8 de marzo de 2020: necesario

serpiente negra

La negra historia de España, como la piel de las serpientes, está cubierta de escamas que, entre otras funciones, la ayudan en el arte del camuflaje. Como las serpientes, la España negra muda la piel (la camisa) cada cierto tiempo para fortalecer su cuerpo de ofidio. El veneno, en cambio, es siempre el mismo desde hace siglos, la misma pócima letal que administra a quienes señala como sus enemigos.

Animal maldito de la mitología cristiana, la serpiente se presenta como aliada del sexo maldito por la misma mitología: la mujer. Como en las mitologías islámica y judaica, a fin de cuentas las tres versionan el mismo cuento. Religión y Estado: pecado original y derecho de pernada, dos camisas que la negra serpiente española jamás cambia. La España negra, históricamente, ha perseguido, condenado, torturado, quemado, rapado, vejado, maltratado y asesinado a sus mujeres.

Desde 1478 (Isabel la Católica) hasta 1812 (Cortes de Cádiz), la monárquica Santa Inquisición dejó claro que las mujeres eran la reencarnación del Diablo y ejerció con cruel gula la misoginia. Satanás se reencarnó en Queipo de Llano y arengó el odio a las mujeres como arma de guerra implacable, sádica, sanguinaria y nacionalcatólica. En seis siglos, la negra serpiente hispana ha tenido varias mudas de camisa. De veneno, no ha cambiado.

La España negra, heredera de Isabel la Católica y de Queipo de Llano, sigue reptando en este país en el siglo XXI, cara al sol y con la camisa nueva, bajo palio y al servicio de la corona. En el siglo XXI, las mujeres somos despreciadas, maltratadas y asesinadas como negra tradición de nuestra historia. La España negra cambia de camisa, pero no de ideología, de veneno.

Fue una mujer, Primera de Castilla y Católica, la que universalizó la persecución de la mujer. Fue Pilar Primo de Rivera, ferviente católica, quien tomó el ruin relevo para imponer su sectaria doctrina fascista a toda mujer. Hoy, renacido y pujante el nacionalcatolicismo, hay dura competencia entre mujeres para postularse como azote de la mujer: Díaz Ayuso, Álvarez de Toledo, Monasterio… con el permiso patriarcal de sus partidos y sendas bendiciones episcopal y mediática.

Seguimos siendo acosadas, menospreciadas, difamadas, agredidas y asesinadas, pero la serpiente sigue escupiendo veneno: algo habremos hecho las mujeres, ¿pecar?. Amén, asienten obispos, políticos, sicarios de pluma y micrófono, marionetas judiciales, uniformados servidores del orden y otras especies predadoras de la España negra. Socorro, seguimos gritando mientras nos vilipendian, maltratan y asesinan.

Se oponen ellos (y ellas) a que expongamos nuestra realidad, se resisten a perder el primitivo y privilegiado poder que han ejercido y ejercen sobre nosotras. ¡Basta ya! ¡Ya basta! Sólo aspiramos, y lo exigimos, a ser consideradas personas, nada más. Dejen su veneno populista, radical y sectario, su discurso misógino que mata, su ideología machista. ¡Déjennos VIVIR en igualdad!

Autor, cómplice y sicario

PP-VOX

Desprecio a la España
negra y alcanforada
de neuronas atrofiadas
ubicadas en gónadas
y lenguas afiladas.

Desprecio a quien señala
más que a quien dispara.

Desprecio la cobardía
cuando arremete con saña
contra indefensos menores,
alumbrando odios,
sembrando muertes.

Desprecio a quienes odian
en nombre de una bandera.

Desprecio a quienes odian
en nombre de una patria.

Desprecio a quienes odian
sin más afán que el odio.

Desprecio por igual
a chulos, a madamas
y a quienes les pagan
con infectas monedas,
sin honestidad.

Desprecio la incitación
al odio desmedido
que acaba saltando tapias
con la maldad incontestable
de la amenaza de muerte
vestida de granada (*).

Desprecio a los partidos
cuando arropan el terror
y niegan a las víctimas
el triste consuelo
de condenar al agresor.

