España entre dictaduras

dictaduraNeoliberal

La historia reciente de España coloca a su gente en condiciones inmejorables para lo que se le viene encima. Cuarenta años con la cerviz doblada hablan de un pueblo amansado con la música militar tarareada por el dictador, el clero y las élites franquistas. Sólo los beneficiarios del golpe de estado llamaron a ese tiempo sangriento 40 años de paz, ampliados sin pudor a 70 por sus herederos, hoy en La Zarzuela y La Moncloa, en las monedas de 200 euros.

El español medio asume cristianamente que algo habrá hecho para merecer cualquier adversidad y confía su suerte a la intercesión divina, del capataz o del señorito antes que a la razón y la justicia. Es capaz un español de acatar con infinita obediencia, y en ocasiones deleite, lo que la autoridad ordene. España es un país especialmente dotado para malvivir bajo dictaduras en silencio, separado de su dignidad y de espaldas a la libertad.

La indolencia social mostrada bajo el franquismo llamó la atención de la sociología que la atribuyó al terrorismo practicado por el dictador Franco. Esa indolencia ha mutado en una desidia colectiva que mantiene la falsa paz social ante los dictatoriales ataques a lo público y al bienestar por parte del Partido Popular. Algunas víctimas del neoliberalismo se sienten culpables, como predica la radical derecha, de haber vivido por encima de sus posibilidades. Otra parte de la población, minoritaria aún, se rebela, presenta y vota alternativas calificadas como fracasadas por el sistema.

España está preparada para, como proclama la derecha, asumir la receta económica de mayor éxito, la que valora el triunfo económico muy por encima del fracaso social, la de mayor crecimiento y la más competitiva del mundo: la de China. Esta piltrafa de país con himno militar va a pasar en apenas tres generaciones de una dictadura fascista a una dictadura comunista maoísta en la que sobrevivirán las cucarachas, la monarquía, el bipartidismo y el clero.

El presidente de Mercadona declaró que los españoles debían aprender de la cultura laboral china, en sintonía con la CEOE, la banca, el FMI, el BCE y demás instituciones de carácter no democrático. Dicho y hecho: en un par de años el gobierno ha concedido a España el privilegio del trabajo esclavo golpeando y encarcelando a quienes se niegan a aceptarlo y osan criticarlo. Para aguantar eso y más, está el pueblo español sobradamente entrenado.

Europa ha dado un paso de gigante hacia la dictadura neoliberal al empobrecer a la masa social y posteriormente hacerla competitiva, sojuzgarla, esquilmarla y explotarla. La dictadura europea satisface a los faraones del G7, el Club Bilderberg y otros grupos mafiosos y criminales que controlan los mandos de parlamentos y senados. Es a ellos a quienes habría que derrotar y sin embargo han sido sus representantes del PP, el PSOE y Ciudadanos los receptores de la mayoría de los votos.

Donde la decencia ha triunfado (Madrid, Barcelona, y algunas ciudades más) la furia radical de la derecha, la política y la mediática, se ha desatado. Auguran el fin de la democracia porque se ha votado en contra de los intereses de los dictadores, de los inversores, de los mercados. Silencian sin embargo, como cómplices ratas, que el Tratado de Libre Comercio entre la UE y USA, el TTIP, será la puntilla definitiva que selle la tapa del ataúd de la democracia. España está más que preparada y espera, en silencio, sumisa y callada, afrontar una nueva dictadura, la más cruel que imaginarse pueda: la del neoliberalismo sin entrañas.

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El PP y el ruido de sables

VienenRojosA la amenaza velada, a la coacción discreta, al subrepticio chantaje y a la sigilosa intimidación, cuando se ejercen sobre el estado y la convivencia, se les llama ruido de sables. Es el recoveco donde se emboscan quienes no aceptan la democracia, quienes nunca creyeron en ella. El Partido Popular, apretando el cuello de España con psicótico afán, no admite que las gargantas busquen un hálito de aire, de vida, y se aparten de sus garras. Tras la adversidad electoral, el ruido de sables es su discurso.

