Mariano Vidriera Rajoy

transparencia

Ignoro qué tipo de pócima, qué mágico bebedizo, le han hecho tomar secretamente al presidente de mi país para que, como sucedió al Licenciado Vidriera de Cervantes, se vea él todo transparente. Sospecho que la redoma ha pasado de boca en boca por todos y cada uno de los miembros del gobierno y de la plana mayor del Partido Popular. Su pretendida lucha contra la opacidad y la corrupción me hacen sospechar que el seso ha huido de sus cabezas, que ha desertado la razón de esa banda dándola por imposible.

Pocos días ha necesitado el gobierno Rajoy para pintar de negro los pocos cristales diáfanos que aún quedaban en su España de miedo y oscuridad. Mariano Vidriera insiste en que una capa de negro es el remedio para que la luz entre a raudales en las tinieblas institucionales donde sólo él y los suyos se desenvuelven como vampiros en noche cerrada. Creo que no soy la única persona que percibe cierta insania o perversidad en la conducta del presidente, su gobierno y su partido.

Cospedal, Santamaría, Floriano y todas las voces autorizadas por Génova y Moncloa espetan a la ciudadanía que son paladines de la transparencia y campeones anticorrupción. Se sienten Vidrieras y son percibidos por la calle como los falaces charlatanes que son. Los Vidrieras han rechazado que se investigue en el Parlamento el pufo de Bankia, cuyo rescate se ha llevado por delante la sanidad y la educación, y los casos de corrupción porque “no es el momento”. Para ellos, es el momento de la opacidad, de la oscuridad, de la mentira, de volcar la responsabilidad en Zapatero, de la impunidad.

Mariano Vidriera ha conseguido correr una segunda cortina tupida sobre la inmundicia corrupta que se mueve en su partido evacuando de la Gürtel al juez Ruz. La primera cortina la corrieron apartando al juez Garzón del caso por unas ilegales escuchas telefónicas que ahora legalizan, como si de la dictadura china se tratara, sin permiso del juez. Vidriera el transparente, el de los discos duros borrados y los registros de entrada perdidos, no debe seguir al frente de un gobierno con el que tapa las miserias, y los delitos, de su partido y –quién sabe– de sí mismo.

La visita a China le ha servido también a Vidriera Rajoy para aplicar en España los dictatoriales métodos de control informativo y dificultar, mediante la Ley de la Propiedad Intelectual, el acceso de los españoles a la prensa en internet. Portales de agregadores de noticias (Google o Menéame) son víctimas de la LPI, al igual que las libertades de prensa, de empresa, de competencia o la innovación, como acertadamente expone Arsenio Escolar.

El presidente Vidriera, consciente de que sus medidas no son en absoluto populistas (DRAE: “perteneciente o relativo al pueblo”), siente miedo ante su destino electoral y lo combate con pánico, con la Ley Mordaza. Tras el Día de los Derechos Humanos, el católico Fernández Díaz ha aprobado una inhumana ley para castigar la defensa de los derechos cívicos. Desde hoy, en España, se ha perdido lo más transparente de una democracia: la libertad de pensamiento y expresión.

El aparatoso Portal de la Transparencia, inaugurado con confetis verbales y mediática parafernalia, nace tarde y tullido. El portal se queda en anécdota comparado con la transparencia ofrecida por Wikileaks y Edward Snowden y perseguida por la derecha mundial. En un ejercicio de suma transparencia, Mariano Vidriera se ha atrevido a anunciar a los parados, a los desahuciados, a los dependientes, a los mal asalariados que la crisis, su crisis, ha terminado.

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Rajoy ha hablado (fin de la cita)

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Ilustración de Juanjo Cuerda. El Jueves.

Anunciado como un evento deportivo de máximo nivel, como el estreno de una superproducción de cine, como un espectáculo de masas, Rajoy ha hablado en el escenario de la democracia. La carrera no ha dado ninguna marca reseñable, la película ha sido de serie B y el espectáculo, una vez más, un fiasco para aburrir a las ovejas y enervar a los espíritus más templados. La nota media de los actores que han desfilado por el escenario está entre el muy deficiente y el necesita mejorar.

El conato inicial de Rajoy para levantar una barricada de datos económicos, que sirven para un roto o un descosido, no ha funcionado. Menos mal, porque en su intento volvió a repetir que seis millones de parados y las economías familiares destrozadas son buenas noticias, que el expolio de derechos sociales son el estado del bienestar, que 37.000 millones perdidos en el rescate bancario ayudan a reducir la deuda y otros disparates que airea como logros conseguidos por él y su gobierno en beneficio de la ciudadanía.

Nada se ha salido de un guión que va adquiriendo tonalidades sepias por el paso de los años y cuyos pliegos presentan erosiones en sus bordes por exceso de manoseo y falta de renovación. “Todo es mentira”, “me han engañado”, “conspiran contra mí”, “presunción de inocencia”, “ahora vamos a legislar” y, por encima de todo, “tú más”. La comparecencia ha sido un déjà vu, un flashback, una versión actualizada a 2013 de cualquier debate entre Suárez y González, éste y Aznar, éste y Zapatero o éste y Rajoy. A nivel autonómico, provincial o local, también hacen adaptaciones de este mismo guión.

Hoy, lo más destacable, a falta de trama argumental de calidad o demostración interpretativa sobresaliente, ha sido la anécdota de la apostilla “fin de la cita” que los guionistas del presidente escribieron para orientar su lectura. Este presidente, de confesas carencias para entender su propia caligrafía, ha leído las acotaciones con tal énfasis que las ha puesto en el primer plano de la actualidad. El día que sus asesores le dejen un catálogo de Ikea, el mundo se enterará del precio de las albóndigas de caballo en sede parlamentaria.

Rajoy ha defendido su honor y no dimitirá, faltaría más. La ética y el sentido del honor de este estadista bigardo, gallardo y cañí cotiza muy por encima de la donación ilegal de 435 euros que llevó a dimitir a un exótico misnistro japonés. ¡Qué envidia de Japón! La ética y el honor no entienden de sistemas métricos, se tienen o no se tienen, y los políticos españoles carecen de ética en el discurso y de honor en la práctica política. El espectáculo de hoy debería llenar de vergüenza a sus protagonistas, si la tuvieran en una mínima dosis.

Lamentable la imagen ofrecida por sus señorías a los espectadores nacionales y extranjeros. Sólo ha faltado el primer plano de un ujier levantando cartelas con las palabras “aplausos” o “abucheos” escritas con gruesas letras y destinadas a uno u otro redil. Lamentable el espectáculo prevacacional de estos profesionales, lamentable que este presidente sea asociado a un país como España y lamentable la actitud pasiva y condescendiente de un pueblo que no reacciona ante semejante troupe de payasos, los únicos del mundo cuyo objetivo no es la risa del público, sino reírse de él.

El presidente ha venido a preguntar lo que en su día preguntó Marx (Groucho): ¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos? (Fin de la cita). Deposite los discursos en una papelera.