Turismo e inmigración

pateraCrucero

La realidad es elástica, flexible, moldeable y, por supuesto, adaptable a las necesidades o al gusto de quienes tienen la potestad de presentarla socialmente. El escaparate de las realidades mediáticas ha dicho hoy que las previsiones apuntan a 90 millones anuales de turistas para 2030 en España. El contador de euros se ha disparado arrollando con sus ceros los más de 40.000 millones del rescate a la banca que da el gobierno por perdidos o al 34% (5,7 millones de asalariados) que cobra menos de 645 euros al mes.

90 millones de personas, el doble de la población hispana, no molestan ni sobran si vienen con pasta, negra o blanqueada, a disfrutar los servicios que prestan trabajadores cada día más esclavos. Aprendamos inglés, alemán, ruso, japonés o mandarín para atender a los extranjeros cuya cartera les exime de la inmersión lingüística. Adoptemos sus costumbres y culturas para no incomodarlos actuando como chinos, alemanes o norteamericanos y no como catetos andaluces, gallegos o riojanos.

Unas cifras marean y otras simplemente dan asco. De esas cifras incómodas, las que hablan de personas que acuden a Europa a pie o casi a nado, los medios hablan lo justo, apenas un susurro sin rastro de llanto para no dar el almuerzo entre plato y plato. 400 inmigrantes desaparecidos en el Mediterráneo no merecen reportajes ni la atención de tertulianos. Si acaso se les concede minutaje es para despreciar a las harapientas hordas sin papeles que invaden el continente para robar indignos trabajos a sus habitantes.

Los 90 millones de bolsillos que tantas albricias y parabienes provocan en los mercados tomarán el sol en las costas españolas, se bañarán en sus aguas y comerán sus pescados. Sus estómagos sin conciencia engullirán peces alimentados de cadáveres, pobres pero humanos, y su piel con escamas de indiferencia se mojará en el cementerio marino de esperanzas naufragadas. Así son las realidades: unas lágrimas para la risa y otras para el dolor, éstas mejor ni nombrarlas.

La inmigración es competitiva porque sólo aspira a comer y a un colchón para dormir, sin frigorífico ni armario, en este primer mundo rapaz e insolidario. La patronal ha conseguido que el gobierno establezca el modelo de negreros y precarios para casi seis millones de ciudadanos. De los 90 millones de turistas, un jugoso y creciente porcentaje vendrán del esclavo paraíso chino en caros aviones y lujosos barcos para disfrutar en España de su sol, su comida y sus esclavos.

Sigue vigente en España aquella distinción de los años 70 entre árabes y moros que atendía sin escrúpulos más a sus bolsillos que a su etnia o cultura. Los árabes, bienvenidos y agasajados por las élites de la patria, solían ser monarcas dictadores, sátrapas o traficantes a gran escala; moros eran, perseguidos y denostados, los que huían de los primeros. La misma distorsión interesada se aplicaba a los sudamericanos: si virtuosos del balón, oriundos los llamaban y si no, míseros sudacas.

Los medios, perdidos los pudores, ofrecen a sus amos las portadas, ayer al banco Santander para su negocio educativo y hoy a Coca Cola para edulcorar la estafa de su ERE: nunca morderán la mano que les alimenta. La realidad muestra, al margen de los medios, con crueldad inusitada, que quienes fomentan odios hacia los inmigrantes están con el Partido Popular, el más corrupto de Europa, el que llena parlamentos, juzgados y cárceles de Ratos y de ratas, el que a sus propios ciudadanos reprime y estafa.

Eduardo Galeano

Galeano

“Uno sobrevive en los demás: en la memoria y en los actos de los demás.” Entrevista BBC, 2009.

Un cortejo de sujetos, un desfile de predicados, una comitiva verbal, transitan hoy en el vacío buscando en vano su voz apagada. Inquietas, las palabras buscan a ciegas significados con qué acoplarse para cobrar una vida que la realidad les niega y Eduardo les obsequiaba. La ortografía de la dignidad y la gramática de la esperanza están de luto, huérfanas, porque la mano y la mente que las trenzaba han roto con el presente y con el futuro, ya no existen en el sentido material de la palabra.

