Fue esperanzador mientras duró

1956ARRIBAAgonizaba la primavera de 2012 y agonizaban las conquistas sociales arrancadas al franquismo bajo la larga sombra de un PP resuelto a devolver el país a los suyos y a teñir la vida cotidiana de blanco y negro. A pesar del fúnebre entorno, aún se podía pensar en España y expresar el pensamiento libremente, aún se imponía el aroma de democracia sobre los nauseabundos hedores procedentes de Berlín y de Moncloa. Eran momentos en los que la derecha había cerrado, a golpes, a multas y a tiros de goma, los espontáneos foros de pensamiento y debate social simbolizados en la acampada de la Puerta del Sol. Eran momentos en los que sus televisiones y su prensa afín instituyeron somatenes mediáticos donde se fusilaba en los paredones de la mentira y la manipulación a todo disidente desde el alba hasta bien entradas las madrugadas. Fueron esos los momentos y esa la hoja del almanaque que marcaron el nacimiento de esta aventura verbal que ha sido el blog Apalabrado.

Me he sentido muy bien, rejuvenecida más de cien años, dando rienda suelta al pensamiento, las filias, las fobias y el vocabulario. He podido sentir, en mi personal otoño, cómo la tecnología ha multiplicado en número y en formas los alientos, los aplausos, los odios y los palos, los consejos y las condenas, las euforias y los abrazos, de cientos de personas que me han leído, seguido y animado, creando un foro virtual de lucha, reivindicación y denuncia, tan cercano como necesario.

Al comenzar la aventura aquel verano, no podía sospechar que 125.000 personas se acercasen a este espacio abierto de mi cerebro, mi corazón y mi teclado. Tampoco podía sospechar que la intolerancia, el sectarismo y el autoritarismo volvieran a posar sus militares botas en las calles de mi país y amenazasen mi pensamiento y mi boca. Así ha sucedido y, mañana, al alba del 1 de julio de 2015, entrará en vigor una ley al más puro estilo totalitario y dictador que me devuelve a los albores de mi vida en pleno franquismo compartiendo con los padres y las abuelas el pan del miedo y el agua del silencio. A partir de mañana, las libertades de pensamiento y de expresión retroceden setenta años y la disidencia volverá a pagarse cara, muy cara en euros, en garrote y en mala fama.

No quiero pensar mil veces, antes de escribir una palabra, si algún ministro, gobernador civil, comandante de puesto, alcaldesa, concejala, párroco, policía o señora ensortijada la encontrará inadecuada. No puedo afrontar cualquier multa prevista en la Ley Mordaza, preferiría la prisión, el escarnio o la tortura si hiciera falta, pero no están garantizadas porque el gobierno sabe que golpear los bolsillos es lo único que nos retiene en casa.

Gracias a todos y a todas por leer, gracias por pensar.

Apalabrado cierra.

Grecia: neoliberalismo, yihadismo, narcotráfico y camorra

miedoEl miedo es una emoción primaria en cualquier animal provocada por la percepción de peligro. Como animal que es, el ser humano padece el miedo en diferentes gradaciones, desde el susto al terror, y algunas aberraciones sociales lo utilizan para obtener beneficio. El miedo, el terror, es la herramienta de los fanatismos y totalitarismos para someter a la población. Lo utiliza el Estado Islámico, lo han usado ETA y el franquismo y lo practican cotidianamente el BCE, el FMI y el neoliberalismo global.

El miedo es también una construcción cultural, un pilar social fundamental presente en el sistema educativo, la religión y el código penal. La política y la economía se han apropiado del miedo a lo largo de la historia y, como sucede hoy con Grecia, lo administran al antojo de los intereses de sus élites. Hasta hace poco, la máxima expresión del miedo se llamaba guerra y en el siglo XXI lo llaman crisis, ambos eventos provocados y sufridos por los mismos agentes.

Los principales transmisores del miedo son los medios de comunicación de masas, como demostró Orson Welles infundiendo pánico colectivo con un programa de radio. Estos días, los medios convertidos en aparatos de propaganda, nada independientes y muy interesados, transmiten al unísono los miedos de sus amos. Miedos para el pueblo: a la estafa griega, al corralito, al contagio, a la prima de riesgo… pero sobre todo, y esto es lo más temible de todo, los miedos de los amos: a un referéndum, a que el pueblo opine y se exprese, a que no sea el capital quien decida.

