Aborto forzado

GallardonAbortado

Que un ministro dimita no debiera ser noticia, sino algo habitual en una democracia normalizada. Pero la democracia en España es un interrogante parlamentario difícil de encajar en un gobierno (κρατία) del pueblo (δημο) y para el pueblo. El gobierno, desde la llegada del Partido Popular, es una anormalidad, una malformación equidistante entre el autoritarismo y la dictadura, una secuela histórica de un franquismo redivivo con tics medievales.

La malformación del gobierno es genética y afecta letalmente a la madre, a la democracia, poniendo en riesgo su vida y la de todos sus hijos, los ciudadanos y ciudadanas. En las últimas elecciones generales millones de votantes repudiaron a Zapatero y se arrojaron, infelices, a los brazos de un nada atractivo Rajoy para vengarse del primero. El resultado, lo seguimos sufriendo, es un embarazo múltiple de embriones que carcomen las entrañas del estado.

Uno de esos fetos necrosados y malolientes ha sido abortado: Gallardón se va, dimite, se retira, abandona el pesebre público (al menos, eso ha dicho, pero conviene la prudencia). Traicionado, sacrificado por un puñado de votos, herida su estima, apuñalado su ego, emigra como un político castrado de presente y futuro, igual que la juventud española. Ojalá desaparezca de la amarga realidad social de este país.

El verso libre del PP, el conservador progre, el “hijoputa” según Aguirre, el hijo y yerno del franquismo, el hipotecador de Madrid, la pareja de baile de José Bono, se ha despeñado por un túnel de Madrid que él no ha perforado. Sale del gobierno y del partido con resignación cristiana, mordiendo el polvo y la lengua, con el cordón umbilical entre las piernas. Sus incondicionales y su director espiritual rezan por él, por quien tanto ha rezado.

Mientras Alberto se lame las heridas en las esquinas de la soledad, su exjefe le ha dado esquinazo en la dictadura comunista china (amparada por su propia Injusticia Universal). Los liberales, llenos de pliegues morales y éticos, machacan a Venezuela o a Cuba mientras hacen romerías y peregrinaciones, las que haga falta, al paraíso de las libertades y el trabajo decente. Primero Cospedal y ahora Rajoy toman nota de cómo ha de ser la competitividad española.

No está clara la relación entre la retirada de la Ley del Aborto y el retiro de Rouco Varela. El matrimonio PP-CEE ha sido el más fecundo de la legislatura. Del polígamo concubinato de monseñor con más de medio gobierno nacieron una educación a su medida o el latrocinio de las inmatriculaciones. El aborto de la Ley Gallardón ha dejado al gobierno al borde del divorcio de sus más radicales y retrógrados votantes cuando más representantes tiene la Iglesia en el Consejo de Ministros. Como postula Aguirre, están en manos de la providencia.

Si el PP presiente una caída electoral y teme el fruto surgido del vientre de la calle, haría bien en incorporar a sus listas a personajes de un PSOE que parece haber entrado en la menopausia ideológica y se muestra incapaz de engendrar ilusiones. A muchos de ellos les haría ilusión para salir de la embarazosa situación que vive el bipartidismo. Gallardón se ha ido, pero España sigue embarazada de fetos nada democráticos.

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Recuperación, cómo y por qué

La-verdad

La vivienda es un derecho constitucional de pago mensual y constante al casero, particular o bancario. La diaria necesidad de comer se abona en efectivo, a débito o crédito. La salud es una amenaza con contrato indefinido cuando la economía del paciente está exangüe de liquidez. El trabajo es un derecho constitucional que a la mayoría apenas le da para cubrir otros derechos y necesidades… cuando da.

Hasta la crisis/estafa, trabajo, derechos y necesidades eran la calle y las aceras que conectaban el presente y el futuro de las personas con mayor o menor seguridad y acierto. La estafa ha destruido el pavimento y eliminado acerados a escala global en países con capacidad de recuperación. Se ha socavado el presente de la mayoría para garantizar el futuro de una minoría, se ha precarizado al 99% para afianzar al 1%.

La crisis, la estafa, ha levantado el asfalto en el sur de Europa. Los pies caminan sobre aristas laborales dejando un rastro de angustia ciudadana, de necesidades renunciadas y derechos esfumados. Los pasos buscan piso firme para recuperar el ritmo perdido y sólo hallan desniveles que hacen clavar en el hostil suelo las rodillas por caída o humillación. El páramo, hasta hace poco calle, ofrece un horizonte gris sin aceras, sin futuro.

