Sr. Presidente: dimita

Afilador

Señor Presidente:

Permítame dirigirme a usted desde mi condición de plebeya pluma y ciudadana inquieta que aún, con la que está cayendo, confía en que su país, el suyo y el mío, siga siendo una democracia a pesar del monárquico nombre que se le impuso al registrarla en la Constitución y que dejó la soberanía popular como apellido bastardo. Soy consciente de que sus ocupaciones le impiden escuchar o leer los pensamientos que la ciudadanía pueda albergar en sus humildes cerebros y soy consciente de que tiene usted a su alcance voces más halagadoras y aduladoras a las que prestar atención. A pesar de ello, confío en que alguno de sus cargos de confianza se haga eco de mis cuitas y se las haga llegar aunque sea en calidad de enemiga a batir.

Comprendo que la zozobra se haya instalado en los desvanes del palacio que los españoles le han cedido temporalmente, por cuatro años renovables en las urnas, y que las bodegas de La Moncloa dejen escapar un frío presagio que incomoda a su presidencial esqueleto. Usted se beneficia hoy de unos resultados electorales en los que sus adversarios perdieron, que no es lo mismo que ganar, y está dedicando todos sus empeños a satisfacer los deseos de quienes le han allando el camino, sin contar para nada con los deseos de quienes se dejaron camelar por usted y los suyos y acabaron votándole. No es mi caso, porque no le voté, pero es el caso de muchas personas conocidas que dedican cada día unos minutos de sus angustiadas vidas a maldecir la hora en que le votaron.

Usted y los suyos se pasaron siete años señalando al anterior gobierno como culpable de todos los males de España, incluido que el Madrid no ganara todas las ligas o que no lloviese en verano. Acusaron, como era su deber, al anterior gobierno de los vaivenes de la prima de riesgo, denunciaron la corrupción real que rodeaba a sus rivales, dijeron que sólo su partido sabía qué hacer para salir de la crisis, afirmaron que con ustedes se crearía empleo, sostuvieron que la RTVE estaba manipulada políticamente, declararon que no subirían los impuestos y garantizaron que rescatarían la libertad para los españoles. Todo eso prometió usted a los españoles como un enbaucador de feria que se gana la vida vendiendo duros a cuatro pesetas.

Lleva usted algo más de un año como presidente, desde el 20 N de 2011 ¿se acuerda?, y en España el Barça sigue ganándolo casi todo, en verano continúa sin llover, la prima de riesgo sigue a su bola, no ha cesado la crisis, han subido las cifras del paro, la RTVE -previa purga de desafectos- se ha convertido en el NODO particular de su partido, han subido los impuestos, han bajado pensiones y salarios, han desmantelado lo público, la libertad ha sido encarcelada y, para colmo, la corrupción cubre España al máximo nivel alcanzado en nuestra historia.

Comprendo que el balance no es esperanzador y que yo, en su lugar, mantendría un silencio total y sospechoso como el que usted luce desde que llegó a La Moncloa. No es, desde luego, usted culpable de nada de lo que está pasando en el país que le eligió para gobernar porque cada persona es responsable de sus actos y usted actúa por encargo y en nombre de otros. Usted fue candidato porque su amigo José María así lo dispuso; usted se presentó a las elecciones porque las facciones de su partido reservaron el papel de don Tancredo a su gris perfil político; usted ganó unas elecciones, ya lo he dicho, por demérito de sus oponentes; y usted gobierna al dictado de empresarios, Merkel y Rouco Varela. Me ratifico en mi opinión de que usted no es responsable de nada, usted es inocente, usted, en suma, es un inocente irresponsable.

Me dan pena usted y su mediocridad, de veras. Un personaje anodino como usted no se merece la carnicería que augura el sonido de afilador que emiten los despachos de Aguirre, Gallardón o Cospedal. El afilador está haciendo su agosto y las puñaladas de los suyos, entre los suyos, no tardarán en alfombrar de rojo los pasillos de la calle Génova. Usted no se merece esto, señor presidente. Su simpleza le exculpa y le sitúa en el cadalso como el tonto útil que servirá a otra o a otro para ocupar su apetecible lugar en La Mocloa.

