Rajoy, Obiang y los pucherazos

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La derecha española practica orgullosa su tradición de vencer sin convencer. Se evidencia la atrofia del gen del diálogo y la distrofia auditiva en el partido heredero del régimen dictatorial que situó en el pensamiento único la frontera entre lo humano y lo animal, muy por encima de la razón. El Partido Popular, la AP de Fraga, sólo ha sido capaz de pactar con pensamientos únicos regionalistas usando el dinero como herramienta de consenso.

No está cómodo con el traje demócrata, demasiado ancho de libertades, demasiado corto para tapar tantas vergüenzas, demasiado atrevido para marcar tendencia. El PP, gustoso receptor de trajes a medida, experto en el manejo de la tijera, ha decidido ajustar la hechura democrática a sus alcanforados patrones. El fondo de armario de la FAES les queda corto y Rajoy ha acudido a la pasarela de Guinea para que el modelo Obiang le asesore.

España no tiene mucho que envidiar a Guinea. La prensa está al servicio de la presidencial propaganda o sufre la censura, las riquezas del país están en manos privadas a cambio de corruptas mordidas, los derechos cívicos se pisotean, la oposición se apalea y encarcela, se gobierna de espaldas al pueblo y la jefatura del estado huele a golpe militar. Los ciudadanos huyen de Guinea y España maltrata a los huidos de todas las Guineas africanas.

Teodoro se legitimó en las urnas con una abstención del 80% en 1993 y el 98% de votos favorables en 1996. Mariano ha acudido a implorarle la receta porque ve que su respaldo electoral peligra. Uno de los ingredientes, acusar de corrupción y calumniar a la oposición, ya lo viene practicando el PP desde su fundación y el PSOE facilita la tarea. El otro ingrediente del mágico puchero es una ley electoral hecha a medida.

La aritmética democrática establece la mayoría absoluta en la mitad más uno; el PP aplica su lógica absolutista con la mitad menos cinco. La filosofía democrática equipara el programa electoral a un contrato social; el PP incumple el suyo como fraude venial. La arquitectura democrática construye con diálogo y consenso mayorías sociales; el PP utiliza el BOE como topadora y bola de demolición. Pero quieren más, como Obiang.

Dice la derecha que un pacto de mayoría social no expresa la voluntad del pueblo. Los pactos pueden representar lo que la mitad más uno quieren o bien lo que bajo ningún concepto desean. El consenso y la negociación es el papel de lija que elimina asperezas para que un pacto quede al gusto de la mayoría ciudadana y el PP sólo negocia y consensúa con la patronal, la banca y la jerarquía católica, legislando en contra de la mayoría.

Mariano Rajoy, alejado por su autoritarismo de la sociedad y la democracia, reformará la ley electoral para que los alcaldes sean del PP, sin mayorías, sin diálogo, sin consenso, sin pacto, venciendo sin convencer. La reforma perpetrada por Cospedal y la que amenaza en el horizonte cercano van en la línea de Guinea y pronto España contará con diputados por el tercio familiar, el tercio empresarial, el financiero y el mitrado, quedando en la reserva el tercio de la Legión por si la cosa les fuera mal.

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Posado veraniego de Rajoy

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Ante todo, felices vacaciones, señor Rajoy. Felices vacaciones para usted y los suyos que son de los pocos españoles que pueden disfrutarlas. No se corte; descansen usted, su conciencia y su tijera, y póngase moreno como Carlos Floriano o Ana Mato para decirnos que todo va viento en popa, mejor de lo que tenían planeado. Por nosotros, el pueblo castigado, no se preocupe porque estamos negros a pesar de no poder, como ustedes, arrimarnos al sol que más calienta.

Nos alegra el verano oírle decir que todo va bien y que nos estamos recuperando. Sus palabras son un bálsamo que disuade de coger una patera y afrontar el océano de la desesperación para mendigar un mendrugo en algún país sobrado de pan y falto de esclavos. Creer en su palabra, presidente, exige la ceguera de la fe o el temor al castigo divino y usted, para cerrar ojos e infundir miedo, está más que capacitado.

Prometió crear puestos de trabajo y ha cumplido, aunque no dijo que lo haría cubriendo los puestos destruidos por su reforma laboral para aumentar la riqueza del empleador diezmando el poder adquisitivo del trabajador. Las ofertas de trabajo nos aturden por su cantidad, su calidad y la frecuencia con que hemos de recurrir a ellas. Hay quien, con suerte, entra y sale varias veces al mes del mercado de trabajo sin apenas ganar 400 €.

