Democráticas dictaduras

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Cuando las palabras, el diccionario y la semántica se esputan y vomitan con incuestionable ánimo de absolutismo verbal, la comunicación deriva hacia la demagogia. El debate razonado y el diálogo argumentado son abrazos de neuronas sanas que se gustan, se necesitan y complementan huyendo de enfermizas autocomplacencias. El debate comparado y el diálogo forzado son barreras que impiden la adecuada y vital convivencia de las ideas.

En los últimos tiempos, la palabra “dictadura” sufre como ninguna los corrosivos efectos de las maléficas lenguas que la utilizan. El DRAE define este vocablo como “Gobierno que en un país impone su autoridad violando la legislación anteriormente vigente”. Tal definición del término debiera valer para arbitrar su uso y mitigar su abuso con una obligada dosis de prudencia, pero no es ésta virtud que acompañe a las élites españolas.

La citada definición sirve, por ejemplo, para nombrar académicamente lo ocurrido en Italia con Mussolini, en Rusia con Stalin, en Chile con Pinochet o en España con Franco. Fuera del academicismo, la palabra “dictadura” dispone de un vasto fondo de armario para vestir adjetivos y connotaciones más sociológicas que lingüísticas. Wikipedia ofrece una muestra de ropajes y complementos y las élites sociales ofertan los suyos propios.

En el discurso forzado y comparado, medios de comunicación y políticos pontifican para crear opinión y destruir oponentes con el tosco recurso de adornarlos con una “dictadura”. No se contraponen ideas cuando no se tienen o son malas las que se manejan; es entonces cuando se apela a los miedos latentes de la audiencia como apuesta segura de victoria por el miedo. Vencer sin convencer es el mal que corroe al bipartidismo, a sus medios de comunicación y a la democracia.

Después de casi 30 años de alternancia en el gobierno, PP y PSOE se ven asediados por la falta de ideas y la concreción de nefastas y nocivas políticas contrarias a los intereses del pueblo. Casi tres décadas prostituyendo los votos recibidos, con más o menos holgadas mayorías, han hecho que el electorado busque algo distinto asqueado de lo malo conocido. Tras casi 30 años de poder bipartito, su único, torticero y ya nada creíble argumento es vestir de amenaza a las incipientes mayorías.

El fácil y demagógico recurso de motejar a Izquierda Unida y Podemos con el término “dictadura”, a su vez adjetivada de cubana, venezolana, coreana, comunista o bolivariana, no es sino una huida hacia adelante de quienes no disponen de ideas o las que tienen son impresentables. No se debate sobre sistemas, ideas o programas, sólo se hace propaganda al más puro estilo goebbeliano: repetir una mentira hasta convertirla en verdad.

Las palabras, las mentiras, son de ida y vuelta, como las dictaduras. Quienes esgrimen relaciones de la oposición con regímenes subrayados como sanguinarios, totalitarios y dictatoriales, son los mismos que, sin ambages, comercian, en nuestro nombre, con China, Guinea Ecuatorial, Marruecos, Arabia Saudí, Baréin o la misma Venezuela. Quienes ven al diablo en Castro, Maduro o Kim Jong il son los mismos imprudentes que, en nuestro nombre, estrechan las sangrientas y represoras manos de Xi Jinping, Mohamed VI, Obiang, Abdelaziz o Al Jalifa.

La prudencia aconseja respeto a la oposición y al Diccionario de la Real Academia. El diálogo necesita ideas, no desnaturalizadas palabras usadas interesadamente con dos, tres o más sentidos.

 

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3 comentarios el “Democráticas dictaduras

  1. Nada más que añadir. Me has ahorrado escribir un artículo. La pregunta es: ¿hasta qué punto les seguirá siendo útil una táctica tan penosa? Saludos.

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    • Verbarte dice:

      Lo que es calar, cala en una parte importante de la sociedad. Pero, por otra parte, se les vuelve en contra en esa misma audiencia creyente de los medios de comunicación. Este argumentario se está volviendo un arma suicida en manos de impresentables como Rajoy que no dudan ni un instante darle bola a Obiang.

      A fuerza de manipular se van descubriendo los manipuladores.

      Salud

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  2. 7 dice:

    Reblogueó esto en Raciozinando.

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