Safari ideológico

15M

Juventud sin futuro, sin curro, sin casa, sin pensión, sin miedo”, decían las pancartas, escritas desde la realidad cotidiana, en la primavera de 2011. La sonada y sonora manifestación de primeros de abril era el polen que sacudió la colmena e incomodó a la abeja reina y su corte de zánganos. La juventud acosada por los desmanes de apicultores desalmados se echó a la calle, sin miedo, de forma espontánea, y comenzó el safari. Ya hubo, en aquel momento, quien los marcó con el hierro de etarras y antisistemas, de radicales y comunistas manipulados.

Al mes siguiente, el 15 de mayo, cosas de la primavera, la Puerta del Sol y muchas plazas de España quedaron polinizadas y florecieron tiendas de campaña, megáfonos, ideas y palabras, malas hierbas que habían de ser fumigadas. La cutre y añeja prensa, junto a la rancia y mísera derecha, provistas ambas de demócratas mascarillas, exigieron a los perroflautas –descrédito novedoso– actuar según las reglas del sistema, de “su” sistema. Y lo hicieron. Miles de personas dedicaron su tiempo y sus necesidades a articular el descontento y presentarlo, sin traje ni corbata, como alternativa a las carnívoras plantas que plagan el jardín de la democracia.

Y, llegado el PP al poder, el safari derivó en cacería hasta que, tras los resultados de la europeas, se tornó en feroz carnicería, en una indiscriminada matanza que aún colea hoy día. Se atisbaban en la prensa caninas cualidades para la presa y la caza, complementarias a la docilidad y faldero comportamiento para con sus amos, que con creces han demostrado y siguen demostrando. Los amos, los capataces del cortijo y aspirantes a ello, el PP, el PsoE y los partidos adocenados, se han calado el salacot y empuñado los rifles para disparar sobre las piezas que los perros para ellos han cobrado.

Parece ser, quedan por ver los resultados electorales, que Podemos, la calle, ha sido acorralado y es en ese estado cuando la prensa de presa y la vieja política más están disfrutando de sus bocados y disparos. En los safaris hay tanto gatillazo, tanto tiro cruzado, que puede resultar algún cazador cazado hasta por su propia ineptitud, por su propio disparo. El objetivo del bipartidismo no es tanto abatir piezas como no resultar abatido de forma definitiva y en ello anda, de muerte herido, enfrascado.

A veces, para atacar a las piezas en su madriguera, se emplean animales de semejantes características a los perseguidos como es el caso de hurones y comadrejas. Los medios han lanzado a Ciudadanos para asegurar las galerías por donde escapan por millones votos jóvenes indignados y viejos votos sin marchitar, defraudados, aún frescos y lozanos. El tiro les ha salido por la culata porque están desangrando, todavía más, el obsoleto y peligroso cuerpo de la derecha tradicional.

Podemos ha cazado al sistema por la izquierda, sólo nominal, del PsoE y la esclerótica de IU. Ciudadanos ha cazado el sistema por la derecha del PP y de UPyD. El bipartidismo está herido, esperemos que de muerte y de forma definitiva, por sus propios errores, por sus continuados disparos sobre la ciudadanía, un ejemplo de cazador cazado. Es de esperar que los recién llegados aprendan de errores ajenos para no repetirlos llegado el caso.

Pero no todo lo que le sucede al bipartidismo es negativo y aciago. A río revuelto, ganancia de pescadora en el caso de Andalucía. Susana Díaz puede darse con un canto en los dientes si obtiene mayoría con el peor resultado de la historia de su partido porque a ella y a su partido lo que les ha incomodado ha sido el cotidiano roce con la izquierda durante tres años. Ellos y ella son más de pactar con las derechas –CiU, PNV, PA o PP si se tercia, aunque haga feo en su falaz decorado– y la subida de Ciudadanos en Andalucía es una oportunidad única para cogobernar sin sobresaltos, al gusto de los Botín, los Alba o los grandes empresarios. Sin dudarlo, sin pensarlo dos veces, sin reparos, aprenderán a pescar los andaluces de la mano de Ciudadanos. Más de lo mismo.

Desahuciemos a los fariseos del PP y del PSOE.