El PIB sube y la economía crece, nos dice, pero los bolsillos opinan lo contrario. Usted miente poco, porque poco habla, y hemos llegado a la conclusión de que somos brutos para entender lo del producto interior y que la economía creciente es la de los Botín y Rosell que le ríen la gracia al ver los salarios y derechos menguantes del resto de los españoles. Para usted la cosa va como un tiro… que los suyos disparan y nuestras vidas encajan.

Le aconsejo que, antes del baño, guarde dos horas de secano para que no se le corte la digestión a usted que come. Para nosotros no es problema, no se preocupe, porque nos entra tan poco en la boca que apenas afecta a la función digestiva. La deuda externa de un billón de euros –casi el 100% del PIB– sí que nos corta la respiración y es un lastre que arrastra al fondo del mar, donde los hilillos de plastilina, al más avezado nadador.

Le hemos visto con capucha, apropiada para el chirimiri o el frío, y nos ha preocupado que algún esbirro de Fernández Díaz le pudiera aplicar su Ley de Seguridad Ciudadana. La inquietud desapareció al ver a Feijóo y sus gaviotas ofreciéndole la embajada vitalicia del Camino de Santiago porque es usted el mejor gallego de la historia, una hereje desconsideración hacia sus mentores políticos don Manuel Fraga y Francisco Franco, verdugos, como usted a su manera, de la democracia.

Señor Rajoy, presidente y desgracia de España, disfrute sus vacaciones y hágalas indefinidas. Nosotros, el pueblo por usted sacrificado, lo merecemos. Puede alternar la maravillosa Galicia con su clima inestable y veranear en Canarias, en el hotel ilegal donde lo hace el ministro Soria, antes de que el chapapote de Repsol lo desaconseje. También puede hacerlo en el hotel El Algarrobico de Almería subvencionado por Aznar y Rodrigo Rato con 2,8 millones de euros. En cualquier caso, controle sus gastos: ya no es lo mismo con Bárcenas a la sombra y los sobres no son eternos.

Podemos y la extrema derecha

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Podemos la ha liado, ¡y de qué manera!, con sus resultados electorales. Ya no se habla de Europa, lo del PSOE no interesa, liga y champions son agua pasada, ni siquiera el no celibato del Papa llama la atención. Todo el mundo habla de Podemos con ese don de lenguas que la naturaleza ha regalado a los españoles. Se ha dicho de todo, sólo le falta una canción para ser portada de la revista TIME, aunque ya lo fue hace tres años sin que la casta política parezca haberse enterado.

Desde que el PP llegó al poder, profesionales de la salud, la enseñanza, la minería, la pesca, la farándula, cualquiera que piense de distinta manera, son (somos) violentos radicales de extrema izquierda. La coleta de Pablo Iglesias, ¡cómo no!, es la evolución natural de la perilla de Lenin, el bigote de Stalin y las barbas de Bakunin. Ya lo saben: los 1.245.948 ciudadanos que han votado a Podemos, y los 1.562.567 que lo han hecho a IU, han votado a la extrema izquierda.

La indigestión electoral ha provocado eructos en el PP, flatos en el PSOE y un ladrido que llama la atención. A Rosa Díez, nómada del limbo ideológico, le ha resbalado una neurona hasta la lengua y ha comparado a Podemos con el partido de Le Pen. Tras la carcajada al escucharla, casi de inmediato, se encoge el corazón y el cerebro se nubla ante la pregunta que subyace en sus palabras: ¿dónde está la extrema derecha española?

La extrema derecha asoma peligrosamente en Europa, en Francia con más de medio cuerpo fuera de la ventana, y en España apenas ha sumado 322.000 votos entre seis candidaturas. ¿Dónde está la ultraderecha patria? Esta incertidumbre, este prodigio de moderación de los hijos de buena estirpe, confiere celestial bondad a la derecha española, la derecha como dios manda. En España sólo hay extrema izquierda, eso sí, con casi tres millones de votos y más que vienen de camino.

En España no hay patriotas con los cerebros rapados, por fuera y por dentro, y armados de bates de beisbol para herir o matar emigrantes. No hace falta. Fernández Díaz, cumplidas sus diarias obligaciones espirituales, ordena y dispone que sea la Guardia Civil quien realice tan sucio trabajo sacudiendo concertinas que hieren o disparando pelotas que matan. Y sus votantes lo aplauden, esa parte de sus votantes que encajarían en el Frente Nacional o Amanecer Dorado. Son millones.

