Cospedal a sangre fría

Cospedal fria

La frialdad es un estado térmico, pero también define la ausencia de sentimiento en corazones despojados de sístoles humanos. Los reptiles son ectotérmicos –controlan su temperatura corporal mediante su conducta– y son imitados por numerosísimos políticos que añaden a esta destreza la viperina habilidad para desplegar los colmillos e inocular veneno letal. El reptil más frío, venenoso y temido es la serpiente, fría asesina de bífida lengua.

En la Rue 13 de Génova, apenas quedan gaviotas. Desde que fue reformada con el negro dinero sobrante de sobresueldos y financiación del partido, se ha convertido en un nido de agitadas serpientes. El tósigo lubrica las bocas de dirigentes y cargos públicos del Partido Popular que, con siseantes palabras, tratan como pueden de morder las evidencias. La frialdad es un estado político que ha infectado gravemente los cimientos de la democracia y la decencia.

Un partido cuya nómina de corruptos compite en nombres con la guía telefónica tiene la sangre fría para decir, sin pestañear, que no es corrupto. Rajoy: “trabajamos para que esas cosas se sepan”, Arenas: el pacto contra la corrupción “es una necesidad de la sociedad española, no del PP” y Cospedal: “El PP está tan escandalizado como los ciudadanos” y “El PP trabaja sin descanso para que lo que pasó en el pasado no se vuelva a producir”.

Los ojos de Cospedal son fríos espejos sin alma que reflejar. Ha recortado sanidad, dependencia y educación, ha recortado la democracia representativa, ha abrazado la dictadura comunista china, ha convertido el Parque Nacional de Cabañeros en coto de caza, ha esclavizado a los trabajadores públicos… Cospedal es calculadora, dura como el metal y fría como una serpiente curtida al calor de lo privado que se alimenta de lo público vorazmente.

La ciudadanía se escandaliza de que su marido multiplique sus ingresos tras su boda. Se escandaliza de que hasta once policías custodien a una profesional de la política y su vivienda valorada en 2,3 millones de euros y rehabilitada por una empresa adjudicataria de su gobierno. Se escandaliza de que obsequie la orientación laboral de Castilla La Mancha a un empresario relacionado con FCC, donante del PP con 165.000 euros en 2008. ¿Se escandaliza Cospedal de sus propios actos?

Ella trabaja sin descanso para que lo ocurrido en el pasado no vuelva a suceder. Su sangre fría le permite trasladar al pasado lo que es el presente de la Audiencia Nacional. La memoria aún caliente de su finiquito en diferido, de los discos duros y los registros de entrada destruidos en su nido de serpientes, o de la mano de Bárcenas entregándole sobres, es candente actualidad. Como actualidad son los Acebes, Rato, Blesa, Matas, Fabra, López Viejo o Jesús Sepúlveda, molestos granos en el cono superior del reloj de arena.

Con sangre fría, sin descanso, Cospedal mira hacia el futuro echando ya de menos los 200.000 euros de Sacyr para su próxima campaña electoral. La carroña que alimenta a las gaviotas y el veneno de las serpientes hacen que la calle Génova y La Moncloa apesten tanto como el contrato toledano de la basura, tanto como la fría voz de Miguel Ángel Rodríguez, ante cualquier cámara de cualquier etílica cadena, inyectando veneno para salvar a Cospedal.

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22 M: del blanco y negro al color de la dignidad

television

España ha vuelto al blanco y negro en apenas dos años. El sepia ha unificado la diversidad cromática y paulatinamente ha trocado los tonos ocres por una escala de gris salpicada de gránulos que distorsionan la realidad. Se ha pasado de la retina de plasma a un tosco cristal rescatado del baúl de los recuerdos, rayado por el sobreuso y de transparencia deficitaria. La ciudadanía no acierta a interpretar lo que se muestra ante sus ojos manipulados.

monasteriosEs larga la nómina de ministros y altos cargos empeñados en exhibir el presente a través de las vidrieras sacrosantas de sus credos religiosos. Así, evocan a la virgen del Rocío en el Monasterio de Trabajo, a santa Teresa de Jesús en el Monasterio de Interior o al mismo Dios en el Monasterio de Justicia. El Monasterio de Educación concentra esfuerzos en la evangelización y españolización de la infancia y la juventud.

