Andalucía: Pobreza 3.0

pobreza

Un total de 47 entidades, agrupadas en la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN-A), han presentado, con motivo del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, un informe de situación centrado en la Andalucía de 2013. El arrugado papel en que se muestra el informe es una metáfora del desprecio con el que los gobiernos y el sistema tratan a la población derrotada que en él se retrata. Nunca un tríptico dio cabida a tanta infamia, tanta indignidad y tanto desconsuelo en breves líneas y gráficas que lloran de inhumanidad.

El acertado título, Pobreza 3.0, señala una realidad que “se reinventa y avanza a través de nuevas formas de privación” produciendo una pobreza de “última generación”, cuyo resultado es, según EAPN-A, que “más del 40% de los andaluces vive en situación de pobreza y exclusión”. El eslogan “la pobreza avanza” cierra el círculo del dolor y enfatiza una tremenda realidad que procede, sin intermediarios, del neoliberalismo salvaje que azota a Europa con el látigo de la crisis, añadiendo en Andalucía una ración extra de fusta estafadora.

Denuncian las “medidas de austeridad en el ámbito social” impuestas por el Gobierno de la nación y un sucedáneo de empleo reformado a la medida del mercado que, paradójicamente, intensifica y enquista la pobreza. El gobierno y sus secuaces financieros y empresariales han conseguido que la pobreza vuelva a arropar bajo su mísera capa incluso a quienes disponen de trabajo. Un escenario tercermundista en una sociedad digital del siglo XXI.

Proponen “poner en primer lugar la dignidad de las personas” para “atajar esta alarmante realidad”, un canto a la utopía si se tiene en cuenta que quienes gobiernan el mundo, Europa, España y Andalucía carecen de dignidad y su corazón bombea euros en lugar de sangre. Como bien apuntan, el neoliberalismo condena a los pueblos a una “espiral irracional que construye una casa mientras deja morir a los que viven en ella”.

Constatan algunas incongruencias que esbozan la calaña de quienes dicen servir al pueblo. Recorte en Servicios Sociales de un -36% y alarmante aumento de un +39,6% en Innovación Militar. La reforma de la Ley de Educación pretende potenciar la Formación Profesional para jóvenes con dificultades para superar la ESO y ambos ámbitos educativos son recortados en un -7%. Recorte del -55,6% al colectivo de personas dependientes y aumento del +36,8 en subvenciones al transporte.

Por último, ofrecen soluciones que, leídas con gafas neoliberales, situarán a las entidades agrupadas en EAPN-A en una órbita ideológica radical, perroflauta, violenta o comunista: “dar prioridad a la reducción de la desigualdad y la pobreza en los Presupuestos Generales del Estado” en contra de la prioridad conyugal de PP y PSOE para pagar la deuda pública, “proteger a la infancia” como “apuesta inteligente para el crecimiento y el desarrollo sostenible”, atender “los mecanismos sociales de primera necesidad” y “combatir de manera decidida la evasión y el fraude fiscal”.

Si quienes dominan el mundo, Europa, España y Andalucía tuviesen dignidad, ética o sentimientos, si fuesen humanos, las lágrimas contenidas en el tríptico que denuncia la probreza sobrarían. Se trata de la pobreza en Andalucía, un paraíso si se compara con los más de mil millones de personas que sobreviven con menos de un dólar por día en el mundo. La parte humana de la sociedad, la digna, la ética y la sensible, deben apelar a sus conciencias y salir a la calle a mostrar su indignación y su desconsuelo ante la cohorte indeseable que gobierna. Otra cosa es, pura y simplemente, complicidad.

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La solidaridad perdida en España

El siglo XXI ha nacido con la marca genética prevalente de la insolaridad y el desprecio por lo humano. El engendro en el que vivimos marca distancias con el gen de la humanidad y el de la empatía con los seres más desfavorecidos de la sociedad. Es como si Mª Dolores de Cospedal, recortando la prueba del talón, hubiese impedido prever la tara y Ruiz Gallardón, eliminando el derecho a abortar por malformación, hubiera condenado a la sociedad a convivir con un nuevo siglo de cerebro tarado en su cabeza y corazón gelido en su pecho.

