Agripina y Kill Bill, candidatas PP

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La nave de Mariano hace aguas por el casco, gravemente dañado tras pasar por la quilla a casi la totalidad de la población española, y también por el puente de mando. El Partido Popular es un rosario de conspiraciones, un collage de cicatrices, un corro de dagas danzando por las espaldas, un brindis de cicuta con ginger ale. El aire huele a derrota y, sin cadáveres aún, los síntomas de la descomposición son la nítida señal que atrae y colora los picos de las gaviotas.

Sin primarias, la democracia digital del PP, el dedo de Mariano, ha proclamado candidatas para la batalla de Madrid. En un ambiente de desafección ciudadana, que afecta e infecta a todos los partidos, Aguirre y Cifuentes han sido nominadas para empapelar paredes y copar tertulias. Fruto de arduas negociaciones entre Mariano y Rajoy, ambas candidatas llegan de la mano del consenso entre Rajoy y Mariano. Aznar satisfecho y Albert Rivera preparada la caña para pescar osos.

Tras el vodevil protagonizado por Ana Botella, Esperanza ha forzado su elección como pepera garantía de que las cosas pueden, y deben, ir a peor para los madrileños. Unanimidad en el partido ante una mujer capaz de conspirar contra sí misma, presentarse como víctima y extraer ganancias de su suicidio calculado. Como Agripina la Menor, no hay patricio que la desconozca, plebeyo que no la tema ni esclavo o liberto a salvo de sus profundas aspiraciones y siniestras conspiraciones.

Su desmedido apetito político es insaciable y, recién nombrada candidata, ha retado al pusilánime César Rajoy a un pulso de poder. Ella quiere ser alcaldesa y presidenta del PP madrileño, dueña del palacio y de las cloacas, del bastón y de la vara de mando, de la victoria y de la derrota también. No quiere cabos sueltos, hilos alejados de sus dedos, cerraduras inmunes a su llavero, porque es una autócrata nacida para emperadora, no para emperatriz. Si vence, será la salvadora; si no, Rajoy habrá perdido y ella esperará su momento para ser presidenta, de su partido y de España.

Y si el pueblo madrileño ha soportado la alcaldía de Botella sin un estallido de vergüenza, Cristina Cifuentes ha demostrado con suficiencia estar preparada para sofocar cualquier estallido. Ella es un cíborg político de humana estampa y alma electrónica, capaz de obedecer cualquier orden con la lógica binaria de una autómata. En el disco duro de su proceder político están fichadas todas las mareas, todas las protestas, un censo completo de desafectos al régimen de sus programadores.

Kill Bill Cifuentes es la venganza del neofranquismo sobre una sociedad que le dio la espalda y se atrevió a pensar por sí misma y a expresar sus ideas en voz alta. Con ella en la delegación del gobierno, Madrid recuperó la época dorada de Fraga como dueño de la calle, las torturas de Billy el Niño y el esplendor de los sótanos de la Dirección General de Seguridad en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol. El tándem Cifuentes/Fernández Díaz es un anacronismo pertinente en esta vuelta al pasado que el Partido Popular ha impulsado en los últimos tres años.

Madrid es hoy la metrópoli decadente de un país decrépito como sus gobernantes. El PP ha puesto sobre el tapete a la reina de oros y a la sota de bastos, Agripinila y Kill Bill, para jugar la última mano en la partida del bipartidismo contra los naipes marcados de Carmona y Gabilondo. el discurso poético de García Montero, la incertidumbre de Podemos, la silla vacía de los tahúres de Ciudadanos y UPyD como mirón de timba. El bienestar y la dignidad de Madrid están en juego y el bipartidismo no da la talla, aunque nunca la dio y ahí estuvo siempre.

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Un Papa de la hostia (*)

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Hola, Jorge. Buenos días nos den Dios y Bakunin.

Antes de nada, quiero aclarar que el título de esta epístola apóstata está recogido en el Diccionario de la Real Academia de tu Lengua como adjetivo vulgar malsonante (*), aunque su sentido es de loa. Nada tiene que ver con el retrato que muestra a un cura dando una hostia al general Videla y que las redes sociales identificaron con tu persona. Comprende el error al amparo de la dilatada historia de tu iglesia dando hostias, consagradas y no de las que merecen, a todo tipo de sanguinarios dictadores militares, incluido el general Franco por la parte que me toca.

