El ¿camarada? Pedro Sánchez

Camaradas socialistas

La palabra camarada tiene que ver en su origen con compañía, amistad y confianza. Luego, se utilizó para referirse a correligionarios y compañeros en partidos políticos y más tarde, hasta hoy, se ha acotado su uso a la militancia de izquierdas. En el último siglo de historia, el PsoE, presunto partido de izquierdas, ha huido de la palabra camarada como ha huido de toda simbología que pueda identificarlo con posiciones inequívocamente alineadas con el pueblo.

Durante la II República, el socialismo nominal hizo que el PsoE dinamitara desde dentro los gobiernos republicanos. Durante los negros años de la dictadura, este partido, con fuerte implantación social, hizo de avestruz dejando una cúpula testimonial en el exilio para no molestar a las élites financieras y empresariales del franquismo. Había que esperar la oportunidad, nada de resistencia, puro oportunismo. Algunos y algunas “socialistas” respondían, con miedo y vergüenza, más vergüenza que miedo, cuando eran interpelados con la palabra camarada.

Y, en esto, murió el generalísimo en la cama y, en esto, aparecieron Isidoro y el hermano de Juan Guerra enarbolando la bandera de los parias, de los descamisados, hecha de pana. Los del Clan de la Tortilla se impusieron, y cumplieron a la perfección, la hercúlea tarea de borrar la palabra camarada de su diccionario socialista. En realidad, no la borraron, sino que la desplazaron cubriéndola de un significado peyorativo para referirse a la izquierda, a la verdadera. Desde entonces, la misión primordial del PsoE ha sido, y es, destruir todo lo que hubiera a su izquierda para presentarse como La Izquierda.

Impulsados por la banca y grandes empresas como PRISA, y con el apoyo social de los descamisados, los socialistas gobernaron desde 1982 a 1996 con holgada suficiencia. Bastaron apenas tres legislaturas para que el rodillo se cebara con las clases trabajadoras: contratos basura, privatizaciones, reconversión industrial, OTAN, olvido de la reforma agraria, etc. Bastaron cuatro años para que la tradicional corrupción franquista fuese sustituida por la corrupción socialista.

En la última legislatura de Isidoro, prefirieron pactar con la derecha catalana antes que con la izquierda. Lo mismo se ha venido produciendo en gobiernos autonómicos, provinciales y locales desde las primeras elecciones democráticas. Lo mismo ha ocurrido en los últimos seis años (menuda es la felipista Susana): el PsoE prefiere siempre a la derecha para pactar por ser más cercana a ese socialismo nominal que históricamente le ha venido tan largo. Y de dialogar con sus bases y su electorado, mejor ni hablar.

Cada vez que el PsoE ha planteado unas primarias para la secretaría general, se ha topado con que la militancia ha preferido a auténticos desconocidos en lugar de los candidatos oficiales, tal vez porque éstos eran demasiado conocidos por el socialismo de base. De ahí surgieron el “camarada” Zapatero y el “camarada” Sánchez. De ahí han salido los escasos gestos políticos maquillados de izquierdismo que han vuelto a embaucar a un electorado defraudado, desposeído y descamisado.

El “camarada” Pedro Sánchez, apoyado por las cloacas y las sempiternas élites, no está haciendo más que continuar el legado del socialismo low cost, no nos equivoquemos: aniquilar a la izquierda y buscar apoyos en la derecha, secular hábitat del PsoE. Las negociaciones para su investidura se han complicado porque la derecha sin complejos se ha radicalizado. Ante la tesitura de tener que pactar con Unidas Podemos, el socialismo desnaturalizado vuelve a las andadas.

¿Meter mano a los sectores estratégicos privatizados? No, quita. ¿Garantizar la sanidad, las pensiones y la enseñanza pública? No, ¡Jesús qué cosas! ¿Regular la burbuja habitacional? No, que perdemos apoyos. ¿Apostar por la laicidad del Estado? No, por dios. ¿Derogar reformas laborales y Ley Mordaza? No, ¿para qué? ¿Banca pública? No, ni hablar. ¿Valores republicanos? No, jamás. ¿Desobedecer al Trump militarista? No, que nos putea. ¿Etcétera? No, no, no y no. Todo eso, y más, es propio de los camaradas de Unidas Podemos.