Por las calles vuelven a desfilar ropas remendadas, cuerpos esculpidos por la dieta Carpanta, rostros plomizos y manos ociosas por falta de horizontes dignos. El patrón observa, desde el centro de la plaza, el cortejo suplicante de obreros devaluados de donde escogerá provisionalmente a unos cuantos para incrementar sus ganancias. La vida de las personas vuelve a depender de jornales arbitrarios, injustos, escasos, al albur de empresarios con el corazón blindado y de apertura retardada, acaso imposible.

gallardonLos machadianos equipajes, ligeros, casi desnudos, apreciados lejos de la frontera, dejan el país y con ellos músculo joven, productiva maña y seseras bien formadas, las mejores en muchas décadas. España envejece en edad y esperanza, dejada a su suerte, ante quienes estafan, por quienes gobiernan, roban y engañan. A quienes se marchan, desdén, olvido y cicatería; arbitrios, látigo y embudo para quienes se quedan. Y a quienes arriesgan la vida por compartir la miseria, a este lado de la valla, disparos, cortes y agua.

crucifijoLa dignidad también marcha, silenciada, temida y a la vez amenazada, otra vez a tomar la plaza, de nuevo a levantar la voz agotada de no ser escuchada. Otra jornada de rendida protesta, de compleja reivindicación, de inconformismo fatigado, esta vez acechada por la Ley de Seguridad Ciudadana, la Ley Mordaza. En formación de combate están Fernández Díaz, Cifuentes y la artillería mediática; es así como luchan contra la pobreza, en Ceuta o en Atocha, con la porra en la mano, la multa en el programa y la mentira cargada.

Este nuevo tiempo de grises, de descoloridas banderas, de oscuras y planas conciencias, necesita vida, un estallido de pirotecnia social que dé color a tanto pasado recuperado desde Moncloa. Allí saben, públicamente lo agradece Rajoy, que el silencio es falta de color en las ideas, daltonismo solidario y dependencia del mando a distancia. La vida está en la calle, al alcance de cualquiera que no se resigne a morir entre lamentos y desganas. Hay que vivir, hay que tomarla.

mantillasEn esta época de negros maletines, negras mantillas, negros tricornios y negras sotanas, hay que exigir color, desterrar el sepia como única salida pigmentada. Faltan voces en los coros, muchas, y cuerpos paseando, para enseñarlas, sus necesidades y miserias, para visibilizarlas. Con toda seguridad, el 22 de marzo recorrerán las calles de Madrid más motivos, muchos más, que personas, personas que aún conocen la dignidad, que mantienen la esperanza de una realidad de colores naturales, humana.

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Miedo como programa de gobierno

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En la teoría freudiana, el miedo real se produce cuando su dimensión se corresponde con la dimensión de la amenaza. En cambio, el miedo neurótico se da cuando la intensidad del ataque de miedo no tiene ninguna relación con el peligro. Para el conductismo, el miedo es algo aprendido. Cuando un gobierno utiliza el miedo como recurso de convicción, el siguiente paso, apenas sin darnos cuenta, golpeando al estado si se tercia, es el terror.

El miedo ha entrado en nuestras vidas por la ventana de la economía. La estafa financiera ha hecho que los despertadores nos echen a diario de la cama con miedo al despido, al jornal, a las facturas, a la cesta de la compra y a cualquier sobresalto de la cartera. El presente da miedo; el futuro, terror. Se trata de un miedo que se corresponde con la amenaza real de esa competitividad empobrecedora que los gobernantes nos presentan como un logro de sus políticas, de esa nueva forma de esclavitud impuesta por el catecismo neoliberal de Génova y el aplauso de la Moncloa.

Desde que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos tumbó la doctrina Parot, el miedo neurótico se ha sumado al real. La liberación de terroristas ha resucitado el desgastado fantasma de la derecha española para acopiar votos en las mismas fechas que muere uno de los últimos golpistas (apenas un lustro de cárcel cumplió Armada) de este país. El ectoplasma del terror es agitado desde un partido, o dos si contamos a UPyD, que ponen el grito en el cielo por la liberación de etarras mientras se niegan a que se haga justicia con el régimen de terror que dio el relevo a Juan Carlos I. La escoria etarra ha cesado su actividad, pero hay quien se resiste a enterrarla.

