Democracia a la española

espermatozoide

El sistema de organización social conocido como democracia ha devenido en una suerte de piedra filosofal que convierte en demócrata cualquier cosa a la que se aplique. Y tiene su antónimo, dictadura, con efecto contrario. El concepto, en boca de alquimistas, nigromantes, taumaturgos y charlatanes políticos, se convierte en una fórmula mágica que embauca al pueblo y lo predispone al fraude. España, país bisoño en la práctica democrática, es una prueba de ello.

El asesino dictador Francisco Franco, tras bombardear y aniquilar la última experiencia democrática de este país, definió su régimen de terror como democracia orgánica. El régimen sucesor de la dictadura ha prescindido del término democrático y se ha quedado en monarquía parlamentaria. De hecho, la máxima autoridad del estado no se elige en las urnas, como exige una democracia real, sino en la medieval justa entre espermatozoides de real pedigrí. Aún así, tras mil veces repetirlo, el régimen español cuela como democrático entre una población poco o nada exigente, sumisa por tradición.

La perversión del concepto es tal que los charlatanes patrios niegan la participación electoral como principio universal aplicable a países condenados de antemano por ellos (Venezuela, Ecuador, Argentina –pre Macri– o Bolivia) donde las urnas se decantan tozudamente en contra de los intereses de la élites. En cambio, no dudan ni hacen ascos a aplicar un tratamiento democrático a países genocidas como Israel o dictaduras como Arabia Saudí, Marruecos o Turquía.

Hartos de pedir observadores internacionales para las elecciones venezolanas y de que éstos certifiquen la limpieza de los procesos que dan como ganador a quien obtiene más votos, la oposición “demócrata” pide que no se vote. La parte más patriota de España, PP y C’s, retiran la confianza al sistema de “una persona, un voto” y se posicionan en contra de las elecciones en Venezuela, y en Catalunya también. Hablan de que no se vota en libertad y de que los gobiernos de Maduro y de la Generalitat no juegan limpio.

La higiene democrática es una utopía, otra más, en España. Apestan las campañas electorales y las victorias del PP a dinero negro, al mismo aroma corrupto que exhala el partido heredero del franquismo. Atufan las campañas de C’s a inversión financiera y empresarial, a lobby neoliberal. Huelen, PP y C’s a oposición venezolana, a rechazo de la democracia como sistema de organización social. Hieden estos partidos a monarquía orgánica, a golpismo constitucional, a 155, hoy por lo civil y tal vez mañana por lo militar, a dictablanda.

La deriva radical de ambos partidos ha despertado de su letargo al monstruo totalitario (la derecha sin complejos de Aznar y Rivera) que no cree en otra cosa que el siniestro concepto de lo español, esa entelequia aterradora para quien se piensa andaluz, extremeña, gallego, vasca, asturiano, cántabra, catalán, valenciana, riojano, balear, canaria, murciano o, incluso, castellana. Lo español es un constructo social etéreo basado en consignas, himnos y banderas impuestas manu militari et doctrinae como vía para unificar territorios, personas y pensamientos, una ideología de pensamiento único ademocrática.

No se cansan los padres, o mejor padrones en el sentido siciliano del término, de pregonar democracia. No se cansan de impedir un referéndum, legal y con garantías, en Cataluña, como los realizados en Escocia o Quebec. No se cansan de rechazar lo que sale de sus urnas si no es lo que ellos, más que pedir, exigen. No dudan en surtir sus cargadores dialécticos con la peligrosa munición de la xenofobia, el nacionalismo y la negación de la democracia, del diálogo y la negociación, para imponer “su” concepto de democracia, pérfido y amenazador donde los haya.

Democracia según Krahe.

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Albert Rivera: primer año como presidente del gobierno

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12–10–2021. Madrid. Verónica Barcina, enviada especial.
  • Al cumplirse el primer año de Albert Rivera como presidente del gobierno, el líder de Ciudadanos nos concede esta entrevista en exclusiva.

  • Como se recordará, en las pasadas elecciones de Agosto de 2020, Ciudadanos logró ser la lista más votada y su candidato fue investido en primera sesión con el apoyo de Partido Popular y PSOE y la abstención de los nacionalistas vascos y catalanes.

—¿Satisfecho con este primer año de legislatura?