La España que ha rescatado las autopistas, la que trabaja para el 1%, advierte que acabó la crisis y que la recuperación ha llegado. Desde el suelo, de rodillas, el 99% se levanta, para sostener esa recuperación, para empujar el carro, para trabajar medias jornadas acaso, durante un par de meses, por escaso salario. Se está creando empleo a ritmo extraordinario para aumentar, únicamente, la riqueza de corruptos, banqueros y empresarios, la de unos cuantos.

Feliz se muestra el presidente en su santuario, feliz y complaciente con quienes esquilman el público erario con evasiones, con fraudes y engaños, con oscuros negocios y comisiones a las que su partido no hace ascos. Han salvado a España, pregonan en los telediarios, y es obligación de los españoles ser felices y celebrarlo. Vende Rajoy, el presidente plasmado, la peculiar recuperación como preludio de un voto recuperado que le permita repetir mandato.

La única felicidad y las únicas celebraciones en estos tiempos aciagos son las de Botín, las de Rosell, las de Rouco y las de los mercados. Unos celebran sus ganancias, otros la oficialidad de sus rosarios y juntos confían en los votos gregarios para mantener a un gobierno reaccionario que pactaría con el PSOE de ser necesario. Mientras, la ciudadanía, la parada y la explotada, se hace las mismas preguntas a diario: ¡¿De qué diablos hablan?! ¡¿Qué coño están celebrando?!

La crisis era eso: poner un lazo al cuello ciudadano y apretar para asfixiarlo. La recuperación pregonada consiste en destensarlo, aflojar lo justo y necesario para mantener la fuerza de trabajo de rodillas, con los pies despellejados, con un presente de derrota e hiel y un futuro renunciado. El sondeo del CIS presagia bipartidista pacto ante el empuje de la dignidad en las urnas. Tal vez el pueblo prefiera morir de pie a vivir arrodillado.

Un Papa de la hostia (*)

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Hola, Jorge. Buenos días nos den Dios y Bakunin.

Antes de nada, quiero aclarar que el título de esta epístola apóstata está recogido en el Diccionario de la Real Academia de tu Lengua como adjetivo vulgar malsonante (*), aunque su sentido es de loa. Nada tiene que ver con el retrato que muestra a un cura dando una hostia al general Videla y que las redes sociales identificaron con tu persona. Comprende el error al amparo de la dilatada historia de tu iglesia dando hostias, consagradas y no de las que merecen, a todo tipo de sanguinarios dictadores militares, incluido el general Franco por la parte que me toca.

Reconozco en ti a un artista de la escena, un experto de la tramoya, un perito en tablas capaz de representar y hacer creíble el espectáculo que la plebe desea contemplar. Hasta ahora no te va mal con gestos y palabras que el público aplaude hasta el dolor de las palmas y vitorea hasta quemar las gargantas. He de confesarte, sin connotación sacramental, que he llegado a temer por tu vida debido a esa dilatada historia de tu iglesia llena de intrigas, intereses y conspiraciones.

No sé si, viniendo de una agnóstica, atea y apóstata, prestarás atención a mi demanda de que te des una vuelta por mi país para que vean tus ojos y tus oídos escuchen lo que la empresa vaticana alienta, permite y perpetra en nombre del Dios y las vírgenes que adoráis los católicos y que el pueblo consume como si fuese marihuana. Coge tu “4 latas” y ven a conocer la España mariana. Spain is different, dijo Fraga, ya lo verás.

Evalúa tú la pertinencia del viaje, unas pinceladas bastan para componer el cuadro que pinta tu iglesia y soportamos los españoles con indignación y vergüenza. Como sabrás, el arzobispo de Granada ha editado aquí el evangelio talibán de Cásate y sé sumisa para meter el dedo en la llaga que el dogma abrió en carnes femeninas y que, para más inri, ha rociado con vinagre el imán de Canena en plena farsa infantil de comuniones.

El obispo de Málaga homologa la condición humana a la canina si no se ajusta al modelo familiar del portal de Belén, paloma incluida. El de Segorbe-Castellón asegura que los hijos de homosexuales tienen graves perturbaciones de personalidad. Y el de Tenerife achaca la pederastia a la provocación de los niños. Libera sus cuerpos del anacrónico celibato antinatura para que parezcan normales, pero ten presente que, de hacerlo, renuncias a la santidad recién otorgada por los tuyos a quien ocultó y consintió la pederastia.

