¡Se callen, coño!

70anosPaz

Alarma pensar que tras la intentona golpista de Tejero había una trama civil, más olvidada por los demócratas de toda la vida que los crímenes de Franco. Estremece pensar que sean los padres de la patria quienes atentan contra la ciudadanía en favor de unas élites que marcan los objetivos para sus disparos legislativos. Avergüenza recordar cómo nuestros padres y abuelos bajaron la cabeza para aplaudir a un dictador durante 40 años de muy negra paz y cómo sus hijos y nietos imitan a sus ancestros hincando las rodillas ante los desmanes de los herederos del franquismo.

Lo que está sucediendo en España es grave, muy grave, demasiado grave para seguir llamando democracia a nuestro sistema político. No es ya que una horda de bribones y bellacos haya asaltado las instituciones en beneficio propio o que gobiernen en contra de los intereses del pueblo. Lo que está sucediendo en España está cada día más cerca del concepto de golpe de estado, del autoritarismo como práctica política, con nubes de fascistoide miedo oscureciendo el horizonte.

La cosecha de votos obtenida por el Partido Popular en las últimas elecciones generales –se veía venir– ha sido utilizada por el gobierno para, como sucede en las dictaduras, legitimar sus golpes. Franco fue Caudillo de España por la gracia de Dios y Rajoy es presidente, conviene no olvidarlo, por la desgracia de sus votantes. Entre uno y otro, como luctuoso nexo, la monarquía osa insultar a la memoria, insepulta aún, con un recordatorio de 200 € para 70 años de paz.

Argumenta la Justicia que es garante del estado de derecho, de la democracia y la libertad. “Mentira”, responde la realidad. Se ha visto caer a jueces que han intentado poner coto, impartir justicia, a la ambición de políticos, aristócratas, empresarios y banqueros. Se ven asomar, por las letradas puñetas, carnets de partido que quitan la venda y desnivelan la balanza. Los débiles son juzgados con mano de hierro y de seda los poderosos. La Justicia en España no es ciega, no es justicia.

Ha vuelto la presunción de culpabilidad a invadir lo cotidiano, lo público y lo privado. Todos somos sospechosos de ser personas, de pensar y expresarnos libremente, de tener sentimientos y necesidades, sospechosos de ser pobres y manifestarlo. El Ministerio de Interior vuelve a cobijar a grises policías que obedecen órdenes en blanco y negro. Hace dos días, a punta de pistola, han sido detenidas 19 personas sospechosas de ser solidarias cuando todavía permanece en la cárcel algún preso culpable de manifestarse contra el gobierno. Y la lista de aporreados, identificados, baleados, juzgados y condenados por similares motivos es larga, casi tan larga como la lista negra de desafectos al régimen elaborada por Cristina Cifuentes, premiada por ello con su madrileña candidatura.

El golpe de estado se está fraguando a fuego lento con una trama civil que lo respalda y una trama mediática que lo jalea a la vez que lo encubre. Es trágicamente irónico que, siendo la prensa la principal depositaria de la libertad de expresión, haya derivado, casi en su totalidad, hacia modos y prácticas cercanas a la voz de su amo. La prensa española se ha entregado a una sangrienta cacería de todo lo que pueda incomodar los 70 años de paz, 40 de franquismo y 30 de posfranquismo.

Hemos visto en los últimos días al presidente de media España decir al representante de millones de españoles “No vuelva usted aquí a decir nada”, como el amo del cortijo legislativo. Y hemos visto al ministro de defensa, el dedo en la boca bajo las marcas de los tiros de Tejero recién restauradas, mandar callar a una representante del pueblo. Es demasiado reciente la intentona del 23F y demasiado evidentes las intenciones del gobierno para no escuchar lo que nos quiere transmitir, “¡Se callen, coño!”, sin pistola ni tricornio. Como quien no quiere la cosa, están dando un golpe con la complicidad electoral de demasiados millones de españoles, otra vez sumisos o temerosos.

