Educación para la violación

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Que cinco despojos sociales acorralen y violen a una persona, impelidos por sus aberradas mentes, habla de deterioro social y de trastornos educativos graves. El presunto abuso sexual de la feria ha llevado hasta Málaga la trama de La hoguera de las vanidades, que Tom Wolfe situó en Nueva York, y convertido el ferial en un Bronx itinerante. El acto criminal ha desatado las vanidades latentes de un entramado social deteriorado, trastornado, deshumanizado.

La detención de los pervertidos ha hecho aflorar la ruindad que permea las estancias del edificio social supuestamente construido para la convivencia, demostrando que la vanidad está por encima de todo con la salvedad, tal vez, del dinero o el poder. Como suele ocurrir con cada desastre, la vanidad condena los hechos, compadece a la víctima y, en definitiva, busca los flashes del momento. La vanidad ha vuelto a improvisar su discurso sobre la marcha.

Que Francisco de la Torre trate de minimizar el negativo impacto económico que la violación pueda acarrear sobre su ciudad es banalizar el machismo, otorgarle el rango social de travesura. Habla la indecencia de más de mil violaciones al año en España como atenuante de una lacra que él y su partido ven natural, como el pedrisco o la niebla. Una violación, una sola, exige un tratamiento preventivo y no terapia de resignación y lamentos paliativos.

Por su parte, Fernández Díaz, para prevenir violaciones, dicta consejos de ortodoxa inspiración religiosa y propone poner un burka a las ventanas del hogar, invisibilizar a la mujer en el buzón de correos y arrastrar su bíblica culpa por paradas de autobús, descampados, parques, aparcamientos, ascensores o calles solitarias. El problema para él no es la cultura machista, sino la imprudente insistencia femenina en portarse como ciudadanía libre e igual.

En el espejo social de la iglesia católica hacen cama redonda machismo, abstinencia, pederastia y otras insanas desviaciones. El arzobispo de Granada Javier Martínez afirmó en pública homilía que “Si la mujer aborta, el varón puede abusar de ella”, apología de la violación en toda regla que quedó impune en esta España de vírgenes y rosarios. De justificar la violación, pasó a justificar el machismo, también impunemente, con el libro Cásate y sé sumisa.

El sistema educativo, principal cimiento de la convivencia social, ha virado hasta posiciones de tolerancia machista apostando por convertir a la ciudadanía en feligresía. El empeño de Wert por que el pecado original de la mujer sea evaluable y compute para conseguir becas está en la misma onda evangelizadora que ha llevado a Gallardón a insinuar que el aborto tras violación podría ser delito.

Lo anterior tiene que ver con el machismo estructural impulsado por el Partido Popular y arraigado en La España de charanga y pandereta, / cerrado y sacristía, / devota de Frascuelo y de María, / de espíritu burlón y de alma quieta, que cantara Antonio Machado. El machismo y su violencia siguen siendo el eje de la educación sentimental de un país medieval que insiste en arrojar a sus poetas y a sus mujeres a la hoguera de sus vanidades.

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En apenas 24 horas se ha pasado de presunta violación a presunta denuncia falsa, tan deleznable la segunda como la primera. Como en la novela de Wolfe, la vanidad se ha apropiado del protagonismo dejando el crimen en un segundo plano. A veces son más letales las palabras intencionadas que los propios hechos.
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Posado veraniego de Rajoy

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Ante todo, felices vacaciones, señor Rajoy. Felices vacaciones para usted y los suyos que son de los pocos españoles que pueden disfrutarlas. No se corte; descansen usted, su conciencia y su tijera, y póngase moreno como Carlos Floriano o Ana Mato para decirnos que todo va viento en popa, mejor de lo que tenían planeado. Por nosotros, el pueblo castigado, no se preocupe porque estamos negros a pesar de no poder, como ustedes, arrimarnos al sol que más calienta.

Nos alegra el verano oírle decir que todo va bien y que nos estamos recuperando. Sus palabras son un bálsamo que disuade de coger una patera y afrontar el océano de la desesperación para mendigar un mendrugo en algún país sobrado de pan y falto de esclavos. Creer en su palabra, presidente, exige la ceguera de la fe o el temor al castigo divino y usted, para cerrar ojos e infundir miedo, está más que capacitado.