Lo de menos es mi satisfacción personal. Lo importante es que los españoles están satisfechos, como muestran a diario casi todos los medios de comunicación en portadas, editoriales, columnas de opinión y, sobre todo, en las encuestas independientes que encargan. En ese sentido, sí, se puede decir que estoy satisfecho.

—Sin embargo, son muchos los colectivos sociales que protestan en las calles y en las redes sociales: pensionistas, médicos, profesorado…

Es inevitable que haya algún descontento. Tenga usted en cuenta que han sido muchos años de adoctrinamiento social promovido por sindicalistas y comunistas radicales ante la tibieza o inacción de los anteriores gobiernos socialistas y populares. España es un país grande y libre que poco a poco va comprendiendo que con nosotros será de nuevo dueño de su destino universal.

—Su gobierno ha reducido un 8% las pensiones y está privatizando la sanidad y la educación pública.

Mire: dicho así suena muy fuerte. Llevamos un año en el gobierno y no nos ha quedado más remedio que actuar de esta manera condicionados por la herencia recibida de los gobiernos anteriores. Cuando llegamos al poder, no éramos plenamente conscientes del enorme lastre que supone para un país el sector público y los servicios sociales. Realmente no nos ha quedado más remedio que hacer lo que hemos hecho y estamos estudiando una segunda fase en la que potenciaremos la colaboración público privada que tan buenos resultados ha dado en EEUU e Inglaterra para mantener servicios públicos sostenibles.

—¿Significa eso que habrá más privatizaciones y nuevos recortes en las prestaciones?

No son privatizaciones, sino concesiones administrativas dentro del marco público privado que acabo de mencionar. En cuanto a los recortes, si usted quiere llamarlos así… pero no son recortes, sino una adecuación de las prestaciones y subsidios a la realidad. Tal y como estaba planteado antes, se situaba en el ámbito de lo irreal y nosotros lo hemos corregido. Quienes se quejan deben hacerlo ante los responsables de que hayamos llegado a esta situación: los gobiernos del PP y del PSOE que han gobernado durante cuarenta años fuera de toda realidad.

—Hablando de herencias recibidas, una de las primeras medidas de su gobierno fue derogar la Ley de Memoria Histórica. ¿Qué tiene que decir al respecto?

Esa Ley nunca debió aprobarse, ni siquiera plantearse. Hasta que Zapatero la planteó, nadie en este país se sentía mal por unos muertos producidos hace ochenta años en un conflicto civil en el que los dos bandos fueron igual de responsables, igual de culpables. No hacía falta remover el pasado para volver a enfrentar a los españoles. Después, durante dos legislaturas, el señor Rajoy tampoco tuvo el valor de hacer lo que nosotros hemos hecho, buscando siempre la unidad de los españoles.

—Esa actitud equidistante, ¿a cuántos votantes de extrema derecha ha atraído hacia su partido?

No son cosas que se puedan medir, porque el voto es secreto. Además, pienso que los votantes de extrema derecha nunca votarían a un partido de centro como el nuestro.

—Sin embargo, son muchas las voces, incluida la prensa extranjera, que los sitúan en la extrema derecha después de que ustedes hayan defendido el 155 en Cataluña, se hayan posicionado con la monarquía o hayan cargado contra todo el que no hable español.

España es compleja. Mire: Todo parte de ETA y la situación padecida en las Vascongadas. Si en su momento se hubiera aplicado allí el 155, hasta sus últimas consecuencias si hubiera sido necesario, nada de lo que ha sucedido después hubiera tenido lugar. No podemos estar siempre bajo el chantaje de los indeseables independentistas radicales. En cuanto al Rey, hemos de aprovechar que ha traído a España el segundo periodo de estabilidad y de paz más largo del último siglo y eso hay que reconocerlo y apoyarlo a toda costa, han sido casi noventa años de paz y de progreso. Respecto a lo del idioma que usted mencionaba, no es relevante para el mercado de trabajo hablar catalán, vasco o gallego. Son lenguas que no generan riqueza y cuyo destino final es su desaparición no muy lejana. Los españoles deben tener claro que el futuro está en hablar inglés, alemán o chino, idomas que sí suponen un valor añadido a sus vidas profesionales.

—¿Cómo se lleva con los dos partidos que lo apoyaron en su investidura?

