¡¡Rajoy: pasa el porro!!

porreros

Hay propuestas políticas, como la de legalizar el cannabis, que descolocan cuando son formuladas por una pureta de la talla de Rosa Díez. Instantáneamente la sospecha da un brinco y la psicodelia estira el cuello para otear dónde está el truco, dado que en marzo de 2013 UPyD, PP y PSOE votaron en contra de una propuesta de ERC “para regularizar, en el plazo más breve posible, la producción, distribución y consumo de cannabis”.

UPyD necesita para las próximas elecciones generales la misma pócima mágica que su competencia directa, el Partido Popular, para vender su programa. La detención de los ediles populares Beatriz Rodríguez y José Antonio Gallegos con un kilo de marihuana o la presencia de la planta en el apartamento de la militante popular implicada en el asesinato de León son indicios de que en el PP se fuman porros habitualmente. La prueba irrefutable son las declaraciones de Mariano Rajoy y la cúpula del partido.

La visión idílica del país ofrecida por el presidente hace unos días, desligada radicalmente de la realidad, hace pensar que éste ha cambiado los habanos por petardos king size. Tal alucinación, propia de quien se quema las uñas apurando el canuto, sin pasarlo a nadie, sugiere que los bonsáis de Felipe González han sido sustituidos en Moncloa por plantas de Blueberry. La evasión de la realidad es muy evidente en el jefe del gobierno y va en aumento desde que viera hilillos de plastilina en los fondos marinos gallegos.

Uno de los efectos nocivos del THC, derivado de su deficiente administración o de su abuso, es la aparición de paranoias en quienes lo consumen. En la cocina del Campus de la FAES parece que a alguien se le ha ido la mano aliñando pasteles con más marihuana de la cuenta. Los efectos se han notado en todos y cada uno de los responsables del PP que han salido en tromba, los ojos rojos y la lengua de trapo, cargando contra Podemos y, por los síntomas, Aguirre se ha jalado, ella sola, con adicta gusa, un kilo entero de pastel.

Pero no todos y todas se han puesto hasta el culo de maría y hachís. Los hay que permanecen fieles a drogas tradicionales, carpetovetónicas, de efectos más elevados, más espirituales. Gallardón, Fátima Báñez, De Guindos o Fernández Díaz prefieren esnifar incienso en cantidades gloriosas confiando en que vírgenes y cristos iluminen su mandato y arreglen España. La Gürtel les ha surtido de sobres con billetes de 500 € para fabricar los aspiradores nasales.

Los fumetas de la alternancia, más finos ellos que los del PP, le han dado a la narguila durante el proceso de primarias cuyos resultados han sido infumables tanto para la militancia socialista como para su cada vez más escaso electorado. La paranoia también se ha manifestado en Susana Díaz y el electo Pedro Sánchez que han cargado contra Podemos en los mismos términos que sus socios en el poder. Esto evidencia que PP y PSOE comparten, además de políticas y puertas giratorias, el mismo camello entronizado con los votos de ambos.

No es casual, a la vista del colocón bipartidista, la agenda de Felipe el Preparado en sus primeras semanas de reinado. Primero viajó al Vaticano para garantizar el suministro de incienso de la mejor calidad y ahora se ha bajado al moro para negociar las cosechas de Ketama y el expolio de los bancos de pesca saharauis con el dictador marroquí. Mientras tanto, la ciudadanía escasamente puede ahogar sus penas y sus miserias en un vaso de Don Simón con gaseosa. Hay que quitarle el porro de las manos a Rajoy cuanto antes.

 

Anuncios

El sexo de los ángeles y del clero

sexo-clero

Mientras los otomanos cercaban Bizancio allá por el siglo XV, los bizantinos debatían seriamente sobre el sexo de los ángeles, cuestión transcendental para la humanidad, y legaron a la posteridad el concepto de discusión o argumento bizantino, convirtiendo su gentilicio en sinónimo de inútil, estéril o infructuoso. La iglesia sigue perdida, desde el antiguo testamento, en cuestiones relativas al sexo y continúa en la senda de oscurantismo y condena por la que se autodescarta como referente social mínimamente aceptable.

