¿Personas o carne humana?

espejo

Algunos días, frente al espejo, antes de afrontar la jornada, muchos ojos estudian minuciosamente los rostros reflejados y surge una pregunta: “¿qué eres?”. Los datos del DNI, foto incluida, responden sobre quien maneja el peine o los afeites, alguien cotidiano de sobra reconocido por esos ojos que se apagan ante la pregunta “¿qué eres?”. El espejo transmite a las personas la idea de su cosificación, de que son herramientas que nacen, producen, consumen y mueren. Poco más.

Algunos días, casi todos, las noticias informan de hechos que apuntalan la sensación de aparejo mecanizado, trebejo del mercado, que muchas personas asumen. Otros días, no pocos, los sucesos recuerdan que otras personas ni siquiera tienen espejos que las miren, ni ojos, sólo hambre y olor salado a patera en el mejor de los casos. Esas personas, utensilios sin uso, asoman por el espejo y transforman depresiones en consuelos urgentes, cambian la pregunta maldita “¿qué eres?” por la ajena “¿qué son?”.

El trabajo, el paro, la escuela, el hospital, la infancia o la vejez, las transitadas calles y plazas del laberinto social, han dejado de ser espacios de seguridad y ánimo al pasar a dominios privados. Como el amo ordena rociar la alcuza sobre los engranajes desgastados, el FMI “recomienda” reducir salarios y precarizar empleos, achinarlos. El gobierno, capataz y lacayo, aplicará esas medidas para mejorar la economía empresarial y financiera a costa de la del pueblo llano.

La comisión Europea y el Banco Central Europeo piden a Rajoy que “vigile las medidas nacionales y regionales para limitar desahucios porque ponen en riesgo la estabilidad de los bancos”. ¿Qué es un desahuciado? Una herramienta desechada. ¿Un hogar? Un borrón en la cuenta de resultados. ¿Una persona? Carne humana. Christine Lagarde (352.859 €), Mario Draghi (374.124) y Durao Barroso (más de 370.000) son ejemplos de sadismo bien remunerado, caníbales mercantiles.

El Partido Comunista Chino exige que cese nada menos que la Justicia Universal y el Partido Popular echa toneladas de tierra sobre la represión en el Tíbet, sobre José Couso, Guantánamo, el Frente Polisario y otros holocaustos más o menos numerosos y cercanos. No le tiembla el pulso al PP para emplear la misma pala con la que acumula tierra y desvergüenza sobre fosas comunes, cunetas y zanjas en su propio país, España. A fin de cuentas, según Alfonso Alonso, con la Justicia Universal “no se consigue nada más que tener conflictos”. ¿Conflictos? ¿De católica moral?

Carne humana reprimida, explotada, masacrada, sacrificio sangriento al dios financiero, carne que inclina pocos votos. Al PP, cadáveres y conflictos Marca España le bastan para tirar de rienda diestra en pos de sufragios, apetecidos por número y marchamo, con que equilibrar encuestas. En la sacristía judicial, las sotanas han exigido el celibato universal con licencia para procrear que, para el ministerio, traducido a ley de aborto, tendrá “un impacto neto positivo por los beneficios esperados por el incremento de la natalidad”. Carne humana: si dependiente, para la familia; si sana, para los mercados.

Todos los días, toda la vida, los ojos, los espejos y la pregunta “¿qué eres?”. El índice “Carne Humana” no ha sido bursátil contrapeso suficiente para detener el dorado beneficio de la banca, el Ibex todo y la CEOE, beneficio en carne y euros. Y otra noticia, y otra pregunta. ¿Quiénes son las 3.539 personas suicidadas en 2012 en España? ¿Qué son? Muchas de ellas, herramientas averiadas, chips cortocircuitados, vidas abortadas, daños colaterales que no sacian al mercado.

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El rey no es mago

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Han terminado las fiestas. Plásticos, escayolas policromadas y purpurinas volverán al claustro acartonado que les dará cobijo hasta el próximo año. Pastores, lavanderas, herreros y panaderos acudirán a registrarse en la oficina de empleo más próxima. Posada, molino, portal y castillo se convertirán en activos tóxicos hasta la siguiente burbuja navideña. Árbol, bolas, lucecillas y oropeles retomarán su empaquetado destino. En 2014 sólo quedará a mano la estrella de oriente.

Cuenta la leyenda que una estrella marcó el destino de tres reyes y activó el nervio del futuro al rey de Judea. La estrella colocada en el belén en 2013 continúa emitiendo señales en 2014 que sólo ven los reyes y les alteran el nervio sucesorio. Casualidad o no, la residencia oficial de los reyes de España es el Palacio Real, también conocido como Palacio de Oriente, donde reverberó la luz por última vez, como una señal, cuando albergó la capilla ardiente de Franco.

Brilla la estrella de oriente señalando un juzgado como lugar donde la realeza adquirirá su humana dimensión para responder de sus humanos delitos. Herodes sintió la amenaza de alguien llamado rey por el pueblo y ordenó matar, con ayuda romana, a todos los inocentes que encajaban en el retrato robot de la amenaza. Juan Carlos I siente a su espalda la amenaza del fin de su reinado, pero no ha de preocuparse porque quien le dio el trono sembró fosas y cunetas con los españoles cuerpos de quienes encajaban en un perfil republicano.

El Partido Popular, heredero de la labor de protección del rey, se aplica con denuedo y tesón en mantener mudas fosas, cunetas y ciudadanía. El retrato robot de la alternativa a la monarquía lo han esbozado con contestatario aspecto de médico, maestro, jubilado, mujer, operario o estudiante, y etiqueta radical, violenta, extremista, comunista o republicana, etarra en una palabra. Los medios de comunicación afines intentan encastrar en el retrato robot a los propios jueces que imputan a la realeza.

