El ¿camarada? Pedro Sánchez

Camaradas socialistas

La palabra camarada tiene que ver en su origen con compañía, amistad y confianza. Luego, se utilizó para referirse a correligionarios y compañeros en partidos políticos y más tarde, hasta hoy, se ha acotado su uso a la militancia de izquierdas. En el último siglo de historia, el PsoE, presunto partido de izquierdas, ha huido de la palabra camarada como ha huido de toda simbología que pueda identificarlo con posiciones inequívocamente alineadas con el pueblo.

Durante la II República, el socialismo nominal hizo que el PsoE dinamitara desde dentro los gobiernos republicanos. Durante los negros años de la dictadura, este partido, con fuerte implantación social, hizo de avestruz dejando una cúpula testimonial en el exilio para no molestar a las élites financieras y empresariales del franquismo. Había que esperar la oportunidad, nada de resistencia, puro oportunismo. Algunos y algunas “socialistas” respondían, con miedo y vergüenza, más vergüenza que miedo, cuando eran interpelados con la palabra camarada.

Y, en esto, murió el generalísimo en la cama y, en esto, aparecieron Isidoro y el hermano de Juan Guerra enarbolando la bandera de los parias, de los descamisados, hecha de pana. Los del Clan de la Tortilla se impusieron, y cumplieron a la perfección, la hercúlea tarea de borrar la palabra camarada de su diccionario socialista. En realidad, no la borraron, sino que la desplazaron cubriéndola de un significado peyorativo para referirse a la izquierda, a la verdadera. Desde entonces, la misión primordial del PsoE ha sido, y es, destruir todo lo que hubiera a su izquierda para presentarse como La Izquierda.

Impulsados por la banca y grandes empresas como PRISA, y con el apoyo social de los descamisados, los socialistas gobernaron desde 1982 a 1996 con holgada suficiencia. Bastaron apenas tres legislaturas para que el rodillo se cebara con las clases trabajadoras: contratos basura, privatizaciones, reconversión industrial, OTAN, olvido de la reforma agraria, etc. Bastaron cuatro años para que la tradicional corrupción franquista fuese sustituida por la corrupción socialista.

En la última legislatura de Isidoro, prefirieron pactar con la derecha catalana antes que con la izquierda. Lo mismo se ha venido produciendo en gobiernos autonómicos, provinciales y locales desde las primeras elecciones democráticas. Lo mismo ha ocurrido en los últimos seis años (menuda es la felipista Susana): el PsoE prefiere siempre a la derecha para pactar por ser más cercana a ese socialismo nominal que históricamente le ha venido tan largo. Y de dialogar con sus bases y su electorado, mejor ni hablar.

Cada vez que el PsoE ha planteado unas primarias para la secretaría general, se ha topado con que la militancia ha preferido a auténticos desconocidos en lugar de los candidatos oficiales, tal vez porque éstos eran demasiado conocidos por el socialismo de base. De ahí surgieron el “camarada” Zapatero y el “camarada” Sánchez. De ahí han salido los escasos gestos políticos maquillados de izquierdismo que han vuelto a embaucar a un electorado defraudado, desposeído y descamisado.

El “camarada” Pedro Sánchez, apoyado por las cloacas y las sempiternas élites, no está haciendo más que continuar el legado del socialismo low cost, no nos equivoquemos: aniquilar a la izquierda y buscar apoyos en la derecha, secular hábitat del PsoE. Las negociaciones para su investidura se han complicado porque la derecha sin complejos se ha radicalizado. Ante la tesitura de tener que pactar con Unidas Podemos, el socialismo desnaturalizado vuelve a las andadas.

