Guateque religioso integrista

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En estas fechas, festivas por imperativo social, la proximidad de la nochevieja invita a pensar qué sentido tiene celebrar la llegada de un nuevo año. El siglo XX detuvo el calendario español en 1936 hasta que, en 1975, volvió a mover sus hojas dejando entrever que los relojes recobraban el ritmo reprimido y se sincronizaban con el resto del mundo. España salió de un letargo impuesto y entró en una dinámica de aparente normalidad.

Acabamos de asistir a los navideños discursos de un anacrónico rey y de un presidente embustero, dispuestos ambos a torcer la realidad de los hogares españoles y adornarla con guirnaldas y fugaces estrellas de oriente. La naftalina ha impregnado sus mensajes y la caspa ha hecho las veces de navideña nieve artificial. Faltaban una tercera voz asotanada y una cuarta uniformada que vendrá el día de los reyes magos para temer que, tras arrancar la hoja de diciembre en el calendario, aparezca una hoja anunciando el mes de enero… de 1940 ó 50.

El guateque organizado por Rouco en la plaza de Colón de Madrid ha reunido a miles de personas para representar un escrache navideño. Celebraban que el gobierno ha vuelto a ceder parcelas de poder, al margen de la democracia, a una iglesia católica que vuelve a sus postulados históricos de acercamiento a los gobiernos y alejamiento del pueblo. Muchos católicos y pocos cristianos han desfilado y entonado cánticos y loores, como siempre.

Abrió el guateque el talibán Kiko Argüello, guitarra en mano, para quien “España tiene un problema de falta de hijos”. Entre paletas de colores y notas musicales, el fundador de los “kikos” mueve hilos en la Conferencia Episcopal Española y en el propio Vaticano, gracias a su demostrada capacidad para embaucar y mover masas. No explica a la sociedad la fórmula para vivir de la, desconocida como profesión, labor de catequista. Tampoco explica cómo sostener una familia como las de sus ciegos seguidores, con hasta once o doce hijos, con un solo sueldo. Tal vez, explicándolo, solucionaría el problema de muchas familias, evitando de paso miles de abortos.

Ha asistido también al evento, de forma virtual, el nuevo Papa cuya salud corre graves riesgos cada vez que habla. El Papa errado ha saludado al party paralelo de Barcelona y, por cortesía, al de Madrid, un más que presunto desprecio a Rouco y su tropa integrista que dará que hablar, y que rezar, durante unos días. El catolicismo mundial ha rondado al poder a lo largo de la historia, Bergoglio flirteó con el dictador Videla, Ratzinger con el nazismo, y el catolicismo español ha puesto y quitado reyes, dictadores y presidentes.

De la arzobispal boca de Rouco han salido preocupantes palabras. Ha alentado a la familia a enfrentarse a la “agobiante atmósfera intelectual y mediática” que vive España. Comprendiendo que el intelecto es la antítesis de la fe, no alcanzo a entender la agobiante atmósfera mediática a que se refiere el amo y señor de la COPE y de 13TV, púlpitos desde los que se combate fiera y diariamente a la democracia con posturas rayanas a las del medieval Santo Oficio.

Ninguna referencia a las políticas del católico Partido Popular que destrozan personas y familias poniendo en peligro las vidas de personas excluidas de la sanidad y privadas de recursos para atender con dignidad sus necesidades básicas. Para eso está la familia. Ninguna referencia a los miles de niños damnificados por las graves consecuencias del celibato antinatura, practicado por los curas, en un foro donde las católicas familias utilizan a sus propios hijos como escaparate ideológico de Rouco, Kiko y compañía.

Para el año nuevo, señor Rouco, entre otros, mi deseo de más educación y menos religión, más cristianismo y menos catolicismo, más dignidad y menos caridad, más humanidad y menos divinidad.

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¿Qué hacemos con el Papa?