Desprecio la ideología
cuyo dedo señala
y es otro el que dispara:
apoteosis de la cobardía.

(*) ¿De dónde ha salido la granada? ¿Quiénes manejan ese tipo de granadas? ¿Qué tipo de gente se relaciona con esas granadas? ¿A qué personas descerebradas se permite el acceso a granadas?

8M: machotes y machotas de derechas

santiago-rivera-casado

De vuelta a casa, después de la manifestación, la duda metódica de los últimos años: ¿vivo en un país normal? ¿O es “subnormal”, en el peor sentido peyorativo de la palabra, la clase política y empresarial que malgobierna y pretende gobernar España? Hay que tener visión, ese sentido con el que se percibe la realidad que nos rodea a diario, algo tan simple como eso. Pero ni Rivera, ni Casado, ni mucho menos Abascal, parecen hacer uso de ella para afrontar la realidad.

Hoy, con varias mujeres de sus partidos ejerciendo de photocall a sus espaldas, hablaron sólo ellos. Sus discursos agresivos, y muy medidos, tratan de imponer que la evidente mayoría feminista está en todo el planeta equivocada, no ve adecuadamente la realidad, está manipulada por un fantasma comunista o vaya usted a saber. El presidente de la patronal explica, justo el 8M, la brecha salarial por diferencias en “rasgos psicológicos y habilidades no cognitivas” y otras lindezas.

Dudo que sean tan “subnormales”. Lo dudo. Y es entonces cuando se erizan los vellos y se crispan levemente los nudillos engarfiando los dedos. Algo parecido a la inquietud. Algo como un vértigo de nostalgia agitado por la realidad que todas y todos percibimos por los cinco sentidos. Algo que me resisto a calificar como miedo, pero lo parece. Escuchar su peligrosa tromba de tergiversaciones, manipulaciones y, directamente, mentiras, es algo que debe asustar, o al menos preocupar.

Sospecho que los fantasmas, los creí superados entre los años ochenta y los noventa, regresados de la posguerra, están ahí por algo, para algo. ¿Volver atrás en el aborto? ¿Cadena perpetua? ¿Explotación cuasi esclavista? ¿Prostitución/subrogación? ¿Desigualdad(es) como estado natural? ¿Segregación(es) desde la infancia? ¿Por qué critican Casado, Rivera, Abascal y sus entornos que una huelga feminista sea política? La sospecha da miedo.

Y luego las oigo a ellas, a Díaz Ayuso, a Arrimadas, a Monasterio, compitiendo con ellos en discursos ciegos ante la realidad, ante cientos de miles de personas que salen a la calle para ser escuchadas. Ellas oyen (sólo se oyen, los oyen), pero no escuchan. Sólo les interesa que se escuche su irreal y desenfocado discurso sobre la realidad, la única realidad de la derecha. Mañana volverán, como si hoy no hubiera pasado nada, a sus mentiras.

Veo, escucho, analizo lo que proponen y se materializan viejos fantasmas con cuerpos más jóvenes pero el mismo pensamiento único de guerra, posguerra, y golpista dictadura militar. Veo y escucho a Rivera y se me representa el espectro del otro Rivera; Abascal se me antoja el espíritu de Queipo de Llano sin hacer la mili; Casado es una reencarnación de Serrano Suñer; y luego están las brujas Pilar Primo de Rivera, Mercedes Sanz Bachiller y Clarita Stauffer, que nunca sé como emparejarlas.

¿Vivo en un país normal?, me preguntaba al principio. No. No es normal que ese grito de impotencia y miedo ante el machismo calle en las urnas, espero con desespero. No es normal que el grito falso y ruin de la manifestación en Colón, hace apenas unos días, haya tenido tal repercusión. Sin autobuses ni bocadillos pagados con oscuro, sangriento y corrupto dinero (en parte aportado por el terrorismo iraní), la realidad ha salido hoy a la calle.

No escucharán: seguirán malversando su vista y su oído, negando el terrorismo machista, ensanchando todas las brechas, explotando sin alma todo lo viviente, adoctrinando con rigor y, si todo les fallara, amenazando con las armas. Pero no me doy por vencida… del todo.