Reconozco en ti a un artista de la escena, un experto de la tramoya, un perito en tablas capaz de representar y hacer creíble el espectáculo que la plebe desea contemplar. Hasta ahora no te va mal con gestos y palabras que el público aplaude hasta el dolor de las palmas y vitorea hasta quemar las gargantas. He de confesarte, sin connotación sacramental, que he llegado a temer por tu vida debido a esa dilatada historia de tu iglesia llena de intrigas, intereses y conspiraciones.

No sé si, viniendo de una agnóstica, atea y apóstata, prestarás atención a mi demanda de que te des una vuelta por mi país para que vean tus ojos y tus oídos escuchen lo que la empresa vaticana alienta, permite y perpetra en nombre del Dios y las vírgenes que adoráis los católicos y que el pueblo consume como si fuese marihuana. Coge tu “4 latas” y ven a conocer la España mariana. Spain is different, dijo Fraga, ya lo verás.

Evalúa tú la pertinencia del viaje, unas pinceladas bastan para componer el cuadro que pinta tu iglesia y soportamos los españoles con indignación y vergüenza. Como sabrás, el arzobispo de Granada ha editado aquí el evangelio talibán de Cásate y sé sumisa para meter el dedo en la llaga que el dogma abrió en carnes femeninas y que, para más inri, ha rociado con vinagre el imán de Canena en plena farsa infantil de comuniones.

El obispo de Málaga homologa la condición humana a la canina si no se ajusta al modelo familiar del portal de Belén, paloma incluida. El de Segorbe-Castellón asegura que los hijos de homosexuales tienen graves perturbaciones de personalidad. Y el de Tenerife achaca la pederastia a la provocación de los niños. Libera sus cuerpos del anacrónico celibato antinatura para que parezcan normales, pero ten presente que, de hacerlo, renuncias a la santidad recién otorgada por los tuyos a quien ocultó y consintió la pederastia.

Esta tierra vive un corralito mediterráneo urdido por el mismo demonio que lo ensayó en Argentina y la pobreza se ensaña con los de siempre, los pobres, mientras los tuyos acumulan riquezas a cambio de apoyos al partido que gobierna. Si te escandalizó el millonario piso del obispo alemán, imagina cómo estamos aquí con el negocio inmobiliario que Aznar regaló a los tuyos y con el milmillonario coste que mantenerlos supone a las arcas públicas. No estaría mal llenar el mundo de curas casados y que ganen el pan con el sudor de su frente. La secta de Kiko Argüello es algo parecido, aunque habría que verlos sin su bolsa de inmundicias.

¡Y qué decir de tu exdirector comercial en España! Ya sabes que los personajes mencionados arriba sólo son apóstoles del jubilado Rouco Varela, pertinaz cruzado que teme una nueva guerra civil en España sin haber movido su cristiano dedo para enterrar a las víctimas de la anterior que aún yacen en fosas y cunetas. No será él quien desdiga al cura Jesús Calvo ni al gobierno que lo ha comprado y condecorado.

En caso de que decidas venir, pide facturas de todos tus gastos, no te fíes de quienes engordaron su caja B con la visita de tu antecesor. Ni te fíes de ciertas damas que ocultan el dolor que infringen al pueblo bajo mantillas. Ni del monaguillo campechano que te utiliza para tapar las espinas de su real corona. Pensándolo bien, dejémonos de hostias y mejor no vengas a este país de fariseos y sepulcros blanqueados.

Queda con Dios y con Bakunin, Jorge. Salud.

 

El boulevar ibérico

Gamonal

Mientras políticos y banqueros entiban el canal de Panamá, el vecindario de un barrio obrero, con mayoría de votos a la derecha, está a punto de dinamitar la prima de riesgo. Dice Soraya que la recuperación “no casa” con las protestas sociales y lleva razón, porque Gamonal es un barrio viudo de sus derechos sin boda posible. Lo que temen Soraya y Valenciano, los usurpadores de la política, es que Gamonal reclama el derecho del pueblo a decidir en una democracia, que sí se puede.