El PsoE de Isidoro, del hermano de Juan Guerra, de Susana Díaz, de García-Page, de Fernández Vara (en definitiva, de las élites políticas y financieras) sale triunfador en su principal objetivo: eliminar a la izquierda y restaurar el bipartidismo. La nefasta alternancia, madre de la corrupción y de las políticas antisociales, está de enhorabuena. Fuegos artificiales como lo del buque Acuarius y juegos malabares como la exhumación del dictador genocida le darán sus frutos electorales. Todo lo demás es culpa de Pablo Iglesias, incluida la subida del SMI que Sánchez explota como logro propio.

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Otra guerra civil

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Que la “modélica transición” fue un bluf, una estafa, una mano de pintura sobre un edificio agrietado y con deficiencias estructurales sin reparar, queda claro. España sigue bajo el mando de un capitán general de todos los ejércitos, invotable e inviolable, y los herederos del generalísimo vuelven a tomar las calles una vez comprobado que nadie les ha pedido, ni les pedirá, responsabilidades. “La calle es mía”, dijo Fraga sabiendo lo que decía, y su pupilo Aznar lo repite en boca de sus trillizos.

Desde los albores de esta “democracia” militarizada en su jefatura del estado, Alianza Popular primero y el PP después, han volcado hectómetros cúbicos de gasolina en el País Vasco y Catalunya. No ha obtenido mayor resultado que quedar a la cola, de forma marginal, comicio tras comicio, en esos territorios que cuentan con sus propias derechas autóctonas. Los intentos para incendiar ambos territorios nunca han cesado, basta con acudir a la hemeroteca.

Hay que reconocer que, entre todos los políticos del periodo posfranquista, brilla con luz propia José María Aznar, capaz de gobernar durante ocho años y pedir a los suyos que dejaran atrás los complejos. Este maquiavélico personaje ha pergeñado en su laboratorio de la FAES el siniestro plan cuyas consecuencias no tardaremos en sufrir. Hay que reconocerle el mérito de haber clonado su ideario franquista en tres jovenzuelos, ya no tanto, para reivindicar el supremacismo nacionalcatólico.

Desde que Alberto Rivera abandonó su militancia en el PP, sabiamente guiado por Aznar, para fundar Ciudadanos, su mochila de combustible consiguió primero el enfrentamiento entre catalanes y ahora entre españoles. Jugada maestra basada en el populismo prêt–à–porter, de cuñado y yerno perfecto, que tan bien domina. Se ha especializado en crear conflictos y su Trabajo Fin de Máster ha obtenido sobresaliente en el caso de Venezuela, pero busca el cum laude enfrentando a sus propios paisanos.

Desde que Santiago Abascal abandonó su militancia en el PP, sabiamente guiado por Aznar, para fundar Vox, su mochila de combustible ha servido para avivar el ardor guerrero de los nostálgicos del franquismo. Ha abierto de par en par el armario de la extrema derecha con un populismo de mercadillo que ha encandilado a gente guiada por bajos instintos y nulos escrúpulos. Su populismo cala en un electorado dejado llevar por las mentiras y la manipulación que tan bien les funciona a las opciones de extrema derecha en todo el mundo.

Desde que Pablo Casado, sabiamente guiado por Aznar, acuchilló en unas grotescas primarias a la derecha “civilizada” del PP, se ha convertido en un ayatolá del franquismo. Sus proclamas no tienen nada que envidiar a las de Millán–Astray o a las de Queipo de Llano y pugna con los anteriores por ser la mecha que vuelva a incendiar la península. Su populismo desbocado lo está llevando no a romperla, sino a dinamitar España, entre una sangría de votos de quienes, puestos a elegir, prefieren un original de extrema derecha a una burda copia tan falsa como su máster. La sangría también vierte votos de la moderada derecha pepera a Ciudadanos.

Y, mientras sus trillizos se aprestan a destrozar de nuevo España, José María Aznar, impasible ante la corrupción desatada en su partido, tiene el apoyo de la derecha disfrazada de socialismo. También las baronías del PsoE aportan sus reservas de gasolina sin tapujos al incendio anunciado e inminente: González, el hermano de Juan Guerra, Susana Díaz, Borrell, Bono, Lambán, García–Page, etc. El bipartidismo resurgirá de sus cenizas, como el ave fénix y poco le importa la cremación del resto de los españoles, como no le importa el sufrimiento del pueblo venezolano, ni los crímenes cometidos por Arabia Saudí o Israel, por poner algunos ejemplos.