Por su bien, señor presidente, dimita de una vez y convoque elecciones para ver si el pueblo estafado continúa confiando en su partido.

Si no lo hace por su bien, hágalo por el bien de su querida España. Una servidora y millones de españoles le quedaremos agradecidos.

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Nochevieja. Vidavieja. ¿Vidanueva?

apocalipsis

Ni fin del mundo ni fin de peromias. El almanaque de la vida deshojará su último aliento el 31 de diciembre, como todos los años, y, sin sorprender a nadie, aparecerá de nuevo el día uno de otro mes, de otro año, de otras esperanzas, de otras ilusiones, las mismas de toda la vida. Los rituales ancestrales se volverán a repetir con esa fe desgastada que constituye la base de la cultura popular: doce campanadas del reloj, doce uvas acompasadas; un íntimo deseo, un público incumplimiento; un fin de año, una continuidad sin fin. Las uvas, como la vida, son frutos para consumir sin ninguna proyección mágica, por mucho que nos empeñemos en otorgársela.

Los mayas no han errado, hemos errado quienes buscamos desesperadamente el final de un presente de agrio futuro por arte de birlibirloque, quienes buscamos en los hados imaginarios las soluciones reales que no somos capaces de alumbrar por nosotros mismos. Tampoco se cumplió la profecía de Nostradamus ni el temido fin del mundo preconizado por los agoreros informáticos para el redondo año 2000. Vivimos en una continua búsqueda de un holocausto ajeno manteniendo los ojos cerrados ante el holocausto que nosotros mismos estamos empecinados en autocondedernos con nuestros votos y nuestra pasividad. El holocausto real se anuncia a diario en prime time, en potada a cinco columnas y en cualquier conversación casual con la primera persona que se cruza con nosotros por las aceras cotidianas de la vida diaria.

Los jinetes del Apocalipsis del siglo XXI no cabalgan a la grupa de zaínos corceles ni se anuncian con trompetas finiseculares. Los jinetes del Apocalipsis del 2013 se sientan en los mullidos asientos del consejo de ministros y sus trompetas replican el sonido de la estenotipia que esculpe nuestros destinos en el Boletín Oficial del Estado. Pero concedamos un prudencial margen al optimismo al modo del Partido Popular: una vez asesinados, es imposible morir; una vez arrasados los derechos ciudadanos, es imposible su secuestro; una vez empobrecido el pueblo, es imposible robarle sus constitucionales ilusiones; una vez arrasada la esperanza, sólo es posible buscarla y volverla a encontrar.

Como en las cosechas que alimentan a la población, la siega no es más que un preámbulo festivo a la alimentación y un punto y seguido que culminará con otra siembra que propiciará nuevos frutos para segar, alimentar y extraer nuevas semillas. Lo que el diablo neoliberal está haciendo en el sembrado de los derechos ciudadanos debe ser motivo de júbilo pagano, con la vista puesta en la siguiente campaña, y, por si acaso, hay que tomar nota del parásito que ha diezmado la cosecha para fumigarlo en primavera a la hora de depositar las semillas renovadas en las urnas electorales.

En la nochevieja de 2012, las campanadas sonarán lúgubres. Cada cuarto reproducirá 1: el “¡Qué se jodan!” de Andrea Fabra (compartido por el gobierno), 2: el “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” culpabilizador del PP, 3: “ La herencia recibida” excluyente de la política económica de Aznar, 4: la rediviva represión franquista de las protestas impuesta por Fernández Díaz, 5: la encomienda de Báñez al santoral para solucionar angustias, 6: el concepto de vagos y maleantes aplicado por Aguirre a todos los sectores productivos, 7: la justicia sin venda impuesta por Gallardón, 8: la educación elitista rescatada por Wert, 9: la amenaza militar resucitada por Morenés, 10: la eutanasia como concepto universal de salud patrocinada por Ana Mato, 11: el “Que inventen ellos” promovido por Soria y 12: la agricultura y la pesca al servicio de Mercadona que complace a Cañete. El brindis será con una copa de vil garrote impositivo de Montoro y otra de estafa global de De Guindos. Cerrará la velada el carrillón descendente del “hágase tu voluntad” con el que Rajoy bendice todo lo que complace a Merkel.