¿Meter mano a los sectores estratégicos privatizados? No, quita. ¿Garantizar la sanidad, las pensiones y la enseñanza pública? No, ¡Jesús qué cosas! ¿Regular la burbuja habitacional? No, que perdemos apoyos. ¿Apostar por la laicidad del Estado? No, por dios. ¿Derogar reformas laborales y Ley Mordaza? No, ¿para qué? ¿Banca pública? No, ni hablar. ¿Valores republicanos? No, jamás. ¿Desobedecer al Trump militarista? No, que nos putea. ¿Etcétera? No, no, no y no. Todo eso, y más, es propio de los camaradas de Unidas Podemos.

El PsoE de Isidoro, del hermano de Juan Guerra, de Susana Díaz, de García-Page, de Fernández Vara (en definitiva, de las élites políticas y financieras) sale triunfador en su principal objetivo: eliminar a la izquierda y restaurar el bipartidismo. La nefasta alternancia, madre de la corrupción y de las políticas antisociales, está de enhorabuena. Fuegos artificiales como lo del buque Acuarius y juegos malabares como la exhumación del dictador genocida le darán sus frutos electorales. Todo lo demás es culpa de Pablo Iglesias, incluida la subida del SMI que Sánchez explota como logro propio.

Derechas (3) y lavados de cerebros

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Estos días, la brainwashing machine (así, en inglés, que en castellano suena a lo que es) doméstica anda centrifugando las mentes desprevenidas. El mando a distancia sirve para constatar que todos los programas de lavado parecen sincronizados para blanquear todo tipo de suciedades. Dependiendo del programa y de la franja horaria, se blanquea la corrupción, la misoginia, el machismo, la homofobia, la xenofobia y hasta el fascismo 3.0.

Todo ello, sospecho, se debe al efecto del detergente Roji y el suavizante Gualda esnifados industrialmente por la sucia maquinaria de las derechas que los diferentes programas consumen y publicitan con adicción. Para asegurar el efecto blanqueador, no faltan obispos como Demetrio dispuestos a rezar dos padres nuestros y tres avemarías o a sacar el palio para cubrir a los nuevos/viejos cruzados. España es así: catecismo y formación del espíritu nacional para mitigar el hambre.

No duda Casado, en el prelavado, en reivindicar sus orígenes pata negra, denominación porcina para aludir a Aznar, Aguirre y a dirigentes de su partido inmersos en el sucio negocio de la corrupción. Se entiende en un sujeto de currículum falseado y dopado. No duda Rivera en apoyar a su hermano de la FAES. Se entiende en un partido especializado en sostener gobiernos corruptos del signo que sean. Ambos se blanquean entre sí, pero sus marcas azules y naranjas apestan a ideología corrupta y neoliberal. No hay perfume que quite esos hedores.

Los dos partidos, probadamente dopados con dinero negro uno y del Ibex el otro, mantienen su cuota de poder y en el lavado se intercambian manchas imperecederas con VOX. El agua clara se enturbia porque la misoginia, el machismo, la homofobia, la xenofobia y otros lamparones similares, de naturaleza neofranquista, son sustanciales al tejido ideológico de los tres. Aún así, con mayor o menor impudicia, aceptan el apoyo del partido dopado con dinero iraní y del mamandurriado Abascal para montar el tendedero donde pretenden en vano orearse.

El programa de aclarado nos muestra que ni PP, ni C´s, ni VOX, pueden pasar por ropa limpia por mucho que vuelvan a añadir Roji y Gualda y repitan el proceso. El indisimulado y pestilente olor a populismo rancio, basado en la goebbeliana máxima de repetir las mentiras para hacerlas verdad, forma parte indisoluble de sus textiles fibras. Ni la lejía perfumada es capaz de disimular las manchas y los olores que ostentan como pecados originales.

Pero son conscientes los de Rivera y los de Casado de que el centrifugado obrará el milagro de blanquear sus posiciones en pasivas mentes poco precavidas dándoles apariencia de blancor. Así, Pablo y Alberto presumen de estar en el centro del tendedero, cuestión que Santiago no se plantea por estar orgulloso de sus manchas. Los tres, sus tres formaciones, ondean flácidas al viento en el extremo derecho de la cuerda mostrando sus desvegüenzas cara al sol.