El problema griego, como todos, es un problema de necedad económica, falsedad contable e impunidad ética y legal del negocio político. Gobiernos giratorios como los europeos ven a sus ciudadanos como mercaderías desechables cuando cotizan a la baja y no dudan en arrojarlos al abismo de la extrema pobreza o el suicidio inducido. Son formas de exterminio social políticamente correctas cuyas sangrientas manchas ellos atribuyen a quienes piensan de forma diferente a la de los representantes parlamentarios de los mercaderes.

El sistema está agotado. El capitalismo no puede engordar indefinidamente sin estallar. A las personas se les están quitando los medios necesarios para alimentarse y sobrevivir, se les niegan la dignidad y la ilusión, se les priva del derecho a decidir sobre sus vidas. Una sociedad así, liberada del miedo a perder lo que ya no posee, es abono para el terrorismo y caldo de cultivo para la delincuencia, sobre todo si contempla el terrorismo y la delincuencia practicados por la banca, la patronal y los partidos a su servicio como algo cotidiano.

Rajoy no, porque es un incompetente integral, pero los gobernantes europeos deberían darse cuenta –cuesta negar la realidad de que son conscientes de ello– de lo que hacen. Están convirtiendo el salario de un yihadista, un traficante de droga o un sicario, en atrayentes tentaciones para millones de parados españoles, italianos, portugueses y griegos. También son atractivos para varios millones más que, aún trabajando, tienen la miseria como único horizonte de vida.

El Estado Islámico, la Mafia o el Cártel de Medellín se sostienen en piramidales estructuras sociales de pobreza, obediencia, silencio y miedo muy parecidas a las que imponen los mercados. Da pánico pensar que preparan una nueva guerra para que unos europeos tiroteen a otros a cuenta de las falacias propagadas por gobernantes y voceros que presentan a opciones políticas populares como peligrosos populismos. Precisamente ellos. Hasta ahora, una certeza es que liberales y socialdemócratas son responsables, en calidad de beneficiarios, cómplices y/o urdidores, de la estafa que padece Europa. También lo es que el dinero y las élites financieras, empresariales y políticas, de forma más o menos directa y disimulada, matan.

¿Alguien vota a quienes gobiernan?

gobierno-de-EspanaTanto da quien preste su rostro para exhibirlo como una lombriz ensartada en el anzuelo de pescar votos. Tal vez incluso dé lo mismo votar que no votar, pues se acepta socialmente la actual dictadura como si de una democracia se tratase. Lo mismo dan colores, siglas y logotipos en un bazar electoral “todo a cien” donde lo único que importa es que el votante quede satisfecho, engañado pero feliz, alegremente embaucado, orgulloso de ser burlado.

Después de las municipales y las autonómicas, el patético espectáculo ofrecido por el PP y C´s ha elevado la mentira desde la categoría de sospecha a la de absoluta certeza. Ciudadanos ha respondido al deseo de quienes en tiempo récord lo han convertido en salvavidas para apuntalar el edificio bipartidista en grave riesgo de derrumbe. Rivera y su cuadrilla han dado una mano de barniz a la carcoma de la corrupción en Andalucía y en otras zonas de España. Con un código anticorrupción en la mano han pactado con todos los corruptos posibles a izquierda y derecha, sin siquiera taparse la nariz, con total transparencia.

La otra derecha, la de toda la vida, la radical y extremista, el Partido Popular para que se entienda, también ha competido con fuerza en patetismo y posibilismo. Han ocurrido en ayuntamientos, diputaciones y parlamentos autonómicos numerosos casos de candidatos electos depositados por el PP en la papelera de los pactos como clínex sin dignidad por exigencia de Ciudadanos para otorgar el mando. Estos días estamos viendo a Cristina Cifuentes arriar las bragas ideológicas de su partido ante C’s, con la bendición de Génova, para mantener algo de poder al precio que sea.

Completa el patético cuadro del posibilismo mendaz la más moderada de las derechas, la del centro derecha, la que hasta hace cuarenta años era, moderada también, centro izquierda, el PsoE. Susana Díaz, con la mayoría absoluta de los andaluces en su contra, se ha visto obligada a aceptar la caridad ofrecida por C’s, una cura de humildad que ha dado alas a su enemigo íntimo dentro del partido. Venido arriba, Pedro Sánchez ha visto con nitidez dónde echar la caña para evitar mayor descalabro y no ha dudado en competir con las derechas en tamaño de bandera para pescar los votos que la izquierda le niega.

