El máster de Ciudadanos

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Existen situaciones que ofrecen a la razón una realidad que las personas no quisieran aceptar bajo ningún concepto. Existen otras en las que alguien intenta convencer a los demás de que la realidad está equivocada, es decir, los toma por tontos. Para ambas situaciones, muchas personas, huyendo de discusiones estúpidas y estériles, recurren a una expresión de lamento y desfogue: “¡Me cago en mis estudios!”. Unas por tener conocimientos y las otras porque se menosprecia los que tienen.

Después de la comparecencia de Cifuentes, el PP y ella misma se cagan en sus estudios por no querer aceptar la realidad cruda y lamentable de que el máster de la presidenta es tan ficticio como vergonzoso. Tras la comparecencia, la ciudadanía se caga en sus estudios porque, una vez más, la enésima, el Partido Popular la toma por tonta, tenga el nivel académico que tenga. Acabada la comparecencia de la Presidenta de Madrid, Ciudadanos se caga en los estudios propios y en los ajenos.

Lo del PP es a la par tradición y seguridad de que, pase lo que pase, goza de inmunidad electoral. Lo de la ciudadanía es masoquismo desde el punto y hora en que vota mayoritariamente a quienes más la dañan. Lo de Ciudadanos es puro postureo de quien no tiene discurso, carece de escrúpulos y atesora la más ágil veleta ideológica que recuerdan las crónicas parlamentarias. Lo de Ciudadanos es un máster en hipocresía populista con matrícula de honor cum laude.

El partido paladín de la honestidad, el azote de la corrupción, el campeón de la transparencia, el adalid de la ética, Ciudadanos se siente orgulloso de ser apoyo y sostén de casi todos los gobiernos corruptos que existen en España. Ahí tienen a Juan Marín, máster en transformismo político (1983 Alianza Popular, 2000 Partido Andalucista, 2006 Independiente, 2011 Ciudadanos), sosteniendo al gobierno del partido de los EREs. Ahí tienen a Albert Rivera sosteniendo al partido máster de corrupción en La Moncloa. Y ahí tienen a Ignacio Aguado, candidato y portavoz en Madrid, sosteniendo al gobierno de másteres de mangoneo como Esperanza Aguirre, Ignacio González, Granados y, ahora, cagándose en sus estudios por lo de Cifuentes, negándose a aceptar la realidad.

El falso máster de Cifuentes ha dado la oportunidad a la ciudadanía de conocer a fondo el máster real de Ciudadanos. Para el partido de Rivera, los corruptos no son terroristas, no son venezolanos, no son independentistas, no son comunistas y, para colmo, son españoles de himno, bandera, cirio, mantilla y pulserita. Para el partido del IBEX, los corruptos son de los suyos, son neoliberales, son de derechas, los guardianes de las puertas giratorias. Hay que darles todas las oportunidades que se pueda: hoy por ti y mañana por mí, coleguita.

Rivera, el gallo de la veleta, ha aprendido con inusitada rapidez los trucos más rancios de la política española: una rama de demagogia, cinco gotas de populismo, polvo de propaganda, cinco pelos de descaro y tres alas de hipocresía. Rivera lo agita todo en su marmita con la vara de druida, lo deja reposar y lo administran sus duendes mediáticos a una población que tendrá lugar de cagarse en sus estudios cuando lo voten y comprueben que reúne lo peor de cada casa, una especie travestida de Mariano Díaz, Susana Cifuentes o Cristina Rajoy.

Gracias a Ciudadanos, gracias a Rivera, gracias a Marín, gracias a Aguado, los españoles sufren a Rajoy, los andaluces a Susana y los madrileños a Cristina. ¿Alguien da más? Imposible competir con tan épico y veloz máster, inalcanzable. Imposible superar tal grado de corrupción ideológica. Imposible prescindir de los cuarenta o cuatrocientos o cuatro mil ladrones si eres Alí Babá. ¡Me cago en mis estudios!

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España, más dictadura que Venezuela

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España ha sufrido un peculiar síndrome de Estocolmo. De tanto identificar a Venezuela con una dictadura, las derechas españolas han terminado por mostrar al mundo cómo acabar con la democracia guardando las apariencias. Imprescindible para un país libre y soberano es la existencia de una prensa plural, libre y soberana, cosa que no sucede en España. A través de los medios se ha bombardeado a Venezuela y con su apoyo se han perpetrado los mayores recortes de derechos cívicos desde los aciagos tiempos de Fraga, de casta le viene al galgo, al frente del Ministerio de Información franquista. El colmo: han convertido la RTVE en una vergüenza de NO-DO en plasma.

