Alguien busca una nueva guerra civil

pistola

“No hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia y a la Patria”. 1933. Discurso fundacional de Falange de José Antonio Primo de Rivera

Las armas son instrumentos con una sola finalidad: matar. Un arma que no mata es un utensilio inútil. La industria armamentística es la industria de la muerte. La ideología de las armas tiene el asesinato por bandera.

Cualquier excusa que busque justificar el uso de las armas no deja de ser un sofisma para encubrir una voluntad asesina. Cualquier defensa de las armas es la defensa de la muerte. Los defensores de las armas son criminales en potencia.

Un partido político que exige la presencia de las armas en la vida cotidiana, es un partido en clara connivencia con la violencia como articulación del estado de derecho. Un partido que exalta el pistolerismo es una seria amenaza para cualquier democracia. Un partido que manipula a los cazadores por tratarse de personas armadas es un peligro para la democracia. Un partido que reivindica a genocidas como Hitler, Franco y Mussolini es un riesgo inasumible para la democracia. Un partido que presenta en sus listas a militares afines al golpismo militar es una fatalidad para la democracia. Un partido que se acompaña de vehículos militares en sus mítines es una adversidad para la democracia. Un partido que agita conflictos creados por otros partidos afines es una calamidad para la democracia.

En ésas estamos, con un partido de pistoleros abiertamente fascistas ganando apoyos de una masa de votantes descerebrados. Un partido de pistoleros, sin cómplices que lo voten, no es nada. Un partido de pistoleros con millones de cómplices votantes es la vuelta al episodio más negro de la historia de España y de Europa.

La segunda guerra civil está en ciernes, promovida de nuevo por los mismos que provocaron la primera.


Varias horas después de publicar este artículo, leo con preocupación esta noticia publicada en la prensa en la que se puede ver el siguiente vídeo:

https://youtu.be/D_NhrufPUoQ

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Cristina Cifuentes, Madrid sin fuentes.

Antes de nada, Cristina, permíteme un desahogo personal: ¡eres muy, pero que muy, pesada!

No hay día que mis neuronas no reclamen una dosis de tranquimazin debido a que has abierto tu boca de par en par y has dejado salir en estampida tus ideas. No me intranquilizan tus palabras, Cristina, me intranquilizan tus ideas; o, mejor dicho, me intranquilizan las ideas que tus mentores te dejan anotadas cada día para que tires la piedra mientras ellos esconden la mano. Una mujer como tú está exenta de toda sospecha involucionista; como mucho, tu imagen con albornoz oriental ribeteado en fosforito da para acompañante de mafioso gordo y desaliñado o novia casual de Torrente. No te acaba de encajar el traje de golpista a pesar de tu destreza ordenando golpes.

Comprendo que la competencia feroz dentro de tu partido te exige estar en forma para ocupar la primera línea del fotocall y salir bien en la foto entre tus compañeros y compañeras que colaboran en la empresa de arruinar de forma coral a tu país y a tus conciudadanos. Te lo ponen muy duro Vidal Quadras (reclamando la intervención de la guardia civil como solución añeja, igual que vuestra ideología), Mayor Oreja (reclamando la clandestinidad, fuera de los focos de la democracia, para las actuaciones policiales), tu jefe Fernández Díaz (aplaudiendo la represión violenta y condecorando a las porras que más muescas muestran en su empuñadura), o Felip Puig (ese alumno aventajado que controla los bajos fondos catalanes). A pesar de todo, consigues brillar con luz propia y demostrar que el género femenino puede competir con el masculino en fuerza bruta.

Tu papel en el coro destructor de derechos es fundamental para que el resto de tu banda haga su trabajo con eficacia y rapidez. Tu director de orquesta es consciente de que el éxito de cada ministerio se basa en la imposición a las bravas de sus desvaríos y para ello es imprescindible acallar la voz de cualquier inocente que se atreva a denunciar la injusticia de sus políticas. Los medios de comunicación los tenéis controlados -o ellos os tienen controlados a vosotros, que ya no lo sé con certeza- y se encargan de manipular a la opinión pública para que se acepte como bondad el fuego eterno del infierno que estáis imponiendo.

Y por si falla algo, ahí estás tú, compitiendo de igual a igual con tu jefe el ministro. Que alguien protesta: ¡zas!, en toda la boca con una porra, con una pelota de goma o con una denuncia en la Audiencia Nacional a un septuagenario que se queja de vicio porque la pensión no le llega o a una joven, ligera de quejas, sin curro, sin casa y sin futuro. Eres toda una profesional, Cristina, una profesional con los ovarios bien puestos, las ideas represoras muy claras y un conocimiento exacto y exhaustivo del manejo de la tropa antidisturbios.

Tu última propuesta es admirable, digna de una persona perfectamente capacitada para manejar una situación límite que saca a la calle a cientos de miles de personas cada mes desde que tu partido manda en España. Modular las manifestaciones (sois imbatibles manipulando el lenguaje), Cristina, debe ser la solución ideal para salir de la crisis, y racionalizar el uso del espacio público es la panacea para la convivencia feliz y dichosa de todos los madrileños. La gente no tiene consideración ni otra ocurrencia que salir a la calle a protestar, como si así solucionasen algo. Las calles, las plazas y las fuentes de Madrid las pones a su disposición cada vez que hay motivos racionales y vitales como una final de fútbol, una concentración de kikos, una procesión, un desfile militar o un desfile papal.