Aún siendo estos rufianes y perillanes una dolencia grave, son las gentes que les dictan políticas y programas el verdadero cáncer de la democracia. La pandemia neoliberal procede de devastadoras cepas de Wall Street y la City de Londres y su mutación más virulenta, la troica, está focalizada en la Cancillería alemana. Existen laboratorios, el G7 o el Club Bilderberg, que se desviven, junto a las agencias de calificación, para asegurar la metástasis.

Sin listas, sin programas, sin diálogo, sin consensos –no va con ellos la democracia– Cristine Lagarde, Mario Draghi, Francisco González, Patricia Botín, Antonio Brufau, Isidoro Fainé y otros son realmente los amos de los votos. Siempre se vota a ellos, sólo a ellos, sea de quien sea la cara del cartel, el logotipo de la papeleta o los nombres y apellidos de una candidatura. Y si no, como a Grecia, amenazas, evasión de capital generalizada y la porra pendiendo sobre las cabezas como antesala de la metralla si hiciera falta, que no lo descartan.

Se avecinan las generales tras casi dos años de una campaña que arreciará durante las próximas semanas. Ya no hay informativo, tertulia y espacio público o privado donde no se denoste el populismo –sólo el de izquierdas, claro– y se criminalice a los enemigos de financieros y empresarios. Volverán a seducir al pueblo con promesas vergonzantes y negarán los 20.000 millones de recortes, exigidos por la troica para el próximo año, por tres veces si fuese necesario. Conviene recordar que votar a los citados al principio es legitimar el gobierno en la sombra que imponen los mercados, poner la cama y abrir las piernas.

Risa de extrema derecha radical

anonymousEl chiste supone la salida de elementos reprimidos, como el sexo y lo escatológico, del inconsciente hacia la consciencia. Entre el chiste y el humor, una diferencia esencial es que el primero supone el afloramiento de elementos inconscientes a la realidad. El humor, en cambio, puede interpretarse de forma precisa como la negación de esa realidad que es superada y despreciada mediante la broma. Psicoanalíticamente, el “humor negro” es un ejemplo de la inclinación del yo a negar lo triste de la realidad.

La educación humorística de este país salta del surrealismo de vanguardia a la más retrógrada tradición: de Tip y Coll, Gila o Faemino y Cansado a Paco Gandía, Chiquito de la Calzada o Los Morancos. Este vaivén de los humores es una metáfora de la España reprimida cuyo subconsciente y su realidad viven una relación de amor y odio, de eros y tánatos, de filias y fobias de utópica conciliación. Es por eso quizás que, cuando un español ríe hoy, queda la duda de si reacciona ante una comedia o una tragedia.

Rajoy y sus sicarios mediáticos han rescatado la medieval tradición de hacer de los bufones y de las bufonadas una cuestión de estado. Por lo pronto, los episodios de censura de revistas satíricas en España homologan a este gobierno con cualquier dictadura bananera o talibán. A ello se suma la persecución de cómicos y, por último, la caza del chiste malo y rojo como prioridad política de calado opositor cuando el PP ha perdido el poder absolutista.

Tres años han estado los populares riéndose a mandíbula batiente, a carcajadas, de sus súbditos y, por el carácter contagioso de la risa, banqueros y patronal se han sumado a la tendencia de aflorar los sentimientos reprimidos en el subconsciente de la derecha. Sus ojos derramaban lágrimas de placer cada vez que recortaban derechos (“que se jodan” los parados) y lágrimas de amargura derraman los millones de ojos a los que han estafado y empobrecido los de tan fúnebres carcajadas.

Se ríe el presidente, pero no se entera de lo que pasa. La gravedad de la corrupción sistémica de todo el PP, menos dos o tres, y la gravedad de las políticas económicas e ideológicas aplicadas con desmesurado sadismo legislativo por el gobierno son causa del democrático castigo, corto se antoja, recibido en las urnas. El pueblo se ha hartado de que se rían de él con la insoportable suficiencia de rostros bronceados con dinero, melenas pringadas de rancia gomina y bolso Loewe casual corruption che”.

Ahora que no les votan más que sus fanáticos seguidores y algunos yonquis de la caverna mediática, recurren al miedo coceando el diccionario y proyectando su hasta ahora reprimido radicalismo violento de extrema derecha. Ya nadie ríe en este país: la escalada verbal de quienes gobiernan, sea un reprimido (o varios) ministro del Opus o una Thatcher frustrada con sobredosis de testosterona en los ovarios, son un peligro latente, una grieta en el edificio social.