A diferencia de la venezolana, la dictadura española lleva lustros negando la voz al pueblo, primero en Euskadi y ahora en Catalunya. Maduro permitió un referéndum ilegal de los opositores y mantiene presos a quienes organizaron una rebelión violenta en las calles que ocasionó decenas de muertos y heridos. A esos rebeldes, responsables de tumultos callejeros, la dictadura española los considera presos políticos y se permite poner en tela de juicio a la justicia venezolana que los condenó por tales hechos. Los opositores también jalearon una sedición militar para derrocar al gobierno por las armas.

A diferencia de la venezolana, la dictadura española ha encarcelado, a instancias de jueces afines a la derecha, a ciudadanos cuyo delito ha sido intentar hacer lo que Maduro ha permitido a sus opositores: un histriónico referéndum ilegal sin garantías; de uno legal, como en Canadá o Inglaterra, no se permite ni hablar. A estos ciudadanos, las derechas dictatoriales españolas les niegan el epíteto “políticos” como apéndice semántico de su realidad de presos.

La dictadura española ha dinamitado el principio, piedra angular de cualquier democracia recia, de presunción de inocencia y se mantiene en prisión a ciudadanos y representantes electos del pueblo porque un juez interpreta que “van” a delinquir, como si la justicia fuese cosa de oráculos. Son los acusados, en esta dictadura, quienes han de probar su inocencia y no la Justicia la que ha de probar su culpabilidad. Franco y Torquemada cabalgan de nuevo.

A diferencia de la venezolana, en la dictadura española los corruptos, las élites financieras y las empresariales no están en la oposición. En la dictadura española los corruptos gobiernan, el parlamento legisla en favor de las élites y, en consecuencia, en contra del pueblo. La dictadura española mantiene en libertad a la mayoría de los suyos que han sido cogidos con las manos en la caja B o en los EREs. Hasta el heredero del heredero del dictador se ha visto salpicado por la corrupción en su propia famiglia, con una Borboni y su esposo disfrutando a cuerpo de Rey en Suiza los rigores de la Justicia española.

A diferencia de la venezolana, la dictadura española utiliza los colores y la bandera de la patria para tapar sus miserias políticas, sus ilegales campañas electorales y los robos perpetrados por los suyos. Unos colores y una bandera que, en sus manos, son un ultraje a cientos de miles de españoles que murieron defendiendo la democracia de los militares que enarbolaron, precisamente, esa misma bandera para, en su nombre, dar un golpe de estado.

A diferencia de la Venezolana, la dictadura española defiende a dentelladas a unos Padres de la Patria que jamás defendieron al pueblo pobre y necesitado. El Valle de los Caídos, los callejeros fascistas de nuestros pueblos y ciudades, las misas del 20N, las estatuas de los golpistas, la permisibilidad con neofranquistas y neonazis o las vergonzantes declaraciones de Rafael Hernando, Pablo Casado y otros representantes de las derechas, incluido Rivera, han hecho de España una anormalidad democrática en Europa, una dictablanda cada día más dura, un paraíso fascista.

Yo maté a Ana Julia Quezada

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…Y a Tony King, y a José Bretón, y al Rafita, y al Cuco, y al Chicle, y a todos los desalmados que cometen crímenes atroces sobre los que la Justicia se limita a aplicar sólo el Código Penal. He matado a Ana Julia Quezada con garrote vil y después la he empalado antes de arrojar sus restos a la hoguera. Desde que descubrí el beneficio que estas ejecuciones sumarísimas suponen para mi autoestima y mi ego social, me he convertido en una heroína sin superpoderes, una vengadora incansable, una justiciera sin capa, una verdugo sin caperuza.

Mi método es tan simple como eficaz: se produce un crimen, escucho durante días al jurado de Las mañanas de Ana Rosa y al de Espejo Público, contrasto las sentencias emitidas en otros tribunales mediáticos, tanteo los veredictos populares en las redes sociales, acopio argumentos y, cuando hay sentencia más o menos unánime, actúo. Gracias a estas ejecuciones soy un personaje que saborea con deleite un reconocimiento público que de otra forma no obtendría.