Tienes razón, Cristina, la peligrosa ciudadanía descontenta, el enemigo, abusa de sus derechos constitucionales sin saber lo que hace ni lo que quiere. Para eso estás tú, Cristina, que todo lo sabes, menos contar manifestantes desafectos. Tú sabes lo que conviene al pueblo y por esto estás dispuesta a imponerle el silencio y la sumisión, a prohibirle hablar, mientras tu compañera Cospedal le recorta la representatividad parlamentaria, tu compañera Mato le ayuda a morir indignamente, tu compañero Wert le analfabetiza, tu compañero De Guindos le estafa y tu compañera Báñez reza por él.

Asesórate, Cristina, no te quedes corta y mira a ver si te autoriza tu partido a imponer el toque de queda y suprimir las libertades. Tu compañero Gallardón, entre misa y misa, encontrará un resquicio para que parezca legal. Sé que nos quieres y que lo haces todo por nuestro bien, pero te rogaría que no nos quisieras tanto y persuadieras a tu partido de que son sus actos los que incendian las calles. Sólo te falta que Democracia Nacional o Falange hagan en la calle el trabajo sucio de la policía ¿o ya lo tienes previsto?

Quieres cerrar las plazas, las calles y las fuentes a las protestas convirtiendo los hogares en guantánamos. Puedes hacerlo, Cristina, pero haciéndolo no desaparecerán las causas de las protestas y tú serás ante tu pueblo responsable de la política de tu partido y de nuestras desgracias. No creo que te importe.

La lengua viperina de Aznar

Según la gramática generativa de Noam Chomsky, cuando nos expresamos lo hacemos a dos niveles que el lingüista y pensador norteamericano define como estructura superficial y estructura profunda. La primera atiende a la forma física de una oración cuando la decimos o la escribimos, mientras la segunda atiende al significado de la oración, lo que realmente se quiere decir. Esta dicotomía explica los lapsus, los actos fallidos y los malentendidos que se producen con frecuencia en la comunicación. Los asesores de imagen de la clase política conocen el mecanismo y trenzan los discursos milimétricamente para que el subconsciente capte en su verdadera dimensión el mensaje que transmiten las palabras, su significado.

En este contexto, se deben analizar milimétricamente las palabras pronunciadas por Aznar, mercenario de Endesa y Rupert Murdoch además de ideólogo posfranquista del PP, para comprender en toda su extensión el mensaje que ha lanzado en el Foro Ambrosetti. Ha dicho Aznar que “los dos grandes problemas de España ahora mismo son el modelo de Estado, que no funciona y hay que reformar, y el estado de bienestar, que es insostenible” y que “España necesita modernizar el país, más flexibilidad y más disciplina”. La contundencia del mensaje, en su estructura profunda, y la precisa elección de los términos para su estructura superficial me hacen dudar de que recurra a la socorrida “matización” que todos los políticos emplean para desdecirse de sus palabras cuando arrecian las críticas.

El modelo de Estado. La estructura superficial del enunciado está calculada para agitar el creciente distanciamiento del pueblo hacia un estado de autonomías que ha dispersado territorialmente una corrupción y un despilfarro que en un estado centralizado serían los mismos pero centralizados. El PSOE y el PP han conseguido que se identifique la corrupción y el despilfarro con la descentralización y se señale a ésta como el mal a combatir en lugar de señalar a los políticos que se corrompen y despilfarran. La estructura profunda, el significado último, remite a la añoranza de la derecha española por un régimen, más que centralista totalitario, del que muchos de sus componentes mamaron su ideología, que asaltó un estado republicano (como la mayoría de los estados modernos europeos) con un golpe de estado, una cruenta guerra civil y una trágica posguerra. Hacia ahí nos empujan de nuevo.

El estado del bienestar es insostenible. La estructura superficial nos remite a esa cantinela neoliberal que, a fuerza de repetirla una y mil veces, ha calado en muchísimos españoles que ya piensan que han vivido por encima de sus posibilidades. Los rescates, sin embargo, atienden a la banca a costa de de la pérdida de derechos y logros por parte de la población civil. Los sacrificios que se nos exigen, incluida la vida, equilibran en la balanza los agujeros producidos por la gran estafa financiera. La estructura profunda apunta a un estado sin bienestar para la inmensa mayoría, apunta a la esclavitud, el hambre, la enfermedad y el analfabetismo como estado sostenible para el pueblo. Ese es el mensaje: para que exista un 10% de ricos es imprescindible que haya un 90% de pobres. Eso sí es sostenible.

Más flexibilidad. La estructura superficial es un axioma de la CEOE que lleva toda la vida reclamando flexibilidad para crear empleo, pero la realidad enseña que cuanto más se han flexibilizado las condiciones laborales más empleo se ha destruido. Puro neoliberalismo. La estructura profunda, el mensaje, es flexibilizar hasta quebrar la cintura, hasta alcanzar la excelencia contorsionista que muestra la economía esclavista china, la más competitiva del planeta, el modelo a seguir.

Más disciplina. La estructura superficial puede llevar a pensar que se trata de control, supervisión o constancia, valores positivos para la fuerza de trabajo y cualquier otra actividad humana, todo ello poniendo mucha voluntad para aceptar que se refiere a eso. La estructura profunda deriva la disciplina a un discurso donde la fuerza se impone a la razón, el castigo suple al aprendizaje y la represión se eleva sobre la libertad. No entiendo la utilización de este término en un contexto diferente al autoritarismo y el caudillismo tan del gusto de Aznar.

Por cierto, los cuidadores de su lenguaje pertenecen a la FAES que él dirige y todos pagamos de nuestros bolsillos vía impuestos y subvenciones. Una auténtica y “moderna”, como él dice, Falange de las J.O.N.S.