El wertdugo de la educación.

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La educación, arma de construcción masiva, vuelve una vez más al patíbulo de las Cortes acusada de ser presunta inductora del pensamiento libre y de ser colaboradora necesaria para el disfrute de la libertad sobrevenida tras la muerte de Franco. España ha asistido y sigue asistiendo a un debate continuo, y sin final a la vista, sobre la pertinencia de ofrecer educación universal, objetiva y aconfesional, a la ciudadanía. Es un debate secular al que no le han afectado ninguna de las transiciones vividas a lo largo de la historia, ni la transición del medievo al humanismo renacentista, ni la transición del franquismo a la democracia, ni otras transiciones intermedias.

El cuello de la educación vuelve a estar expuesto en el cadalso a los caprichos y juicios de cortesanos y torquemadas que debaten en profundidad el método para ajusticiarla nuevamente y discuten vivamente si aplicarle la soga, el garrote vil, el hacha o la guillotina. Nadie derrocha un gramo de sensatez, razón o caridad para defenderla, a nadie parece importarle su suerte, a nadie de los presentes en los hemiciclos gubernamentales, pues todos son cómplices de los sucesivos linchamientos que ha padecido en los últimos treinta años. La calle, sin embargo, se pronuncia en su favor y la defiende sabedora de que su condena supone la condena de la propia sociedad civil.

El nuevo abogado de la ignorancia y el nuevo fiscal de la oscuridad se aúnan en la figura de un siniestro ministro, surgido del averno neofranquista, de fauces afiladas, con aspecto de cabeza rapada, de cerebro rapado y acompañado de lobos con sotana y rosarios al cuello. Este personaje es el wertdugo sádico elegido por un gobierno de fusileros ideológicos para ejecutar la sentencia acordada desde hace más de una década por la FAES y la Conferencia Episcopal. Dios, Patria y Rey de nuevo, nuevamente la guerrilla de Cristo Rey. El muera la inteligencia no tardará en aparecer en las portadas de ABC o La Razón y el viva la muerte se corea ya en algunas tertulias de Intereconomía arropando el anuncio de españolizar a los catalanes como los falangistas arroparon las intenciones de Millan Astray de estirpar el cáncer de Cataluña y Vascongadas.

El rapto de la educación nada tiene de poético, nada que ver con los escarceos amorosos de Zeus con la joven y desprevenida Europa que narra la mitología griega. Antes bien, supone una violación social en toda regla y una mortal herida en el firmamento democrático español a cargo de un toro rabioso encarnado en un ministro que es la wertgüenza de la marca España. A nadie extrañe que recurra a la taurina testosterona, para autoafirmarse en sus ideas, quien proviene de la misma escuela que ensalzaba la muerte como valor superior a la inteligencia. De nuevo los rezos evaluables al mismo nivel que Pitágoras o Marie Curie. Otra vez la educación como lujo y no como necesidad.

La sentencia a muerte que ronda a la educación se ejecutará sumarísimamente sólo después de que el pueblo sin recursos sea torturado en los sótanos de una formación orientada a satisfacer las necesidades y los deseos de una oligarquía empresarial que ha dado a España hijos tan preclaros como Mariano Rubio, Mario Conde, Javier de la Rosa, Ruiz Mateos, Jesús Gil y una larga cadena de honestos emprendedores cuyo último eslabón oxidado es Díaz Ferrán. Estos personajes, a quienes el ministro ofrece el sacrificio de la juventud española, actúan ajenos a la muerte de Franco. Girando la letra inicial de su apellido, se puede actualizar el anuncio lloroso de Arias Navarro. “Españoles, Franco ha Werto”.

Para la juventud de hoy, vuelve a cobrar plena actualidad la canción Días de escuela de Asfalto.

Excelente también para ilustrar la situación el tema Another brick in the wall de Pink Floyd.

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Ryanair anuncia muertes impunemente.

El mito de Ícaro nos enseña que los dioses acaban castigando a los hombres que aspiran a medirse con ellos en las alturas celestiales y que todo lo que sube tiende, tarde o temprano, a cumplir su compromiso con la Ley de Newton. La gravedad es un nombre que define tanto a la tracción que la tierra ejerce sobre los objetos que se suspenden en el aire como a los efectos de su caída libre y sin paracaídas.