La tradición española es rica en ruido de sables, en asonadas cuarteleras, golpes de estado o infundios orquestados para amedrentar al pueblo y ensalzar, por ejemplo, oprobiosas restauraciones. El PP no acepta su derrota porque la gestión y el despojo de lo público es la labor mejor retribuida, indemnizada y jubilada de España y no es fácil renunciar a ella. Toda derrota genera miedo cuando hay algo que temer y ese miedo acciona trituradoras de papel, formatea discos duros y pone los sables a dialogar, en estado de barahúnda social.

El idilio de la derecha española con los sables se remonta al golpe de estado del general Franco, golpe que no ha sido condenado por el ¿democrático? partido que gobierna. La Ley Mordaza, la protección de imputados (ahora “investigados”) o la prohibición de informar gráficamente al pueblo sobre dañinos delincuentes, son pequeños sablazos a la democracia del mismo PP que, en boca de sus líderes y cargos públicos destacados, ha empuñado la batuta para dirigir una sinfonía de sables como dios manda, como sólo ellos y ellas saben hacerlo.

El Partido Popular es hoy el partido más radical de España, una mafia predadora que amenaza con colocar zapatos de hormigón al país si no se cumplen sus caprichos. La reacción del espantajo Aguirre, de los portavoces, de los voceros y de la mismísima Vicepresidenta del Gobierno sigue el modelo del hampa haciendo correr la voz por todos sus medios en todos los barrios. ¡Que vienen los soviets y las huestes bolivarianas!” es el penoso y rancio grito que corean a las puertas de los cuarteles para remover a los acuartelados.

Por ahora, han sacado a cuatro fantoches borrachos de nostalgia con sus banderitas rojigualdas para rechazar las urnas y golpear a la prensa, culpable, según Rajoy, de lo que el pueblo ha votado. Han convertido un partido de fútbol, la válvula de escape social por excelencia, en un asunto de estado. Y a diario contemporizan con fanáticos como Losantos, Inda, Tertsch, Herrera o Marhuenda, que arengan miedo, odio y venganza como preludio a una partitura para sables y cornetas.

El radicalismo de extrema derecha, como las lagartijas, agita las colas que les han sido amputadas en los comicios para distraer la atención del enemigo. Ya no le vale, como a las serpientes, volver a cambiar de camisa pues todas las de su escueto armario son de color azul en distintas tonalidades. El daño a la ciudadanía española puede multiplicarse si consiguen su objetivo de amedrentar al desubicado PSOE para permanecer en el poder. Precisamente el PSOE justificó su giro hacia posiciones liberales moderadas con el ruido de sables que contrarrestaba la banda sonora de la libertad y la justicia durante la transición.

España es un extraño país donde la extrema derecha radical se ha hecho con el gobierno y azota con el látigo de la pobreza y la desigualdad a muchos de quienes la votan. Un país extravagante donde un partido socialista y republicano es sostén principal de un obsoleto régimen monárquico. Un grotesco país cuyo rey se desplaza a la vecina república para rendir homenaje a sus propios muertos republicanos, cosa imposible en las fosas y cunetas que laceran su reino. Un país estrafalario donde la salida de la cárcel de un torero homicida y una defraudadora tonadillera abren los telediarios mientras de fondo se escucha un pasodoble de ruido de sables.

El cuento de Susana Díaz

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Lo contó el abuelo Roberto a sus nietos, cansado de que sus hijos no lo escucharan, cuando cumplió setenta años de vida quemada. Lo contó sin mucho convencimiento, admitiendo que el destino de la humanidad es repetir errores y reciclar fracasos, pero también lo contó por la necesidad que tienen los viejos de aliviar sus conciencias.

El lobo come ovejas –dijo desde la butaca– porque sabe que se dejan comer resignadas. Las ovejas piensan que son como los pastos, que han nacido para ser devoradas, bien sea por el lobo, bien por el pastor que las guarda.

Abuelo –replicó la nieta, inquieta y sabionda– los lobos necesitan comer para no morir de hambre, al igual que los demás animales incluido el hombre.

