España necesita más políticos.

La estrategia de desprestigio de la representatividad democrática desplegada por el PP persigue, sin duda, crear un estado de opinión que propicie la profesionalización definitiva de la política y el control del estado por unas siglas o por otras (PP/PSOE) en apariencia democráticas.

Apoyándose taimadamente en movimientos ciudadanos como el 15M o DRY, cuyas protestas se centran en la no representatividad de la clase política actual, y usando demagógicamente algunas de sus consignas, la avanzadilla conservadora se apresta a señalar que en España sobran políticos. Es el paso previo a la reducción de su número, ya anunciada por la vicepresidenta con la intención de eliminar un 30% de los concejales, y la consiguiente reducción del pluralismo político en este país. La peligrosa Aguirre y el escudero Feijoo han puesto sobre el tapete la idea de que sobran diputados autonómicos, de que sobran las autonomías, de que sobra la pluralidad, de que el pensamiento único es el camino.

Para lograr la complicidad ciudadana en esta vuelta hacia un estado monocolor y despótico, no dudan en propagar leyendas urbanas, falseando datos a la medida de sus propósitos, que son expandidas por las redes sociales por gente de toda condición ideológica. Es lo que ha sucedido con la difusión de una tabla donde aparecen desglosados los 445.568 políticos que, según sus autores, hay en España, más del doble que en cualquier democracia europea. El dato, así, eriza los vellos de la ética y la decencia y produce un sentimiento de estafa generalizado que provocará el aplauso y el voto mayoritario a quien prometa cargarse de un plumazo una democracia aún no comprendida por parte de la población española. Difama, que algo queda.

La tabla de marras contiene datos inexactos (incluye 34 senadores y diputados de más, por ejemplo) que la mayoría de la gente no ha leído más allá de la suma total ni, mucho menos, contrastado o interpretado, a pesar de lo cual ha calado hondo en una población que esgrime la desproporción como argumento incontestable para demostrar que sobran todos los políticos.

Pues bien, tras la lectura pausada de los datos, se debe señalar que en el total se incluyen como políticos una serie de categorías (con las etiquetas de “cargos” y “políticos” adosadas para despejar dudas) que no se incluyen en la comparativa de otros países y que el sentido común rechaza nada mas leerlos. El largo listado pone bajo la sospecha de vivir de la política a personas tan dispares como, por ejemplo, alguna jefa de estación del tren, el cura Chamizo, D. Víctor García de la Concha, los conservadores de la cueva de Altamira, alguna fumadora, algún ludópata, algún rector de universidad, alguna gerente de hospital, carceleros, responsables del padrón, jefes de correos, bibliotecarias, quienes combaten el machismo, coordinadoras provinciales de transplantes, astrónomos y hasta el mismísimo capitán Pescanova.

Gente de todo el arco ideológico, desde falangistas confesos hasta anarquistas utópicos, difunde y comparte la dichosa información en las redes sociales y en los almuerzos a la hora de los postres. Tanto se ha repetido que se acepta como ignominiosa verdad.

Realmente, España necesita tantos políticos como sea posible. Políticos de verdad, participativos y comprometidos con la gestión de lo público, y no vividores profesionales de la política. De éstos últimos sí que estamos en disposición de exportar a Europa y al mundo entero.

España ya tuvo, durante cuarenta años, su particular experiencia de lo que es vivir en un país sin políticos. No caigamos en la tentación de repetir.

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Crisis y desFACHAtez.

Como muchas casas antiguas de rancio abolengo, este país tiene un desván donde se han ido guardando durante los últimos treinta años los muebles viejos (que no antiguos), algunos enseres que por un valor u otro nos resistimos a tirar y las nostalgias. Los desvanes son piezas que acumulan polvo, óxido y telarañas a modo de pátinas protectoras que consiguen envejecer aún más, con el tiempo, los objetos que cubren.

Como los viejos muebles de un desván, el partido del gobierno ha ido acumulando capas de acechanza sobre su intemporal ideología hasta que la crisis ha tocado zafarrancho de limpieza y los plumeros y sprays han comenzado a aplicarse con rigor para deshacerse de las molestas capas de democracia y moderación que la transición había acumulado sobre ella. Como una legión (más por la actitud que por el número) de sirvientes, los miembros del gobierno llevan ocho meses rasca que te rasca para hacer relucir su pasado explendor bajo la férrea dirección de la FAES, tal vez a modo de homenaje póstumo al fallecido cuerpo de su presidente de honor.

Llevan desde el 20N pasado entregados a una orgía de limpieza en la que la primera faena ha consistido en quitar de enmedio todos los muebles que trajo consigo la democracia para colocar los derechos de los ciudadanos, muebles cuyo destino es el vertedero inmundo del despotismo y derechos cuyo destino es una fosa común o una cuneta al borde de una carretera poco transitada por la memoria.