Esta tierra vive un corralito mediterráneo urdido por el mismo demonio que lo ensayó en Argentina y la pobreza se ensaña con los de siempre, los pobres, mientras los tuyos acumulan riquezas a cambio de apoyos al partido que gobierna. Si te escandalizó el millonario piso del obispo alemán, imagina cómo estamos aquí con el negocio inmobiliario que Aznar regaló a los tuyos y con el milmillonario coste que mantenerlos supone a las arcas públicas. No estaría mal llenar el mundo de curas casados y que ganen el pan con el sudor de su frente. La secta de Kiko Argüello es algo parecido, aunque habría que verlos sin su bolsa de inmundicias.

¡Y qué decir de tu exdirector comercial en España! Ya sabes que los personajes mencionados arriba sólo son apóstoles del jubilado Rouco Varela, pertinaz cruzado que teme una nueva guerra civil en España sin haber movido su cristiano dedo para enterrar a las víctimas de la anterior que aún yacen en fosas y cunetas. No será él quien desdiga al cura Jesús Calvo ni al gobierno que lo ha comprado y condecorado.

En caso de que decidas venir, pide facturas de todos tus gastos, no te fíes de quienes engordaron su caja B con la visita de tu antecesor. Ni te fíes de ciertas damas que ocultan el dolor que infringen al pueblo bajo mantillas. Ni del monaguillo campechano que te utiliza para tapar las espinas de su real corona. Pensándolo bien, dejémonos de hostias y mejor no vengas a este país de fariseos y sepulcros blanqueados.

Queda con Dios y con Bakunin, Jorge. Salud.

 

Goodbye, Mr. Rouco

RoucoRichelieu

Ilustración de Richelieu: El Viejo Coyote (Espanded Coyote).

A su nacimiento, semanas antes de comenzar la cruzada franquista, sólo le faltó una estrella fugaz para revelar que este santo varón era un elegido de Dios. Entre latines y leyes, intuyó que consagrar su vida al recuento de ovejas descarriadas en una parroquia de pueblo no era modo idóneo para acelerar su acercamiento al cielo. Animal político, optó por cátedras y púrpuras, conjuras y maquinaciones, hasta alcanzar la dignidad de cardenal y entrar en alguna quiniela papal. Ahora, a los 77 años, se jubilan él y, tal vez, Dios nos oiga y asista, sus ideas.

La casualidad y la voluntad divina no existen, así que la entrega de Rouco a la conquista de poder terrenal no fue sino resultado de sus estudios doctorales sobre relaciones entre iglesia y estado en el siglo XVI. Él, perdónalo señor, comprendiendo que su reino sí era de este mundo, invirtió su vida en conseguir para Dios lo que es de Dios, lo que es del César y lo que es del pueblo. Su sueño fue, quizás, encarnar un híbrido humano y divino cual emperador romano, un semidiós con pleno poder legislativo, ejecutivo, judicial y espiritual.

Mientras duró el franquismo, su abnegada entrega al nacional catolicismo le llevó levitando hasta el obispado auxiliar de Santiago y cierra España. Muerto el dictador, monseñor quedó huérfano en su defensa de la reserva espiritual de occidente, toda vez que los herederos del general decidieron acechar, apostados en sus cuarteles de invierno, la llegada de tiempos propicios. La travesía del desierto fue recompensada con el arzobispado de Madrid y el cardenalato.

España se modernizaba libre de cadenas, trenas y cadalsos. Urnas infieles liberaron diablos divorcistas, luciferes abortistas, demonios laicistas y satanes educativos, y él estaba solo ante el peligro infernal desatado por la democracia. Sintió la llamada divina y dedicó cuerpo y alma a su particular reconquista del Paraíso perdido desde la Trinchera Episcopal, con Kikos, Opus Dei y Brunete mediática como tropa de choque, hasta convertir el catolicismo patrio en cheque electoral.

El abandono de los cuarteles de invierno fue de provecho al cardenal, aprendiz de Richelieu, para hacer efectivo su cheque de almas. El Partido Popular, necesitado del absolutismo electoral para gobernar, entró al trueque disponiendo un programa integrista y un gobierno devoto muy del gusto del prelado. Al César, poco; al pueblo, propósito de enmienda y dolor por los pecados; y a Dios, Justicia, Sanidad y Educación.