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Mentiras y poder

Pinochos

Lo han conseguido. La mentira invade la realidad como los muebles baratos, funcionales y multiusos de IKEA, y la salpimenta con equinas albóndigas de sabor vacuno. La realidad no es lo que era desde que las verdades pasaron de moda y se perdieron bajo las espesas capas de papel pintado que cubren las paredes de lo cotidiano. Nadie quiere “ser” y de los vasares comerciales desaparecen los artificios que ayudan a “parecer” consumidos con avidez por la ciudadanía.

La verdad única, impuesta sin paliativos, ungida por una divinizada infalibilidad, se convierte en mentira, en un irracional vacío sospechoso y repudiable. Las verdades impuestas huelen y saben a caballo, a fraude envuelto en el celofán de la propaganda y adornado con oropel manipulador. Suelen ser de un solo uso y se resienten a nada que se toquen sus ensamblajes o se sustituya alguna pieza deteriorada por otra que no sea de fábrica, no aguantan.

Una sociedad construida sobre el pilar de la mentira está abocada al fracaso y derrotada de antemano. Como en los hogares amueblados en IKEA, el confort dura poco en un estado más atento a sus apariencias que a las necesidades ciudadanas. El gobierno y el Partido Popular lo saben, también el PsoE, y se entregan al maquillaje, al disfraz, a la mentira, como último recurso para que la ciudadanía no cambie de proveedor y aguante con el mismo desvencijado mobiliario social que vienen vendiendo desde hace casi cuarenta años.

Se ha construido una mayúscula mentira que da cobijo a todas las falsedades que sin descanso son capaces de fabricar quienes se presentan como padres de la patria. ¿Oyeron hablar de la crisis, cuyo propio nombre llama a engaño? ¿Y de la recuperación, el cuento de una lechera sin cubo ni vaca? Las cifras de los beneficios empresariales y bancarios y la realidad del bolsillo ciudadano desmontan la trola, el embuste, la patraña, que todos ellos, unos y otros, repiten a diario.

Para sostener la gran mentira de la estafa, no dudan en inventar realides y propagarlas en horario de máxima audiencia y en los libelos de mayor tirada, tan adictos como ellos al libro de estilo del bulo, la calumnia y la difamación. En una misma jornada y una misma pantalla, Inda, Marhuenda, Celia Villalobos, Susana Díaz, Soraya, Pedro Sánchez o Rajoy son capaces de mentir hasta tres veces con sólo diez o doce palabras. Mienten con naturalidad, en directo o diferido, sin respeto por la audiencia y ni un gramo de vergüenza en sus conciencias.

Pervierten todo lo que nombran, corrompen lo que tocan, degradan los oídos que les escuchan y marchitan todo aquello donde se posan sus miradas. Ya lo saben: en el PP y en el PsoE no hay corrupción, los de la gaviota y la rosa jamás se han llevado nada, han sido Grecia y Venezuela las causantes de nuestra desgracia. Ya lo saben: todo voto que no caiga en sus alforjas será responsable de los nuevos recortes y las nuevas privatizaciones que ya tienen apalabrados y pactadas.

El circo electoral está en marcha y la mentira cotiza al alza. Los partidos siameses han puesto a funcionar sus embaucadoras maquinarias y sus portavoces Hernando&Hernando no dan abasto para clonar trolas con destino a Andalucía y España al servicio de Mariano y Susana. Han engañado hasta tal punto, mentido de tal manera, que el pueblo se conforma ya con votar cualquier otra cosa, aunque esté plagada de medias verdades. Peor es imposible, a no ser que se opte por el continuismo.

Tromba política y mercados

Tromba

Alguien dijo que el tiempo mide la vida con precisión matemática y científica exactitud. Lo que nadie dijo es que la vida y los hechos que la jalonan alteran la percepción del tiempo de cada persona en cada momento. No hace falta, todo el mundo siente que así es porque, quien más quien menos, lo ha vivido alguna vez. Se podría afirmar que la infancia es un suspiro, la juventud un soplo, la vida adulta un jadeo y la vejez una disnea.

