Votar, no votar o ¿qué votar?

bicicletaEl optimismo exige cada día mayores dosis de ceguera, excepto en el caso de que sea usted alguien que disfruta con la desgracia ajena. Ya sabe… banquero, consejera de Endesa, ejecutivo de Telefónica, fabricante de armas, presidenta de multinacional… gente hecha a sí misma con la mochila de los escrúpulos completamente vacía y sus cuentas corrientes al borde de la saturación. Esta gente, que ha aprendido a cumplir sus objetivos renunciando a su humana condición como premisa indispensable para alcanzar la felicidad, sueña con figurar en la lista Forbes.

Son el tipo de gente que reparte granos de optimismo calculados, dosificados, a esa sociedad de la que extraen, por cada grano, montañas del milenario oro llamado plusvalía. Son insaciables y pretenden ser invisibles llamándose mercados. No le dé más vueltas, abra los ojos si aún no se los han sacado, mire a su alrededor: son ellos y ellas, apóstoles de la codicia, quienes gobiernan y mandan. O mejor no mire, para evitar la pulsión de tomar las armas: muy poca gente lo entendería y sería usted víctima de la sospecha ciudadana.

Más reales son los personajes que aparecen en los medios, en carteles, folletos o farolas, los que asaltan los buzones como candidatos a los que usted votará y que gobernarán a capricho de los anteriores. A estas alturas, la estafa, la reforma laboral y la recuperación han barrido el optimismo de la mayoría social. Como ejemplo, el pacto entre patronal y sindicatos para subir el 1% unos salarios devaluados entre el 10 y el 40% es una broma de mal gusto. Para Báñez y Rajoy es motivo de optimismo, para patronal y banca de orgullo y satisfacción por la reforma laboral impuesta y para Toxo y Méndez debería ser motivo para el exilio.

Desde el 15M los focos alumbran a la corrupción como problema estrella de la política española. Que PP y PSOE sean completos catálogos de chorizos y chorizas con mando en plaza no debiera preocupar más allá de la inverosímil querencia de la mayoría de los españoles a ser robados y estafados con el aval de sus votos. Rajoy, Aguirre, Chaves o Griñán escurren el bulto de forma burda y zafia, declaran incorruptos a sus partidos y la ciudadanía los sigue votando casi en masa. Esto sería inconcebible, patológico, si no estuviésemos en España.

La verdadera corrupción, la que debiera hacer saltar las alarmas, son las políticas practicadas por ambas formaciones en contra de los intereses del pueblo. Zapatero y Rajoy disfrutaron de un orgasmo simultáneo al modificar la Constitución para bendecir el robo de los “inversores”. Ahora que están en campaña, no les importa hacer el ridículo como llevan haciendo cuarenta años: mintiendo a boca llena. Da grima ver en bicicleta, promocionando la energía sostenible y la vida saludable, a las mismas y los mismos que penalizan el panel solar y subvencionan a la industria del automóvil como no han hecho con cualquier otro sector productivo.

Para calmar ánimos, en exceso calmados, la Europa de la banca y del mercado se ensaña con la Grecia que ha votado una opción menos rentable para ellos. La memoria es fugaz y ya nadie quiere recordar que la corrupción griega es siamesa de la española, iniciada por los Coroneles (aquí un Generalísimo) y rematada por liberales y neoliberales (aquí PSOE y PP). Las dictaduras militares y los gobiernos civiles siempre han salido de la cocina capitalista global y ahora, con una manzana en la boca, nos preparan para asarnos en la parrilla del TTIP, el culmen de la corrupción a gran escala.

Hoy que lo de Podemos va quedando en gatillazo, que IU ha vuelto a caerse de la cama y que Ciudadanos aporta al burdel patrio chulos frescos con los proxenetas conchabados, votar está muy complicado. El “que se jodan” de Andrea Fabra es el grito de guerra de los mercados, el que mejor define la pesimista realidad española: si les votamos, nos jodemos y, si nos abstenemos, también nos jodemos. Por primera vez en mi vida, no lo tengo claro. ¿Sería una opción votar lo que más les joda a ellos?

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El cuento de Podemos

podemosSucedió en España, no hace mucho –de hecho, aún sucede–, que la gente se sintió indignada por el modo altivo, prepotente y rufianesco con que sus gobernantes actuaban y castigaban. Cosa prodigiosa fue ver que las calles y las plazas se llenaban sin que mediara gesta deportiva, desfile de famosos o la presencia de un Papa. Las calles, como digo, se llenaron de gente de clase media y baja para protestar y reclamar una oportunidad para la esperanza.