España se ha reconocido en un barrio porque ese bulevar es un tramo del que recorre cada rincón del país como un sistema sanguíneo capilar. Cada ciudad, cada barrio, cada pueblo, cada aldea y cada pedanía tienen un constructor de cámara, un negociador alcalde, un policía municipal, una trapisonda y su trozo de bulevar. El modelo Gil y Gil es el vigente. ¿De qué sirve un Ayuntamiento si se puede gobernar desde el Club Financiero? El resultado es el mismo.

No hay miedo a contenedores ardiendo o a escaparates rotos, no hay miedo a comandos itinerantes o a capuchas desarmadas, los gobernantes saben que son milésimas porcentuales magnificadas y manipuladas. Y el pueblo también. Hoy, los miedos a la contundencia del poder uniformado están en clara desventaja respecto a la necesidad ciudadana de gritar para ser escuchada. Gamonal ha sacado a la calle a vecinos burgaleses, madrileños, granadinos, sevillanos logroñeses, ovetenses o vallisoletanos, vecinos de bulevar.

El miedo a la palabra ha sorprendido al partido del gobierno, desbordado y desnortado, atendiendo los focos prendidos desde Génova; sabe que el bulevar que les separa del pueblo está construido con cemento, desprecio y rapiña, una mezcla explosiva. Javier Lacalle y su PP han aprobado en una tarde la continuidad de las obras y su paralización definitiva, sintiendo bajo sus pies el calor de una imaginaria mecha. A 250 kilómetros de Gamonal, Botella y Cifuentes pelean como gatas a cuenta de un bombero que apagaba una llama burgalesa en Madrid.

El aparato propagandista del régimen ha quemado las fotos de Beirut en llamas como ilustración de las protestas en España. Ya nadie les cree, ni a unos ni a otros. Fraga perdió la calle siendo ministro de Gobernación y vicepresidente franquista. Aznar perdió la calle con mentiras de plastilina y sangre irakí. Rajoy va camino de perder la calle por las mismas esquinas que sus antecesores. La calle no era de Fraga, ni es de Fernández Díaz, ni de policías armados: era, es y será del pueblo cuando la toma y la prefiere a un bulevar.

Destaca, y quizás explique el giro a la derecha de los barrios obreros, el hecho nada sorprendente de que también el PSOE llevaba un bulevar en cada programa electoral. Con los cambios de gobierno siempre gana el donante donado, sobre todo si, amén de constructor, como Méndez Pozo, es amo de un medio de comunicación. Mire a Berlusconi, a Florentino, a Lara, a la Gürtel, a Bárcenas, a los ERE, al Palau, a la cosa real, personas y aconteceres que transitan por la zona ancha del bulevar ibérico dejando tras sus pisadas regueros inflamables.

España busca héroes para mitigar las derrotas de su población con imposibles sueños a los mandos de un Ferrari, manejando una raqueta o pateando un balón. Gamonal demuestra que no son incompatibles las pasiones con las necesidades, que se puede luchar antes o después de atender a los héroes de ficción y ser héroes anónimos. España lo sabe, los poderes lo saben, de ahí el miedo a que arda entero el bulevar y que se prefieran las porras a las mangueras para sofocar el incendio. Usar el miedo para combatir su miedo es un preludio del terror, más gasolina al fuego.

Miedo como programa de gobierno

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En la teoría freudiana, el miedo real se produce cuando su dimensión se corresponde con la dimensión de la amenaza. En cambio, el miedo neurótico se da cuando la intensidad del ataque de miedo no tiene ninguna relación con el peligro. Para el conductismo, el miedo es algo aprendido. Cuando un gobierno utiliza el miedo como recurso de convicción, el siguiente paso, apenas sin darnos cuenta, golpeando al estado si se tercia, es el terror.