No es la actitud del lobo la peligrosa, sino la indolencia de las ovejas al ser zampadas. El lobo aprende a cazar en la manada y las ovejas, en el rebaño, aprenden a ser cazadas. Esto quiero que aprendáis: las personas no han nacido para ser devoradas por otras que han aprendido a cazarlas. Desconfiad de quienes os prometen una vida feliz como rebaño, de quienes dicen ser vuestros pastores o vuestros guardas, pues serán quienes den las primeras dentelladas.

La hija de Roberto, que desde la cocina escuchaba, no entendía la fábula y salió hasta el comedor para que su padre se explicara. Ella sabía de la rebeldía de su padre, sabía de su carácter insumiso y protestón que lo había llevado a la cárcel en los duros años de la posguerra. Sabía, o más bien quería pensar, que aquello no había servido para nada.

Papá –le dijo para que recapacitara–, Franco ya murió. Ahora vivimos en democracia.

Sí hija, ya lo sé. La memoria todavía no me falla. Sé que habéis votado para presidenta a una mujer que se autoproclama socialista, que dice luchar por el pueblo y respetar la dignidad de su fontanero padre.

Entonces, ¿a que vienen tantos lobos y ovejas?, ¿a qué tanta desconfianza?

¿Veis lo que os decía? –Los ojos del viejo dialogaban con los nietos–. Susana Díaz, pastora improvisada, ha aprendido a cazar en la manada del PSOE con los jefes González, Chaves y Griñán. Vuestra madre, en cambio, –ahora miraba a su hija– ha aprendido a obedecer callada, a aceptar su destino de oveja encarrilada.

El voto es libre, votar al PP es lo peor y, además, votar a otros no sirve para nada.

Roberto calló su boca, no así su alma. Pensó en la jugada de Susana para sacudirse la izquierda con la que gobernaba, pensó en los resultados de las elecciones, en sus forzadas promesas de regeneración para pactar con la derecha Ciudadana y en el consejo envenenado de Rajoy para que repitiera elecciones. Pensó el viejo, y no se equivocaba, que Susana no era de fiar, que era loba consumada, que detrás de ella estaban la patronal y la banca, las insaciables jaurías que desde hace casi ochenta años en España mandan.

Pensó en su hija y en el inmenso rebaño que hicieron de Susana la más votada. Pensó que era inútil, que era utopía, esperar que las ovejas despertaran.

¡Se callen, coño!

70anosPaz

Alarma pensar que tras la intentona golpista de Tejero había una trama civil, más olvidada por los demócratas de toda la vida que los crímenes de Franco. Estremece pensar que sean los padres de la patria quienes atentan contra la ciudadanía en favor de unas élites que marcan los objetivos para sus disparos legislativos. Avergüenza recordar cómo nuestros padres y abuelos bajaron la cabeza para aplaudir a un dictador durante 40 años de muy negra paz y cómo sus hijos y nietos imitan a sus ancestros hincando las rodillas ante los desmanes de los herederos del franquismo.

Lo que está sucediendo en España es grave, muy grave, demasiado grave para seguir llamando democracia a nuestro sistema político. No es ya que una horda de bribones y bellacos haya asaltado las instituciones en beneficio propio o que gobiernen en contra de los intereses del pueblo. Lo que está sucediendo en España está cada día más cerca del concepto de golpe de estado, del autoritarismo como práctica política, con nubes de fascistoide miedo oscureciendo el horizonte.

La cosecha de votos obtenida por el Partido Popular en las últimas elecciones generales –se veía venir– ha sido utilizada por el gobierno para, como sucede en las dictaduras, legitimar sus golpes. Franco fue Caudillo de España por la gracia de Dios y Rajoy es presidente, conviene no olvidarlo, por la desgracia de sus votantes. Entre uno y otro, como luctuoso nexo, la monarquía osa insultar a la memoria, insepulta aún, con un recordatorio de 200 € para 70 años de paz.