Desde que soy killer, me basta con plantarme en el bar o en la peluquería y vocear que habría que condenar a cadena perpetua al convicto de turno para levantar las alabanzas de los presentes. Si alguien ya lo ha dicho antes, digo que hay que matarlo o matarla. Siempre funciona y, a veces, al reconocimiento público se unen las recompensas de la consumición pagada por algún parroquiano o el peinado gratis a cuenta de la casa. Otros, como Mariano y Alberto, obtienen doble beneficio haciendo lo mismo que yo: distraen de sus políticas y amasan sustanciosos réditos electorales.

En el caso de Ana Julia Quezada, no me ha resultado tan fácil como en otros. Cuando llegué a la cola del súper, el caso del niño Gabriel entretenía a la cajera desde las nueve de la mañana y ya se había dicho casi todo.

Que se pudra en la cárcel —me metí en la conversación.

Eso mismo he dicho yo —la clienta que pagaba sonrió orgullosa y las otras asintieron con la cabeza.

Habría que matarla —subí un peldaño en la escalera de la venganza.

Lo que yo digo —un abuelo buscaba en su monedero el 0,25% de la subida de su pensión para pagar el pan y un cartón de leche—, deberían colgarla.

Estaba a punto de arrojar mi toalla vengadora, me sentía derrotada por haber llegado tarde a la compra, cuando ya estaba casi todo dicho a media mañana. No era la primera vez que me pasaba, pero sí la más complicada.

La puta negra sudaca no tiene perdón de Dios —aposté.

Los emigrantes se van a dar con nosotros —la cajera subió la puja conduciendo con su mirada las de todas las de la cola hacia la rumana que, apostada en la puerta, pedía algo para comer.

Y para colmo, el padre es de Podemos —era mi última baza.

Media cola se lanzó en tromba a la novedad del dato, la otra media miraba al techo o al suelo en silencio. Había triunfado de nuevo. El Coletas recibió de lo lindo, Pedro Sánchez pilló repaso y Rajoy y Rivera tuvieron unos minutos de gloria y a buen seguro unos votos extras. Como era de esperar, nadie comentó las conciliadoras palabras de la madre de Gabriel pidiendo cordura.

La gente pide sangre, venganza, y nadie como yo para satisfacer a mi vecindario. Me llegó el turno de pagar y la cajera metió en una de las bolsas un par de bollos no contabilizados. Lo había vuelto a hacer: Yo también maté a Ana Julia Quezada.

Satisfecha, con el deber cumplido, voy a disfrutar un merecido descanso visionando la película La jauría humana.

8M: La resaca

Resaca

Vuelvo de la manifestación feminista, sí feminista: de denuncia y reivindicación del colectivo más oprimido de la tierra, con sobredosis de euforia. Una manifestación que ha llenado mis venas de orgullo, dignidad y esperanza, sobre todo esperanza. Camino de casa, observo a trabajadoras que echan las persianas de las tiendas donde trabajan y a varias clientas con bolsas. Más adelante, una mujer sigue a sus hijos por la acera portando en sus manos dos pequeñas mochilas y un patinete. Comienza a lloviznar como una premonición.

Llego a casa impaciente por exprimir en la tablet las noticias del seguimiento a nivel local, autonómico y nacional. Pongo la tele para completar una información de la que desconfío, pero la pongo. Improviso una tapa para acompañar a una cerveza a modo de celebración íntima y merecida. Ocupo la esquina del sofá y, no sé por qué, las imágenes de las dependientas, las clientas y la madre se aferran a mi mente como un ancla en el fangoso fondo de un pantano. Hago zaping y abro múltiples ventanas en el navegador. Al otro lado de la ventana la lluvia es ya intensa.

Guerra de cifras en la tele y en la tablet. Lo de siempre, 100.000 para las organizadoras, 20.000 para la Delegación del Gobierno. A mis años, no me sorprende: 35.000 para mí. Y una sorpresa que me lleva al frigo a reponer la cerveza: el canal autonómico, silencioso, emite en negro con el logotipo en una esquina inferior y un lazo morado con forma de 8 en una superior. Doy un trago. La cosa promete y la euforia renace. Las mujeres ancladas me interpelan: ¿dónde están las que faltan de una población de 350.000 personas? La lluvia golpea con fuerza la cristalera.

Suena el teléfono. Es una amiga que, al comentar lo bien que ha ido la jornada, vuelve a inyectar optimismo en mis venas. No nos hemos visto en la mani —“imposible”, me asegura—, y hace un recuento de la gente conocida con la que ha caminado y gritado. Lo último que me dice es que ha sido la manifestación más petada a la que ha asistido. No me da tiempo a contestar y cuelga. Entonces hago un recuento de otras manifestaciones sonadas: contra la guerra de Irak, algunas contra ETA, la del 15M o la de los pensionistas. Apuro la cerveza y compruebo que la lluvia penetra por un lateral de la ventana.