Son los negocios, sus negocios. Y si la cuenta de resultados lo exige, bienvenida otra guerra civil.

Votemos

papeletas

Acostumbrada a salmodiar liturgias en las que no cree o, en el mejor de los casos, de las que desconfía y teme, la ciudadanía se apresta a la ceremonia de la urna. Las campanas han tocado por segunda vez para anunciar que estamos en vísperas y hay que hacer examen de conciencias ajenas para no votar en pecado. El tercer toque será en la mañana del 2 de diciembre próximo y quien no acuda al colegio electoral, papeleta en mano, quedará fuera del paraíso democrático.

Como suele ocurrir, poca gente acude a las catequesis con verdadera fe y la devoción se derrama por las grietas que las prácticas de las jerarquías partidistas producen. Para paliar esta crisis vocacional, las sectas recurren al impagable esfuerzo de sus misioneros y misioneras de tertulia durante todo el año en los púlpitos mediáticos. Las hojas parroquiales son redactadas por la aristocracia política tras recibir el soplo divino de sus deidades que confluyen en un solo dios: el dinero.

Todos los evangelistas tratan al rebaño como si la estulticia fuese su estado natural y la verdad, la única, fuese patrimonio secular de los pastores. Pero ¿de qué hablan?, ¿cuáles son sus mensajes? Conscientes de que el pueblo llano está educado en el rezo inconsciente de letanías, la élite pastoril esboza unos argumentarios que, recitados una y mil veces, son repetidos por el rebaño cada vez que los balidos hacen coro entre bocado y bocado de la mala hierba con que es alimentado.

En las misas andaluzas, los párrocos locales la han liado. Los obispos y cardenales primados los han dejado en segundo plano para tomar la palabra y propagar la idea de que el diablo existe travestido de independentista golpista, comunista bolivariano y pecador antisistema. Es una vergüenza que los intereses del rebaño queden soslayados por el único interés de los pastores: el voto, sin compromiso por su parte, el voto para autoproclamarse salvadores de la patria.

No es de extrañar que Marín o Moreno cedan el púlpito a Casado y Rivera, no es de extrañar porque los proyectos políticos de los curas de aldea no tienen que ver con Andalucía. El PP y C’s hace años que se han embarcado en una cruzada para enfrentar, unos contra otros, a los españoles. De hecho, Ciudadanos nació para enfrentar a unos catalanes con otros, a unos vascos con otros y, una vez conseguido el objetivo, han importado esta dialéctica frentista a Andalucía y al resto de España.

Las propuestas de unos y otros se atienen al catecismo populista que limpia los pecados en la oposición. Un catecismo de calcetín al que se da la vuelta sin pudor una vez alcanzado el poder, como hacen Pedro Sánchez y Susana Díaz. Hay que declararse protestantes, ciudadanos y ciudadanas con libre albedrío y capacidad para interpretar las biblias sin la concurrencia del virtuosismo manipulador de los profesionales de la política, o, mejor, directamente practicantes del ateísmo.

El tercer toque de la campana electoral llevará a millones de andaluces a depositar su voto en la creencia ciega de que dará la victoria a unos o a otros, un falaz dogma de fe: ganarán, como siempre, las élites de la Meca y el Vaticano. Es así. El FMI, el BCE y la OCDE, esas élites que jamás estampan sus logotipos en las papeletas, serán los vencedores en las elecciones andaluzas porque sus prelados de PP, PsoE y C’s son acérrimos seguidores practicantes de la biblia capitalista.

Como en otras ocasiones, como casi siempre, me queda el consuelo de votar a quienes más les jode a los pudientes, a quienes más acercan su mensaje a mi propia realidad personal e irrenunciable. Pecare, humanum est.

Realidad y deseo. Deseo y realidad.

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Los ojos se resisten a mirar el espejo, a interpretar la imagen reflejada en él como trasunto de una realidad que a nadie agrada, que a nadie convence. En la superficie pulida no vislumbran las causas de esas arrugas faciales, de esa pelambre salpicada de grises prematuros, de ese rictus mohíno, de ese estado de ánimo arrastrado que, día a día, los apagan antes de ver el sol. Los ojos contemplan la imagen de la derrota en una ciudadana cualquiera cuya vida se extingue como una hoja otoñal.