La clase política, fue entonces cuando comenzaron a llamarla casta, se preocupó, nerviosa se puso, se sintió amenazada. Hubo pánico entre caciques por los cuatro costados de España cuando la juventud se apropió del espacio público con altavoces y tiendas de campaña. Mano dura exigió el Partido Popular, buen rollito ofreció Rubalcaba y así, durante un año, protagonistas de la política fueron calles y plazas, hasta el punto de ser referencia mundial el movimiento de los indignados, la nueva marca.

Ganó el PP las elecciones, criminalizó las protestas, despreció la voz del pueblo y desalojó las plazas con brutalidad policial en desproporcionadas cargas. La soberbia y autoritaria derecha dijo, en su boca una infamia, que así no se arreglan las cosas, que el país vivía en democracia y que la indignación pasara por las urnas para ser homologada. Tertulianos sin escrúpulos, periodistas de pluma comprada y vividores corruptos –más de tres o cuatro, por cientos se cuentan– exigieron un partido para escuchar el ciudadano programa.

Ocurrió que el guante participativo fue recogido y la turbamulta se hizo partido, Podemos se llama, aclamado por el pueblo y por las élites temido. Al frente, para dar la batalla, se situaron personajes de andar por casa, sin experiencia política y de novedosa estampa. Quisieron los medios hacer de ellos espectáculo, subir las audiencias y ganar dinero con las cuotas de pantalla. Iglesias, Errejón, Echenique, Rodríguez y Monedero las nuevas estrellas se llaman. La estética hippy, la coleta, la silla de ruedas o el chaleco sin mangas fueron objeto de críticas y de chanzas por parte de las élites que dicen representar a la gente como Dios manda.

A toda prisa, contrarreloj, improvisaron candidatura para las europeas, las primeras votaciones a las que se presentaban. Un pasmo recorrió los espinazos de quienes ellos llaman casta al ver que conseguían nada menos que cinco actas. En guerra abierta se tornó la plácida batalla cuando periodistas, tertulianos, banqueros, empresarios, Génova y Ferraz sacaron la artillería pesada. De comunistas, bolivarianos, radicales, violentos y perroflautas les tildan con descaro para ver si el apoyo popular socavan. Por un contrato de 1.800 euros y una factura de 400.000, como a corruptos los tratan quienes han vendido el país a sus socios y amiguitos del alma.

Sucede hoy día que para salvarse de la quema y guardarse las espaldas, las derechas políticas, financieras, empresariales y mediáticas han recurrido a Ciudadanos que por allí pasaba. Caballero trajeado, bien afeitado, juvenil, fina estampa, Albert Rivera es la nueva estrella política y mediática, utilizada como crucifijo, ristra de ajos, martillo y estaca para combatir al vampiro de votos, el anticristo con coleta que al negocio parlamentario amenaza.

Pero es Pablo Iglesias, para Podemos y para sí mismo, la mayor amenaza desde que verticalizó el partido, la participación y la esperanza. Si no eres de izquierdas ni de derechas, si no estás con el pueblo ni con la casta, corres el riesgo de perderte, de acabar en la nada, como muestran los sondeos y los círculos en desbandada. La situación de Podemos y la figura de Pablo Iglesias quedan en un soneto de Padadú, bloguero compañero, poéticamente retratadas.

Safari ideológico

15M

Juventud sin futuro, sin curro, sin casa, sin pensión, sin miedo”, decían las pancartas, escritas desde la realidad cotidiana, en la primavera de 2011. La sonada y sonora manifestación de primeros de abril era el polen que sacudió la colmena e incomodó a la abeja reina y su corte de zánganos. La juventud acosada por los desmanes de apicultores desalmados se echó a la calle, sin miedo, de forma espontánea, y comenzó el safari. Ya hubo, en aquel momento, quien los marcó con el hierro de etarras y antisistemas, de radicales y comunistas manipulados.

Al mes siguiente, el 15 de mayo, cosas de la primavera, la Puerta del Sol y muchas plazas de España quedaron polinizadas y florecieron tiendas de campaña, megáfonos, ideas y palabras, malas hierbas que habían de ser fumigadas. La cutre y añeja prensa, junto a la rancia y mísera derecha, provistas ambas de demócratas mascarillas, exigieron a los perroflautas –descrédito novedoso– actuar según las reglas del sistema, de “su” sistema. Y lo hicieron. Miles de personas dedicaron su tiempo y sus necesidades a articular el descontento y presentarlo, sin traje ni corbata, como alternativa a las carnívoras plantas que plagan el jardín de la democracia.