Galeano enseñó que lo más importante de la lectura es desmontar las palabras con idéntico celo y la misma determinación que él empleaba para edificar flamantes mensajes sobre las añejas ideas de los relatos oficiales. “El catecismo me enseñó, en la infancia, a hacer el bien por conveniencia y a no hacer el mal por miedo. Dios me ofrecía castigos y recompensas, me amenazaba con el infierno y me prometía el cielo; y yo temía y creía”. Dos frases, contundentes y simples, para desmontar más de veinte siglos de agónico discurso fraudulento contenidas en El libro de los abrazos.

Hay que agradecer, a la par que la lucidez, su impagable labor sintetizadora. Un libro que arranca con la frase “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder” tal vez no necesitara más páginas para desarrollar la idea; pero si la siguiente es “Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta” ya no queda más remedio que llegar hasta el final para comprender que tal vez el arranque se quedó corto. Así es Las venas abiertas de América Latina.

La capacidad destructiva del hombre no necesita más de dos líneas para ser comprendida y odiada, como sucede en Memorias del Fuego: “Al amanecer, el llamado del cuerno anunció, desde la montaña, que era la hora de los arcos y las cerbatanas. A la caída de la noche, de la aldea no quedaba más que humo”. Y, por si no fuese suficiente, identifica al lector con el único superviviente de la matanza: “Buscó en vano alguna persona o cosa que no hubiera sido aniquilada. Ese espantoso silenció lo aturdía. Lo mareaba el olor del incendio y la sangre. Sintió asco de estar vivo y volvió a echarse entre los suyos. Con las primeras luces, llegaron los buitres. En ese hombre sólo había niebla y ganas de dormir y dejarse devorar”.

Patas arriba: la escuela del mundo al revés es una analítica donde se detallan todos los síntomas de la enfermedad social que nadie parece dispuesto a sanar. “Día tras día, se niega a los niños el derecho de ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños”.

Lo cotidiano, lo mundano y lo banal también admiten la acción de su bisturí que permite ver lo que se encierra adentro. El fútbol también ha sucumbido a la mirada de Galeano que, al separarlo de su carácter lúdico, muestra algo que no es juego ni deporte, su turbio perfil predador: “La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí”. Directo y mordaz, El fútbol a sol y sombra mete goles por la escuadra del negocio que nunca suben al marcador.

“Si me caí, es porque estaba caminando. Y caminar vale la pena, aunque te caigas.” Entrevista BBC, 2009.

Aborto y otras mortandades

abortoVenezolano

Se podría estar de acuerdo con la nueva letanía del Partido Popular a cuenta del aborto si no fuera por la crueldad que conlleva. El aborto no es un derecho, reza el estribillo electoralista repetido mil veces por los peperos, como es costumbre, para que cale o cuele como verdad. Abortar es una decisión terriblemente dura que afrontan quienes sufren un embarazo no deseado percibido como amenaza para el presente de la mujer y el incierto futuro que aguarda a la criatura.

El PP, negando la mayor, el derecho a decidir en todas sus formas, se toma la libertad de decidir por la mujer, en este caso, y decide que el aborto no es un derecho. Se podría estar de acuerdo con que no es derecho, sino decisión, si tal decisión fuese tomada por la mujer dentro de unos parámetros amparados por la ciencia y no por un catecismo cualquiera. No se olvide que quienes atacan el aborto son los mismos que condenaron a Galileo y repudian a Darwin.

Pero la decisión la han tomado quienes hacen lo posible para que cuestiones como el trabajo, la vivienda, la educación o la sanidad dejen de ser derechos. Son los mismos cuyas hijas abortaban en la discreta clandestinidad londinense de los años 60 y 70 y ahora lo hacen en la costosa intimidad de las clínicas privadas. Para ellos no es asunto moral, ético, médico o jurídico, ni siquiera económico, nada de eso, se trata de un frío cálculo aritmético, una variable más de la proyección de voto, un imperdonable estacazo estadístico a la mujer.