Las dimensiones temporales oscilan desde la lentitud hasta la celeridad coincidiendo parejamente con estados de infelicidad o ventura, como si de una divina maldición se tratara. Los derechos cívicos se instauraron en este país tras una lenta y dilatada época de conquistas iniciada en la transición hasta apenas entrado el siglo XXI. La dictadura eliminó las libertades en un estado de represión y mansedumbre de claros tintes fascistas y reactivar el reloj del progreso de España costó más de veinte años hasta alcanzar cierta decencia democrática.

Se cantó victoria, antes de tiempo, sin atender al coro franquista que comenzó a tararear, sin complejos, melodías de reconquista con la llegada de Aznar al poder. De nuevo, acalladas sus voces que pedían una vuelta al pasado, el PP pasó a la oposición, los colmillos retorcidos y el amenazador hocico bufando. Y llegó, como un rayo, como un trueno, como una centella, la global estafa financiera, que todo lo cambió, alterando los ritmos vitales de los individuos y la sociedad.

Con su cotidiana parsimonia, PP y PsoE, uno acechando, el otro errando, acataron los dictados de sus amos, los mercados, y pactaron la condena de sus inocentes representados. Las calles rugieron, las plazas gritaron, ni unos ni otros representaban a quienes en libertad clamaban, a quienes hacen sufrir y desprecian altaneros. Les pidieron que jugaran fuera de las plazas, en las urnas, y ahora, cuando lo han hecho, tratan de aniquilarlos estampándoles su propio y corrupto sello.

En tres años, apenas un suspiro en la historia, una tromba de leyes y decretos ha atrasado el reloj hispano hasta los años cincuenta del siglo pasado. Los derechos han retrocedido, los salarios se han diezmado, las libertades se han depreciado y la democracia, con la troica, se ha esfumado. Margallo lo ha dicho: las condiciones las ponen los bancos y no existe más reloj que el financiero. Rajoy, Montoro y de Guindos vacian los humildes bolsillos como locos buitres desatados.

Una tromba de dinero ha inundado, hasta ahogar las cotas de la decencia, los parqués, los mercados y sus cuentas de resultados, mientras economías desiertas rodean al pueblo estafado. Vuelve a la carga Margallo, para quien mentir no es delito ni pecado, y achaca los recortes en subsidios y pensiones al dinero que el gobierno y sus trileros a Grecia prestaron. España prestó al pueblo griego 6.659,48 millones y avaló otros 19.600 que sus compinches usureros prestaron a la casta helena. El ministro ultracatólico manipula y miente haciendo suyo el sucio negocio trucado, codicioso relojero, por Goldman Sachs.

Y los medios de comunicación, perdida la noción de la ética y del tiempo, se lanzan en tromba alabando la política económica del gobierno que los mantiene a flote y atacando, sin pudor ni recato, cualquier alternativa amenazante para el statu quo. La maquinaria mediática es un formidable aparato que pretende alterar el reloj del progreso manipulando, mintiendo y callando. Entre todos tratan de construir un pensamiento único que presenta el futuro como un regreso al pasado.

Teatro electoral

tomatazo

Mucho han cambiado las cosas. Ya no se ven trajeados candidatos, brocha en mano, sonriendo a las cámaras, rodeados de inconcicionales, adosando con engrudo carteles en los muros. Lejos quedan los tiempos de banderas como tentadores frutos colgantes en las farolas, de pancartas erguidas sobre el asfalto entre dos aceras y de megafonías rodantes machacando estribillos. Las campañas electorales del siglo XXI tienen el formato cotidiano de titular de prensa, ladino y desaprensivo.

La crisis, tragedia clásica con introducción, nudo y desenlace, lleva dos legislaturas (8 años) copando los carteles electorales al servicio de los cárteles electorales. Bajo la máscara de la crisis, la estafa ha cumplido, con holgura y satisfacción, los objetivos de sus muñidores. Su presentación, a cargo de etéreas agencias de calificación, dibujó una falsa tramoya de culpa y pecado en la platea ciudadana y el determinismo decoró el escenario.

