¿Alguien vota a quienes gobiernan?

gobierno-de-EspanaTanto da quien preste su rostro para exhibirlo como una lombriz ensartada en el anzuelo de pescar votos. Tal vez incluso dé lo mismo votar que no votar, pues se acepta socialmente la actual dictadura como si de una democracia se tratase. Lo mismo dan colores, siglas y logotipos en un bazar electoral “todo a cien” donde lo único que importa es que el votante quede satisfecho, engañado pero feliz, alegremente embaucado, orgulloso de ser burlado.

Después de las municipales y las autonómicas, el patético espectáculo ofrecido por el PP y C´s ha elevado la mentira desde la categoría de sospecha a la de absoluta certeza. Ciudadanos ha respondido al deseo de quienes en tiempo récord lo han convertido en salvavidas para apuntalar el edificio bipartidista en grave riesgo de derrumbe. Rivera y su cuadrilla han dado una mano de barniz a la carcoma de la corrupción en Andalucía y en otras zonas de España. Con un código anticorrupción en la mano han pactado con todos los corruptos posibles a izquierda y derecha, sin siquiera taparse la nariz, con total transparencia.

La otra derecha, la de toda la vida, la radical y extremista, el Partido Popular para que se entienda, también ha competido con fuerza en patetismo y posibilismo. Han ocurrido en ayuntamientos, diputaciones y parlamentos autonómicos numerosos casos de candidatos electos depositados por el PP en la papelera de los pactos como clínex sin dignidad por exigencia de Ciudadanos para otorgar el mando. Estos días estamos viendo a Cristina Cifuentes arriar las bragas ideológicas de su partido ante C’s, con la bendición de Génova, para mantener algo de poder al precio que sea.

Completa el patético cuadro del posibilismo mendaz la más moderada de las derechas, la del centro derecha, la que hasta hace cuarenta años era, moderada también, centro izquierda, el PsoE. Susana Díaz, con la mayoría absoluta de los andaluces en su contra, se ha visto obligada a aceptar la caridad ofrecida por C’s, una cura de humildad que ha dado alas a su enemigo íntimo dentro del partido. Venido arriba, Pedro Sánchez ha visto con nitidez dónde echar la caña para evitar mayor descalabro y no ha dudado en competir con las derechas en tamaño de bandera para pescar los votos que la izquierda le niega.

Aún siendo estos rufianes y perillanes una dolencia grave, son las gentes que les dictan políticas y programas el verdadero cáncer de la democracia. La pandemia neoliberal procede de devastadoras cepas de Wall Street y la City de Londres y su mutación más virulenta, la troica, está focalizada en la Cancillería alemana. Existen laboratorios, el G7 o el Club Bilderberg, que se desviven, junto a las agencias de calificación, para asegurar la metástasis.

Sin listas, sin programas, sin diálogo, sin consensos –no va con ellos la democracia– Cristine Lagarde, Mario Draghi, Francisco González, Patricia Botín, Antonio Brufau, Isidoro Fainé y otros son realmente los amos de los votos. Siempre se vota a ellos, sólo a ellos, sea de quien sea la cara del cartel, el logotipo de la papeleta o los nombres y apellidos de una candidatura. Y si no, como a Grecia, amenazas, evasión de capital generalizada y la porra pendiendo sobre las cabezas como antesala de la metralla si hiciera falta, que no lo descartan.

Se avecinan las generales tras casi dos años de una campaña que arreciará durante las próximas semanas. Ya no hay informativo, tertulia y espacio público o privado donde no se denoste el populismo –sólo el de izquierdas, claro– y se criminalice a los enemigos de financieros y empresarios. Volverán a seducir al pueblo con promesas vergonzantes y negarán los 20.000 millones de recortes, exigidos por la troica para el próximo año, por tres veces si fuese necesario. Conviene recordar que votar a los citados al principio es legitimar el gobierno en la sombra que imponen los mercados, poner la cama y abrir las piernas.

Anuncios

España entre dictaduras

dictaduraNeoliberal

La historia reciente de España coloca a su gente en condiciones inmejorables para lo que se le viene encima. Cuarenta años con la cerviz doblada hablan de un pueblo amansado con la música militar tarareada por el dictador, el clero y las élites franquistas. Sólo los beneficiarios del golpe de estado llamaron a ese tiempo sangriento 40 años de paz, ampliados sin pudor a 70 por sus herederos, hoy en La Zarzuela y La Moncloa, en las monedas de 200 euros.