Tres tristes trapos ajados cuelgan en el tendedero electoral tapados por inmensos trapos rojigualdos cuya misión es que pase desapercibida su vetusta y obsoleta composición para la ciudadanía. Lo han conseguido en Andalucía y lo conseguirán en España, donde la clientela electoral no mira más allá de la moda de temporada. La brainwashing machine cumple a la perfección el objetivo para el que ha sido diseñada: lavar los cerebros incautos y vender con reiteradas mentiras los trapos viejos como seda natural.

Ante la imposibilidad o la negativa a lavar sus ideologías, las derechas han optado por su viejo y exitoso recurso de lavar los cerebros a la ciudadanía.

Tra(d)iciones

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Las tradiciones son prácticas sociales fedatarias de hitos históricos y sustancia educadora de los pueblos. En cualquier debate sobre ellas, las posiciones se toman en función de visiones personales que con frecuencia eluden su naturaleza, sus intenciones o su pertinencia en la historia del presente. Apelar a su papel docente ofrece argumentos proclives y contrarios que cada cual moldea a conveniencia y conciencia según le vaya la fiesta.

Un ejemplo de dialética de la tradición son los festejos populares donde se utiliza a los animales como involuntarios protagonistas de las pulsiones ancestrales que llevan al ser humano a solazarse con la sangre y la muerte. Hay quien está a favor. Hay quien está en contra. Hay a quien le da igual. Y hay, mientras tanto, quien es educado en la supremacía de una especie sobre otra basada en la capacidad ritual de decidir sobre la vida, de administrar la muerte.

Las tradiciones son menos propicias para el debate social cuando están exentas de desagrado o se basan en la fómula del placer y el deleite. Sucede esto con la tradición de los Reyes Magos, de naturaleza religiosa e intención doctrinal en su origen, que se ha ido adaptado a la realidad de cada tiempo. Hoy, en fiera competencia con tradiciones importadas, la intención predominante de los Reyes y de todo el entorno navideño es, socialmente, mercantil y consumista.

Esta tradición religiosa navega en el mar de la historia que se torna ambigua en aguas mitológicas, por lo que el presunto hito histórico queda devaluado. Pero, como toda tradición, la fiesta de los Magos cuenta con un poso educador que la lleva a parecer una de las mayores traiciones sociales. De forma alegre, tal vez inocentemente, porque así lo marca la tradición, se está educando a la infancia en la mentira, en la ilusión artificial, en la evasión de la realidad. Es la pedagogía del engaño que, en edad adulta, se practicará a veces como cosa natural.

El engaño es doble. A la irrealidad de sus majestades se superponen los camellos publicitarios que bombardean las frágiles mentes infantiles para que pidan, o exijan en algunos casos, tal o cual producto para una noche de falacias y ficciones. Los adultos acuden a esquinas y callejones comerciales para adquirir la dosis lúdica que calme la ansiedad infantil producida por el marketing navideño. El ritual termina cuando el niño aprueba el triunfo, mutado en deseo, del fabricante que le ha embaucado.

De mayores, esos niños asumirán que los políticos atienden sus deseos en la medida de falsas posibilidades. Comprenderán que jueguen con sus ilusiones y necesidades en la forma que los etéreos mercados decidan. Acatarán las frustraciones envueltas en papel de regalo y se arrepentirán de haber sido malos sin haberlo sido. Aceptarán la cruda realidad de que los gobernantes no son magos y rechazarán su propia responsabilidad en el engaño.

Como una tradición, el gobierno vuelve, por tercer año consecutivo, a decir que éste es el año de la recuperación y a prometer 800.000 puestos de “trabajo”. Como una tradición, vuelven a repetir que la economía va bien a quienes no disponen de comida y luz garantizadas. Como una tradición, vuelven a proclamar que ellos combaten la corrupción como nadie. Como una traición, un buen número de ciudadanos, con asombrosa inocencia infantil aún, volverán a votarlos.