El nudo, interpretado con realista crueldad por el elenco neoliberal, ha supuesto para el atónito público la pérdida de sus butacas y la incautación de las entradas pagadas. Desde su palcos, los productores teatrales han supervisado, entre suspiros de placer, la implacable pérdida de derechos por parte de los paganos, sordos a los ayes de cazuelas y gallineros, a salvo de los mosqueteros. Desplumado el pueblo, el drama toca a su fin.

El desenlace, el objetivo de la estafa, lo ha anunciado Oxfam Intermón: en 2016 el 1% de la población será más rico, en dinero, que el resto de la humanidad. Acaba la función, cae el telón, se apagan los focos, se hace caja, se reparten beneficios y el teatro se prepara para la siguiente función. Ya ha anunciado Rajoy que la obra, su obra, ha terminado con un feliz final pasando por alto que España es el segundo país con mayor desigualdad social de Europa. Objetivo más que cumplido.

Vuelven a lucir las candilejas que iluminan la farsa electoral programada para dar apariencia de democracia y libertad a la salvaje dictadura del capital. Sin carteles ni pancartas, los cárteles hacen campaña a favor de sus actores como pago a los servicios prestados. El FMI, tras amenazar a Grecia con la ruina, ¡como si no llevaran años en ella!, eleva el crecimiento de España al 2%, un crecimiento de las élites financieras y empresariales, aquel 1%, que supondrá el decrecimiento del otro 99%. Como diría De Guidos, cualquier miserable salario es mejor que no tener trabajo.

Los medios de comunicación, a falta de campañas al uso tradicional, se deshacen en elogios hacia indicadores económicos trucados por agencias de calificación y estafadores mercados. No faltan declaraciones de banqueros y empresarios alabando las políticas que les han beneficiado y a los políticos que las han perpetrado. La realidad, en cambio, hace campaña por su cuenta mostrándose tal como es, sin disfraces, y señalando a los resposables.

La ciudadanía, nominal pueblo soberano, tiene a la vista convocatorias para decidir si quiere volver a ver la misma obra o cambiar de teatro, de actores y escenario. PP y PsoE sólo saben interpretar un único libreto con la misma presentación, idéntico nudo y similar desenlace, aunque muten los actores, los focos y el decorado. Tras los atriles, ante cámaras y micrófonos, sobre tribunas, en los diarios, quedan ridículas y obsoletas sus dolosoas diatribas entre sus mentiras y sus escándalos.

2015: otro infeliz año

banco

A estas alturas, la duda podría suponer un resquicio de luz en el oscuro siglo XXI, pero la certeza apaga cualquier chispa de esperanza: la democracia, cautiva y mortalmente herida, sufre un apagón casi definitivo. Van pasando los años, ayer el 2014, y el sur de Europa avanza hacia el pasado vestido de modernidad: esclavos con smartphone, trabajadores sin salario, colectivos sin identidad y personas desechables contemplan un viejo paisaje medieval en la era digital.

No hay recuperación a la vista de lo desandado económica y socialmente bajo la dictadura de las élites políticas y económicas, dueñas y señoras del latifundio global. A la estafa financiera le sucede en el calendario la estafa política –de añejo color absolutista– en la que, dicen, todo se hace para el pueblo pero sin el pueblo, todo por nuestro bien, como dios manda. La ciudadanía moderna sufre las tétricas estafas económica, política, laboral y social a manos de los mismos estafadores.

Abandonada la guillotina, desechado el cadalso, olvidado el motín popular, sólo queda el sospechoso recurso de la urna, la hoguera donde arden sueños y esperanzas al calor de la mentira y la manipulación. El 2015 y el 16 se presentan calientes, a punto de ebullición, porque tanta presión sobre el cuello social no hay quien la soporte. Los estafadores, Juncker el socio evasor de De Guindos, Lagarde la imputada sucesora del imputado Rato, Goldman Sachs la maquilladora de la deuda griega, entre otros, amenazan con el infierno si las urnas no son favorables a los suyos, a los de siempre, al PP y al PSOE en España.