Prometió crear puestos de trabajo y ha cumplido, aunque no dijo que lo haría cubriendo los puestos destruidos por su reforma laboral para aumentar la riqueza del empleador diezmando el poder adquisitivo del trabajador. Las ofertas de trabajo nos aturden por su cantidad, su calidad y la frecuencia con que hemos de recurrir a ellas. Hay quien, con suerte, entra y sale varias veces al mes del mercado de trabajo sin apenas ganar 400 €.

El PIB sube y la economía crece, nos dice, pero los bolsillos opinan lo contrario. Usted miente poco, porque poco habla, y hemos llegado a la conclusión de que somos brutos para entender lo del producto interior y que la economía creciente es la de los Botín y Rosell que le ríen la gracia al ver los salarios y derechos menguantes del resto de los españoles. Para usted la cosa va como un tiro… que los suyos disparan y nuestras vidas encajan.

Le aconsejo que, antes del baño, guarde dos horas de secano para que no se le corte la digestión a usted que come. Para nosotros no es problema, no se preocupe, porque nos entra tan poco en la boca que apenas afecta a la función digestiva. La deuda externa de un billón de euros –casi el 100% del PIB– sí que nos corta la respiración y es un lastre que arrastra al fondo del mar, donde los hilillos de plastilina, al más avezado nadador.

Le hemos visto con capucha, apropiada para el chirimiri o el frío, y nos ha preocupado que algún esbirro de Fernández Díaz le pudiera aplicar su Ley de Seguridad Ciudadana. La inquietud desapareció al ver a Feijóo y sus gaviotas ofreciéndole la embajada vitalicia del Camino de Santiago porque es usted el mejor gallego de la historia, una hereje desconsideración hacia sus mentores políticos don Manuel Fraga y Francisco Franco, verdugos, como usted a su manera, de la democracia.

Señor Rajoy, presidente y desgracia de España, disfrute sus vacaciones y hágalas indefinidas. Nosotros, el pueblo por usted sacrificado, lo merecemos. Puede alternar la maravillosa Galicia con su clima inestable y veranear en Canarias, en el hotel ilegal donde lo hace el ministro Soria, antes de que el chapapote de Repsol lo desaconseje. También puede hacerlo en el hotel El Algarrobico de Almería subvencionado por Aznar y Rodrigo Rato con 2,8 millones de euros. En cualquier caso, controle sus gastos: ya no es lo mismo con Bárcenas a la sombra y los sobres no son eternos.

¡¡Rajoy: pasa el porro!!

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Hay propuestas políticas, como la de legalizar el cannabis, que descolocan cuando son formuladas por una pureta de la talla de Rosa Díez. Instantáneamente la sospecha da un brinco y la psicodelia estira el cuello para otear dónde está el truco, dado que en marzo de 2013 UPyD, PP y PSOE votaron en contra de una propuesta de ERC “para regularizar, en el plazo más breve posible, la producción, distribución y consumo de cannabis”.

UPyD necesita para las próximas elecciones generales la misma pócima mágica que su competencia directa, el Partido Popular, para vender su programa. La detención de los ediles populares Beatriz Rodríguez y José Antonio Gallegos con un kilo de marihuana o la presencia de la planta en el apartamento de la militante popular implicada en el asesinato de León son indicios de que en el PP se fuman porros habitualmente. La prueba irrefutable son las declaraciones de Mariano Rajoy y la cúpula del partido.

La visión idílica del país ofrecida por el presidente hace unos días, desligada radicalmente de la realidad, hace pensar que éste ha cambiado los habanos por petardos king size. Tal alucinación, propia de quien se quema las uñas apurando el canuto, sin pasarlo a nadie, sugiere que los bonsáis de Felipe González han sido sustituidos en Moncloa por plantas de Blueberry. La evasión de la realidad es muy evidente en el jefe del gobierno y va en aumento desde que viera hilillos de plastilina en los fondos marinos gallegos.