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Posiblemente, esta pregunta ocupará los primeros lugares del orden del día en próximas reuniones, asambleas, consejos, juntas, comités y capítulos de las más variadas naturalezas y composiciones. El Papa Francisco se fue a Brasil, abrió la boca, soltó un sermón y provocó un terremoto de magnitud inesperada sorprendiendo a propios y extraños. “Menos samba e mais trabalhar” ha venido a proponer la voz de Dios en la tierra, una propuesta dirigida a todos los estamentos de la humanidad, incluidas sus huestes contrarias a la regla “ora et labora” de San Benito.

El pasado contemplativo de Bergoglio durante la dictadura de Videla se inscribe en el secular magisterio vaticano de nadar y guardar la ropa y arrimarse al sol que más calienta. Desde que ganó las primarias ahumadas en quinta votación, la sombra de la connivencia se adhirió a sus talones como el pasado nazi de Benedicto XVI se adosó a su rojo calzado. Comenzó su papado con mala sombra, con mal pie, con la Santa Sede amenazada por las eternas llamas del infierno financiero, carnal y político que ninguno de sus antecesores quiso, supo o pudo apagar.

El Papa, en Brasil, se ha dirigido a diferentes públicos y sus mensajes han dado la impresión de compartir la sintaxis de cualquier manifestación en contra de cualquier gobierno terrenal. Ha llamado a luchar contra la desigualdad, ha pedido a los jóvenes que sean revolucionarios y naden contracorriente, ha propuesto la laicidad del estado, no ha condenado la homosexualidad y ha exhortado a los ricos y poderosos a trabajar por un mundo más justo y solidario. El Papa, en Brasil, ha pedido cosas diferentes a la abstinencia solicitada por Ratzinger en el mismo escenario.

¿Qué hacemos con el Papa? Eso se preguntan los gobiernos liberales al constatar que su mensaje puede interpretarse como una deslegitimación espiritual de sus políticas y una bendición urbi et orbe” a quienes las protestan. Eso se preguntan los partidos menos liberales al ver una homilía brasileña a punto de adelantar por la izquierda a sus programas electorales. Eso se pregunta en asambleas ciudadanas donde levantan la mano cristianos de base acosados por la propia jerarquía católica. Eso se preguntan obispos, arzobispos y cardenales apoltronados en el ora a espaldas del labora. ¿Qué hacemos con el Papa? Eso se preguntan los mercaderes del templo.

Es contradictorio que la fe, que mueve montañas, genere doctrinas inmovilistas dirigidas por rabinos, imanes o sacerdotes que exigen la obligación de aceptar ciegamente los dogmas religiosos interpretados por autoridades tocadas por Allah, Yahweh, Jehovah, Elohim o el Espíritu Santo. No se admiten interpretaciones ni discrepancias en un ámbito, el religioso, donde los matices han sido históricamente sinónimos de cismas, expulsiones y hogueras. La fe, cuando es ciega, se convierte en una suerte de pensamiento totalitario.

Las palabras del Papa han sorprendido por responder a una lectura actual de la realidad social que sacude al mundo. La tradicional sumisión a la literalidad de las escrituras ha impedido a la iglesia leer las realidades sociales de forma correcta y sincrónica, provocando un alejamiento paulatino y progresivo de creyentes. Para la Teología de la Liberación, la JOC, la HOAC, el Foro de Curas de Madrid y otras organizaciones cristianas de base, las palabras papales no son nada nuevo o revolucionario, pues llevan años practicando lo que han escuchado.

¿Qué hacemos con un Papa perroflauta, comunista, radical y bolivariano? Un primer impulso de afinidad sentimental con sus proclamas, lleva a saludar su incorporarción a la trinchera de la pobreza y la dignidad. La prudencia de la historia aconseja esperar y comprobar si se ha tratado de un calentón de novicio o tendrá continuidad. La leyenda negra vaticana avisa sobre desgraciados accidentes o súbitas enfermedades incapacitadoras. Por lo pronto, su fotografía en la portada de la revista TIME da para pensar.