Atado y bien atado deja Rouco todo: una España Mariana, varias vírgenes asesoras ministeriales y crucifijos presidiendo espacios y actos públicos de este santo país. Se jubila el vetusto Magistral, de discreto cuerpo y sosias de Paco Clavel, pero de anzuelo ideológico capaz de estremecer vida, piel y hacienda en cualquier Regenta ansiada. Se jubila pensando para sus adentros aquello soez de “para lo que me queda en el convento, me cago dentro”.

El último y aciago servicio a su particular patria ha sido la homilía en el funeral por los atentados del 11 M. Desde el púlpito de la Almudena, ha metido el dedo en la llaga manipulada de las víctimas. Desde la Trinchera Episcopal ha plañido por la ruptura de España, palabras que ensanchan grietas, y ha recitado la letanía homófoba y misógina a coro con un gobierno del que se despide la aliada sotana que le llenaba la Plaza de Colón en sus días de callejera gloria.

Herencias deja el cardenal presbítero de San Lorenzo en Dámaso. Lega la COPE y 13TV, ignominias informativas a su imagen y semejanza. Deja la santa compaña de obispos y arzobispos, su guardia pretoriana. Deja, a las víctimas lloradas y no enterradas, apenas una lágrima forzada. Deja, a las víctimas de pederastia, nada. Su adiós, urbi et orbi, sabe a tocino de cielo, pastel de gloria, teta de monja, bocatto di cardinale.

Guateque religioso integrista

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En estas fechas, festivas por imperativo social, la proximidad de la nochevieja invita a pensar qué sentido tiene celebrar la llegada de un nuevo año. El siglo XX detuvo el calendario español en 1936 hasta que, en 1975, volvió a mover sus hojas dejando entrever que los relojes recobraban el ritmo reprimido y se sincronizaban con el resto del mundo. España salió de un letargo impuesto y entró en una dinámica de aparente normalidad.

Acabamos de asistir a los navideños discursos de un anacrónico rey y de un presidente embustero, dispuestos ambos a torcer la realidad de los hogares españoles y adornarla con guirnaldas y fugaces estrellas de oriente. La naftalina ha impregnado sus mensajes y la caspa ha hecho las veces de navideña nieve artificial. Faltaban una tercera voz asotanada y una cuarta uniformada que vendrá el día de los reyes magos para temer que, tras arrancar la hoja de diciembre en el calendario, aparezca una hoja anunciando el mes de enero… de 1940 ó 50.

El guateque organizado por Rouco en la plaza de Colón de Madrid ha reunido a miles de personas para representar un escrache navideño. Celebraban que el gobierno ha vuelto a ceder parcelas de poder, al margen de la democracia, a una iglesia católica que vuelve a sus postulados históricos de acercamiento a los gobiernos y alejamiento del pueblo. Muchos católicos y pocos cristianos han desfilado y entonado cánticos y loores, como siempre.

Abrió el guateque el talibán Kiko Argüello, guitarra en mano, para quien “España tiene un problema de falta de hijos”. Entre paletas de colores y notas musicales, el fundador de los “kikos” mueve hilos en la Conferencia Episcopal Española y en el propio Vaticano, gracias a su demostrada capacidad para embaucar y mover masas. No explica a la sociedad la fórmula para vivir de la, desconocida como profesión, labor de catequista. Tampoco explica cómo sostener una familia como las de sus ciegos seguidores, con hasta once o doce hijos, con un solo sueldo. Tal vez, explicándolo, solucionaría el problema de muchas familias, evitando de paso miles de abortos.

Ha asistido también al evento, de forma virtual, el nuevo Papa cuya salud corre graves riesgos cada vez que habla. El Papa errado ha saludado al party paralelo de Barcelona y, por cortesía, al de Madrid, un más que presunto desprecio a Rouco y su tropa integrista que dará que hablar, y que rezar, durante unos días. El catolicismo mundial ha rondado al poder a lo largo de la historia, Bergoglio flirteó con el dictador Videla, Ratzinger con el nazismo, y el catolicismo español ha puesto y quitado reyes, dictadores y presidentes.

De la arzobispal boca de Rouco han salido preocupantes palabras. Ha alentado a la familia a enfrentarse a la “agobiante atmósfera intelectual y mediática” que vive España. Comprendiendo que el intelecto es la antítesis de la fe, no alcanzo a entender la agobiante atmósfera mediática a que se refiere el amo y señor de la COPE y de 13TV, púlpitos desde los que se combate fiera y diariamente a la democracia con posturas rayanas a las del medieval Santo Oficio.