El plumaje de la gaviota, manchado, sucio, mugriento, y en muchas zonas podrido, no es apto para mantener el vuelo y su caída en picado amenaza a lo que se le ponga por delante. Desnortado, el PP se erige en defensor de la vida una vez que el concepto pasa debidamente por su particular cedazo. El aborto no es un derecho, como lo son el derecho al suicidio de los desahuciados, a apurar hasta el último suspiro la hepatitis C o a pagar el entierro que la falta de recursos para el hospital o la nutrición adelanta en algunos casos.

Como campeones de la vida, paladines de los derechos y adalides de las libertades que son, también son dados a emprender santas cruzadas en los confines terráqueos. El síndrome de don Quijote ha aturdido sus mientes y se lanzan a reclamar a Maduro derechos que ellos merman o suprimen aquí en su tierra, en España. Proclaman que Venezuela es dictadura sin aceptar que es ahí donde conducen sus reformas neoliberales, sus recortes, su prensa bien pagada, sus presos políticos, sus cargas policiales y su ley Mordaza.

También tienen un cedazo para las calificaciones, otro para las libertades y un tercero para los derechos. Por el tamiz que que no cuela Venezuela, sin dificultad alguna pasan Marruecos, Guinea, Arabia Saudí, Guatemala y hasta la comunista China, como solventes democracias sin presos políticos, con prensa libre y sin sangre a sus espaldas. El colmo de la hipocresía es que sea Aznar, guerrero de Irak, negacionista de la dictadura franquista, comisionista de Gadafi, defensor de Videla o Pinochet, quien empuñe la antorcha libertaria en su carrera de guerras, dictaduras y dinero.

A tan orate señor le acompaña el sin par escudero Felipe González en tamaña aventura, esa de salvar patrias. Gran maestro del populismo, es indicada pareja para tratar asuntos del país cuyo presidente Carlos Andrés Pérez masacró a unas 3.000 personas en 1989 y González le ofreció 600 millones de dólares para aliviar tan crítico momento. El mismo escudero es sospechoso de aprender en Venezuela las virtudes de la guerra sucia del estado materializada en los GAL. Son gentes de esta ralea las que deciden qué cosa es el bien y dónde habita el mal, qué muerte es digna de compasión y qué derechos y libertades valen la pena.

Vivir para trabajar para vivir para

trabajarVivir

No hay que tener el título de abuela o de nieve el cabello, como dice algún cursi o poeta, para contar a cualquier joven historias llenas de pasado y ofrecerlas como plan de futuro, como un deseo mágico. Son historias simples, personales pero mundanas, casi universales, las que hablan del tiempo como el bien más preciado al que puede aspirar una persona. A la suma de todas las gotas de tiempo que nos empapan la solemos llamar con un nombre lleno de segundos, se primaveras, de otoñales días, de años, de lunas soleadas y también de inviernos y ocasos. La llamamos Vida.

Se desconoce en qué momento de la historia, de las vidas secuenciadas de toda la humanidad, se produjo el seísmo social que derribó lo natural para imponer el artificio como modo de vida. Unos dicen que es cosa evolutiva de los “sapiens”, otros iluminan con mitologías diseñadas con miedos divinos y todos se rinden al alejamiento de la naturaleza y a la pérdida de la libertad. La libertad tal vez sea, consustancial a la biología, una cuestión de tiempo. El tiempo debe ser libre o no es.

El “sapiens” lee en el diccionario “ocio: 2. m. Tiempo libre de una persona” como un mensaje secreto escrito en una postal que carga con la sospecha de ser un epitafio. Lo lee y piensa de inmediato en la brevedad de su tiempo libre, acosado por el tiempo no-libre que puebla la mayor parte de la vida. Piensa el “sapiens”en lo contrario de lo que lee, lo busca y lo encuentra: “negocio: (Del latín negotium [nec otium]: ‘sin ocio’) 1. m. Ocupación, quehacer o trabajo”.

Ahí está la clave, en el trabajo como consumidor de tiempo, como medidor de vidas para trocarlas por un oro cuyo valor debiera ser insignificante comparado con tiempo y vida. Ahí está el negocio, en privar a la humanidad de sus bienes más preciados. Se podría hablar a un joven cualquiera de tiempos dorados en que un tercio del tiempo, ocho horas, era el pago para disfrutar de los otros dos tercios, el tiempo libre. En un país tan cercano como España, en un tiempo tan lejano como puedan ser dos legislaturas, la palabra temporalidad era apenas un sarpullido social, hoy cáncer terminal.