Están agradecidos. Sí, como lo oye. Tanto Pedro Sánchez como Rajoy, tras felicitarme, me han reconocido en privado que se sienten liberados después de cuarenta años de reproches mutuos que los han desgastado política y socialmente. El gran logro de Ciudadanos ha sido conseguir que la sociedad lo acepte como un partido renovador dentro de un orden. A fin de cuentas, hemos sabido refrescar las mismas políticas de socialistas y populares, darles un aire nuevo, más moderno y más acorde con las necesidades de quienes generan riqueza y crean empleo en este país. Ya ve usted cómo ha reaccionado la bolsa desde que ganamos las elecciones, con una subida continuada que está batiendo todos los registros históricos.

—Por último, ¿qué nos puede decir de los casos de corrupción que han saltado estando ustedes en el poder? Lo de la Secretaria de Estado, lo de las sedes de Ciutadans en Cataluña, lo del trato de favor a empresas de familiares de afiliados… ¿Es eso la regeneración que prometieron?

A todos nos puede salir algún caso aislado que, desde luego, la dirección del partido a nivel nacional, regional o provincial desconocía. No obstante, tengo que decirle que exigimos la presunción de inocencia y tenemos plena confianza en la actuación de la justicia. Muchos de esos casos que me nombra han salido de informaciones sin contrastar publicadas por medios que desde el minuto uno están en contra de Ciudadanos. Esperaremos a que se pronuncie la justicia para actuar en consecuencia. Hemos conseguido acabar con la corrupción del PP y con la del PSOE. No vamos a caer en sus mismos errores.

—Sin embargo, ustedes apoyaron a los gobiernos corruptos del PP en Madrid y del PSOE en Andalucía.

Mire, son cosas distintas. Estos partidos han sido corruptos desde hace cuarenta años y sus imputados se cuentan por cientos. No pretenda compararlo con los dos o tres casos que ha citado y que, insisto, son casos aislados creados por la prensa enemiga. Además, tenga en cuenta que si no hubiéramos apoyado a los gobiernos en Madrid y Andalucía la alternativa hubiera sido el gobierno de socialistas y comunistas radicales, y eso no lo íbamos a permitir de ninguna de las maneras.

—Bueno, presidente, muchas gracias por habernos atendido.

A usted. ¿De qué medio me ha dicho que es?

—De Apalabrado.

No lo conozco.

—Ya lo conocerá.

Eurovisión: €visión

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Artistas de la voz con presunción de ¿concursantes? han oficiado de nuevo el viejo y caduco rito del decadente, obsoleto y decrépito ¿festival? de €visión. 62 años después del I Festival de Eurovisión, se ha vuelto a escuchar la eterna letanía, oficiada por los comentaristas y salmodiada por la audiencia, de que todo es política cuando los votos no son favorables. Y llevan razón. Este año, más que nunca; este año, de forma explícitamente descarada, vergonzosamente perversa.

Todo el mundo ha visto “lo” que ha ganado. ¿Canción?: de parvulario, ¿música?: de pista de coches de choque; ¿artista?: ridícula bufona. Tenía que ganar Israel, presentara “lo” que presentara. Ya lo advirtieron los oráculos del negocio, los rabinos de la ortodoxia manipuladora: las casas de apuestas que todo lo saben, que todo lo encauzan, que todo lo pueden. Todo es política, todo es dinero, todo se compra y se vende, todo es propaganda. Ha pagado Israel, ha ganado Israel.

Si el gobierno de España tapa su corrupción y sus desmanes con ETA, Venezuela o Catalunya, Israel lleva más de medio siglo tapando el genocidio palestino con dinero, mucho, y propaganda, toda. Mucho dinero, el suficiente para controlar el 96% de los medios de comunicación (lo dice hasta un medio ultraconservador como Alerta Digital) del mundo y, en consecuencia, mucha, toda la propaganda está en sus manos. Así como suena: dinero, propaganda y política.

El jodío dinero judío permite a Israel lavar y centrifugar la sangre que produce comprando un lugar destacado en eficaces escaparates: juega al fútbol, al baloncesto y canta en competiciones europeas. Para este año, han comprado tres etapas del Giro de Italia, de la misma manera que han comprado la victoria en €visión, rentables inversiones. En octubre pasado, usaron La Roja para enjuagar su sangrienta imagen. Hasta los “progres” Serrat y Sabina, adictos al dinero, no dudaron en vendarse los ojos, venderse, y actuar en 2012 en Israel, a mayor gloria de un estado invasor.