Como complemento neurótico, algunas tertulias y la prensa de siempre se han empeñado en sentar a la mesa de cada hogar español a un violador o a un psicópata, liberados también por el mismo tribunal europeo. La sensación que traslada la megafonía mediática a la ciudadanía es que se ha liberado de golpe a 600.000 violadores de millones de españolas. Las cadenas televisivas han emprendido su habitual carrera para ver cuál es la primera que, en rigurosa exclusiva, exhibe en el plató a alguno de estos criminales, a cambio de unos euros, para elevar audiencias a la vez que las tarifas a sus anunciantes y patrocinadores.

Las dictaduras siempre se han servido del miedo neurótico para hacer más llevadero el miedo real. El franquismo utilizó la imagen de siniestros individuos, como Jarabo o El Arropiero, para soslayar el miedo real que producían el hambre y la represión de la época. El semanario El Caso ejercía funciones neurotizantes como hoy La Razón o El gato al agua, utilizando la suelta de etarras y violadores para soslayar el miedo real ante el crimen financiero y empresarial o la represión de la ley de Seguridad Ciudadana que lleva a cabo el Partido Popular.

Europa observa atónita cómo se amedrenta a los españoles con miedo real y neurótico, con multas desorbitadas para quienes expresan el malestar que el gobierno genera, con encubrimiento de prácticas policiales propias de Billy el Niño y el inspector Muñecas o con indultos a mossos de escuadra. Miedo en la intimidad del hogar y terror en la calle reconquistada por los hijos de Fraga. Mordazas en la boca y concertinas en el pensamiento son los instrumentos del PP para callar voces discordantes y cortar las alas a ideas distintas a las suyas.

Este país es reacio como pocos a leer su historia y aprender de ella. Los poderes maniobran concienzudamente para que los miedos, el real y el neurótico, se instalen en la conducta individual de la ciudadanía como algo aprendido, algo interiorizado que se acepta con peligrosa naturalidad.

Sindicatos Versus sindicalistas

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Anda la derecha empleada a fondo en la destrucción del estado del bienestar y en restablecer el status quo preconstitucional en la vida de los españoles. Los recortes practicados con la excusa de la estafa financiera y global nos devuelven al relato de Tiempo de Silencio de Martín-Santos o Los santos inocentes de Delibes. La reforma laboral, la ley de Seguridad ciudadana y la petición de reformar la ley de Huelga, por parte del PP, nos devuelven al de Oliver Twist de Dickens o Germinal de Zola.

Anda la ciudadanía ocupada en sofocar angustias, entregada a la supervivencia como principal argumento de sus días y pidiendo a gritos humana cordura a quienes, sordos y tal vez ciegos, le clavan una estaca de servidumbre en su corazón derrotado. Volvemos a vivir para trabajar y en dos generaciones se habrá olvidado lo que era trabajar para vivir. El enfoque laboral del gobierno saca el trabajo de la nómina de los derechos humanos y lo sitúa en el ámbito de la pecaminosa maldición bíblica.

Anda la patronal, unidas sus fuerzas para apretar a los trabajadores en el exprimidor de los beneficios, cobrando parte de sus donaciones ilegales al partido que gobierna, pero pide más. Extendió la alfombra de dinero negro que condujo a Rajoy a La Moncloa y exige libertad total para actuar como negreros. Despido libre y gratuito, bajada del pantalón salarial, elástica jornada laboral, convenio individual y baja por dolencia con alta simultánea en el paro, es la utopía empresarial hecha realidad. Prevalencia de los derechos sobre el despido, dignidad salarial, humana jornada laboral, convenio colectivo y seguridad laboral, es la realidad obrera hecha utopía.

Anda, desde hace lustros, la élite sindical alejada de sus cometidos sociales, medrando en los entresijos políticos. La zanahoria de la gestión formativa, la avena de la subvención y la jáquima política han sabido conducir mansamente a la recua sindical alrededor de una noria de corrupción que le ha salpicado desde la testuz hasta la cola. Miles de representantes sindicales honestos, solidarios e imprescindibles, han sido arrastrados por la ingente cantidad de lodo que los aparatos de CC.OO, y UGT han vertido sobre las necesidades de la clase obrera.

