Nuevo curso, viejos suspensos

sisifo

Óleo del artista cubano Ernesto Miguel Blanco Sanciprián

Finaliza el verano con doce víctimas en la operación retorno, récord de turismo extrajero y neveras nacionales en las playas, Gibraltar en manos británicas, cartas de despido sobre los mostradores de la hostelería, tortura animal en TVE y nuevo disparate en el mercado del balompié. Comienza el curso con menos pobres en la universidad, más pupitres en cada aula de escuelas e institutos, más miedo a la factura de la botica que a la enfermedad, pánico al recibo de la luz, resignación ante el familiar dependiente y pavor ante la nómina del nuevo trabajo, quien lo haya encontrado.

Los inicios de curso solían aportar novedades, cosquilleo ante la incertidumbre y, en ocasiones, fugaces ilusiones de posibles y deseados cambios. Eran tiempos, apenas cinco años atrás, en los que el futuro se vislumbraba como continuación del presente y las reglas del juego emanaban del diálogo y la justicia. Hoy comienza un nuevo curso infortunadamente previsible y desilusionante cuyo futuro es continuación del negro pasado de la posguerra y cuyas reglas de juego obedecen a una injusta imposición.

Aunque España va mal, y con evidentes síntomas de empeoramiento, el gobierno se ha permitido unas vacaciones dejando un retén para que los españoles no olviden quiénes mandan en sus vidas. La aparición de Margallo, defendiendo a España de la pérfida Albión, ha sido, para muchos españoles, la vergonzosa imagen de un ministro bronceado, tal vez en el último verano libre de canon por tomar el sol, que sacrifica el chiringuito playero para distraer de la corrupción de su partido. La aparición de Rafael Hernando, reescribiendo la historia, ha sido la impúdica imagen de un portavoz defendiendo a capa y espada la herencia ideológica de su partido.

El partido del gobierno ha practicado este verano la transparencia con mafiosos métodos que la justicia debería penar. Hasta ahora, el PP se presentaba como una corrupta panda que sufría el chantaje de uno de sus capos contables con décadas a sueldo del partido, una banda organizada y dispuesta a colaborar con la justicia que no ha dudado en destruir pruebas incriminatorias. Como cualquier empresa, dicen, han borrado o destruido los datos de los ordenadores requeridos por el juez sin hacer copias de seguridad. Han obrado lo que Garzón pretendió evitar.

Aún queda pendiente el cierre de la Escuela del Verano del partido en Gandía, donde proyectarán la película Malas noticias, sobre la caída de Lehman Brothers, y La ola, sobre el autoritarismo. El debate sobre la primera será moderado por Alfonso Alonso, quien contará con el privilegiado asesor Luis De Guindos, unos de los inspiradores del guión. El debate sobre la segunda película estará dirigido por Gallardón, aunque, dada la identificación del PP con los métodos exhibidos en el film, es de prever que se convertirá en una exaltación jubilosa de los gestos y poses practicados por Nuevas Generaciones durante los últimos meses.

El nuevo curso amenaza con una injusta reforma de la justicia, la dentellada de gracia al sistema de pensiones, la irracional aplicación de la LOMCE, la imposición del látigo en el mercado laboral, la desaparición de la universal sanidad pública y la impunidad de los ERE del PSOE y las corrupciones del PP. La Casa Real ha exiliado a sus miembros mediáticamente menos presentables, la Conferencia Episcopal seguirá alejada de los gestos y palabras del Papa Paco, RTVE continuará dinamitando la información y el pluralismo, veinte millones de votantes se preguntarán a quién narices votar y el Madrid o el Barça ganarán otra liga.

Todo es demasiado previsible, demasiado triste, demasiado cruel. Como la legendaria Penélope, el PP deshace lo que otros con más apoyo social hicieron, dejando la puerta abierta a que otros lo vuelvan a rehacer en un futuro ojalá que inmediato. También vale el mito de Sísifo como metáfora en la que unos elevan la roca hasta la cima para verla rodar nuevamente hasta el pie de la montaña. Esto no es democracia, es la condena a este bipartidismo podrido e insoportable que tiene la democracia como asignatura pendiente.

penelope

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