Dura es, para el votante del nuevo año y del siguiente, la tesitura de tener que elegir entre el infierno conocido y un mañana por conocer, entre una hipotética amenaza y contrastados rompepiernas. En España, el coro de agoreros y sicarios del dinero que pululan por los foros del régimen bipartidista advierten, intimidan y amenazan tratando de proyectar al electorado su miedo. Miedo, más que real, ante la posibilidad de perder el mando, de renunciar a su estatus y rendir cuentas por las más que evidentes muestras que de su maestría estafadora han dado.

La mediocridad de Zapatero se instaló en Moncloa como prueba de que mérito y capacidad son accesorios prescindibles para gobernar este país. Rajoy lo ha superado de largo en demérito e incapacidad y todavía hay una mayoría dispuesta a votar a sus respectivos partidos para alegría de sus amos los mercados. Como en Grecia, en España, la democracia representa un peligro para las élites porque el pueblo exige a voces algo distinto a lo que nos ha llevado a este calvario, diferente a la dictadura capitalista que padecemos.

Las advertencias de Rajoy o del hermano de Juan Guerra sobre lo que ocurrirá, si el extremismo radical del PP o el socialismo de derechas del PsoE son vencidos en las urnas, son el canto del cisne. Los mercados, a buen seguro, no pagan a traidores y tratarán, mediante amenazas o sobornos, de controlar al futuro inquilino de la Moncloa como han hecho hasta hoy. En el peor de los casos, el poder financiero y empresarial, ha hecho caja con su crisis/estafa y no le importará esperar otros diez o quince años para repetir la jugada. Son profesionales.

Ya hemos visto que la realidad está cambiando y el negocio electoral se adapta a los nuevos tiempos. La campaña es continua, global, sin tregua, ni armisticios, ni jornadas de reflexión. Los medios de comunicación emplean sin sutilezas el lenguaje manipulador para hablar de izquierda radical, ceden el prime time a banqueros, empresarios y políticos del régimen para que las amenazas del FMI, el BCE o el CE sean tan cotidianas como la escasez de condumio a la hora de comer.

España debe recuperar, antes que nada, la dignidad, la autoestima y la democracia.

PePé caca

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Una palabra, una sola, puede bastar para construir un relato eficiente de la realidad o lo contrario. Las palabras adquieren vida propia una vez pronunciadas y se acomodan con valores diferentes en cada pabellón auditivo, trazando audaces fronteras entre lo dicho y lo escuchado. Es tal la autonomía de las palabras que suelen evocar realidades más allá de la voluntad de quien las pronuncia, lo que se conoce como desliz freudiano o acto fallido.

La oratoria es una herramienta manejada de forma muy deficiente por la actual clase política, acaso con alguna excepción a la que cada cual puede poner rostro y prosodia a gusto. Es dominante el discurso trabado con altas dosis de improvisación, visceralidad, vulgaridad y apabullante mediocridad, características anexas al trasfondo político que se pretende transmitir. Dado que la práctica política en este país es sucia, zafia y ramplona, no cabe esperar brillantez o excelencia verbal.

El Partido Popular parece no hallar fondo para sus asociales políticas, su corruptible aptitud, su nostalgia ideológica, ni, en consecuencia, para sus modos comunicativos. El innovador método de la comparecencia en plasma o la rueda de prensa sin preguntas, podrían atribuirse a la conciencia de que su silencio es mejor que sus palabras y éstas mejores que sus hechos. Cuando ha renunciado al plasma y admitido preguntas, los oídos ciudadanos se han saturado de mentiras, demagogia, estulticia o amenazas.

Si alguien pensó que las bocas de Floriano, González Pons, Alonso o Pujalte –escuela Miguel Ángel Rodríguez– habían alcanzado las más altas cotas de la miseria comunicativa, dese por equivocado. Dotado de una contrastada capacidad para empeorar cualquier cosa que toca, Rajoy ha colocado a Rafael Hernando en el alminar desde donde ha de salmodiar a sus fieles con sus gestas y las miserias del adversario.