Desde que el horror/error humano Donald Trump accedió a la Casa Blanca, Israel ha intensificado su escalada terrorista en Palestina y ahora en otros países. Su millonaria inversión en imagen y propaganda crece paralela a sus crímenes, siguiendo la milenaria propaganda de que son el pueblo elegido por un dios que, de existir, y si fuera como lo venden, se avergonzaría de tal pueblo. Los líderes judíos han dejado claro, históricamente, que su único y verdadero dios es el dinero.

€visión se ha destapado como el negocio que es, siempre ha sido y seguirá siendo. Es, ha sido y será política. €visión es un gigante con pies de propaganda, un Becerro de Oro en manos, este año, del mejor postor: Israel. Dinero, propaganda y política, de la más fétida, ruin y criminal que se pueda practicar en este mundo cegado por el áureo resplandor de la riqueza. Son políticas las votaciones ¿profesionales? y ¿populares? del festival; es sentido común la opinión de Salvador Sobral, su anterior ganador, al respecto.

En España, la política patriotera ha llevado a los radicales de himnos y banderas a rechazar a Amaia y Alfred por ¡¡leer!! España de mierda. Esa mierda de España no duda en aplaudir el enésimo fracaso de nuestros representantes en la eterna mierda de €visión. Y, mientras tanto, se llevan las manos, con las pulseritas rojigualdas, a la cabeza porque no se explican qué hace un país como Australia concursando en el festival europeo.

Política de desguace

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Asistimos en estos tiempos de dudosa modernidad a un turbulento proceso dialéctico de descomposición individual, social y, en consecuencia, política. Niil novum sub sole. Desde Heráclito y Platón hasta Hegel o Adorno, se ha planteado la contraposición de las contradicciones a los conceptos de la tradición como el verdadero motor del cambio social, del progreso social. Es en este marco lógico-filosófico donde adquieren significación los apelativos políticos “conservador” y “progresista”.

Históricamente, el control sobre la población se ha ejercido a través de la comunicación de masas ejercida por personajes que no han dudado en utilizar los medios a su alcance para establecer sus verdades como únicas, infalibles, eternas, incuestionables e inalterables. Es lo que se conoce como adoctrinamiento, palabra que alude al conjunto de ideas, enseñanzas o principios defendidos por un movimiento religioso o político. También se aplica a la materia o ciencia que un docente enseña a sus discentes.

Cuando las ideas y los valores basados en las tradiciones distan tanto de la ciudadanía que se tornan estériles para controlar y manipular, para adoctrinar, sus defensores suelen optar por maquillarlos o imponerlos por la fuerza. El recurso más inmediato es la apelación al miedo, ejemplificado con hechos pretéritos, realidades ajenas o futuribles desgracias. Es lo que viene pasando a las derechas españolas que, sin renunciar a sus tradiciones franquistas, no dudan en airear fantasmas venezolanos, terrorismos propios o de importación y presuntos caos etéreos como los dioses.

Cuando las contradicciones afloran alejadas de un pensamiento dominante o, en el peor de los casos, único, la diversidad se dispara a discreción, produciendo el fuego cruzado víctimas entre las propias filas. Es lo que sucede hoy (¿siempre?) en las fuerzas progresistas españolas, ombligueras donde las haya, incapaces de renunciar a sus infinitas gamas de matices y tonalidades. Poner el acento en las diferencias, en lugar de hacerlo en las semejanzas, es lo que explica el yermo y árido panorama en el que se mueven las izquierdas, muchas, demasiadas.

Ante este panorama desolador, inútil e ineficaz para conservadores y progresistas, el ingenio hispano ha redescubierto la política de desguace. Esta política, tremendamente beneficiosa para los intereses conservadores, consiste en hacer funcionar las vetustas y obsoletas maquinarias partidistas recurriendo a piezas desgastadas, desechadas y arrumbadas por su fracaso funcional. Rescatadas de la chatarra, limpiadas y lubricadas convenientemente, se vuelven a encajar en los gripados motores y se ofrece el producto a la ciudadanía como nuevo.

