Podemos y debemos: Ganemos

elgrito
Oswaldo Guayasamín. El grito I, II y III. Óleos sobre tela. 1983.
“¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mesmos!” Lázaro de Tormes

La izquierda adolece de defectos, no es divina, pero cuenta con grandes virtudes, es humana. A lo largo de la historia, la derecha ha basado su hegemonía en el enunciado “Divide y vencerás”, utilizado, desde Julio César hasta Napoleón, por quienes han cimentado su dominio político en explotar las debilidades del rival y no en sus propias fortalezas. La historia, convertida así en temporal sucesión de fracasos, se torna oscura, triste, plagada de muerte y opresión cuando la urgencia del poder no ha tenido espera y se ha optado por la aniquilación violenta del rival.

Una de las principales virtudes de la izquierda ha sido, y es, su capacidad de diálogo y el continuo debate entre diferentes sensibilidades que la alejan del pensamiento único imperante en la derecha. Una de sus virtudes y tal vez uno de sus defectos. La historia es un muestrario ilustrado de discrepancias y desavenencias en la izquierda, un collage de matices, una paleta de tonos y semitonos, un diccionario de sinónimos, que han ahorrado a su rival la tarea de dividirla para gobernar e imponer sus postulados con escasa y poco eficaz resistencia.

Uno de los peores defectos de la izquierda ha sido, y es, observar el poder como fin en sí mismo, mimetizando algunos modos y vicios con que la derecha lo ejerce y llegando al despropósito de pactar cogobiernos parcelando áreas de responsabilidad como se parcela una pizza antes de hincarle el diente. Es así como la izquierda transformadora se muestra, en cogobiernos autonómicos, ayuntamientos o diputaciones, como izquierda conservadora que da soporte, y a veces practica, a corruptelas, clientelismos o políticas poco sociales de rivales aceptados como socios. Es así como la sociedad la encuaderna en el mismo tomo que a las derechas en cuya portada luce el título de “Todos los políticos son iguales”.

Autodescartado el PSOE como página de la izquierda, Izquierda Unida se ha topado con una letra propia que, interpretada por la ciudadanía desde el 15 M, hoy le cuesta trabajo reconocer y leer. La movilización ciudadana en contra de la OTAN dio lugar en Andalucía a una propuesta integradora de sensibilidades de izquierda en una coalición, IU, donde la suma invirtió el tradicional proceso de división convirtiéndola en un rival político a tener en cuenta por las derechas. La eficaz estrategia hizo que la fórmula se extendiera al resto del país y llegó a ser para el PSOE una preocupación mayor que el propio Partido Popular. De nuevo los matices, los tonos y los sinónimos compusieron un discurso de parvulario para consumo propio y se acomodaron bajo un techo electoral insuficiente.

La autosuficiencia de IU –cegada por la subida en las encuestas–, cuando don nadie le propuso coalición para las europeas, le impidió ver que don nadie son las pancartas y los gritos de los colectivos sociales, le impidió recordar su propio origen y su olvidada razón de ser. Tras las europeas, el aparato de IU está desconcertado por la sangría de votos y de fuerzas que don nadie le ha provocado. Don nadie carece de nombre, de coleta y silla de ruedas, don nadie son millones de personas que ocupan las plazas y las calles de España, que protestan y buscan una izquierda sin más hipoteca ideológica que no dejarse vencer de nuevo por las derechas, sobrevivir a ellas.

¿Será capaz IU, poco margen le queda, de renunciar a un cogobierno andaluz donde brillan con luz propia su nula iniciativa contra la corrupción, la humillación ante los modos caciquiles de Susana Díaz y el destierro de su programa?. Como pollos sin cabeza, Lara, Valderas y Centella exteriorizan su nerviosismo, como si escaños y cargos agitaran sus lenguas, un día cargando contra Podemos con argumentario de derechas y al siguiente proponiendo alianzas y confluencias, un día apostando por el futuro y al siguiente reivindicando el pasado. Debe rescatar IU el papel fundacional que el maestro Anguita asignó a la coalición, el mismo que hoy sigue vigente sin que la vista cansada de sus dirigentes acierte a interpretarlo. No se puede construir una escuela con más maestros que alumnado.