Al tiempo que los predadores esculpen la pobreza y el desamparo a modo de epitafio en la lápida de la realidad europea, los habitantes del viejo continente asisten a su descenso en la pirámide social desde el primer mundo donde acostumbraban a vivir hasta un segundo mundo en el que aprenden a desenvolverse entre latigazos reformistas y contenedores de basura. Un consuelo para los pobres ha sido siempre contemplar a quienes viven peor, los miserables, y los ricos siempre han cuidado que el paisaje de la miseria esté a la vista de los pobres como una amenaza de que la cosa puede ir a peor. Es este motivo, nada filantrópico, el que ha llevado al gobierno a suprimir las ayudas y programas de cooperación al desarrollo, diezmando la labor de las ONGs y las escasas esperanzas del tercer mundo.

Los recortes que conducen a las clases medias europeas a la pobreza se acompañan de oxidados navajazos a la solidaridad. Cada puñalada asestada a la cooperación asesina cientos de miles de posibilidades de salvar o mejorar vidas en países empobrecidos por las mismas manos que manejan la navaja. Los gobiernos lo saben y saben también que las imágenes de niños famélicos, compitiendo con las moscas por una seca ubre materna, son imágenes que alivian la pobreza neófita por siniestra comparación.

No le duelen prendas al acomodado y rico gobierno que nos recorta la vida presente y futura suprimir las partidas destinadas a cooperación amparándose en la crisis y amenazando con la miseria en caso de no hacerlo. De forma simultánea, este mismo gobierno, tarado de cerebro y de corazón helado, aprueba un crédito de 1.782 millones de euros para armamento, demostrando que la inversión para destruir vidas es más prioritaria que la inversión para salvarlas. Es el mismo gobierno que socorre de inmediato a la banca deslizando entre sus condiciones para tal rescate la infame disminución inmediata de las partidas destinadas a obras sociales. Otra puñalada a la solidaridad. Otro gesto insolidario.

Nos dicen que la solidaridad hay que practicarla priorizando el DNI y la pureza de la raza española. Nos dicen que los inmigrantes no son personas dignas como los autóctonos. La vida de un inmigrante se mide con las tarifas que Cospedal, Mato y Rajoy han dispuesto para esos tercermundistas que nos invaden con su turismo sanitario, según opina la derecha católica y española. Estas tarifas hacen que nos sintamos privilegiados por sufrir sólo la pobreza del repago farmacéutico y tener derecho a que nos operen de cáncer sin estirparnos el bolsillo. Así, nuestra pobreza, comparada con la miseria del inmigrante, se transforma en todo un privilegio: “hay que limitar el acceso indiscriminado a la sanidad pública para que sea universal y sostenible”. Palabras y obras insolidarias de un gobierno xenófobo en la teoría y en la práctica.

Tomen nota del menú insolidario que avanza Cospedal, la “cristiana” con mantilla de la procesión del Corpus, para personas que tengan el capricho de enfermar y no pertenezcan al cada vez más selecto club de quienes tienen trabajo medianamente remunerado. Tomen nota los inmigrantes de lo que vale su salud tasada por una experta en poner precio a vidas ajenas. Tomen nota el resto de ciudadanos y comparen precios con las tarifas de los hospitales privados que la familia de la gaviota gestiona directa o indirectamente. Busque, compare y dispare si se siente estafado y amenazado.

Ante este panorama, la insolidaridad del gobierno degusta la indiferencia con que una parte muy numerosa de la población española repite las insolidarias consignas del PP y disfruta con la lenta agonía de ONGs que tratan de agitar sus últimos alientos para concienciar a la sociedad ante el descabello sanitario del PP. También aquí, las pandemias que desatarán los recortes en cooperación internacional serán un bálsamo de indolencia ante la tragedia que se vive en nuestro país.

La iglesia de Rouco Varela, presunta heredera de la solidaridad cristiana, mantiene el más insolidario de los silencios acercándose más a la práctica de la caridad de las monjas de Granada que al posicionamiento del Padre Patera en Algeciras. Es su forma de pagar los favores recibidos.

Sr. Presidente: máteme.

Pensaba que estaba preparada para todo. Pensaba que, como ser humano, mi papel en la sociedad era otro. Pensaba que toda mi vida había valido la pena. Pensaba que mis esfuerzos habían servido para algo. Pensaba que había construido un futuro mejor para mis hijos y mis nietos. Pensaba que la paz era inamovible. Pensaba que los fantasmas no volverían a destruir mis sueños. Hasta que llegó usted al poder, señor presidente, el 20 de noviembre pasado, una fecha premonitoria del homenaje que está usted rindiendo a sus difuntos.