En España no hay escuadrones que atiendan en exclusiva a españoles. De excluir y desatender las necesidades sanitarias de los que llegan, los que se salvan, se encarga Ana Mato y va más allá que Le Pen proponiendo que se desatienda a los españoles emigrados. De negarles otros derechos, se encargan los padrones municipales en manos del Partido Popular. Y quienes votan eso escogen, también a millones, papeletas de la gaviota.

En España no hay partidos neonazis, sino un partido neofranquista que mantiene símbolos y nombres de la dictadura en sus corazones, en las calles y en las plazas. El ministro Wert es un exponente de la españolización a lo Una, Grande y Libre inculcada en la escuela nacionalcatólica que prepara. Y las Nuevas Generaciones, consentidos flechas y pelayos, son un hervidero de saludos, banderas y proclamas al más puro estilo de las hitlerjugend alemanas.

Ya lo dijo Fraga en 1977: “Alianza Popular ha sido concebida como lo que es: como una fuerza política que se niega a aceptar la voladura de la obra gigantesca de los últimos cuarenta años”. En esas estamos. El miedo a un partido sin corrupción, transparente y formado por personas de la calle es lógico para la casta. Aire fresco por fin en las urnas. Otra política es posible, aunque sea de extrema izquierda. Nuestra esperanza es su amenaza.

Ley de la patada en la boca

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Ley Corcuera: Ley de la Patada en la puerta (1992).

Ley Fernández: Ley de la Patada en la boca (2013).

El señor Jorge Fernández Díaz, astuto y peligroso como una zorra, presentará su ley de Protección de la Seguridad Ciudadana al próximo Consejo de Ministros, mutado en pasarela de despropósitos por el gobierno del PP. Quizás en este sanedrín se darán los últimos toques a semejante corsé, diseñado para dificultar la respiración ciudadana más que para realzar la figura democrática del país. Esta ley fomenta el garrote, el miedo y la represión cívica al puro estilo de “La calle es mía” de Fraga, empeorando la Ley de la patada en la puerta” de Corcuera.

El nombre elegido responde a la espiral de mentiras en la que se ha instalado el gobierno del Partido Popular. Más correcto hubiera sido, por ejemplo, llamarla ley de Protección de la Indecencia Política en aras a la verdadera filosofía que la inspira. Han decidido borrar cualquier rastro democrático de nuestra convivencia y no les preocupa siquiera aparentar que vivimos en una democracia. USA, paradigma mundial de la apariencia democrática, todavía permite a su población pasear pancartas ante el mimísimo Capitolio. Él no; él ha preferido, en el siglo XXI, inspirarse en Franco, Mussolini, Hítler, Pinochet, Videla, Obiang, Kim Jong-il y gente así.

Al ministro que reparte porras, multas y pelotas de goma, indiscriminada y desproporcionadamente, le importa un bledo la Seguridad Ciudadana. Si le importase, se preocuparía de cribar en los cuerpos de seguridad del estado a esa falange de porteros de discoteca que visten uniforme policial con el cerebro petado de testosterona y que tanto daño hacen a la imagen pública del noble y necesario cuerpo al que pertenecen. También convendría que la actuación violenta de alguno de estos personajes, condenada hasta por la justicia, no fuese alegremente indultada dejando impunes sus excesos y sus mentiras chulescas.

No. Este miembro supernumerario del Opus Dei, titular del Ministerio de Interior, se despreocupa de la ciudadanía, la verdad, la ética o la moral; a Fernández Díaz sólo le preocupa el pensamiento crítico, la disidencia, la discrepancia y, en definiva, las libertades de pensamiento y expresión. Le preocupa que se diga a los suyos que actúan en contra de quienes les han votado, que roban, que mienten, que expolian lo público, que obedecen a sus amos financieros, que sirven a sus superiores de la CEOE, que son corruptos y que no escuchan al pueblo. El ministro ultracatólico adora al Becerro de Oro y expulsa del templo al pueblo para proteger a los mercaderes.

El Ministro de Interior ha decidido que quien quiera decir algo a los gobernantes debe hacerlo por carta si no tiene amistades o parentela en cualquiera de las instancias, presuntamente democráticas, que deciden el destino ciudadano. Educadamente lo hacen banqueros, empresarios, clérigos y otra gente de bien vivir, exquisitos prebostes que exponen sus cuitas y celos en despachos oficiales, ostentosos reservados hosteleros o a través de las humildes celosías de un confesionario.

