La extraña profesión de policía

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No todos los trabajadores de un mismo gremio acceden a su profesión con las mismas motivaciones y no todos realizan sus labores de idéntica manera. Es así como, en un mismo tajo, unos disfrutan, otros sufren y los más ven pasar la vida al compás del tic tac de los relojes, modernos tambores de galeras. Apenas quedan artesanos cuyas manos modelan el tiempo y la obra, funden la ilusión con el trabajo y disfrutando hacen disfrutar.

De entre las profesiones a escoger para recluir la vida en sus horarios, una destaca por compleja, variada, arriesgada y en ocasiones extraña. Contribuir a la seguridad ciudadana motiva a muchas personas que se decantan por ser sanitarios, bomberos o policías, de manera profesional con alta dosis solidaria. Prevenir, disuadir, evitar, investigar y esclarecer delitos también motiva a quienes se decantan por ser policías de abundante vocación.

La industria de la ficción provee de intencionados iconos policiales en los que se conjugan realidades y deseos variopintos. La novela policiaca emerge enraizada en la “filosofía de la angustia o de la inseguridad” de Kierkegaard, al calor de la revolución industrial, creando temores que a la postre son aliviados, supuestamente, con relatos racionales. De ahí surgen figuras estereotipadas de investigadores y policías contrapuestas a malhechores y antihéroes en corruptos escenarios urbanos y callejeros donde la miseria es caldo de cultivo para violencias y delitos. La novela pasa de esta manera de policiaca a negra.

En las comisarías españolas parece haber gente que accede a la profesión policial por motivaciones nada altruistas, a veces patológicas y demenciales. Las actuaciones violentas, desproporcionadas, casi sádicas, de ciertos mossos de escuadra y algunos policías, uniformados en cerebros e indumentaria, denigran y menoscaban la labor del resto. Son profesionales de la testosterona, adictos a la porra, desertores de las neuronas, que enlodan el trabajo de sus compañeros. Extraña profesión la de golpear ideas y cuerpos ajenos.

La presencia de estos individuos tiene que ver, y mucho, con la existencia de mentes perversas en la escala de mando político que los utilizan de manera torticera en su beneficio. Y ellos se dejan, con disciplina y placer íntimo. El Partido Popular, la Cope, ABC, 13TV, La Razón y otras muchas instancias políticas y mediáticas, a falta de razonamientos, necesitan crear angustia e inseguridad criminalizando cualquier ejercicio de libre expresión, antes de que se produzca si fuese necesario. Son la España autoritaria, dictatorial, negra, que aún colea.

Hay en las calles encapuchados profesionales de la bronca, lumpen con la violencia instalada en el cerebro, cobardía que aprovecha multitudes para proponer la selva como modelo de convivencia, desgracias irracionales con aspecto humano incapaces de pensar algo diferente a una pedrada. Son el fango social que anega celebraciones deportivas o protestas ciudadanas, el complemento necesario para el poder político y la muy minoritaria, residual, escoria policial.

Si Cristina Cifuentes, y su incondicional coro político y mediático, pretendía crear angustia e inseguridad, hay que felicitarla. Lo ha conseguido. Hay miedo, indefenso pánico ciudadano ante un estado capaz de manipular a policías para que exhiban la falsedad como argumento de su actitud desproporcionada. Mentiras. El Partido Popular ondeó la mentira para justificar la guerra de Irak, la usó para aprovechar electoralmente la sangre del 11 M, la utiliza para gobernar y la empuña para golpear a todo el que discrepa.

Tras contemplar la desvergüenza de la muleta espada y de los metálicos rodamientos, caben muchas preguntas. ¿No se auxilió debidamente a los policías para obtener y explotar escenas de violencia inusitada? ¿Eran todos los violentos ajenos al cuerpo de policía (¡que soy compañero, coño!)? ¿Estaba la actuación policial previamente diseñada? Y una respuesta: la porción de policía que no piensa, la de ciega obediencia remunerada, la cómplice de quienes ordenan y mandan, la que miente y engaña, es peligrosa policía, policía no democrática.