Está visto y comprobado: la corte farisea sólo blanquea los sepulcros cuando la fragancia de un cadáver sazona el ambiente, impregna la pituitaria y penetra en los alveolos pulmonares. Hasta ese momento cruel, la corte muestra su verdadero aspecto con el orgullo y la satisfacción del deber cumplido, del objetivo alcanzado. Las operaciones de blanqueo se realizan de forma apresurada, con meticulosidad casi profesional, y con los materiales y herramientas que se tienen más a mano, a veces blanqueando incluso los cadáveres.

Soy una de esas personas absurdas y utópicas que distraen sus pesares alzando la voz contra la injusticia cada vez que tengo ocasión. Soy una perroflauta alienada por la izquierda radical que participa en las manifestaciones políticas que tanto molestan a los poderes y que no sirven para nada útil. Soy, a los ojos de la derecha de bien, una hija de papá, con la vida alfombrada de billetes de 500, que persigue la utopía movida por un sentimentalismo snob para fardar ante las amistades entre caladas de porro y pijos cubatas de melancolía ácrata.

Desde que surgió el movimiento 15M, una de las reivindicaciones que han enrojecido mi garganta es el artículo 47 de nuestra Constitución. Desde que surgió el 15M, los dos partidos mayoritarios han ejercido con escrupulosa eficacia la sordera social que les caracteriza y les distancia de nosotros, de sus votantes, del pueblo. Los consejos de administración de bancos y cajas, lupanares donde ejercen políticos y financieros, han prostituido la Constitución y han taponado los oídos de la democracia con cerumen de especulación caníbal, prebendas sobornantes y beneficios inmorales.

La acción solidaria, callejera y utópica de un puñado de soñadores trasnochados conocidos como “stop desahucios” ha puesto sobre el mantel de los almuerzos y las cenas de la gente de bien, insensible y acomodada ante la tragedia, el problema de miles de familias que han perdido su dignidad y sus derechos en las cuentas de resultados de empresas y bancos. Como sucede con las escenas de niños famélicos en las sobremesas navideñas, las conciencias manipulaban el mando a distancia hasta encontrar imágenes amables de gobernantes patrios en quienes descargar la indigestión.

Han bastado pocas muertes para que el miedo ante las intenciones de voto del CIS haya recorrido los pasillos de Génova y Ferraz y para que las cúpulas financieras intuyan que la muerte puede cambiar de bando en cualquier momento. La maquinaria partitocrática se ha puesto el mono de trabajo y se apresta con una velocidad inusual a blanquear los sepulcros y hacer suyo el reclamo de justicia que se escuchaba en la calle desde el 15M y que su sordera les ha impedido escuchar hasta ahora. Habrá entre sus simpatizantes quien les sigan creyendo, defendiendo y votando. A mí, personalmente me revuelven las entrañas ciudadanas y me dan náuseas democráticas.

La actuación farisea que están representando PP y PSOE es una mascarada tragicómica ungida de cinismo y manipulación y exenta de credibilidad popular. Este remiendo en el artículo 47 no deja de ser una operación cosmética improvisada ante unas trágicas muertes y el temor ante un efecto dominó. En la calle también hemos gritado hasta la afonía para reivindicar y proteger los artículos 35, 43, 27 y 50 de la Constitución cuyo incumplimiento y violación político-financiera aún no han sembrado cadáveres en las calles, pero que constituyen un verdadero genocidio social.

Seguiré tensando mis cuerdas vocales en la calle hasta su estallido para defender lo que es de todos, incluso de quienes me señalan con el dedo acusador de su inmovilismo. Mira por dónde, he vuelto a descubrir, a mis años, que las protestas y las manifestaciones, a veces, sirven de algo más que lamentarse y lamerse las heridas en el sofá de casa, en una reunión de tupperware o en la barra del bar. El 14N, otra vez, aunque no me gusten los convocantes, aunque los dedos señalen mis ideas y las lenguas escupan sobre mis actos. No me importa si sirve a la sociedad en su conjunto.

Entre todos y todas reclamaremos el desahucio de la corte farisea.

España: un cótel molotov.

Las guerras dejan demasiadas marcas siniestras en las culturas que las padecen y el lenguaje está lleno de marcas verbales que con el tiempo diluyen su origen y quedan en el habla coloquial con significados consensuados por la masa que las utiliza, muchas veces alejados de su origen militar. Cuando se bebe un tanque” de cerveza, nadie sufre ardores belicistas y las resacas por abuso suelen ser derrotas sin contiendas. Cuando se habla de “cóctel Molotov”, se piensa en un artilugio incendiario y no en la ironía del pueblo finlandés cuando, en 1939, respondió al Comisario de Asuntos Exteriores ruso Viacheslav Mólotov. Mólotov anunció por radio a la población finlandesa que su ejército no bombardeaba, sino que lanzaba alimentos. Los fineses llamaron a las bombas rusas “comida Mólotov” y su ejército respondió que si «Mólotov ponía la comida, ellos pondrían los cócteles».