Ninguna referencia a las políticas del católico Partido Popular que destrozan personas y familias poniendo en peligro las vidas de personas excluidas de la sanidad y privadas de recursos para atender con dignidad sus necesidades básicas. Para eso está la familia. Ninguna referencia a los miles de niños damnificados por las graves consecuencias del celibato antinatura, practicado por los curas, en un foro donde las católicas familias utilizan a sus propios hijos como escaparate ideológico de Rouco, Kiko y compañía.

Para el año nuevo, señor Rouco, entre otros, mi deseo de más educación y menos religión, más cristianismo y menos catolicismo, más dignidad y menos caridad, más humanidad y menos divinidad.

Aznar y Rouco: la momia y el exorcista

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El exilio en España debería estar subvencionado para el ciudadano de a pie. A diario se ve cómo se exilia el dinero a espuertas en paraísos fiscales, cómo se exilian la ética y la decencia de este paraíso impune de la corrupción, cómo se exilia la producción al paraíso competitivo del tercer mundo, cómo se exilia la juventud sin futuro al paraíso de los minijobs europeos o cómo se exilian los sueños y las esperanzas del yermo paraíso de un bipartidismo estéril. La última exiliada parece ser la inteligencia de muchos personajes que ocupan cargos de responsabilidad.

Para solicitar asilo en cualquier país del mundo, bastará con acreditar la nacionalidad española y se disfrutará de inmediato del estatus de refugiado. Fuera de las fronteras hispanas se observa la actualidad del país y no pasa desapercibido el retorno de muertos vivientes, momias, vampiros, hombres lobo, espíritus y todo tipo de ectoplasmas a la escena pública. En el extranjero son compresivos con un país que a la estafa financiera suma la estafa democrática y lo que va camino de ser una estafa intelectual.

En pocos días, a los vampiros tipo Bárcenas o Urdangarín, al hombre lobo de educación, a la esfinge de sanidad, a los fantasmas de la troika o al zombi de la Moncloa, se le ha sumado la momia. La momia ha concedido una entrevista a una cadena amiga, con periodistas amigos, para señalar a sus enemigos, a los enemigos de España. Horror y terror. Los enemigos del mundo son los notarios de la corrupción que consintió en su otra vida, quienes heredaron su burbuja sin querer explotarla y, ¡oh Belcebú! el propio faraón al que situó en el vértice de la pirámide del PP.

La momia se ha desprendido de sus vendas purulentas para denunciar que todo el mundo está equivocado y que el universo entero conspira contra ella. Todo el mundo menos quienes desfilaron por el Escorial en la boda iluminada de su familia o quienes alquilan su talento después de cobrar por comprarle una medalla. La momia ha salido del sarcófago para reclamar a su partido que resucite el proyecto del faraón del Pardo y cumpla un programa que los españoles desconocían cuando se cerraron las urnas en las útimas elecciones. La momia ha interpretado los resultados de las urnas como un arma de votación masiva mal aprovechada por su partido para bombardear España.

Esperaba la momia que su intervención distrajese de la Gürtel, del rescate, de la estafa, de Bankia, de las preferentes, del robo sanitario y educativo, de la represión policial, de los desahucios, del paro, de las reformas laborales y del vendaval neoliberal. Acto seguido ha resucitado otro adalid de la libertad y la democracia para el que todo el mundo no sólo está equivocado, sino que, además, vive en pecado. Aparece el exorcista en la escena con agua bendita en una mano y un crucifijo en la otra.

Después de evangelizar desde el BOE con la LOMCE y el proyecto de ley del aborto, el director comercial del Vaticano en España, ante la demanda creciente de su parroquia, ha decidido crear una falange de exorcistas para proteger a España de Satanás. Después de las rogativas de diversos políticos para que el cielo solucione el paro, después de recomendar encender velas a los santos para aliviar los efectos de la crisis, después de crucificar la escuela pública, después de separar a niños y niñas y de aconsejar más decoro indumentario a éstas, ha llegado el exorcista para combatir al diablo.

En este país, el exilio emprendido por la modernidad exige defensas apropiadas para combatir a la tropa que nos gobierna y amenaza civil y espiritualmente. La parte creyente de la sociedad se aferrará al crucifijo para librarse de ellos, el resto deberá echar mano de ajos, estacas y balas… de plata, claro, o tomar el camino del exilio por higiene mental.