Como sucede con los muebles sucios, las tareas de limpieza suelen rescatar para la vista de quien quiera apreciarla la verdadera naturaleza de la madera con la que están fabricados. Así, poco a poco vamos contemplando el verdadero rostro, la verdadera faz, de personajes que estaban ahí, como quien no quiere la cosa, con varias capas de democracia ejerciendo de toscos maquillajes.

La faz de Aguirre, por ejemplo, apenas tenía una liviana capa de polvo que permitía vislumbrar su macizo componente de alcornoque desde mucho antes del 20N. Su último vómito verbal nos ha permitido conocer su dominio del castellano al utilizar la palabra mamandurria, de la que ella en sí misma es un claro exponente (y acreedora a otros vocablos que participan de la misma raíz latina, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua), para referirse al estado de miseria en que nos sumen cada día aquéllos a quienes ella defiende y por quienes se desvela cada día.

Pero hay un mueble cuya limpieza a fondo está dando unos resultados espectaculares y llama poderosamente la atención, pues lo teníamos por formica y, tras quitarle varias capas de polvo, estamos descubriendo que es caoba de la que amueblaba en tiempos el Palacio de El Pardo. Se trata de Gallardón, el “hijoputa” en palabras de la propia Aguirre, quien ha pasado de ser un “verso libre” a ser la recia literatura que escribió los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional. Su actuación desde que accedió a su ansiado y esperado rango de ministro así lo dejan ver.

Entre unas y otros han conseguido que las capas de suciedad azul gaviota, con que se habían cubierto estos muebles durante veinte o más años, vayan dejando ver que el verdadero azul de su lustre original tira más bien a un azul Primo de Rivera que tratan de actualizar con un barniz mate democrático que poco puede hacer para validar la pintura original en el mercado demócrata.

Un efecto llamativo y sangrante de la “operación limpieza” desatada desde Moncloa permite ver que otros muebles externos al desván también se están limpiando con el mismo fragor y parecidos resultados. Las actuaciones del ministro Wert en educación, de Montoro en hacienda, de Guindos en economía o de Ana Mato en sanidad están poniendo al descubierto que la iglesia, cómplicemente callada ante la crisis que fulmina a su rebaño, está recibiendo el pago a su colaboracionismo en la actual situación.

Sus esfuerzos para dar cobertura a las pocas manifestaciones en las que se han visto militantes y altos cargos del PP en la calle o el voto de silencio impuesto a los pocos curas y monjas opuestos a las reformas de Rajoy se están viendo pagados con treinta monedas entre las que relucen la mamandurria de 10.000.000.000 de euros que la Conferencia Episcopal recibe del estado, la mamandurria del profesorado de sus escuelas adoctrinantes a cargo de los presupuestos del estado (incluidos los adoctrinadores de la “asignatura” de religión), la exención del IBI para sus negocios (aparte de sus templos), la vista gorda sobre la punta del iceberg que es el robo de dinero -no declarado ni denunciado por el santo obispo- perpetrado por el electricista calixtino, la condena para quien libremente decida abortar o la miseria y la enfermedad que le permitirán ejercer la caridad.

Como vemos y sufrimos, los muebles viejos han vuelto con el mismo ardor guerrero de quienes nunca creyeron en los valores democráticos y la iglesia vuelve a demostrar que su reino sí es de este mundo y que no le importa que los mercaderes desalojen de los templos a los cristianos para instalar en ellos sus becerros de oro, aunque ello le suponga aliarse con el diablo, cosa que ya demostró con Mussolini, Hítler, Franco, Pinochet y cuantos “angelitos” se le han puesto a tiro a lo largo de su historia.

El beneficio es mutuo: unos llenan sus arcas y otros limpian sus pecados.

Como dios manda.

Izquierda Unida en el pesebre

Aparece en los medios de comunicación una noticia relacionada con nuevos casos de nepotismo practicados por la Junta de Andalucía. La noticia sería una más relacionada con esa lacra que aleja cada vez más a la ciudadanía de a pie de la casta política profesional si no fuera por el hecho de que, esta vez, quien la practica es Izquierda Unida, coalición que hasta hoy ha enarbolado la bandera de la transparencia y que se proclamó capitana de la lucha contra la corrupción.

En el preámbulo a la formación del gobierno de la Junta, el aire fresco pareció entrar por la ventana asamblearia que supuso la consulta a la militancia sobre la conveniencia o no de formar parte de un gobierno cuyo socio mayoritario nada en la corrupción y los oscuros manejos de la política de partido. El referendum propuesto a las bases no tenía la claridad necesaria, a imagen y semejanza del referendum sobre la OTAN, y nacía cojo al faltarle el debate necesario para dejar claras y meridianas las diferentes posturas que se barajaban.

Ganó la postura “oficial” de asumir el compromiso de gobierno. La postura fue matizada hasta la saciedad para intentar validar el mensaje de que, desde el gobierno, se atajaría la corrupción y se plantaría cara a las políticas neoliberales practicadas por el PSOE y por el PP.