Lo de Ciudadanos es todo un ejemplo de picaresca política al presentar su máquina, envejecida por ideas decimonónicas y profundamente conservadoras, extremistas en lo político y radicales en lo económico y social, como signo de renovación y falso progreso. Vista la talla, exigua y mezquina, de líderes y mentores como Arrimadas, Garicano, Villacís, Arcadi Espada o el propio Alberto Rivera, se han lanzado de cabeza al vertedero para rescatar al fracasado Manuel Valls y al frustrado Vargas Llosa para aquilatar su concurrido florero electoral. Ya lo hicieron con Toni Cantó y otras figuras medradoras de la rancia y antigua política. Nos venden el añejo coche conservador como nuevo y de importación.

En el desguace no dan abasto con las entradas de renqueantes piezas quemadas del Partido Popular. No obstante, la fidelidad de sus hooligans aún lo mantiene como fuerza política muy a tener en cuenta para posibles componendas de un hipotético gobierno de derechas que hará bueno para la ciudadanía el desastre sufrido con Rajoy y su banda de pillastres. Alberto Rivera no hará ascos (no lo hace en Madrid o en Andalucía) a la presencia de mafiosos en las instituciones, máxime si son él y sus valedores financieros y empresariales quienes se benefician.

Vean un ejemplo de desguace de un vehículo antes de que entre en funcionamiento pinchando aquí.

El máster de Ciudadanos

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Existen situaciones que ofrecen a la razón una realidad que las personas no quisieran aceptar bajo ningún concepto. Existen otras en las que alguien intenta convencer a los demás de que la realidad está equivocada, es decir, los toma por tontos. Para ambas situaciones, muchas personas, huyendo de discusiones estúpidas y estériles, recurren a una expresión de lamento y desfogue: “¡Me cago en mis estudios!”. Unas por tener conocimientos y las otras porque se menosprecia los que tienen.

Después de la comparecencia de Cifuentes, el PP y ella misma se cagan en sus estudios por no querer aceptar la realidad cruda y lamentable de que el máster de la presidenta es tan ficticio como vergonzoso. Tras la comparecencia, la ciudadanía se caga en sus estudios porque, una vez más, la enésima, el Partido Popular la toma por tonta, tenga el nivel académico que tenga. Acabada la comparecencia de la Presidenta de Madrid, Ciudadanos se caga en los estudios propios y en los ajenos.

Lo del PP es a la par tradición y seguridad de que, pase lo que pase, goza de inmunidad electoral. Lo de la ciudadanía es masoquismo desde el punto y hora en que vota mayoritariamente a quienes más la dañan. Lo de Ciudadanos es puro postureo de quien no tiene discurso, carece de escrúpulos y atesora la más ágil veleta ideológica que recuerdan las crónicas parlamentarias. Lo de Ciudadanos es un máster en hipocresía populista con matrícula de honor cum laude.

El partido paladín de la honestidad, el azote de la corrupción, el campeón de la transparencia, el adalid de la ética, Ciudadanos se siente orgulloso de ser apoyo y sostén de casi todos los gobiernos corruptos que existen en España. Ahí tienen a Juan Marín, máster en transformismo político (1983 Alianza Popular, 2000 Partido Andalucista, 2006 Independiente, 2011 Ciudadanos), sosteniendo al gobierno del partido de los EREs. Ahí tienen a Albert Rivera sosteniendo al partido máster de corrupción en La Moncloa. Y ahí tienen a Ignacio Aguado, candidato y portavoz en Madrid, sosteniendo al gobierno de másteres de mangoneo como Esperanza Aguirre, Ignacio González, Granados y, ahora, cagándose en sus estudios por lo de Cifuentes, negándose a aceptar la realidad.

El falso máster de Cifuentes ha dado la oportunidad a la ciudadanía de conocer a fondo el máster real de Ciudadanos. Para el partido de Rivera, los corruptos no son terroristas, no son venezolanos, no son independentistas, no son comunistas y, para colmo, son españoles de himno, bandera, cirio, mantilla y pulserita. Para el partido del IBEX, los corruptos son de los suyos, son neoliberales, son de derechas, los guardianes de las puertas giratorias. Hay que darles todas las oportunidades que se pueda: hoy por ti y mañana por mí, coleguita.