Hago otro zaping, la misma bazofia de siempre, y apago la tablet. La programación me baja de la nube. Las protestas contra la Guerra no mermaron de votos a quienes nos metieron en la OTAN ni a quienes nos llevaron a esa maldita guerra. Las protestas contra ETA sirvieron, y sirven, para engordar de votos a quienes manejaron, y siguen manejando, los muertos como propaganda electoral. La del 15M se tradujo en una mayoría absoluta para quienes han hundido a las clases más desfavorecidas y engordado aún más a los pudientes. Me paso al ron, a palo seco. Tapono la vía de agua en la ventana con una toalla vieja.

Al carajo la euforia. Quienes ven los programas de la tele tienen derecho a voto y había muchísimos más delante de los televisores que en la manifestación. Seguro. Y me da miedo la relación entre voto y movilización que acabo de hacer. El ron me rasca la garganta y me levanto para buscar hielo. La visión del congelador me trae a la memoria al PP y a C’s oponiéndose a la huelga. Y la del PsoE, UGT y CC.OO. proponiendo una huelga descafeinada de dos horas. Se me hiela la sangre. Escampa.

Serán quienes reniegan de las huelgas, quienes congelan las pensiones y venden planes privados, quienes precarizan a las mujeres, quienes protegen a las élites empresariales y financieras, quienes saquean las arcas públicas, quienes privatizan la sanidad y la enseñanza… serán ellos los que recojan los votos, los de quienes nunca se manifiestan y buena parte de quienes protestan en las calles. Son mayoría, más que absoluta entre los tres partidos que tan bien se entienden. Agarro la botella y me voy a la cama. Es de noche y no sale el sol. Mañana es día de resaca.

8 Motivos para echarse al monte

8M

Aún no tengo claro si lo haré en sentido literal o en sentido revolucionario, pero el 8 M me echaré al monte con todas sus consecuencias. Me atrae la idea de evadirme de tanta sandez como circula estos días por las redes sociales, sobre todo por parte de personas presuntamente de izquierdas que juegan a ver quién es la más ortodoxa, la más pura, la poseedora de la sublime verdad única. Tanto matiz ideológico y vacuo es lo que sostiene a la derecha en el poder vía división. Pero para echarse al monte en plan guerrillera hay motivos, más de ocho.

1. Casi 1.000 mujeres asesinadas por violencia machista desde 2003 hasta hoy. De 2009 a 2017, 1.182.255 denuncias por este tipo deviolencia. Hasta 2016, 79 condenas por denuncias falsas (0,0075%). Lo que no se denuncia no consta. Los datos son de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género y de la Fiscalía General del Estado.

2. La brecha salarial es una realidad en España, Europa y el mundo, una brecha que, en el siglo XXI, es un boquete totalmente inaceptable. Según la derecha española, en boca de su máximo representante (M punto Rajoy): “No nos metamos en eso”. A la brecha salarial se suma el abismo del trabajo doméstico no remunerado, ni reconocido. Que cada cual saque las estadísticas de su propia experiencia.

3. A pesar de la brecha y del abismo, PsoE, UGT y CC.OO. proponen una paradita de dos horas (2) en cada turno de trabajo. No hay, según estas organizaciones viradas al centro derecha, que joder mucho a los empresarios. ¡Que se jodan las mujeres!, que ya están acostumbradas. Para distanciarse de la izquierda no hay que devaluar a las mujeres con semejante propuesta.

4. Javier Maroto (¿alguien se explica su militancia en el PP?) atribuye a Pablo Iglesias la capacidad de movilizar a mujeres en casi todo el mundo, igual que su partido atribuye a Zapatero la capacidad de provocar una crisis/estafa global. Teniendo un líder con tal poder, hay que seguirlo a ciegas. Arrimadas, uno de los floreros naranjas, también coincide con Maroto. Tal para cual. Ignoran hasta nuestra autonomía movilizadora.

5. La derecha espiritual, la iglesia católica, como todas las religiones, abunda en su obsesión por reducir a la mujer al capricho de los hombres. Buena parte de los tarados que visten faldas negras no sólo “justifica” el maltrato, sino que anima a casarse y ser sumisa y, hoy mismo, equipara el feminismo con el mismísimo diablo a cuenta de la huelga feminista.