El PP ha tocado generala, además de las pelotas y los ovarios de más de media España. Un tuit chabacano causa la dimisión de un edil, mientras la franquista genética –la del contubernio judeo masónico– de buena parte del partido del gobierno es una nimiedad que se premia con una presidencia nacional o autonómica. El PP y Mariano no han digerido y, lo que es peor, no han aceptado que el pueblo haya votado opciones distintas a la suya, diferentes al chantaje y al crimen de los mercados. Soportar con humor las acometidas radicales de la derecha, cada vez más agresiva, es señal de buena salud mental, pero conviene tener el cuerpo preparado para cualquier cosa. Son capaces. Históricamente lo han demostrado.

España entre dictaduras

dictaduraNeoliberal

La historia reciente de España coloca a su gente en condiciones inmejorables para lo que se le viene encima. Cuarenta años con la cerviz doblada hablan de un pueblo amansado con la música militar tarareada por el dictador, el clero y las élites franquistas. Sólo los beneficiarios del golpe de estado llamaron a ese tiempo sangriento 40 años de paz, ampliados sin pudor a 70 por sus herederos, hoy en La Zarzuela y La Moncloa, en las monedas de 200 euros.

El español medio asume cristianamente que algo habrá hecho para merecer cualquier adversidad y confía su suerte a la intercesión divina, del capataz o del señorito antes que a la razón y la justicia. Es capaz un español de acatar con infinita obediencia, y en ocasiones deleite, lo que la autoridad ordene. España es un país especialmente dotado para malvivir bajo dictaduras en silencio, separado de su dignidad y de espaldas a la libertad.

La indolencia social mostrada bajo el franquismo llamó la atención de la sociología que la atribuyó al terrorismo practicado por el dictador Franco. Esa indolencia ha mutado en una desidia colectiva que mantiene la falsa paz social ante los dictatoriales ataques a lo público y al bienestar por parte del Partido Popular. Algunas víctimas del neoliberalismo se sienten culpables, como predica la radical derecha, de haber vivido por encima de sus posibilidades. Otra parte de la población, minoritaria aún, se rebela, presenta y vota alternativas calificadas como fracasadas por el sistema.

España está preparada para, como proclama la derecha, asumir la receta económica de mayor éxito, la que valora el triunfo económico muy por encima del fracaso social, la de mayor crecimiento y la más competitiva del mundo: la de China. Esta piltrafa de país con himno militar va a pasar en apenas tres generaciones de una dictadura fascista a una dictadura comunista maoísta en la que sobrevivirán las cucarachas, la monarquía, el bipartidismo y el clero.

El presidente de Mercadona declaró que los españoles debían aprender de la cultura laboral china, en sintonía con la CEOE, la banca, el FMI, el BCE y demás instituciones de carácter no democrático. Dicho y hecho: en un par de años el gobierno ha concedido a España el privilegio del trabajo esclavo golpeando y encarcelando a quienes se niegan a aceptarlo y osan criticarlo. Para aguantar eso y más, está el pueblo español sobradamente entrenado.

Europa ha dado un paso de gigante hacia la dictadura neoliberal al empobrecer a la masa social y posteriormente hacerla competitiva, sojuzgarla, esquilmarla y explotarla. La dictadura europea satisface a los faraones del G7, el Club Bilderberg y otros grupos mafiosos y criminales que controlan los mandos de parlamentos y senados. Es a ellos a quienes habría que derrotar y sin embargo han sido sus representantes del PP, el PSOE y Ciudadanos los receptores de la mayoría de los votos.

Donde la decencia ha triunfado (Madrid, Barcelona, y algunas ciudades más) la furia radical de la derecha, la política y la mediática, se ha desatado. Auguran el fin de la democracia porque se ha votado en contra de los intereses de los dictadores, de los inversores, de los mercados. Silencian sin embargo, como cómplices ratas, que el Tratado de Libre Comercio entre la UE y USA, el TTIP, será la puntilla definitiva que selle la tapa del ataúd de la democracia. España está más que preparada y espera, en silencio, sumisa y callada, afrontar una nueva dictadura, la más cruel que imaginarse pueda: la del neoliberalismo sin entrañas.

El PP y el ruido de sables

VienenRojosA la amenaza velada, a la coacción discreta, al subrepticio chantaje y a la sigilosa intimidación, cuando se ejercen sobre el estado y la convivencia, se les llama ruido de sables. Es el recoveco donde se emboscan quienes no aceptan la democracia, quienes nunca creyeron en ella. El Partido Popular, apretando el cuello de España con psicótico afán, no admite que las gargantas busquen un hálito de aire, de vida, y se aparten de sus garras. Tras la adversidad electoral, el ruido de sables es su discurso.