Rivera, el gallo de la veleta, ha aprendido con inusitada rapidez los trucos más rancios de la política española: una rama de demagogia, cinco gotas de populismo, polvo de propaganda, cinco pelos de descaro y tres alas de hipocresía. Rivera lo agita todo en su marmita con la vara de druida, lo deja reposar y lo administran sus duendes mediáticos a una población que tendrá lugar de cagarse en sus estudios cuando lo voten y comprueben que reúne lo peor de cada casa, una especie travestida de Mariano Díaz, Susana Cifuentes o Cristina Rajoy.

Gracias a Ciudadanos, gracias a Rivera, gracias a Marín, gracias a Aguado, los españoles sufren a Rajoy, los andaluces a Susana y los madrileños a Cristina. ¿Alguien da más? Imposible competir con tan épico y veloz máster, inalcanzable. Imposible superar tal grado de corrupción ideológica. Imposible prescindir de los cuarenta o cuatrocientos o cuatro mil ladrones si eres Alí Babá. ¡Me cago en mis estudios!

España, más dictadura que Venezuela

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España ha sufrido un peculiar síndrome de Estocolmo. De tanto identificar a Venezuela con una dictadura, las derechas españolas han terminado por mostrar al mundo cómo acabar con la democracia guardando las apariencias. Imprescindible para un país libre y soberano es la existencia de una prensa plural, libre y soberana, cosa que no sucede en España. A través de los medios se ha bombardeado a Venezuela y con su apoyo se han perpetrado los mayores recortes de derechos cívicos desde los aciagos tiempos de Fraga, de casta le viene al galgo, al frente del Ministerio de Información franquista. El colmo: han convertido la RTVE en una vergüenza de NO-DO en plasma.

A diferencia de la venezolana, la dictadura española lleva lustros negando la voz al pueblo, primero en Euskadi y ahora en Catalunya. Maduro permitió un referéndum ilegal de los opositores y mantiene presos a quienes organizaron una rebelión violenta en las calles que ocasionó decenas de muertos y heridos. A esos rebeldes, responsables de tumultos callejeros, la dictadura española los considera presos políticos y se permite poner en tela de juicio a la justicia venezolana que los condenó por tales hechos. Los opositores también jalearon una sedición militar para derrocar al gobierno por las armas.

A diferencia de la venezolana, la dictadura española ha encarcelado, a instancias de jueces afines a la derecha, a ciudadanos cuyo delito ha sido intentar hacer lo que Maduro ha permitido a sus opositores: un histriónico referéndum ilegal sin garantías; de uno legal, como en Canadá o Inglaterra, no se permite ni hablar. A estos ciudadanos, las derechas dictatoriales españolas les niegan el epíteto “políticos” como apéndice semántico de su realidad de presos.

La dictadura española ha dinamitado el principio, piedra angular de cualquier democracia recia, de presunción de inocencia y se mantiene en prisión a ciudadanos y representantes electos del pueblo porque un juez interpreta que “van” a delinquir, como si la justicia fuese cosa de oráculos. Son los acusados, en esta dictadura, quienes han de probar su inocencia y no la Justicia la que ha de probar su culpabilidad. Franco y Torquemada cabalgan de nuevo.

A diferencia de la venezolana, en la dictadura española los corruptos, las élites financieras y las empresariales no están en la oposición. En la dictadura española los corruptos gobiernan, el parlamento legisla en favor de las élites y, en consecuencia, en contra del pueblo. La dictadura española mantiene en libertad a la mayoría de los suyos que han sido cogidos con las manos en la caja B o en los EREs. Hasta el heredero del heredero del dictador se ha visto salpicado por la corrupción en su propia famiglia, con una Borboni y su esposo disfrutando a cuerpo de Rey en Suiza los rigores de la Justicia española.

A diferencia de la venezolana, la dictadura española utiliza los colores y la bandera de la patria para tapar sus miserias políticas, sus ilegales campañas electorales y los robos perpetrados por los suyos. Unos colores y una bandera que, en sus manos, son un ultraje a cientos de miles de españoles que murieron defendiendo la democracia de los militares que enarbolaron, precisamente, esa misma bandera para, en su nombre, dar un golpe de estado.

