad en la conducta del presidente, su gobierno y su partido.

Cospedal, Santamaría, Floriano y todas las voces autorizadas por Génova y Moncloa espetan a la ciudadanía que son paladines de la transparencia y campeones anticorrupción. Se sienten Vidrieras y son percibidos por la calle como los falaces charlatanes que son. Los Vidrieras han rechazado que se investigue en el Parlamento el pufo de Bankia, cuyo rescate se ha llevado por delante la sanidad y la educación, y los casos de corrupción porque “no es el momento”. Para ellos, es el momento de la opacidad, de la oscuridad, de la mentira, de volcar la responsabilidad en Zapatero, de la impunidad.

Mariano Vidriera ha conseguido correr una segunda cortina tupida sobre la inmundicia corrupta que se mueve en su partido evacuando de la Gürtel al juez Ruz. La primera cortina la corrieron apartando al juez Garzón del caso por unas ilegales escuchas telefónicas que ahora legalizan, como si de la dictadura china se tratara, sin permiso del juez. Vidriera el transparente, el de los discos duros borrados y los registros de entrada perdidos, no debe seguir al frente de un gobierno con el que tapa las miserias, y los delitos, de su partido y –quién sabe– de sí mismo.

La visita a China le ha servido también a Vidriera Rajoy para aplicar en España los dictatoriales métodos de control informativo y dificultar, mediante la Ley de la Propiedad Intelectual, el acceso de los españoles a la prensa en internet. Portales de agregadores de noticias (Google o Menéame) son víctimas de la LPI, al igual que las libertades de prensa, de empresa, de competencia o la innovación, como acertadamente expone Arsenio Escolar.

El presidente Vidriera, consciente de que sus medidas no son en absoluto populistas (DRAE: “perteneciente o relativo al pueblo”), siente miedo ante su destino electoral y lo combate con pánico, con la Ley Mordaza. Tras el Día de los Derechos Humanos, el católico Fernández Díaz ha aprobado una inhumana ley para castigar la defensa de los derechos cívicos. Desde hoy, en España, se ha perdido lo más transparente de una democracia: la libertad de pensamiento y expresión.

El aparatoso Portal de la Transparencia, inaugurado con confetis verbales y mediática parafernalia, nace tarde y tullido. El portal se queda en anécdota comparado con la transparencia ofrecida por Wikileaks y Edward Snowden y perseguida por la derecha mundial. En un ejercicio de suma transparencia, Mariano Vidriera se ha atrevido a anunciar a los parados, a los desahuciados, a los dependientes, a los mal asalariados que la crisis, su crisis, ha terminado.