La izquierda exquisita

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La sociedad suele interiorizar como propia cualquier cosa que, por el método que sea, se generaliza en el imaginario colectivo como producto de masivo consumo. Véanse alguna aberración musical que alcanza la cima de las ventas, alguna inutilidad de teletienda que se agota rápidamente o el éxito de algún perfume que sólo huele a dinero y marketing. Las tendencias sociales están marcadas por la identificación de las masas, por vanidosa ostentación, con productos acicalados como ganadores.

La desidia intelectual es un estado de comodidad vital que explica comportamientos de gran parte de la población contrarios a sus propios intereses. El esfuerzo de pensar y actuar en consecuencia es fuente de inquietud, miedo y duda en personas que sólo aspiran a elegir en el catálogo de pensamientos, listos para usar, expuestos en las grandes superficies mediáticas. Se eligen las ideas, como los productos accesorios, más por el envoltorio que por el contenido.

FAES o SISTEMA son factorías donde los investigadores trabajan para sacar al mercado ofertas de pensamiento que consumirá masivamente el electorado en cada temporada o campaña. Se trata de las ideas que lucirán cargos públicos y militancia del PP y del PsoE y que la ciudadanía acabará interiorizando, por repetidas, como las mejores alternativas posibles. Ambas factorías siguen el modelo de pensamiento único, sin posibilidad de análisis crítico por parte de sus bases.

Es así como, durante 30 años, ambos partidos han disfrutado de la posición privilegiada que la mercadotecnia electoral les ha deparado en régimen de duopolio y que les ha hecho incluso dejar de pensar. La ciudadanía, hastiada de fraudes en el producto y en el envoltorio, ha decidido mirar otros estantes y buscar otras alternativas sin importar el precio. Dado que el bipartidismo se ha instalado en posiciones liberales y neoliberales, el electorado busca en los estantes situados a la izquierda en el pasillo de las ideas algo que palíe el daño recibido.

La izquierda desconcierta con un lenguaje publicitario no comprendido por una clientela habituada a consumir guiada por colores e iconos. Antítesis del pensamiento único, la izquierda ha llenado el escaparate electoral de variantes nominales, matices adjetivos, adverbiales tonos y verbales gradaciones que incomodan al gran público y ocultan los mensajes. Es la izquierda exquisita que, por una vez, debiera acomodarse a las demandas y necesidades del público y no al revés.

Llama la atención que PP y PsoE traten de anular a sus competidores igualándolos a ellos en lo que más detesta la ciudadanía: la corrupción. Ver a los representantes de los partidos más corruptos de la historia de España respirar aliviados al señalar presuntas corruptelas de sus adversarios, hiela la sangre. Es un confortable argumento apetecido por los electores para votar sin desgastar neuronas pensando en programas e ideas novedosas. Si son iguales, ¿para qué cambiar?

La izquierda debe mostrar sus exquisiteces prácticas, además de las teóricas, apartando de sus filas cualquier indicio identificable con la praxis habitual de sus rivales. Las izquierdas exquisitas, las de la excelencia ideológica, no debieran mimetizar discursos de causas generales o persecuciones. La izquierda exquisita debería concretar sus ideas de forma pragmática y consensuada como atributos diferenciales respecto a los pensamientos únicos.

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Tapando agujeros

Agujeros

Queda algo más de un mes para que los noticiarios ofrezcan imágenes de agraciados por la Lotería Nacional alegres porque el premio o la pedrea les permitirá tapar agujeros y ayudar a la familia. La economía es un queso emmental, suizo y con agujeros. Cuando Julio Anguita, en 1996, alertó de que Maastricht no era más que una Europa de y para los mercaderes, del diccionario político le llovieron chuzos como iluminado, desfasado o visionario.

Dieciocho años después se mira al cielo y sólo se ve un negro nubarrón económico sobre las cabezas. En estos años, España ha descubierto al mundo la hiperbólica dimensión de sus lumbreras económicas, desmesuradas y aparatosas, megalomaníacas, apreciadas piezas para la economía neoliberal. Gallardón y sus agujeros hicieron de Madrid el Ayuntamiento más entrampado de España y el PP ha hecho de España el segundo país más entrampado del mundo.

Cuando Aznar colocó el cartel de “se vende” sobre todo el territorio nacional, el mundo admiró la pujanza española hasta el punto de encumbrar a Rodrigo Rato en la presidencia del FMI. Eran los tiempos en que una ardilla podía cruzar la península saltando de grúa en grúa, de hipoteca en hipoteca, de burbuja en burbuja. Rato fue despedido por no prever la crisis financiera urdida y alimentada bajo su mandato. Luego vinieron, uno tras otro, los agujeros de Caja Madrid y Bankia.