¡Ojo con las uvas! contienen huesecillos que pueden atragantar. Escúpalas. Escúpales.

La cruzada radical del PP.

Históricamente, en tiempos de miseria y de pobreza, las crisis económicas han asolado países y continentes descargando su furia sobre los eslabones más débiles de la sociedad, de una forma desaforada y cruel, mientras la plutocracia ha permanecido enrocada en su torre de marfil a salvo de los golpes del hambre y las necesidades. Casi siempre, la plutocracia ha sido la gran beneficiada de cualquier crisis y la mayoría de las veces ha sido su instigadora principal.

Los pliegues historia nos enseñan que el éxito de una crisis radica en que la plutocracia siempre ha contado con la complicidad de la aristocracia y de los estamentos sociales que controlan el pensamiento y la cultura. Hasta finales de la Edad Media, eran la nobleza (que ejercía el poder y ostentaba el mando de los ejércitos) y el clero (que controlaba el pensamiento y la cultura) quienes prestaban sus servicios a una plutocracia de la que muchos de sus miembros formaban parte.

A partir del Renacimiento, la nobleza cedió parte de su poder a una incipiente burguesía, que adoptó la política como título de casta en las tareas de gobierno, y a unos ejércitos que ya no rendían vasallaje a la corona. Por su parte, el clero perdió parte de su predicamento social en favor de los hijos de la imprenta, desde las crónicas y avisos hasta los modernos periódicos, y de universidades y escuelas de corte seglar, amén de magisterios ejercidos desde libros y panfletos a los que el ciudadano medio podía acceder sin intermediación.

Las crisis, históricamente, han servido de excusa para reordenar la sociedad cuando los poderes de los estados perdían parte del control social y veían peligrar su estatus. También han sido utilizadas para extender fronteras o dividir territorios en momentos que la plutocracia consideraba propicios para aumentar sus beneficios. Estos movimientos de reordenación social, territorial y económica durante la Edad Media respondían al nombre de cuzadas y se ralizaban a golpes de cruz y de espada. Desde el renacimiento, han tomado el nombre genérico de guerras con apellidos referentes a sus causas, a sus protagonistas o a los lugares donde tuvieron lugar.

Hoy, en el siglo XXI, la crisis está ensayando una nueva forma de reordenamiento y beneficio rápido menos cruenta, en apariencia, que las tradicionales guerras de sangre y destrucción. Es la plutocracia la que ha tomado el mando de las operaciones de forma directa, sometiendo gobiernos a golpe de calificación financiera, de especulación bursátil y de deuda externa. Como en los viejos tiempos, la aristocracia, la política, los medios de comunicación y el clero se han calado los yelmos, han ceñido sus cotas de maya, han vestido sus armaduras, han tomado sus alabardas, han montado sus corceles y se han lanzado de lleno a la cruzada que los dueños del mundo les proponen.

Los escuadrones radicales de La Razón, ABC, El Mundo, la COPE, Intereconomía y otros paladines de la manipulación disparan a diario sus espingardas mediáticas para crear una opinión pública afín a sus propósitos. Mienten como bellacos para obtener su parte del botín como recompensa de manos de un gobierno que les ha dejado ocupar la RTVE y les premia con suculentos contratos publicitarios y variados cargos de confianza en instituciones públicas bajo el control cruzado.