A diferencia de la Venezolana, la dictadura española defiende a dentelladas a unos Padres de la Patria que jamás defendieron al pueblo pobre y necesitado. El Valle de los Caídos, los callejeros fascistas de nuestros pueblos y ciudades, las misas del 20N, las estatuas de los golpistas, la permisibilidad con neofranquistas y neonazis o las vergonzantes declaraciones de Rafael Hernando, Pablo Casado y otros representantes de las derechas, incluido Rivera, han hecho de España una anormalidad democrática en Europa, una dictablanda cada día más dura, un paraíso fascista.

Yo maté a Ana Julia Quezada

Ana-Isabel-Quezada

…Y a Tony King, y a José Bretón, y al Rafita, y al Cuco, y al Chicle, y a todos los desalmados que cometen crímenes atroces sobre los que la Justicia se limita a aplicar sólo el Código Penal. He matado a Ana Julia Quezada con garrote vil y después la he empalado antes de arrojar sus restos a la hoguera. Desde que descubrí el beneficio que estas ejecuciones sumarísimas suponen para mi autoestima y mi ego social, me he convertido en una heroína sin superpoderes, una vengadora incansable, una justiciera sin capa, una verdugo sin caperuza.

Mi método es tan simple como eficaz: se produce un crimen, escucho durante días al jurado de Las mañanas de Ana Rosa y al de Espejo Público, contrasto las sentencias emitidas en otros tribunales mediáticos, tanteo los veredictos populares en las redes sociales, acopio argumentos y, cuando hay sentencia más o menos unánime, actúo. Gracias a estas ejecuciones soy un personaje que saborea con deleite un reconocimiento público que de otra forma no obtendría.

Desde que soy killer, me basta con plantarme en el bar o en la peluquería y vocear que habría que condenar a cadena perpetua al convicto de turno para levantar las alabanzas de los presentes. Si alguien ya lo ha dicho antes, digo que hay que matarlo o matarla. Siempre funciona y, a veces, al reconocimiento público se unen las recompensas de la consumición pagada por algún parroquiano o el peinado gratis a cuenta de la casa. Otros, como Mariano y Alberto, obtienen doble beneficio haciendo lo mismo que yo: distraen de sus políticas y amasan sustanciosos réditos electorales.

En el caso de Ana Julia Quezada, no me ha resultado tan fácil como en otros. Cuando llegué a la cola del súper, el caso del niño Gabriel entretenía a la cajera desde las nueve de la mañana y ya se había dicho casi todo.

Que se pudra en la cárcel —me metí en la conversación.

Eso mismo he dicho yo —la clienta que pagaba sonrió orgullosa y las otras asintieron con la cabeza.

Habría que matarla —subí un peldaño en la escalera de la venganza.

Lo que yo digo —un abuelo buscaba en su monedero el 0,25% de la subida de su pensión para pagar el pan y un cartón de leche—, deberían colgarla.

Estaba a punto de arrojar mi toalla vengadora, me sentía derrotada por haber llegado tarde a la compra, cuando ya estaba casi todo dicho a media mañana. No era la primera vez que me pasaba, pero sí la más complicada.

La puta negra sudaca no tiene perdón de Dios —aposté.

Los emigrantes se van a dar con nosotros —la cajera subió la puja conduciendo con su mirada las de todas las de la cola hacia la rumana que, apostada en la puerta, pedía algo para comer.

Y para colmo, el padre es de Podemos —era mi última baza.

Media cola se lanzó en tromba a la novedad del dato, la otra media miraba al techo o al suelo en silencio. Había triunfado de nuevo. El Coletas recibió de lo lindo, Pedro Sánchez pilló repaso y Rajoy y Rivera tuvieron unos minutos de gloria y a buen seguro unos votos extras. Como era de esperar, nadie comentó las conciliadoras palabras de la madre de Gabriel pidiendo cordura.

La gente pide sangre, venganza, y nadie como yo para satisfacer a mi vecindario. Me llegó el turno de pagar y la cajera metió en una de las bolsas un par de bollos no contabilizados. Lo había vuelto a hacer: Yo también maté a Ana Julia Quezada.

Satisfecha, con el deber cumplido, voy a disfrutar un merecido descanso visionando la película La jauría humana.