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Intereconomía y la teología financiera

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El día después de la bajada de persiana de Intereconomía no es jornada adecuada para lamentar, festejar o valorar la circunstancia. Apenas se puede decir que se haya notado la ausencia de esta cadena –se chismorrea que era más conocida por El Intermedio que por sus directos– en una parrilla saturada de aullidos y cizaña, dura competencia de pantalla con medios que remueven el légamo hasta la náusea, que suman sus propias deyecciones a las de quienes mandan.

El canal hubiera dado mucho de sí si los contenidos se hubieran ceñido a su compuesto nombre, analizando detalladamente la economía internacional. Falta está España, y necesitado el mundo, de alguien que explique la realidad paralela de los capitales y las carencias sociales, ahí sí hay audiencia y, con ella, publicidad y beneficio. Apostaron por la añeja realidad de la España, Una, Grande y Libre y perdieron, para eso se basta y sobra el gobierno.

Los medios no lo tienen fácil a la hora de analizar noticias económicas y dotarlas de una mínima lógica para ofrecerlas a sus audiencias sin que su prestigio se resienta. Hace falta un desvarío para comprender, por ejemplo, que la Eurocámara culpe ahora a la troica de la tragedia social derivada de las políticas respaldadas por los eurodiputados durante años. La Eurocámara ha descubierto lo que la ciudadanía afirma desde que se inició la crisis: vivimos una descomunal estafa financiera.

El FROB anuncia investigaciones sobre 90 operaciones sospechosas en la banca cuyas pérdidas han sido nacionalizadas, pura propaganda retórica y redundante donde, como en toda publicidad, es más relevante lo que se oculta que lo que se habla. Descubrir irregularidades en los bancos equivale a abrir los ojos a la imperante realidad financiera de lucro a cualquier precio. De engaños a clientes, accionistas y al propio estado viven, es su naturaleza.

Explicación se busca a la elección por el mismo FROB de Goldman Sachs para privatizar Bankia al precio simbólico de un euro, dejando expeditas a la zorra las puertas del gallinero. Y explicación tiene. La teología financiera atribuye al dios Sanchs la potestad de ser a un tiempo agencia de calificación, fondo de inversión, banco y consultora, cuatro entes, uno más que la Trinidad, para un solo dios, como Júpiter, insaciable cuando devora a sus hijos. Explicación hay, su racionalidad es otra cosa.

El gran casino mundial está abierto a experiencias novedosas que los jugadores propongan para su estudio y, en su caso, adopción universal si acrecientan la reputación ganadora de la banca. Todo el gabinete de Rajoy es un departamento de I+D+i a la busca de nuevas demencias que mostrar en el casino. La última, la más luminosa, la factura de la luz. El gobierno pretende educar a la ciudadanía en la liturgia bursátil y propone la factura como un índice de cotizaciones donde se especula con sus bolsillos en tiempo real, hora tras hora, minuto a minuto. Quedó obsoleta la subasta a corto plazo y ahora proponen la estafa inmediata.

Apagada Intereconomía, la audiencia ha quedado huérfana de un sacerdocio que imponía las verdades infalibles de la teología financiera internacional. Aún queda la capilla de 13 TV, el púlpito de La Razón, la ermita de ABC o la catedral de TVE para convertir el agua de la estafa en el vino de la recuperación, un milagro, como todos los milagros, sin cimiento racional, obrado por una fe obligada. Mientras se obra el milagro, el Partido Popular dice gobernar, en nombre de la mayoría de los españoles, con leyes que destilan una ideología tan radical y minoritaria como la audiencia de Intereconomía.