Michael O’Leary pertenece a esa casta de hombres que han acumulado tanto oro en tan poco tiempo que se sienten más próximos al sol que a la tierra, se siente como un semidiós con potestad para decidir la suerte de las muchas personas que a diario vuelan en los aviones de Ryanair, se siente incluso por encima y al margen de las leyes de los gobiernos, sumisos ante su resplandor dorado, y de la propia ley de gravedad.

A estos nuevos habitantes del Olimpo financiero les está permitido todo y ningún humano se atreve a mirarles a los ojos y cantarles las verdades del barquero. El dios supremo es el dinero y porfiar con quien demuestra altas dotes para atraerlo está mal visto para el pueblo llano y sus gobernantes, que temen su versatilidad para ser utilizado como arma arrojadiza y, en muchos casos, letal. La religión capitalista no admite el pecado, el agnosticismo, ni siquiera la apostasía, como todas las religiones que en el mundo son.

Los métodos para atesorar dinero sólo importan cuando éste se acumula en pequeñas cantidades y los sacerdotes del capital sólo miran con lupa fiscal y normativa las nóminas de los asalariados y los ingresos de los autónomos, siempre y cuando no superen, digamos por ejemplo, los sesenta o setenta mil euros anuales. Pasada esa cifra, la molesta y farragosa fiscalización discurre por terrenos menos agrestes y más compasivos que conducen hasta el concepto de inversor que, una vez alcanzado, convierte a las personas en semidioses y héroes como ha sucedido con Ruiz Mateos, Mario Conde, Amancio Ortega, Juan Roig y tantos otros.

Ícaro cayó cuando la proximidad del sol derritió la cera que unía las plumas con las que construyó las alas que le elevaron al cielo. Mario Conde y Ruiz Mateos cayeron cuando se derritió la cera de sus emporios aplastando con su caída a sus trabajadores, proveedores y clientes y salvando milagrosamente sus vidas del impacto mortal con el suelo. Sólo entonces, los poderes públicos usaron la lupa para observar lo que estaba pasando; muchos veían la realidad sin necesidad de prótesis ópticas, a simple vista.

Dado que no importan los métodos de acumulación de capital ni los antecedentes penales para que el dios sol permita que se acerquen los hombres dorados, Conde y Mateos han vuelto a repetir su vuelo. El segundo ha vuelto a caer, el primero utiliza ahora el ala delta de la política. Michael O’Leary, Ícaro de low cost lleva abusando y avisando de su caída, o mejor dicho de uno de sus aviones, día tras día sin que ningún gobernante le recorte las alas.

Ryanair es la compañía de pateras voladoras por excelencia en Europa. Sus aviones son conducidos por kamikazes que gritan “banzai” a la caja negra justo antes de emprender el vuelo. El pasaje arriesga sus baratas vidas en travesías por el océano celestial sin saber con exactitud si tomarán tierra o permanecerán en el cielo para siempre.

Está próxima una caída en picado de uno de los aviones de Ryanair, con humareda negra, trozos de carne humana esparcidos por los suelos y aullar de sirenas de bomberos y ambulancias. Sólo cuando se celebre el funeral multitudinario por las víctimas, los gobernantes clamarán justicia e impondrán una multa reparadora de conciencias. Después, Ícaro O’Leary seguirá ascendiendo hacia el dorado sol como si nada. El negocio debe seguir.

Avisados estamos.

El “Amanecer Dorado” de Rajoy

Los tenemos en España, desde hace tiempo, valiéndose de la democracia, como hizo Hítler en su momento, para imponer de forma totalitaria sus ideas, para dominar en lugar de gobernar.

Saben que la pobreza y la miseria son el abono perfecto que hace crecer la desesperación y que ésta ciega el entendimiento a la hora de buscar oxígeno sin que importe el precio a pagar. Primero se agostan las plantas y luego se mima y se cuida, como si del mayor de los tesoros se tratase, el primer cardo borriquero que sobrevive en el páramo. La crisis ha traído la pobreza y la miseria a Europa acompañadas de garrapatas neofascistas que aprovechan el terrorismo financiero para hichar sus cuerpos al calor de la desesperación.