La infantería política de extremista ideario neofranquista ha enarbolado la enseña rojigualda y los lábaros cristianos para reconquistar su orden: los verdugos Fernández Díaz y Cifuentes aplastan la rebeldía con multas, mazas y porras; el alguacil Gallardón ha inclinado la balanza de la justicia en favor de la plutocracia delincuente y en contra de quienes defienden sus derechos; Wert se encarga de laminar el pensamiento crítico destrozando la educación pública y señalando al pueblo como enemigo; la Conferencia Episcopal reza en silencio y calla clamorosamente ante las injusticias que su gobierno comete; y toda la cohorte pepera escupe mentiras al pueblo desde una formación radical perfectamente coordinada.

La artillería plutócrata de los mercados bombardea el país y transmite órdenes a su testaferro Rajoy, a través de los pregoneros Montoro y De Guindos, encaminadas a saquear de forma extrema al pueblo en favor de la emperatriz Merkel. La cruzada del PP intenta, por un lado, restablecer la extremista jerarquía social de ricos y pobres sin clase media posible y, por otro lado, restablecer el orden autócrata y ultracatólico anterior a la democracia. En ello están. En ello estamos.

Esta crisis surte los conocidos efectos de todas las crisis: hambruna, miseria, dolor, incultura, deshaucios, efermedad, miedo, falta de libertad, opresión, represión, tiranía, muerte, mendicidad, limosna, desesperación, desesperanza, injusticia… y pensamiento único. Unos pocos vencedores y millones de vencidos. Un regreso del feudalismo.

Españolizar puede ser imprescindible.

Wert lleva razón. Y no se puede usted imaginar el esfuerzo que me ha costado reconocerlo. Trataré de explicarlo con un par de sencillos ejemplos.

La solución para muchos de los males que acechan a España está en sacar pecho y españolizar todo lo que se ponga a tiro. La tradición españolizadora de este país es la más solvente del mundo, AAA+, y presenta en su currículum una aquilatada experiencia que le llevó a españolizar toda la superficie de la tierra que era capaz de alumbrar el sol desde el levante hasta el poniente. Fue Felipe II quien obró la proeza de que en su imperio no se pusiera el sol.

Lleva razón Wert, aunque quizás su corte ideológico le haga confundir el ensalmo españolizador adecuado. La españolización rancia que propone, basada en una lectura neofranquista de la realidad peninsular, va camino de obtener unos resultados contrarios a los que pretende. La imposición dogmática desde la intransigencia que propone, falsamente amparada en la mayoría absoluta provisional que disfruta su partido, radicaliza la postura de quienes son presentados como enemigos de dios, de la patria y del rey.

España (su pueblo, no sus políticos) debería plantearse, como solución a la estafa que soporta hoy, la españolización de la banca. No es democrático que el estamento financiero actúe, como lo está haciendo, hurtando la cartera a millones de personas con el fin de sanear los pocos bolsillos privados y extranjeros que están engordando, a costa de la deuda externa española, muy por encima de sus posibilidades. No sólo no es democrático, sino que no es ni siquiera legal. Españolice la banca, señor Wert. Españolícela y no consienta que Merkel germanice nuestras vidas.

España debería plantearse españolizar la iglesia. La iglesia católica consume demasiados recursos públicos para adoctrinar la escuela cuando en la mayoría de los países esta labor la realiza con recursos propios y a quienes se prestan a ello voluntariamente. Españolizar la iglesia supondría hacerla participar con la mismas reglas que a otras entidades y que los multimillonarios donativos captados en criptas, catedrales o conventos coticen como manda hacienda. El dinero robado por el electricista de la catedral de Santiago, no denunciado por el obispo, es la punta del iceberg de una inmoral bolsa de millones de euros negros que se mueven entre sotanas camino del Vaticano, verdadero paraíso fiscal. Españolice el Acuerdo con la Santa Sede y recupere cerca de 11.000 millones del estado laico.