6. Un 25% de mujeres entre los 16 y 19 años había sufrido en 2016 violencia de control por su pareja: horarios, amistades, vestimenta, impedir que trabaje o estudie o decirle qué cosas puede o no hacer. Un 73,3% de adolescentes, independientemente de su sexo, ha escuchado el consejo de que “los celos son una expresión del amor”. Las nuevas y las viejas tecnologías (las pantallas) educan más que la escuela y la familia: el 8 M es una oportunidad para visibilizar lo que pensamos las mujeres, sin filtros, para que la juventud vea que existen otros modelos.

7. Nuestras madres, abuelas y bisabuelas consiguieron arañar pequeñas concesiones a la sociedad machista de sus respectivas épocas. Nuestras hijas, nietas y bisnietas necesitan y merecen nuestro esfuerzo para no caminar hacia atrás, para seguir avanzando. Es nuestra responsabilidad hoy, ahora, éste y todos los 8M hasta que dejen de celebrarse por innecesarios.

8. La violencia racial, de género, sexual y otras formas de discriminación y violencia, no pueden ser eliminados sin cambiar la cultura (Charlotte Bunch). El privilegio es el mayor enemigo del derecho (Marie von Ebner-Eschenbach). La prueba para saber si puedes hacer un trabajo o no, no debería depender de la organización de tus cromosomas (Bella Abzug).

 

¿Democracia? ¿Qué democracia?

Crisis

A mediados de los setenta, el grupo Supertramp sacó un disco mediocre con una cubierta genial y un título demoledor: ¿Crisis? ¿Qué crisis? El disco apareció dos años después de la crisis del petróleo, que sentó las bases para la entrada a saco del neoliberalismo en la economía mundial. Reagan y Thatcher destruyeron las conquistas sociales para “salir de la crisis” a base de recortes, populismo y represión. ¿Les suena la música?: es la misma partitura que han interpretado en el siglo XXI la Troica, Merkel y alumnos aventajados como Mariano Rajoy apoyado por Pedro Sánchez y Alberto Rivera.

Este país, capaz de remover sus cimientos cuando los gabachos acusaron a sus deportistas de doparse, es un país drogado, no la gente del deporte (algunos también), sino el electorado. ¿Cómo es posible que se siga votando mayoritariamente a mafiosos sin escrúpulos?, ¿a verdugos del bienestar, sean azules o naranjas?, ¿a impostores de puño y rosa? ¿Cómo es posible que una persona entregue su voto a quienes más daño le hacen? El secreto está en la droga. Sí: en un país de yonquis, se vota a quien ofrezca la dosis más adulterada.

El doping está omnipresente en la política española. Que el Partido Popular haya pagado durante décadas sus campañas electorales con dinero negro es una anécdota. Ya lo hizo el PSOE de Felipe González con el dinero del empresario alemán Friedrich Karl Flick: un millón de marcos de la época. En la comisión de investigación en el Congreso de los Diputados compareció Eberhard von Brauchitsch, representante de Flick, y Santiago Carrillo le preguntó:

– “Tengo entendido que el señor Flick fue condenado por el Tribunal de Nuremberg como criminal de guerra nazi. Y creo que usted es hijo del general que fue jefe del estado mayor de Hitler… Entonces, ¿cómo se explica que ustedes financien al PSOE?”.

Von Brauchitsch no vaciló en la respuesta:

– “Tratábamos de cerrar el paso al comunismo y el partido mejor situado para hacerlo era el PSOE”.

El fin justifica los medios y para los anales de la infamia quedó la respuesta de Felipe González, hoy justificador de la corrupción como antaño:

“No he recibido ni un duro, ni una peseta, ni de Flick ni de Flock”.

Anécdotas aparte, el verdadero doping no está en los samaritanos sin escrúpulos que compran leyes a su medida, eso es droga blanda. La droga dura es la que distribuyen y administran en letales dosis los camellos mediáticos, dura y adulterada a más no poder. No recuerdo haber vivido nunca jamás, el NO-DO queda lejos, lo que estamos viviendo desde que estalló la crisis (¿Qué crisis?). Los medios de comunicación se han apostado en las esquinas con la bragueta hinchada de papelinas que el español medio consume con ansiedad y placer.