En España pensábamos que no, que el fantasma totalitario no conseguiría mover la losa de 1.500 kg. del Valle de los Caídos que cubre el cadáver de Franco y, con él, una dictadura que supo mucho de pobreza, de miseria, de sangre, de represión y de domino exterminador. Nos equivocamos. O no quisimos ver que la repentina mutación demócrata de sus supervivientes no era más que una zalea extendida sobre la jauría de lobos que han sabido esperar su momento. Y su momento ha llegado.

Llevaban tiempo aullando desde las pantallas de Intereconomía, azuzados por El Mundo, La Razón y ABC, interpretando de modo soberbio el cuento de Pedro y el lobo. Los españoles, confiados en la tirita aséptica que supuso la transición, pensamos que la hemorragia se había cortado sin atender al olor a sangre que desde hace unos quince años manaba de estos medios de comunicación. Ese olor nauseabundo ha estallado en nuestras narices y proviene de los afilados colmillos y de los hocicos enrojecidos de esta tropa. Al final, era cierto que venía el lobo, tan cierto como que sus fauces victoriosas zarandean nuestros derechos y nuestras vidas como en sus mejores tiempos.

El gobierno, astutamente agazapado bajo la zalea durante la campaña electoral, se ha destapado en nueve meses mostrando su cara más retrógrada e integrista desde Gallardón y Fernández Díaz hasta Wert y De Guindos. El gobierno vuelve a gobernar, como Franco, de espaldas al pueblo y velando por los intereses de los suyos, a saber: la iglesia y sus sectas servidoras (Opus, Kikos, etc.), la oligarquía financiera y las grandes empresas cuyos monopolios ahora son privados. Al pueblo, le quitan pan y le devuelven los toros. Esta alfombra roja, sobre la que vuelven a desfilar los fantasmas que expoliaron España durante el franquismo, comenzaron a desplegarla Aznar, su cónyuge, Aguirre, Mayor Oreja, Cospedal y otros “demócratas” que han visto recompensado su esfuerzo con un festín que ni ellos mismos esperaban.

En Europa, la crisis ha hecho aflorar los cardos borriqueros de la extrema derecha y las garrapatas, como el Frente Nacional en Francia o Amanecer Dorado en Grecia, han engordado con los votos que miles de electores desesperados les han entregado atraídos por las mismas soflamas populistas que las garrapatas españolas proclaman insistentemente desde sus pantallas y sus cabeceras. En España, la garrapata va adosada al cardo borriquero de un PP abiertamente proclamado heredero del franquismo que utiliza la crisis como coartada democrática.

Han devuelto a la educación la estética sexista, religiosa y elitista que analfabetizó a la España de posguerra. Han devuelto el carácter benéfico del franquismo a la sanidad para las masas arruinadas que no disponen de medios para acceder a ella. Han recuperado la figura del patrón explotador que dispone de las vidas de unos trabajadores despojados de sus derechos y con la dignidad desprotegida. Han recuperado la caridad como única vía posible para atender a ancianos y desvalidos. Y vuelven a utilizar la ley y las porras contra todo aquél que se atreva a levantar la voz ante la injusticia y la opresión, mientras los ladrones y facinerosos de toda la vida gozan de la vista gorda por parte del gobierno. Como en los mejores tiempos.

Pero la jauría pide más sangre, más sudor y más lágrimas. A pesar de los esfuerzos del gobierno para restaurar la España, Una Grande y Libre que su melancolía añoraba, la ultraderecha aúlla exigiendo más y amenaza con crear partidos propios y disputarle un espacio político que considera suyo. Esta perspectiva no tardará en hacerse realidad y ya veremos cómo se desangra el PP de militantes y simpatizantes prestados que pasarán sin disimulo ni dolor a las filas de Mario Conde o de Rosa Díez que agitan las aguas de la derecha extrema.

Por ahora, Rajoy disfruta del peculiar e inesperado amanecer dorado que la crisis, la ineptitud del PSOE, la iglesia, los medios ultraconservadores, la FAES y la desesperación de muchos españoles le han proporcionado.