¿Alguien decente en el PP?

circo

El malabarismo verbal no da para más. En la pista del circo político, cada personaje repite día tras día su papel para que al gran empresario le cuadren las cuentas de sus cuentos. La magia del circo consiste en crear ilusiones por las que el público sea capaz de pagar por muy elevada que sea la cuantía. La circense ilusión disfraza las actuaciones con llamativos ropajes, intrépido maquillaje y ampulosas palabras de contrastado efectismo popular.

Cuando el Partido Popular se adueñó de la pista, se dieron a soltar leones, tigres y cobras en las gradas del público como novedoso número. De inmediato, los espectadores comprendieron que el espectáculo, lejos de aliviar sus ilusiones, les producía terror y exigieron la devolución del importe de las entradas. Desde el centro de la pista, el maestro de ceremonias y sus estrellas, en discurso unánime y ensayado, acudieron al lenguaje para enmascarar la estafa.

El rescate de la banca no era rescate, la privatización de servicios era externalización, los recortes fueron ajustes, la esclavización se llamó competitividad y la represión seguridad ciudadana. Calcularon su beneficio y a él ajustaron las palabras, confiados en los dóciles oídos y en lo efectivo de la propaganda, para hacer ver que las fieras eran criaturas mansas. El público, estafado y cabreado, dejó de acudir a sus llamadas y decidieron, como último recurso, utilizar un altavoz de plasma.

Viendo que por cientos las manos saqueaban la caja, dijeron, aunque no lo pensaban, que eran casos aislados de taquilleros sin alma. Luego vinieron porteros, acomodadores, montadores, cantineros, domadores, contorsionistas, payasos secundarios y principales, prestidigitadores, equilibristas y hasta el hombre bala o la mujer barbuda, todos y todas con las manos de negro manchadas. La troupe del PP había entendido que la función consistía en manosear la caja.

El consorcio amo del circo, financieros y empresarios, ha dado por amortizado al gobierno y al partido y ha buscado un recambio, para que nada cambie, en Ciudadanos. Ya no valen verbales artificios y es inútil la propaganda, ahora la amnistía fiscal amnistía se llama en boca de Soraya, Cospedal llama saqueo –homenaje a la verdad– a lo que han hecho por España y Pujalte reconoce que su mano y la de Trillo no son éticas pero sí legales: cobros en diferido y asesorías verbales. El PP está aprendiendo en su ocaso, tarde, a decir la verdad.

Albert Rivera, apuesta figura, muñeco de tarta, lucirá sobre su joven cuello el mismo collar, limpio de sospechas y mala fama, sujeto a la misma correa neoliberal. La función debe continuar. El público volverá a comprar entradas y asistirá a la función renovada con las mismas fieras rondando las butacas en busca de presas para sus colmillos y sus afiladas garras. Con ímpetu juvenil y advenedizo, de manera acelerada, Ciudadanos aprende a mentir. Tanta es la necesidad de ilusiones, tanto el deseo de huir de la realidad, que la ciudadanía volverá a votar su propio descalabro.

Pan y circo, milenaria fórmula siglo a siglo practicada, para el pueblo en dosis arteramente calculadas: pan para no morir y circo sucedáneo de democracia. Volverán los aplausos ilusionados y les seguirán los mismos y habituales llantos al ver que el dinero continuará mudando de los bolsillos del pueblo a los del gran empresario, verdadero y único amo. En la memoria colectiva, una pregunta continuará coleando: ¿hubo alguna vez en el PP alguien decente, alguien horado? Alguno, sin duda, vendrá a confirmar la regla.

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Rajoy, Obiang y los pucherazos

pucherazo

La derecha española practica orgullosa su tradición de vencer sin convencer. Se evidencia la atrofia del gen del diálogo y la distrofia auditiva en el partido heredero del régimen dictatorial que situó en el pensamiento único la frontera entre lo humano y lo animal, muy por encima de la razón. El Partido Popular, la AP de Fraga, sólo ha sido capaz de pactar con pensamientos únicos regionalistas usando el dinero como herramienta de consenso.

No está cómodo con el traje demócrata, demasiado ancho de libertades, demasiado corto para tapar tantas vergüenzas, demasiado atrevido para marcar tendencia. El PP, gustoso receptor de trajes a medida, experto en el manejo de la tijera, ha decidido ajustar la hechura democrática a sus alcanforados patrones. El fondo de armario de la FAES les queda corto y Rajoy ha acudido a la pasarela de Guinea para que el modelo Obiang le asesore.

España no tiene mucho que envidiar a Guinea. La prensa está al servicio de la presidencial propaganda o sufre la censura, las riquezas del país están en manos privadas a cambio de corruptas mordidas, los derechos cívicos se pisotean, la oposición se apalea y encarcela, se gobierna de espaldas al pueblo y la jefatura del estado huele a golpe militar. Los ciudadanos huyen de Guinea y España maltrata a los huidos de todas las Guineas africanas.

