Rajoy ha hablado (fin de la cita)

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Ilustración de Juanjo Cuerda. El Jueves.

Anunciado como un evento deportivo de máximo nivel, como el estreno de una superproducción de cine, como un espectáculo de masas, Rajoy ha hablado en el escenario de la democracia. La carrera no ha dado ninguna marca reseñable, la película ha sido de serie B y el espectáculo, una vez más, un fiasco para aburrir a las ovejas y enervar a los espíritus más templados. La nota media de los actores que han desfilado por el escenario está entre el muy deficiente y el necesita mejorar.

El conato inicial de Rajoy para levantar una barricada de datos económicos, que sirven para un roto o un descosido, no ha funcionado. Menos mal, porque en su intento volvió a repetir que seis millones de parados y las economías familiares destrozadas son buenas noticias, que el expolio de derechos sociales son el estado del bienestar, que 37.000 millones perdidos en el rescate bancario ayudan a reducir la deuda y otros disparates que airea como logros conseguidos por él y su gobierno en beneficio de la ciudadanía.

Nada se ha salido de un guión que va adquiriendo tonalidades sepias por el paso de los años y cuyos pliegos presentan erosiones en sus bordes por exceso de manoseo y falta de renovación. “Todo es mentira”, “me han engañado”, “conspiran contra mí”, “presunción de inocencia”, “ahora vamos a legislar” y, por encima de todo, “tú más”. La comparecencia ha sido un déjà vu, un flashback, una versión actualizada a 2013 de cualquier debate entre Suárez y González, éste y Aznar, éste y Zapatero o éste y Rajoy. A nivel autonómico, provincial o local, también hacen adaptaciones de este mismo guión.

Hoy, lo más destacable, a falta de trama argumental de calidad o demostración interpretativa sobresaliente, ha sido la anécdota de la apostilla “fin de la cita” que los guionistas del presidente escribieron para orientar su lectura. Este presidente, de confesas carencias para entender su propia caligrafía, ha leído las acotaciones con tal énfasis que las ha puesto en el primer plano de la actualidad. El día que sus asesores le dejen un catálogo de Ikea, el mundo se enterará del precio de las albóndigas de caballo en sede parlamentaria.

Rajoy ha defendido su honor y no dimitirá, faltaría más. La ética y el sentido del honor de este estadista bigardo, gallardo y cañí cotiza muy por encima de la donación ilegal de 435 euros que llevó a dimitir a un exótico misnistro japonés. ¡Qué envidia de Japón! La ética y el honor no entienden de sistemas métricos, se tienen o no se tienen, y los políticos españoles carecen de ética en el discurso y de honor en la práctica política. El espectáculo de hoy debería llenar de vergüenza a sus protagonistas, si la tuvieran en una mínima dosis.

Lamentable la imagen ofrecida por sus señorías a los espectadores nacionales y extranjeros. Sólo ha faltado el primer plano de un ujier levantando cartelas con las palabras “aplausos” o “abucheos” escritas con gruesas letras y destinadas a uno u otro redil. Lamentable el espectáculo prevacacional de estos profesionales, lamentable que este presidente sea asociado a un país como España y lamentable la actitud pasiva y condescendiente de un pueblo que no reacciona ante semejante troupe de payasos, los únicos del mundo cuyo objetivo no es la risa del público, sino reírse de él.

El presidente ha venido a preguntar lo que en su día preguntó Marx (Groucho): ¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos? (Fin de la cita). Deposite los discursos en una papelera.

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