Andan los sindicatos tocados y hundidos desde que sus dirigentes provinciales, regionales y nacionales se olvidaron de lo que eran y se convirtieron en lo que hoy son: cómplices comparsas del poder, corruptas sombras de lo que fueron. Hoy, más imprescindibles que nunca, son un juguete roto en manos de la derecha que avanza sin oposición alguna hacia su objetivo. El mal comenzó cuando el representante sindical se hizo profesional y pasó a denominarse sindicalista. Son los propios trabajadores quienes, en la calle, silban y abuchean al paso de sus lábaros y pancartas de igual manera que lo hacen a políticos que no les representan.

Anda la justicia al acecho de facturas falsas, comilonas y hasta bolsos de imitación pagados con dinero público. A nada que rasque y profundice, podrían salir cursos ficticios, firmas de alumnos suplantadas y nóminas de sindicalistas abonadas por agencias públicas y empresas participadas, no sería extraño. El entramado contable urdido por los sindicalistas es complejo pero tosco, lo que debería facilitar la tarea de higiene que la sociedad demanda.

Anda la economía española necesitada de sindicatos fuertes y anda la sociedad huérfana de sindicatos honestos y fiables como lo fueron CC.OO. y UGT en tiempos de Camacho y Redondo. Sólo expulsando a los sindicalistas profesionales y reconstruyendo los sindicatos, la clase trabajadora podrá salir con un mínimo de dignidad de la estafa que vive ahora y sentar las bases para que las futuras generaciones recuperen los derechos amputados en los últimos dos años. Un sindicato es una organización imprescindible para la evolución democrática. Los sindicalistas profesionales destruyen los sindicatos como los políticos profesionales destruyen los partidos y siempre con el pueblo como principal damnificado.

Paro y desamparo

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Foto: José Alfonso para la campaña ‘Do It Yourself’ de Intervida.

“El paro baja en abril, en mayo y en junio porque los días son más largos, las temperaturas más altas y el sol brilla más. Eso se llama estacionalidad y no tiene nada que ver con lo que hacen ustedes”. Soraya Sáenz de Santamaría, mayo de 2011. Lúcidas palabras de quien se felicita por los datos ofrecidos desde el Ministerio de Empleo en junio de 2013 fruto del esfuerzo, las reformas y las plegarias de su partido. Soraya es portavoz del gobierno y a la vez, por mérito propio, portavoz de la oposición.

Esperan semanas de debate, opiniones, críticas y alabanzas a cuenta de los 98.000 parados menos, de fuego cruzado y fuegos artificiales a la salud de las estadísticas. España está que arde y cada día hay un nuevo incendio que hace olvidar rápidamente las llamas del día anterior. Los mentideros partidistas no paran de echar gasolina y leña a cualquier hoguera y el pueblo está quemado, asqueado y distanciado de los pirómanos. Mientras se celebra la bajada del desempleo, queda en segundo plano algo más grave que el propio paro: el desamparo.

Felipe González prometió 800.000 puestos de trabajo para ganar unas elecciones. Las ganó, implantó los primeros contratos basura y abrió las puertas a las Empresas de Trabajo Temporal. Ya entonces Alemania, por medio de Willy Brandt, dictaba las directrices políticas que se despachaban desde Moncloa y también fue Alemania el origen del primer caso de corrupción política a gran escala en España: el caso Flick. 263 diputados españoles absolvieron a Felipe González y la palabra impunidad adquirió en propiedad un escaño en el Congreso.

Después de González, vinieron los 5.000.000 empleos de Aznar con más flexibilización laboral, más temporalidad y el germen de lo que hoy se conoce como trama Gürtel. Luego llegó Zapatero, se le deshizo entre las manos la burbuja laboral heredada, volvió a dar una vuelta de tuerca a la flexibilidad laboral y vio crecer sus propios brotes negros de corrupción. Por último, Rajoy está desmantelando las pocas garantías laborales que quedaban, se le ha disparado el desempleo de manera desbocada y su partido nada en la corrupción a lo largo y ancho de España.

La historia de la democracia española es la historia de la flexibilidad laboral, del desamparo de los trabajadores, de fraudes fiscales, fortunas deshonestas, corrupción, despotismo o nepotismo, la historia de nunca acabar. Ningún gobierno, y todos lo sabían y lo saben, lucha contra la política de tierra quemada que practica el neoliberalismo. La competitividad y la flexibilidad son eufemismos de lo que históricamente se ha llamado esclavitud, o sea, el desamparo total de las personas para ser explotadas como en los países a los que se ha trasladado la producción mundial buscando el beneficio salvaje.