Señor presidente: no aguanto más la sombra de su guadaña acariciando hasta el rojo el cuello de mis derechos a la vez que cercena mis necesidades básicas. Cada día me es más complicado acceder a un plato de comida que me obligo a compartir con quienes lo tienen imposible. Eso, señor presidente, se llama hambre y mata a las personas.

Usted y su gobierno, señor presidente, con sangre fría de verdugo, me racionáis las duchas, la higiene y la salud, porque no puedo pagar lo que me cobran por disponer de agua caliente y tampoco puedo coger un resfriado usando agua tan fría como su sangre, ya que el dinero de los medicamentos lo necesito para el pan. Esto, señor presidente, se llama pobreza y también mata.

Mis nietos, señor presidente, no quieren ir a la escuela. Quieren renunciar a la poesía y a Pitágoras para ahorrar, hasta ahí llega mi umbral de pobreza, y me es muy difícil explicarles la utilidad de unos estudios que ustedes están devaluando para que no sirvan absolutamente para nada. Esto, señor presidente, se llama analfabetismo y también mata.

No tengo trabajo, señor presidente, y mi marido gana 780 € al mes, 400 menos que hace dos años en la misma empresa y el mismo puesto, gracias a las medidas que su gobierno ha puesto en marcha para abaratar la esclavitud y fomentar el empleo. Usted ha abaratado nuestras vidas sin crear ningún empleo. Eso, señor presidente, se llama explotación y también mata.

Los suyos, señor presidente, me han hecho adicta a la bolsa y experta en adivinar mi día a día entre los dientes de sierra del Ibex 35 y los dientes de tiburón asesino e insaciable de la prima de riesgo. Sin tener una precisa formación bursátil, sé que cada uno de los golpes que usted nos da tiene que ver con los beneficios de sus protegidos. Esto, señor presidente, se llama estafa y también mata.

Mi salud, señor presidente, está muy mordisqueada por la insalubridad de una vida dedicada al trabajo. El trabajo minó mi salud y ahora me reducen y encarecen los medios para atenderla a pesar de haberla pagado durante tantísimos años. Esto, señor presidente, se llama robo sanitario y también mata.

Ya casi no reconozco a mis amigos, señor presidente, cuando hablo con ellos. Han sido abducidos por las consignas empozoñadas de los medios de comunicación que le mantienen a usted en el poder o se han radicalizado por sufrimiento y oposición a sus abyectos discursos y las siniestras intenciones que proyectan. Esto, señor presidente, se llama manipulación mediática y también mata.

Ha estado usted, señor presidente, a punto de convercerme de que yo soy la culpable de todas y cada una de las medidas que usted y los suyos me clavan sin aviso previo y por la espalda, a traición, como corresponde a quien hace de la felonía una virtud para gobernar de espaldas a quienes le han votado y a quienes no. Esto, señor presidente, se llama golpe de estado y también mata.

Son demasiadas cosas, señor presidente, las que usted está haciendo para que la vida de mis abuelos, hace un siglo o más, haya pasado de ser contada por ellos como una pesadilla a ser recordada por mí como un cuento de hadas comparándola con la mía o la de mis nietos. Usted se ha cargado de un plumazo y varios decretazos la vida y las esperanzas de varias generaciones. Esto, señor presidente, se llama genocidio intergeneracional y también mata.

No me queda más remedio, señor presidente, a la vista de lo que está haciendo y de sus futuras intenciones, que apelar a la parte cristiana del ideario de su partido y suplicarle que acabe con el sufrimiento que nos está provocando, que aparte de nosostros este cáliz amargo que nos hace tragar a diario y que sea, al menos, compasivo con quienes está crucificando para calmar a sus dioses alemanes y financieros.

Dudo que sea usted cristiano, señor presidente, como dudo que el cristianismo de su partido sea algo más que un gancho publicitario para atraer electorado fraudulentamente. Tengo la sospecha de que usted y su partido se están moviendo en terrenos más cercanos al autoritarismo de pensamiento único, ofreciendo muestras diarias de desprecio por el diálogo democrático y aprecio por la nostalgia de un pasado cercano que se afanan bulliciosamente en recuperar. Con Franco, señor presidente, usted y los suyos vivían mejor y pretenden seguir haciéndolo de ahora en adelante.