La escena política española, desde la transición, ha aderezado nuestras vidas con ingredientes que durante años lograron atajar la indigestión del franquismo y pasar a una dieta democrática sin mayores complicaciones estomacales. Hemos vivido unas décadas de convivencia tolerante a pesar de que muchos residuos franquistas han permanecido como pinches en la cocina demócrata y muchos residuos republicanos han permanecido en el vertedero de la historia y en las cunetas de la geografía de muchas familias.

La Ley de la Memoria Histórica, un digestivo destinado a cicatrizar muchos paladares españoles dañados por el olvido institucional y el recuerdo familiar, encontró una fuerte oposición en el Partido Popular aduciendo que tal reparación era una afrenta al espíritu de la transición. Poco después, el juez Garzón decidió investigar los crímenes del franquismo y esto le convirtió en la última víctima de aquel régimen a manos de sectores ultraderechistas y del propio PP. Dos operaciones de cirujía reparadora se han convertido en una apertura en canal de la concordia por parte de quienes las han utilizado para llenar la cocina con la cuchillería oxidada de las dos Españas.

Ambos casos han desatado a una derecha que pensábamos superada por la famosa transición y desde las pantallas y la prensa no cesan de agregar combustible a la coctelera reivindicando el triunfo golpista de 1939 y culpando de ello a quienes no comulgan con su ideario. Desde la arena política, Aznar, Aguirre (ojo con ella), Cospedal y demasiada tropa de Génova no cesan de echar a la coctelera ingredientes facilitadores de la combustión. La exaltación del franquismo vive un momento dorado que permite al PP conceder honores a Queipo de Llano, impedir la retirada de honores a Franco, eliminar del callejero a poetas rojos, mantener en el callejero a franquistas o rendir homenaje a las tropas de Annual. Por su parte, Rosa Díez reclama la centralización del estado, Boadella reivindica el Cara al Sol y un Asesor de Álvarez Cascos pide tres días de fiesta para celebrar la muerte de Santiago Carrillo.

Por si fuera poco, en Cataluña han flameado las senyeras agitando el cóctel patriótico a niveles de ebullición y el PP y la derecha mediática han encontrado un chivo expiatorio a quien señalar como pirómano antes de que el fuego haga su aparición estelar. Queda por ver si las elecciones en Euskadi aportan ingredientes chispeantes al cóctel una vez que los incendiarios de ETA han cesado en su actividad. Y por si hubiera pocos cocineros, el rey se ha prestado a ejercer de maitre publicando una carta digna de cualquier recetario conspirador del pensamiento único.

El cóctel Molotov necesita una mecha para que la explosión y la expansión ígnea surtan los efectos esperados. Ahí están Cristina Cifuentes y Jorge Fernández Díaz, trenzando la cuerda e impregnando de parafina al 15M, al 25S, a los sindicatos, a las mareas, al saboteador del estadio de Vallecas y a todo el que tenga la ocurrencia de protestar en la calle en contra de su gobierno.

El lenguaje bélico, instalando en demasiadas bocas, está llegando a los hogares, a los corrillos de las plazas, a las colas del paro y a no pocas personas que por edad deberían protegerse del cóctel guerracivilista que nos están sirviendo en bandeja.

Si bombardean con estos alimentos, el pueblo debe permanecer firme en la dieta democrática, consumir lo necesario para el cuerpo y evitar que estalle el cóctel. Si los cocineros no están a la altura de los comensales, habra que cambiar de pinches o de cocina.

España: el picadero de Europa.

Mucho cuadrúpedo con aires de superioridad ahí dentro.

Las tierras, las tierras, las tierras de España,

las grandes, las solas, desiertas llanuras.

Galopa, caballo cuatralbo,

jinete del pueblo,

al sol y a la luna.

¡A galopar,

a galopar,

hasta enterrarlos en el mar!

Rafael Alberti – Poeta de albas crines

Cuando en el siglo XVI Diego López de Haro, por encargo de Felipe II, creó el caballo de pura raza española, España se convirtió en un inmenso picadero donde la historia se ha escrito a golpe de pezuña y de fusta en demasiadas ocasiones. En las circunstancias actuales, qué duda cabe, el caballo perfecto sería de pura raza alemana.