Los ojos buscan el refugio de otros cristales que muestran la otra realidad, la socialmente aceptada como única e inevitable contra la que no cabe pelear. La pantalla sacude las legañas con fogonazos de felicidad publicitaria y sacude las consciencias con imágenes de los culpables del deterioro físico y mental que el espejo reflejaba. Ahí se ven todos y todas, mostrados al mundo en la plenitud de la indecencia, en el cenit de la arrogancia, en la cúspide de la inmoralidad.

De una tacada, como fichas de dominó derribadas en hilera las unas por las otras, aparecen (un día cualquiera) el Tribunal Supremo, Cospedal, Torra, Otegui, Casado, Rivera, Susana, Chaves, Griñán, la banca, la empresa, la Iglesia, Franco, Trump, Bolsonaro, Salvini y muchos, muchísimas, más. El café sabe a cicuta, la tostada a hiel y el primer cigarro de la mañana se antoja la mecha nunca prendida para mandarlo todo a la mierda, para dinamitar esa cruel realidad.

Cuando la luz solar lo inunda todo, sobreviene el pasmo que induce a la ciudadanía a repetir sinsabores y frustraciones otra jornada más. La calle se llena de lánguidos ojos que deambulan rutinarios persiguiendo los asideros laborales donde se aferran las almas para creer que son libres y dueñas de sus destinos en esa realidad impuesta y falaz. Como cizaña espontánea, surge la idea de que no es quien más trabaja quien más gana, sino todo lo contrario. Y ahí se hunde la personalidad.

Barajadas expertamente las noticias, mezcladas entre ellas, la sensación de que todo está relacionado evoca la dura imagen del espejo. Corrupción, oligarquía, injusticia, populismo, mentira, manipulación, violencia estructural… todo ello se refleja en el rostro marchito, grisáceo y arrugado que mira a los ojos desde el espejo. De nada vale identificar las causas de una realidad decrépita que se exhibe ufana e impune como la única posible en esta decadencia social.

Repetir mil veces una mentira para convertirla en verdad, maquillar los hechos con brochazos de inocencia o tergiversar lo real para presentarlo como aceptable son las dosis más habituales que inyectan los medios a sus audiencias yonquis sin esperanza de futuro. En este debate sobre realidades y deseos surgen las dudas, los miedos, los enojos y las decepciones. En ese debate todo está perdido: no hay debate, sino subasta pública de interesadas consignas.

Tal vez, en un momento de lucidez, alguien piense que lo más acertado sea romper el espejo en miles de átomos. Tal vez haya quien proponga sacarse los ojos como alternativa. Tal vez alguna persona crea que cerrando los ojos se diluyen las realidades. Tal vez haya quien mirar no quiera, pero es un deber. Tal vez, si todos los ojos mirasen a la realidad como se mira al espejo, otros gallos cantarían en esas madrugadas temibles y eternas. Tal vez.

¿Alguien vota a quienes gobiernan?

gobierno-de-EspanaTanto da quien preste su rostro para exhibirlo como una lombriz ensartada en el anzuelo de pescar votos. Tal vez incluso dé lo mismo votar que no votar, pues se acepta socialmente la actual dictadura como si de una democracia se tratase. Lo mismo dan colores, siglas y logotipos en un bazar electoral “todo a cien” donde lo único que importa es que el votante quede satisfecho, engañado pero feliz, alegremente embaucado, orgulloso de ser burlado.

Después de las municipales y las autonómicas, el patético espectáculo ofrecido por el PP y C´s ha elevado la mentira desde la categoría de sospecha a la de absoluta certeza. Ciudadanos ha respondido al deseo de quienes en tiempo récord lo han convertido en salvavidas para apuntalar el edificio bipartidista en grave riesgo de derrumbe. Rivera y su cuadrilla han dado una mano de barniz a la carcoma de la corrupción en Andalucía y en otras zonas de España. Con un código anticorrupción en la mano han pactado con todos los corruptos posibles a izquierda y derecha, sin siquiera taparse la nariz, con total transparencia.

La otra derecha, la de toda la vida, la radical y extremista, el Partido Popular para que se entienda, también ha competido con fuerza en patetismo y posibilismo. Han ocurrido en ayuntamientos, diputaciones y parlamentos autonómicos numerosos casos de candidatos electos depositados por el PP en la papelera de los pactos como clínex sin dignidad por exigencia de Ciudadanos para otorgar el mando. Estos días estamos viendo a Cristina Cifuentes arriar las bragas ideológicas de su partido ante C’s, con la bendición de Génova, para mantener algo de poder al precio que sea.