El pueblo, la plebe, la chusma, debe hacerlo por correo, en la intimidad del hogar o en una urna cada cuatro años; y si no se expresa en la urna, este gobierno le queda eternamente agradecido. Al margen de esta ley, obviamente, quedan todas las manifestaciones de loa y glosa del régimen, como las promovidas por sectores católicos o deportivos, exentas de multas, identificaciones y violencia institucional. Así lo mandan Dios, la UEFA y la FIFA, las tres religiones mayoritarias del reino.

Fernández reprime los botellones, que dañan a la industria del garrafón pagadora de impuestos; el autocultivo de marihuana, que no genera impuestos como el alcohol o el tabaco; la prostitución, que compite en sumisión con el católico matrimonio del arzobispo granadino; el uso del láser, que distrae a los conductores de los cientos de vallas publicitarias que colorean el paisaje. Sus compañeros de gobierno no aceptarán que reprima espectáculos públicos donde se maltratan animales, y se lo enmendarán porque su partido defiende a capa y espada el toreo, promoviendo y subvencionando donde gobierna no sólo el maltrato, sino también la tortura y la muerte animal. El maltrato humano tiene prioridad.

En franquismo no hay recortes

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“Ejemplar” fue la etiqueta para vender en su momento el tránsito de una dictadura a otro sistema político por el hecho de que la operación se realizó sin sangre, sin enfrentamientos civiles o militares, sin que se alterase el pulso cotidiano del país. Causó asombro y admiración la Transición española, más en el interior que en el exterior del país, más en una población aún temerosa que en los círculos del poder donde se habían diseñado las formas y contenidos que a continuación fueron bautizados como monarquía parlamentaria, dos conceptos antitéticos de compleja racionalidad.

La ausencia de violencia fue la más notoria señal de que la sociedad seguía atenazada por el miedo a revivir uno de los capítulos más negros de su historia, tan reciente que muchos de sus artífices seguían en activo. Se ofreció una amnistía como sucedáneo de un perdón catárquico e imprescindible que fue hurtado a la ciudadanía y que nunca llegó siquiera a plantearse. El juego de los miedos se impuso sobre el juego de la paz con operetas de ruidos de sables cuya puesta en escena contribuyó a asentar la monarquía, en el imaginario colectivo, como salvadora de la patria.

Los poderes económicos del franquismo se situaron en la base económica de la democracia y parte de la clase política curtida en las cortes franquistas continuó su papel en los escaños surgidos de las urnas. Figuras franquistas ocuparon las listas electorales de Alianza Popular (Fraga, Fernández de la Mora, Silva Muñoz, Martínez Esteruelas, López Rodó o Licinio de la Fuente) y las de UCD (Adolfo Suárez, José María de Areilza, Pío Cabanillas, Abril Martorell o Martín Villa), un aviso de que los jinetes de la dictadura seguían cabalgando en España.

La mayor contribución a la modélica Transición fue la renuncia del PSOE a su ideología y la firma del armisticio por parte del PCE para aceptar una monarquía impuesta por Franco como forma de convivencia. Lo dífícil estaba hecho: el franquismo se trasladó de las Cortes Españolas al Congreso de los Diputados y se mantuvo oculto en la formalidad democrática durante décadas, justo hasta el momento en que las heridas abiertas por la dictadura solicitaron cicatrizante para limpiar cunetas y fosas comunes. Hubiera sido ejemplar un gesto solidario para consolar a miles de familiares de represaliados que han sido ejemplares solicitando únicamente un lugar donde llorar. Hubiera sido ejemplar y democrático. Hubiera.

Es a partir de ahí, de considerar como afrenta recordar a un muerto, que el silencio se ha roto por parte de quienes ya no dudan en reclamar el Glorioso Movimiento Nacional como auténtica raíz de la planta que ha mantenido vivo algo más que su recuerdo. El Partido Popular y sus medios de propaganda han llevado a cabo una estrategia siniestra y vergonzante. Primero, la aceptación silenciosa de la democracia como disfraz; luego, marcar a la ciudadanía como “enemigo comunista y radical”; y ahora, la eclosión franquista de Nuevas Generaciones y de no pocos cuadros del partido con el incondicional apoyo de la nueva prensa del Movimiento.