Al agujero financiero nacional y global ayudó Luis de Guindos, quien, desde su centro, proclamó en 2003 que en España no había burbuja inmobiliaria. A su salida del gobierno Aznar, fue fichado para la dirección de Lehman Brothers en España y Portugal hasta su quiebra. De ahí saltó a la división financiera de PricewaterhouseCoopers donde cerró negocios con el presidente luxemburgués Juncker y juntos crearon los mayores agujeros fiscales de Europa y España.

Nos ha tocado la lotería, la pedrada en lugar de la pedrea. La política económica del PP, diseñada por estas dos lumbreras y algún que otro farol de la FAES, ya la conocemos. Sabemos que las cláusulas suelo, los desahucios, las preferentes o las abusivas comisiones tapan los agujerillos de las tarjetas negras o los indecentes beneficios de la banca. Somos conscientes de que la sanidad, la educación y otros derechos constitucionales han sido utilizados para tapar el negro agujero del rescate bancario. Ahí está la ciudadanía, tapando agujeros mientras los responsables siguen horadando.

También tapamos con el IVA y el IRPF el agujero tributario de las multinacionales que pagan impuestos en Luxemburgo, Irlanda, Andorra, Gibraltar y otros paraísos más lejanos. Las nóminas recortadas y los derechos laborales perdidos contribuyen a tapar el agujero que a las empresas causan las donaciones en B a los partidos que les facilitan públicas contratas. Los del estómago, la nariz y el bolsillo ciudadano son los únicos agujeros que en este país no se tapan.

La Europa de los mercaderes se ha consumado y se prepara para perderse en el agujero del Tratado de Libre Comercio e Inversión, sumidero universal, global cloaca. La Europa de las personas no existe y en Bruselas se habla de europeos de primera, de segunda, de tercera y de PIGS, los cerdos de Portugal, Italia, Grecia y España. El presente y el futuro del pueblo español y europeo ya lo han diseñado la troica y De Guindos: tapar agujeros.

Rajoy, Obiang y los pucherazos

pucherazo

La derecha española practica orgullosa su tradición de vencer sin convencer. Se evidencia la atrofia del gen del diálogo y la distrofia auditiva en el partido heredero del régimen dictatorial que situó en el pensamiento único la frontera entre lo humano y lo animal, muy por encima de la razón. El Partido Popular, la AP de Fraga, sólo ha sido capaz de pactar con pensamientos únicos regionalistas usando el dinero como herramienta de consenso.

No está cómodo con el traje demócrata, demasiado ancho de libertades, demasiado corto para tapar tantas vergüenzas, demasiado atrevido para marcar tendencia. El PP, gustoso receptor de trajes a medida, experto en el manejo de la tijera, ha decidido ajustar la hechura democrática a sus alcanforados patrones. El fondo de armario de la FAES les queda corto y Rajoy ha acudido a la pasarela de Guinea para que el modelo Obiang le asesore.

España no tiene mucho que envidiar a Guinea. La prensa está al servicio de la presidencial propaganda o sufre la censura, las riquezas del país están en manos privadas a cambio de corruptas mordidas, los derechos cívicos se pisotean, la oposición se apalea y encarcela, se gobierna de espaldas al pueblo y la jefatura del estado huele a golpe militar. Los ciudadanos huyen de Guinea y España maltrata a los huidos de todas las Guineas africanas.

Teodoro se legitimó en las urnas con una abstención del 80% en 1993 y el 98% de votos favorables en 1996. Mariano ha acudido a implorarle la receta porque ve que su respaldo electoral peligra. Uno de los ingredientes, acusar de corrupción y calumniar a la oposición, ya lo viene practicando el PP desde su fundación y el PSOE facilita la tarea. El otro ingrediente del mágico puchero es una ley electoral hecha a medida.

La aritmética democrática establece la mayoría absoluta en la mitad más uno; el PP aplica su lógica absolutista con la mitad menos cinco. La filosofía democrática equipara el programa electoral a un contrato social; el PP incumple el suyo como fraude venial. La arquitectura democrática construye con diálogo y consenso mayorías sociales; el PP utiliza el BOE como topadora y bola de demolición. Pero quieren más, como Obiang.