Y, llegado el PP al poder, el safari derivó en cacería hasta que, tras los resultados de la europeas, se tornó en feroz carnicería, en una indiscriminada matanza que aún colea hoy día. Se atisbaban en la prensa caninas cualidades para la presa y la caza, complementarias a la docilidad y faldero comportamiento para con sus amos, que con creces han demostrado y siguen demostrando. Los amos, los capataces del cortijo y aspirantes a ello, el PP, el PsoE y los partidos adocenados, se han calado el salacot y empuñado los rifles para disparar sobre las piezas que los perros para ellos han cobrado.

Parece ser, quedan por ver los resultados electorales, que Podemos, la calle, ha sido acorralado y es en ese estado cuando la prensa de presa y la vieja política más están disfrutando de sus bocados y disparos. En los safaris hay tanto gatillazo, tanto tiro cruzado, que puede resultar algún cazador cazado hasta por su propia ineptitud, por su propio disparo. El objetivo del bipartidismo no es tanto abatir piezas como no resultar abatido de forma definitiva y en ello anda, de muerte herido, enfrascado.

A veces, para atacar a las piezas en su madriguera, se emplean animales de semejantes características a los perseguidos como es el caso de hurones y comadrejas. Los medios han lanzado a Ciudadanos para asegurar las galerías por donde escapan por millones votos jóvenes indignados y viejos votos sin marchitar, defraudados, aún frescos y lozanos. El tiro les ha salido por la culata porque están desangrando, todavía más, el obsoleto y peligroso cuerpo de la derecha tradicional.

Podemos ha cazado al sistema por la izquierda, sólo nominal, del PsoE y la esclerótica de IU. Ciudadanos ha cazado el sistema por la derecha del PP y de UPyD. El bipartidismo está herido, esperemos que de muerte y de forma definitiva, por sus propios errores, por sus continuados disparos sobre la ciudadanía, un ejemplo de cazador cazado. Es de esperar que los recién llegados aprendan de errores ajenos para no repetirlos llegado el caso.

Pero no todo lo que le sucede al bipartidismo es negativo y aciago. A río revuelto, ganancia de pescadora en el caso de Andalucía. Susana Díaz puede darse con un canto en los dientes si obtiene mayoría con el peor resultado de la historia de su partido porque a ella y a su partido lo que les ha incomodado ha sido el cotidiano roce con la izquierda durante tres años. Ellos y ella son más de pactar con las derechas –CiU, PNV, PA o PP si se tercia, aunque haga feo en su falaz decorado– y la subida de Ciudadanos en Andalucía es una oportunidad única para cogobernar sin sobresaltos, al gusto de los Botín, los Alba o los grandes empresarios. Sin dudarlo, sin pensarlo dos veces, sin reparos, aprenderán a pescar los andaluces de la mano de Ciudadanos. Más de lo mismo.

Agripina y Kill Bill, candidatas PP

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La nave de Mariano hace aguas por el casco, gravemente dañado tras pasar por la quilla a casi la totalidad de la población española, y también por el puente de mando. El Partido Popular es un rosario de conspiraciones, un collage de cicatrices, un corro de dagas danzando por las espaldas, un brindis de cicuta con ginger ale. El aire huele a derrota y, sin cadáveres aún, los síntomas de la descomposición son la nítida señal que atrae y colora los picos de las gaviotas.

Sin primarias, la democracia digital del PP, el dedo de Mariano, ha proclamado candidatas para la batalla de Madrid. En un ambiente de desafección ciudadana, que afecta e infecta a todos los partidos, Aguirre y Cifuentes han sido nominadas para empapelar paredes y copar tertulias. Fruto de arduas negociaciones entre Mariano y Rajoy, ambas candidatas llegan de la mano del consenso entre Rajoy y Mariano. Aznar satisfecho y Albert Rivera preparada la caña para pescar osos.

Tras el vodevil protagonizado por Ana Botella, Esperanza ha forzado su elección como pepera garantía de que las cosas pueden, y deben, ir a peor para los madrileños. Unanimidad en el partido ante una mujer capaz de conspirar contra sí misma, presentarse como víctima y extraer ganancias de su suicidio calculado. Como Agripina la Menor, no hay patricio que la desconozca, plebeyo que no la tema ni esclavo o liberto a salvo de sus profundas aspiraciones y siniestras conspiraciones.