El rey Juan Carlos no es mago y pasea su desnudez a la decrépita luz de la estrella sobre su apagado reino. Se le ve y se le oye angustiado porque es sólo el reflejo real de la angustia que convive en los hogares plebeyos. La miseria de la mayoría es producto del enriquecimiento ilícito, inmoral y estafador de una aristocracia adinerada, en la que se incluye a la familia real, que ha confundido la estrella de oriente con el fulgor de miles de millones de doradas monedas.

La estrella de oriente atrae los ojos de una ciudadanía que espera impaciente su apagón definitivo como un signo mágico de que no hay reyes a los que indicar un camino y de que la caída del nuevo imperio eurorromano devolverá al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios y al Pueblo lo que es del Pueblo. Tiene trabajo la estrella para, en 2014, guiar a España al siglo XXI. Hay miles de diputados, senadores, alcaldes y concejales a los que espera un infinito cajón donde recluirse para dar paso a un belén renovado, moderno y democrático. Recoger el antiguo, comenzando por las figuras de los reyes, produce ilusión.

Será posible el belén del siglo XXI cuando se haya empaquetado la última pieza del vetusto plantel de figurantes que componen el misterio español hoy día. Cambiar el belén producirá beneficios sentimentales y materiales a la ciudadanía. La mafia de la gaviota, la familia de la rosa, el clan de los coronados, la banda del incensario, la cuadrilla de los cajeros y la partida de accionistas han de ser renovados totalmente. España no necesita abdicaciones, sino la abolición de estas castas de figurantes que la expolian continuamente.

Ética y cosmética social

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Si la ética acude al psiquiatra, es un síntoma de salud. Si, por el contrario, acude al esteticista, es un sintoma de desastre. La ética necesita una reformulación que la vuelva a situar como referente social y la saque del zulo institucional en que malvive secuestrada. Aplicarle artificios cosméticos sólo lleva a sustituirla por la hipocresía y convertirla en un carnaval donde las máscaras se imponen a los rostros y los disfraces a los sentimientos.

Recientemente, el teatro del mundo global ha ofrecido una función única, protagonizada por los actores más cotizados del momento, con la guerra de Siria como escenario y el petróleo como telón de fondo. El mundo ha escenificado su repulsa a los crímenes contra la humanidad sufridos por el pueblo sirio horrorizado por el uso de armas químicas. Ásperas y prolongadas sesiones cométicas han conseguido que en Siria se asesine y se masacre de forma civilizada: a pedradas, a navajazos, a machetazos, a balazos o a cañonazos. Todos contentos y a otra cosa. Misión cumplida.

Casi al mismo tiempo, la tragedia de Lampedusa dio paso a un desfile de lágrimas y lamentos a cargo de plañideros europeos educados en la misma teatral escuela que americanos, chinos y rusos. “Es una vergüenza”, rezó el Papa; “una tragedia”, dijo Letta; “no se puede mirar a otro lado”, dijo Barroso; “¡asesinos!”, gritó el pueblo a los políticos durante el fuenral. Toda Europa se rasgó las vestiduras ante trecientos cadáveres durante unos días, obviando los cientos de miles de muertos que anualmente se producen en la tierra de la que huyeron los náufragos.

Cada semana, las noticias recogen la frase “última víctima de la violencia machista” con una naturalidad más peligrosa que la propia lacra. Observatorios, comisiones, fiscalías y opinión pública están en ello: luchan contra la violencia, pero no contra el machismo; condenan las muertes, pero no su base cultural; castigan al criminal, pero no la ideología que lo produce. Los minutos de silencio a la puerta de las instituciones son hoy como un cigarrillo durante la jormada laboral, pero sin humo.

La represión de manifestaciones de forma manifiestamente desproporcionada ha llevado a la autoridad incompetente a plantearse la sustitución de pelotas de goma por otros instrumentos de agresión más civilizados. La humanización de los cuerpos represivos pasa por culpar a las pelotas y exculpar o indultar a quienes disparan la escopeta y a quienes disparan la orden. Vaciar el ojo a una ciudadana de un disparo no es de recibo, parece más ético hacerlo con una porra o cegarlo con gas pimienta.

Aplicar el código penal estricta y literalmente, sin artificios interesados, es “una injusticia y una equivocación”, por lo que se reclama la ley del más fuerte elevando a la víctima, el estado, a la misma categoría moral del verdugo. La manipulada AVT pide venganza en lugar de justicia y sus manipuladores se hacen querer ofreciendo a su presidenta un puesto como florero en las listas electorales. ETA, además de un reguero de muerte, ha dejado en este país un reguero de votos al que el Partido Popular no quiere renunciar. Categorizar a los muertos es una injusticia y una equivocación y las cunetas y las fosas comunes de España son fedatarias de esta inmoralidad.

Cuando se piensa a golpe de impulsos inmediatos, se pierde la perspectiva racional animalizando las respuestas a los estímulos. Cuando se gobierna a golpe de lobby, se pierde la perspectiva democrática pisando los peligrosos territorios del despotismo, el autoritarismo o el totalitarismo. La intensidad de la pisada determina el nivel de salud o de desastre al que la cosmética puede llevar a la ética, a un país o a la humanidad. Cuando los gobiernos juegan con fuego, la ciudadanía suele acabar calentada, quemada o incinerada. Cuestión de intensidad.