El COVID–19 que viene

Guernika

Ante tanto dislate calculado, ante tanta veleidad, recurro al realismo poético de Don Antonio Machado y su fresco intemporal Del pasado efímero. El poeta fue víctima de esa patria que amputó la Cultura y mutiló la Ciencia y que hunde sus raíces en el devastador legado de la Santa y Puta Inquisición. Fulminar la Institución Libre de Enseñanza y su legado fue objetivo prioritario del golpe de estado de los militares sublevados en 1936.

Escucho, veo y leo a los patriotas de quincalla y comprendo que la “España vaciada” se acerca conceptualmente al vacío en la oquedad de sus cabezas. Las huecas seseras de la España vacua son colmatadas con proclamas de serrín rojo y gualdo por montaraces patriotas. Poco dadas al raciocinio, domesticadas por siglos de plegarias, las mentes huecas reproducen los bulos y patrañas de sus pastores como letanías impensadas.

Auguran que volverán los neoliberales y predicen el retorno de privatizaciones y recortes en la Sanidad y en todo lo Público. A diferencia de las cigüeñas, las derechas sólo ven en los campanarios una oportunidad para que toquen a muerto los badajos. Es hora de decirlo: la ultraderecha y la extrema derecha exigen muertos, más muertos que los ocasionados hasta ahora por el COVID–19, muertos a escala fascista, que en ello andan.

Veo el panorama y corro a meterme bajo la cama de la Historia, la de España y la de Europa, la de Hitler y la de Franco. Escucho los ladridos de Vox y veo bajo la cama la Noche de los cristales rotos. Escucho los rebuznos de Casado, Ayuso o Aznar y se meten bajo la cama Trump, Johnson y Bolsonaro. La cama, la habitación y la casa entera se convierte en un crematorio nazi, una fosa común, un laberinto de paredones con metralla.

¿Kale borroka de las élites? La tradición española marca que, cuando los señoritos, los industriales, los banqueros, los aristócratas, han tomado la calle, el pueblo llano ha sufrido las consecuencias: sangre, sudor y lágrimas, luto. En Madrid crecen quintacolumnistas, camisas pardas, y pronto florecerán escuadrones de la muerte junto a los crisantemos. Cobra tétrico sentido la querencia de Vox por atraer a quienes tienen licencia de armas, y armas, sin tener alma: Policía, Guardia Civil, Ejército y cazadores.

Ya buscaron, y encontraron, los mismos, la manera de teñir de sangre la piel de toro en el 36. Hoy siguen idénticos pasos: propaganda basada en mentiras mil veces repetidas (Goebbels, Queipo de Llano…), señalar un enemigo interno, apuntar, disparar, exterminar y culpar a las víctimas. Están en ello. Los pijos abanderados tienen claro que los pobres, los desheredados, los de siempre, la chusma, el populacho, no tienen derecho a la vida.

De comunistas, socialistas, nacionalistas o cualquier “-ista” que no sea capitalista, se encarga Abascal. Para el resto, la sentencia la ha dictado Casado: “Hay que convivir con el virus”, caiga quien caiga. Al paso que van, la única duda que me queda es cuál de los dos se autoproclamará “Presidente Encargado de España”, paso previo para el baño de sangre que pergeñan Abascal y Casado por una u otra vía. Lo ha hecho en Bolivia y Brasil, lo ha intentado en Venezuela, lo quiere en España: es el neoliberalismo, el puente que une el capitalismo con el fascismo.

PP + Vox = AP

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Los Juicios de Núremberg, emprendidos por las naciones aliadas vencedoras en la Segunda Guerra Mundial, determinaron y sancionaron las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen de Hitler. La tipificación de los crímenes y abusos realizada permitió a Naciones Unidas desarrollar una jurisprudencia específica en materia de guerra de agresión, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, así como para la constitución, a partir de 1998, del Tribunal Penal Internacional.

En España, el dictador y genocida Franco murió en la cama tras nombrar sucesor en la Jefatura del Estado con el beneplácito de las naciones democráticas. Tras su muerte, muchos de sus colaboradores se integraron políticamente en la democracia gracias a eso que se ha dado en llamar “Transición”. También la transición permitió que jueces, militares, policías o guardias civiles franquistas siguieran en sus puestos sin más.