El español medio asume cristianamente que algo habrá hecho para merecer cualquier adversidad y confía su suerte a la intercesión divina, del capataz o del señorito antes que a la razón y la justicia. Es capaz un español de acatar con infinita obediencia, y en ocasiones deleite, lo que la autoridad ordene. España es un país especialmente dotado para malvivir bajo dictaduras en silencio, separado de su dignidad y de espaldas a la libertad.

La indolencia social mostrada bajo el franquismo llamó la atención de la sociología que la atribuyó al terrorismo practicado por el dictador Franco. Esa indolencia ha mutado en una desidia colectiva que mantiene la falsa paz social ante los dictatoriales ataques a lo público y al bienestar por parte del Partido Popular. Algunas víctimas del neoliberalismo se sienten culpables, como predica la radical derecha, de haber vivido por encima de sus posibilidades. Otra parte de la población, minoritaria aún, se rebela, presenta y vota alternativas calificadas como fracasadas por el sistema.

España está preparada para, como proclama la derecha, asumir la receta económica de mayor éxito, la que valora el triunfo económico muy por encima del fracaso social, la de mayor crecimiento y la más competitiva del mundo: la de China. Esta piltrafa de país con himno militar va a pasar en apenas tres generaciones de una dictadura fascista a una dictadura comunista maoísta en la que sobrevivirán las cucarachas, la monarquía, el bipartidismo y el clero.

El presidente de Mercadona declaró que los españoles debían aprender de la cultura laboral china, en sintonía con la CEOE, la banca, el FMI, el BCE y demás instituciones de carácter no democrático. Dicho y hecho: en un par de años el gobierno ha concedido a España el privilegio del trabajo esclavo golpeando y encarcelando a quienes se niegan a aceptarlo y osan criticarlo. Para aguantar eso y más, está el pueblo español sobradamente entrenado.

Europa ha dado un paso de gigante hacia la dictadura neoliberal al empobrecer a la masa social y posteriormente hacerla competitiva, sojuzgarla, esquilmarla y explotarla. La dictadura europea satisface a los faraones del G7, el Club Bilderberg y otros grupos mafiosos y criminales que controlan los mandos de parlamentos y senados. Es a ellos a quienes habría que derrotar y sin embargo han sido sus representantes del PP, el PSOE y Ciudadanos los receptores de la mayoría de los votos.

Donde la decencia ha triunfado (Madrid, Barcelona, y algunas ciudades más) la furia radical de la derecha, la política y la mediática, se ha desatado. Auguran el fin de la democracia porque se ha votado en contra de los intereses de los dictadores, de los inversores, de los mercados. Silencian sin embargo, como cómplices ratas, que el Tratado de Libre Comercio entre la UE y USA, el TTIP, será la puntilla definitiva que selle la tapa del ataúd de la democracia. España está más que preparada y espera, en silencio, sumisa y callada, afrontar una nueva dictadura, la más cruel que imaginarse pueda: la del neoliberalismo sin entrañas.

El PP y el ruido de sables

VienenRojosA la amenaza velada, a la coacción discreta, al subrepticio chantaje y a la sigilosa intimidación, cuando se ejercen sobre el estado y la convivencia, se les llama ruido de sables. Es el recoveco donde se emboscan quienes no aceptan la democracia, quienes nunca creyeron en ella. El Partido Popular, apretando el cuello de España con psicótico afán, no admite que las gargantas busquen un hálito de aire, de vida, y se aparten de sus garras. Tras la adversidad electoral, el ruido de sables es su discurso.

La tradición española es rica en ruido de sables, en asonadas cuarteleras, golpes de estado o infundios orquestados para amedrentar al pueblo y ensalzar, por ejemplo, oprobiosas restauraciones. El PP no acepta su derrota porque la gestión y el despojo de lo público es la labor mejor retribuida, indemnizada y jubilada de España y no es fácil renunciar a ella. Toda derrota genera miedo cuando hay algo que temer y ese miedo acciona trituradoras de papel, formatea discos duros y pone los sables a dialogar, en estado de barahúnda social.

