Agripina y Kill Bill, candidatas PP

killBill

La nave de Mariano hace aguas por el casco, gravemente dañado tras pasar por la quilla a casi la totalidad de la población española, y también por el puente de mando. El Partido Popular es un rosario de conspiraciones, un collage de cicatrices, un corro de dagas danzando por las espaldas, un brindis de cicuta con ginger ale. El aire huele a derrota y, sin cadáveres aún, los síntomas de la descomposición son la nítida señal que atrae y colora los picos de las gaviotas.

Sin primarias, la democracia digital del PP, el dedo de Mariano, ha proclamado candidatas para la batalla de Madrid. En un ambiente de desafección ciudadana, que afecta e infecta a todos los partidos, Aguirre y Cifuentes han sido nominadas para empapelar paredes y copar tertulias. Fruto de arduas negociaciones entre Mariano y Rajoy, ambas candidatas llegan de la mano del consenso entre Rajoy y Mariano. Aznar satisfecho y Albert Rivera preparada la caña para pescar osos.

Tras el vodevil protagonizado por Ana Botella, Esperanza ha forzado su elección como pepera garantía de que las cosas pueden, y deben, ir a peor para los madrileños. Unanimidad en el partido ante una mujer capaz de conspirar contra sí misma, presentarse como víctima y extraer ganancias de su suicidio calculado. Como Agripina la Menor, no hay patricio que la desconozca, plebeyo que no la tema ni esclavo o liberto a salvo de sus profundas aspiraciones y siniestras conspiraciones.

Su desmedido apetito político es insaciable y, recién nombrada candidata, ha retado al pusilánime César Rajoy a un pulso de poder. Ella quiere ser alcaldesa y presidenta del PP madrileño, dueña del palacio y de las cloacas, del bastón y de la vara de mando, de la victoria y de la derrota también. No quiere cabos sueltos, hilos alejados de sus dedos, cerraduras inmunes a su llavero, porque es una autócrata nacida para emperadora, no para emperatriz. Si vence, será la salvadora; si no, Rajoy habrá perdido y ella esperará su momento para ser presidenta, de su partido y de España.

Y si el pueblo madrileño ha soportado la alcaldía de Botella sin un estallido de vergüenza, Cristina Cifuentes ha demostrado con suficiencia estar preparada para sofocar cualquier estallido. Ella es un cíborg político de humana estampa y alma electrónica, capaz de obedecer cualquier orden con la lógica binaria de una autómata. En el disco duro de su proceder político están fichadas todas las mareas, todas las protestas, un censo completo de desafectos al régimen de sus programadores.

Kill Bill Cifuentes es la venganza del neofranquismo sobre una sociedad que le dio la espalda y se atrevió a pensar por sí misma y a expresar sus ideas en voz alta. Con ella en la delegación del gobierno, Madrid recuperó la época dorada de Fraga como dueño de la calle, las torturas de Billy el Niño y el esplendor de los sótanos de la Dirección General de Seguridad en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol. El tándem Cifuentes/Fernández Díaz es un anacronismo pertinente en esta vuelta al pasado que el Partido Popular ha impulsado en los últimos tres años.

Madrid es hoy la metrópoli decadente de un país decrépito como sus gobernantes. El PP ha puesto sobre el tapete a la reina de oros y a la sota de bastos, Agripinila y Kill Bill, para jugar la última mano en la partida del bipartidismo contra los naipes marcados de Carmona y Gabilondo. el discurso poético de García Montero, la incertidumbre de Podemos, la silla vacía de los tahúres de Ciudadanos y UPyD como mirón de timba. El bienestar y la dignidad de Madrid están en juego y el bipartidismo no da la talla, aunque nunca la dio y ahí estuvo siempre.

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Dioses y diablos

FaustoEterno

Dos mil años de inmovilismo, alternado con retroacción, definen a un organismo poco reconocible en los reinos animal o vegetal, un organismo inanimado, cuasi mineral. El organismo humano, animal, ha desarrollado unas capacidades cerebrales que le han hecho distanciarse del resto de los seres vivos. El uso de la inteligencia, sin embargo, no le ha eximido de cumplir la ley natural simplificada en el proceso de nacer, crecer y morir, común a todos los organismos celulares.

La muerte, en la mayoría de las sociedades, causa angustia y los individuos recurren a constructos culturales en un deseo íntimo de eludir este último estadio de la vida. La muerte no deja de ser la mayor frustración de la humanidad y las colectividades, milenariamente, han buscado recursos para esquivarla. Las religiones han sabido negociar una proyección de inmortalidad que ha llegado hasta el siglo XXI como alternativa a una realidad irrefutable. La vida eterna a cambio de la razón, ese ha sido el trato y el gran éxito del marketing religioso.

