Mujer: su día y sus noches

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Escultura censurada “No al femicidio”, de Manolo Gallardo.

Día para hacer política, el 8 de marzo está ahí, desde que se decidió que fuese el Día de la Mujer Trabajadora, para reivindicar. No tiene más sentido que éste, lejos de fiestas y celebraciones. Si la mujer fuese considerada, más allá del sexo, persona, no haría falta destacar la fecha en el calendario de las alertas ni en la agenda de los problemas. Si existe el día 8 es porque existen argumentos para ello, grietas sociales donde sólo tropiezan los ovarios. Fuera de este día, para la mujer, el resto de las jornadas parecen noches.

Desde que gobierna sin complejos el Partido Popular, la mujer ha vuelto a ser diana de la ideología más machista de Europa disparada desde troneras mediáticas, políticas y religiosas. La mujer comparte con el hombre todas y cada una de las acometidas del poder y sufre en exclusiva las que llevan marchamo de género femenino. Gallardón ha legislado para la mujer pensando con la sotana que “mujer que no cría, no es mujer, sino arpía” y a las críticas responde que “cacarear y no poner, si malo en la gallina, peor en la mujer”. No bastándole al fósil Munilla la gallardona ley, bendice el fruto de la violación: “yegua y mujer duras de vencer, mamporrero merecer”.

Hace meses, la iglesia católica publicó una suerte de encíclica laica bajo el título de Cásate y sé sumisa, donde se propone que “mujer casada y casta, con Dios y marido se basta”, una hostia panfletaria a la igualdad. Este país y esta iglesia hace apenas cuarenta años desterraron el velo, relegado al ámbito monacal, como símbolo de sumisión y virtud pública, no así la concertina moral que trazó, hace sólo dos años, la frontera de la decencia en las rodillas adolescentes de una granadina: “por corta o por larga, nunca atina la falda”.

También se suman al agravio, a veces delito, de género numerosos personajes de la farándula atentos a la voz de su amo. Ahí tienen ideólogos del machismo carpetovetónico como Losantos, Sostres o ese despojo periodístico que responde por Toñi Moreno, mujer que no duda en espetar a otra: “el maltrato o se denuncia o una se calla para toda la vida”, tal vez sospechando de ella –“no fíes de perro que cojea, ni de mujer que lloriquea”–, o acaso creyendo que “la mula y la mujer a palos se han de vencer”.

La igualdad como objetivo no es asunto de izquierda o derecha, sino de justicia y mera humanidad. Es cierto que desde la derecha se generan las más arcaicas desigualdades humanas y sobre la mujer recaen las peores de ellas. El PP rehúye el simple aroma de igualdad y cunde entre sus filas un frontal rechazo a la paridad, la equiparación salarial o la conciliación laboral y familiar. Fátima Báñez, en su reforma laboral, lo deja claro: “si la mujer trabaja, no hay con qué espantarla”.

Y como hay partidos que no son de izquierdas ni de derechas, ahí tenemos a UPyD, con Toni Cantó, diputado florero, a la cabeza, equiparando el maltrato femenino con el masculino. Ridículo estéril de un hombre objeto privado de rubor que comparte siglas con la concejala Olalla, la que no suscribe el manifiesto del 8M por estar “politizado” y ser reivindicativo ante el mayor ataque a las mujeres en los últimos cuarenta años. En UPyD prefieren “las mujeres, como las gaseosas, caseras y no revoltosas”.

Hay que abrir los ojos y aguzar el oído, prestar atención a la educación sentimental de la juventud, para comprender la verdadera dimensión del modelo Shakira/Piqué: “a la mujer y a la cabra, cuerda no muy larga”, las ideas del concejal pepero Andrés Martínez: “todas las mujeres tienen precio, pero algunas están de oferta” o las intenciones del cachorro de Nuevas Generaciones Antonio Ortiz: “la mujer preñada y en casa encerrada”.

España aparece a la cola de la violencia de género en Europa ¿será por sus hombres o será por tanta mujer callada? ¿Hay motivos para reivindicar? Por supuesto que sí.

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Vuelve el fútbol: adiós al deporte.

Explotación laboral en torno al fútbol. Próxima parada: España.

Tras el paréntesis veraniego, cada año más corto, marcado por unas olimpiadas en las que, una vez más, nos hemos aupado al podio la discreción, las secciones de deportes de los telediarios y los programas temáticos dedicados a la información deportiva han comenzado a martillearnos con las noticias previas al comienzo de la liga de fútbol.