Dice la derecha que un pacto de mayoría social no expresa la voluntad del pueblo. Los pactos pueden representar lo que la mitad más uno quieren o bien lo que bajo ningún concepto desean. El consenso y la negociación es el papel de lija que elimina asperezas para que un pacto quede al gusto de la mayoría ciudadana y el PP sólo negocia y consensúa con la patronal, la banca y la jerarquía católica, legislando en contra de la mayoría.

Mariano Rajoy, alejado por su autoritarismo de la sociedad y la democracia, reformará la ley electoral para que los alcaldes sean del PP, sin mayorías, sin diálogo, sin consenso, sin pacto, venciendo sin convencer. La reforma perpetrada por Cospedal y la que amenaza en el horizonte cercano van en la línea de Guinea y pronto España contará con diputados por el tercio familiar, el tercio empresarial, el financiero y el mitrado, quedando en la reserva el tercio de la Legión por si la cosa les fuera mal.

¡¡Rajoy: pasa el porro!!

porreros

Hay propuestas políticas, como la de legalizar el cannabis, que descolocan cuando son formuladas por una pureta de la talla de Rosa Díez. Instantáneamente la sospecha da un brinco y la psicodelia estira el cuello para otear dónde está el truco, dado que en marzo de 2013 UPyD, PP y PSOE votaron en contra de una propuesta de ERC “para regularizar, en el plazo más breve posible, la producción, distribución y consumo de cannabis”.

UPyD necesita para las próximas elecciones generales la misma pócima mágica que su competencia directa, el Partido Popular, para vender su programa. La detención de los ediles populares Beatriz Rodríguez y José Antonio Gallegos con un kilo de marihuana o la presencia de la planta en el apartamento de la militante popular implicada en el asesinato de León son indicios de que en el PP se fuman porros habitualmente. La prueba irrefutable son las declaraciones de Mariano Rajoy y la cúpula del partido.

La visión idílica del país ofrecida por el presidente hace unos días, desligada radicalmente de la realidad, hace pensar que éste ha cambiado los habanos por petardos king size. Tal alucinación, propia de quien se quema las uñas apurando el canuto, sin pasarlo a nadie, sugiere que los bonsáis de Felipe González han sido sustituidos en Moncloa por plantas de Blueberry. La evasión de la realidad es muy evidente en el jefe del gobierno y va en aumento desde que viera hilillos de plastilina en los fondos marinos gallegos.

Uno de los efectos nocivos del THC, derivado de su deficiente administración o de su abuso, es la aparición de paranoias en quienes lo consumen. En la cocina del Campus de la FAES parece que a alguien se le ha ido la mano aliñando pasteles con más marihuana de la cuenta. Los efectos se han notado en todos y cada uno de los responsables del PP que han salido en tromba, los ojos rojos y la lengua de trapo, cargando contra Podemos y, por los síntomas, Aguirre se ha jalado, ella sola, con adicta gusa, un kilo entero de pastel.

Pero no todos y todas se han puesto hasta el culo de maría y hachís. Los hay que permanecen fieles a drogas tradicionales, carpetovetónicas, de efectos más elevados, más espirituales. Gallardón, Fátima Báñez, De Guindos o Fernández Díaz prefieren esnifar incienso en cantidades gloriosas confiando en que vírgenes y cristos iluminen su mandato y arreglen España. La Gürtel les ha surtido de sobres con billetes de 500 € para fabricar los aspiradores nasales.

Los fumetas de la alternancia, más finos ellos que los del PP, le han dado a la narguila durante el proceso de primarias cuyos resultados han sido infumables tanto para la militancia socialista como para su cada vez más escaso electorado. La paranoia también se ha manifestado en Susana Díaz y el electo Pedro Sánchez que han cargado contra Podemos en los mismos términos que sus socios en el poder. Esto evidencia que PP y PSOE comparten, además de políticas y puertas giratorias, el mismo camello entronizado con los votos de ambos.

No es casual, a la vista del colocón bipartidista, la agenda de Felipe el Preparado en sus primeras semanas de reinado. Primero viajó al Vaticano para garantizar el suministro de incienso de la mejor calidad y ahora se ha bajado al moro para negociar las cosechas de Ketama y el expolio de los bancos de pesca saharauis con el dictador marroquí. Mientras tanto, la ciudadanía escasamente puede ahogar sus penas y sus miserias en un vaso de Don Simón con gaseosa. Hay que quitarle el porro de las manos a Rajoy cuanto antes.