El gobierno predice creación de empleo y crecimiento. Los flamantes 98.000 trabajadores lo son a tiempo parcial, estacionales diría Soraya, con menos sueldo y quizás más horas que hace un año, con mayor desamparo ante el despido, la prestación por desempleo y su ya inalcanzable jubilación. El Gobernador del Banco de España aventura una solución aplaudida por la patronal y bendecida por Esperanza Aguirre: el salario mínimo entorpece la creación de empleo y el crecimiento y proponen eliminarlo como paso previo a los 100 euros de salario medio, de salario competitivo, el salario del desamparo total.

La ley del silencio

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El presidente del gobierno y su partido, lenguaraces opositores apenas hace dos años, ganaron las elecciones con un programa de gobierno henchido de silencio sobre sus intenciones reales. Ganaron e instauraron un nuevo sistema de comunicación basado en la mentira para justificar medidas en favor de empresarios y financieros, la manipulación para apuntalar medidas contra los votantes y el silencio para resolver dudas sobre la corrupción con que han obsequiado al pueblo. Suyas son las ruedas de prensa sin preguntas, donde se silencia la incomodidad, o la magistral comparecencia de una pantalla de plasma tras el atril presidencial.

Dictaron silencio para Baltasar Garzón condenando al olvido, por segunda vez, las cunetas y fosas donde yacen restos de españoles doblemente asesinados. La misma sentencia sirvió de sudario para intentar envolver la Gürtel que compite con el silencio roto de los EREs. Silencio en Valencia y Galicia. En Baleares y Madrid, silencio. Silencio sobre el rescate a la banca. Evasores en silencio. Silenciosos defraudadores. Obediencia silenciosa y ciega a Merkel. El gobierno y el PP, ante el sufrimiento, guardan silencio, sospechoso, siniestro y cómplice silencio. O mienten.

Cuando rompe el silencio, cuando el gobierno toma la palabra, es para exigir silencio a los profesionales de la sanidad, a los de la educación, a los pacientes, a los estudiantes, a los padres, a los artistas, a los intelectuales, a los trabajadores, a los parados, a los mayores, al pueblo entero. Y para exigir sacrificios a quienes no disponen más que de sus vidas para sacrificar, exigir austeridad al pobre, comprensión al incomprendido, paciencia al desesperado, confianza al traicionado, ánimo al desalentado y silencio a todo aquel que necesita gritar ante tanta injusticia silenciada.

Silencio en las calles, en los hogares, individual y colectivo, público y privado. Silencio para empobrecer, para estafar, para recortar, desemplear, reprimir, golpear, multar y encarcelar. El presente silencioso que impone el gobierno no tiene más perspectiva que un futuro sordo y mudo a corto plazo y ciego a medio plazo, un futuro sin sentidos, artificial, inhumano. Se trata de un silencio de escalofríos, apenas protestado, dolorosamente soportado, el macabro y caníbal silencio de los peperos.

Y si fúnebres son los silencios practicados y exigidos desde Moncloa y Génova, clamoroso es el silencio de la Conferencia Episcopal ante tanta pobreza sobrevenida y dañino el sumiso silencio de gran parte del rebaño ciudadano. El del PSOE es el silencio de la derrota, el silencio de quien habló mal o de más cuando tuvo ocasión, el silencio preciso de quien no tiene nada nuevo y creíble que decir, es el silencio de quien hace tiempo dejó de ejercer como voz del pueblo.

Ante tanto silencio se alzan voces anónimas, voces de la calle, voces no profesionales, que trata de silenciar el bipartidismo que no las representa mediante una represión criminalizadora que las acosa, fustiga, amenaza y condena. Desde el poder sólo se permite a estas voces el uso de la palabra para entonar el mea culpa y pedir disculpas. Para hablar sin freno ni cortapisas, el PP y el gobierno se han hecho con los servicios de mercenarias lenguas que regüeldan y roznan, para deleite de sus incondicionales, desde la TDT y una prensa limosnera no apta ya ni para envolver viandas.

Históricamente, una de las peores amenazas hacia la democracia ha sido precisamente la imposición de la ley del silencio. En ello están.

Discúlpenme piratas financieros, corsarios laborales y bucaneros de hemiciclo, discúlpenme, no puedo callar. Ni quiero.