Uno de los efectos nocivos del THC, derivado de su deficiente administración o de su abuso, es la aparición de paranoias en quienes lo consumen. En la cocina del Campus de la FAES parece que a alguien se le ha ido la mano aliñando pasteles con más marihuana de la cuenta. Los efectos se han notado en todos y cada uno de los responsables del PP que han salido en tromba, los ojos rojos y la lengua de trapo, cargando contra Podemos y, por los síntomas, Aguirre se ha jalado, ella sola, con adicta gusa, un kilo entero de pastel.

Pero no todos y todas se han puesto hasta el culo de maría y hachís. Los hay que permanecen fieles a drogas tradicionales, carpetovetónicas, de efectos más elevados, más espirituales. Gallardón, Fátima Báñez, De Guindos o Fernández Díaz prefieren esnifar incienso en cantidades gloriosas confiando en que vírgenes y cristos iluminen su mandato y arreglen España. La Gürtel les ha surtido de sobres con billetes de 500 € para fabricar los aspiradores nasales.

Los fumetas de la alternancia, más finos ellos que los del PP, le han dado a la narguila durante el proceso de primarias cuyos resultados han sido infumables tanto para la militancia socialista como para su cada vez más escaso electorado. La paranoia también se ha manifestado en Susana Díaz y el electo Pedro Sánchez que han cargado contra Podemos en los mismos términos que sus socios en el poder. Esto evidencia que PP y PSOE comparten, además de políticas y puertas giratorias, el mismo camello entronizado con los votos de ambos.

No es casual, a la vista del colocón bipartidista, la agenda de Felipe el Preparado en sus primeras semanas de reinado. Primero viajó al Vaticano para garantizar el suministro de incienso de la mejor calidad y ahora se ha bajado al moro para negociar las cosechas de Ketama y el expolio de los bancos de pesca saharauis con el dictador marroquí. Mientras tanto, la ciudadanía escasamente puede ahogar sus penas y sus miserias en un vaso de Don Simón con gaseosa. Hay que quitarle el porro de las manos a Rajoy cuanto antes.

 

Podemos y la extrema derecha

podemos

Podemos la ha liado, ¡y de qué manera!, con sus resultados electorales. Ya no se habla de Europa, lo del PSOE no interesa, liga y champions son agua pasada, ni siquiera el no celibato del Papa llama la atención. Todo el mundo habla de Podemos con ese don de lenguas que la naturaleza ha regalado a los españoles. Se ha dicho de todo, sólo le falta una canción para ser portada de la revista TIME, aunque ya lo fue hace tres años sin que la casta política parezca haberse enterado.

Desde que el PP llegó al poder, profesionales de la salud, la enseñanza, la minería, la pesca, la farándula, cualquiera que piense de distinta manera, son (somos) violentos radicales de extrema izquierda. La coleta de Pablo Iglesias, ¡cómo no!, es la evolución natural de la perilla de Lenin, el bigote de Stalin y las barbas de Bakunin. Ya lo saben: los 1.245.948 ciudadanos que han votado a Podemos, y los 1.562.567 que lo han hecho a IU, han votado a la extrema izquierda.

La indigestión electoral ha provocado eructos en el PP, flatos en el PSOE y un ladrido que llama la atención. A Rosa Díez, nómada del limbo ideológico, le ha resbalado una neurona hasta la lengua y ha comparado a Podemos con el partido de Le Pen. Tras la carcajada al escucharla, casi de inmediato, se encoge el corazón y el cerebro se nubla ante la pregunta que subyace en sus palabras: ¿dónde está la extrema derecha española?

La extrema derecha asoma peligrosamente en Europa, en Francia con más de medio cuerpo fuera de la ventana, y en España apenas ha sumado 322.000 votos entre seis candidaturas. ¿Dónde está la ultraderecha patria? Esta incertidumbre, este prodigio de moderación de los hijos de buena estirpe, confiere celestial bondad a la derecha española, la derecha como dios manda. En España sólo hay extrema izquierda, eso sí, con casi tres millones de votos y más que vienen de camino.