 

PP, tercera temporada

septiembre

Septiembre es un mes de contrastes, un mes tragicómico en el que se mezclan, como en el teatro, las máscaras sonrientes y las lloronas sobre el rostro de cada espectador. El fin de las vacaciones, un derecho en vías de extinción como otros muchos, trae el síndrome posvacacional, los exáménes, la vuelta al cole, la menor duración de los días y algún que otro suceso de corte depresivo que cohabitan con algunas fiestas locales y el comienzo de algunas rutinas que parecen poner orden en las vidas de las personas, como el trabajo, el fútbol, las parrillas televisivas o la política.

Trabajar es motivo de alegría y de tristeza, alegría por esquivar el paro y tristeza por comprobar que cada día el trabajo da para atender menos necesidades y por menos tiempo. El fútbol ya ha comenzado con idénticas intenciones que todos los años: vaciar los bolsillos y los cerebros a los aficionados distrayendo su capacidad crítica de otros menesteres que afectan a sus castigadas vidas. Las cadenas de televisión preparan su renovación con las mismas películas de siempre, las mismas tertulias y las nuevas temporadas de las mismas series. Después llegará un invierno más pobre, más previsible y más aburrido que nunca.

El septiembre político retomará los ERE y Bárcenas, las puñaladas sedientas de poder de la radical Aguirre y su ultraderecha, el irremediable ocaso del PSOE o las acometidas sociales de la troica, la CEOE y la Conferencia Episcopal. Septiembre, mes propicio para la murria y la melancolía, acecha emboscado en el calendario, no así el gobierno del Partido Popular cuyo disfrute corre paralelo al padecimiento generalizado de la ciudadanía. Rajoy estrena una tercera temporada que promete alargar el clima de corrupción y alcanzar el clímax en los recortes sociales.

Como en las series de televisión, donde la repetición y la previsibilidad suplen la más absoluta carencia de originalidad, el público apuesta por el agua de borrajas como más que probable desenlace para la contabilidad B del PP y los ERE del PSOE. El caso Urdangarín va camino de ello mediante un pacto con la “justicia” que sería el Pacto de la Zarzuela: lo sentirá mucho y prometerá que no volverá a suceder. Rajoy, Cospedal, Aznar y las cúpulas del PP, durante 20 años, no se han enterado de dónde provenían los millones que les han hecho ricos y les han permitido ganar elecciones. Tampoco Griñán, Chaves, Zarrías y la vetusta cúpula del PSOE andaluz sabían nada de los trasvases contables en el erario público. Ambos partidos lo sentirán mucho y prometerán que no volverá a suceder.

En septiembre volverán a suspender la verdad, la ética y la decencia pública, alumnnas excluidas del aprendizaje de la clase política que ha secuestrado la democracia. En septiembre, España conocerá que la recesión se ha desacelerado, que la deuda por el rescate bancario cumple su misión como un reloj suizo, que cada contrato de un mes equivale a treinta puestos de trabajo creados, que los paraísos fiscales seguirán existiendo y que los infiernos cotidianos son ahora el hogar de sus habitantes. En septiembre, las NN.GG. del PP volverán a sus estudios, tras reivindicar añejos modos fascistas aprendidos en los campamentos de verano de la FAES, con el deber cumplido y aplaudidas por sus mayores.

Septiembre, haciendo un ejercicio de optimismo, verá caer menos hojas del árbol social, pues de sus ramas ya no volverán a brotar los frutos de la sanidad pública, de la educación o de la asistencia, ni tan siquiera los de la libertad. El árbol de España, tras la poda del PP ha quedado reducido a un simple conjunto de varas que no tienen otra utilidad que la de medir espaldas. Queda por ver qué espaldas medirán, si las del gobierno o las de la ciudadanía. Septiembre está ahí, a la vuelta de la esquina, con el Madrid y el Barcelona, El gato al agua y Sálvame. Aquí no hay quien viva.

¡Al infierno el liberalismo!

enciclica

Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros. (Groucho Marx)

Quienes no utilizan las neuronas para evitar su desgaste, suelen recurrir al pensamiento ajeno para expresarse socialmente. Se aprecia a diario en la repetición de ideas nada elaboradas adquiridas en los medios de comunicación o en los argumentarios de partido. Así, el capitalismo suele defenderse por contraposición al comunismo y viceversa, en lugar de defender razonadamente una posición ideológica se suele atacar la contraria, y esto conduce a contradicciones o a sorpresas. Hoy, a quien critica el infierno neoliberal, simples mentes que no dan para mucho más le sitúan en la órbita del infierno comunista. No dan para más: o blanco o negro, o conmigo o contra mí, nada de pensar.