La calle opina que podemos sumar; en IU deberían pensar que debemos. Si podemos y debemos, Ganemos.

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Las bodas de San Telmo

matrimonio

Sobre los contratos nupciales, además de los contrayentes, suele opinar casi todo el entorno familiar y de amistades de forma racional y visceral según conviene. La vida en pareja no es tal cuando la realidad rebasa con creces el número 2 en lo público y, de forma terminal, en lo privado. Preguntas lacerantes son ¿estoy casada con el trabajo?, ¿estoy casado con suegros y cuñados?, ¿con la peña deportiva?, ¿con la camarera cotidiana?, ¿con el vecindario? Respuesta recurrente es mirar hacia otro lado.

Tras las últimas elecciones andaluzas hubo urgente emparejamiento forzado por la asimetría aritmética de la voluntad popular. Todo el mundo puso reparos a la coyunda, los propios novios incluidos, hasta que se firmó el contrato. En ese momento los reparos dieron paso a los augurios sobre la duración del apaño y a especulaciones sobre desavenencias evidentes, reales o fantaseadas, que para todo hay lenguas y mentes dispuestas.

El novio Griñán, como el pretendiente Arenas, uno por escándalo, el otro despechado, abandonaron el hogar buscando la protección aforada de sus padres. Todo quedaba en familia, pues, como es norma en este país, el expresidente de los EREs lo dejó todo atado y bien atado. Un añoso Valderas, enemigo de la soltería, aceptó que Susana Díaz, hija favorecida, ocupase el hueco dejado por su padre político. Más escándalo, más opiniones, más augurios, menos pareja, otro apaño.

Como todas las parejas, han organizado la casa, han ido al supermercado, han conversado, han hecho sus tareas y algún golpe sobre la mesa se ha escuchado. Con algunos altibajos, “lo normal” según las abuelas, conviven bajo el mismo techo en alcobas separadas porque es el interés y no el amor quien hace latir sus corazones. Las habitaciones separadas suelen ser el preludio de calor adúltero debajo o alrededor de las sábanas.

La familia de IU, históricamente repudiada por la del PSOE, lleva desde el himeneo conviviendo con la incertidumbre de Cenicienta en los salones de palacio. “¿Qué haces tú aquí?” –le preguntan y se pregunta de forma cotidiana– ¿Por qué este idilio sin amor? ¿Hasta cuando?”. IU ha tomado una decisión y la ha ejecutado bajo su responsabilidad dando techo a la Utopía. La prudencia aconseja analizar leyes y sentencias para emitir un veredicto ponderado, virtud que los entornos tienen por uso no practicar.

Toda ética requiere una estética si se pretende evitar cotilleos y cizañas y ahí ha fallado Elena Cortés, tomando una decisión sin explicarla con imprescindible claridad. La estética, en este caso, hubiese sido un bálsamo eficaz para que la medida tomada se hubiese mostrado tal y como es y no como un feo a la inquilina de la alcoba de enfrente. En IU se han recordado que el pacto incluía 250 medidas y 28 leyes, éstas últimas todas sin aprobar.

Flirtear con los entornos produce calentones de difícil extinción y las hormonas socialistas se agitan cuando le tocan su fibra liberal. Susana Díaz tiene el cuerpo entregado a San Telmo, pero su pensamiento y su corazón laten y rigen al son de Emilio Botín y del sagrado bipartidismo. Tal tropel de amantes por su alcoba en los últimos meses, tanta gente fingiéndole amores, la ha llevado a firmar un decreto para devolver las competencias a quien ella consideró hace un par de jornadas galán infiel. Hasta Juan Manuel Moreno se ha ofrecido para calentar lo que considera “su” cama.

El desahucio de la Corrala se ha ejecutado por sentencia que obliga a los poderes públicos a hacerse cargo de esas familias. El alcalde Zoido les negó derechos y caridad. La catedral de Sevilla les cerró la casa de Dios. La consejera Cortés atendió a la justicia ordinaria y a la social. España lo vio un escándalo previo a una separación forzada, una oportunidad para la Grossen Koalition del corrupto bipartidismo liberal de PP y PSOE, de otra parte el más natural de los emparejamientos posibles hoy.