El papa Bergoglio hizo de cura bueno, cuestionando su capacidad para juzgar la homosexualidad, a la vuelta de su bolo brasileño, y hasta el ateísmo militante lo miró con buenos ojos. “La iglesia se abre, se actualiza, se acerca a los débiles, vuelve a ser cristiana”, se escuchaba en cualquier rincón de España a pesar de que las palabras y los actos de Rouco señalaban todo lo contrario. A cada punto de luz prendido por el papa Francisco, los directivos de la empresa vaticana responden apagando cientos de ellos. Cura bueno, curia mala.

El calendario avanza hacia el siglo XXII y la iglesia, en asuntos sexuales, aplica la marcha atrás. El flamante y flamígero Fernando Sebastián ha apagado, con su sotana purpurada, la luz encendida por el papa volviendo al bizantino argumento de la homosexualidad como deficiencia y su posible tratamiento. Líbreme su dios de cuestionar la docta aseveración de alguien que teoriza de forma tan virginal sobre el sexo y que de forma deficiente, aunque fácilmente tratable, ha renunciado a su práctica.

Sin entrar a valorar palomas inseminadoras, cilicios sadomasoquistas, éxtasis de clausura o abominables pedofilias, bien haría el Vaticano en promover un concilio monotemático y nada bizantino sobre el sexo de los curas y de las monjas. Tal vez, como hacen otras religiones, si conociesen el sexo y el amor humano, comprenderían mejor a las personas y éstas llegarían incluso a entenderles. Tal vez, la sociedad se ahorraría algunas aberraciones. Tal vez, como en otras religiones, convendría que conocieran y practicaran otros aspectos de la vida como, por ejemplo, el trabajo.

La cruz siempre ha buscado un lugar junto a la espada para vencer donde no consigue convencer. El hisopo y la porra son instrumentos del poder divino y del humano, complementarios entre sí, para controlar rebaños. En España, la más oscura de las doctrinas ha vuelto a contraer matrimonio con la más cerrada de las ideologías, la Biblia y el BOE otra vez bajo las sábanas. El neoliberalismo retoza en la Conferencia Episcopal y el Opus Dei en el gobierno.

Desde preescolar, la escuela pública enseñará la historia de Matusalén y la bondad de un plan privado de pensiones, el fratricidio de Caín y la comprensión hacia el golpe militar, el misterio de la Santísima Trinidad y la manipulación de la justicia o las siete plagas de Egipto y la conveniencia de un seguro médico también privado. Todo puntúa por igual para conseguir una beca y para acceder a la carrera soñada. No habrá trabajo, ni salud, ni educación, ni casi derechos; no habrá futuro, pero los españoles tendrán un lugar privilegiado en el reino de los cielos.

El creyente y creído gobierno de Rajoy debería comprender que el hartazgo de la calle no está inspirado por demonios ni conspirado por judeomasones. Una Iglesia Católica que hablara de teología desde el púlpito y de sexo desde la cama sería más creíble, sensible y humana. Ambos dos, gobierno e iglesia, comparten el poder como objetivo, el sexo como tabú y la riqueza como pecado. En España se han cerrado los armarios, pero siguen abiertas las braguetas bajo las sotanas.

Guateque religioso integrista

rouco-kiko

En estas fechas, festivas por imperativo social, la proximidad de la nochevieja invita a pensar qué sentido tiene celebrar la llegada de un nuevo año. El siglo XX detuvo el calendario español en 1936 hasta que, en 1975, volvió a mover sus hojas dejando entrever que los relojes recobraban el ritmo reprimido y se sincronizaban con el resto del mundo. España salió de un letargo impuesto y entró en una dinámica de aparente normalidad.

Acabamos de asistir a los navideños discursos de un anacrónico rey y de un presidente embustero, dispuestos ambos a torcer la realidad de los hogares españoles y adornarla con guirnaldas y fugaces estrellas de oriente. La naftalina ha impregnado sus mensajes y la caspa ha hecho las veces de navideña nieve artificial. Faltaban una tercera voz asotanada y una cuarta uniformada que vendrá el día de los reyes magos para temer que, tras arrancar la hoja de diciembre en el calendario, aparezca una hoja anunciando el mes de enero… de 1940 ó 50.

El guateque organizado por Rouco en la plaza de Colón de Madrid ha reunido a miles de personas para representar un escrache navideño. Celebraban que el gobierno ha vuelto a ceder parcelas de poder, al margen de la democracia, a una iglesia católica que vuelve a sus postulados históricos de acercamiento a los gobiernos y alejamiento del pueblo. Muchos católicos y pocos cristianos han desfilado y entonado cánticos y loores, como siempre.