El miedo ha entrado en nuestras vidas por la ventana de la economía. La estafa financiera ha hecho que los despertadores nos echen a diario de la cama con miedo al despido, al jornal, a las facturas, a la cesta de la compra y a cualquier sobresalto de la cartera. El presente da miedo; el futuro, terror. Se trata de un miedo que se corresponde con la amenaza real de esa competitividad empobrecedora que los gobernantes nos presentan como un logro de sus políticas, de esa nueva forma de esclavitud impuesta por el catecismo neoliberal de Génova y el aplauso de la Moncloa.

Desde que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos tumbó la doctrina Parot, el miedo neurótico se ha sumado al real. La liberación de terroristas ha resucitado el desgastado fantasma de la derecha española para acopiar votos en las mismas fechas que muere uno de los últimos golpistas (apenas un lustro de cárcel cumplió Armada) de este país. El ectoplasma del terror es agitado desde un partido, o dos si contamos a UPyD, que ponen el grito en el cielo por la liberación de etarras mientras se niegan a que se haga justicia con el régimen de terror que dio el relevo a Juan Carlos I. La escoria etarra ha cesado su actividad, pero hay quien se resiste a enterrarla.

Como complemento neurótico, algunas tertulias y la prensa de siempre se han empeñado en sentar a la mesa de cada hogar español a un violador o a un psicópata, liberados también por el mismo tribunal europeo. La sensación que traslada la megafonía mediática a la ciudadanía es que se ha liberado de golpe a 600.000 violadores de millones de españolas. Las cadenas televisivas han emprendido su habitual carrera para ver cuál es la primera que, en rigurosa exclusiva, exhibe en el plató a alguno de estos criminales, a cambio de unos euros, para elevar audiencias a la vez que las tarifas a sus anunciantes y patrocinadores.

Las dictaduras siempre se han servido del miedo neurótico para hacer más llevadero el miedo real. El franquismo utilizó la imagen de siniestros individuos, como Jarabo o El Arropiero, para soslayar el miedo real que producían el hambre y la represión de la época. El semanario El Caso ejercía funciones neurotizantes como hoy La Razón o El gato al agua, utilizando la suelta de etarras y violadores para soslayar el miedo real ante el crimen financiero y empresarial o la represión de la ley de Seguridad Ciudadana que lleva a cabo el Partido Popular.

Europa observa atónita cómo se amedrenta a los españoles con miedo real y neurótico, con multas desorbitadas para quienes expresan el malestar que el gobierno genera, con encubrimiento de prácticas policiales propias de Billy el Niño y el inspector Muñecas o con indultos a mossos de escuadra. Miedo en la intimidad del hogar y terror en la calle reconquistada por los hijos de Fraga. Mordazas en la boca y concertinas en el pensamiento son los instrumentos del PP para callar voces discordantes y cortar las alas a ideas distintas a las suyas.

Este país es reacio como pocos a leer su historia y aprender de ella. Los poderes maniobran concienzudamente para que los miedos, el real y el neurótico, se instalen en la conducta individual de la ciudadanía como algo aprendido, algo interiorizado que se acepta con peligrosa naturalidad.

Rajoy exporta pobreza y necesidad

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El optimismo está de enhorabuena. La crisis/estafa en España tiene los días contados y sus cómplices lo celebran por todo lo alto con fanfarrias, cotillones y chupinazos de autobombo. El gobierno y sus secuaces repiten marcial y cotidianamente las consignas del día suministradas desde el cuartel general de Génova. El gobierno ha hecho, y bien, los deberes que le han impuesto los truhanes y celebra la realidad impuesta a la ciudadanía.

El grotesco presidente de España, cumplido su deber, se ha ido a Japón a vender su patria como sólo un optimista de la derecha española sabe: con la cabeza alta y haciendo universal y único su modo de interpretar la realidad. Su España ha salido airosa de la estafa y, ahí es nada, la ciudadanía está ansiosa por acoger cualquier limosna que las economías sobradas tengan a bien concederle. “¡Una caridad, por el amor de Dios!” ha ido a implorar Rajoy.