Miedo como programa de gobierno

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En la teoría freudiana, el miedo real se produce cuando su dimensión se corresponde con la dimensión de la amenaza. En cambio, el miedo neurótico se da cuando la intensidad del ataque de miedo no tiene ninguna relación con el peligro. Para el conductismo, el miedo es algo aprendido. Cuando un gobierno utiliza el miedo como recurso de convicción, el siguiente paso, apenas sin darnos cuenta, golpeando al estado si se tercia, es el terror.

El miedo ha entrado en nuestras vidas por la ventana de la economía. La estafa financiera ha hecho que los despertadores nos echen a diario de la cama con miedo al despido, al jornal, a las facturas, a la cesta de la compra y a cualquier sobresalto de la cartera. El presente da miedo; el futuro, terror. Se trata de un miedo que se corresponde con la amenaza real de esa competitividad empobrecedora que los gobernantes nos presentan como un logro de sus políticas, de esa nueva forma de esclavitud impuesta por el catecismo neoliberal de Génova y el aplauso de la Moncloa.

Desde que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos tumbó la doctrina Parot, el miedo neurótico se ha sumado al real. La liberación de terroristas ha resucitado el desgastado fantasma de la derecha española para acopiar votos en las mismas fechas que muere uno de los últimos golpistas (apenas un lustro de cárcel cumplió Armada) de este país. El ectoplasma del terror es agitado desde un partido, o dos si contamos a UPyD, que ponen el grito en el cielo por la liberación de etarras mientras se niegan a que se haga justicia con el régimen de terror que dio el relevo a Juan Carlos I. La escoria etarra ha cesado su actividad, pero hay quien se resiste a enterrarla.

Como complemento neurótico, algunas tertulias y la prensa de siempre se han empeñado en sentar a la mesa de cada hogar español a un violador o a un psicópata, liberados también por el mismo tribunal europeo. La sensación que traslada la megafonía mediática a la ciudadanía es que se ha liberado de golpe a 600.000 violadores de millones de españolas. Las cadenas televisivas han emprendido su habitual carrera para ver cuál es la primera que, en rigurosa exclusiva, exhibe en el plató a alguno de estos criminales, a cambio de unos euros, para elevar audiencias a la vez que las tarifas a sus anunciantes y patrocinadores.

Las dictaduras siempre se han servido del miedo neurótico para hacer más llevadero el miedo real. El franquismo utilizó la imagen de siniestros individuos, como Jarabo o El Arropiero, para soslayar el miedo real que producían el hambre y la represión de la época. El semanario El Caso ejercía funciones neurotizantes como hoy La Razón o El gato al agua, utilizando la suelta de etarras y violadores para soslayar el miedo real ante el crimen financiero y empresarial o la represión de la ley de Seguridad Ciudadana que lleva a cabo el Partido Popular.

Europa observa atónita cómo se amedrenta a los españoles con miedo real y neurótico, con multas desorbitadas para quienes expresan el malestar que el gobierno genera, con encubrimiento de prácticas policiales propias de Billy el Niño y el inspector Muñecas o con indultos a mossos de escuadra. Miedo en la intimidad del hogar y terror en la calle reconquistada por los hijos de Fraga. Mordazas en la boca y concertinas en el pensamiento son los instrumentos del PP para callar voces discordantes y cortar las alas a ideas distintas a las suyas.

Este país es reacio como pocos a leer su historia y aprender de ella. Los poderes maniobran concienzudamente para que los miedos, el real y el neurótico, se instalen en la conducta individual de la ciudadanía como algo aprendido, algo interiorizado que se acepta con peligrosa naturalidad.

Cantata corrupta a la sombra

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Las productoras están desbordadas estos días. Se buscan documentalistas y guionistas al por mayor, se negocian derechos a contrarreloj, hay maratonianos casting de personajes canosos con pobladas patillas y las cadenas buscan huecos en sus parrillas para la serie estrella de las próximas cinco temporadas. El minuto de prime time ha disparado su cotización, con la insolencia de la deuda germana, sin miedo a la prima de riesgo.