Argumenta la Justicia que es garante del estado de derecho, de la democracia y la libertad. “Mentira”, responde la realidad. Se ha visto caer a jueces que han intentado poner coto, impartir justicia, a la ambición de políticos, aristócratas, empresarios y banqueros. Se ven asomar, por las letradas puñetas, carnets de partido que quitan la venda y desnivelan la balanza. Los débiles son juzgados con mano de hierro y de seda los poderosos. La Justicia en España no es ciega, no es justicia.

Ha vuelto la presunción de culpabilidad a invadir lo cotidiano, lo público y lo privado. Todos somos sospechosos de ser personas, de pensar y expresarnos libremente, de tener sentimientos y necesidades, sospechosos de ser pobres y manifestarlo. El Ministerio de Interior vuelve a cobijar a grises policías que obedecen órdenes en blanco y negro. Hace dos días, a punta de pistola, han sido detenidas 19 personas sospechosas de ser solidarias cuando todavía permanece en la cárcel algún preso culpable de manifestarse contra el gobierno. Y la lista de aporreados, identificados, baleados, juzgados y condenados por similares motivos es larga, casi tan larga como la lista negra de desafectos al régimen elaborada por Cristina Cifuentes, premiada por ello con su madrileña candidatura.

El golpe de estado se está fraguando a fuego lento con una trama civil que lo respalda y una trama mediática que lo jalea a la vez que lo encubre. Es trágicamente irónico que, siendo la prensa la principal depositaria de la libertad de expresión, haya derivado, casi en su totalidad, hacia modos y prácticas cercanas a la voz de su amo. La prensa española se ha entregado a una sangrienta cacería de todo lo que pueda incomodar los 70 años de paz, 40 de franquismo y 30 de posfranquismo.

Hemos visto en los últimos días al presidente de media España decir al representante de millones de españoles “No vuelva usted aquí a decir nada”, como el amo del cortijo legislativo. Y hemos visto al ministro de defensa, el dedo en la boca bajo las marcas de los tiros de Tejero recién restauradas, mandar callar a una representante del pueblo. Es demasiado reciente la intentona del 23F y demasiado evidentes las intenciones del gobierno para no escuchar lo que nos quiere transmitir, “¡Se callen, coño!”, sin pistola ni tricornio. Como quien no quiere la cosa, están dando un golpe con la complicidad electoral de demasiados millones de españoles, otra vez sumisos o temerosos.

Rajoy en China

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Ya cansa, aburre y desespera. El presidente Rajoy, cuando no calla, cuando miente, es un disco rayado que reproduce los mismos surcos con el sonido cascado de una antigualla. Una vez más, ahora en China, él y su partido vuelven a las andadas verbales demostrando su total desconexión con la realidad y con la calle. España va bien. La economía crece gracias a la prostitución y la farlopa. Se crea empleo sobre el previamente destruido. Baja el paro descaradamente maquillado.

La alfombra roja de sangre indultada por Gallardón, al eliminar la Justicia Universal, ha recibido al presidente anticomunista en el paraíso del comunismo capitalista. Rajoy ha ido a China a vender alfalfa (dieta básica de su partido y los medios que lo apoyan), cine (industria apaleada por su partido y su gobierno) y lucha contra el crimen organizado (¿?). Los españoles no saben a ciencia cierta a qué ha ido el presidente a China.

Mariano ha visitado Tian’anmen, donde quizás ha recabado información de primera mano sobre cómo aplastar una protesta popular con tanques y ataúdes, la envidia de Fernández Díaz. En el Palacio del Pueblo, comunistas y liberales, Huawei y Telefónica, han firmado un acuerdo de colaboración acorde con la censura en internet practicada por los primeros y ansiada por los segundos. China es así y España quiere aprender.

Mariano se ha entrevistado con la número tres de Alibaba, líder de comercio electrónico, y es seguro que harán negocio aportando el PP muchísimos más de cuarenta ladrones. Para asegurar la rentabilidad de su empresa, Maggie Hu tiene previsto contar con la mano mangante del PSOE y de CiU. El potencial malversador del bipartidismo corrupto es así reconocido por la primera potencia mundial en corrupción institucional.