Ministros de Franco fundaron partidos y acabaron integrados en Alianza Popular: Manuel Fraga (RD), Cruz Martínez Esteruelas (UPE), Federico Silva Muñoz (ADE), Laureano López Rodó (AR), Enrique Thomas de Carranza (ANEPA), Gonzalo Fernández de la Mora (UNE) y Licinio de la Fuente (RS). Los integrantes de las élites colaboradoras, beneficiarias y cómplices del franquismo tampoco fueron democráticamente depurados. Y ahí siguen, cuarenta años después.

Así se explica la España actual, así y por el afán político y mediático para blanquear el fascismo franquista que les está dando sus frutos. Ochenta años después, España sigue siendo un país de derechas con tendencia a la ultraderecha radical y dudosamente democrática que ocupa muchos, demasiados, escaños en el Congreso. La deriva radical y extremista de PP y de Vox, con el beneplácito de C’s, está refundando el peligroso franquismo y amenazando la democracia.

La pugna ideológica radical y extrema entre PP y Vox, lejos de aportar en positivo a la democracia, aporta en negativo a toda la sociedad. Ninguno de los dos partidos ha condenado el franquismo (tampoco C’s, fagocitado por ellos en las urnas), ambos tienen un pasado y un presente franquista. Ambos proceden del armario de la FAES e intercambian militancia y cargos públicos, ambos reproducen el cáncer de España, sin despeinarse y con muchos, demasiados votos.

Como toda formación de corte fascista, ambos partidos, basan su estrategia en los postulados goebbelianos de repetir mentiras hasta hacerlas verdades. Ambos se apropian indebidamente de la simbología de la patria. Ambos desprecian a la masa social y fabrican enemigos internos y externos a los que señalan como culpables de las fechorías de su ideología. Ambos partidos utilizan las instituciones para dividir a España. Ambos cuentan con simpatías en la judicatura, el ejército y las Fuerzas de Seguridad del Estado. Como hace ochenta años.

La transición del régimen

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Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos…”

Benito Pérez Galdós, Episodios Nacionales, Episodio 46 – Cánovas (1912)

La guerra civil y la posguerra tuvieron como efecto colateral el asentamiento de una élite financiera y empresarial lucrada a la sombra del poder. El franquismo supuso la demolición de los derechos cívicos alcanzados con la II República –entre ellos los derechos laborales– y el reparto del botín saqueado al estado y a los vencidos. Surgieron así grandes fortunas y personajes que se unieron a expoliadores de abolengo ya existentes desde el siglo XVIII.

Hasta la muerte del dictador en 1975, fueron numerosos los casos de corrupción en sus círculos familiares (Nicolás Franco, Pilar Franco o el Marqués de Villaverde), políticos y de amistades. Franco lo toleraba y los poderes públicos enmascaraban los escándalos, gracias, entre otras cosas, a la no existencia de libertad de prensa y a la represión. En el caso de Manufacturas Metálicas Madrileñas, su hermano fue amnistiado por el Consejo de Ministros. Su hermana Pilar acumuló una inmensa fortuna, propiedades y disfrutó una pensión vitalicia de 12.500.000 de pesetas.

Los casos SOFICO, MATESA, Confecciones Gibraltar, o la desaparición de 4.000.000 de litros de aceite del Estado en el caso REACE, sin olvidar el estraperlo, son algunos ejemplos de la corrupción durante el franquismo. El desarrollo económico propició la aparición de numerosas fortunas utilizando las influencias del llamado «Clan del Pardo», a la par que se desataba la evasión de capitales al extranjero, principalmente a Suiza.

Falangista y miembro de la Secretaría General del Movimiento, Suárez fue el presidente elegido por el heredero de Franco para lavar la cara al régimen. Echaron mano para ello de Giuseppe Tomasi de Lampedusa: Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. Bajo esta premisa, entre ruido de sables, el pueblo español aprobó una Constitución votando con la inercia electoral de los referéndums que Franco convocaba: se votaba lo que decía el régimen.

Más o menos, en esto consistió la idealizada transición. Detalle sin importancia fue que jueces, militares y fuerzas de seguridad del régimen no jurasen la Constitución para permanecer en sus puestos. Una minucia que dejó secuelas institucionales que aún hoy seguimos sufriendo. Por su parte, el heredero de la Jefatura del Estado juró la Constitución poco después de haber jurado por Dios y los santos evangelios guardar lealtad a los principios del Movimiento Nacional.