Teodoro se legitimó en las urnas con una abstención del 80% en 1993 y el 98% de votos favorables en 1996. Mariano ha acudido a implorarle la receta porque ve que su respaldo electoral peligra. Uno de los ingredientes, acusar de corrupción y calumniar a la oposición, ya lo viene practicando el PP desde su fundación y el PSOE facilita la tarea. El otro ingrediente del mágico puchero es una ley electoral hecha a medida.

La aritmética democrática establece la mayoría absoluta en la mitad más uno; el PP aplica su lógica absolutista con la mitad menos cinco. La filosofía democrática equipara el programa electoral a un contrato social; el PP incumple el suyo como fraude venial. La arquitectura democrática construye con diálogo y consenso mayorías sociales; el PP utiliza el BOE como topadora y bola de demolición. Pero quieren más, como Obiang.

Dice la derecha que un pacto de mayoría social no expresa la voluntad del pueblo. Los pactos pueden representar lo que la mitad más uno quieren o bien lo que bajo ningún concepto desean. El consenso y la negociación es el papel de lija que elimina asperezas para que un pacto quede al gusto de la mayoría ciudadana y el PP sólo negocia y consensúa con la patronal, la banca y la jerarquía católica, legislando en contra de la mayoría.

Mariano Rajoy, alejado por su autoritarismo de la sociedad y la democracia, reformará la ley electoral para que los alcaldes sean del PP, sin mayorías, sin diálogo, sin consenso, sin pacto, venciendo sin convencer. La reforma perpetrada por Cospedal y la que amenaza en el horizonte cercano van en la línea de Guinea y pronto España contará con diputados por el tercio familiar, el tercio empresarial, el financiero y el mitrado, quedando en la reserva el tercio de la Legión por si la cosa les fuera mal.

Wert: el toro que no cesa

lomce

El señor ministro de educación siente que tiene cuernos, dos orejas y un rabo, amén de cuatro patas de las que se sirve, además de para caminar, para hacer algo parecido a pensar. No lo dice una servidora, sino que lo dejó caer él mismo en la recepción celebrada en el senado para conmemorar el 34 aniversario de una Constitución que su partido está corneando en la femoral de los derechos ciudadanos: “Soy como el toro bravo que se crece con el castigo”. Está crecido, sí, de astas que le dan un aspecto demoniaco a su ya siniestra figura.

Los destrozos causados por el ministro astado son para trasladar el sistema educativo directamente a la UCI de un hospital público, si quedara alguno tras la faena de los monosabios del ministerio de sanidad. El almacenamiento de alumnado en las aulas y las carencias de docentes en colegios e institutos se ha podido comprobar en el inicio de un curso con 80.000 alumnos más y 20.000 docentes menos. A pesar de todo, está satisfecho el ministro porque aún queda espacio libre en los pasillos de los centros ante eventuales complicaciones.

El ministro ha decidido dejar sin ayudas para material didáctico a casi 600.000 familias y a otras 25.000 ya las dejó sin beca el año pasado porque el ministro considera que les sobra el dinero. Para Wert, la cuestión es bien simple y no tiene nada que ver con los recortes ¿para que necesita un repartidor de bollería la licenciatura de empresariales? Capricho, estudiar es un capricho y los empresarios de este país, entre las cornadas de Wert y las de Báñez, están contentos, atendidos y bien servidos con lo que hay. No hacen falta más estudiantes, a no ser que los solicite Merkel.

Se crece el ministro con las protestas y no duda en colocarse la montera, atarse los machos y convertirse en torero por un día para incitar a la marea verde a hacerle una protesta como la chilena o la mejicana, como Dios manda. Con dos cojones” le ha faltado decir, que no pensar, seguramente con la testuz puesta en los subalternos Fernández Díaz y Cifuentes que saben cómo cornear con saña a la ciudadanía brava y rebelde. Si se radicalizaran las protestas, no faltarían Aguirre, Cospedal o cualquiera de la cuadrilla para señalar a los manifestantes como comunistas radicales y tal vez Gallardón señalaría a la República como culpable de todos los males de España.

Hoy se ha despachado el cuadrúpedo de educación afinando que la protesta anunciada para el 24 de octubre es política. Un cerebro bovino no da para mucho más. Ideológica, que no política, es su reforma, sus recortes y su concepto de la educación, pura ideología nacional catolicista de la prestigiosa ganadería franquista que pasa por una etapa de sobreproducción. Catecismo evaluable, Educación del Espíritu Nacional como materia transversal y, por supuesto, los niños con los niños y las niñas con las niñas, de la castidad y la abstiencia al cielo.