La tarjeta de visita del presidente es impecable para un Japón donde el honor es seña de identidad, la yakuza no se sienta en el parlamento y un ministro dimite por una donación de 400 euros. Ha debido pensar Rajoy que los nipones desconocen los trajines de Bárcenas, los ERE, Fabra y los miles de chanchullos que también son Marca España. La responsabildad con la historia ha llevado a Japón a pedir perdón por su intervención en la Segunda Guerra Mundial, notable diferencia respecto a la España del Partido Popular que, lejos de condenarlo, ensalza su franquismo.

El presidente Rajoy se ha mostrado como un avezado estratega del tejo tirado a calzón quitado y ha tratado de adular al anfitrión quitando hierro y radioactividad a Fukushima. Perdido el decoro con el Prestige y los hilos de plastilina, no ha dudado en imitar a su paisano y mentor político Fraga en el épico episodio de Palomares. Su optimismo desbordado ha causado admiración justo el día en que el agua radioactiva se derramaba en el océano una vez más.

Pero no hay que quedarse en las minucias irrelevantes que forman parte del equipaje del, posiblemente, más ladino presidente que ha ocupado la Moncloa. La enjundia de su viaje ha sido vender España, su imagen, ya que el país real lo ha vendido a los mercados con la población incluida en el lote. Rajoy, adornado con un rosetón en la solapa que ya quisiera para sí Rubalcaba, ha vendido, sin un atisbo de rubor en el rostro o la lengua, recuperación y competitividad, paro y precariedad, pobreza y necesidad.

Ha viajado en avión, aunque podría haberlo hecho en galera, sin esclavos que mostrar para que los mercaderes del sol naciente puedan examinar sus dentaduras antes de decantarse por contratar mano de obra española. El gobierno lo ha hecho, ha impuesto condiciones tercermundistas a la vida laboral de sus ciudadanos y condiciones infrahumanas a sus vidas cotidianas. Rosell y Botín, la patronal y la banca, son netos vencedores de la estafa, los grandes favorecidos por recortes, reformas y recesiones.

¡Cuán grande va a ser la recuperación económica! A la vista del sudoku presupuestario, presentado por Montoro y envuelto por el PP en un estruendo de optimismo, los poderosos se van a recuperar en un par de años, un siglo antes de que lo hagan los perdedores. La España de Rajoy no es un país competitivo, sino un país de pobres ciudadanos pobres condenados al harakiri a causa de la deuda kamikaze pactada por el PP y el PSOE.

Quédese en Japón para siempre, Mariano, sayonara.

Alguien de los suyos

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Como todo el mundo sospecha, Eurovegas es una tapadera. Los negocios se han convertido en una actividad social turbia y perversa que atiende menos a satisfacer las necesidades de la población que a satisfacer los egos dorados y metálicos de una minoría que sólo amasa dinero y poder. Nadie tiene como prioridad apostar su vida en un tapete, y menos aún en un tapete donde se esparcen los naipes marcados por los dueños del casino. Eurovegas es una tapadera.

Abierta la tapadera, los olores facultan a cualquier pituitaria para constatar por sí misma la verdadera naturaleza de lo que se aloja en el contenedor. El cubo de Eurovegas huele mal y, pasado el hedor inicial, se van distinguiendo diferentes aromas, nada agradables, que pueden ayudar a identificar su contenido. Junto a la basura reconocible que generan los casinos, hay restos orgánicos identificables, con poco magen de error, como pulsos políticos y lucha por el poder. La presencia de gaviotas carroñeras a su alrededor es un indicio más de que en Eurovegas se juega algo más que unos euros.

En el acantilado de la calle Génova, donde anidan las gaviotas peperas, Maquiavelo ejerce de instructor de vuelo. Allí, Aznar, aclamado profeta por su partido, sublimó sus mayorías absolutas entendiendo que el poder era suyo y para siempre. Al final de su segundo mandato decidió retirarse a su laboratorio para, desde allí, mover los hilos de un poder que repartió, como un padre la herencia, entre los suyos. Fue entonces, allí mismo, cuando los herederos evaluaron sus partes, cuando miraron de reojo las partes de los otros; en ese momento, en ese lugar, se dasataron los cordones de la concordia y se afilaron envidias y celos para reclamar una parte mayor de la herencia.