El idilio de la derecha española con los sables se remonta al golpe de estado del general Franco, golpe que no ha sido condenado por el ¿democrático? partido que gobierna. La Ley Mordaza, la protección de imputados (ahora “investigados”) o la prohibición de informar gráficamente al pueblo sobre dañinos delincuentes, son pequeños sablazos a la democracia del mismo PP que, en boca de sus líderes y cargos públicos destacados, ha empuñado la batuta para dirigir una sinfonía de sables como dios manda, como sólo ellos y ellas saben hacerlo.

El Partido Popular es hoy el partido más radical de España, una mafia predadora que amenaza con colocar zapatos de hormigón al país si no se cumplen sus caprichos. La reacción del espantajo Aguirre, de los portavoces, de los voceros y de la mismísima Vicepresidenta del Gobierno sigue el modelo del hampa haciendo correr la voz por todos sus medios en todos los barrios. ¡Que vienen los soviets y las huestes bolivarianas!” es el penoso y rancio grito que corean a las puertas de los cuarteles para remover a los acuartelados.

Por ahora, han sacado a cuatro fantoches borrachos de nostalgia con sus banderitas rojigualdas para rechazar las urnas y golpear a la prensa, culpable, según Rajoy, de lo que el pueblo ha votado. Han convertido un partido de fútbol, la válvula de escape social por excelencia, en un asunto de estado. Y a diario contemporizan con fanáticos como Losantos, Inda, Tertsch, Herrera o Marhuenda, que arengan miedo, odio y venganza como preludio a una partitura para sables y cornetas.

El radicalismo de extrema derecha, como las lagartijas, agita las colas que les han sido amputadas en los comicios para distraer la atención del enemigo. Ya no le vale, como a las serpientes, volver a cambiar de camisa pues todas las de su escueto armario son de color azul en distintas tonalidades. El daño a la ciudadanía española puede multiplicarse si consiguen su objetivo de amedrentar al desubicado PSOE para permanecer en el poder. Precisamente el PSOE justificó su giro hacia posiciones liberales moderadas con el ruido de sables que contrarrestaba la banda sonora de la libertad y la justicia durante la transición.

España es un extraño país donde la extrema derecha radical se ha hecho con el gobierno y azota con el látigo de la pobreza y la desigualdad a muchos de quienes la votan. Un país extravagante donde un partido socialista y republicano es sostén principal de un obsoleto régimen monárquico. Un grotesco país cuyo rey se desplaza a la vecina república para rendir homenaje a sus propios muertos republicanos, cosa imposible en las fosas y cunetas que laceran su reino. Un país estrafalario donde la salida de la cárcel de un torero homicida y una defraudadora tonadillera abren los telediarios mientras de fondo se escucha un pasodoble de ruido de sables.

Rajoy, trituradora neoliberal

marionetaRajoyEra imposible. La capacidad del presidente Rajoy para avergonzar a los españoles parecía no tener límite. Su IEP (Índice de Estulticia Personal) parecía llamado a figurar con letras áureas en ese libro de los récords que mide la estupidez humana a nivel mundial. También parece imposible que haya mantenido el tipo sobre la silla, esperando las embestidas de los españoles, incluido su propio partido, casi cuatro años.

El sandio presidente ha dicho que reconoce errores y cambiará todo, menos la economía.

El presidente ha sido sincero, penosamente sincero, y ha delatado lo que se sospechaba de él. Alberti, vía Calderón de la Barca, tituló su libro, su canto a los clásicos del cine cómico mudo, “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”. El presidente llegó tonto a la Moncloa y saldrá de ella siendo dos tontos, bien pagados ambos. Se sospechaba y se confirma: Mariano no es humano, sino una marioneta empalada por los brazos de decenas de ventrílocuos que han hablado por su boca durante casi cuatro años.

La pose más necia de Mariano balbucea que no va a cambiar la economía.

El presidente que ha negado hasta la saciedad la corrupción de su partido hizo sus pinitos como bobo mayor del reino con la gestión de los hilillos de plastilina del Prestige. El presidente que niega y reniega el rescate a la banca se asoma al balcón de la corrupta sede de su partido y no ve en la calle más que tontos porque “hay que ser muy zoquete para votarme”, se murmura a sí mismo. Quizás lo más humano de la marioneta que nos preside hayan sido sus comparecencias en plasma.

Insisto: el presidente reitera que no cambiará la economía.

Hay que ser muy tonto, tal vez el más tonto de los tontos posibles, para hundir la RTVE y ahuyentar a la ciudadanía de dos canales y varias emisoras, dejando la audiencia a los pies de alternativas menos zafias, burdas y chabacanas. Y más tonto si cabe es pretender que el fracaso electoral se debe a unas televisiones cansadas de la monotonía delictiva y judicial protagonizada por cientos de cargos públicos del PP.