Luis Bárcenas ha comenzado el ensayo de su canto general, un acontecimiento tan esperado por el público y la crítica, como temido por los componentes de su banda. El local de ensayo elegido es un garito de los que apoyaron a la formación en sus horas bajas y cuyo director fue el muñidor de conspiraciones para explicar el gatillazo electoral de 2004. Con Bárcenas a la sombra en Soto del Real y con El Mundo a la sombra de ABC, La Razón, 13 TV o Interceconomía, la cantata de Bárcenas era cuestión de tiempo.

La radicalización del PP hacia posiciones de extrema derecha, aprovechando la mayoría absoluta y la crisis, le ha llevado a desprenderse de aliados de derechas como Pedro J. Ramírez. El PP se ha visto sobrado con la violencia ideológica que emiten los medios de ultraderecha y con el secuestro de la RTVE y ha creído oportuno desligarse de El Mundo y renunciar a antisistemas cualificados como Losantos o Sostres.

El apoyo electoral recibido por los miembros de los cárteles valenciano o madrileño, junto a la limpieza judicial aplicada a Garzón, han alimentado el sueño de la impunidad en las filas del PP. La explosión de los EREs en Andalucía ha sido recibida por el coro de gaviotas como una canción de cuna para prolongar el sueño mientras adormecían a la Justicia con el juego de mayorías en sus órganos de control. Las primeras notas entonadas por Bárcenas han despertado los miedos.

El público, impaciente por escuchar la cantata, muestra sus temores, basados en una lamentable y prolongada experiencia nacional, de que el concierto se limite a un play back y se quede en nada. Las sombras planean sobre la justicia cuando de juzgar a quienes la controlan se trata. Las sombras engullen las luces del escenario entre bufetes de abogados, aparatos de propaganda, silencios de gobernantes y mentiras de servidores.

Bárcenas se ha decidido a cantar, a tirar de la manta, a echar el resto para embestir al partido que se ha beneficiado de su gestión y le ha dejado solo cuando han pintado bastos. Luis “el Cabrón”, como apuntó alguien en la contabilidad sombría, era un hombre de famiglia, un hombre de honor del que nadie podría probar que no fuera inocente. En estos momentos es el Ángel Caído del PP, la fuente de todas las desgracias de un partido que trata desesperadamente de ocultar su corrupción bajo la manta de un extesorero y exsenador al que ahora pretenden presentar como un delincuente común que se llevó las sobras de la financiación ilegal.

Como a Ray Charles o a Steve Wonder, a Bárcenas le están colocando unas gafas de sol para oscurecer las sombras que le rodean. Le han abandonado sus abogados y a día de hoy camina dando palos de ciego para encontrar alguien que le defienda. En las cárceles el menú humanitario solía ser pan y agua y alguien ha podido dar la orden de que, a este preso, ni agua. China acaba de condenar a muerte, conmutada por la perpetua, a alguien que hizo con los trenes algo parecido a lo de la Gürtel. Menos mal que España no es China, todavía.

España huele a franquismo

Neofranquismo

El 8 de enero nos enteramos de que CiU devolverá el dinero estafado a la Unión Europea para eludir a la justicia y a la decencia del estado. El día 9 de enero, la “justicia” libera a un joven preso político a los 56 días de su detención durante la huelga general del 14N. El 10 de enero, en Elda (Alicante), policías de paisano irrumpen en una reunión de presuntos terroristas desahuciados por los bancos para identificarles. El 12 de enero, en Segovia, la “justicia” libera a un condenado por homicidio imprudente militante del partido del gobierno. El 12 de enero, en Granada, la Coordinadora Sindical Estudiantil organiza un concierto para pagar el impuesto revolucionario que la injusticia exige a dos estudiantes detenidos en un piquete del 14N. Enero de 2013, siglo XXI.