La oposición radical por parte del Partido Popular a la Ley de la Memoria Histórica y su defensa a ultranza de la permanencia de símbolos franquistas en el decorado de la convivencia adquieren su siniestro y verdadero significado ahora. No se trata de que esta Ley abriera heridas del pasado, sino de que pudiera cerrarlas digna y definitivamente, cosa que parece molestar al amplio segmento franquista del PP desde el momento de su publicación en el BOE. El PP necesita esos símbolos y esas heridas abiertas como aviso a navegantes, como una ventana de los horrores abierta al pasado que la modélica Transición no quiso cerrar.

La orgullosa e impune exhibición de banderas y saludos fascistas, la criminalización y la represión de la sociedad simplemente por opinar de forma diferente a ellos y las palabras de algunos de sus cargos públicos, son el pus que infecta la herida nunca cerrada en una sociedad, la española, que se creía en democracia y está comprobando que ésta no goza de buena salud. El peor de los síntomas son las justificaciones del aparato partidista que nos gobierna y su cierre de filas en torno a la defensa de la memoria de una impune dictadura asesina.

¿De qué vas, Mariano?

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Te hiciste la foto con los tuyos protestando a Zapatero su subida del IVA, prometiste que arreglarías la economía en dos años, dijiste que solucionarías el paro nada más llegar al gobierno, juraste que no te quejarías del legado recibido, garantizaste que no tocarías las pensiones, aseguraste que gobernarías para todos… Has subido el IVA, has hundido la economía, has pulverizado el récord de desempleo, lo basas todo en la herencia recibida (incluida la franquista), has destrozado la vejez de España, gobiernas para una minoría… ¿De qué vas, Mariano?

En nombre del dios Euro, le pides a tu pueblo paciencia para ganar la confianza de los mercados, menospreciando la confianza que depositó en ti y demostrando que tus políticas están dirigidas a la minoría financiera. El líder de un pueblo perdería la paciencia ante los mercados, los mandaría al colector de excrementos de donde provienen y daría la vida por su pueblo, pero tú no eres un líder del pueblo, ¿verdad, Mariano?, tú eres un intermediario, un comisionista, un comisario político de esa troika que busca nuestra ruina para repartir dividendos. ¿De qué vas, Mariano?

En nombre del dios Euro, has hecho una reforma laboral, a la medida de la codicia empresarial, desnudando de derechos y salarios a quienes te han votado. Era una reforma laboral que, según tú, crearía empleo inmediato, tres millones y medio creo que dijo González Pons en 2011, y se ha demostrado que lo destruye hasta casi duplicar tu promesa con la cifra de parados. ¡Ya te vale, Mariano! ¿No se te ha ocurrido pedir a la cuadrilla de Juan Rosell que se traigan a España los puestos de trabajo que crean en países donde está permitida la esclavitud? Tu política laboral sólo busca importar de esos países las condiciones laborales y sociales para que seamos esclavos aquí, sin necesidad de movilidad exterior. ¿De qué vas, Mariano?

El dios Euro te tiene cegado, hasta el punto de que ya no ves otra realidad que la de la bolsa, no escuchas más que a la bolsa y, cuando hablas tras el plasma, tus discursos tropiezan una vez y otra con la piedra de la contradicción, simpre la misma, Mariano. Tus ministros y ministras se despeñan continuamente por el desfiladero de las palabras sencillamente porque la mentira tiene las piernas muy cortas y tu despreciado pueblo no es tan memo como supones. Quizás por eso te has visto impelido a tirar de la herencia franquista para reprimirlo cuando te protesta y disfrutar así homenajeando a tu Manuel Fraga. ¿De qué vas Mariano?

No sólo el dios Euro te tiene cegado, también tu católico, que no cristiano, dios está siendo servido con el espíritu de las Cruzadas, por Wert y Gallardón, al grito de ¡Mariano y cierra España! Con la segregación en la escuela, el sacerdocio hipersubvencionado o la ley del aborto, estás poniendo a tu país al nivel de una teocracia gobernada por ayatollahs que legislan al dictado de sus creencias bíblicas en un país aconfesional. Las mantillas de Cospedal y Soraya, en las pasarelas vaticanas o toledanas, y las jaculatorias rocieras o isidrianas de Fátima Báñez y Ana Botella me llevan a pensar que un burka no tardará en cubrir mi conciencia. Por ahora, el pecado ha sido elevado al rango de delito. ¿De qué vas, Mariano?