Sr. Presidente: dimita

Afilador

Señor Presidente:

Permítame dirigirme a usted desde mi condición de plebeya pluma y ciudadana inquieta que aún, con la que está cayendo, confía en que su país, el suyo y el mío, siga siendo una democracia a pesar del monárquico nombre que se le impuso al registrarla en la Constitución y que dejó la soberanía popular como apellido bastardo. Soy consciente de que sus ocupaciones le impiden escuchar o leer los pensamientos que la ciudadanía pueda albergar en sus humildes cerebros y soy consciente de que tiene usted a su alcance voces más halagadoras y aduladoras a las que prestar atención. A pesar de ello, confío en que alguno de sus cargos de confianza se haga eco de mis cuitas y se las haga llegar aunque sea en calidad de enemiga a batir.

Comprendo que la zozobra se haya instalado en los desvanes del palacio que los españoles le han cedido temporalmente, por cuatro años renovables en las urnas, y que las bodegas de La Moncloa dejen escapar un frío presagio que incomoda a su presidencial esqueleto. Usted se beneficia hoy de unos resultados electorales en los que sus adversarios perdieron, que no es lo mismo que ganar, y está dedicando todos sus empeños a satisfacer los deseos de quienes le han allando el camino, sin contar para nada con los deseos de quienes se dejaron camelar por usted y los suyos y acabaron votándole. No es mi caso, porque no le voté, pero es el caso de muchas personas conocidas que dedican cada día unos minutos de sus angustiadas vidas a maldecir la hora en que le votaron.

Usted y los suyos se pasaron siete años señalando al anterior gobierno como culpable de todos los males de España, incluido que el Madrid no ganara todas las ligas o que no lloviese en verano. Acusaron, como era su deber, al anterior gobierno de los vaivenes de la prima de riesgo, denunciaron la corrupción real que rodeaba a sus rivales, dijeron que sólo su partido sabía qué hacer para salir de la crisis, afirmaron que con ustedes se crearía empleo, sostuvieron que la RTVE estaba manipulada políticamente, declararon que no subirían los impuestos y garantizaron que rescatarían la libertad para los españoles. Todo eso prometió usted a los españoles como un enbaucador de feria que se gana la vida vendiendo duros a cuatro pesetas.

Lleva usted algo más de un año como presidente, desde el 20 N de 2011 ¿se acuerda?, y en España el Barça sigue ganándolo casi todo, en verano continúa sin llover, la prima de riesgo sigue a su bola, no ha cesado la crisis, han subido las cifras del paro, la RTVE -previa purga de desafectos- se ha convertido en el NODO particular de su partido, han subido los impuestos, han bajado pensiones y salarios, han desmantelado lo público, la libertad ha sido encarcelada y, para colmo, la corrupción cubre España al máximo nivel alcanzado en nuestra historia.

Comprendo que el balance no es esperanzador y que yo, en su lugar, mantendría un silencio total y sospechoso como el que usted luce desde que llegó a La Moncloa. No es, desde luego, usted culpable de nada de lo que está pasando en el país que le eligió para gobernar porque cada persona es responsable de sus actos y usted actúa por encargo y en nombre de otros. Usted fue candidato porque su amigo José María así lo dispuso; usted se presentó a las elecciones porque las facciones de su partido reservaron el papel de don Tancredo a su gris perfil político; usted ganó unas elecciones, ya lo he dicho, por demérito de sus oponentes; y usted gobierna al dictado de empresarios, Merkel y Rouco Varela. Me ratifico en mi opinión de que usted no es responsable de nada, usted es inocente, usted, en suma, es un inocente irresponsable.

Me dan pena usted y su mediocridad, de veras. Un personaje anodino como usted no se merece la carnicería que augura el sonido de afilador que emiten los despachos de Aguirre, Gallardón o Cospedal. El afilador está haciendo su agosto y las puñaladas de los suyos, entre los suyos, no tardarán en alfombrar de rojo los pasillos de la calle Génova. Usted no se merece esto, señor presidente. Su simpleza le exculpa y le sitúa en el cadalso como el tonto útil que servirá a otra o a otro para ocupar su apetecible lugar en La Mocloa.

Por su bien, señor presidente, dimita de una vez y convoque elecciones para ver si el pueblo estafado continúa confiando en su partido.

Si no lo hace por su bien, hágalo por el bien de su querida España. Una servidora y millones de españoles le quedaremos agradecidos.