La aventura democrática de Suárez acabó cuando las mismas élites franquistas comprobaron que el temido socialismo había sido satisfactoriamente domesticado por la socialdemocracia alemana. Felipe González usurpó las siglas del PSOE en Toulouse (1972) y apuntilló el socialismo en 1974. Las élites lo bendijeron, fue elegido presidente y dio continuidad al régimen anterior: privatizaciones, precarización del empleo… y corrupción.

Alianza Popular, infectada de franquismo, tomó nota y cambió todo para que nada cambiase refundándose como PP. Aznar utilizó la podredumbre corrupta del PsoE para desbancarlo y ocupar la presidencia del gobierno. Quedaba inaugurada la alternancia del bipartidismo y la sustitución definitiva del régimen franquista por su prolongación: el régimen del 78. Son sus señas de identidad la precariedad laboral, la demolición de derechos cívicos, las privatizaciones… y corrupción, corrupción y más corrupción.

No es difícil concluir, a la vista de los hechos, que pocas cosas han cambiado en España con la monarquía parlamentaria, novedoso régimen heredado del régimen franquista y alternativa a la democracia real como sistema político y social. El bipartidismo no es más que la suma de dos organizaciones que giran en torno a la corrupción en todas sus formas: legislar a la carta para las élites, puertas giratorias, adjudicaciones públicas amañadas, privatizaciones o comisiones bajo cuerda son prácticas comunes a los dos partidos.

También son comunes las explicaciones que ofrecen y los argumentarios que esgrimen cuando cae sobre ellos la justicia. Dos gotas de agua no potable y perjudicial para la salud que, sin embargo, son las más votadas por el electorado, gracias a su financiación por las élites económicas y al lamentable apoyo mediático que les dispensan los grupos empresariales de comunicación. ¿Se puede hablar, pues, de democracia?

Realidad y deseo. Deseo y realidad.

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Los ojos se resisten a mirar el espejo, a interpretar la imagen reflejada en él como trasunto de una realidad que a nadie agrada, que a nadie convence. En la superficie pulida no vislumbran las causas de esas arrugas faciales, de esa pelambre salpicada de grises prematuros, de ese rictus mohíno, de ese estado de ánimo arrastrado que, día a día, los apagan antes de ver el sol. Los ojos contemplan la imagen de la derrota en una ciudadana cualquiera cuya vida se extingue como una hoja otoñal.

Los ojos buscan el refugio de otros cristales que muestran la otra realidad, la socialmente aceptada como única e inevitable contra la que no cabe pelear. La pantalla sacude las legañas con fogonazos de felicidad publicitaria y sacude las consciencias con imágenes de los culpables del deterioro físico y mental que el espejo reflejaba. Ahí se ven todos y todas, mostrados al mundo en la plenitud de la indecencia, en el cenit de la arrogancia, en la cúspide de la inmoralidad.

De una tacada, como fichas de dominó derribadas en hilera las unas por las otras, aparecen (un día cualquiera) el Tribunal Supremo, Cospedal, Torra, Otegui, Casado, Rivera, Susana, Chaves, Griñán, la banca, la empresa, la Iglesia, Franco, Trump, Bolsonaro, Salvini y muchos, muchísimas, más. El café sabe a cicuta, la tostada a hiel y el primer cigarro de la mañana se antoja la mecha nunca prendida para mandarlo todo a la mierda, para dinamitar esa cruel realidad.

Cuando la luz solar lo inunda todo, sobreviene el pasmo que induce a la ciudadanía a repetir sinsabores y frustraciones otra jornada más. La calle se llena de lánguidos ojos que deambulan rutinarios persiguiendo los asideros laborales donde se aferran las almas para creer que son libres y dueñas de sus destinos en esa realidad impuesta y falaz. Como cizaña espontánea, surge la idea de que no es quien más trabaja quien más gana, sino todo lo contrario. Y ahí se hunde la personalidad.

Barajadas expertamente las noticias, mezcladas entre ellas, la sensación de que todo está relacionado evoca la dura imagen del espejo. Corrupción, oligarquía, injusticia, populismo, mentira, manipulación, violencia estructural… todo ello se refleja en el rostro marchito, grisáceo y arrugado que mira a los ojos desde el espejo. De nada vale identificar las causas de una realidad decrépita que se exhibe ufana e impune como la única posible en esta decadencia social.

