La alcoba política

burdel

El matrimonio homosexual, caballo de batalla del pensamiento inmovilista, ha sido presentado, desde que Zapatero lo pusiera en valor, como el último disfraz de satanás, la última manzana del edén o el último vestigio de Sodoma y Gomorra. Rouco Varela ha visto en él el origen de la crisis, de la violencia de género, de la pobreza, del hambre y la causa de todos los males que azotan a la sociedad, una pandemia desatada porque un gobierno mal apellidado socialista abrió la caja de Pandora cuestionando el orden divino establecido para la divina comedia humana. Nada dice, a Dios gracias, sobre la influencia que tal desatino natural haya podido ejercer sobre la natural querencia hacia los niños ejercida desde algunas sotanas desnaturalizadas por el celibato.

Ignoro la episcopal opinión acerca de otro tipo de matrimonio, harto artificial y asaz condenable, cuyas intimidades ocupan titulares en la información pública y rumores en lenguas privadas. Ignoro qué piensa Rouco de las escabrosas coyundas que se practican a diario fuera del lecho ideológico y que convierten con promiscua asiduidad el Congreso de los Diputados en un lupanar vergonzante y a bastantes señorías en una saga de meretrices, alcahuetas, chulos, rufianes y canalla variada que no duda en acostarse con cualquiera que disponga de posibles sin atender al catre en el que reposa. El amor es ciego y el sexo ciega.

Los escaños, lechos a los que se accede por representatividad popular para atender asuntos ciudadanos, acaban reconvertidos en piltras donde se se tientan los aromas amorosos, se catan los bebedizos eróticos y se calibran los atractivos sexuales de quienes merodean el poder en busca de un polvo o un gatillazo. La clientela de sus señorías suelen ser apuestos donceles de familias financieras, representantes de castas empresariales o evangelistas convencidos como es el caso de Rouco y su tropa. Entre tanto fluido sensual y tanto ajetreo de calzas y enaguas, es frecuente que los mundanos intereses de los votantes queden aparcados en el limbo durmiendo el sueño de los justos.

Los consejos de administración de Endesa, Iberdrola, Telefónica, casi todos los bancos y cajas y muchas empresas más, son burdeles donde se prolonga la orgía política que se vive en las llamadas democracias desarrolladas, retiros placenteros y bien pagados para quienes pusieron los cuernos a su electorado siguiendo sus bajos instintos y la erótica del dinero. En una misma cama yacen en pecado socialistas y populares, disfrutando de un amor inusitado al calor de suculentas remuneraciones. El amor que la economía profesa a ciertos políticos les concede la dicha de ayuntarse mutuamente sin reparos ideológicos, contra natura, siguiendo una corriente de cuya inmoralidad no se echa cuenta. Es así como la vieja Celestina continúa alimentando su faltriquera a costa de la erótica del poder.

Hay más casas de mancebía política en este país, como Capio, Ribera Salud, las congregaciones religiosas y las empresas laicas que ansiosas esperan recibir la sanidad y la educación pública de manos de mancebos diputados a quienes luego cederán un puesto privilegiado en algún camastro de sus consejos de administración. Con la boca pequeña, unos se oponen y otros niegan que sea cierto, matizando hasta la mentira sus opiniones y sus actos, pero lo cierto es que todos, socialistas y populares, aspiran a un lecho caliente sin importarles quienes lo calientan y con quienes lo comparten, como defensores de un amor libre y libertino.

La última escena de cama, el último matrimonio antinatura no exigido por ningún guión, lo protagonizan Bono, Acebes, Iglesias, Zaplana y otros altos cargos socialistas y populares que han montado una cama redonda en torno a una supuesta defensa de la Constitución. Décadas han tenido para defender y afianzar los derechos constitucionales que ahora se precipitan por las cloacas de San Jerónimo. Décadas de poder y decadencia en las que sólo han defendido sus intereses y los de los suyos, pudriendo el corazón de la democracia a base de corrupción y dejadez de funciones. España Constitucional se presenta como una novedosa casa de lenocinio donde PP y PSOE continuarán sus escarceos amorosos y nosotros, el pueblo, seguiremos pagándoles la cama. Se dedicarán, en principio, a la administración de consejos a diestro y siniestro para acabar sus días en los consejos de administración.

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La boda Rajoy Brey-Rouco Varela

¡Albricias y parabienes!

El galápago constitucional se ha pronunciado, siete años después, y ha declarado constitucional el matrimonio entre personas del mismo sexo. Seis días tardó el dios creador en organizar el cosmos y parir el mundo, según la mitología católica, y al séptimo descansó. Siete años han tardado sus señorías en desmontar el recurso del Partido Episcopal y, ahora, la homosexualidad puede descansar, pero no mucho.

La goleada en el Tribunal Constitucional, 8-2, ha evidenciado la postura del PP al servicio de una casposa moralidad exenta de ética social. Lo que un gobierno del PSOE aprobó, con un respaldo de votos mayor que el actual del PP, ha estado amenazado durante siete largos años por la rancia guillotina de un pensamiento ultraconservador, muy abundante pero no mayoritario en España. El PP ha demostrado estar alejado de la pluralidad social y centrado en satisfacer a sus socios mitrados.

Hemos de felicitarnos porque las personas pueden elegir libremente y en igualdad de condiciones con quién celebrar sus contratos matrimoniales, porque la normalidad social ha superado las insidias conservadoras, porque ni el reino ni el pensamiento de la iglesia son de este mundo, porque el impresentable y peligroso asesor del PP, Aquilino “Mengele” Polonio, ha sido desmontado por la razón y el sentido común y porque miles de personas han cerrado definitivamente sus armarios desde fuera y han tirado la llave al pozo de las pesadillas superadas.

No obstante, la resaca no se ha hecho esperar y tanto el Foro de la Familia como la Conferencia Episcopal exigen al gobierno poco menos que un golpe de estado constitucional avalado por dudosos demócratas como el ministro Fernández Díaz. Estas dos instituciones, como los padrinos de la “la familia”, exigen al gobierno el pago a los servicios prestados cuando llenaron calles y plazas de monjas, curas, monaguillos, adoradores nocturnos y otras especies talibanes manifestándose en contra del diablo Zapatero.

La iglesia, asexuada y sin descendencia legítima, continúa pontificando obstinadamente sobre relaciones sexuales y sobre el destino más adecuado para los hijos de la humanidad. Recordemos que es la misma iglesia acusada de pederastia (clientela perdida por D. Aquilino), la misma iglesia cuyos obispos justifican el abuso sobre niños porque “éstos se insinúan”, la misma iglesia cuyas monjas han participado presuntamente en el robo de niños en los hospitales. Ésta es la iglesia que se aparta del cristianismo y de la sociedad para acercarse al dinero y al poder. Ésta es la iglesia que pierde parroquianos, credibilidad y aceite.

Con esta sentencia, todos ganan: la democracia ha salido reforzada, la familia tradicional seguirá siendo tradicional, el colectivo homosexual podrá ejercer sus deberes y sus derechos legalmente, en igualdad, y Mariano Rajoy podrá, al fin, contraer matrimonio constitucional con Rouco Valera. A nadie le sorprenderá, nadie se escandalizará, nadie protestará y sus respectivas familias, el PP y la Conferencia Episcopal, verán cumplidos sus sueños. ¡Albricias y parabienes para ellos también!

Sólo falta dilucidar quién será el oficiante de la boda. Las apuestas están encabezadas por Ratzinger y Gallardón.