Mariano y las huestes empresariales que le acompañan van a recibir un máster en competitividad de la economía que más crece en el planeta. Los dientes del presidente y sus empresarios rayarán el suelo de la Gran Muralla al contemplar in situ los salarios y condiciones laborales de los esclavos amarillos, un daño a una de las maravillas del mundo sólo comparable al daño infligido a los trabajadores españoles.

Mariano, como los españoles, se ha hecho un lío a la hora de identificar al Jefe del Estado confundiendo al padre y al hijo. Juan Carlos II ha estado presente en China por obra y gracia del Espíritu Santo que preside los Consejos de Ministros. El federalismo republicano le ha hecho confundir al heredero de Franco con el capricho del Generalísimo ante el sonrojo de Rasputín Moragas, muy atento a la jugada.

Mariano volverá de China contento de haber honrado a quienes acaparan las deudas soberanas de la mayoría de los países, incluidos los EE.UU. La economía española seguirá al servicio de los acreedores y éstos protegerán al bipartidismo de alternativas peligrosas para sus intereses. Ya se ha visto en Escocia la campaña en favor del no llevada a cabo por la banca y las agencias de calificación. Si éstas fallan, quedan los tanques en la retaguardia, como en Tian’anmen.

El maestrillo y su librillo

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Uno de los principales objetivos y logros de la II República fue dotar al pueblo del arma más apropiada para defenderse: la educación. La Institución Libre de Enseñanza (1876-1936) quiso independizar la educación de dogmatismos religiosos, políticos o morales. Las Misiones Pedagógicas establecieron trincheras culturales para contener primero y combatir después el secular analfabetismo. Hasta el golpe de estado de Franco, que alcanzó a la educación pública y llenó cunetas y fosas de prosa y poesía, de máscaras y pinceles, de filosofía y partituras, de raíces cuadradas y geometría, de pedagogía.

La escuela del franquismo fue una milicia bicéfala al servicio de curas y generales. El nacional catolicismo escribió sus torcidos renglones en cartillas, catecismos, enciclopedias y catones, los libros que reeducaron a los vencidos y a su descendencia con la eficiente pedagogía de “la letra con sangre entra”. De nuevo los Reyes Católicos y la unidad de España, la raza hispana, con flores a María, por el imperio hacia Dios y la equis como rúbrica analfabeta.

La agonía de Franco y la cesárea constitucional retomaron el pulso educativo entre lo viejo y lo nuevo, la leña y la savia, la oscuridad y la luz. Los Movimientos de Renovación Pedagógica contemplaron la elaboración de materiales curriculares como alternativa al corsé del libro de texto y en algún colegio así se hizo, en alguno, en muy pocos, en casi ninguno. Se trataba de que los maestros elaborasen sus propios libros con las aptitudes adquiridas en la universidad y las actitudes que demandaba el nuevo tiempo.

El libro de texto, concebido como herramienta de transmisión de conocimientos y dogmas, asentado en la cómoda y displicente rutina funcionarial, se vio amenazado junto a las empresas editoriales y el lobby católico. Santillana (PRISA) y Anaya copan más del 50% del mercado en la escuela pública y una porción importante en la privada. El resto del pastel se lo reparten SM (Compañía de María), Edelvives (Maristas), Edebé (Salesianos), Bruño (la Salle) y otras editoriales con presencia especializada en áreas no troncales.

El negocio editorial se basa en el marketing y en técnicas comerciales, tan arraigadas como innobles, que exploran la debilidad humana con el periscopio del obsequio al maestro o al colegio. También se nutre de la permisibilidad administrativa ante el incumplimiento de la ley que obliga a mantener el mismo libro durante al menos cuatro años y de modificaciones en las ediciones con un criterio más lucrativo que pedagógico.