El 11 de enero, el gobierno responde por escrito a una pregunta de Gaspar Llamazares sobre multas y detenciones indiscriminadas de manifestantes y dice, sin rodeos ni pudor, que “La sanción administrativa a la que se hace referencia tiene como objeto concienciar del deber de cumplimiento con la normativa vigente y de colaboración con los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, cuya misión es proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana”. El 12 de enero dimite el secretario de Estado de Seguridad por “razones personales”. Nada más personal y más íntimo que una conciencia atormentada por la responsabilidad de su firma ante la obediencia ciega y desbocada de sus subordinados.

Informarse es un ejercicio que, en la última semana, eriza los vellos del recuerdo y produce escalofríos en la memoria. Parece ser que la conciencia de la ciudadanía de a pie debe ser formateada de urgencia para instalar una nueva clonada del ideario del Partido Popular. Los métodos utilizados para el cambio (¡al fín se conoce el verdadero cambio!) son los mismos sobre los que la transición pasó de puntillas y los mismos que provocaron el acoso y derribo al juez Garzón. Yugos y flechas vuelven a despertar en la geografía del recuerdo de un país en el que demasiada gente hibernaba de espaldas a la luna, la cara al sol, el brazo izado hacia adelante y la palma de la mano extendida hacia el horizonte.

El gobierno del Partido Popular tatúa a la ciudadanía la palabra “enemigo” en un lugar visible de sus cuerpos o de sus almas, lo mismo les da. El gobierno necesita un enemigo para mostrarse como amigo de quienes merodean en los contenedores de basura buscando alimento, de quienes no tienen más ocupación que encontrar respuestas y culpables asequibles de su ruina personal, de quienes han perdido hasta su imagen cuando se miran al espejo y no se reconocen. Ahí están los enemigos de siempre: los pobres, los que protestan, los rojos, los desaliñados, los extranjeros, los ateos, los parias, los rebeldes, los gitanos, los homosexuales, los intelectuales… la gente de mal vivir en definitiva.

Preocupan los hechos protagonizados por el gobierno y preocupan los supuestos que pueda protagonizar. Preocupa Morenés tarareando marchas militares para responder a catalanes y vascos, preocupa Wert esputando el verbo españolizar sobre la diversidad, preocupa Gallardón situando la justicia en un anaquel imposible para el bolsillo medio, preocupa Aguirre sembrando la cizaña de vagos y maleantes, preocupa Cospedal, preocupa Cristina Cifuentes, preocupa Báñez, preocupa el marido de Ana Botella, preocupa don Tancredo Rajoy, preocupan los somatenes de La Razón, ABC, Intereconomía, la COPE o la TRVE secuestrada, y preocupa la conducción de odios individuales que está pergeñando el aparato del PP para enfrentar a las dos Españas sempiternas.

Los españoles, por la presión psicológica y social que la crisis neoliberal ejerce a diario y por la tensión acumulada, necesitan desfogar, necesitan un rostro al que culpar, necesitan una explicación creible o no, necesitan un enemigo identificable al que desarmar. El gobierno hace lo posible para ofrecer un enemigo fácil, pero su interpretación, sus actos, le hacen acreedor al papel de enemigo que se está ganando a pulso. De enemigo del pueblo. De enemigo público.

El wertdugo de la educación.

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La educación, arma de construcción masiva, vuelve una vez más al patíbulo de las Cortes acusada de ser presunta inductora del pensamiento libre y de ser colaboradora necesaria para el disfrute de la libertad sobrevenida tras la muerte de Franco. España ha asistido y sigue asistiendo a un debate continuo, y sin final a la vista, sobre la pertinencia de ofrecer educación universal, objetiva y aconfesional, a la ciudadanía. Es un debate secular al que no le han afectado ninguna de las transiciones vividas a lo largo de la historia, ni la transición del medievo al humanismo renacentista, ni la transición del franquismo a la democracia, ni otras transiciones intermedias.