Abrió el guateque el talibán Kiko Argüello, guitarra en mano, para quien “España tiene un problema de falta de hijos”. Entre paletas de colores y notas musicales, el fundador de los “kikos” mueve hilos en la Conferencia Episcopal Española y en el propio Vaticano, gracias a su demostrada capacidad para embaucar y mover masas. No explica a la sociedad la fórmula para vivir de la, desconocida como profesión, labor de catequista. Tampoco explica cómo sostener una familia como las de sus ciegos seguidores, con hasta once o doce hijos, con un solo sueldo. Tal vez, explicándolo, solucionaría el problema de muchas familias, evitando de paso miles de abortos.

Ha asistido también al evento, de forma virtual, el nuevo Papa cuya salud corre graves riesgos cada vez que habla. El Papa errado ha saludado al party paralelo de Barcelona y, por cortesía, al de Madrid, un más que presunto desprecio a Rouco y su tropa integrista que dará que hablar, y que rezar, durante unos días. El catolicismo mundial ha rondado al poder a lo largo de la historia, Bergoglio flirteó con el dictador Videla, Ratzinger con el nazismo, y el catolicismo español ha puesto y quitado reyes, dictadores y presidentes.

De la arzobispal boca de Rouco han salido preocupantes palabras. Ha alentado a la familia a enfrentarse a la “agobiante atmósfera intelectual y mediática” que vive España. Comprendiendo que el intelecto es la antítesis de la fe, no alcanzo a entender la agobiante atmósfera mediática a que se refiere el amo y señor de la COPE y de 13TV, púlpitos desde los que se combate fiera y diariamente a la democracia con posturas rayanas a las del medieval Santo Oficio.

Ninguna referencia a las políticas del católico Partido Popular que destrozan personas y familias poniendo en peligro las vidas de personas excluidas de la sanidad y privadas de recursos para atender con dignidad sus necesidades básicas. Para eso está la familia. Ninguna referencia a los miles de niños damnificados por las graves consecuencias del celibato antinatura, practicado por los curas, en un foro donde las católicas familias utilizan a sus propios hijos como escaparate ideológico de Rouco, Kiko y compañía.

Para el año nuevo, señor Rouco, entre otros, mi deseo de más educación y menos religión, más cristianismo y menos catolicismo, más dignidad y menos caridad, más humanidad y menos divinidad.

Las mil caras del terrorismo

terrorismo

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha dictaminado que la doctrina Parot no se atiene a derecho. A partir del fallo se ha destapado la fusilería dialéctica disparando a bocajarro contra el mensajero, en este caso el Tribunal de Estrasburgo. Parece ser que alguien hizo trampas con los naipes legales y la baraja marcada ha quedado al descubierto cuando la partida parecía haber acabado. El problema no es que unos vulgares asesinos salgan prematuramente de la cárcel, el problema es que la alteración torticera de la Ley ha pisado un callo de la justicia que afecta al propio Estado de Derecho.

En este país, el abominable terrorismo de ETA ha sido vilmente manipulado por la derecha que descubrió en los tiros de gracia y las bombas indiscriminadas un argumento electoral del que ha obtenido pingües beneficios políticos. Los dirigentes populares han pastoreado en el dolor de los familiares de las víctimas y en la solidaridad ciudadana como estrategia de asedio a la banda terrorista, en un primer plano, y al independentismo vasco, en un segundo plano.

No ha dudado el Partido Popular en incluir en sus listas electorales a víctimas del terrorismo como reclamo y llegó a la indecencia interesada de atribuir a ETA los atentados del 11M. La doctrina Parot se inscribe en la espiral manipuladora que ha llevado a los defensores del Estado de Derecho a hacer trampas a la propia legalidad vigente. El terrorismo mueve conciencias y desata los sentimientos de la gente sencilla que teme a cualquier tipo de bestia que amenace la convivencia. ETA era la peor de las bestias que paseaban por España y la derecha la ha utilizado, sin mucho escrúpulo, para atraer conciencias y sentimientos a su redil político.