El dios Euro te llama y tú lo dejas todo para atenderlo, mimarlo y obedecerlo. Los tuyos y las tuyas llevan un año y pico acusándonos de manirrotos y bien pagados, cuando no de subvencionados, y de ser culpables de la crisis. Tú, que te ensañas con los débiles, que consagras una deuda ilegítma en la Constitución, que amnistías a los defraudadores, que propicias los despidos masivos y sin costes, que vendes los derechos públicos a intereses privados y que ves el tráfico de sobres como algo cotidiano, ¿tú de qué vas, Mariano?

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¡Oído cocina!

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Hay días en que la actualidad se devora a sí misma con tal voracidad y virulencia que las arcadas son un mal menor para quien consume noticias de forma desprevenida. Los cocineros de la actualidad padecen estrés desmedido y los consejos de redacción parecen un ensayo de La Grande bouffe, dirigida por Marco Ferreri, donde la comida es sustituida por noticias. España se está convirtiendo en una impresionante cocina donde se producen primicias, no aptas para gourmet, a ritmo frenético y con la fecha de caducidad expresada en horas.

Las crónicas sobre Bárcenas y los EREs son un cocido de garbanzos, con abundante tocino y chorizo porcino, que atraganta a los españoles en el desayuno, el almuerzo y la cena (a quien pueda, hoy, comer tres veces al día). Si malo es engullir trapicheos de este calibre, peor aún es tragar las ruedas de molino con que los cocineros del PP y del PSOE tratan de escurrir el bulto aparentando aliviar la indigestión. La alta cocina política de España goza de una reputación, por méritos propios, equidistante entre lo pútrido y la cochambre. La factura es, no obstante, digna de El Bulli.

Los sucesos de La Zarzuela son un potaje, también abundante en chorizo, que hincha los estómagos forzando a un titánico ejercicio de esfínteres para evitar que los gases acaben con la capa de ozono. En este caso, las palabras de los cocineros del bipartidismo son un exceso de vinagre que raspa los esófagos y pellizca los hígados más allá del dolor físico. Según Martínez Pujalte, personaje que aún no ha vivido la transición, y eso que se conoce como derecha mediática, el potaje borbónico se le indigestará al juez instructor siguiendo la receta con la que cocinaron al juez Garzón. Todos respetan la justicia cuando se pliega a sus intereses: ésta es una mala noticia.

Las relaciones de Feijoo y de Rajoy con la narco marina gallega es una mariscada en la que el chapapote es más abundante que el marisco y los presuntos langostinos se quedan en camarones que cantan como pies sudados. En la línea de transparencia abanderada por el PP, Ignacio González propone “regular” las noticias que dañan a su partido. Es otro político más que hizo novillos cuando en este país se impartieron las clases de democracia y que añora con nostalgia otros tiempos en los que don Manuel Fraga ejercía de censor y amo de las calles a las órdenes de otro gallego de luctuoso recuerdo. Otra mala noticia.

La gran fritanga la están haciendo, con aceite de ricino requemado por el gobierno y sus medios de propaganda, con los escraches. Después de más de un año buscando un lider para el 15 M, el 25 S y cualquier movimiento ciudadano, quienes no creen en la conciencia colectiva y niegan la capacidad de pensamiento individual a la sociedad, han encontrado en Ada Colau el ansiado mesías para crucificar. El escrache de la PAH tiene un precedente cercano en las Nuevas Generaciones gallegas y otro más lejano en el Cobrador del Frac. Se rasgan las vestiduras de que haya niños en las casas de los políticos quienes diariamente acosan a todo el país desde el hemiciclo o desde el gobierno.

Mientras la cocina sirve raciones y tapas no aptas para el consumo humano, el maître Rajoy vuelve a recitar el menú de falsedad, especialidad de la casa, escondido tras su pantalla de plasma. De entrantes, actuamos contra la corrupción, representamos a quienes no han votado lo que hacemos desde el gobierno y hay que reprobar a quienes protestan porque pasamos de un millón y medio de firmas. De primero, en el 14 España crecerá con claridad; de segundo, hemos evitado el rescate; de tercero, la reforma evita destrucción de empleo. De postre, hemos superado la crisis financiera y la deuda soberana. Y como chupito digestivo, cortesía de la casa, he demostrado que estoy dispuesto a dialogar.

Rajoy sabe que las arcadas y la repugnacia ante los platos servidos impiden a la clientela escuchar con nitidez sus mensajes, sobre todo si es una pantalla de plasma la que habla. Se recomienda pedir el libro de reclamaciones e irse sin pagar.