España necesita españolizar sus empresas haciendo ver a sus dueños y señores las ventajas de producir en España, creando empleo y riqueza al alcance de la mayoría de los españoles, en lugar de buscar el beneficio rápido y desmesurado que les convierte en modelos a seguir de la lista Forbes, con alguno de ellos aupado al podio de la misma. Españolice las empresas, señor Wert, hágalas útiles para España impidiendo que sus ganancias naveguen apaciblemente por los paraísos isleños de Caimán, Bahamas, Bermudas o Barbados. Españolice su producción y su ética empresarial.

Y ya puesta a pedir, españolice al gobierno de España del que usted forma parte para que cumpla el mandato del pueblo en lugar de acatar las órdenes de los estafadores del FMI y del BCE. Españolice la sanidad, la educación y las cuentas del estado a la medida de quienes pagan impuestos en lugar de limpiar los impuestos para satisfacer a inversores extranjeros. Españolice a sus compañeros y compañeras: haga que se pongan el traje de luces o la mantilla con la humildad del pueblo llano, en lugar de hacerlo con la hipócrita altanería decimonónica de aristócratas sin título nobiliario.

Señor Wert: ponga una bandera de España en su conciencia, no un trapo rojo y amarillo, y comprenderá que la auténtica bandera de los españoles es multicolor, multicultural y, sobre todo, libre y soberana. Límpiese ese franquista españolismo de hojalata que le ensucia la mente y la boca y comprenderá que el diálogo une más que la imposición a las bravas.

Españolice, Wert, defienda la españolización adecuada, imponga la nacionalización, nacionalice.

Deberes para un gobierno perdido.

Señor presidente del gobierno:

Dado que parece usted incapaz de hilvanar sus tareas de gobierno de manera convincente para aplacar la voracidad de sus amos los mercados, permita que esta humilde ciudadana se atreva a darle las directrices que considera pertinentes para que la prima de riesgo se sitúe por debajo de la alemana y para que la competitividad de su país supere a la china. Ambas cosas le permitirán pasar a la historia como el presidente que supo sacar a sus ciudadanos de la crisis y no como el inepto que superó a Zapatero en incapacidad operativa. Será un placer arrimar el hombro y trabajar con usted codo con codo.

Usted ya ha conseguido que la deuda externa de España sea una losa inamovible durante tres o cuatro generaciones (ni usted ni yo viviremos para comprobarlo). Se podría optar sencillamente por no pagarla defendiendo su ilegalidad, pero esto no va con su ideología neoliberal y le haría quedar mal, muy mal, con esos mercados a los que usted sirve con deleite. Le entiendo. En lugar de eso, le recomiendo que decrete un corralito y se incaute de todos los ahorros de los ciudadanos antes de que nos de tiempo de sacarlos de los bancos. Quizás nuestra calderilla sirva para pagar la mayor parte de esa deuda que usted contrae en nuestro nombre y para que nuestros nietos puedan vivir menos penosamente que nosotros y nuestros hijos.

Usted está destrozando el mercado laboral con sus reformas incomprensibles e innecesarias. Nos envía al paro, nos merma los sueldos, nos estrangula con impuestos y esto no ayuda a reactivar el consumo lo suficiente para generar empleo, crear riqueza y no caer en la depresión. Haga caso al señor Rosell, haga caso a la banca, haga caso a Merkel y decrete un salario mínimo de sesenta euros al mes con un horario laboral de 14 horas diarias. Derogue la ley que impide trabajar desde los seis años y decrete la defunción obligatoria a los sesenta años. De esta manera, se lo aseguro, España alcanzará la excelencia competitiva en dos o tres años como máximo.

Suprima del tirón la sanidad pública. No es ninguna veleidad. Tal vez la enfermedad llegue a convertirse en una opción menos degradante que la calidad de vida que su gobierno nos ofrece. Se ahorrarán unos miles de millones que contribuirán a que nuestros nietos o bisnietos no tengan que pagar a la banca especuladora lo que usted está firmando en nuestro nombre. Esté tranquilo en lo que a los suyos respecta, ya que su poder adquisitivo les permitirá curarse un resfriado en cualquier clínica privada nacional o extranjera. Esta medida no les afectará. El pueblo llano dispone de un generoso santoral para esoger a quién dirigir plegarias para sanar y la Conferencia Episcopal no dudará en echar una mano con los santos óleos o funerales a domicilio, se sentirán dichosos.