Contrasta la forma de abrir las heridas de las víctimas del terrorismo etarra y exhibir las lágrimas de sus familiares con la vocación cicatrizante que la derecha, cada día más extrema, abandera respecto a las víctimas de otro terrorismo que azotó a España durante otros cuarenta años, el terrorismo franquista. La premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú dice que “Lo que no vale es la hipocresía y la doble moral de quienes condenan una forma de terrorismo, al mismo tiempo que tratan de justificar el terror de los estados”. Y lleva razón.

Suma España casi un siglo de terrorismo, entre el franquismo y ETA, al que se añaden ahora el terrorismo financiero, el terrorismo sanitario, el terrorismo asistencial, el terrorismo laboral o el terrorismo educativo que esa misma derecha de vestiduras rasgadas aplica desde el gobierno. Un cuerpo hipotecado colgando de una cuerda o un cáncer desatendido no son comparables a una bala en la nuca, aunque sean letales por igual, ni la esclavitud de un puesto de trabajo es comparable al secuestro en un zulo, aunque sean igualmente privativos de libertad. Así lo entienden y así lo venden en la calle Génova.

Un tal Jorge Bergoglio, nada sospechoso de izquierdismo, afirma que “Los derechos humanos se violan no sólo por el terrorismo, la represión, los asesinatos, sino también por la existencia de condiciones de extrema pobreza y de condiciones económicas injustas que originan las grandes desigualdades”. Y lleva razón. Aún no se han pronunciado los autorizados voceros del PP con idéntica vehemencia al respecto ni han arremetido contra el Vaticano con la misma exaltación que lo han hecho en contra del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos.

ETA es un cruel recuerdo del pasado más reciente de este país y no merece más protagonismo en su historia. Los frentes abiertos por los diferentes terrorismos que madrugan cada día y amenazan individual y colectivamente a la población son ya las únicas bandas a combatir de forma activa y democrática. Los enaltecimientos antietarras sólo conducen ya a posturas como las de Jaime A. Mora, cachorro de Nuevas Generaciones que, amamantado en la manipulación de su partido, se ha convertido en terrorista virtual de las redes sociales.

Dioses y diablos

FaustoEterno

Dos mil años de inmovilismo, alternado con retroacción, definen a un organismo poco reconocible en los reinos animal o vegetal, un organismo inanimado, cuasi mineral. El organismo humano, animal, ha desarrollado unas capacidades cerebrales que le han hecho distanciarse del resto de los seres vivos. El uso de la inteligencia, sin embargo, no le ha eximido de cumplir la ley natural simplificada en el proceso de nacer, crecer y morir, común a todos los organismos celulares.

La muerte, en la mayoría de las sociedades, causa angustia y los individuos recurren a constructos culturales en un deseo íntimo de eludir este último estadio de la vida. La muerte no deja de ser la mayor frustración de la humanidad y las colectividades, milenariamente, han buscado recursos para esquivarla. Las religiones han sabido negociar una proyección de inmortalidad que ha llegado hasta el siglo XXI como alternativa a una realidad irrefutable. La vida eterna a cambio de la razón, ese ha sido el trato y el gran éxito del marketing religioso.

La eternidad no es un rasgo humano sostenible intelectualmente y ha sido necesario idear un ser sobrehumano, un dios, un ente capaz de suplir la deficiencia natural. Dijo el hombre: “hágase dios” y el dios se hizo, eterno, a imagen y semejanza del anhelo humano. En palabras de Luis García Montero, “Los seres humanos pueden vivir sin dioses pero los dioses le deben la vida a los seres humanos, es decir, son una extensión imaginaria de la realidad, el resultado de una insatisfacción”.

Esta especie de terapia cultural fue intuida pronto como un elemento de poder y dominación social y así surgieron los sacerdotes, personas que se situaron en un plano intermedio entre lo humano y lo divino, y el diablo, supremo castigo para quienes recelan de los dioses. Dioses y diablos son inseparables, no se conciben los unos sin los otros y viceversa. La eternidad se presenta como una potestad divina que sólo alcanza a quienes se pliegan incondicionalmente a los dioses y sólo es accesible tras la muerte. Ícaro, Fausto o Dorian Gray son fabulaciones laicas que advierten sobre los riesgos de la inmortalidad a destiempo, avisos para navegantes.

La fijación por la etapa del nacimiento y la oposición al crecimiento intelectivo de las personas explica el inmovilismo, el carácter conservador que muestran, sin excepción, las religiones. Sus promesas de vida eterna a quienes acaten las normas divinas explican el uso del miedo como método de supervivencia de las creencias religiosas que se mueven al ritmo ritual del tótem y del tabú, del premio y del castigo, de ídolos y pecados, entre marciales acordes de trompetas y tambores.