Repetir mil veces una mentira para convertirla en verdad, maquillar los hechos con brochazos de inocencia o tergiversar lo real para presentarlo como aceptable son las dosis más habituales que inyectan los medios a sus audiencias yonquis sin esperanza de futuro. En este debate sobre realidades y deseos surgen las dudas, los miedos, los enojos y las decepciones. En ese debate todo está perdido: no hay debate, sino subasta pública de interesadas consignas.

Tal vez, en un momento de lucidez, alguien piense que lo más acertado sea romper el espejo en miles de átomos. Tal vez haya quien proponga sacarse los ojos como alternativa. Tal vez alguna persona crea que cerrando los ojos se diluyen las realidades. Tal vez haya quien mirar no quiera, pero es un deber. Tal vez, si todos los ojos mirasen a la realidad como se mira al espejo, otros gallos cantarían en esas madrugadas temibles y eternas. Tal vez.

El Golpe de Estado de Casado, Rivera y Abascal

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Veleitosamente, el lenguaje se deja llevar por antojadizas voluntades y deseos vanos con aviesas intenciones y abyectos sentimientos. Llevan mucho tiempo, demasiado, las derechas ultras y extremas de este país hablando de golpe de estado y temo que no sea una casualidad. Dice el Diccionario de la Real Academia que Golpe de Estado es una Actuación violenta y rápida, generalmente por fuerzas militares o rebeldes, por la que un grupo determinado se apodera o intenta apoderarse de los resortes del gobierno de un Estado, desplazando a las autoridades existentes.

Para la ciudadanía española, el concepto de Golpe de Estado evoca un pasado reciente cuyos ejecutores son justificados públicamente y sus víctimas ninguneadas por esas derechas nostálgicas, ultras y extremas. España es un país anómalo con la metástasis del franquismo corroyendo sus órganos y su esqueleto. España es un mal ejemplo de país con representantes públicos que no condenan el genocidio franquista y donde se subvenciona con dinero público a los exaltadores del criminal golpista del 36.

Casado, Rivera y Abascal, no siendo los únicos que lo hacen, pastorean votos populistas, extremistas y peligrosos echando mano del lenguaje. Han explotado y manipulado al máximo las palabras “terrorismo” o “Venezuela”, prostituyendo sus significados, para golpear a rivales políticos. Ahora lo hacen con la perífrasis “Golpe de Estado” traduciendo a votos descaradamente la alarma que provoca en la ciudadanía.

Tres nefastos personajes que se niegan en redondo a condenar el franquismo y que hacen la vista gorda ante la prisión de lujo disfrutada por Tejero, el último golpista sufrido por España. La vista gorda se extiende a los homenajes que ese bigote con tricornio y pistola recibe en cuarteles y actos públicos con presencia de militares y paramilitares yonquis del “cualquier tiempo pasado fue mejor”. La connivencia de Casado, Rivera, Abascal y otros muchos con fundaciones, asociaciones y personas que hacen apología del golpismo impunemente es preocupante y peligrosa.

La constante mención al “Golpe de Estado” en Catalunya es una muestra de que estos tres ejemplares populistas han abdicado de la dialéctica de las palabras y las ideas y revindican la falangista dialéctica de los puños y las pistolas, como quedó demostrado en el 1–O y tras la aplicación del 155. Extender la idea de un Golpe de Estado es una forma de normalizarlo, de preparar con odio y miedo a la población para su llegada real y monstruosa.

Para ellos, hay Golpes de Estado buenos y malos, incluso dejan entrever que los hay necesarios. Las derechas populistas, ultras y extremas que aspiran a gobernar España están lanzadas y no les valen los votos, las ideas, o el diálogo: construyen los cimientos, a base de puños y pistolas, para justificar un Golpe de Estado. Cuentan para ello con parte de un ejército y de unos cuerpos de seguridad del estado en los que la ideología golpista nunca recibió un tratamiento de choque aséptico y democratizador.

El miedo a un Golpe de Estado es el miedo latente a una “actuación violenta y rápida, generalmente por fuerzas militares o rebeldes”, nada descartable por el impulso que el trío populista y extremo brinda con sus arengas a esa indeseable salida. Como buenos discípulos del fascismo que se reinventa en Europa y EEUU, catalanes y vascos, la xenofobia, la homofobia y la disidencia ideológica vuelven a estar en la diana de estos tres herederos del franquismo.