El cuello de la educación vuelve a estar expuesto en el cadalso a los caprichos y juicios de cortesanos y torquemadas que debaten en profundidad el método para ajusticiarla nuevamente y discuten vivamente si aplicarle la soga, el garrote vil, el hacha o la guillotina. Nadie derrocha un gramo de sensatez, razón o caridad para defenderla, a nadie parece importarle su suerte, a nadie de los presentes en los hemiciclos gubernamentales, pues todos son cómplices de los sucesivos linchamientos que ha padecido en los últimos treinta años. La calle, sin embargo, se pronuncia en su favor y la defiende sabedora de que su condena supone la condena de la propia sociedad civil.

El nuevo abogado de la ignorancia y el nuevo fiscal de la oscuridad se aúnan en la figura de un siniestro ministro, surgido del averno neofranquista, de fauces afiladas, con aspecto de cabeza rapada, de cerebro rapado y acompañado de lobos con sotana y rosarios al cuello. Este personaje es el wertdugo sádico elegido por un gobierno de fusileros ideológicos para ejecutar la sentencia acordada desde hace más de una década por la FAES y la Conferencia Episcopal. Dios, Patria y Rey de nuevo, nuevamente la guerrilla de Cristo Rey. El muera la inteligencia no tardará en aparecer en las portadas de ABC o La Razón y el viva la muerte se corea ya en algunas tertulias de Intereconomía arropando el anuncio de españolizar a los catalanes como los falangistas arroparon las intenciones de Millan Astray de estirpar el cáncer de Cataluña y Vascongadas.

El rapto de la educación nada tiene de poético, nada que ver con los escarceos amorosos de Zeus con la joven y desprevenida Europa que narra la mitología griega. Antes bien, supone una violación social en toda regla y una mortal herida en el firmamento democrático español a cargo de un toro rabioso encarnado en un ministro que es la wertgüenza de la marca España. A nadie extrañe que recurra a la taurina testosterona, para autoafirmarse en sus ideas, quien proviene de la misma escuela que ensalzaba la muerte como valor superior a la inteligencia. De nuevo los rezos evaluables al mismo nivel que Pitágoras o Marie Curie. Otra vez la educación como lujo y no como necesidad.

La sentencia a muerte que ronda a la educación se ejecutará sumarísimamente sólo después de que el pueblo sin recursos sea torturado en los sótanos de una formación orientada a satisfacer las necesidades y los deseos de una oligarquía empresarial que ha dado a España hijos tan preclaros como Mariano Rubio, Mario Conde, Javier de la Rosa, Ruiz Mateos, Jesús Gil y una larga cadena de honestos emprendedores cuyo último eslabón oxidado es Díaz Ferrán. Estos personajes, a quienes el ministro ofrece el sacrificio de la juventud española, actúan ajenos a la muerte de Franco. Girando la letra inicial de su apellido, se puede actualizar el anuncio lloroso de Arias Navarro. “Españoles, Franco ha Werto”.

Para la juventud de hoy, vuelve a cobrar plena actualidad la canción Días de escuela de Asfalto.

Excelente también para ilustrar la situación el tema Another brick in the wall de Pink Floyd.

La cruzada radical del PP.

Históricamente, en tiempos de miseria y de pobreza, las crisis económicas han asolado países y continentes descargando su furia sobre los eslabones más débiles de la sociedad, de una forma desaforada y cruel, mientras la plutocracia ha permanecido enrocada en su torre de marfil a salvo de los golpes del hambre y las necesidades. Casi siempre, la plutocracia ha sido la gran beneficiada de cualquier crisis y la mayoría de las veces ha sido su instigadora principal.

Los pliegues historia nos enseñan que el éxito de una crisis radica en que la plutocracia siempre ha contado con la complicidad de la aristocracia y de los estamentos sociales que controlan el pensamiento y la cultura. Hasta finales de la Edad Media, eran la nobleza (que ejercía el poder y ostentaba el mando de los ejércitos) y el clero (que controlaba el pensamiento y la cultura) quienes prestaban sus servicios a una plutocracia de la que muchos de sus miembros formaban parte.