Los pasillos de Génova se cubrieron de una espesa neblina de sospecha que apenas daba para ocultar el desfile de sombras embozadas en gabardinas y cubiertas por sombreros fajados. Esquinas y despachos alojaron espías y el ambiente se impregnó de intrigas y maquinaciones entre sus propios moradores. Eran los años de la primera derrota post Aznar, los primeros años de un sombrío sucesor que cosechó derrotas ante el cándido y bisoño oponente de un PSOE ocho años sumido en similares maquinaciones y enredos. Fueron los años en que la Comunidad de Madrid envió espías al Ayuntamiento, los años en que comenzaron las vendettas internas.

Aguirre, Gallardón, Cospedal, Rajoy, Aznar, Mayor Oreja, Fraga (y sus cien mil hijos)… un plantel de sospechosos digno de Le Carré, Chandler, Hammet, Christie, Highsmith, Simenon, González Ledesma, Juan Madrid, Eduardo Mendoza o Vázquez Montalbán. Todos contra todas, centro derecha contra derecha radical, PP contra Partido Popular y Aznar, desde su cuartel de invierno, observando a sus vástagos y moviendo los hilos de una partida en la que él, la derecha radical, mueve todos todos los peones, todas las fichas, todos los hilos que le deja Merkel. La conjura se puso en marcha al día siguiente de que Rajoy fuera investido presidente.

Aguirre, despechada, lució la prenda de Eurovegas para reivindicarse ante la mirada furtiva de Josemari; Gallardón, exultante, escupió sobre el casino desde su estrado ministerial; Cospedal se hizo fuerte en su principado manchego; Fraga sonrió desde el cielo de Franco y Pinochet; y Mayor Oreja intentó mojar la oreja a Rajoy sin éxito. En medio de la contienda ha estallado la bomba Bárcenas sin que a nadie le conste su existencia desde los años ochenta. Las miradas que antes se espiaban, ahora se señalan. La guerra está servida. Eurovegas, como se sospechaba, es una tapadera y Aguirre es señalada por los suyos como la garganta profunda que ha puesto en marcha el temporizador.

Mientras tanto, la ciudadanía traga cicuta neoliberal con la insólita esperanza de que sea el propio gobierno quien sufra sus efectos. Como César, Rajoy tiene todas las papeletas para caer, no envenenado, sino herido por uno de los suyos.

Deberes para un gobierno perdido.

Señor presidente del gobierno:

Dado que parece usted incapaz de hilvanar sus tareas de gobierno de manera convincente para aplacar la voracidad de sus amos los mercados, permita que esta humilde ciudadana se atreva a darle las directrices que considera pertinentes para que la prima de riesgo se sitúe por debajo de la alemana y para que la competitividad de su país supere a la china. Ambas cosas le permitirán pasar a la historia como el presidente que supo sacar a sus ciudadanos de la crisis y no como el inepto que superó a Zapatero en incapacidad operativa. Será un placer arrimar el hombro y trabajar con usted codo con codo.

Usted ya ha conseguido que la deuda externa de España sea una losa inamovible durante tres o cuatro generaciones (ni usted ni yo viviremos para comprobarlo). Se podría optar sencillamente por no pagarla defendiendo su ilegalidad, pero esto no va con su ideología neoliberal y le haría quedar mal, muy mal, con esos mercados a los que usted sirve con deleite. Le entiendo. En lugar de eso, le recomiendo que decrete un corralito y se incaute de todos los ahorros de los ciudadanos antes de que nos de tiempo de sacarlos de los bancos. Quizás nuestra calderilla sirva para pagar la mayor parte de esa deuda que usted contrae en nuestro nombre y para que nuestros nietos puedan vivir menos penosamente que nosotros y nuestros hijos.

Usted está destrozando el mercado laboral con sus reformas incomprensibles e innecesarias. Nos envía al paro, nos merma los sueldos, nos estrangula con impuestos y esto no ayuda a reactivar el consumo lo suficiente para generar empleo, crear riqueza y no caer en la depresión. Haga caso al señor Rosell, haga caso a la banca, haga caso a Merkel y decrete un salario mínimo de sesenta euros al mes con un horario laboral de 14 horas diarias. Derogue la ley que impide trabajar desde los seis años y decrete la defunción obligatoria a los sesenta años. De esta manera, se lo aseguro, España alcanzará la excelencia competitiva en dos o tres años como máximo.