No aguanto más, señor presidente, y le pido, por favor, que me mate de una vez y no a plazos como está haciendo. Le pido que me suicide usted de una manera digna. Me atrevería a pedirle, en su calidad de terrorista financiero, que pusiese la boca de la pistola sobre mi nuca y apretase el gatillo de una vez. Usted disfrutará y yo descansaré en paz. Hágalo, no se corte.

Sexo en la Iglesia.

Nunca he entendido que un electricista imparta clases sobre construcción o que un albañil las imparta sobre fontanería. Cada uno es especialista en lo suyo y, todo lo más, puede asesorar al otro en asuntos fronterizos entre una especialidad y otra para intentar conseguir un producto final más armonioso, perfeccionado y funcional. Lo demás son chapuzas, la antesala necia de la ruina.

En un mundo saturado de listos sin estudios y saltadores de opinión sin paracaídas, destaca la obstinada y secular fijación de la iglesia por pontificar sobre cuestiones relacionadas con el sexo sin que teóricamente lo hayan experimentado. Lo suyo son los dogmas basados en la fe y alejados de la razón, el creacionismo frente al darwinismo, lo teórico frente a lo empírico, lo divino sobre lo humano, el esperpento frente al teatro. Lo suyo es construir la casa alrededor del grifo, levantar el edificio sobre el contador de la luz o aprovechar las rozas del agua para embutir el cableado eléctrico.

Lo peor de la intromisión religiosa en los asuntos mundanos es que la posición de poder político y social de la iglesia nos afecta a todos, seamos creyentes o no, y sus chapuzas en el edificio social las sufrimos durante nuestras vidas y, a veces, durante generaciones. El celibato y la castidad que practican sus miembros es un inmenso condón comunal en el que pretenden meter a los demás miembros de la sociedad (entiéndase la palabra miembro en la séptima acepción del Diccionario de la Real Academia y no en la segunda). El modelo de familia consagrado por la iglesia es irrepetible para la propia naturaleza que se obstina pecaminosamente en la unión de esperma y óvulo para tener descendencia. Y su modelo de matrimonio se asienta más en una relación mercantil de propiedad perpetua del hombre sobre la mujer que en relaciones afectivas y sexuales.

La iglesia, sabedora de que el pecado fluye libremente por las venas sociales, mucho más que la virtud, y de que el miedo y el temor de dios pasaron a mejor vida con el feudalismo medieval, ha buscado siempre la evangelización a través de púlpitos paganos capaces de obligar a los individuos a actuar como no lo harían por la fe. Es así como, a través de los poderes terrenales, hace que el código civil y el penal condenen y castiguen lo que las homilías y pastorales no consiguen reprimir. El precio a pagar es el silencio cómplice con el gobierno de turno en asuntos de su propia competencia como la pobreza, la esclavitud laboral y el maltrato a enfermos y dependientes, un precio que no llega a las 30 monedas de Judas.

Ha conseguido la Conferencia Episcopal que la homofobia y la xenofobia desparezcan como problema social en Educación para la Ciudadanía, que el aborto vuelva a ser un problema de primera magnitud para muchas mujeres, que se vuelvan a entornar las puertas del armario para la homosexualidad, que se segreguen las aulas por sexos y que se jodan quienes dependan de las células madre para vivir dignamente. Al César lo que es del pueblo y a dios lo que es de todos. Esas manifestaciones de kikos, pro vidas y demás gente de bien están dando los frutos previstos y Rouco Varela vuelve a legislar en el BOE como en los mejores tiempos del franquismo.

El gobierno, como contrapartida, vuelve a desfilar bajo palio. Durante el veraneo muchos cargos públicos del PP se han encomendado a santos y vírgenes (de las que adornan las iglesias) para dar al pueblo al que castiga una buena dosis de fe y esperanza para que se resuelvan los problemas que el gobierno de este partido origina. Gallardón y Wert son los ministros mitrados por excelencia de un partido de ideario cristiano para vergüenza de los seguidores de Cristo, un gobierno que cada día echa a cientos de miles de españoles a los leones financieros que rugen en este valle de lágrimas silenciando las plegarias sotto voce de curas y monjas mantenidos por las mamandurrias de un estado laico y aconfesional.