Los siguientes textos podrían pertenecer a John Maynard Keynes, a Karl Marx, a Abraham Lincoln, a Simón Bolívar, a la FAES o a la Fundación IDEAS. Su lectura superficial llevará a la sorpresa sobre su autoría, ya que su autor, una personalidad de relevancia mundial, no responde a lo que se entiende como un teórico de la economía. Lean y sorpréndanse:

“La distribución desproporcionada de riqueza y miseria, la existencia de países y continentes desarrollados y no desarrollados, exigen una justa distribución y la búsqueda de vías para un justo desarrollo de todos. … Si en el pasado se ponía de relieve ante todo el problema de la “clase”, en época más reciente se coloca en primer plano el problema del mundo.”

“La técnica puede transformarse de aliada en adversaria del hombre cuando la mecanización del trabajo suplanta al hombre … cuando quita el puesto de trabajo a muchos trabajadores antes ocupados, o cuando mediante la exaltación de la máquina reduce al hombre a ser su esclavo. … El trabajo humano tiene un valor ético vinculado al hecho de que quien lo lleva a cabo es una persona, un sujeto consciente y libre, es decir, un sujeto que decide de sí mismo.”

“El trabajo está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo. … La interacción entre el hombre y los medios de producción ha dado lugar al desarrollo de diversas formas de capitalismo y paralelamente a diversas formas de colectivismo. … El error del capitalismo puede repetirse dondequiera que el hombre sea tratado, a la par de los medios materiales de producción, como un instrumento y no como verdadero fin de todo el proceso productivo.”

“A raíz de esta anomalía surgió en el siglo XIX la llamada cuestión obrera, denominada cuestión proletaria. Tal cuestión ha dado origen a una justa reacción social, ha hecho surgir y casi irrumpir un gran impulso de solidaridad entre los hombres y, ante todo, entre los trabajadores. … Era la reacción contra la degradación del hombre como sujeto del trabajo, y contra la explotación en el campo de las ganancias, de las condiciones de trabajo y de previdencia hacia la persona del trabajador.”

“Fue justificada la reacción contra el sistema de injusticia y de daño que pesaba sobre el hombre. Esta situación estaba favorecida por el sistema socio-político liberal que, según sus premisas de economismo, reforzaba y aseguraba la iniciativa económica de los solos poseedores del capital, y no se preocupaba suficientemente de los derechos del trabajador, afirmando que el capital es el fundamento y el fin de la producción.”

“Los pobres toman diversas formas; aparecen en diversos lugares y en diversos momentos; aparecen en muchos casos como resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano: bien sea porque se limitan las posibilidades del trabajo -es decir por la plaga del desempleo-, bien porque se deprecian el trabajo y los derechos al justo salario, a la seguridad de la persona del trabajador.”

“El problema del trabajo ha sido planteado en el conflicto entre el capital y el el trabajo, es decir, entre el grupo restringido de los empresarios y la más vasta multitud de gente que no dispone de los medios de producción. … Los empresarios, guiados por el principio del máximo rendimiento, tratan de establecer el salario más bajo posible para los obreros, unido a la falta de seguridad en el trabajo y también de garantías sobre las condiciones de salud y de vida.”

“El derecho de propiedad se entiende como el derecho común de todos a usar los bienes: el derecho a la propiedad privada subordinado al derecho al uso común. El único título legítimo para la posesión de los medios es que sirvan al trabajo … no conviene excluir la socialización de ciertos medios de producción. … Es inaceptable la postura del capitalismo, que defiende el derecho exclusivo a la propiedad privada de los medios de producción como un dogma intocable en la vida económica.”

“El trabajo es una fuente de derechos por parte del trabajador que deben ser examinados en el contexto del conjunto de los derechos del hombre que le son connaturales. … La política laboral es correcta cuando los derechos objetivos del hombre son plenamente respetados. … La obligación de prestar subsidio a favor de los desocupados, el deber de otorgar las convenientes subvenciones indispensables para la subsistencia de los trabajadores desocupados, es una obligación que brota del principio del uso común de los bienes o, para hablar de manera aún más sencilla, del derecho a la vida y a la subsistencia.”