No va a cambiar la economía. Mariano lo cambiará todo, menos la economía.

Costaba trabajo creer que el presidente se creyese sus mantras de que la crisis ha terminado, que el país está en plena recuperación y que se crea empleo, mucho y de calidad. Y lo peor no es que se lo diga al pueblo, de su talla intelectual, que ha vuelto a votar PP en las pasadas elecciones tras sufrirlo casi cuatro años en el poder. No. Lo peor es que no se le cae la cara de vergüenza cuando lo suelta, tal cual, en foros internacionales donde interpreta sobradamente el papel de bufón de la corte.

Lo está haciendo de maravilla, no tiene por qué cambiar la economía.

El partido en el poder ha pensado que meter el dedo en la llaga de ETA o airear Venezuela y Cuba como fantasmas le iba a deparar los mismos votos de siempre. El Partido Popular se ha mostrado como un partido netamente populista y más dictatorial que sus criticados, con hechos, además de con palabras. La miseria en Venezuela está muy por debajo de cómo la encontraron los bolivarianos a pesar de la jugada petrolera de USA en la zona. La miseria y la desigualdad en España están muy por encima de donde las encontró el gallego neoliberal. Son su herencia.

Tiene muy claro que no cambiará la economía. El presidente, digo.

Representan un peligro no ya la marioneta, sino los brazos que, desde la zona más baja de su espalda, mueven su cuerpo y su boca. Son peligrosas gentes como Esperanza Aguirre, Ana Palacio y muchos cargos públicos del PP con el guerracivilismo desatado, las trituradoras de papel a pleno rendimiento, los trituradores de periodistas golpeando y amenazando y la policía identificando a los agredidos. España es cada día que pasa un poco menos democracia, un poco más dictadura.

La economía neoliberal ha triturado España. El problema, precisamente, es la economía… ¡idiota!

El cuento de Podemos

podemosSucedió en España, no hace mucho –de hecho, aún sucede–, que la gente se sintió indignada por el modo altivo, prepotente y rufianesco con que sus gobernantes actuaban y castigaban. Cosa prodigiosa fue ver que las calles y las plazas se llenaban sin que mediara gesta deportiva, desfile de famosos o la presencia de un Papa. Las calles, como digo, se llenaron de gente de clase media y baja para protestar y reclamar una oportunidad para la esperanza.

La clase política, fue entonces cuando comenzaron a llamarla casta, se preocupó, nerviosa se puso, se sintió amenazada. Hubo pánico entre caciques por los cuatro costados de España cuando la juventud se apropió del espacio público con altavoces y tiendas de campaña. Mano dura exigió el Partido Popular, buen rollito ofreció Rubalcaba y así, durante un año, protagonistas de la política fueron calles y plazas, hasta el punto de ser referencia mundial el movimiento de los indignados, la nueva marca.

Ganó el PP las elecciones, criminalizó las protestas, despreció la voz del pueblo y desalojó las plazas con brutalidad policial en desproporcionadas cargas. La soberbia y autoritaria derecha dijo, en su boca una infamia, que así no se arreglan las cosas, que el país vivía en democracia y que la indignación pasara por las urnas para ser homologada. Tertulianos sin escrúpulos, periodistas de pluma comprada y vividores corruptos –más de tres o cuatro, por cientos se cuentan– exigieron un partido para escuchar el ciudadano programa.

Ocurrió que el guante participativo fue recogido y la turbamulta se hizo partido, Podemos se llama, aclamado por el pueblo y por las élites temido. Al frente, para dar la batalla, se situaron personajes de andar por casa, sin experiencia política y de novedosa estampa. Quisieron los medios hacer de ellos espectáculo, subir las audiencias y ganar dinero con las cuotas de pantalla. Iglesias, Errejón, Echenique, Rodríguez y Monedero las nuevas estrellas se llaman. La estética hippy, la coleta, la silla de ruedas o el chaleco sin mangas fueron objeto de críticas y de chanzas por parte de las élites que dicen representar a la gente como Dios manda.

