Grecia, España, miedos, radicales y esperanza

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La ciudadanía parece haberse apeado de la realidad y vaga por los andenes, absorta, desorientada, buscando en el panel de salidas y llegadas el tren del que hablan los asiduos a clase business, premium o primera, el tren del progreso y la recuperación. Oxfam ha fijado en 80 las personas que poseen la misma riqueza que 3.500.000.000, un indicador de que el tren, el sistema, tiene capacidad limitada para esta clientela exclusiva, apenas dos vagones, y sus mercenarios.

Ellos, los estafadores beneficiados por la crisis, han azuzado a sus sicarios, desde Lagarde hasta Juncker, en contra de alternativas que pongan en riesgo el sistema del que se nutren. Ellos, los estafadores, hablan de izquierda radical para referirse a quienes representan una alternativa al radicalismo neoliberal, a todas luces injusto y nocivo, que aplasta y saquea al 50% de la humanidad, un genocida global. Definiendo a sus adversarios, se definen a sí mismos.

Graecia, Syriza, delenda est. Los 80 no pueden permitir que el reguero de pólvora que recorre la Europa de tercera y cuarta clase haga estallar la dinamita acumulada en sus cajas fuertes. Quiere impedir la derecha radical que no sean otros distintos a ella o la socialdemocracia, moderada derecha liberal, quienes, por voluntad popular, se hagan con los mandos de las desbocadas locomotoras y permitan subir a los trenes al populacho.

En España, a la utilización del miedo, se añade una disparatada distorsión de la realidad como arma electoral. Se ha escuchado en la corrupta convención del PP, en boca de su resucitado caudillo Aznar, cómo se tilda de izquierda todo lo que vaya a favor de la ciudadanía, en contra de los 80. Es curioso que, al aludir a las tres izquierdas, incluyendo en el concepto, de forma interesada, al PsoE, haga que el pueblo se pregunte dónde están las tres derechas.

La derecha moderada es el PsoE contrario a una banca pública o un banco de tierras, el compañero de Botines, el que coquetea con el dictador de Marruecos o pacta con el PP. También acoge a una minoría del PP, a UPyD, a Ciudadanos y a otras formaciones nacionalistas locales. Se trata de una derecha que habla de derechos cívicos y realiza dialécticos malabarismos para acabar indefectiblemente escuchando y obedeciendo a las élites.

La extrema derecha es la foto de la convención de los populares, la que pulula por los consejos de ministros y no se corta a la hora de sacrificar a la inmensa mayoría de los españoles siguiendo el rito ortodoxo que le marcan los 80. Es la extrema derecha que engorda las cuentas del 1% a costa del empobrecimiento de la mayoría, la que desahucia viviendas para sus propios fondos buitre, la que vende la sanidad al mejor postor, la que vende una realidad de cartón piedra al pueblo.

Y, por último, la ultraderecha, también presente en la convención, no deja escapar la ocasión de volver a meter a las víctimas de ETA en el microondas para volver a mojar las enésimas sopas en tan nutritivo caldo electoral. La misma ultraderecha que acosa y rechaza a minorías étnicas procedentes de la miseria, repudia a minorías catalanas o vascas o se queja de la indolencia de la minoría andaluza. Es esa ultraderecha a la que le sobra piel nacionalcatólica para meter en el congelador a las víctimas del terrorismo franquista.

Las tres derechas han acabado su convención dibujando una realidad, sin corrupción ni pobreza social, desconocida para la mayoría de los ciudadanos, apelando al miedo como argumento electoral y pidiendo que se despejen las vías para el tren de su sistema. Alea iacta est. En Grecia ha vencido la esperanza, aún no se sabe si con mayoría absoluta, y España está despabilando. Los votos del PASOK diluidos en Nueva Democracia son un aviso al PsoE, si lo quieren ver. Conviene un despertar generalizado de la población, incluso de quienes no están dispuestos a combatir sus pesadillas.

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2015: otro infeliz año

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A estas alturas, la duda podría suponer un resquicio de luz en el oscuro siglo XXI, pero la certeza apaga cualquier chispa de esperanza: la democracia, cautiva y mortalmente herida, sufre un apagón casi definitivo. Van pasando los años, ayer el 2014, y el sur de Europa avanza hacia el pasado vestido de modernidad: esclavos con smartphone, trabajadores sin salario, colectivos sin identidad y personas desechables contemplan un viejo paisaje medieval en la era digital.

No hay recuperación a la vista de lo desandado económica y socialmente bajo la dictadura de las élites políticas y económicas, dueñas y señoras del latifundio global. A la estafa financiera le sucede en el calendario la estafa política –de añejo color absolutista– en la que, dicen, todo se hace para el pueblo pero sin el pueblo, todo por nuestro bien, como dios manda. La ciudadanía moderna sufre las tétricas estafas económica, política, laboral y social a manos de los mismos estafadores.

Abandonada la guillotina, desechado el cadalso, olvidado el motín popular, sólo queda el sospechoso recurso de la urna, la hoguera donde arden sueños y esperanzas al calor de la mentira y la manipulación. El 2015 y el 16 se presentan calientes, a punto de ebullición, porque tanta presión sobre el cuello social no hay quien la soporte. Los estafadores, Juncker el socio evasor de De Guindos, Lagarde la imputada sucesora del imputado Rato, Goldman Sachs la maquilladora de la deuda griega, entre otros, amenazan con el infierno si las urnas no son favorables a los suyos, a los de siempre, al PP y al PSOE en España.