Uno de los caballos pioneros en la redacción de la historia de España fue Babieca, famoso por haber posibilitado que Rodrigo Díaz de Vivar ganase una batalla después de muerto. Este singular equino ha vuelto a repetir la gesta posibilitando hoy que Franco, montado a la grupa del PP, haya vuelto triunfador a coger el timón del país casi cuarenta años después de su muerte. El Partido Popular, cual caballo de Troya, es el ardid que ha permitido al posfranquismo invadir la democracia desde dentro y arrasar las murallas del estado del bienestar.

Rocinante, otro noble cuadrúpedo, contempla junto a Sancho Panza y su modesta montura cómo se descompone su idealizada Castilla y cómo la iglesia vuelve a cruzarse en su camino. Ante el triste panorama que se ofrece a sus ojos, Don Quijote, erguido en su caballo, exclama en un momento de lucidez máxima: “Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia”. Estas sabias palabras han servido para que millones de españoles se echen a la calle a partir del 15M a la espera de que aparezca Tornado montado por un nuevo Zorro justiciero.

En su intento para reprimir tal locura quijotesca, el caballo de bastos ha salido a la calle montado por el ministro de interior junto a la sota de bastos Cristina Cifuentes y al caballo de espadas montado por Felip Puig, los tres dispuestos a defender al caballo de oros, montado por De Guindos, y a la sota de Oros Montoro, un full que supera en mucho al mismísimo séptimo de caballería. Y si esto no fuera suficiente, en la cuadra de la Moncloa tiene Pedro Morenés preparado su caballo Clavileño, relleno de bombas de racimo y otras sutilezas bélicas en plan disuasorio o preventivo.

Como estamos comprobando, las acciones de gobierno y los recortes se están materializando con un criterio ecuestre comparativo basado en los huevos del caballo de Espartero y los miembros del gobierno parecen inmersos en una carrera para ver quién los tiene más grandes. Todo ello bajo la supervisión que desde la FAES realiza la mula Francis en cuerpo y alma.

Desde la cuadra gubernamental, a los ciudadanos se nos trata como asnos, burros, acémilas, borricos, rucios, jumentos, pollinos, garañones, onagros o ruchos, es decir tratando de añadir desprecio y altanería al concepto que del pueblo tienen. Nada que objetar desde la admiración y la humanidad que desprende una figura tan española como Platero.

El día que se acabe la cebada, muchos habitantes temporales del Congreso y del Senado seguirán rebuznando como hasta ahora, aunque no sabrán desenvolverse sin los cabestros que rodean sus cabezas.

Izquierda Unida en el pesebre

Aparece en los medios de comunicación una noticia relacionada con nuevos casos de nepotismo practicados por la Junta de Andalucía. La noticia sería una más relacionada con esa lacra que aleja cada vez más a la ciudadanía de a pie de la casta política profesional si no fuera por el hecho de que, esta vez, quien la practica es Izquierda Unida, coalición que hasta hoy ha enarbolado la bandera de la transparencia y que se proclamó capitana de la lucha contra la corrupción.

En el preámbulo a la formación del gobierno de la Junta, el aire fresco pareció entrar por la ventana asamblearia que supuso la consulta a la militancia sobre la conveniencia o no de formar parte de un gobierno cuyo socio mayoritario nada en la corrupción y los oscuros manejos de la política de partido. El referendum propuesto a las bases no tenía la claridad necesaria, a imagen y semejanza del referendum sobre la OTAN, y nacía cojo al faltarle el debate necesario para dejar claras y meridianas las diferentes posturas que se barajaban.

Ganó la postura “oficial” de asumir el compromiso de gobierno. La postura fue matizada hasta la saciedad para intentar validar el mensaje de que, desde el gobierno, se atajaría la corrupción y se plantaría cara a las políticas neoliberales practicadas por el PSOE y por el PP.

Ya está IUCA en el gobierno y podemos comprobar con desánimo y frustración que la trinchera de la izquierda se ha pertrechado con los mismos discursos que la trinchera neoliberal del PP y la trinchera liberal del PSOE: “la culpa es de otros”, “recortamos para no despedir” o “no tenemos más remedio que…”. Para este viaje no se necesitaban alforjas, ni era imprescindible mostrar al votante propio y al ajeno que la alternativa es más de lo mismo.