La tradición española es rica en ruido de sables, en asonadas cuarteleras, golpes de estado o infundios orquestados para amedrentar al pueblo y ensalzar, por ejemplo, oprobiosas restauraciones. El PP no acepta su derrota porque la gestión y el despojo de lo público es la labor mejor retribuida, indemnizada y jubilada de España y no es fácil renunciar a ella. Toda derrota genera miedo cuando hay algo que temer y ese miedo acciona trituradoras de papel, formatea discos duros y pone los sables a dialogar, en estado de barahúnda social.

El idilio de la derecha española con los sables se remonta al golpe de estado del general Franco, golpe que no ha sido condenado por el ¿democrático? partido que gobierna. La Ley Mordaza, la protección de imputados (ahora “investigados”) o la prohibición de informar gráficamente al pueblo sobre dañinos delincuentes, son pequeños sablazos a la democracia del mismo PP que, en boca de sus líderes y cargos públicos destacados, ha empuñado la batuta para dirigir una sinfonía de sables como dios manda, como sólo ellos y ellas saben hacerlo.

El Partido Popular es hoy el partido más radical de España, una mafia predadora que amenaza con colocar zapatos de hormigón al país si no se cumplen sus caprichos. La reacción del espantajo Aguirre, de los portavoces, de los voceros y de la mismísima Vicepresidenta del Gobierno sigue el modelo del hampa haciendo correr la voz por todos sus medios en todos los barrios. ¡Que vienen los soviets y las huestes bolivarianas!” es el penoso y rancio grito que corean a las puertas de los cuarteles para remover a los acuartelados.

Por ahora, han sacado a cuatro fantoches borrachos de nostalgia con sus banderitas rojigualdas para rechazar las urnas y golpear a la prensa, culpable, según Rajoy, de lo que el pueblo ha votado. Han convertido un partido de fútbol, la válvula de escape social por excelencia, en un asunto de estado. Y a diario contemporizan con fanáticos como Losantos, Inda, Tertsch, Herrera o Marhuenda, que arengan miedo, odio y venganza como preludio a una partitura para sables y cornetas.

El radicalismo de extrema derecha, como las lagartijas, agita las colas que les han sido amputadas en los comicios para distraer la atención del enemigo. Ya no le vale, como a las serpientes, volver a cambiar de camisa pues todas las de su escueto armario son de color azul en distintas tonalidades. El daño a la ciudadanía española puede multiplicarse si consiguen su objetivo de amedrentar al desubicado PSOE para permanecer en el poder. Precisamente el PSOE justificó su giro hacia posiciones liberales moderadas con el ruido de sables que contrarrestaba la banda sonora de la libertad y la justicia durante la transición.

España es un extraño país donde la extrema derecha radical se ha hecho con el gobierno y azota con el látigo de la pobreza y la desigualdad a muchos de quienes la votan. Un país extravagante donde un partido socialista y republicano es sostén principal de un obsoleto régimen monárquico. Un grotesco país cuyo rey se desplaza a la vecina república para rendir homenaje a sus propios muertos republicanos, cosa imposible en las fosas y cunetas que laceran su reino. Un país estrafalario donde la salida de la cárcel de un torero homicida y una defraudadora tonadillera abren los telediarios mientras de fondo se escucha un pasodoble de ruido de sables.

El caso del populista radical antisistema

Verbarte:

Un caso semántico Policial que no sabía muy bien cómo y dónde ubicar. Ahí queda para quienes quieran leerlo.

Originalmente publicado en Gotas de tiempo:

DRAEL

Su piel era rígida, de cierta dureza flexible, podría decirse que acartonada, y siempre se cubría con una gabardina que reflejaba la luz como si fuese satinada. Las solapas de la prenda subían desde los pies hasta la cabeza, quedando a ras de ambas partes de su cuerpo, aunque casi siempre las llevaba plegadas hacia adentro, disimuladas como si no existieran. En la pechera, dos rectángulos, uno rojo y otro azul, sobre la tela blanca con grisáceas rayas horizontales, le identificaban ante el mundo como una autoridad poco discutible. Sobre el rectángulo rojo, en mayúsculas doradas de tipografía romana, aparecía su rango –Diccionario de la Lengua Española–, y en el azul destacaban la placa y las letras, también doradas, que identificaban el cuerpo para el que trabajaba –Real Academia Española–.

Era un profesional alejado de tópicos cinematográficos que prefería trabajar en la calle, en cualquier ambiente, por muy abrupto que…

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