Reflexión electoral

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El desafecto ciudadano por la política es una evidencia empírica con causas bipartidistas y efectos aún más bipartidistas. No es que la ciudadanía se haya alejado de la política, ahí está la contestación del pueblo en las calles, sino que los políticos se han distanciado de la realidad social, ahí están la patronal y la banca moldeando el BOE a su medida. La campaña electoral que ahora termina ha sido un ejercicio de hipocresía y falsedad para consumo interno en Génova y Ferraz.

Se impone reflexionar sobre la relación ciudadana con las urnas en un ambiente de hambre, goles y medias verónicas, como en los mejores tiempos de los amañados plebiscitos franquistas. A falta de conocer los programas para Europa del PP y del PSOE, silenciados los demás, se impone una reflexión a fondo sobre España y su representación política. No se ha de olvidar que el bipartidismo español es una sucursal del europeo con olor a castiza fritanga e incienso rancio.

Reflexionemos sobre la conveniencia de votar a la Gürtel o a los ERE, a las puertas giratorias de gaviotas y rosas sin puño, a privatizadores o derrochadores, a pésimos gestores azules o colorados. Una reflexión sobre la corrupción institucionalizada es un ejercicio que produce bilis en lugar de sudor, democráticas agujetas e hipertrofia ideológica. Sobres, sobresueldos, comisiones, donaciones, nepotismo, sobrecostes, adjudicaciones… demasiado doping, una olímpica estafa.

Reflexionemos sobre la reforma del artículo 135 de la constitución, sobre el rescate de la banca y la endorfina de Botín, sobre el rescate de las autopistas de peaje de Bankia o Florentino Pérez. Una reflexión sobre las burbujas financiera e inmobiliaria alumbrará el túnel y mostrará cadáveres sanitarios, educativos o asistenciales dejados por las mafias rescatadas. La ciudadanía, las víctimas, ha salvado a los delincuentes, la ciudadanía que votó a quienes dictaron y ejecutaron su condena.

Reflexionemos sobre las reformas laborales, sobre abolición de derechos, devaluación de salarios, escalada del paro, arbitrariedad horaria, beneficios del IBEX 35, movilidad exterior o jubilación más que arrugada. Una reflexión sobre la vida laboral es una lección de historia desde el faraón egipcio hasta Los santos inocentes de Delibes, de barcos negreros y mercados de esclavos, del África colonial o del algodón de Luisiana. Juan Rosell y Juan Roig piden barra libre y el bipartidismo sindical ha entregado a Ned Ludd.

Reflexionemos sobre la justicia y su idilio policial, sobre excarcelación de narcos y represión social, sobre tasas a la inocencia, condenas uterinas, desprecios de cunetas o amparos a torturadores. Una reflexión sobre Gallardón y Fernández Díaz es una marea de lágrimas y miedos virtuales, temor a la libertad de expresión, horror fronterizo de ahogos y cuchillas, un atentado a la libertad. El pueblo que los refrenda es cómplice de su propia criminalización.

Reflexionemos sobre el aire fresco, sobre agua cristalina, sobre fuego purificador, sobre la tierra, la calle. Una reflexión sobre alternativas a tanto fango, podredumbre y hedor es la única vía al optimismo y la esperanza que ha dejado la campaña electoral. El bicéfalo pensamiento único tiene miedo. Lo piensan y sienten Cañete y Jáuregui. Dice éste que los partidos minoritarios “nunca han acreditado nada” y le responde el bloguero de trinchera Juan C. Romero: “el problema, Jáuregui, es que los grandes sí lo han acreditado y lo que han hecho no nos gusta”.

IU, Podemos, Primavera Europea y otros: malos para ellos, bueno para el pueblo. Abstención: buena para ellos, mala para el pueblo.

 

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Tontos del VOTE

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En los momentos cruciales de la vida, el español se distancia de tópicos y estereotipos malintencionados que pretenden situarlo en la órbita de la dejadez, la irresponsabilidad y lo cateto. España es, en estas semanas decisivas para su futuro, un congreso matemático de máximo nivel mundial, un simposio de infalibles analistas, una convención de estrictos pensadores. Somos la envidia y la admiración del mundo.

Ríase del informe PISA. La realidad española es la de un país de domadores de calculadoras, expertos en ecuaciones, catedráticos de algoritmos y doctores en trigonometría. Cualquier persona de este país es capaz de resolver, sin consultar chuletas, sin computadora, sólo con la adiestrada memoria de su cerebro, cualquier variable que se produzca en la estructura algebraica de la liga de fútbol. La vida del español medio es redonda y hueca como un balón: liga, finales europeas y mundial.

Entre tanto talento, trata de hacerse hueco el costumbrismo español, tan alejado de la ciencia y el pensamiento como cercano a la tragicomedia. Las elecciones europeas perdieron el interés de la afición en su primera edición, entre otras causas porque ningún partido se ha preocupado por explicar que las políticas que nos afectan se deciden en Europa y que el parlamento español sólo decide sobre complementos y no sobre trajes o vestidos.

Los medios de comunicación, copados por la actualidad futbolera, temen mostrar a los Tontos del Vote (a PP o a PSOE) que provocan el rechazo de la audiencia, un cambio de canal y pérdida de ingresos publicitarios. Dar cancha a Cañete y Valenciano, tratando de demostrar que no son lo mismo o pontificando que no votar a sus partidos es el caos, hace huir al espectador. Dar cancha a otras alternativas para que el público elija su voto con criterio va contra los intereses del monopolio político e informativo.

Las prioridades son las prioridades y el pueblo no está dispuesto a quemar seseras porque el “todos son iguales” exime de pensar y cada neurona es indispensable para saber quién ganará la liga y quién bajará a segunda división. La mayoría optará por la abstención, la más cómoda y eficaz forma de apoyar al bipartidismo, o entregarles el voto directamente, la más evidente y contundente forma de masoquismo y derrota social.

La conveniencia de votar a otras formaciones es evidente, un ejercicio de responsabilidad democrática, a la vista del miedo que expresan los candidatos mayoritarios cuando apelan al voto útil para ellos. Son iguales PP y PSOE, tan iguales y temerosos de perder su supremacía que ambas formaciones no dudan en proponer una grosse koalition, un ejercicio de desvergüenza democrática, ya ensayado en Alemania, que Arias Cañete y Felipe González enarbolan sin pudor tratando al electorado como tonto del vote.

La base de datos de los españoles, capaz de almacenar y procesar peso, estatura, minutos jugados, goles marcados o recibidos, lesiones, tarjetas rojas o amarillas, fueras de juego o cualquier dato referido a los dioses del balón, es reacia a conocer y procesar el programa de cualquier partido presente en las cabinas electorales. Lo importante para el electorado no es elegir a quien decidirá su futuro, lo esencial es ganar la liga, las champions o el mundial en un país de tontos del vote.