“La relación entre el empresario y el trabajador se resuelve en base al salario, mediante la justa remuneración del trabajo realizado. Los gastos relativos a la necesidad de cuidar la salud exigen que el trabajador tenga fácil acceso a la asistencia sanitaria y esto a bajo costo e incluso gratuitamente. … En fin, se trata del derecho a la pensión, al seguro de vejez y en caso de accidentes relacionados con la prestación laboral.”

Todas las citas anteriores están extraídas de la Encíclica Laborem excercens, del Papa Juan Pablo II.

Ya lo ven: para comprender que el neoliberalismo es un infierno, no necesariamente hay que recurrir -que también- a otras alternativas izquierdistas, radicales, violentas, filoetarras y cuasi nazis. En el lugar más insospechado se ofrecen argumentos. Por algo será.

La España negra

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El luto es lo que mejor define el estado de ánimo actual del país, los duelos tintan de negro las esquinas y los callejones de la convivencia, el desconsuelo cotidiano ensombrece los días fundiéndolos con la nocturna oscuridad. El luto, los duelos y el desconsuelo se han incorporado al paisaje de la vida y amenazan con instalarse de forma definitiva en las retinas que miran la realidad y, a partir de ahí, configurar los sueños. Nadie quiere verlo todo negro, pero es el color que domina la inexorable actualidad.

Los grises políticos instalados en el gobierno y la oposición aplican el pincel oscuro a tareas tan necesarias y habituales como comprar el pan, calentarse en invierno o asearse con agua caliente (¡Ay, Cañete!). Son exigencias de Europa, dicen a diario, problemas de confianza derivados de la actitud derrochadora de todos los pueblos sureños. Y Europa envía a sus hombres de negro para vigilar las huchas semivacías del sur y velar para que se llenen las del norte.

La economía utilizaba el azul y el rojo como metáforas cromáticas del peligro y la salvación, del cielo y del infierno, del yin y el yang. Hoy, la economía toma el sol y degusta daikiris en paraísos fiscales donde el dinero evadido se broncea con un tono que tira al negro petrolero que inauguró la era del capitalismo desbocado. En España, se está haciendo un remake de La Tapadera (Sydney Pollak, 1993) en el que el partido del gobierno, el de la oposición, la Casa Real, cantantes, deportistas, empresarios, banqueros, y cualquiera que maneje algo más que calderilla, no dudan en cambiar el azul y el rojo por el negro. El dinero negro les pone, les mola.

Uniformes y lencería hospitalaria están cambiado el blanco aséptico por los oscuros colores de intereses privados, proyectando un sombrío panorama, en salas de espera y consultas, muy cercano al temido luto por defunción. Una gripe, si no va acompañada por un respaldo en metálico a precio de mercado, puede derivar en neumonía y pasar a ser problema funerario en vez de sanitario. Velos negros, brazaletes negros y botones forrados de negro volverán pronto a distinguir a los europeos cuyas economías no den para satisfacer la avidez de la sanidad privatizada que Europa exige y el gobierno ofrece.

Negros presagios penetran en los hogares desde la RTVE y las cadenas autonómicas, donde se ha producido un fundido a negro desde el technicolor y el pluralismo informativo hacia el blanco y negro y la propaganda de partido. PP y PSOE entienden la información como un servicio a sus intereses, la más vil manipulación adoctrinadora, conscientes de que gran parte de la ciudadanía piensa y actúa según le dictan las pantallas, las ondas o la prensa. En TVE, negros a sueldo imponen guiones políticos que los profesionales se niegan a firmar con sus nombres y su dignidad. Escandaliza que, junto a The New York Times, El País o El Mundo, se publicite sin rubor, con dictatorial descaro, una revista de la FAES en la sección revista de prensa del canal público 24 Horas.

La católica iglesia, que no renuncia a reinar en este mundo, vuelve a tener predicamento sobre un gobierno confesional como en el periodo más negro de la historia reciente. Recupera el pecado como castigo, de nuevo acogido como delito en el código penal, pontifica sobre sexo desde una abstinencia decadente, exige el control de la educación para adoctrinar, es una de las industrias que más dinero distraído mueve en España y sus negras sotanas vuelven a ser escoltadas por negras mantillas gubernamentales. Así se distancia del cristianismo y de los cristianos, así y cubriendo con un oscuro velo de silencio los casos de niños robados, la pederastia, el empobrecimiento de su rebaño y otras cosas que claman al cielo, entre ellas su beligerancia con curas obreros, cristianos comprometidos o teólogos de la liberación.

España recorre un negro túnel cuyo final no está previsto para, siendo optimistas, los próximos cincuenta años.