Suprima del tirón la sanidad pública. No es ninguna veleidad. Tal vez la enfermedad llegue a convertirse en una opción menos degradante que la calidad de vida que su gobierno nos ofrece. Se ahorrarán unos miles de millones que contribuirán a que nuestros nietos o bisnietos no tengan que pagar a la banca especuladora lo que usted está firmando en nuestro nombre. Esté tranquilo en lo que a los suyos respecta, ya que su poder adquisitivo les permitirá curarse un resfriado en cualquier clínica privada nacional o extranjera. Esta medida no les afectará. El pueblo llano dispone de un generoso santoral para esoger a quién dirigir plegarias para sanar y la Conferencia Episcopal no dudará en echar una mano con los santos óleos o funerales a domicilio, se sentirán dichosos.

Hable con su ministro Wert, hágale caso y adelante la formación profesional al segundo ciclo de preescolar. Tendremos la mano de obra infantil más especializada del planeta y le permitirá cumplir dos objetivos: aliviar a los padres de la carga de los hijos para que no les distraigan del trabajo y eliminar el gasto superfluo que supone para las arcas tanto profesorado y tanto colegio inútil. También puede estar tranquilo porque los suyos seguirán en sus colegios privados nacionales o extranjeros y, puesto que serán muy pocos quienes estudien, como en los tiempos de su añorado franquismo, podrá destinar más recursos al mantenimiento de los colegios religiosos y a becar a su opulenta clientela.

Veo que para otros asuntos no necesita mis consejos. Usted solito, con la colaboración de su gobierno y la sabia dirección de su caudillo Aznar, está moldeando la cultura a su gusto y conveniencia. Su pueblo no necesitará, en el futuro inmediato que usted está dibujando, más entretenimiento ni más pensamiento que el que se derive de su actividad laboral. Tampoco debe permitir, y usted lo está bordando en RTVE secundado por los medios que le han ayudado en su victoria, que sus súbditos estén debidamente informados de nada que no esté relacionado con el trabajo, el fútbol, los toros y la varietés.

No haga el ridículo ante sus amos con el simulacro de estado de excepción al que nos está sometiendo desde hace unos meses. Haga caso a su eurodiputado Vidal-Quadras y decrete el estado de sitio en el país. Acabe de una vez con los desagradecidos que no le aplauden y con quienes no comparten sus ideas. ¿Para qué un general de brigada de la guardia civil disponiendo de capitanes generales de tierra, mar y aire? No se corte ni corte las alas a Cristina Cifuentes y a Jorge Fernández Díaz, alumnos aventajados de Fraga y duchos en manipulación y kale borroka institucional.

Suprima el congreso, el senado, los parlamentos autonómicos y los ayuntamientos. Haga caso a Cospedal y no permita el acceso a las instituciones públicas nada más que a quienes puedan dedicarles los ratos de ocio que sus acaudaladas vidas profesionales les permitan. Total, para gobernar en nombre de los mercados y de Merkel, mejor que sean gentes de bien, vestidas y perfumadas como dios manda, en lugar de herejes y perroflautas. Así ahorrará una pasta muy respetable y, de camino, solucionará la unidad de España a su gusto.

No sigo entreteniéndole y distrayéndole. No quiero molestarle mientras se fuma un puro y se prepara para meternos el siguiente puro. No me agradezca mis ideas, es mi deber colaborar con usted y ayudarle en su difícil tarea. A cambio, sólo le pido que no me abra la cabeza si salgo a la calle a protestar obligada por las medidas erróneas y letales que su gobierno está tomando.

Sea feliz, señor presidente. No se preocupe por mi presente ni por mi futuro. Preocúpese de hacer la tarea semanal que sus amos le mandan para crucificarnos los viernes. Espero haberle sido útil.

PD: Cuide sus espaldas. Una gaviota rubia y otra con bigote y melena amenazan su estabilidad política dentro de la bandada de la calle Génova.