Salvapatrias y vendepatrias

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Que España está mal no es noticia sino una lamentable tradición instaurada por quienes ostentan y han ostentado el poder durante las últimas cuatro décadas. La noticia es que el grotesco Mariano Rajoy continúe de presidente exhibiendo su bajo perfil político y su altísimo nivel de estulticia. Va este pobre hombre y, en pleno debate entre corruptos, suelta la lapidaria ocurrencia de que “generalizar la corrupción beneficia a los salvapatrias de la escoba”.

A ver, presidente: los salvapatrias de la escoba no serían necesarios si su partido y el de la oposición hubiesen pasado la aspiradora desde el minuto uno de la transición en lugar de poner el ventilador a su máxima potencia. No harían falta si la Moncloa no hubiese estado ocupada de corrido por vendepatrias que han puesto en almoneda las empresas públicas y los derechos cívicos. Todos ustedes han metido bajo las alfombras tanta inmundicia que es imposible ocultarla.

Su partido y el otro son partícipes a título lucrativo de la peor de las corrupciones, la que se realiza a golpe de decreto. Ustedes, populares y socialistas, malversáis el poder de las urnas de espaldas al pueblo, en beneficio propio y de las empresas que se lucran con nuestra sanidad, nuestra energía, nuestra educación o nuestro agua. Vosotros y vuestros partidos recibís dinero negro o puestos en los consejos de administración de esas empresas cuando no sois socios fundadores de las mismas. Eso es corrupción, señor Rajoy, y no el merchandising de un Jaguar o unos confetis de agradecimiento.

Si usted, señor Rajoy, a los casos de su gobierno, su partido, sus militantes, sus ayuntamientos, sus diputaciones o sus comunidades autónomas y a los del otro partido, sumados a los de la casa real, la iglesia y el ejército, no lo considera generalización, cabría pensar que sus gafas son tan falsas como su mensaje. Tanta basura hay que barrerla y lamentar no haberlo hecho antes, porque a eso han llegado ustedes, a ser basura política que trata a la ciudadanía como basura.

Es un tremendo despropósito escucharle anunciar medidas para combatir la corrupción. Usted, los suyos y los otros no han parado de tomar medidas para fomentarla e incrementarla con inusitado esfuerzo y lacerante descaro. Las víctimas de sus medidas han sido Baltasar Garzón, Elpidio Silva, los discos duros de sus ordenadores o los registros de visitas de la sede de su partido. Sus beneficiados han sido los corruptos indultados o favorecidos con el aforamiento o el inmerecido tercer grado. Son ustedes una mafia de consumados corruptos y nadie espera que se combatan a sí mismos.

La primera medida que ha tomado usted con la corrupta Ana Mato ha sido mantenerla en su escaño y en la ejecutiva de su partido, además de justificar lo injustificable. No es usted nada creíble, señor Rajoy, haga un favor a su país y váyase, váyase a Soto del Real como último y único acto decente en su vida política. Bárrase usted mismo y llévese consigo la basura que le acompaña en el Consejo de Ministros y en su partido. Evite que los salvapatrias le barran si le queda dignidad.

Deje de mentirse a sí mismo y a los demás. Su lucha contra la corrupción no va en la buena dirección, sino en la contraria, como la recuperación económica que sólo afecta a quienes le han llenado la caja B y evaden sus impuestos con impunidad en paraísos fiscales. El pueblo español no tiene su nivel de necedad y es testigo de lo que ustedes han robado y de lo que su reforma laboral les ha robado a los hogares. El pueblo español está harto de vendepatrias: no se sorprenda de que busque un salvapatrias y una escoba, mejor cuanto más grande.