A toda prisa, contrarreloj, improvisaron candidatura para las europeas, las primeras votaciones a las que se presentaban. Un pasmo recorrió los espinazos de quienes ellos llaman casta al ver que conseguían nada menos que cinco actas. En guerra abierta se tornó la plácida batalla cuando periodistas, tertulianos, banqueros, empresarios, Génova y Ferraz sacaron la artillería pesada. De comunistas, bolivarianos, radicales, violentos y perroflautas les tildan con descaro para ver si el apoyo popular socavan. Por un contrato de 1.800 euros y una factura de 400.000, como a corruptos los tratan quienes han vendido el país a sus socios y amiguitos del alma.

Sucede hoy día que para salvarse de la quema y guardarse las espaldas, las derechas políticas, financieras, empresariales y mediáticas han recurrido a Ciudadanos que por allí pasaba. Caballero trajeado, bien afeitado, juvenil, fina estampa, Albert Rivera es la nueva estrella política y mediática, utilizada como crucifijo, ristra de ajos, martillo y estaca para combatir al vampiro de votos, el anticristo con coleta que al negocio parlamentario amenaza.

Pero es Pablo Iglesias, para Podemos y para sí mismo, la mayor amenaza desde que verticalizó el partido, la participación y la esperanza. Si no eres de izquierdas ni de derechas, si no estás con el pueblo ni con la casta, corres el riesgo de perderte, de acabar en la nada, como muestran los sondeos y los círculos en desbandada. La situación de Podemos y la figura de Pablo Iglesias quedan en un soneto de Padadú, bloguero compañero, poéticamente retratadas.

¿Alguien decente en el PP?

circo

El malabarismo verbal no da para más. En la pista del circo político, cada personaje repite día tras día su papel para que al gran empresario le cuadren las cuentas de sus cuentos. La magia del circo consiste en crear ilusiones por las que el público sea capaz de pagar por muy elevada que sea la cuantía. La circense ilusión disfraza las actuaciones con llamativos ropajes, intrépido maquillaje y ampulosas palabras de contrastado efectismo popular.

Cuando el Partido Popular se adueñó de la pista, se dieron a soltar leones, tigres y cobras en las gradas del público como novedoso número. De inmediato, los espectadores comprendieron que el espectáculo, lejos de aliviar sus ilusiones, les producía terror y exigieron la devolución del importe de las entradas. Desde el centro de la pista, el maestro de ceremonias y sus estrellas, en discurso unánime y ensayado, acudieron al lenguaje para enmascarar la estafa.

El rescate de la banca no era rescate, la privatización de servicios era externalización, los recortes fueron ajustes, la esclavización se llamó competitividad y la represión seguridad ciudadana. Calcularon su beneficio y a él ajustaron las palabras, confiados en los dóciles oídos y en lo efectivo de la propaganda, para hacer ver que las fieras eran criaturas mansas. El público, estafado y cabreado, dejó de acudir a sus llamadas y decidieron, como último recurso, utilizar un altavoz de plasma.

Viendo que por cientos las manos saqueaban la caja, dijeron, aunque no lo pensaban, que eran casos aislados de taquilleros sin alma. Luego vinieron porteros, acomodadores, montadores, cantineros, domadores, contorsionistas, payasos secundarios y principales, prestidigitadores, equilibristas y hasta el hombre bala o la mujer barbuda, todos y todas con las manos de negro manchadas. La troupe del PP había entendido que la función consistía en manosear la caja.

El consorcio amo del circo, financieros y empresarios, ha dado por amortizado al gobierno y al partido y ha buscado un recambio, para que nada cambie, en Ciudadanos. Ya no valen verbales artificios y es inútil la propaganda, ahora la amnistía fiscal amnistía se llama en boca de Soraya, Cospedal llama saqueo –homenaje a la verdad– a lo que han hecho por España y Pujalte reconoce que su mano y la de Trillo no son éticas pero sí legales: cobros en diferido y asesorías verbales. El PP está aprendiendo en su ocaso, tarde, a decir la verdad.

Albert Rivera, apuesta figura, muñeco de tarta, lucirá sobre su joven cuello el mismo collar, limpio de sospechas y mala fama, sujeto a la misma correa neoliberal. La función debe continuar. El público volverá a comprar entradas y asistirá a la función renovada con las mismas fieras rondando las butacas en busca de presas para sus colmillos y sus afiladas garras. Con ímpetu juvenil y advenedizo, de manera acelerada, Ciudadanos aprende a mentir. Tanta es la necesidad de ilusiones, tanto el deseo de huir de la realidad, que la ciudadanía volverá a votar su propio descalabro.