La reforma divina de Wert

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El ministro de educación ha puesto la primera piedra para mejorar la enseñanza propinando una pedrada muy certera en la zona frontal del cráneo social, justo a la altura del pensamiento crítico. Ha tirado la piedra sin esconder la mano, orgulloso del servicio prestado a su dios, a su patria y a su rey, como un auténtico legionario María, un guerrillero de Cristo Rey del siglo XXI. El ministro, consciente de las evidentes deficiencias del sistema educativo, ha perpetrado su reforma, la séptima en 37 años, para ¿mejorarla? de forma sosegada, meditada y dialogada como nunca se había hecho, según sus propias palabras, arreando así otra pedrada, esta vez a la inteligencia.

Atento a la diversidad y al pluralismo, Wert vuelve a centralizar los contenidos de las materias troncales en un único y recoleto despacho de Madrid, un minarete desde el que un reducido grupo de muecines llamarán a la oración y evitarán que dos más dos sean cinco o que el Ebro pase por Badajoz. Los almuédanos evaluarán al alumnado para comprobar que toda España se sabe, por orden genealógico, la dinastía de los Borbones o es capaz de calcular a qué hora aterrizará en el aeropuerto de Castellón un vuelo de Ryanair, cargado de emigrantes españoles, que partió de Londres a las 13 p.m.

El conocimiento debe ser una nave adecuada a la movilidad exterior. La Formación Profesional a los quince años será la nao capitana de la juventud, un cayuco a los ojos un ministro que hubiera preferido adelantarla a los seis o siete años y convertirla en una fragata ganadora en el océano de la competitividad. Una lástima que no lo haya hecho y que nuestras empresas tengan que seguir sacando su producción a Bangladesh o Taiwan, verdaderos portaaviones del mercado donde las prácticas profesionales comienzan al final del periodo de lactancia. ¿Para qué perder el tiempo estudiando lengua, matemáticas o literatura que nada aportan a la economía?

Ya era hora de que alguien cogiera el toro por los cuernos y diera la puntilla al desmadre de los malos estudiantes. Se acabaron los suspensos reincidentes y los cursos sin repetición. Ya era hora. Con la ley Wert, los malos estudiantes serán marcados con suspensos y cursos repetidos. El problema parece ser un título mal expedido, no las causas que llevan al fracaso de un alumnado desmotivado, de un sistema apedreado en cada cambio de gobierno y de un profesorado acosado por padres, políticos y opinadores.

El gobierno que ha recortado más de 5.000 millones en educación desde que llegó al poder quiere mejorar la calidad educativa aumentando las ratios en las aulas, sobrecargando de tareas al profesorado y minorando los medios técnicos y materiales de los colegios. Toda una apuesta para demostrar que la educación pública no es sostenible y facilitar su privatización, priorizando las ofertas de colegios para niños y colegios para niñas, como dios manda.

La ley Wert ha acabado con el adoctrinamiento en las aulas. Se acabó la Educación para la Ciudadanía. Ha llegado la hora de la única y verdadera doctrina, la doctrina católica, apostólica, romana, neoliberal y falangista de las JONS, para más señas. España se equipara desde hoy a los estados teocráticos donde se legisla y se adoctrina desde las creencias religiosas, donde el pecado adquiere rango de delito y donde las sagradas escrituras tienen predicamento constitucional. Y todavía queda la sura de Gallardón. El único diálogo mantenido por este gobierno ha sido con Merkel, Rosell y Rouco. Para el pueblo, plasma y pensamiento único bien adoctrinado desde la infancia.

La nota en religión vale para conseguir una beca. El profesorado de religión podrá dejar sin beca a hijos de gays o lesbianas, a niñas con la falda por encima de la rodilla o a quienes no pasen el domingo por el confesionario. El alumnado compensará su desconocimiento de la ley de Newton con el teorema de la Santísma Trinidad, el análisis de un soneto de Quevedo equivaldrá al recitado del Padrenuestro y las carencias de la tabla periódica se suplirán con el misterio de la conversión del agua en vino. Por fín se enseñará científicamente que Darwin se equivocó, que los hijos nacen en el costillar femenino, que la mujer es el origen de todo mal y que una familia la componen una mujer virgen, un hombre con oficio y una paloma.

España habrá echado a perder la generación mejor preparada de su historia, pero tiene garantizada la generación más devota de Europa. Si alguien no lo remedia pronto.