Grecia: neoliberalismo, yihadismo, narcotráfico y camorra

miedoEl miedo es una emoción primaria en cualquier animal provocada por la percepción de peligro. Como animal que es, el ser humano padece el miedo en diferentes gradaciones, desde el susto al terror, y algunas aberraciones sociales lo utilizan para obtener beneficio. El miedo, el terror, es la herramienta de los fanatismos y totalitarismos para someter a la población. Lo utiliza el Estado Islámico, lo han usado ETA y el franquismo y lo practican cotidianamente el BCE, el FMI y el neoliberalismo global.

El miedo es también una construcción cultural, un pilar social fundamental presente en el sistema educativo, la religión y el código penal. La política y la economía se han apropiado del miedo a lo largo de la historia y, como sucede hoy con Grecia, lo administran al antojo de los intereses de sus élites. Hasta hace poco, la máxima expresión del miedo se llamaba guerra y en el siglo XXI lo llaman crisis, ambos eventos provocados y sufridos por los mismos agentes.

Los principales transmisores del miedo son los medios de comunicación de masas, como demostró Orson Welles infundiendo pánico colectivo con un programa de radio. Estos días, los medios convertidos en aparatos de propaganda, nada independientes y muy interesados, transmiten al unísono los miedos de sus amos. Miedos para el pueblo: a la estafa griega, al corralito, al contagio, a la prima de riesgo… pero sobre todo, y esto es lo más temible de todo, los miedos de los amos: a un referéndum, a que el pueblo opine y se exprese, a que no sea el capital quien decida.

El problema griego, como todos, es un problema de necedad económica, falsedad contable e impunidad ética y legal del negocio político. Gobiernos giratorios como los europeos ven a sus ciudadanos como mercaderías desechables cuando cotizan a la baja y no dudan en arrojarlos al abismo de la extrema pobreza o el suicidio inducido. Son formas de exterminio social políticamente correctas cuyas sangrientas manchas ellos atribuyen a quienes piensan de forma diferente a la de los representantes parlamentarios de los mercaderes.

El sistema está agotado. El capitalismo no puede engordar indefinidamente sin estallar. A las personas se les están quitando los medios necesarios para alimentarse y sobrevivir, se les niegan la dignidad y la ilusión, se les priva del derecho a decidir sobre sus vidas. Una sociedad así, liberada del miedo a perder lo que ya no posee, es abono para el terrorismo y caldo de cultivo para la delincuencia, sobre todo si contempla el terrorismo y la delincuencia practicados por la banca, la patronal y los partidos a su servicio como algo cotidiano.

Rajoy no, porque es un incompetente integral, pero los gobernantes europeos deberían darse cuenta –cuesta negar la realidad de que son conscientes de ello– de lo que hacen. Están convirtiendo el salario de un yihadista, un traficante de droga o un sicario, en atrayentes tentaciones para millones de parados españoles, italianos, portugueses y griegos. También son atractivos para varios millones más que, aún trabajando, tienen la miseria como único horizonte de vida.

El Estado Islámico, la Mafia o el Cártel de Medellín se sostienen en piramidales estructuras sociales de pobreza, obediencia, silencio y miedo muy parecidas a las que imponen los mercados. Da pánico pensar que preparan una nueva guerra para que unos europeos tiroteen a otros a cuenta de las falacias propagadas por gobernantes y voceros que presentan a opciones políticas populares como peligrosos populismos. Precisamente ellos. Hasta ahora, una certeza es que liberales y socialdemócratas son responsables, en calidad de beneficiarios, cómplices y/o urdidores, de la estafa que padece Europa. También lo es que el dinero y las élites financieras, empresariales y políticas, de forma más o menos directa y disimulada, matan.

Anuncios

La prensa tenía un precio

kane

En una sociedad fisgona, cotilla, chismosa y lenguaraz, una noticia de muerte por infarto gana enteros si pormenoriza deudas, amantes, delitos o pecados ajuntos al cadáver. Lo accesorio sobre lo esencial, el hábito sobre el monje, la realidad bajo el qué dirán, definen a una sociedad consumida en la hoguera de sus vanidades. Construir los principios, valores y normas que articulan la convivencia es tan imprescindible como inconveniente si su andamiaje no es de fiar.

La ciudadanía se asoma a múltiples ventanas para contemplar la realidad, cada una con sus peculiares cristaleras, cortinas y persianas elegidas en el mercado de la información. Prensa, radio y televisión sirven diariamente la realidad sin renunciar a elevar lo accesorio a la categoría de noticia y supeditan su supuesto servicio público a un crematístico servicio empresarial. Cada medio busca un público al que informar, conformar y deformar.

Independencia y compromiso son dos ventanas a pique de ser tapiadas en el acutal periodismo. Hoy, las empresas editoriales eligen el vestido para las noticias en los armarios que sus sostenes financieros, políticos y publicitarios ponen a su disposición. Orson Welles construyó un relato a partir de la carrera de Charles Foster Kane en la industria editorial desde el idealismo y el servicio social hasta la mera obtención del poder. Fue el ocaso del Cuarto Poder.

Cercenada la independencia por los ingresos, los medios arrastran su credibilidad por los suelos crediticios y publicitarios donde, con nítida evidencia, la propaganda intoxica las noticias. Diarios como ABC o El País, referentes de prensa partidista ideológicamente comprometida, han convertido la objetividad en opinión y propaganda. Así lo han ordenado sus inversores, es el deseo de sus anunciantes y así el gobierno lo demanda.

En un país donde la sospechosa mediocridad adorna el currículum de, por ejemplo, Fátima Báñez o Susana Díaz, la prensa dependiente centra sus energías en el currículum de quienes representan un peligro para el PP o el PsoE, para la banca en última instancia. Es el último ejemplo, uno más, de comportamientos de la prensa faldera que redundan en su propio perjuicio, un harakiri mediático. La realidad se escribe con dinero y se ofrece retocada con palabras.

El ciudadano Kane cayó desde lo más alto sin llegar a imaginar que la prensa caería al negro y profundo pozo cavado a sus pies por los poderes político y financiero. Ni en sus más delirantes sueños cabría la imagen de un kiosko con el Banco Santander presidiendo las portadas de todos los periódicos generalistas y sus respectivas cabeceras interpretando el papel de anunciantes. El 28 de enero de 2015 tuvo lugar semejante pesadilla.

La merma de lectores que sufren los periódicos tradicionales se produce por su propio fracaso como medios independientes y de compromiso social. A ello se suma la aparición de multitud de medios digitales que escriben a pie de calle y conectan con el público en la medida de su independencia a pesar de compartir anunciantes con los primeros. Por el momento, los medios más jóvenes ofrecen una perla, la de la pluralidad, que hace tiempo desapareció de los viejos y obsoletos medios que compaginan el papel y las pantallas.