Su desmedido apetito político es insaciable y, recién nombrada candidata, ha retado al pusilánime César Rajoy a un pulso de poder. Ella quiere ser alcaldesa y presidenta del PP madrileño, dueña del palacio y de las cloacas, del bastón y de la vara de mando, de la victoria y de la derrota también. No quiere cabos sueltos, hilos alejados de sus dedos, cerraduras inmunes a su llavero, porque es una autócrata nacida para emperadora, no para emperatriz. Si vence, será la salvadora; si no, Rajoy habrá perdido y ella esperará su momento para ser presidenta, de su partido y de España.

Y si el pueblo madrileño ha soportado la alcaldía de Botella sin un estallido de vergüenza, Cristina Cifuentes ha demostrado con suficiencia estar preparada para sofocar cualquier estallido. Ella es un cíborg político de humana estampa y alma electrónica, capaz de obedecer cualquier orden con la lógica binaria de una autómata. En el disco duro de su proceder político están fichadas todas las mareas, todas las protestas, un censo completo de desafectos al régimen de sus programadores.

Kill Bill Cifuentes es la venganza del neofranquismo sobre una sociedad que le dio la espalda y se atrevió a pensar por sí misma y a expresar sus ideas en voz alta. Con ella en la delegación del gobierno, Madrid recuperó la época dorada de Fraga como dueño de la calle, las torturas de Billy el Niño y el esplendor de los sótanos de la Dirección General de Seguridad en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol. El tándem Cifuentes/Fernández Díaz es un anacronismo pertinente en esta vuelta al pasado que el Partido Popular ha impulsado en los últimos tres años.

Madrid es hoy la metrópoli decadente de un país decrépito como sus gobernantes. El PP ha puesto sobre el tapete a la reina de oros y a la sota de bastos, Agripinila y Kill Bill, para jugar la última mano en la partida del bipartidismo contra los naipes marcados de Carmona y Gabilondo. el discurso poético de García Montero, la incertidumbre de Podemos, la silla vacía de los tahúres de Ciudadanos y UPyD como mirón de timba. El bienestar y la dignidad de Madrid están en juego y el bipartidismo no da la talla, aunque nunca la dio y ahí estuvo siempre.

Dos tazas de derecha

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Estratégicamente, el PP está jugando sus bazas mucho mejor que políticamente. Sorprende que un partido zafio, felón y chabacano maniobre electoralmente con tan maquiavélica pericia en un momento de naufragio con la madera del casco podrida y la jarcia roída por las ratas. De manera inesperada, en lugar de quemar sus naves, la derecha se ha lanzado a quemar las ajenas utilizando para ello su clásico arsenal incendiario al que ha añadido el temido fuego griego.

Rajoy navega a remolque de los piratas financieros y empresariales que arrastran su nave al puerto ayudado tambien por los sumisos remeros mediáticos. El canto de sirena de la falsa recuperación ofusca a una parte del electorado que, sumada a los votos del Ibex, la CEOE y los púlpitos, le concede un porcentaje suficiente para superar las turbulencias por él creadas. Pero hay demasiados cayucos a la deriva ocupados por una mayoría de ciudadanos, vilmente arrojados a los tiburones por los suyos, que amenazan el atraque.

El mar zarandea los restos del PsoE destrozado en plena tormenta electoral por sus propios timoneles, un salvavidas de plata para el Partido Popular. Descartado el PsoE como amenaza electoral, todos los cañones apuntan y disparan con maestría la infalible munición de la corrupción sobre la nueva alternativa. Así, mediante lo único que en este país sigue siendo universal y gratuito, la corruptela, tratan de neutralizar el avance de la esperanza.

Las andanadas contra Podemos son un vano esfuerzo que dejan la gobernabilidad a merced de las olas de un pacto PP-PSOE ya vaticinado, asumido y ensayado. Ave carroñera como ninguna otra, la gaviota ha recurrido a la tripulación del yate de Ciudadanos para dividir el caladero de votos en mutuo provecho. En el momento oportuno, los genoveses han facilitado la entrada en escena de Albert Rivera, hijo de La Caixa, y los suyos prestándoles todo el apoyo de la logística mediática y financiera.

Esta segunda fase de la estrategia es arriesgada, pues el cebo del español con barretina es la misma mosca neoliberal utilizada por el PP, pero puede ser beneficiosa si C’s captura los miles de besugos que esperan recetas diferentes del nuevo candidato. La risa en Moncloa ha sido estrepitosa cuando han escuchado al joven y cándido Albert, traje demodé y pijamente encorbatado, maltratar a Andalucía igual que CiU, igual que el PP, igual que todos los que, considerando vago a su pueblo, no han dudado en explotarlo a lo largo de la historia.