En el calentamiento de la nueva temporada futbolera, el dinero vuelve a ser el protagonista de ese mercado de personas que es la base de una falsa competición que volverán a ganar el Madrid y el Barça, las dos carteras más pudientes del país. El resto de los equipos no cuenta más que para vender cuatro bufandas en provincias y el resto de los deportes aparecerán en cinco flashes de cinco segundos cada uno al final de una hora de información.

Se puede aventurar que la nueva liga estará orquestada por el fado portugués que se canta en Madrid y por la nova cançó catalana entonada en Catalunya. Los vacuos estribillos de sintaxis simplona volverán a sonar en Futboleros, Punto pelota y las mil tertulias bipolares de las emisoras de radio para distraer al personal con estériles y caducas polémicas repetidas año tras año como un rosario memorizado por las masas.

La liga, esa lavadora que tanto dinero negro y tantos apaños urbanísticos ha centrifugado en España, lavará de nuevo la cara del país a mayor gloria de Florentino Pérez y de Sandro Rosell, ejemplos de empresarios triunfadores a costa de una fe que mueve montañas y aniquila voluntades contrarias. Los socios y los hinchas, saqueados en sus derechos, en su salud y en su educación, volverán a hacer malabarismos con su pobreza para adquirir los abonos de temporada, pagar por ver un espectáculo trucado en sus televisiones y renovar el vestuario militante, como cada temporada, a precios de Armani.

Se acabaron las noticias sobre waterpolo, atletismo, natación, gimnasia o rugby. El peinado de Ronaldo, el embarazo de Piqué, las coces de Pepe, el teatro de Dani Alves, la vulgaridad poligonera de Mourinho y los desaciertos de Vilanova coparán el primer plano informativo en los medios de comunicación y en el pensamiento crítico del público. Los demás deportistas deberán hacer esfuerzos hercúleos si quieren rascar bola en la actualidad, a excepción de “deportes” como el motociclismo, el automovilismo o el tenis que también compran sus momentos estelares gracias a las ingentes cantidades de dinero que mueven.

El fútbol ha vuelto para echar una mano al gobierno de turno y llenar las fuentes de España de masas enloquecidas que no luchan por sus derechos pisoteados, para plantear debates sociales de un alto calado ideológico en torno a la alineación de tal o cual jugador, para enfrentar la España culé a la España merengue, para drogar a las masas con un campeonato descafeinado cuyas reglas no se aplican de la misma manera en función de quien es el club perjudicado y cuanto dinero tiene.

El espejo del fútbol nos devuelve la imagen de un país que vota, en una democracia tan fraudulenta como la liga, a los dos partidos que más dinero manejan y generan mayores beneficios a sus clubes. Los árbitros siempre pitan a favor del PP o del PSOE saltándose las reglas del juego democrático y simpre señalan fuera de juego a los demás participantes. Las ruedas de prensa sirven para encarrilar el debate de la semana atendiendo a sus intereses y dejando la objetividad cubierta por las telarañas del olvido. La competición europea les sirve para mitigar el descaro y la insolencia con que se manejan en la liga nacional.

Es la liga de las estrellas, de los estrellados, de los galácticos y de los inmigrantes de lujo que disponen de artilugios contables para evadir impuestos y cotizan a Hacienda en el mismo porcentaje (o menos) que cualquier PYME. Es la liga de esas estrellas mediáticas que arrinconan a la cantera nacional en clubes de bajo presupuesto y en divisiones inferiores, cuando no en el paro deportivo, ante el aplauso enardecido de esos hooligans que persiguen marroquíes por las calles y ondean la bandera preconstitucional en los estadios ante la pasividad y la permisividad del Ministro del Interior y las directivas de los clubes.

De los daños colaterales del fútbol en los países donde se fabrican los balones y las prendas deportivas que nos venden a precio de oro los clubes y los jugadores, mejor ni hablar para no herir sensibilidades y evitar que nos tachen de derrotistas. Muy pronto recuperaremos la competitividad y seremos nosotros y nuestros hijos quienes cosamos balones y botas de tacos por salarios de 100 € al mes y nulos derechos como personas.

A los aficionados al deporte limpio y sano no nos queda otra que internet para estar informados de lo que realmente nos interesa: una práctica citius, altius et fortius.