Ya está IUCA en el gobierno y podemos comprobar con desánimo y frustración que la trinchera de la izquierda se ha pertrechado con los mismos discursos que la trinchera neoliberal del PP y la trinchera liberal del PSOE: “la culpa es de otros”, “recortamos para no despedir” o “no tenemos más remedio que…”. Para este viaje no se necesitaban alforjas, ni era imprescindible mostrar al votante propio y al ajeno que la alternativa es más de lo mismo.

Para colmo, el alejamiento de IUCA de sus bases y, sobre todo, de ese electorado rebelde al que tanto esfuerzo ha costado convencer se está realizando por el peor de los caminos, demostrando una sordera ante el clamor de la calle (el 15M dice que no hay pan para tanto chorizo) y una ceguera política (¿nadie, en la dirección andaluza de IUCA, ve nítidamente que se está haciendo lo mismo que se criticaba?) que equipara el discurso de la coalición con el discurso partitocrático de PP y PSOE.

Ahora, cabe esperar que la calle de un paso atrás en el apoyo a IUCA y la señale con el dedo acusador y el dardo dialéctico de “todos sois iguales”, ante lo cual no tendrá otra opción más digna que la callada y el rubor político de sentirse una defraudadora ilícita de ilusiones y esperanzas.

La situación generada por las colocaciones a dedo de la hija de Meyer y el hermano de Centella, por ahora, debe provocar un motín de las bases que exija la salida inmediata del gobierno andaluz en vista de la incapacidad mostrada para aplicar políticas de izquierdas y a la luz del lamentable y peligroso espectáculo de nepotismo exhibido por no se sabe bien qué comisión negociadora o qué sector de la coalición.

Al motín habría que sumarle la exigencia de democracia real interna y la regeneración de canosos militantes que llevan demasiado tiempo instalados en la primera línea política y que ofrecen una imagen profesional de la política claramente nociva y obstructora para conectar con el pueblo.

Para gobernar de espaldas a los votantes y practicar políticas y vicios neoliberales, ya están el PP y el PSOE.

Camisas y política nacional

Los nuevos descamisados

Durante los dos últimos años se ha venido practicando en el ruedo ibérico una nueva forma de hacer política que ha dado lugar a un novedoso concepto: la política fashion. A partir del 15M, los políticos profesionales han pasado a un segundo plano ético y político superados por la protesta espontánea y anónima de millones de personas que se echan a la calle periódicamente para protestar, entre otras cosas, por el problema que para España y la propia democracia supone la propia clase política. La voz del pueblo se acompaña de modestos y variados carteles -alejados de la uniformidad pactada de las manifestaciones “oficiales” de sindicatos y asociaciones tradicionales- y con camisetas y otros símbolos que se lucen públicamente durante y después de las manifestaciones para expresar públicamente un rechazo o un apoyo hacia una causa concreta.

Lejos quedan las campañas electorales de los 80 en que Alfonso guerra arengaba a los descamisados desde la tribuna a la par que iba renovando las camisas de su fondo de armario. Fueron estas camisas símbolos recurrentes de la demagogia practicada en aquel momento ante un pueblo que acababa de salir de un periodo en el que las camisas viejas o las camisas azules eran símbolos de un horror demasiado reciente a punto de acabar.

Ahora, las manifestaciones han pasado a llamarse “mareas” y se apellidan con el nombre de un color -verde, violeta, amarilla o negra- en alusión a las camisetas reivindicativas que portan sus integrantes. Hasta los hemiciclos nacionales o autonómicos han llegado estas camisetas portadas por representantes del pueblo, como apoyo a tal o cual causa, que han sido amonestados por los rectos presidentes de las cámaras por apartarse de lo políticamente correcto. Como se ve, hasta en cuestiones de moda se muestran los estamentos políticos distanciados y distantes del pueblo que les vota.

Con la llegada del PP al gobierno central, la derecha política y la derecha mediática han hecho causa común para criminalizar estos movimientos ciudadanos que les restan protagonismo y amenazan su hegemonía en el ordeno y mando. Los ataques son tremendos, prohibiendo en actos públicos e incluso en las aulas de algunos centros el uso de las camisetas como forma de reivindicación, prohibiendo, en última instancia, la reivindicación misma y amputando la libertad de expresión.

Parece que el PP, al calor de la crisis, no se conforma sólo con cercenar derechos y libertades, sino que tiene la tentación de proponer la camisa nueva que cantaban sus mayores (y algunos que aún continúan en la brecha del poder) como uniforme en su nueva y refundada España, aunque haya que recurrir a los tradicionales métodos de sangre y fuego que forjaron aquella España grande y libre con los mismos protagonistas. Asturias, donde la Guardia Civil ha hecho que los mineros vuelvan a lucir una camisa roja de sangre de un compañero, da fe de ello.

 La verdad, la libertad y la democracia están cada vez más desnudas.