Tontos del VOTE

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En los momentos cruciales de la vida, el español se distancia de tópicos y estereotipos malintencionados que pretenden situarlo en la órbita de la dejadez, la irresponsabilidad y lo cateto. España es, en estas semanas decisivas para su futuro, un congreso matemático de máximo nivel mundial, un simposio de infalibles analistas, una convención de estrictos pensadores. Somos la envidia y la admiración del mundo.

Ríase del informe PISA. La realidad española es la de un país de domadores de calculadoras, expertos en ecuaciones, catedráticos de algoritmos y doctores en trigonometría. Cualquier persona de este país es capaz de resolver, sin consultar chuletas, sin computadora, sólo con la adiestrada memoria de su cerebro, cualquier variable que se produzca en la estructura algebraica de la liga de fútbol. La vida del español medio es redonda y hueca como un balón: liga, finales europeas y mundial.

Entre tanto talento, trata de hacerse hueco el costumbrismo español, tan alejado de la ciencia y el pensamiento como cercano a la tragicomedia. Las elecciones europeas perdieron el interés de la afición en su primera edición, entre otras causas porque ningún partido se ha preocupado por explicar que las políticas que nos afectan se deciden en Europa y que el parlamento español sólo decide sobre complementos y no sobre trajes o vestidos.

Los medios de comunicación, copados por la actualidad futbolera, temen mostrar a los Tontos del Vote (a PP o a PSOE) que provocan el rechazo de la audiencia, un cambio de canal y pérdida de ingresos publicitarios. Dar cancha a Cañete y Valenciano, tratando de demostrar que no son lo mismo o pontificando que no votar a sus partidos es el caos, hace huir al espectador. Dar cancha a otras alternativas para que el público elija su voto con criterio va contra los intereses del monopolio político e informativo.

Las prioridades son las prioridades y el pueblo no está dispuesto a quemar seseras porque el “todos son iguales” exime de pensar y cada neurona es indispensable para saber quién ganará la liga y quién bajará a segunda división. La mayoría optará por la abstención, la más cómoda y eficaz forma de apoyar al bipartidismo, o entregarles el voto directamente, la más evidente y contundente forma de masoquismo y derrota social.

La conveniencia de votar a otras formaciones es evidente, un ejercicio de responsabilidad democrática, a la vista del miedo que expresan los candidatos mayoritarios cuando apelan al voto útil para ellos. Son iguales PP y PSOE, tan iguales y temerosos de perder su supremacía que ambas formaciones no dudan en proponer una grosse koalition, un ejercicio de desvergüenza democrática, ya ensayado en Alemania, que Arias Cañete y Felipe González enarbolan sin pudor tratando al electorado como tonto del vote.

La base de datos de los españoles, capaz de almacenar y procesar peso, estatura, minutos jugados, goles marcados o recibidos, lesiones, tarjetas rojas o amarillas, fueras de juego o cualquier dato referido a los dioses del balón, es reacia a conocer y procesar el programa de cualquier partido presente en las cabinas electorales. Lo importante para el electorado no es elegir a quien decidirá su futuro, lo esencial es ganar la liga, las champions o el mundial en un país de tontos del vote.

 

El boulevar ibérico

Gamonal

Mientras políticos y banqueros entiban el canal de Panamá, el vecindario de un barrio obrero, con mayoría de votos a la derecha, está a punto de dinamitar la prima de riesgo. Dice Soraya que la recuperación “no casa” con las protestas sociales y lleva razón, porque Gamonal es un barrio viudo de sus derechos sin boda posible. Lo que temen Soraya y Valenciano, los usurpadores de la política, es que Gamonal reclama el derecho del pueblo a decidir en una democracia, que sí se puede.

España se ha reconocido en un barrio porque ese bulevar es un tramo del que recorre cada rincón del país como un sistema sanguíneo capilar. Cada ciudad, cada barrio, cada pueblo, cada aldea y cada pedanía tienen un constructor de cámara, un negociador alcalde, un policía municipal, una trapisonda y su trozo de bulevar. El modelo Gil y Gil es el vigente. ¿De qué sirve un Ayuntamiento si se puede gobernar desde el Club Financiero? El resultado es el mismo.

No hay miedo a contenedores ardiendo o a escaparates rotos, no hay miedo a comandos itinerantes o a capuchas desarmadas, los gobernantes saben que son milésimas porcentuales magnificadas y manipuladas. Y el pueblo también. Hoy, los miedos a la contundencia del poder uniformado están en clara desventaja respecto a la necesidad ciudadana de gritar para ser escuchada. Gamonal ha sacado a la calle a vecinos burgaleses, madrileños, granadinos, sevillanos logroñeses, ovetenses o vallisoletanos, vecinos de bulevar.

El miedo a la palabra ha sorprendido al partido del gobierno, desbordado y desnortado, atendiendo los focos prendidos desde Génova; sabe que el bulevar que les separa del pueblo está construido con cemento, desprecio y rapiña, una mezcla explosiva. Javier Lacalle y su PP han aprobado en una tarde la continuidad de las obras y su paralización definitiva, sintiendo bajo sus pies el calor de una imaginaria mecha. A 250 kilómetros de Gamonal, Botella y Cifuentes pelean como gatas a cuenta de un bombero que apagaba una llama burgalesa en Madrid.

El aparato propagandista del régimen ha quemado las fotos de Beirut en llamas como ilustración de las protestas en España. Ya nadie les cree, ni a unos ni a otros. Fraga perdió la calle siendo ministro de Gobernación y vicepresidente franquista. Aznar perdió la calle con mentiras de plastilina y sangre irakí. Rajoy va camino de perder la calle por las mismas esquinas que sus antecesores. La calle no era de Fraga, ni es de Fernández Díaz, ni de policías armados: era, es y será del pueblo cuando la toma y la prefiere a un bulevar.

Destaca, y quizás explique el giro a la derecha de los barrios obreros, el hecho nada sorprendente de que también el PSOE llevaba un bulevar en cada programa electoral. Con los cambios de gobierno siempre gana el donante donado, sobre todo si, amén de constructor, como Méndez Pozo, es amo de un medio de comunicación. Mire a Berlusconi, a Florentino, a Lara, a la Gürtel, a Bárcenas, a los ERE, al Palau, a la cosa real, personas y aconteceres que transitan por la zona ancha del bulevar ibérico dejando tras sus pisadas regueros inflamables.

España busca héroes para mitigar las derrotas de su población con imposibles sueños a los mandos de un Ferrari, manejando una raqueta o pateando un balón. Gamonal demuestra que no son incompatibles las pasiones con las necesidades, que se puede luchar antes o después de atender a los héroes de ficción y ser héroes anónimos. España lo sabe, los poderes lo saben, de ahí el miedo a que arda entero el bulevar y que se prefieran las porras a las mangueras para sofocar el incendio. Usar el miedo para combatir su miedo es un preludio del terror, más gasolina al fuego.