Hay libros que priman el adoctrinamiento sutil de la infancia y la juventud en función de la posición ideológica de quienes los conciben, imprimen, encuadernan y distribuyen. El reciente caso del tratamiento de la muerte de Lorca o el exilio de Machado por la editorial Anaya es un ejemplo de adiestramiento escolar al servicio de una ideología. Más nocivo resulta el empeño del ministro Wert para que el neoliberalismo ocupe un lugar preponderante en el currículum escolar o que la religión compute para lograr una beca.

En las oposiciones de primaria, una de las pruebas consiste en preparar una unidad didáctica. En la universidad enseñan a los futuros docentes a programar y elaborar herramientas procedimentales para enseñar contenidos. Se puede enseñar y aprender utilizando la biblioteca de aula y los recursos que la tecnología pone al alcance de profesorado y alumnado. Sin embargo, en estas fechas, se vuelve a demostrar que la enseñanza sigue sujeta a la pedagogía del mercado.

Los caminos de Santiago Rajoy

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La regenta de España, Ángela Merkel, se ha dado un vacacional paseo con su vasallo, el virrey Mariano, como colofón a sus merecidas vacaciones. El anfitrión la ha llevado a Galicia, cuna de luces poéticas, musicales, pictóricas, monumentales, y cuna también de sombras ultracatólicas y fascistas. Ellos dos, una de las parejas que menos enamoran de Europa, han hecho el camino de Santiago con la peregrina ilusión de enamorar al pueblo.

Los inversores extranjeros, la banca alemana entre ellos, adoran a Rajoy, su lacayo más fiel e incondicional en Europa. En un alto del camino, Rajoy ha celebrado que los inversores casi no cobran por comprar letras españolas porque confían en él y sus políticas. Su publirreportaje electoral no habla de los más de los más de 40.000 millones de recortes, previstos para los próximos tres años, en salarios de funcionarios, prestaciones por desempleo e inversiones públicas que ofrece a los mercados.

Tampoco ha hablado de la subida del IRPF y del IVA maquinada para el mismo periodo por De Guindos, uno de los talentos a quien el mundo debe el estallido de la actual crisis/estafa, quien presume de haber devaluado a los trabajadores españoles un 8,1%. El presidente, a los pies del apóstol, ha mostrado el cielo ocultando el infierno y la Dama de Hielo, agradecida, le ha prometido llevarse al ministro a la presidencia del averno europarlamentario.

Es sintomática la capacidad de los mercados, los inversores, para premiar a los bandidos con puestos de máxima responsabilidad. El FMI, el selecto club de malandrines y rufianes, donde se urden ruinas sociales a escala global, vuelve a tener en su presidencia a una maleante. No son las personas, es el sistema quien extorsiona y roba. La vía neoliberal se impone como único camino en Europa, en el mundo y, desde Galicia, irradia dolor y malestar social a toda España.

Es normal que un gobierno de integristas religiosos siga el Camino de perfección de Santa Teresa: “Donosa cosa es que quiera yo ir por un camino adonde hay tantos ladrones, sin peligros, y a ganar un gran tesoro”. Es normal que este gobierno responda a la oposición como señala Escrivá de Balaguer en Camino: “¿Quién eres tú para juzgar el acierto del superior? ¿No ves que él tiene más elementos de juicio que tú; más experiencia; más rectos, sabios y desapasionados consejeros?”. Para la ciudadanía, como para El Lute, sólo deja Camina o revienta.

El idilio entre Merkel y Rajoy, inevitablemente, evoca el apoyo de un dictador alemán a uno gallego en otro de los episodios más negros de la historia europea. El presidente de España, gallego sin complejos, sigue el camino usado por Franco para elegir alcaldes y diputados, el paso previo, como dice el maestro Forges, para que los elijan los bancos. Un paso más en un camino de regreso al pasado donde dejará de crecer la hierba democrática.

La fragancia del miedo impregna las decisiones del gobierno del Partido Popular, un miedo ancestral al pueblo, a la ciudadanía, a las personas. Ese miedo le ha hecho encauzar al país por el camino de complicado retorno que lleva a la pobreza y el hambre como instrumentos de dominación, un camino de terror. Antonio Machado advirtió del peligro que hoy amenaza: “Al andar se hace camino / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar”.