Jamás he visto una campaña similar a la que disfrutan Ciudadanos y Alberto Rivera, partido y líder populistas donde los haya, ETA, Venezuela y poco más, para dar carpetazo al Partido Popular. No recuerdo una andanada destructiva como la desatada contra Podemos (tal vez equiparable a la padecida por Julio Anguita en su tiempo) como la orquestada desde las elecciones europeas. No ha existido tanta infamia informativa desde tiempos de Queipo de Llano, Millán-Astray, Goebbels o Fraga. Eso es droga dura nasal, bucal o en vena.

Y a los camellos mediáticos se suman los capos del narcotráfico encarnados en la patronal y la banca. Esa patronal donante/corruptora y esa banca que condona deudas a partidos, como PP, PsoE y Ciudadanos, que trabajan y legislan para ella, o legislarán a nada que tengan ocasión. ¿Que Podemos no se financia con la banca? Ahí están los camellos barriobajeros para intoxicar con Irán o Venezuela… y para callar las condenas a Inda por calumniar. ¿Que el PP es una mafia por activa o por pasiva? Lo grave es la corrupción de Monedero, Errejón o Iglesias, a pesar de que los tribunales (tercermundista justicia también dopada) lo desmientan.

¿Democracia? ¿Qué democracia?

La manada y el rebaño

Manada

Francisco de Goya y Lucientes realizó los más descarnados retratos de España y de los españoles, tal vez sintetizados magistralmente en la leyenda de uno de sus cuadros más célebres: “El sueño de la razón produce monstruos”. La razón, en España, padece un eterno sueño y los monstruos se han convertido en santo y seña del país, en la Marca España. También interpretó Goya a la perfección los momentos de lucidez de la razón española: el cuadro se llama “La riña” o “Duelo a garrotazos”.

España es un país de manadas, un país donde individuos de una misma calaña, abandonada la razón, se reúnen para imponer sus sinergias violentas, espurias y delictivas. A título individual, no son nadie, se diluyen en la nada, se desprecian ante el espejo porque, a falta de uso de la razón, se reconocen como monstruos en potencia. A partir de ahí, buscan la manada para sentirse algo, para decirse ante el espejo que son importantes, que se merecen lo que su sinrazón les dicta.

En España hay manadas de narcotraficantes (cárteles), de proxenetas (redes), de corruptos (partidos políticos), de franquistas (PP), de radicales (ultras), de estafadores (IBEX)… y de agresores sexuales en varios grados (machistas). Cualquier persona, educada por el sistema escolar, la familia, las redes sociales o los medios de comunicación, puede desactivar la razón y mutar en monstruo a la búsqueda de su manada. Las manadas son agresivas, compulsivas y regresivas.

El comportamiento de las manadas se normaliza a través de la eficaz labor de los medios de comunicación y de personajes mediáticos que tienen predicamento y altavoces. Influencers les llaman hoy los catetos digitales. España es un país que da protagonismo, que normaliza, a las manadas, que sacraliza y aflora la España negra y profunda de Goya. Lo de La Manada de San Fermín es un ejemplo. Un ejemplo de que España es también un país de rebaños.

A diferencia de la manada, el rebaño es un conjunto de personas con la razón ausente de sus cerebros que se reúnen para sentirse protegidas. Cualquier individuo integrado en un rebaño sólo aspira a comer regularmente, a dormir a diario y a que las dentelladas de sus predadores se las lleve cualquier otro miembro de la piara de la que forma parte. El gen salvaje es la esencia de la manada, a diferencia del gen gregario que define al rebaño cuyos miembros siguen ciegamente, sin usar la razón, ideas o iniciativas ajenas.

En este negro panorama aparece una Manada que viola presuntamente a una chica y los pastores se apresuran a mover el rebaño hacia un prado u otro. Normalizar es la palabra maldita que define sus comportamientos. La actuación de la justicia es, a estas alturas y no sólo por este caso, como mínimo impopular. No se entiende que rechace pruebas incriminatorias anteriores al 7 de julio y admita la labor de un espía posterior a ese día cuyo único objetivo parece ser criminalizar a la víctima en beneficio de la manada.

La actuación de los medios, concretamente de Nacho Abad, monstruo de la pocilga de Atresmedia, es un ejemplo de lo que vaticinó Goya. Es un síntoma del modelo social que padecemos en España, capaz de revertir los papeles convirtiendo la manada en corderos y el rebaño en lobos. Es simplemente asqueroso, amén de peligrosísimo, el debate propiciado en el que miembros de diferentes manadas hacen piña con los presuntos violadores y miembros de distintos rebaños balan como borregos los discursos, peligrosísimos, que les sirven en bandeja determinados medios.