Hable con su ministro Wert, hágale caso y adelante la formación profesional al segundo ciclo de preescolar. Tendremos la mano de obra infantil más especializada del planeta y le permitirá cumplir dos objetivos: aliviar a los padres de la carga de los hijos para que no les distraigan del trabajo y eliminar el gasto superfluo que supone para las arcas tanto profesorado y tanto colegio inútil. También puede estar tranquilo porque los suyos seguirán en sus colegios privados nacionales o extranjeros y, puesto que serán muy pocos quienes estudien, como en los tiempos de su añorado franquismo, podrá destinar más recursos al mantenimiento de los colegios religiosos y a becar a su opulenta clientela.

Veo que para otros asuntos no necesita mis consejos. Usted solito, con la colaboración de su gobierno y la sabia dirección de su caudillo Aznar, está moldeando la cultura a su gusto y conveniencia. Su pueblo no necesitará, en el futuro inmediato que usted está dibujando, más entretenimiento ni más pensamiento que el que se derive de su actividad laboral. Tampoco debe permitir, y usted lo está bordando en RTVE secundado por los medios que le han ayudado en su victoria, que sus súbditos estén debidamente informados de nada que no esté relacionado con el trabajo, el fútbol, los toros y la varietés.

No haga el ridículo ante sus amos con el simulacro de estado de excepción al que nos está sometiendo desde hace unos meses. Haga caso a su eurodiputado Vidal-Quadras y decrete el estado de sitio en el país. Acabe de una vez con los desagradecidos que no le aplauden y con quienes no comparten sus ideas. ¿Para qué un general de brigada de la guardia civil disponiendo de capitanes generales de tierra, mar y aire? No se corte ni corte las alas a Cristina Cifuentes y a Jorge Fernández Díaz, alumnos aventajados de Fraga y duchos en manipulación y kale borroka institucional.

Suprima el congreso, el senado, los parlamentos autonómicos y los ayuntamientos. Haga caso a Cospedal y no permita el acceso a las instituciones públicas nada más que a quienes puedan dedicarles los ratos de ocio que sus acaudaladas vidas profesionales les permitan. Total, para gobernar en nombre de los mercados y de Merkel, mejor que sean gentes de bien, vestidas y perfumadas como dios manda, en lugar de herejes y perroflautas. Así ahorrará una pasta muy respetable y, de camino, solucionará la unidad de España a su gusto.

No sigo entreteniéndole y distrayéndole. No quiero molestarle mientras se fuma un puro y se prepara para meternos el siguiente puro. No me agradezca mis ideas, es mi deber colaborar con usted y ayudarle en su difícil tarea. A cambio, sólo le pido que no me abra la cabeza si salgo a la calle a protestar obligada por las medidas erróneas y letales que su gobierno está tomando.

Sea feliz, señor presidente. No se preocupe por mi presente ni por mi futuro. Preocúpese de hacer la tarea semanal que sus amos le mandan para crucificarnos los viernes. Espero haberle sido útil.

PD: Cuide sus espaldas. Una gaviota rubia y otra con bigote y melena amenazan su estabilidad política dentro de la bandada de la calle Génova.

Más turbación en la Moncloa.

Mientras España capea como puede el chaparrón de recortes en los derechos cívicos, preguntándose por qué la banca se beneficia de la situación y cómo es que son indultados los evasores y defraudadores de impuestos, las filas del PP se entregan a una masturbación colectiva que raya la indecencia política y asalta las más elementales normas de la ética democrática.