La eternidad no es un rasgo humano sostenible intelectualmente y ha sido necesario idear un ser sobrehumano, un dios, un ente capaz de suplir la deficiencia natural. Dijo el hombre: “hágase dios” y el dios se hizo, eterno, a imagen y semejanza del anhelo humano. En palabras de Luis García Montero, “Los seres humanos pueden vivir sin dioses pero los dioses le deben la vida a los seres humanos, es decir, son una extensión imaginaria de la realidad, el resultado de una insatisfacción”.

Esta especie de terapia cultural fue intuida pronto como un elemento de poder y dominación social y así surgieron los sacerdotes, personas que se situaron en un plano intermedio entre lo humano y lo divino, y el diablo, supremo castigo para quienes recelan de los dioses. Dioses y diablos son inseparables, no se conciben los unos sin los otros y viceversa. La eternidad se presenta como una potestad divina que sólo alcanza a quienes se pliegan incondicionalmente a los dioses y sólo es accesible tras la muerte. Ícaro, Fausto o Dorian Gray son fabulaciones laicas que advierten sobre los riesgos de la inmortalidad a destiempo, avisos para navegantes.

La fijación por la etapa del nacimiento y la oposición al crecimiento intelectivo de las personas explica el inmovilismo, el carácter conservador que muestran, sin excepción, las religiones. Sus promesas de vida eterna a quienes acaten las normas divinas explican el uso del miedo como método de supervivencia de las creencias religiosas que se mueven al ritmo ritual del tótem y del tabú, del premio y del castigo, de ídolos y pecados, entre marciales acordes de trompetas y tambores.

En el caso de las católicas y marianas sociedades occidentales, es notoria la posición de la jerarquía eclesiástica que ha sobrevivido durante dos milenios imponiendo sus dogmas según ha demandado el mercado de la fe en las diferentes etapas de la historia. Las más de las veces han apelado al diablo y se han distanciado de quienes buscaban un dios más humano del propuesto por el Vaticano. Hoy, en España, asistimos a un episodio más de imposición de la fe por parte de la Conferencia Episcopal. No le vale convencer y busca por todos los medios vencer.

Su silencio sobre los efectos empobrecedores de la economía, su silencio ante el sufrimiento provocado por la política sanitaria, su silencio hacia unas víctimas de la guerra y del horror, su silencio ante la nueva esclavitud laboral, son silencios que hieren los oídos y las creencias, 30 silenciosas monedas a cambio de perpetuar su supremacía. Hay que recordar las palabras de Epicuro: “¿Está dispuesto Dios a prevenir la maldad, pero no puede?… entonces no es omnipotente. ¿Puede hacerlo, pero no está dispuesto?… entonces es malévolo. ¿Es capaz y además está dispuesto?… entonces, ¿de dónde proviene la maldad? ¿No es él capaz ni tampoco está dispuesto?… entonces, ¿por qué llamarlo Dios?” Tal vez el diablo vista traje, uniforme o sotana, ¿chi lo sa?

Sugerencias para bañar la mente.

Para sacar de la biblioteca, si lo tienen y no la han cerrado definitivamente.

Está también la posibilidad de compra en esos extraños establecimientos en cuya puerta suele haber un letrero con la palabra “Librería” estampada.

https://apalabrado.files.wordpress.com/2012/08/bartleby.jpg?w=380Bartleby, el escribiente (Herman Melville)

Narra la historia un abogado de nombre desconocido que tiene su oficina en Wall Street, Nueva York, quien, según sus propias palabras, “en la tranquilidad de un cómodo retiro, trabaja cómodamente con los títulos de propiedad de los hombres ricos, con hipotecas y obligaciones”. Tiene tres empleados, con los apodos de Turkey (“Pavo”), Nippers (“Tenazas”) y Ginger Nut (“Nuez de jengibre”), a los cuales describe en la obra. Turkey y Nippers son copistas, o escribientes, en tanto que Ginger Nut, que tiene sólo doce años, es el chico de los recados. Los dos escribientes no son suficientes para hacer el trabajo de la oficina, por lo cual el narrador pone un anuncio para contratar un nuevo empleado, al reclamo del cual acude Bartleby, quien es de inmediato contratado. Su figura es descrita como “pálidamente pulcra, lamentablemente respetable, incurablemente solitaria”.

El narrador asigna a Bartleby un lugar junto a la ventana. Al principio, Bartleby realiza una gran cantidad de trabajo. Sin embargo, cuando el narrador le solicita que examine con él un documento, Bartleby contesta: “Preferiría no hacerlo” (“I would prefer not to”, en el original). A partir de entonces, a cada requerimiento de su patrón para examinar su trabajo, Bartleby contesta únicamente esta frase, con total serenidad, aunque continúa trabajando como copista con la misma eficiencia que al principio. El narrador descubre que Bartleby no abandona nunca la oficina, y que en realidad se ha quedado a vivir allí. Al día siguiente formula algunas preguntas, a las que Bartleby contesta sólo con su consabida frase. Poco después, Bartleby decide no escribir más, por lo cual es despedido. Pero se niega a irse, y continúa viviendo en la oficina.