Completa el patético cuadro del posibilismo mendaz la más moderada de las derechas, la del centro derecha, la que hasta hace cuarenta años era, moderada también, centro izquierda, el PsoE. Susana Díaz, con la mayoría absoluta de los andaluces en su contra, se ha visto obligada a aceptar la caridad ofrecida por C’s, una cura de humildad que ha dado alas a su enemigo íntimo dentro del partido. Venido arriba, Pedro Sánchez ha visto con nitidez dónde echar la caña para evitar mayor descalabro y no ha dudado en competir con las derechas en tamaño de bandera para pescar los votos que la izquierda le niega.

Aún siendo estos rufianes y perillanes una dolencia grave, son las gentes que les dictan políticas y programas el verdadero cáncer de la democracia. La pandemia neoliberal procede de devastadoras cepas de Wall Street y la City de Londres y su mutación más virulenta, la troica, está focalizada en la Cancillería alemana. Existen laboratorios, el G7 o el Club Bilderberg, que se desviven, junto a las agencias de calificación, para asegurar la metástasis.

Sin listas, sin programas, sin diálogo, sin consensos –no va con ellos la democracia– Cristine Lagarde, Mario Draghi, Francisco González, Patricia Botín, Antonio Brufau, Isidoro Fainé y otros son realmente los amos de los votos. Siempre se vota a ellos, sólo a ellos, sea de quien sea la cara del cartel, el logotipo de la papeleta o los nombres y apellidos de una candidatura. Y si no, como a Grecia, amenazas, evasión de capital generalizada y la porra pendiendo sobre las cabezas como antesala de la metralla si hiciera falta, que no lo descartan.

Se avecinan las generales tras casi dos años de una campaña que arreciará durante las próximas semanas. Ya no hay informativo, tertulia y espacio público o privado donde no se denoste el populismo –sólo el de izquierdas, claro– y se criminalice a los enemigos de financieros y empresarios. Volverán a seducir al pueblo con promesas vergonzantes y negarán los 20.000 millones de recortes, exigidos por la troica para el próximo año, por tres veces si fuese necesario. Conviene recordar que votar a los citados al principio es legitimar el gobierno en la sombra que imponen los mercados, poner la cama y abrir las piernas.

El cuento de Susana Díaz

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Lo contó el abuelo Roberto a sus nietos, cansado de que sus hijos no lo escucharan, cuando cumplió setenta años de vida quemada. Lo contó sin mucho convencimiento, admitiendo que el destino de la humanidad es repetir errores y reciclar fracasos, pero también lo contó por la necesidad que tienen los viejos de aliviar sus conciencias.

El lobo come ovejas –dijo desde la butaca– porque sabe que se dejan comer resignadas. Las ovejas piensan que son como los pastos, que han nacido para ser devoradas, bien sea por el lobo, bien por el pastor que las guarda.

Abuelo –replicó la nieta, inquieta y sabionda– los lobos necesitan comer para no morir de hambre, al igual que los demás animales incluido el hombre.

No es la actitud del lobo la peligrosa, sino la indolencia de las ovejas al ser zampadas. El lobo aprende a cazar en la manada y las ovejas, en el rebaño, aprenden a ser cazadas. Esto quiero que aprendáis: las personas no han nacido para ser devoradas por otras que han aprendido a cazarlas. Desconfiad de quienes os prometen una vida feliz como rebaño, de quienes dicen ser vuestros pastores o vuestros guardas, pues serán quienes den las primeras dentelladas.

La hija de Roberto, que desde la cocina escuchaba, no entendía la fábula y salió hasta el comedor para que su padre se explicara. Ella sabía de la rebeldía de su padre, sabía de su carácter insumiso y protestón que lo había llevado a la cárcel en los duros años de la posguerra. Sabía, o más bien quería pensar, que aquello no había servido para nada.

Papá –le dijo para que recapacitara–, Franco ya murió. Ahora vivimos en democracia.

Sí hija, ya lo sé. La memoria todavía no me falla. Sé que habéis votado para presidenta a una mujer que se autoproclama socialista, que dice luchar por el pueblo y respetar la dignidad de su fontanero padre.

Entonces, ¿a que vienen tantos lobos y ovejas?, ¿a qué tanta desconfianza?