No ha podido tener mejor debut Hernando como portavoz parlamentario y –tres días después de ser nombrado– su boca, sus palabras, han sido judicialmente condenadas. Casi a la par, ha dado una lección del noble arte de matar al mensajero responsabilizando a Jesús Cintora del descontento ciudadano hacia su partido. Y sin cumplir la semana, su delicada boquita ha dedicado a Podemos la tierna insinuación de que están llenos de caca, desliz freudiano de un contumaz charlatán.

Caca. Hernando ha dicho caca. ¿Para no herir la sensibilidad de la audiencia?, ¿para no parecer grosero?, ¿para adaptarse a los jóvenes oídos del votante de Podemos?. Sólo él puede saberlo, o no. Alguien podría identificar la caca salida de su boca con un acto fallido, una traición neuronal, un desbarre emocional. En su boca, la caca es el reconocimiento en la estructura superficial de las ingentes cantidades de excreciones, detritos, heces y purines de su partido que subyacen en la estructura profunda de su enunciado, según explican Noam Chomsky y la gramática generativa.

Antes de que Pablo Iglesias respondiera, la caca se había vuelto como mierda hacia el Partido Popular en el imaginario colectivo y en la realidad ciudadana. No están dispuestos, ni Hernando ni su partido, a ceder un ápice en la soberanía estercolera que disputan desde hace décadas al PSOE. No es una cuestión de palabras, sino de hechos. Tanto las unas como los otros, hoy, en el gobierno y el PP, son una auténtica, hedionda y descomunal mierda.

La historia de la estafa se repite

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Explorar la historia es un ejercicio imprescindible para comprender un presente totalmente falto de originalidad en su devenir. La historia se puede seguir a través de la literatura y el arte que algunas veces nos sorprenden con estampas o relatos ajenos y lejanos que nos hacen contemplar el presente como un calco del pasado.

El siguiente artículo es una adaptación del fragmento 6 de la “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, escrita en la Argentina de 1977 por el periodista y escritor Rodolfo Walsh. He cambiado las palabras o frases marcadas en verde para evidenciar que la situación que vive actualmente el sur de Europa no es nueva, sino que obedece a la macabra planificación de los mercados financieros globales con la complicidad de instituciones internacionales y los gobiernos de diferentes países. Se puede leer la carta original, para contrastar, aquí (Fragmento 6 en pág. 7).

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“6. Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente a Grecia o Portugal, a Argentina o Indonesia, la política económica de este gobierno sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía franquista, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por Volkswagen, ENEL, Telefónica o Repsol, al que están ligados personalmente ministros y militantes de los principales partidos políticos.

Un aumento del 71% en los precios de la luz entre 2003 y 2013 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por el bipartidismo liberal y neoliberal.

El espectáculo de una Bolsa donde en pocos días es posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplican su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo gobiernos que venían a acabar con el “festín de los corruptos”. Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a las concesionarias de autopistas y a ACS-Castor se premia a empresas que estafan al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de BBVA y Santander, rebajando las causas de despido se crean empleos en China y la India y desocupación en España. Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideología que amenaza al ser nacional.

Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados, no pretendiera que este gobierno busca el bienestar ciudadano, que Fernández Díaz defiende los derechos humanos o que el Ministerio de Sanidad ama la vida, aún cabría pedir al señor Rajoy que meditara sobre el abismo al que conduce al país tras la ilusión de ganar unas elecciones que, aun si encarcelara al último manifestante no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de seis años mueven la protesta del pueblo español no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.

Éstas son las reflexiones que en el tercer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de este gobierno, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.”

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Rodolfo Walsh envió por correo la carta, fechada el 24 de marzo de 1977, a las redacciones de los diarios locales y a corresponsales de diarios extranjeros. El 25 de marzo de 1977 Walsh fue secuestrado por un “Grupo de Tareas” y desde entonces permanece desaparecido. La carta no fue publicada por ningún medio local, pero poco a poco se difundió en el extranjero. A partir de la reedición realizada en 1984, Editorial De la Flor la incluyó como Apéndice en todas las reimpresiones de “Operación Masacre”. (N. del E.).