Incapaz de expulsarlo por la fuerza, el narrador decide trasladar sus oficinas. Bartleby permanece en el lugar, y los nuevos inquilinos se quejan al narrador de la presencia de Bartleby, que se niega a irse. El narrador intenta convencer a Bartleby, sin conseguirlo. Al fin, Bartleby es detenido por vagabundo y encerrado en la cárcel. Allí, Bartleby, poco después de la última visita que le hace el narrador, se deja morir de hambre.

En un breve epílogo, el narrador comenta que el extraño comportamiento de Bartleby puede deberse a su antiguo trabajo en la oficina de cartas no reclamadas, en Washington D. C.

https://apalabrado.files.wordpress.com/2012/08/criptaembrujada.jpg?w=329El misterio de la cripta embrujada (Eduardo Mendoza)

El comisario Flores es un inspector de la Brigada de Investigación Criminal. Ante el caso de la desaparición de una niña infomana de un colegio internado de madres lazaristas, el inspector decide buscar ayuda en un antiguo criminal depravado que está interno en un manicomio. Así llegan a un trato entre el interno y el comisario: si ayuda a resolver el caso, se ganará la libertad.

Tras liberar al interno del manicomio, éste volverá a Barcelona tras 5 años de internamiento. Aunque ha recuperado el control de sí mismo, sigue teniendo su viejo instinto que le permite inventarse identidades, suplantar a otros o abrir puertas sin llaves. Volverá a ver a su hermana y se involucrará en una historia en la que un adinerado industrial catalán quiere esconder el cuerpo de un muerto. Intentando tapar esta muerte se producirán delitos varios (muertes, prepucio, drogas…), que el ex-interno conseguirá resolver con la ayuda de una ex-alumna del colegio, Mercedes.

https://i2.wp.com/www.imaginaria.com.ar/02/2/guerra1.jpgHan quemado el mar (Gabriel Janer Manila).

El cuento trata sobre Yasín, poeta y músico que toca el laúd, que narra antiguas leyendas en las fiestas de su barrio. Yasín murió entre las ruinas de un búnker durante el ataque de los aliados, porque donde él vivía, entre Basora y Bagdad, estaban en guerra. Cuando Yasín murió no llegara a conocer a su hijo. Entonces la madre de Yasín, Habida, explicaba a su nieto aún no nacido, en la sombra futura, las historias de una tierra legendaria a la que el destino y el futuro se han dado la espalda.

tapa del libro: Los Hijos de los DíasLos hijos de los días (Eduardo Galeano)

Los hijos de los días reúne 366 historias, una para cada día del año. En ellas, Galeano capta instantáneas que reflejan la vida de hombres y mujeres célebres o anónimos. Hechos sorprendentes o curiosos, situados en diversas épocas y lugares, que muestran las fragilidades de personajes conocidos y la grandeza de los ignorados. La obra se convierte así en un calendario originalísimo, capaz de revelar todo lo que esconde la sucesión previsible de los días.

Una forma de resistencia (Luis García Montero)

Repasa y revisa algunas de sus pertenencias, guiado por la necesidad de «tocarlas una a una, como un deseo de rebeldía, como una forma de resistencia».

«Los banqueros cuentan sus beneficios, los políticos sus votos y los poetas sus cosas. Cuentan y recuentan las cosas en las que se quedó enredada su vida. En los días de meditación y soledad, de vagabundeo doméstico, tomo conciencia de que tengo la casa llena de cosas. No se trata exactamente de que me importe tirar cosas, sino de que tengo inclinación a conservar las cosas que son mi casa. Para no confundir una fiesta con un acto de barbarie, conviene pensar lo que se desecha cuando se tira la casa por la ventana. Las cosas con capacidad de convertirse en un recuerdo suponen el deseo personal de atender a la vida, de vivir con atención, con amor.»

Pequeñas piezas sobre objetos de uso tan cotidiano que a menudo nos pasan inadvertidos… Una copa, un reloj, una butaca… enseres rutinarios y aparentemente anodinos, todos ellos cobran vida y carácter propio en este hermoso libro que puede abrirse en cualquier página.

La casa de Bernarda Alba (Federico García Lorca)

La obra cuenta la historia de Bernarda Alba que, tras haber enviudado por segunda vez a los 60 años, decide vivir los próximos ocho años en el más riguroso luto. En la obra destacan rasgos de la ‘España profunda’ de principios del siglo XX que vivía en una sociedad tradicional muy violenta en el que el papel que la mujer jugaba es secundario, mezclado con un fanatismo religioso y el miedo a descubrir la intimidad. Con ella viven cinco hijas: Angustias, Magdalena, Amelia, Martirio y Adela. Sin personajes masculinos en escena. El apellido de las mujeres de la obra es simbólico y significa castidad.

Gracias a todos y a todas por leer