María Dolores de Cospedal -más de 200.000 euros de sueldos al año e invitada del club Bilderberg en 2011- excitada por las propuestas de su compañero Feijoo, el sector rancio de su partido y el empuje del populista sexo electoral de Rosa Díez, manipula su libido ideológica en un frenesí que le lleva a proponer con paroxismo reducir a la mitad los escaños del parlamento manchego que ella misma amplió hace cuatro meses de 49 a 53 escaños. Y para que el orgasmo sea variado, también propone que no cobren los diputados con sueldo privado, es decir, que sólo accedan a los parlamentos quienes, sobrados de dinero y de tiempo, decidan dedicar su ocio a administrar nuestras vidas desinteresadamente. Esto es simple y llanamente un gatillazo totalitario.

Esperanza Aguirre también desliza sus dedos por las zonas erógenas de su absolutismo para señalar Madrid como destino de un antro ludópata y mafioso que iluminará los cielos de la capital con sus neones y las luces multicolores de las máquinas tragaperras. A ella no le importan los negocios colaterales de su admirado Sheldon Adelson y está dispuesta a sodomizar cuantas leyes considere oportunas para satisfacer a su mafioso amigo. Eurovegas no es Eurodisney y la estrecha moral de los cuentos de hadas será sustituida por escabrosas oportunidades para trabajar de camareras o bailarinas en una barra americana.

Fátima Báñez, ajena a los placeres mundanos, vive su particular éxtasis místico ocupando sus dedos en acariciar con fruición las cuentas del rosario, embelesada con la esperanza de que la virgen del Rocío traiga trabajo a más de cinco millones de españoles a los que, con la otra mano, desnuda lentamente eliminando sus protecciones sociales. El olor del incienso la hace levitar y abstraerse de la cruda realidad para no ver ni sentir que los recortes de las prestaciones y el abaratamiento de las condiciones laborales entran en el ámbito del sadomasoquismo, pero ella goza permitiéndolo desde las alturas ministeriales.

Ana Mato se ha ceñido una escotada y abotonada bata de enfermera para dar rienda suelta a sus fantasías sanitarias. Su posición dominante le hace disfrutar mientras sus dedos habilidosos y suaves se ocupan de retirar las drogas terapéuticas del alcance de sus dominados pacientes. Su lengua húmeda recorre sus labios cuando piensa en el placer que producen sus medidas en el cuerpo médico privado y en la meretriz farmacéutica que aprovisiona los consultorios de remedios y placebos. De aquí a nada tendremos que pagarle la cama del hospital.

Soraya Sáez de Santamaría supervisa estos afanes solitarios e insolidarios de sus compañeras con la morbosidad de voyeur propia de su vicepresidencia. Ella disfruta lo suyo embriagada de las feromonas desparramadas por el gobierno y el olor a cama caliente que desprende la calle Génova, sede de su partido y lupanar ideológico donde se pone precio al trabajo, a la vida, a la salud, a la educación, a la vejez y a las libertades de toda la ciudadanía.

El jefe Mariano ha tenido un orgasmo múltiple, sin necesidad de usar las manos ni la imaginación, con la visita de Ángela Merkel -esperemos que no le haya quitado el habla del todo- y con los susurros de Mario Draghi al oído de los mercados. Mira por dónde las palabras de la una y del otro le han venido a huevo para respirar unos meses hasta que la prima de riesgo vuelva a recobrar el pulso; hasta entonces, confía en tener tiempo para que sus expectativas electorales en Galicia no supongan un coito interruptus para el partido. Será el momento de pedir el segundo o el tercer rescate para España.

La actuación de la sección femenina del PP produce más turbación en la sociedad española que la sana masturbación, íntima y placentera, practicada por Olvido Hormigos. Parece que casi todas las mujeres del PP han reaccionado, cada una a su manera, al grito de Andrea Fabra y están jodiendo al país con placer.

Y Rajoy se corrió de gusto

Rajoy, con el pañuelo en su izquierda y aireando el cuerpo con la derecha, sonríe por la faena bien hecha.