Corrupción A, corrupción B y C

cadenaTrofica

Me preocupa, pero no me alarma, la corrupción, histórica y pícara Marca de este país. Que los partidos gobernantes se dediquen al menudeo junto a pueblerinos empresarios y subalternos de la banca crea una desmesurada alarma social, comparable a la intervención de los GEO y el CNI para detener a un camello de barrio. Que la ciudadanía se distraiga a diario con las andanzas de bandoleros, forajidos y trabucaires les hace parecer hasta normales.

Me preocupa, pero no me alarma, que la justicia use mazo de goma cuando de ellos se trata y de hierro para los parias. Llama la atención, como la nieve estival, novedad inesperada, que se investigue la corrupción y se actúe contra ella. Se cuentan por decenas los casos, por cientos los imputados, por miles los millones y por millones los votantes defraudados. Y en paralelo, como una sombra, caen artistas, deportistas y otros ciudadanos, todos ellos luces y guías de un viciado comportamiento social.

Me preocupan, pero no me alarman, los casos del PSOE, del PP o de CiU, el de la Casa Real, los de la Pantoja y la Caballé, los de Messi y Neymar, los de la SGAE o la anécdota del Pequeño Nicolás. Los camellos de barrio cumplen la función de aturdir la razón del pueblo y dar lustre a la Justicia y a las fuerzas de seguridad. Mientras tanto, los capos introducen toneladas de basura en las venas del país, a veces a través de puertas abiertas por los propios gobernantes.

Me alarma que los bancos reciban dinero público del BCE al 0,33% y lo presten a los estados al 0,5 ó al 3%. Me indigna que la deuda del país, la deuda con los bancos, se consagre en la Constitución a costa del resto de su articulado. Me sulfura que, cuando les sale mal la jugada, se les rescate con dinero público haciendo de la deuda pública una bola insoportable. Me deprime que no se perciba el juego financiero como la mayor de las corrupciones posibles.

Me alarma que grandes fortunas y grandes empresas sumen más del 70% del fraude fiscal en España, 253.135 millones –24,6% del PIB– desde 2008. Me indigna que la forma de combatirlo por parte del PP y del PSOE consista en amnistías fiscales y rebajarles todo tipo de cotizaciones. Me sulfura que los grandes defraudadores señalen a la mano de obra como causa del deterioro de la economía. Me deprime que la ciudadanía acepte la esclavitud temiendo la sodomía.

Me alarma que sectores estratégicos como la energía o el agua sean monopolios obsequiados por los gobernantes a manos privadas. Me indigna un mercado copado por productos de obsolescencia programada con todos los certificados que la administración avala. Me sulfura que la cesta de la compra, desde el productor al consumidor, sea un fraude canalla. Me deprimen los sofás repletos de gente que consume, consiente y calla.

Enfocados los casos mediáticos de chorizos sin escrúpulos, la corrupción política que ha vendido la sanidad, la educación y los derechos cívicos, pasa a un segundo plano. Y fuera de plano, en el más absoluto de los secretos, oculta al pueblo, queda la negociación del TTIP, el Tratado de Libre Comercio e Inversión entre la UE y EEUU, que garantizará a multinacionales e inversores el control político y jurídico de la Unión Europea. A escondidas, a traición, PP, PSOE, CiU y UPyD ya han anunciado que están a favor sin consultar al pueblo, la corrupción de las corrupciones.

La pasarela de ministros y cargos públicos, trastabillando la lengua para eximirse de corruptos de barrio, es el desfile de quienes han corrompido el estado y la democracia, ni uno más, ni uno menos. Me preocupa que PP y PSOE practiquen la corrupción como chorizos callejeros y me alarma que hayan utilizado los votos del pueblo para servir a la plutocracia. Me indigna que aún tengan apoyos suficientes para gobernar como la pareja de hecho que son desde hace décadas. Me deprime que lo peor esté por llegar y no es Podemos, como el coro de corruptos proclama.