En España no hay patriotas con los cerebros rapados, por fuera y por dentro, y armados de bates de beisbol para herir o matar emigrantes. No hace falta. Fernández Díaz, cumplidas sus diarias obligaciones espirituales, ordena y dispone que sea la Guardia Civil quien realice tan sucio trabajo sacudiendo concertinas que hieren o disparando pelotas que matan. Y sus votantes lo aplauden, esa parte de sus votantes que encajarían en el Frente Nacional o Amanecer Dorado. Son millones.

En España no hay escuadrones que atiendan en exclusiva a españoles. De excluir y desatender las necesidades sanitarias de los que llegan, los que se salvan, se encarga Ana Mato y va más allá que Le Pen proponiendo que se desatienda a los españoles emigrados. De negarles otros derechos, se encargan los padrones municipales en manos del Partido Popular. Y quienes votan eso escogen, también a millones, papeletas de la gaviota.

En España no hay partidos neonazis, sino un partido neofranquista que mantiene símbolos y nombres de la dictadura en sus corazones, en las calles y en las plazas. El ministro Wert es un exponente de la españolización a lo Una, Grande y Libre inculcada en la escuela nacionalcatólica que prepara. Y las Nuevas Generaciones, consentidos flechas y pelayos, son un hervidero de saludos, banderas y proclamas al más puro estilo de las hitlerjugend alemanas.

Ya lo dijo Fraga en 1977: “Alianza Popular ha sido concebida como lo que es: como una fuerza política que se niega a aceptar la voladura de la obra gigantesca de los últimos cuarenta años”. En esas estamos. El miedo a un partido sin corrupción, transparente y formado por personas de la calle es lógico para la casta. Aire fresco por fin en las urnas. Otra política es posible, aunque sea de extrema izquierda. Nuestra esperanza es su amenaza.

Reflexión electoral

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El desafecto ciudadano por la política es una evidencia empírica con causas bipartidistas y efectos aún más bipartidistas. No es que la ciudadanía se haya alejado de la política, ahí está la contestación del pueblo en las calles, sino que los políticos se han distanciado de la realidad social, ahí están la patronal y la banca moldeando el BOE a su medida. La campaña electoral que ahora termina ha sido un ejercicio de hipocresía y falsedad para consumo interno en Génova y Ferraz.

Se impone reflexionar sobre la relación ciudadana con las urnas en un ambiente de hambre, goles y medias verónicas, como en los mejores tiempos de los amañados plebiscitos franquistas. A falta de conocer los programas para Europa del PP y del PSOE, silenciados los demás, se impone una reflexión a fondo sobre España y su representación política. No se ha de olvidar que el bipartidismo español es una sucursal del europeo con olor a castiza fritanga e incienso rancio.

Reflexionemos sobre la conveniencia de votar a la Gürtel o a los ERE, a las puertas giratorias de gaviotas y rosas sin puño, a privatizadores o derrochadores, a pésimos gestores azules o colorados. Una reflexión sobre la corrupción institucionalizada es un ejercicio que produce bilis en lugar de sudor, democráticas agujetas e hipertrofia ideológica. Sobres, sobresueldos, comisiones, donaciones, nepotismo, sobrecostes, adjudicaciones… demasiado doping, una olímpica estafa.

Reflexionemos sobre la reforma del artículo 135 de la constitución, sobre el rescate de la banca y la endorfina de Botín, sobre el rescate de las autopistas de peaje de Bankia o Florentino Pérez. Una reflexión sobre las burbujas financiera e inmobiliaria alumbrará el túnel y mostrará cadáveres sanitarios, educativos o asistenciales dejados por las mafias rescatadas. La ciudadanía, las víctimas, ha salvado a los delincuentes, la ciudadanía que votó a quienes dictaron y ejecutaron su condena.

Reflexionemos sobre las reformas laborales, sobre abolición de derechos, devaluación de salarios, escalada del paro, arbitrariedad horaria, beneficios del IBEX 35, movilidad exterior o jubilación más que arrugada. Una reflexión sobre la vida laboral es una lección de historia desde el faraón egipcio hasta Los santos inocentes de Delibes, de barcos negreros y mercados de esclavos, del África colonial o del algodón de Luisiana. Juan Rosell y Juan Roig piden barra libre y el bipartidismo sindical ha entregado a Ned Ludd.