Trabajar y vivir son los dos extremos del péndulo dialéctico que oscila sobre la preposición “para”. La clase política se afana en conseguir que las personas acepten cabizbajas que la única opción es vivir para trabajar y la ciudadanía, en cambio, sólo aspira a trabajar para vivir. La reforma laboral del Partido Popular ha destruido la linde que separaba el ocio del negocio perfilando la difusa frontera de la temporalidad esbozada por el PSOE en los años 80. Se puede contar a un joven cualquiera la hermosa historia de los contratos indefinidos que permitían construir una vida de ocio alrededor de la participación en negocios que eran cosa de dos: empleado y empleador.

En este contexto de robo generalizado de tiempo ajeno se conoce el horario de entrada al tajo, pero no el de salida, la cuantía mínima del salario, pero no el valor de mercado del trabajo realizado. Llaman competitividad a las prácticas esclavistas reproducidas en una Europa supuestamente libre y pretendidamente moderna, social y emancipada. Llaman recuperación a la concentración de dinero en muy pocos bolsillos, a punto de estallar porque ya más no cabe en ellos.

Se escucha a la ministra Báñez o al presidente Rajoy hablar de creación de puestos de trabajo y un joven cualquiera piensa en setecientos euros a cambio de olvidar que el reloj marca sus biorritmos con sus necesarias pausas. Habría que narrar a esa juventud los esfuerzos que llevaron a disfrutar unas consensuadas condiciones laborales que permitían vivir y trabajar al mismo tiempo, construir sobre el presente los proyectos del futuro y mirar al pasado para no repetir los fracasos. Se podrían contar a un joven cualquiera que las cosas eran muy diferentes hace tan sólo cuatro eternos años y que la justificación neoliberal forma parte de una premeditada estafa a la Libertad y a la Vida, a la vida en libertad.

Semana Santa para un negro cualquiera

CristoNegro

No dicen los Evangelios que Jesús fuese negro africano, por eso Abdul hizo su viaje triunfal, desde Ceuta hasta Algeciras, sin borrico ni asno. Llegando a Ceuta, saltó un espinoso vallado de concertinas fuertemente vigilado y comprendió que el paraíso era una quimera como los dioses de que le habían hablado. Tampoco Abdul era judío, ni rey, ni potentado, y hubo de conformarse con compartir barcaza junto a otros doce que con él habían cruzado guerras, hambrunas, desiertos y, por último, el Mediterráneo. Era Domingo de Ramos.

Nadie, en la playa de Algeciras, lo recibió echando ramas de olivo a su paso, ni mucho menos salmos le cantaron. Apenas probada el agua y cubierto con la manta que voluntarios de Cruz Roja le acercaron, dos guardias de verde ataviados lo condujeron al CIE de Piñera en un coche blindado. No intervino ningún Judas ni treinta monedas de plata circularon: el color de su piel y su origen bastaron para arrestarlo. Era Domingo de Ramos.

Lunes y Martes Santos permaneció recluido y aislado, no le permitieron asistir siquiera al templo, convertidos todos, en esos días, en mercados fariseos de sepulcros blanqueados. Al día siguiente recibió visita de galeno y letrado mientras, en la calle, la gente señalaba a Abdul como causante de robos, agresiones y de la falta de trabajo. Uno atendió sus heridas y el otro prometió estudiar su caso en la tarde del Miércoles Santo.

El Jueves, día de recogimiento y oración, pero también de fiesta y boato, cena especial les prepararon y, ante la burla de los guardias, los trece cenaron. Transcurrió la mañana y la tarde sin noticias del abogado y ningún papel oficial tenían cuando el sol a la luna dio paso. En un último intento de aliviar su estado, a Jeová, Allah y Yahvé entre los trece rezaron. Escucharon la lechuza de un huerto cercano y tuvieron la certeza de que ninguno de sus dioses los había escuchado en la noche del Jueves Santo.

Gente del pueblo, gente con alma, pedían con pancartas que fuesen liberados porque era tradición de Pascua indultar a un condenado. Entre Abdul o políticos sentenciados dio a escoger al pueblo Poncio Pilatos para perdonar o condenarlos. El gentío, a pan y circo acostumbrado, se pronunció por mayoría indultando a los políticos y al más débil condenando. A las tres de la tarde, se cumplió la sentencia y fue golpeado, insultado y deportado el Viernes Santo.

El pueblo pidió leyes para castigar a los inmigrados y se encontró con que Herodes a todos había amordazado. Prohibidas las protestas, castigado el desahogo y reprimido el llanto, sólo se les permitía expresar su ira y su dolor rezando. Y así lo hicieron, ante los desmanes de mercaderes, políticos y bancos, con escasa convicción y nulos resultados. Invocar la justicia, fuese humana o divina, era esperar un milagro que no se produjo el Sábado Santo.

Al tercer día, en las costas de Melilla, en cayuco desvencijado, de nuevo embarcó Abdul su negro cuerpo maltratado, llegando hasta Motril como un Mesías retornado. Otra vez sin papeles, ante un indiferente pueblo, guardias civiles de uniforme le apresaron. Vuelta a los calabozos, a los juicios sumarios, a los insultos y las sospechas, al maldecir insolidario. Abdul era pobre, y negro, y extraño, por eso repitió su calvario en un Domingo que dejó de ser Santo.

El Movimiento redivivo

Movimiento

“Cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado PP y PSOE sus últimos objetivos electorales. La posibilidad de cambio ha terminado”. Así, presentando a las alternativas a la alternancia como un temible y feroz ejército con sangre y fuego en sus banderas, el bipartidismo ha conseguido mitigar su caída quedado el estrepitoso batacazo en coscorrón. 2.473.210 andaluces, más 2.266.104 silencios, han bendecido la corrupción y los recortes. Algo más de 1.150.000 han apostado por cambiar, lo que convierte a Andalucía en una comunidad conservadora e indiferente.

El pueblo español, perdida la batalla de Andalucía, próximas las escaramuzas municipales, pendientes otros choques autonómicos, avanza hacia la degollina de las generales de fin de año. El desgaste del Partido Popular le va a suponer ceder poder en favor de la guardia mora de Ciudadanos, socorro aliado de última hora para frenar a la brigada indignada. Al acecho para acaparar botines y medallas, la falange socialista atiende el frente interno en Ferraz donde hace tiempo que tocan generala.

En la calle, el desconcierto, reflejado en las urnas sureñas, hace convivir los anhelos y las iras con la indolencia y la ausencia de una alternativa definida, identificable, clara. Ha transcurrido un tiempo precioso, suficiente para dar a conocer un programa, en el que la tropa de la indignación no ha visto propuestas de sus coroneles o sus sargentos. El asedio del bipartidismo, del Ibex y de la prensa amaestrada los ha puesto a la defensiva, en trance de repliegue y casi de retirada.

El horizonte de votantes con precarias nóminas, con salud y educación expropiadas, con suministros básicos extractivos, sin vivienda o comida aseguradas, es desolador cuando se encierran en las cabinas electorales. A un lado, papeletas de rosas y gaviotas vendepatrias, a otro salvapatrias de círculos sin programa o siglas desgastadas y, entre ellas, las cañas de nuevo cuño que de nuevas no tienen nada. La necesidad de votar nunca estuvo tan complicada.

El voto, cautivo y desarmado, legitima las ilegítimas políticas dictadas desde Bruselas o Alemania, desde grandes empresas o desde la banca. La democracia, cautiva y desarmada, se ha convertido en una fábula, un cuento, una parábola, para legitimar tristes realidades y adormecer esperanzas. La ciudadanía, cautiva y desarmada, ha sido llevada al paredón de la desigualdad y la pobreza donde silban al unísono las oraciones y las balas.

Sólo quedaba el derecho al pataleo, a la libre expresión pública de quejas y necesidades que también, con la Ley Mordaza, ha sido cautivada y desarmada. El PP, en una razia desconocida en democracia, se ha llevado por delante el espíritu de la transición con su particular cruzada. Sabedor de que su mayoría absoluta y la estafa eran una oportunidad única, ha arrasado el país, como Atila, practicando una política de tierra quemada.

En España no volverá a crecer la hierba. PSOE y PP, con sus vasallaje liberal, sus Reyes Católicos y sus Torquemadas, lo malo conocido en España, han hecho frente común para prolongar la Edad Media. Ambos aspiran a turnarse en el sillón del Cardenal Cisneros, el de Pepe Botella o el del General Espartero, atentos a administrar el estado y obtener ganancias. Es el Nuevo Régimen, el nuevo/viejo Movimiento redivivo en el siglo XXI. Cautivo y desarmado el ejército rojo, ha alcanzado el bipartidismo su último objetivo: continuar.

Andalucía: elecciones y trampas

trampas-psoe

Apenas pasadas 36 horas de las elecciones, Andalucía volvió a teñir de rojo los rostros de su pueblo, no de rojo político –¡qué más quisiera!– sino del rojo de la vergüenza, propia y ajena. Sobre el sucio mantel que cubre las mesas de San Telmo, ése que nunca limpió ni limpiará Susana, la Guardia Civil depositó una nueva remesa de altos cargos implicados en la estafa. No iba a llevar en sus listas la presidenta investigados ni imputadas y en la de Jaén, con el nueve, una detenida figuraba.

Las piezas que los resultados de las urnas no explicaban, tras escuchar a Irene Sabalete pervirtiendo la democracia, ahora ya encajan. A cacique en la plaza del pueblo jugando con el hambre del pueblo suenan sus palabras, a preguerra y a posguerra, a vieja radio oxidada. Se intuía el pesebrismo, el cautivo voto subsidiado o enchufado, pero no había pruebas: ésta es la que faltaba. Es ahora cuando se comprende tanto voto a corruptos que a su antojo ordenan y mandan.

La administración paralela andaluza, llena de fundaciones y agencias vacuas, con miles de trabajadores, sin oposición pero con plaza, es una laberinto en el que se pierden el dinero, la ética y la esperanza. Esos chiringuitos ha servido al PsoE para conectar con diferentes colectivos repartiendo favores a cobrar en votos o especies, una formidable punta de lanza. La nómina de los mismos, tan estéril como cara, sólo es rentable para quien la paga.

El dinero de la formación ha pagado caprichos y secretarias, juergas y campañas, estatus y mandangas, y con lo sobrante, apenas migajas, se han subvencionado cursos, ponencias y jornadas. De él se han beneficiado patronal, sindicatos e instituciones varias llenando sus arcas, vacías las aulas cuando no falseadas y mal o nada justificadas. Mucha gente recibiendo, mucha gente votando, mucha gente deudora de quien les paga, enturbian el concepto de democracia.

Además de Sabalete, ex delegada de Empleo de Jaén, en la redada destacan el ex consejero Antonio Fernández y dos ex directoras generales de Formación Profesional para el Empleo: María Teresa Florido, de ex consejero cuñada, y la lucentina María José Lara. Esta última protagonizó un episodio de enchufismo chapucero, siendo concejala, que la llevó al juzgado –fue absuelta, ¡cómo no!– y permitió que su protegida aprobara y fuese funcionaria.

Dijo Susana Díaz, durante la campaña, que ella perseguía la corrupción y que limpiaría su partidista casa. Ella, la hija de Chaves y Griñán a quienes defiende y tapa, la de la cabeza alta, de trapos sucios, de presuntos delincuentes, está rodeada. Es posible que, como dice IU, el adelanto electoral obedeciese al miedo a una comisión de investigación que sabía le perjudicaba. Es posible que, como hicieron sus padrinos, se marche a Madrid huyendo de la podredumbre heredada.

No se equivocan los votos emitidos bajo amenaza, no se equivocan quienes votan para llenar la cuchara, se equivocan quienes a eso lo llaman democracia. Es lo mismo que sucede en Galicia, Madrid o Valencia, donde el voto corrupto, amenazado y comprado también arrasa. De esta forma, la incógnita de porqué el bipartidismo aguanta queda en parte despejada, así como el acoso y derribo de los partidos que, desde la nada, promueven el derribo de la casta.