En el caso de las católicas y marianas sociedades occidentales, es notoria la posición de la jerarquía eclesiástica que ha sobrevivido durante dos milenios imponiendo sus dogmas según ha demandado el mercado de la fe en las diferentes etapas de la historia. Las más de las veces han apelado al diablo y se han distanciado de quienes buscaban un dios más humano del propuesto por el Vaticano. Hoy, en España, asistimos a un episodio más de imposición de la fe por parte de la Conferencia Episcopal. No le vale convencer y busca por todos los medios vencer.

Su silencio sobre los efectos empobrecedores de la economía, su silencio ante el sufrimiento provocado por la política sanitaria, su silencio hacia unas víctimas de la guerra y del horror, su silencio ante la nueva esclavitud laboral, son silencios que hieren los oídos y las creencias, 30 silenciosas monedas a cambio de perpetuar su supremacía. Hay que recordar las palabras de Epicuro: “¿Está dispuesto Dios a prevenir la maldad, pero no puede?… entonces no es omnipotente. ¿Puede hacerlo, pero no está dispuesto?… entonces es malévolo. ¿Es capaz y además está dispuesto?… entonces, ¿de dónde proviene la maldad? ¿No es él capaz ni tampoco está dispuesto?… entonces, ¿por qué llamarlo Dios?” Tal vez el diablo vista traje, uniforme o sotana, ¿chi lo sa?

Aznar y Rouco: la momia y el exorcista

momiaexorcista

El exilio en España debería estar subvencionado para el ciudadano de a pie. A diario se ve cómo se exilia el dinero a espuertas en paraísos fiscales, cómo se exilian la ética y la decencia de este paraíso impune de la corrupción, cómo se exilia la producción al paraíso competitivo del tercer mundo, cómo se exilia la juventud sin futuro al paraíso de los minijobs europeos o cómo se exilian los sueños y las esperanzas del yermo paraíso de un bipartidismo estéril. La última exiliada parece ser la inteligencia de muchos personajes que ocupan cargos de responsabilidad.

Para solicitar asilo en cualquier país del mundo, bastará con acreditar la nacionalidad española y se disfrutará de inmediato del estatus de refugiado. Fuera de las fronteras hispanas se observa la actualidad del país y no pasa desapercibido el retorno de muertos vivientes, momias, vampiros, hombres lobo, espíritus y todo tipo de ectoplasmas a la escena pública. En el extranjero son compresivos con un país que a la estafa financiera suma la estafa democrática y lo que va camino de ser una estafa intelectual.

En pocos días, a los vampiros tipo Bárcenas o Urdangarín, al hombre lobo de educación, a la esfinge de sanidad, a los fantasmas de la troika o al zombi de la Moncloa, se le ha sumado la momia. La momia ha concedido una entrevista a una cadena amiga, con periodistas amigos, para señalar a sus enemigos, a los enemigos de España. Horror y terror. Los enemigos del mundo son los notarios de la corrupción que consintió en su otra vida, quienes heredaron su burbuja sin querer explotarla y, ¡oh Belcebú! el propio faraón al que situó en el vértice de la pirámide del PP.

La momia se ha desprendido de sus vendas purulentas para denunciar que todo el mundo está equivocado y que el universo entero conspira contra ella. Todo el mundo menos quienes desfilaron por el Escorial en la boda iluminada de su familia o quienes alquilan su talento después de cobrar por comprarle una medalla. La momia ha salido del sarcófago para reclamar a su partido que resucite el proyecto del faraón del Pardo y cumpla un programa que los españoles desconocían cuando se cerraron las urnas en las útimas elecciones. La momia ha interpretado los resultados de las urnas como un arma de votación masiva mal aprovechada por su partido para bombardear España.

Esperaba la momia que su intervención distrajese de la Gürtel, del rescate, de la estafa, de Bankia, de las preferentes, del robo sanitario y educativo, de la represión policial, de los desahucios, del paro, de las reformas laborales y del vendaval neoliberal. Acto seguido ha resucitado otro adalid de la libertad y la democracia para el que todo el mundo no sólo está equivocado, sino que, además, vive en pecado. Aparece el exorcista en la escena con agua bendita en una mano y un crucifijo en la otra.