Dura es, para el votante del nuevo año y del siguiente, la tesitura de tener que elegir entre el infierno conocido y un mañana por conocer, entre una hipotética amenaza y contrastados rompepiernas. En España, el coro de agoreros y sicarios del dinero que pululan por los foros del régimen bipartidista advierten, intimidan y amenazan tratando de proyectar al electorado su miedo. Miedo, más que real, ante la posibilidad de perder el mando, de renunciar a su estatus y rendir cuentas por las más que evidentes muestras que de su maestría estafadora han dado.

La mediocridad de Zapatero se instaló en Moncloa como prueba de que mérito y capacidad son accesorios prescindibles para gobernar este país. Rajoy lo ha superado de largo en demérito e incapacidad y todavía hay una mayoría dispuesta a votar a sus respectivos partidos para alegría de sus amos los mercados. Como en Grecia, en España, la democracia representa un peligro para las élites porque el pueblo exige a voces algo distinto a lo que nos ha llevado a este calvario, diferente a la dictadura capitalista que padecemos.

Las advertencias de Rajoy o del hermano de Juan Guerra sobre lo que ocurrirá, si el extremismo radical del PP o el socialismo de derechas del PsoE son vencidos en las urnas, son el canto del cisne. Los mercados, a buen seguro, no pagan a traidores y tratarán, mediante amenazas o sobornos, de controlar al futuro inquilino de la Moncloa como han hecho hasta hoy. En el peor de los casos, el poder financiero y empresarial, ha hecho caja con su crisis/estafa y no le importará esperar otros diez o quince años para repetir la jugada. Son profesionales.

Ya hemos visto que la realidad está cambiando y el negocio electoral se adapta a los nuevos tiempos. La campaña es continua, global, sin tregua, ni armisticios, ni jornadas de reflexión. Los medios de comunicación emplean sin sutilezas el lenguaje manipulador para hablar de izquierda radical, ceden el prime time a banqueros, empresarios y políticos del régimen para que las amenazas del FMI, el BCE o el CE sean tan cotidianas como la escasez de condumio a la hora de comer.

España debe recuperar, antes que nada, la dignidad, la autoestima y la democracia.

Tapando agujeros

Agujeros

Queda algo más de un mes para que los noticiarios ofrezcan imágenes de agraciados por la Lotería Nacional alegres porque el premio o la pedrea les permitirá tapar agujeros y ayudar a la familia. La economía es un queso emmental, suizo y con agujeros. Cuando Julio Anguita, en 1996, alertó de que Maastricht no era más que una Europa de y para los mercaderes, del diccionario político le llovieron chuzos como iluminado, desfasado o visionario.

Dieciocho años después se mira al cielo y sólo se ve un negro nubarrón económico sobre las cabezas. En estos años, España ha descubierto al mundo la hiperbólica dimensión de sus lumbreras económicas, desmesuradas y aparatosas, megalomaníacas, apreciadas piezas para la economía neoliberal. Gallardón y sus agujeros hicieron de Madrid el Ayuntamiento más entrampado de España y el PP ha hecho de España el segundo país más entrampado del mundo.

Cuando Aznar colocó el cartel de “se vende” sobre todo el territorio nacional, el mundo admiró la pujanza española hasta el punto de encumbrar a Rodrigo Rato en la presidencia del FMI. Eran los tiempos en que una ardilla podía cruzar la península saltando de grúa en grúa, de hipoteca en hipoteca, de burbuja en burbuja. Rato fue despedido por no prever la crisis financiera urdida y alimentada bajo su mandato. Luego vinieron, uno tras otro, los agujeros de Caja Madrid y Bankia.

Al agujero financiero nacional y global ayudó Luis de Guindos, quien, desde su centro, proclamó en 2003 que en España no había burbuja inmobiliaria. A su salida del gobierno Aznar, fue fichado para la dirección de Lehman Brothers en España y Portugal hasta su quiebra. De ahí saltó a la división financiera de PricewaterhouseCoopers donde cerró negocios con el presidente luxemburgués Juncker y juntos crearon los mayores agujeros fiscales de Europa y España.

Nos ha tocado la lotería, la pedrada en lugar de la pedrea. La política económica del PP, diseñada por estas dos lumbreras y algún que otro farol de la FAES, ya la conocemos. Sabemos que las cláusulas suelo, los desahucios, las preferentes o las abusivas comisiones tapan los agujerillos de las tarjetas negras o los indecentes beneficios de la banca. Somos conscientes de que la sanidad, la educación y otros derechos constitucionales han sido utilizados para tapar el negro agujero del rescate bancario. Ahí está la ciudadanía, tapando agujeros mientras los responsables siguen horadando.

También tapamos con el IVA y el IRPF el agujero tributario de las multinacionales que pagan impuestos en Luxemburgo, Irlanda, Andorra, Gibraltar y otros paraísos más lejanos. Las nóminas recortadas y los derechos laborales perdidos contribuyen a tapar el agujero que a las empresas causan las donaciones en B a los partidos que les facilitan públicas contratas. Los del estómago, la nariz y el bolsillo ciudadano son los únicos agujeros que en este país no se tapan.

La Europa de los mercaderes se ha consumado y se prepara para perderse en el agujero del Tratado de Libre Comercio e Inversión, sumidero universal, global cloaca. La Europa de las personas no existe y en Bruselas se habla de europeos de primera, de segunda, de tercera y de PIGS, los cerdos de Portugal, Italia, Grecia y España. El presente y el futuro del pueblo español y europeo ya lo han diseñado la troica y De Guindos: tapar agujeros.