¿Veis lo que os decía? –Los ojos del viejo dialogaban con los nietos–. Susana Díaz, pastora improvisada, ha aprendido a cazar en la manada del PSOE con los jefes González, Chaves y Griñán. Vuestra madre, en cambio, –ahora miraba a su hija– ha aprendido a obedecer callada, a aceptar su destino de oveja encarrilada.

El voto es libre, votar al PP es lo peor y, además, votar a otros no sirve para nada.

Roberto calló su boca, no así su alma. Pensó en la jugada de Susana para sacudirse la izquierda con la que gobernaba, pensó en los resultados de las elecciones, en sus forzadas promesas de regeneración para pactar con la derecha Ciudadana y en el consejo envenenado de Rajoy para que repitiera elecciones. Pensó el viejo, y no se equivocaba, que Susana no era de fiar, que era loba consumada, que detrás de ella estaban la patronal y la banca, las insaciables jaurías que desde hace casi ochenta años en España mandan.

Pensó en su hija y en el inmenso rebaño que hicieron de Susana la más votada. Pensó que era inútil, que era utopía, esperar que las ovejas despertaran.

Andalucía: elecciones y trampas

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Apenas pasadas 36 horas de las elecciones, Andalucía volvió a teñir de rojo los rostros de su pueblo, no de rojo político –¡qué más quisiera!– sino del rojo de la vergüenza, propia y ajena. Sobre el sucio mantel que cubre las mesas de San Telmo, ése que nunca limpió ni limpiará Susana, la Guardia Civil depositó una nueva remesa de altos cargos implicados en la estafa. No iba a llevar en sus listas la presidenta investigados ni imputadas y en la de Jaén, con el nueve, una detenida figuraba.

Las piezas que los resultados de las urnas no explicaban, tras escuchar a Irene Sabalete pervirtiendo la democracia, ahora ya encajan. A cacique en la plaza del pueblo jugando con el hambre del pueblo suenan sus palabras, a preguerra y a posguerra, a vieja radio oxidada. Se intuía el pesebrismo, el cautivo voto subsidiado o enchufado, pero no había pruebas: ésta es la que faltaba. Es ahora cuando se comprende tanto voto a corruptos que a su antojo ordenan y mandan.

La administración paralela andaluza, llena de fundaciones y agencias vacuas, con miles de trabajadores, sin oposición pero con plaza, es una laberinto en el que se pierden el dinero, la ética y la esperanza. Esos chiringuitos ha servido al PsoE para conectar con diferentes colectivos repartiendo favores a cobrar en votos o especies, una formidable punta de lanza. La nómina de los mismos, tan estéril como cara, sólo es rentable para quien la paga.

El dinero de la formación ha pagado caprichos y secretarias, juergas y campañas, estatus y mandangas, y con lo sobrante, apenas migajas, se han subvencionado cursos, ponencias y jornadas. De él se han beneficiado patronal, sindicatos e instituciones varias llenando sus arcas, vacías las aulas cuando no falseadas y mal o nada justificadas. Mucha gente recibiendo, mucha gente votando, mucha gente deudora de quien les paga, enturbian el concepto de democracia.

Además de Sabalete, ex delegada de Empleo de Jaén, en la redada destacan el ex consejero Antonio Fernández y dos ex directoras generales de Formación Profesional para el Empleo: María Teresa Florido, de ex consejero cuñada, y la lucentina María José Lara. Esta última protagonizó un episodio de enchufismo chapucero, siendo concejala, que la llevó al juzgado –fue absuelta, ¡cómo no!– y permitió que su protegida aprobara y fuese funcionaria.

Dijo Susana Díaz, durante la campaña, que ella perseguía la corrupción y que limpiaría su partidista casa. Ella, la hija de Chaves y Griñán a quienes defiende y tapa, la de la cabeza alta, de trapos sucios, de presuntos delincuentes, está rodeada. Es posible que, como dice IU, el adelanto electoral obedeciese al miedo a una comisión de investigación que sabía le perjudicaba. Es posible que, como hicieron sus padrinos, se marche a Madrid huyendo de la podredumbre heredada.

No se equivocan los votos emitidos bajo amenaza, no se equivocan quienes votan para llenar la cuchara, se equivocan quienes a eso lo llaman democracia. Es lo mismo que sucede en Galicia, Madrid o Valencia, donde el voto corrupto, amenazado y comprado también arrasa. De esta forma, la incógnita de porqué el bipartidismo aguanta queda en parte despejada, así como el acoso y derribo de los partidos que, desde la nada, promueven el derribo de la casta.