A partir del Renacimiento, la nobleza cedió parte de su poder a una incipiente burguesía, que adoptó la política como título de casta en las tareas de gobierno, y a unos ejércitos que ya no rendían vasallaje a la corona. Por su parte, el clero perdió parte de su predicamento social en favor de los hijos de la imprenta, desde las crónicas y avisos hasta los modernos periódicos, y de universidades y escuelas de corte seglar, amén de magisterios ejercidos desde libros y panfletos a los que el ciudadano medio podía acceder sin intermediación.

Las crisis, históricamente, han servido de excusa para reordenar la sociedad cuando los poderes de los estados perdían parte del control social y veían peligrar su estatus. También han sido utilizadas para extender fronteras o dividir territorios en momentos que la plutocracia consideraba propicios para aumentar sus beneficios. Estos movimientos de reordenación social, territorial y económica durante la Edad Media respondían al nombre de cuzadas y se ralizaban a golpes de cruz y de espada. Desde el renacimiento, han tomado el nombre genérico de guerras con apellidos referentes a sus causas, a sus protagonistas o a los lugares donde tuvieron lugar.

Hoy, en el siglo XXI, la crisis está ensayando una nueva forma de reordenamiento y beneficio rápido menos cruenta, en apariencia, que las tradicionales guerras de sangre y destrucción. Es la plutocracia la que ha tomado el mando de las operaciones de forma directa, sometiendo gobiernos a golpe de calificación financiera, de especulación bursátil y de deuda externa. Como en los viejos tiempos, la aristocracia, la política, los medios de comunicación y el clero se han calado los yelmos, han ceñido sus cotas de maya, han vestido sus armaduras, han tomado sus alabardas, han montado sus corceles y se han lanzado de lleno a la cruzada que los dueños del mundo les proponen.

Los escuadrones radicales de La Razón, ABC, El Mundo, la COPE, Intereconomía y otros paladines de la manipulación disparan a diario sus espingardas mediáticas para crear una opinión pública afín a sus propósitos. Mienten como bellacos para obtener su parte del botín como recompensa de manos de un gobierno que les ha dejado ocupar la RTVE y les premia con suculentos contratos publicitarios y variados cargos de confianza en instituciones públicas bajo el control cruzado.

La infantería política de extremista ideario neofranquista ha enarbolado la enseña rojigualda y los lábaros cristianos para reconquistar su orden: los verdugos Fernández Díaz y Cifuentes aplastan la rebeldía con multas, mazas y porras; el alguacil Gallardón ha inclinado la balanza de la justicia en favor de la plutocracia delincuente y en contra de quienes defienden sus derechos; Wert se encarga de laminar el pensamiento crítico destrozando la educación pública y señalando al pueblo como enemigo; la Conferencia Episcopal reza en silencio y calla clamorosamente ante las injusticias que su gobierno comete; y toda la cohorte pepera escupe mentiras al pueblo desde una formación radical perfectamente coordinada.

La artillería plutócrata de los mercados bombardea el país y transmite órdenes a su testaferro Rajoy, a través de los pregoneros Montoro y De Guindos, encaminadas a saquear de forma extrema al pueblo en favor de la emperatriz Merkel. La cruzada del PP intenta, por un lado, restablecer la extremista jerarquía social de ricos y pobres sin clase media posible y, por otro lado, restablecer el orden autócrata y ultracatólico anterior a la democracia. En ello están. En ello estamos.

Esta crisis surte los conocidos efectos de todas las crisis: hambruna, miseria, dolor, incultura, deshaucios, efermedad, miedo, falta de libertad, opresión, represión, tiranía, muerte, mendicidad, limosna, desesperación, desesperanza, injusticia… y pensamiento único. Unos pocos vencedores y millones de vencidos. Un regreso del feudalismo.