Después de evangelizar desde el BOE con la LOMCE y el proyecto de ley del aborto, el director comercial del Vaticano en España, ante la demanda creciente de su parroquia, ha decidido crear una falange de exorcistas para proteger a España de Satanás. Después de las rogativas de diversos políticos para que el cielo solucione el paro, después de recomendar encender velas a los santos para aliviar los efectos de la crisis, después de crucificar la escuela pública, después de separar a niños y niñas y de aconsejar más decoro indumentario a éstas, ha llegado el exorcista para combatir al diablo.

En este país, el exilio emprendido por la modernidad exige defensas apropiadas para combatir a la tropa que nos gobierna y amenaza civil y espiritualmente. La parte creyente de la sociedad se aferrará al crucifijo para librarse de ellos, el resto deberá echar mano de ajos, estacas y balas… de plata, claro, o tomar el camino del exilio por higiene mental.

Indultos e insultos

indulto

Un indulto es una gracia por la cual se remite total o parcialmente o se conmuta una pena. Corresponde al Consejo de Ministros proponerlo y a Su Campechana Majestad firmarlo y concederlo. Desde hace años, los indultos en España se obstinan en ser, más que una gracia, un cachondeo, una burla al más elemental sentido de la justicia, un regate al respeto cívico, una ágil pirueta sobre el decoro. La extravagancia en los los indultos hispanos se refleja en la capacidad indultadora atribuida al presidente de los suplicios taurinos o en la suplantación del Jefe del Estado por el Cristo del Perdón en Málaga.

Todos los gobiernos de España han utilizado alguna vez el indulto como antojo de embarazada primeriza, produciendo enojo en gran parte de la población y distanciándolo del concepto de justicia. Gallardón se ha estrenado en el arte de los indultos arcanos, Montoro se ha lucido con su amnistía, un indulto tan generalizado como injusto, y Aguirre ha desfigurado la condena de Carromero hasta homologarla en la práctica a un indulto. Se indulta a Adelson antes de cometer delito, se indulta a la banca de la estafa global, se indulta a las multinacionales que pactan precios, se indulta la corrupción bajo una manta de buenos propósitos y se indulta a los mossos de escuadra convirtiendo el indulto en insulto social.

Santiago del Valle, condenado por el asesinato de la niña Mari Luz, ha solicitado su indulto, del que los medios destacan la ortografía y la gramática como enjundia informativa, aprovechando la barahúnda que envuelve al gobierno, a la oposición y a la ciudadanía. Sin entrar a valorar su juicio y condena, llama la atención que este ciudadano se sienta legitimado para pedir el indulto. Un país no puede estar bien de salud cuando dispensa indultos como genéricos sin receta, haciendo pensar que cualquiera puede acceder a ellos aunque su solicitud no participe de la excelsa ortografía del despacho donde trabaja Gallardón Junior.

La indulgencia de los gobiernos para con quienes no la merecen es tan notoria como su férrea indiferencia hacia quienes tienen soldadas sus vidas a una abyecta hipoteca con suelo, cosidas a una infame preferente o grapadas a un indestructible contrato de telefonía. Son los gobiernos quienes condenan a sus ciudadanos al yugo empresarial y a las flechas financieras, los mismos gobiernos que, tarde o temprano, sientan a sus componentes en en los consejos de administración de las empresas o a los empresarios en el Consejo de Ministros.

Los pecados mortales se indultan, se disimulan o se premian con insultantes puestos en Bankia, Telefónica, Iberdrola, La Caixa o Endesa. Los pecados veniales se castigan con recortes, impuestos, paro y desprecio cada vez menos disimulado. Ya, para los creyentes, no queda ni tan siquiera el recurso de la absolución porque, a la vista de lo que quizás está pasando en el Vaticano, ni los ministros de Dios son de fiar. Y para colmo, los sobres que recibe la población en general sólo contienen facturas, multas, requerimientos o publicidad, ni una sola carta de amor, ni un miserable billete de quinientos.

La élite política se autoindulta cuando prevarica, cuando evade, cuando se corrompe, cuando miente y cuando incumple sus programas. Lo siente mucho y proclama que no volverá a ocurrir. La justicia no es, triste evidencia, igual para todos los españoles. A pesar de todo, no renuncio, no tiro la toalla, porque estoy jodida pero contenta.