Dicen las malas lenguas que, desde que Rajoy salió -esposado y con una bola de goma taponándole la boca- de la cama de Merkel, sus andares y su sonrisa no eran los mismos. Algunos malpensados señalan a un aparatoso bulto en su entrepierna como el causante de su rígido caminar y su alelada sonrisa.

Viéndole babear en la tribuna mientras anunciaba, uno tras otro, los recortes y el dolor a que nos somete, comprendí que su actitud no correspondía a la de una persona normal, que la falta de humanidad en sus palabras y en su persona eran propias de quien padece un trastorno disimulado de psicópata. La tribuna tapaba la zona baja de su cuerpo (en el sentido físico de la palabra, ya que moralmente es todo bajo) y no permitía comprobar los rumores sobre el sospechoso bulto. Recordé las lágrimas y la voz entrecortada por el dolor de la ministra italiana mientras anunciaba los recortes en su país y sentí miedo al contrastar su imagen con las falsas lágrimas secas y la ausencia de sentimientos de Rajoy.

Tuve miedo. Se le veía radiante de placer mientras anunciaba la subida del IVA, mientras metía la mano de nuevo en los bolsillos y la dignidad de los funcionarios, mientras liquidaba a las autonomías siguiendo con nostalgia su ideal de “España una, grande y libre”, mientras ofrecía el sacrificio de los sindicatos derrotados en el altar de la CEOE, mientras condenaba a discapacitados y dependientes a ser arrojados por el monte Taigeto como hacían en Esparta, mientras anunciaba una ampliación del castigo que ya sufren los desempleados, mientras anunciaba… la esclavitud como forma de vida adecuada a nuestras posibilidades.

Tuve miedo, pánico, cuando vi a la mayoría absoluta de los “representantes” del pueblo aplaudir y jalear con indisimulada satisfacción cada uno de los latigazos descargados por Mariano sobre sus súbditos. Salí de dudas sobre la humanidad de los palmeros cuando me enteré de que la diputada, de pijo aspecto ario y genética corrupta, Andrea Fabra gritó con sinceridad “Que se jodan” aludiendo a los parados. Sentí terror al recordar la actitud de sus correligionarias acusando al pueblo de protestar como escusa para azuzar a unos cuerpos de seguridad del estado, deshumanizados y fuertemente armados, como garantes de un orden que ellos mismos quiebran implantando el terror en las calles.

La relajada cara de satisfacción de Mariano y sus secuaces, posterior a la sesión parlamentaria, me corroboró que el presidente había disfrutado de lo lindo, que su satisfacción había ido más allá de lo exigido por Merkel, que el anuncio de nuestra ruina había sido para él un orgasmo ideológico de primera magnitud.

Supe entonces que Mariano Rajoy se había corrido en la orgía colectiva de su partido, aunque ninguna mancha en su entrepierna lo haya certificado.

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Días después, como es costumbre de estos profesionales de la política, han salido a la palestra parte de los impresentables aplaudidores de nuestro dolor, con la misma cantinela de siempre, tratando de tapar la vergüenza de sus aplausos con los apalusos de vergüenza del PSOE ante los recortes de Zapatero hace dos años. Quienes opinan en foros y tertulias, con el odio al contrario como único argumento disponible en sus desolados cerebros, repitiendo este tipo de réplicas, siguen el juego a esos políticos que les machacan desde ambos bandos.

Fueron vergonzosos los aplausos del PSOE en 2010 y son vergonzosos hoy los apalusos del PP. Este partido, llevado por el placer que le produce cualquier tipo de recorte, aplaudió los recortes del 2010, los del 2012 y aplaudirá los que quedan por venir.

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En este país, tierra de juglares, poetas y cantautores, sorprende la velocidad con la que ha saltado a la plaza virtual de la redes sociales una composición sobre el espectáculo ofrecido por nuestros políticos en el Congreso. Andrea Fabra ya tiene su canción con letra y música de Diego Escusol: