Otra guerra civil

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Que la “modélica transición” fue un bluf, una estafa, una mano de pintura sobre un edificio agrietado y con deficiencias estructurales sin reparar, queda claro. España sigue bajo el mando de un capitán general de todos los ejércitos, invotable e inviolable, y los herederos del generalísimo vuelven a tomar las calles una vez comprobado que nadie les ha pedido, ni les pedirá, responsabilidades. “La calle es mía”, dijo Fraga sabiendo lo que decía, y su pupilo Aznar lo repite en boca de sus trillizos.

Desde los albores de esta “democracia” militarizada en su jefatura del estado, Alianza Popular primero y el PP después, han volcado hectómetros cúbicos de gasolina en el País Vasco y Catalunya. No ha obtenido mayor resultado que quedar a la cola, de forma marginal, comicio tras comicio, en esos territorios que cuentan con sus propias derechas autóctonas. Los intentos para incendiar ambos territorios nunca han cesado, basta con acudir a la hemeroteca.

Hay que reconocer que, entre todos los políticos del periodo posfranquista, brilla con luz propia José María Aznar, capaz de gobernar durante ocho años y pedir a los suyos que dejaran atrás los complejos. Este maquiavélico personaje ha pergeñado en su laboratorio de la FAES el siniestro plan cuyas consecuencias no tardaremos en sufrir. Hay que reconocerle el mérito de haber clonado su ideario franquista en tres jovenzuelos, ya no tanto, para reivindicar el supremacismo nacionalcatólico.

Desde que Alberto Rivera abandonó su militancia en el PP, sabiamente guiado por Aznar, para fundar Ciudadanos, su mochila de combustible consiguió primero el enfrentamiento entre catalanes y ahora entre españoles. Jugada maestra basada en el populismo prêt–à–porter, de cuñado y yerno perfecto, que tan bien domina. Se ha especializado en crear conflictos y su Trabajo Fin de Máster ha obtenido sobresaliente en el caso de Venezuela, pero busca el cum laude enfrentando a sus propios paisanos.

Desde que Santiago Abascal abandonó su militancia en el PP, sabiamente guiado por Aznar, para fundar Vox, su mochila de combustible ha servido para avivar el ardor guerrero de los nostálgicos del franquismo. Ha abierto de par en par el armario de la extrema derecha con un populismo de mercadillo que ha encandilado a gente guiada por bajos instintos y nulos escrúpulos. Su populismo cala en un electorado dejado llevar por las mentiras y la manipulación que tan bien les funciona a las opciones de extrema derecha en todo el mundo.

Desde que Pablo Casado, sabiamente guiado por Aznar, acuchilló en unas grotescas primarias a la derecha “civilizada” del PP, se ha convertido en un ayatolá del franquismo. Sus proclamas no tienen nada que envidiar a las de Millán–Astray o a las de Queipo de Llano y pugna con los anteriores por ser la mecha que vuelva a incendiar la península. Su populismo desbocado lo está llevando no a romperla, sino a dinamitar España, entre una sangría de votos de quienes, puestos a elegir, prefieren un original de extrema derecha a una burda copia tan falsa como su máster. La sangría también vierte votos de la moderada derecha pepera a Ciudadanos.

Y, mientras sus trillizos se aprestan a destrozar de nuevo España, José María Aznar, impasible ante la corrupción desatada en su partido, tiene el apoyo de la derecha disfrazada de socialismo. También las baronías del PsoE aportan sus reservas de gasolina sin tapujos al incendio anunciado e inminente: González, el hermano de Juan Guerra, Susana Díaz, Borrell, Bono, Lambán, García–Page, etc. El bipartidismo resurgirá de sus cenizas, como el ave fénix y poco le importa la cremación del resto de los españoles, como no le importa el sufrimiento del pueblo venezolano, ni los crímenes cometidos por Arabia Saudí o Israel, por poner algunos ejemplos.

Son los negocios, sus negocios. Y si la cuenta de resultados lo exige, bienvenida otra guerra civil.

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En el país de los tuertos, el ciego es el rey

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El cambio climático, o vaya usted a saber qué otra calamidad, ha dado la vuelta al refrán: “En el país de los tuertos, el ciego es el rey”. Porque la humanidad se ha quedado tuerta de tanto forzar los ojos para ver y no ver lo que le ordenan las élites interesadas. Para colmo de males, al ojo útil le han colocado una anteojera hecha a la medida que evita distracciones y oculta realidades incómodas, una ortopedia efectiva y siniestra que acaba afectando a los cerebros inadvertidamente.

La ciudadanía en general ha renunciado a un ojo y ha optado por conservar el menos fiable de los dos, el ojo vago que prefiere no mirar para evitar pensar. Y entre tanta penumbra y tanto destello cegador, ¡quién lo iba a decir!, comprobamos que los ciegos son los reyes en la mayoría de los países. Ciegos de codicia, de odio y de sangre son aupados a los tronos del poder por legiones de tuertos y tuertas que atisban una mejoría para sus vidas en la desmejoría de su vecindario.

Cegados por el racismo, la xenofobia, la misoginia o la homofobia, con las anteojeras rojigualdas y el peligroso bastón de una historia falseada a la medida, los líderes de la oscuridad, la extrema derecha, se están haciendo con el poder aupados por los tuertos. Ocurre en todo el mundo, como una sinfonía perfectamente orquestada por los creadores de la última estafa llamada crisis, que los ciegos marcan el camino a los tuertos: Trump, Bolsonaro, Salvini, Le Pen, Orbán… y Abascal, Casado y Rivera.

En España, país fariseo por tradición secular, los ojos vagos han llorado torrencialmente, durante unos días, por el trágico accidente de un niño caído en un pozo. Los ojos estériles, secos y cegados se resisten a inmutarse por los miles de niños caídos, en incesante goteo, en el pozo de la ignominia llamado Mediterráneo. Enarbolando la bandera de la patria, los ciegos tapan esa realidad y condenan a una muerte cruel e innecesaria a todos los niños que seguirán aspirando a una vida mejor allende los mares y las fronteras.

En España, país de ADN hipócrita como el resto de los llamados “civilizados”, las mafias políticas que roban cegadas por la codicia son las opciones preferidas por millones de tuertos y tuertas. Tal vez se deba a que el electorado aspira a tapar su ojo seco con un parche, a calzar pata de palo y a empuñar un garfio para parecerse a tanto pirata parlamentario. El galeón español acabará hundido por el peso de tanto lastre corrupto con todos los piratas y aspirantes a pirata en sus bodegas.

En España, país de farsantes compulsivos, se da la circunstancia de que los cuatro partidos de la derecha (PP, Ciudadanos, Vox y PsoE) aceptan como bueno un golpe de estado en Venezuela. Tachan a Maduro de hacer exactamente lo mismo que ellos hacen con sus políticas, sus jueces, sus cárceles, su prensa domesticada y su Ley Mordaza. La ciudadanía mira con el ojo vago a Venezuela y con el seco a Arabia Saudí, Marruecos, Turquía o cualquier otra dictadura de las que agasajan y mantienen a los Borbones con reales mordidas Reales.

Se escandalizan los ciegos, y los tuertos aplauden, ante un régimen que todavía no ha asesinado a un periodista en una de sus embajadas, que no se apropia por la fuerza que Yahveh le otorga de vecinos territorios ocupados, que no bombardea con las armas que le vendemos a inocentes de un país cercano. El delito de Venezuela no es otro que tener la mayor reserva de petróleo del mundo y, sobre todo, que no esté controlada por el capital privado. Eso no se puede permitir de ninguna de las maneras. Ni por Trump ni por ningún otro ciego “civilizado” como ese cíclope de un solo ojo, tuerto y ciego a la vez, que es Pedro Sánchez.

El país que más golpes de estado ha impulsado, el que más sangre extranjera ha derramado, el que más ha robado en el mundo y en la historia, los Estados Unidos de América, está presidido por el ciego que controla al resto de los ciegos que pastorean a los tuertos en sus respectivos países.

Derechas (3) y lavados de cerebros

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Estos días, la brainwashing machine (así, en inglés, que en castellano suena a lo que es) doméstica anda centrifugando las mentes desprevenidas. El mando a distancia sirve para constatar que todos los programas de lavado parecen sincronizados para blanquear todo tipo de suciedades. Dependiendo del programa y de la franja horaria, se blanquea la corrupción, la misoginia, el machismo, la homofobia, la xenofobia y hasta el fascismo 3.0.

Todo ello, sospecho, se debe al efecto del detergente Roji y el suavizante Gualda esnifados industrialmente por la sucia maquinaria de las derechas que los diferentes programas consumen y publicitan con adicción. Para asegurar el efecto blanqueador, no faltan obispos como Demetrio dispuestos a rezar dos padres nuestros y tres avemarías o a sacar el palio para cubrir a los nuevos/viejos cruzados. España es así: catecismo y formación del espíritu nacional para mitigar el hambre.

No duda Casado, en el prelavado, en reivindicar sus orígenes pata negra, denominación porcina para aludir a Aznar, Aguirre y a dirigentes de su partido inmersos en el sucio negocio de la corrupción. Se entiende en un sujeto de currículum falseado y dopado. No duda Rivera en apoyar a su hermano de la FAES. Se entiende en un partido especializado en sostener gobiernos corruptos del signo que sean. Ambos se blanquean entre sí, pero sus marcas azules y naranjas apestan a ideología corrupta y neoliberal. No hay perfume que quite esos hedores.

Los dos partidos, probadamente dopados con dinero negro uno y del Ibex el otro, mantienen su cuota de poder y en el lavado se intercambian manchas imperecederas con VOX. El agua clara se enturbia porque la misoginia, el machismo, la homofobia, la xenofobia y otros lamparones similares, de naturaleza neofranquista, son sustanciales al tejido ideológico de los tres. Aún así, con mayor o menor impudicia, aceptan el apoyo del partido dopado con dinero iraní y del mamandurriado Abascal para montar el tendedero donde pretenden en vano orearse.

El programa de aclarado nos muestra que ni PP, ni C´s, ni VOX, pueden pasar por ropa limpia por mucho que vuelvan a añadir Roji y Gualda y repitan el proceso. El indisimulado y pestilente olor a populismo rancio, basado en la goebbeliana máxima de repetir las mentiras para hacerlas verdad, forma parte indisoluble de sus textiles fibras. Ni la lejía perfumada es capaz de disimular las manchas y los olores que ostentan como pecados originales.

Pero son conscientes los de Rivera y los de Casado de que el centrifugado obrará el milagro de blanquear sus posiciones en pasivas mentes poco precavidas dándoles apariencia de blancor. Así, Pablo y Alberto presumen de estar en el centro del tendedero, cuestión que Santiago no se plantea por estar orgulloso de sus manchas. Los tres, sus tres formaciones, ondean flácidas al viento en el extremo derecho de la cuerda mostrando sus desvegüenzas cara al sol.

Tres tristes trapos ajados cuelgan en el tendedero electoral tapados por inmensos trapos rojigualdos cuya misión es que pase desapercibida su vetusta y obsoleta composición para la ciudadanía. Lo han conseguido en Andalucía y lo conseguirán en España, donde la clientela electoral no mira más allá de la moda de temporada. La brainwashing machine cumple a la perfección el objetivo para el que ha sido diseñada: lavar los cerebros incautos y vender con reiteradas mentiras los trapos viejos como seda natural.

Ante la imposibilidad o la negativa a lavar sus ideologías, las derechas han optado por su viejo y exitoso recurso de lavar los cerebros a la ciudadanía.

Elecciones: o derecha, o extrema derecha

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Si tu madre quiere un rey, la baraja tiene cuatro: rey de oros, rey de copas, rey de espadas, rey de bastos. (Federico García Lorca)

La demente derecha catalana de PDeCAT y ERC ha tenido la virtud de derechizar el mapa político español aún más de lo que ya estaba. Era su plan y lo han conseguido. El cateto nacionalismo catalán de derechas ha despertado al hibernado y peligroso nacionalismo neofranquista. El electorado ultraderechista captado por Alberto Rivera ha hecho virar al Partido Popular hasta el punto de elegir como caudillo a su clon Pablo Casado, ambos gestados in vitro en el laboratorio de FAES con los genes de Aznar.

La disputa por el voto de extrema derecha ha dejado al PsoE en ventajosa posición para cosechar el voto de centro derecha descuidado por PP y C’s, sabedor de que los fuegos artificiales lanzados por Pedro Sánchez volverán a embaucar a su feligresía de centro izquierda. Lo del Aquarius, lo del Valle de los Caídos o la lista de los beneficiados por la Amnistía Fiscal son publicitarias medallas de hojalata: brillantes de lejos, pero de cerca nada.

El electorado también ha reaccionado con radicalismo extremo al llamado de las arengas emitidas diariamente por los medios creadores de opinión al estilo goebbeliano practicado por aprendices de Queipo de Llano y Millán–Astray como Losantos, Sostres, Marhuenda, Inda y muchos otros. El panorama de banderas balconeras, pulseritas y rebuznos patrióticos propicia que el país, desdeñando la democracia sin comprenderla, vuelva a apoyar modos autoritarios al grito de ¡Vivan las cadenas!

Las combinaciones poselectorales pasan por el aciago bipartidismo de la transición utilizando el comodín de Ciudadanos, encomiable sostén de la corrupción y populista beneficiario carroñero del terrorismo etarra. España se debatirá entre dos posibilidades: o coalición PP–C’s de extrema derecha, o coalición PsoE–C’s de derecha, ambas fórmulas testadas en la Comunidad de Madrid, el gobierno de Rajoy o la Junta de Andalucía.

El descomunal balón de oxígeno que Alberto Rivera ha proporcionado al bipartidismo corrupto ha sido vital para la recuperación de ambos partidos como candidatos a volver a ser las listas más votadas. El PsoE, retomando el mandato impuesto por sus valedores alemanes y norteamericanos durante la transición, ha conseguido parar a la izquierda una vez más. Por su parte, el PP, en vías de desintegración, quizás no tenga tiempo de desactivar a C’s de la misma manera, pero Aznar ha vuelto para maniobrar intentando sustituir a su hijo Rivera por su hijo Casado.

Las catetas derechas catalanas y vascas mantendrán sus políticas extorsionadoras como hasta la fecha, sabedoras de que sus apoyos al gobierno central son económica y políticamente rentables con PP y PsoE. El bipartidismo nunca les ha hecho ascos y ha tapado sus fariseas aspiraciones independentistas con dinero aportado de igual forma por González, Aznar, Zapatero y Rajoy. Ha sido el PP, durante todo el periodo “democrático”, la mayor factoría productora de independentistas a la que, desde su epifanía política, se ha sumado con fuerza el partido de Alberto Rivera.

Por su parte, la izquierda, englobada en Podemos e Izquierda Unida, ha sido mermada por la propaganda del Régimen Borbón. Pero no debe achacar a la intensa, inmensa, cruenta y continua campaña en contra su actual situación: la izquierda no necesita que la apuñalen, se basta por sí misma para suicidarse. Mientras tanto, las élites empresariales, financieras, católicas y castrenses se frotan las manos y brindan entre ellas por el trabajo bien hecho. Como siempre.

¿Alguien vota a quienes gobiernan?

gobierno-de-EspanaTanto da quien preste su rostro para exhibirlo como una lombriz ensartada en el anzuelo de pescar votos. Tal vez incluso dé lo mismo votar que no votar, pues se acepta socialmente la actual dictadura como si de una democracia se tratase. Lo mismo dan colores, siglas y logotipos en un bazar electoral “todo a cien” donde lo único que importa es que el votante quede satisfecho, engañado pero feliz, alegremente embaucado, orgulloso de ser burlado.

Después de las municipales y las autonómicas, el patético espectáculo ofrecido por el PP y C´s ha elevado la mentira desde la categoría de sospecha a la de absoluta certeza. Ciudadanos ha respondido al deseo de quienes en tiempo récord lo han convertido en salvavidas para apuntalar el edificio bipartidista en grave riesgo de derrumbe. Rivera y su cuadrilla han dado una mano de barniz a la carcoma de la corrupción en Andalucía y en otras zonas de España. Con un código anticorrupción en la mano han pactado con todos los corruptos posibles a izquierda y derecha, sin siquiera taparse la nariz, con total transparencia.

La otra derecha, la de toda la vida, la radical y extremista, el Partido Popular para que se entienda, también ha competido con fuerza en patetismo y posibilismo. Han ocurrido en ayuntamientos, diputaciones y parlamentos autonómicos numerosos casos de candidatos electos depositados por el PP en la papelera de los pactos como clínex sin dignidad por exigencia de Ciudadanos para otorgar el mando. Estos días estamos viendo a Cristina Cifuentes arriar las bragas ideológicas de su partido ante C’s, con la bendición de Génova, para mantener algo de poder al precio que sea.

Completa el patético cuadro del posibilismo mendaz la más moderada de las derechas, la del centro derecha, la que hasta hace cuarenta años era, moderada también, centro izquierda, el PsoE. Susana Díaz, con la mayoría absoluta de los andaluces en su contra, se ha visto obligada a aceptar la caridad ofrecida por C’s, una cura de humildad que ha dado alas a su enemigo íntimo dentro del partido. Venido arriba, Pedro Sánchez ha visto con nitidez dónde echar la caña para evitar mayor descalabro y no ha dudado en competir con las derechas en tamaño de bandera para pescar los votos que la izquierda le niega.

Aún siendo estos rufianes y perillanes una dolencia grave, son las gentes que les dictan políticas y programas el verdadero cáncer de la democracia. La pandemia neoliberal procede de devastadoras cepas de Wall Street y la City de Londres y su mutación más virulenta, la troica, está focalizada en la Cancillería alemana. Existen laboratorios, el G7 o el Club Bilderberg, que se desviven, junto a las agencias de calificación, para asegurar la metástasis.

Sin listas, sin programas, sin diálogo, sin consensos –no va con ellos la democracia– Cristine Lagarde, Mario Draghi, Francisco González, Patricia Botín, Antonio Brufau, Isidoro Fainé y otros son realmente los amos de los votos. Siempre se vota a ellos, sólo a ellos, sea de quien sea la cara del cartel, el logotipo de la papeleta o los nombres y apellidos de una candidatura. Y si no, como a Grecia, amenazas, evasión de capital generalizada y la porra pendiendo sobre las cabezas como antesala de la metralla si hiciera falta, que no lo descartan.

Se avecinan las generales tras casi dos años de una campaña que arreciará durante las próximas semanas. Ya no hay informativo, tertulia y espacio público o privado donde no se denoste el populismo –sólo el de izquierdas, claro– y se criminalice a los enemigos de financieros y empresarios. Volverán a seducir al pueblo con promesas vergonzantes y negarán los 20.000 millones de recortes, exigidos por la troica para el próximo año, por tres veces si fuese necesario. Conviene recordar que votar a los citados al principio es legitimar el gobierno en la sombra que imponen los mercados, poner la cama y abrir las piernas.

España entre dictaduras

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La historia reciente de España coloca a su gente en condiciones inmejorables para lo que se le viene encima. Cuarenta años con la cerviz doblada hablan de un pueblo amansado con la música militar tarareada por el dictador, el clero y las élites franquistas. Sólo los beneficiarios del golpe de estado llamaron a ese tiempo sangriento 40 años de paz, ampliados sin pudor a 70 por sus herederos, hoy en La Zarzuela y La Moncloa, en las monedas de 200 euros.

El español medio asume cristianamente que algo habrá hecho para merecer cualquier adversidad y confía su suerte a la intercesión divina, del capataz o del señorito antes que a la razón y la justicia. Es capaz un español de acatar con infinita obediencia, y en ocasiones deleite, lo que la autoridad ordene. España es un país especialmente dotado para malvivir bajo dictaduras en silencio, separado de su dignidad y de espaldas a la libertad.

La indolencia social mostrada bajo el franquismo llamó la atención de la sociología que la atribuyó al terrorismo practicado por el dictador Franco. Esa indolencia ha mutado en una desidia colectiva que mantiene la falsa paz social ante los dictatoriales ataques a lo público y al bienestar por parte del Partido Popular. Algunas víctimas del neoliberalismo se sienten culpables, como predica la radical derecha, de haber vivido por encima de sus posibilidades. Otra parte de la población, minoritaria aún, se rebela, presenta y vota alternativas calificadas como fracasadas por el sistema.

España está preparada para, como proclama la derecha, asumir la receta económica de mayor éxito, la que valora el triunfo económico muy por encima del fracaso social, la de mayor crecimiento y la más competitiva del mundo: la de China. Esta piltrafa de país con himno militar va a pasar en apenas tres generaciones de una dictadura fascista a una dictadura comunista maoísta en la que sobrevivirán las cucarachas, la monarquía, el bipartidismo y el clero.

El presidente de Mercadona declaró que los españoles debían aprender de la cultura laboral china, en sintonía con la CEOE, la banca, el FMI, el BCE y demás instituciones de carácter no democrático. Dicho y hecho: en un par de años el gobierno ha concedido a España el privilegio del trabajo esclavo golpeando y encarcelando a quienes se niegan a aceptarlo y osan criticarlo. Para aguantar eso y más, está el pueblo español sobradamente entrenado.

Europa ha dado un paso de gigante hacia la dictadura neoliberal al empobrecer a la masa social y posteriormente hacerla competitiva, sojuzgarla, esquilmarla y explotarla. La dictadura europea satisface a los faraones del G7, el Club Bilderberg y otros grupos mafiosos y criminales que controlan los mandos de parlamentos y senados. Es a ellos a quienes habría que derrotar y sin embargo han sido sus representantes del PP, el PSOE y Ciudadanos los receptores de la mayoría de los votos.

Donde la decencia ha triunfado (Madrid, Barcelona, y algunas ciudades más) la furia radical de la derecha, la política y la mediática, se ha desatado. Auguran el fin de la democracia porque se ha votado en contra de los intereses de los dictadores, de los inversores, de los mercados. Silencian sin embargo, como cómplices ratas, que el Tratado de Libre Comercio entre la UE y USA, el TTIP, será la puntilla definitiva que selle la tapa del ataúd de la democracia. España está más que preparada y espera, en silencio, sumisa y callada, afrontar una nueva dictadura, la más cruel que imaginarse pueda: la del neoliberalismo sin entrañas.

Rajoy, trituradora neoliberal

marionetaRajoyEra imposible. La capacidad del presidente Rajoy para avergonzar a los españoles parecía no tener límite. Su IEP (Índice de Estulticia Personal) parecía llamado a figurar con letras áureas en ese libro de los récords que mide la estupidez humana a nivel mundial. También parece imposible que haya mantenido el tipo sobre la silla, esperando las embestidas de los españoles, incluido su propio partido, casi cuatro años.

El sandio presidente ha dicho que reconoce errores y cambiará todo, menos la economía.

El presidente ha sido sincero, penosamente sincero, y ha delatado lo que se sospechaba de él. Alberti, vía Calderón de la Barca, tituló su libro, su canto a los clásicos del cine cómico mudo, “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”. El presidente llegó tonto a la Moncloa y saldrá de ella siendo dos tontos, bien pagados ambos. Se sospechaba y se confirma: Mariano no es humano, sino una marioneta empalada por los brazos de decenas de ventrílocuos que han hablado por su boca durante casi cuatro años.

La pose más necia de Mariano balbucea que no va a cambiar la economía.

El presidente que ha negado hasta la saciedad la corrupción de su partido hizo sus pinitos como bobo mayor del reino con la gestión de los hilillos de plastilina del Prestige. El presidente que niega y reniega el rescate a la banca se asoma al balcón de la corrupta sede de su partido y no ve en la calle más que tontos porque “hay que ser muy zoquete para votarme”, se murmura a sí mismo. Quizás lo más humano de la marioneta que nos preside hayan sido sus comparecencias en plasma.

Insisto: el presidente reitera que no cambiará la economía.

Hay que ser muy tonto, tal vez el más tonto de los tontos posibles, para hundir la RTVE y ahuyentar a la ciudadanía de dos canales y varias emisoras, dejando la audiencia a los pies de alternativas menos zafias, burdas y chabacanas. Y más tonto si cabe es pretender que el fracaso electoral se debe a unas televisiones cansadas de la monotonía delictiva y judicial protagonizada por cientos de cargos públicos del PP.

No va a cambiar la economía. Mariano lo cambiará todo, menos la economía.

Costaba trabajo creer que el presidente se creyese sus mantras de que la crisis ha terminado, que el país está en plena recuperación y que se crea empleo, mucho y de calidad. Y lo peor no es que se lo diga al pueblo, de su talla intelectual, que ha vuelto a votar PP en las pasadas elecciones tras sufrirlo casi cuatro años en el poder. No. Lo peor es que no se le cae la cara de vergüenza cuando lo suelta, tal cual, en foros internacionales donde interpreta sobradamente el papel de bufón de la corte.

Lo está haciendo de maravilla, no tiene por qué cambiar la economía.

El partido en el poder ha pensado que meter el dedo en la llaga de ETA o airear Venezuela y Cuba como fantasmas le iba a deparar los mismos votos de siempre. El Partido Popular se ha mostrado como un partido netamente populista y más dictatorial que sus criticados, con hechos, además de con palabras. La miseria en Venezuela está muy por debajo de cómo la encontraron los bolivarianos a pesar de la jugada petrolera de USA en la zona. La miseria y la desigualdad en España están muy por encima de donde las encontró el gallego neoliberal. Son su herencia.

Tiene muy claro que no cambiará la economía. El presidente, digo.

Representan un peligro no ya la marioneta, sino los brazos que, desde la zona más baja de su espalda, mueven su cuerpo y su boca. Son peligrosas gentes como Esperanza Aguirre, Ana Palacio y muchos cargos públicos del PP con el guerracivilismo desatado, las trituradoras de papel a pleno rendimiento, los trituradores de periodistas golpeando y amenazando y la policía identificando a los agredidos. España es cada día que pasa un poco menos democracia, un poco más dictadura.

La economía neoliberal ha triturado España. El problema, precisamente, es la economía… ¡idiota!