Fría y calculadora, la maquinaria de Moncloa ofrece a C’s como alternativa juvenil y perfumada con Chanel a los adanes de Podemos y como sucedáneo amable de la lideresa magenta que sólo se quiere a sí misma. Divide et impera. No importan los votos propios que puedan perder si ello les permite presentar como triunfo una bajada porcentual del rival, y menos cuando el beneficiado es un reflejo del propio PP. Para un pueblo harto de derecha, ofrecen, como novedad, dos tazas.

Mientras arrecian sucios golpes políticos y mediáticos sobre Podemos, mientras la troica extorsiona al pueblo griego para evitar que cunda el ejemplo en España, mientras se encumbra a Ciudadanos, los candidatos del PP permanecen en la bodega, ocultos, protegidos, salvaguardados. En el partido saben que no deben sacarlos a cubierta porque apestan a recortes, a mordaza, a dictadura, a imputación, a escándalo, a cohecho o a prevaricación. Saben que, cuanto más tarden en mostrarlos, más se prolongará el asedio a los nuevos y menos tiempo tendrá el electorado para reconocer en ellos a quienes les han arruinado.

Cazados Errejón y Rato

Caza

Desde las elecciones europeas, España se ha convertido en el coto con más cazadores, escopetas y perros del mundo. Al terremoto producido por los resultados de Podemos, le siguen una serie de réplicas cada vez que se publica una encuesta. El régimen de la transición tiene una falla bajo los pies y el bipartidismo ha pensado que haciendo fracking pueden hacer caer la alternativa y continuar, como si nada pasara, socavando los cimientos del estado.

Desde que se conocieron los resultados, PP y PSOE han sacado la artillería pesada y los cañonazos sobre las moscas de coleta no han cesado. De forma perfectamente coordinada, la jauría mediática no ha parado de aullar y morder para acorralar a la fiera. Invitados de honor a la montería, banqueros y empresarios han sembrado de minas periódicos, radios y telediarios anunciando cataclismos si se rompe el orden, su orden, establecido.

Al fin tienen su trofeo. La cabeza de Errejón es exhibida con orgullo y satisfacción por los inmaculados políticos, los que más luchan contra la corrupción, que han abatido la pieza. Hemos de mostrarles nuestro agradecimiento por desenmascarar el conocido y habitual funcionamiento de la universidad española, extensible a otros ámbitos de la esfera pública y privada, y por la inusual celeridad en resolver un gravísimo caso de corrupción y financiación ilegal de un partido: apenas 24 horas, apenas 1.800 euros/mes. Toma nota, Ruz. A ver si aprendes, Alaya.

Los medios de comunicación también han respirado aliviados. No hay medio que no haya mostrado el rostro del convicto Errejón como en los carteles de la policía que adornan las gasolineras con fotos de peligrosos etarras. Y siguen disparando. Han conseguido la declaración de un empresario que asegura haber recibido dinero negro de Pablo Iglesias, seguramente procedente del régimen iraní. Las sospechas pronto confirmarán que Pablo Echenique no ha pasado la ITV de su silla de ruedas que, para colmo, no está homologada y quién sabe si es robada. Es temporada de caza mayor.

Hay que agradecer a PP y PSOE el haber demostrado que, cuando trabajan conjuntamente, sin pactos ni consensos, sin rivalidad, con las escopetas cargadas, no hay quien se les resista. Es una lástima que se eche de menos tal compenetración, tanta diligencia, tamaña contundencia, cuando de limpiar sus casas se trata. Si lo hubiesen hecho hace décadas, tendrían otra posición, otro gallo les cantaría, y, si lo hicieran hoy mismo, ayudarían a taponar la falla que les amenaza.

No son nada creíbles y tampoco lo es la crisis/estafa. Como pieza de caza menor, comparada con la anterior, la cabeza de Rato va a ser cortada y, a diferencia de la anterior, nadie la reclama. Hay que agradecer a la gestión de Rodrigo, exministro de economía, expresidente del FMI, que haya desenmascarado el funcionamiento de los mercados. ¿Puede alguien fiarse de los datos de una auditora sobre el banco que le paga? ¿Es de fiar la calificación de una deuda realizada por agencias sucursales de la banca acreedora? Auditorías y calificaciones son las escopetas trucadas que disparan contra el pueblo.

Errejón y Rato unidos por el destino en la actualidad política y mediática. A ambos hay que estarles agradecidos. Al segundo, por abrirnos los ojos para comprender que no es una crisis, sino una estafa. Al primero, por dar un paso al frente, con inocencia de novato, para ofrecer una alternativa a este pelotón de fusileros de lo público, expertos en matar y morir matando. Sigue pendiente que el bipartidismo deje de exprimir a la ciudadanía y abandone la trinchera de la corrupción sistemática que amenaza con convertirse en su fosa. Entre otras cosas.

Corrupción A, corrupción B y C

cadenaTrofica

Me preocupa, pero no me alarma, la corrupción, histórica y pícara Marca de este país. Que los partidos gobernantes se dediquen al menudeo junto a pueblerinos empresarios y subalternos de la banca crea una desmesurada alarma social, comparable a la intervención de los GEO y el CNI para detener a un camello de barrio. Que la ciudadanía se distraiga a diario con las andanzas de bandoleros, forajidos y trabucaires les hace parecer hasta normales.

Me preocupa, pero no me alarma, que la justicia use mazo de goma cuando de ellos se trata y de hierro para los parias. Llama la atención, como la nieve estival, novedad inesperada, que se investigue la corrupción y se actúe contra ella. Se cuentan por decenas los casos, por cientos los imputados, por miles los millones y por millones los votantes defraudados. Y en paralelo, como una sombra, caen artistas, deportistas y otros ciudadanos, todos ellos luces y guías de un viciado comportamiento social.

Me preocupan, pero no me alarman, los casos del PSOE, del PP o de CiU, el de la Casa Real, los de la Pantoja y la Caballé, los de Messi y Neymar, los de la SGAE o la anécdota del Pequeño Nicolás. Los camellos de barrio cumplen la función de aturdir la razón del pueblo y dar lustre a la Justicia y a las fuerzas de seguridad. Mientras tanto, los capos introducen toneladas de basura en las venas del país, a veces a través de puertas abiertas por los propios gobernantes.

Me alarma que los bancos reciban dinero público del BCE al 0,33% y lo presten a los estados al 0,5 ó al 3%. Me indigna que la deuda del país, la deuda con los bancos, se consagre en la Constitución a costa del resto de su articulado. Me sulfura que, cuando les sale mal la jugada, se les rescate con dinero público haciendo de la deuda pública una bola insoportable. Me deprime que no se perciba el juego financiero como la mayor de las corrupciones posibles.

Me alarma que grandes fortunas y grandes empresas sumen más del 70% del fraude fiscal en España, 253.135 millones –24,6% del PIB– desde 2008. Me indigna que la forma de combatirlo por parte del PP y del PSOE consista en amnistías fiscales y rebajarles todo tipo de cotizaciones. Me sulfura que los grandes defraudadores señalen a la mano de obra como causa del deterioro de la economía. Me deprime que la ciudadanía acepte la esclavitud temiendo la sodomía.

Me alarma que sectores estratégicos como la energía o el agua sean monopolios obsequiados por los gobernantes a manos privadas. Me indigna un mercado copado por productos de obsolescencia programada con todos los certificados que la administración avala. Me sulfura que la cesta de la compra, desde el productor al consumidor, sea un fraude canalla. Me deprimen los sofás repletos de gente que consume, consiente y calla.

Enfocados los casos mediáticos de chorizos sin escrúpulos, la corrupción política que ha vendido la sanidad, la educación y los derechos cívicos, pasa a un segundo plano. Y fuera de plano, en el más absoluto de los secretos, oculta al pueblo, queda la negociación del TTIP, el Tratado de Libre Comercio e Inversión entre la UE y EEUU, que garantizará a multinacionales e inversores el control político y jurídico de la Unión Europea. A escondidas, a traición, PP, PSOE, CiU y UPyD ya han anunciado que están a favor sin consultar al pueblo, la corrupción de las corrupciones.

La pasarela de ministros y cargos públicos, trastabillando la lengua para eximirse de corruptos de barrio, es el desfile de quienes han corrompido el estado y la democracia, ni uno más, ni uno menos. Me preocupa que PP y PSOE practiquen la corrupción como chorizos callejeros y me alarma que hayan utilizado los votos del pueblo para servir a la plutocracia. Me indigna que aún tengan apoyos suficientes para gobernar como la pareja de hecho que son desde hace décadas. Me deprime que lo peor esté por llegar y no es Podemos, como el coro de corruptos proclama.