Aznar y Rouco: la momia y el exorcista

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El exilio en España debería estar subvencionado para el ciudadano de a pie. A diario se ve cómo se exilia el dinero a espuertas en paraísos fiscales, cómo se exilian la ética y la decencia de este paraíso impune de la corrupción, cómo se exilia la producción al paraíso competitivo del tercer mundo, cómo se exilia la juventud sin futuro al paraíso de los minijobs europeos o cómo se exilian los sueños y las esperanzas del yermo paraíso de un bipartidismo estéril. La última exiliada parece ser la inteligencia de muchos personajes que ocupan cargos de responsabilidad.

Para solicitar asilo en cualquier país del mundo, bastará con acreditar la nacionalidad española y se disfrutará de inmediato del estatus de refugiado. Fuera de las fronteras hispanas se observa la actualidad del país y no pasa desapercibido el retorno de muertos vivientes, momias, vampiros, hombres lobo, espíritus y todo tipo de ectoplasmas a la escena pública. En el extranjero son compresivos con un país que a la estafa financiera suma la estafa democrática y lo que va camino de ser una estafa intelectual.

En pocos días, a los vampiros tipo Bárcenas o Urdangarín, al hombre lobo de educación, a la esfinge de sanidad, a los fantasmas de la troika o al zombi de la Moncloa, se le ha sumado la momia. La momia ha concedido una entrevista a una cadena amiga, con periodistas amigos, para señalar a sus enemigos, a los enemigos de España. Horror y terror. Los enemigos del mundo son los notarios de la corrupción que consintió en su otra vida, quienes heredaron su burbuja sin querer explotarla y, ¡oh Belcebú! el propio faraón al que situó en el vértice de la pirámide del PP.

La momia se ha desprendido de sus vendas purulentas para denunciar que todo el mundo está equivocado y que el universo entero conspira contra ella. Todo el mundo menos quienes desfilaron por el Escorial en la boda iluminada de su familia o quienes alquilan su talento después de cobrar por comprarle una medalla. La momia ha salido del sarcófago para reclamar a su partido que resucite el proyecto del faraón del Pardo y cumpla un programa que los españoles desconocían cuando se cerraron las urnas en las útimas elecciones. La momia ha interpretado los resultados de las urnas como un arma de votación masiva mal aprovechada por su partido para bombardear España.

Esperaba la momia que su intervención distrajese de la Gürtel, del rescate, de la estafa, de Bankia, de las preferentes, del robo sanitario y educativo, de la represión policial, de los desahucios, del paro, de las reformas laborales y del vendaval neoliberal. Acto seguido ha resucitado otro adalid de la libertad y la democracia para el que todo el mundo no sólo está equivocado, sino que, además, vive en pecado. Aparece el exorcista en la escena con agua bendita en una mano y un crucifijo en la otra.

Después de evangelizar desde el BOE con la LOMCE y el proyecto de ley del aborto, el director comercial del Vaticano en España, ante la demanda creciente de su parroquia, ha decidido crear una falange de exorcistas para proteger a España de Satanás. Después de las rogativas de diversos políticos para que el cielo solucione el paro, después de recomendar encender velas a los santos para aliviar los efectos de la crisis, después de crucificar la escuela pública, después de separar a niños y niñas y de aconsejar más decoro indumentario a éstas, ha llegado el exorcista para combatir al diablo.

En este país, el exilio emprendido por la modernidad exige defensas apropiadas para combatir a la tropa que nos gobierna y amenaza civil y espiritualmente. La parte creyente de la sociedad se aferrará al crucifijo para librarse de ellos, el resto deberá echar mano de ajos, estacas y balas… de plata, claro, o tomar el camino del exilio por higiene mental.

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Ladrones buenos y malos

Cruz

Cuenta la mitología cristiana que Jesús fue crucificado entre dos ladrones, Dimas y Gestas, uno bueno y otro malo según su grado de arrepentimiento y actitud hacia el Todopoderoso. Cuando el todopoderoso sistema financiero comenzó a hablar de banco malo, la gente escuchó y leyó el adjetivo descalificativo empleado y surgió la inevitable pregunta hasta ese momento ociosa: ¿existe algún banco bueno? Ningún banco, en el Gólgota, hubiera escuchado la frase, dirigida a él, “En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Los bancos han creado su propio paraíso, fiscal para más señas, y no necesitan más salvadores que los ciudadanos.

Apeada de la cruz destinada a los ladrones, la banca ha sembrado toda una cordillera de cruces destinadas a una ciudadanía que está padeciendo el calvario de la estafa, orquestada por financieros y ejecutada a golpe de látigo, lanza y espada por la élite política. En este calvario, son los propios condenados quienes, a tiempo parcial, aceptan un minijob de cirineos para aliviar a aquéllos que más dificultades muestran para sobrellevar el castigo. En la cima, Longinos afila su lanza, capaz de hendir millones de costados en nombre de los mercados, y los 27 Pilatos europeos tienen dispuestos millones de clavos para sujetar a la población en los maderos tras colocarle, para más inri, una corona de espinas como reyes que han vivido por encima de sus posibilidades.

Hasta ahora, los bancos han robado a mansalva recortando para su causa sueños y salarios, vidas y proyectos, derechos y esperanzas. Pero los dioses, insatisfechos con tal sacrificio, exigen limpiar como patenas bolsillos, colchones de doble fondo y huchas con forma de cerdito. Es sabido que lo mejor para los cerditos es un buen corralito donde se permita a los ahorradores abrir las piernas y apoyar las manos contra la pared para ser cacheados meticulosamente por bandoleros bursátiles, democráticos rufianes y piratas mercantiles. Destrozado el pasado, hipotecado el futuro y embargado el presente buscan el último aliento, la última gota de sangre y hasta el rastro indeleble del alma, por si puediera venderse.

Quienes tratan de convencer de que ha sido la actitud disoluta y libertina del pueblo, y no los desmanes orgiásticos de la banca, la culpable de la crisis, quienes han sacrificado a toda la sociedad en beneficio de una economía desmadrada, desbocada y desmedida, son quienes ahora tratan de inculcar que lo de Chipre es una gripe pasajera y aislada que nada tiene que ver con la salud general de Europa. Quienes trabajan, desde los gobiernos, para la banca diagnostican un resfriado donde la neumonía es evidente. Antes de que estornude España, ya tosió Argentina en el laboratorio bursátil y ahora carraspea Chipre a pie de cama. El contagio es inminente, inevitable y crónico.

Dice el gobierno, para intranquilidad de la población, que España no está expuesta a un corralito como el chipriota, que la banca española está saneada y que en España no hay rescate. Lo dice un gobierno, el de España, que, según su partido, no privatiza los servicios públicos, fomenta el empleo, dignifica a la tercera edad y es dialogante. Lo dice el gobierno de España cuyo presidente ha decidido no hablar para no mentir. Así pues, si lo dice el gobierno, saque el dinero cuanto antes del banco y métalo en el paraíso fiscal de una loseta suelta de su casa. Y después rece. El calvario no ha hecho más que comenzar y ya hay quien se librará de la cruz por haber muerto en el camino.