Los llantos por el empleo perdido, por la casa embargada, por la imposibilidad económica de atender a los mayores, por la dificultad de obtener alimentos y por la pérdida de los derechos civiles han dejado en un segundo plano los llantos de los niños abusados por religiosos de sexualidad extraviada, los llantos de mujeres maltratadas ante la comprensión del maltrato por parte de algún obispo y los llantos de tantos ovarios que han sido encadenados de nuevo con rosarios.

La romería veraniega se ha completado con el entierro de la estafadora vidente del Escorial (consentida por la iglesia) o el caso de unas monjas que expropiaban al Banco de Alimentos para alimentar a las residentes por seiscientos euros al mes. Pecados veniales para esta iglesia pecadora.

Pobreza intelectual

La peor de las pobrezas nos acecha y parecemos empeñados en demostrar al mundo que la merecemos. No se trata de la carencia de empleo, ni de la incertidumbre de una barra de pan, del grillete de un banco o del llanto de los niños. No. Se trata de algo más simple y, a la vez, más amargo aún si cabe.

Los trileros de las hipotecas, aliados con los embaucadores de las urnas, han formado un tándem que vocea -a través de las ondas de radio, de las pantallas y del papel impreso- su increíble inocencia, sus nada creíbles esfuerzos por ayudarnos y su desacreditada capacidad para hacer otra cosa que no sea rebañarnos los raídos bolsillos y aterciopelar los suyos y los de sus verdaderos representados que, a día de hoy, no somos ninguno de nosotros.

Este tándem predador proclama repetidamente, decenas de veces cada día, que no han sido sus fraudes especulativos sino nuestras rebasadas posibilidades, que no han sido sus agujeros financieros sino nuestros desconchones consumistas, que no ha sido su putrefacta condición corrupta sino nuestras necesidades elementales, que no han sido ellos sino nosotros quienes hemos desencadenado esta estafa que pretenden blanquear utilizando la palabra crisis para ello.

No les basta con ello y se permiten desacreditar con los mismos medios y el mismo descaro, uno a uno, a todos los colectivos que osen cuestionar su falseador discurso. Así, desde que el PP ha asaltado la democracia utilizando las urnas para legitimar su despotismo, nos hemos encontrado de repente con maestros que no enseñan, médicos que no curan, funcionarios en general que cobran por no trabajar, obreros que disfrutan viviendo sólo con el paro, mineros que arrancan el carbón en el BOE, pensionistas adictos a la salud, ciudadanos que obligan a que les vendan sin IVA, autónomos improductivos a los que no les gusta trabajar más de quince horas diarias, etcétera, etcétera, etcétera. Todos hemos dejado de ser patriotas comprometidos con sus planes y nos hemos vuelto peligrosos terroristas que sólo buscamos nuestro interés.

Estos discursos demagógicos, intencionados, peligrosos y fascistoides calan en una parte de la sociedad que entiende que la crisis la hemos provocado sus vecinos, que de su situación de paro es responsable su prima funcionaria, que tiene que pagar las medicinas por culpa de la abuela diabética y fármacodependiente, que ha perdido la ayuda para cuidar al padre inválido porque cientos de emigrantes han gastado el dinero del estado o que han tenido que vender el coche para comprar gasolina porque los mineros se jubilan a los cincuenta años.

La peor de las pobrezas es esa pobreza intelectual, origen de todas las barbaries humanas, que hace que unos nos enfrentemos a otros en un duelo a muerte del que son padrinos los políticos y los banqueros. La legitimidad del duelo la establecen los medios de comunicación y las armas las elegimos nosotros mismos para disfrute de los padrinos que, por cierto, nunca mueren en los duelos. La pobreza intelectual del español medio se palpa diariamente en tertulias y charlas entre amigos donde se repiten como un dogma las consignas de los padrinos y se defienden sin más argumentos que un dedo acusador y sin otra base racional que la demagogia conductista de los medios de comunicación.

La peor de las pobrezas no te obliga a mendigar comida, te obliga a mendigar ideas. El hambre, la sangre, el dolor y la muerte vendrán después.