Reflexionemos sobre la justicia y su idilio policial, sobre excarcelación de narcos y represión social, sobre tasas a la inocencia, condenas uterinas, desprecios de cunetas o amparos a torturadores. Una reflexión sobre Gallardón y Fernández Díaz es una marea de lágrimas y miedos virtuales, temor a la libertad de expresión, horror fronterizo de ahogos y cuchillas, un atentado a la libertad. El pueblo que los refrenda es cómplice de su propia criminalización.

Reflexionemos sobre el aire fresco, sobre agua cristalina, sobre fuego purificador, sobre la tierra, la calle. Una reflexión sobre alternativas a tanto fango, podredumbre y hedor es la única vía al optimismo y la esperanza que ha dejado la campaña electoral. El bicéfalo pensamiento único tiene miedo. Lo piensan y sienten Cañete y Jáuregui. Dice éste que los partidos minoritarios “nunca han acreditado nada” y le responde el bloguero de trinchera Juan C. Romero: “el problema, Jáuregui, es que los grandes sí lo han acreditado y lo que han hecho no nos gusta”.

IU, Podemos, Primavera Europea y otros: malos para ellos, bueno para el pueblo. Abstención: buena para ellos, mala para el pueblo.

 

Balas para la democracia

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Comparar unas muertes con otras es entrar en un maniqueísmo que aparta al ser humano de la razón y la objetividad dejándolo a los pies del sentimiento, algo nada recomendable. La muerte de una persona, de cualquiera, suele despertar filias, fobias o indiferencia, que acechan ocultas esperando su momento, normalmente desde la intimidad familiar o la proximidad afectiva y social de la persona fallecida. Se aparta de la normalidad, aunque no de lo cotidiano, hacer de la muerte un espectáculo de consumo.

El asesinato de Isabel Carrasco, como el de los niños Ruth y José, como el de Marta del Castillo y tantos otros, ha ocupado, para vergüenza de este país, la pista central del circo político y mediático. Esta sociedad, la nuestra, vuelve a asistir a un ejercicio de necrofilia ideológica practicado por quienes no se cansan de usar cadáveres para captar votos. Dijeron, con dignidad mistificada, los dos grandes partidos que detendrían sus campañas y se han dado un baño publicitario.

El asesinato de la multipresidenta leonesa tiene todos los ingredientes para competir en las librerías con Montalbán, Camilleri, Larsson, Hammett, Chandler, Highsmith o Márkaris. Sin embargo, la mediocre intelectualidad que nos rodea ha rendido homenaje a Escupiré sobre vuestra tumba quedándose sólo en el título proscrito de Boris Vian. La pandereta ha vuelto a sonar y la charanga ha vuelto a desafinar en España, a mayor gloria de Machado, donde de diez cabezas una piensa y nueve siguen embistiendo.

La derecha mediática, incapaz de vincular el caso Carrasco con Gordillo o Bildu, por ejemplo, ha embestido contra enemigos fuertemente armados como El Jueves, Wyoming o la PAH. Cornadas en toda regla a la femoral de la inteligencia, ciegos disparos en las tapias del cementerio democrático en que este país va camino de convertirse. No es nuevo. Llevan demasiado tiempo dibujando dianas sobre toda figura que no comulgue con su pensamiento único.

A la derecha política le ha vuelto a salir el tiro por la culata. En la escena del crimen no se han encontrado indicios participativos de comunistas, radicales o violentos perroflautas, sino huellas de gaviotas azules ahítas de dinero y de poder. La habilidad carroñera del PP, ágil como una serpiente y eficaz como un escorpión, ha dado la vuelta, una vez más, a la situación y ha fijado el punto de mira del pelotón de fusileros en las redes sociales.

El comando Génova-Ferraz descerrajó un tiro en la nuca de todos los españoles modificando el artículo 35 de la Constitución. La banca, a punta de hipoteca, preferentes y otras sofisticadas armas, ha atracado y atraca a cientos de miles de familias, manchado de sangre y sesos desparramados algunas aceras del país. La reforma laboral y la sanitaria han supuesto un repunte para el sector funerario. Y ahora, aprovechando magistralmente el asesinato de León, PP y PSOE pretenden secuestrar al país en una suerte de zulo tecnológico.

