Rajoy en China

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Ya cansa, aburre y desespera. El presidente Rajoy, cuando no calla, cuando miente, es un disco rayado que reproduce los mismos surcos con el sonido cascado de una antigualla. Una vez más, ahora en China, él y su partido vuelven a las andadas verbales demostrando su total desconexión con la realidad y con la calle. España va bien. La economía crece gracias a la prostitución y la farlopa. Se crea empleo sobre el previamente destruido. Baja el paro descaradamente maquillado.

La alfombra roja de sangre indultada por Gallardón, al eliminar la Justicia Universal, ha recibido al presidente anticomunista en el paraíso del comunismo capitalista. Rajoy ha ido a China a vender alfalfa (dieta básica de su partido y los medios que lo apoyan), cine (industria apaleada por su partido y su gobierno) y lucha contra el crimen organizado (¿?). Los españoles no saben a ciencia cierta a qué ha ido el presidente a China.

Mariano ha visitado Tian’anmen, donde quizás ha recabado información de primera mano sobre cómo aplastar una protesta popular con tanques y ataúdes, la envidia de Fernández Díaz. En el Palacio del Pueblo, comunistas y liberales, Huawei y Telefónica, han firmado un acuerdo de colaboración acorde con la censura en internet practicada por los primeros y ansiada por los segundos. China es así y España quiere aprender.

Mariano se ha entrevistado con la número tres de Alibaba, líder de comercio electrónico, y es seguro que harán negocio aportando el PP muchísimos más de cuarenta ladrones. Para asegurar la rentabilidad de su empresa, Maggie Hu tiene previsto contar con la mano mangante del PSOE y de CiU. El potencial malversador del bipartidismo corrupto es así reconocido por la primera potencia mundial en corrupción institucional.

Mariano y las huestes empresariales que le acompañan van a recibir un máster en competitividad de la economía que más crece en el planeta. Los dientes del presidente y sus empresarios rayarán el suelo de la Gran Muralla al contemplar in situ los salarios y condiciones laborales de los esclavos amarillos, un daño a una de las maravillas del mundo sólo comparable al daño infligido a los trabajadores españoles.

Mariano, como los españoles, se ha hecho un lío a la hora de identificar al Jefe del Estado confundiendo al padre y al hijo. Juan Carlos II ha estado presente en China por obra y gracia del Espíritu Santo que preside los Consejos de Ministros. El federalismo republicano le ha hecho confundir al heredero de Franco con el capricho del Generalísimo ante el sonrojo de Rasputín Moragas, muy atento a la jugada.

Mariano volverá de China contento de haber honrado a quienes acaparan las deudas soberanas de la mayoría de los países, incluidos los EE.UU. La economía española seguirá al servicio de los acreedores y éstos protegerán al bipartidismo de alternativas peligrosas para sus intereses. Ya se ha visto en Escocia la campaña en favor del no llevada a cabo por la banca y las agencias de calificación. Si éstas fallan, quedan los tanques en la retaguardia, como en Tian’anmen.

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