Pan y circo, milenaria fórmula siglo a siglo practicada, para el pueblo en dosis arteramente calculadas: pan para no morir y circo sucedáneo de democracia. Volverán los aplausos ilusionados y les seguirán los mismos y habituales llantos al ver que el dinero continuará mudando de los bolsillos del pueblo a los del gran empresario, verdadero y único amo. En la memoria colectiva, una pregunta continuará coleando: ¿hubo alguna vez en el PP alguien decente, alguien horado? Alguno, sin duda, vendrá a confirmar la regla.

Aborto y otras mortandades

abortoVenezolano

Se podría estar de acuerdo con la nueva letanía del Partido Popular a cuenta del aborto si no fuera por la crueldad que conlleva. El aborto no es un derecho, reza el estribillo electoralista repetido mil veces por los peperos, como es costumbre, para que cale o cuele como verdad. Abortar es una decisión terriblemente dura que afrontan quienes sufren un embarazo no deseado percibido como amenaza para el presente de la mujer y el incierto futuro que aguarda a la criatura.

El PP, negando la mayor, el derecho a decidir en todas sus formas, se toma la libertad de decidir por la mujer, en este caso, y decide que el aborto no es un derecho. Se podría estar de acuerdo con que no es derecho, sino decisión, si tal decisión fuese tomada por la mujer dentro de unos parámetros amparados por la ciencia y no por un catecismo cualquiera. No se olvide que quienes atacan el aborto son los mismos que condenaron a Galileo y repudian a Darwin.

Pero la decisión la han tomado quienes hacen lo posible para que cuestiones como el trabajo, la vivienda, la educación o la sanidad dejen de ser derechos. Son los mismos cuyas hijas abortaban en la discreta clandestinidad londinense de los años 60 y 70 y ahora lo hacen en la costosa intimidad de las clínicas privadas. Para ellos no es asunto moral, ético, médico o jurídico, ni siquiera económico, nada de eso, se trata de un frío cálculo aritmético, una variable más de la proyección de voto, un imperdonable estacazo estadístico a la mujer.

El plumaje de la gaviota, manchado, sucio, mugriento, y en muchas zonas podrido, no es apto para mantener el vuelo y su caída en picado amenaza a lo que se le ponga por delante. Desnortado, el PP se erige en defensor de la vida una vez que el concepto pasa debidamente por su particular cedazo. El aborto no es un derecho, como lo son el derecho al suicidio de los desahuciados, a apurar hasta el último suspiro la hepatitis C o a pagar el entierro que la falta de recursos para el hospital o la nutrición adelanta en algunos casos.

Como campeones de la vida, paladines de los derechos y adalides de las libertades que son, también son dados a emprender santas cruzadas en los confines terráqueos. El síndrome de don Quijote ha aturdido sus mientes y se lanzan a reclamar a Maduro derechos que ellos merman o suprimen aquí en su tierra, en España. Proclaman que Venezuela es dictadura sin aceptar que es ahí donde conducen sus reformas neoliberales, sus recortes, su prensa bien pagada, sus presos políticos, sus cargas policiales y su ley Mordaza.

También tienen un cedazo para las calificaciones, otro para las libertades y un tercero para los derechos. Por el tamiz que que no cuela Venezuela, sin dificultad alguna pasan Marruecos, Guinea, Arabia Saudí, Guatemala y hasta la comunista China, como solventes democracias sin presos políticos, con prensa libre y sin sangre a sus espaldas. El colmo de la hipocresía es que sea Aznar, guerrero de Irak, negacionista de la dictadura franquista, comisionista de Gadafi, defensor de Videla o Pinochet, quien empuñe la antorcha libertaria en su carrera de guerras, dictaduras y dinero.

A tan orate señor le acompaña el sin par escudero Felipe González en tamaña aventura, esa de salvar patrias. Gran maestro del populismo, es indicada pareja para tratar asuntos del país cuyo presidente Carlos Andrés Pérez masacró a unas 3.000 personas en 1989 y González le ofreció 600 millones de dólares para aliviar tan crítico momento. El mismo escudero es sospechoso de aprender en Venezuela las virtudes de la guerra sucia del estado materializada en los GAL. Son gentes de esta ralea las que deciden qué cosa es el bien y dónde habita el mal, qué muerte es digna de compasión y qué derechos y libertades valen la pena.