Todo apunta a que España va camino de convertirse en un país comunista como China. El incalificable Gallardón abatió con certera bala la Justicia Universal para ocultar crímenes nacionales y foráneos. Salarios y derechos laborales han volado por los aires tras la reforma lapa de Báñez. Y, a imagen del comunismo capitalista chino, la banda bipartita pide dinamitar las redes sociales como culpables de una violencia de cuya responsabilidad se eximen. Puede Fernández Díaz acosar, espiar y castigar a disidentes con su católica conciencia tranquila, el cielo compensará su virginal medalla.

 

22 M: del blanco y negro al color de la dignidad

television

España ha vuelto al blanco y negro en apenas dos años. El sepia ha unificado la diversidad cromática y paulatinamente ha trocado los tonos ocres por una escala de gris salpicada de gránulos que distorsionan la realidad. Se ha pasado de la retina de plasma a un tosco cristal rescatado del baúl de los recuerdos, rayado por el sobreuso y de transparencia deficitaria. La ciudadanía no acierta a interpretar lo que se muestra ante sus ojos manipulados.

monasteriosEs larga la nómina de ministros y altos cargos empeñados en exhibir el presente a través de las vidrieras sacrosantas de sus credos religiosos. Así, evocan a la virgen del Rocío en el Monasterio de Trabajo, a santa Teresa de Jesús en el Monasterio de Interior o al mismo Dios en el Monasterio de Justicia. El Monasterio de Educación concentra esfuerzos en la evangelización y españolización de la infancia y la juventud.

Por las calles vuelven a desfilar ropas remendadas, cuerpos esculpidos por la dieta Carpanta, rostros plomizos y manos ociosas por falta de horizontes dignos. El patrón observa, desde el centro de la plaza, el cortejo suplicante de obreros devaluados de donde escogerá provisionalmente a unos cuantos para incrementar sus ganancias. La vida de las personas vuelve a depender de jornales arbitrarios, injustos, escasos, al albur de empresarios con el corazón blindado y de apertura retardada, acaso imposible.

gallardonLos machadianos equipajes, ligeros, casi desnudos, apreciados lejos de la frontera, dejan el país y con ellos músculo joven, productiva maña y seseras bien formadas, las mejores en muchas décadas. España envejece en edad y esperanza, dejada a su suerte, ante quienes estafan, por quienes gobiernan, roban y engañan. A quienes se marchan, desdén, olvido y cicatería; arbitrios, látigo y embudo para quienes se quedan. Y a quienes arriesgan la vida por compartir la miseria, a este lado de la valla, disparos, cortes y agua.

crucifijoLa dignidad también marcha, silenciada, temida y a la vez amenazada, otra vez a tomar la plaza, de nuevo a levantar la voz agotada de no ser escuchada. Otra jornada de rendida protesta, de compleja reivindicación, de inconformismo fatigado, esta vez acechada por la Ley de Seguridad Ciudadana, la Ley Mordaza. En formación de combate están Fernández Díaz, Cifuentes y la artillería mediática; es así como luchan contra la pobreza, en Ceuta o en Atocha, con la porra en la mano, la multa en el programa y la mentira cargada.

Este nuevo tiempo de grises, de descoloridas banderas, de oscuras y planas conciencias, necesita vida, un estallido de pirotecnia social que dé color a tanto pasado recuperado desde Moncloa. Allí saben, públicamente lo agradece Rajoy, que el silencio es falta de color en las ideas, daltonismo solidario y dependencia del mando a distancia. La vida está en la calle, al alcance de cualquiera que no se resigne a morir entre lamentos y desganas. Hay que vivir, hay que tomarla.

mantillasEn esta época de negros maletines, negras mantillas, negros tricornios y negras sotanas, hay que exigir color, desterrar el sepia como única salida pigmentada. Faltan voces en los coros, muchas, y cuerpos paseando, para enseñarlas, sus necesidades y miserias, para visibilizarlas. Con toda seguridad, el 22 de marzo recorrerán las calles de Madrid más motivos, muchos más, que personas, personas que aún conocen la dignidad, que mantienen la esperanza de una realidad de colores naturales, humana.

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