Para colmo, el alejamiento de IUCA de sus bases y, sobre todo, de ese electorado rebelde al que tanto esfuerzo ha costado convencer se está realizando por el peor de los caminos, demostrando una sordera ante el clamor de la calle (el 15M dice que no hay pan para tanto chorizo) y una ceguera política (¿nadie, en la dirección andaluza de IUCA, ve nítidamente que se está haciendo lo mismo que se criticaba?) que equipara el discurso de la coalición con el discurso partitocrático de PP y PSOE.

Ahora, cabe esperar que la calle de un paso atrás en el apoyo a IUCA y la señale con el dedo acusador y el dardo dialéctico de “todos sois iguales”, ante lo cual no tendrá otra opción más digna que la callada y el rubor político de sentirse una defraudadora ilícita de ilusiones y esperanzas.

La situación generada por las colocaciones a dedo de la hija de Meyer y el hermano de Centella, por ahora, debe provocar un motín de las bases que exija la salida inmediata del gobierno andaluz en vista de la incapacidad mostrada para aplicar políticas de izquierdas y a la luz del lamentable y peligroso espectáculo de nepotismo exhibido por no se sabe bien qué comisión negociadora o qué sector de la coalición.

Al motín habría que sumarle la exigencia de democracia real interna y la regeneración de canosos militantes que llevan demasiado tiempo instalados en la primera línea política y que ofrecen una imagen profesional de la política claramente nociva y obstructora para conectar con el pueblo.

Para gobernar de espaldas a los votantes y practicar políticas y vicios neoliberales, ya están el PP y el PSOE.

Camisas y política nacional

Los nuevos descamisados

Durante los dos últimos años se ha venido practicando en el ruedo ibérico una nueva forma de hacer política que ha dado lugar a un novedoso concepto: la política fashion. A partir del 15M, los políticos profesionales han pasado a un segundo plano ético y político superados por la protesta espontánea y anónima de millones de personas que se echan a la calle periódicamente para protestar, entre otras cosas, por el problema que para España y la propia democracia supone la propia clase política. La voz del pueblo se acompaña de modestos y variados carteles -alejados de la uniformidad pactada de las manifestaciones “oficiales” de sindicatos y asociaciones tradicionales- y con camisetas y otros símbolos que se lucen públicamente durante y después de las manifestaciones para expresar públicamente un rechazo o un apoyo hacia una causa concreta.

Lejos quedan las campañas electorales de los 80 en que Alfonso guerra arengaba a los descamisados desde la tribuna a la par que iba renovando las camisas de su fondo de armario. Fueron estas camisas símbolos recurrentes de la demagogia practicada en aquel momento ante un pueblo que acababa de salir de un periodo en el que las camisas viejas o las camisas azules eran símbolos de un horror demasiado reciente a punto de acabar.

Ahora, las manifestaciones han pasado a llamarse “mareas” y se apellidan con el nombre de un color -verde, violeta, amarilla o negra- en alusión a las camisetas reivindicativas que portan sus integrantes. Hasta los hemiciclos nacionales o autonómicos han llegado estas camisetas portadas por representantes del pueblo, como apoyo a tal o cual causa, que han sido amonestados por los rectos presidentes de las cámaras por apartarse de lo políticamente correcto. Como se ve, hasta en cuestiones de moda se muestran los estamentos políticos distanciados y distantes del pueblo que les vota.

Con la llegada del PP al gobierno central, la derecha política y la derecha mediática han hecho causa común para criminalizar estos movimientos ciudadanos que les restan protagonismo y amenazan su hegemonía en el ordeno y mando. Los ataques son tremendos, prohibiendo en actos públicos e incluso en las aulas de algunos centros el uso de las camisetas como forma de reivindicación, prohibiendo, en última instancia, la reivindicación misma y amputando la libertad de expresión.

Parece que el PP, al calor de la crisis, no se conforma sólo con cercenar derechos y libertades, sino que tiene la tentación de proponer la camisa nueva que cantaban sus mayores (y algunos que aún continúan en la brecha del poder) como uniforme en su nueva y refundada España, aunque haya que recurrir a los tradicionales métodos de sangre y fuego que forjaron aquella España grande y libre con los mismos protagonistas. Asturias, donde la Guardia Civil ha hecho que los mineros vuelvan a lucir una camisa roja de sangre de un compañero, da fe de ello.

 La verdad, la libertad y la democracia están cada vez más desnudas.