Es preocupante la fijación tan extrema que muestra Wert, ministro de Educación, Cultura y Deporte, hacia los toros. En plena crisis, en pleno desmantelamiento de la educación y de la sanidad públicas, en pleno ocaso inducido de la RTVE, no son pocos los ayuntamientos y diputaciones gobernadas por el PP que hacen un esfuerzo sobrehumano para subvencionar museos o celebrar eventos taurinos. Se han gastado un dineral para televisar una corrida los mismos que no encuentran dinero para adquirir los derechos de retransmsión de la última final de tenis ganada por Nadal, por ejemplo.

Wert es el digno sucesor del toro de Osborne en los paisajes patrios y su silueta merece ser estampada en banderas rojigualdas para que los cachorros de las Nuevas Generaciones las enarbolen en lugar de las franquistas. Los saludos e himnos son más difíciles de sustituir, aunque este sucesor de José María Pemán al frente de la educación española es capaz de crear una letra para el himno y, si se tercia, depurar al profesorado español. No le demos ideas.

Bocas calladas, lenguaraces y viperinas

lenguas

El presidente de la nación no habla, no dice nada, calla y gobierna de espaldas al pueblo que lo votó y al que no lo votó. Omertá en La Moncloa. Alambradas de silencio protegen al presidente de los peligros que las palabras encierran cuando se utilizan de forma trivial y apresurada y su defensa ha sido asumida por una guardia pretoriana de cargos de su partido encabezada por los lenguaraces González Pons, Floriano, Rafael Hernando, Alfonso Alonso, De Cospedal o Sorayita.

El PP en pleno es rehén de sus actos contables, de la lengua de papel que ha soltado su extesorero, y no quiere que Rajoy sea prisionero de sus propias palabras. El código de silencio ha sido aplicado al presidente por su propio partido con prácticas mafiosas como la pantalla de plasma, las ruedas de prensa sin preguntas, la burda manipulación de RTVE y la negativa a que comparezca en el Congreso para explicar hasta dónde le cubre el fango. La famiglia popular no acaba de fiarse de una persona que no entiende su propia letra, de una persona que no sabe cuánto gana realmente, de una persona acostumbrada a leer lo que otros le escriben, de una persona que luce más callada.

En el PP hay lenguas dispuestas a darlo todo por el partido. No les importa arrastrarse por el ignominioso lodo de la manipulación ni por el oprobio de la mentira, es la misión de la militancia ciega. La hemeroteca alberga puyas y argumentos, de cuando eran alternativa de gobierno, suficientes para armar a la oposición en estos momentos de silencio. No les importa el espectáculo que están dando porque más grave y funesto que mentir, como han hecho con su programa electoral, no hay nada. Han hecho de la rutina costumbre y de la costumbre hábito.

El coro lenguaraz sabe que el país entero y parte del mundo prestan atención a uno de los casos de corrupción más graves de la historia por su calado y su dilación en el tiempo. Saben también que el caso Rajoy (Bárcenas) es un ruido precioso y preciso para que no se hable de la corrupción ideológica que suponen todas y cada una de las reformas del gobierno. Saben que sobres y donaciones harán caer al gobierno tarde o temprano, pero no renuncian a destrozar su país en favor de empresarios y financieros que tendrán motivos más que suficientes para premiarles después de su caída como lo han hecho para llegar al poder. La caída no es dura si se hace sobre el mullido sillon de un consejo de administración.

La omertá envuelve a Rajoy y las lenguas viperinas, que las hay muy cualificadas en Génova, son las únicas que hablan claro de sus propias intenciones. En Moncloa, el olor a cadáver es fuerte y por ahora el único fiambre detectado es la cabeza de caballo que Aznar y Aguirre han metido en la cama de Rajoy, una cabeza de caballo que habla, más que el presidente del gobierno, de las verdaderas intenciones del PP respecto al país. La lucha entre los clanes peperos se ha desatado y la víctima es la ciudadanía, lo público y las libertades cívicas.

El sector lenguaraz y las lenguas viperinas libran una refriega dialéctica para conservar el poder a marchas forzadas y el reto es difícil. No sólo se trata de hacer que el gobierno dimita, sino, lo más importante, de evitar que sea sustituido por otro más nocivo. España debe demostrar con sus votos que no acepta la corrupción, ni la partidista, ni la política, ni la ideológica. Hay alternativas. La abstención les beneficia, a ellos y al otro campeón de la corrupción.

Mentiras y silencios

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Las mentiras anidan en los oídos y amenazan con desahuciar la razón de los cerebros para instalar en ellos una realidad paralela, virtual, prefabricada, hecha a la medida de los profesionales del embuste. La inmediatez actual de la información ha favorecido la aparición de un ejército de pinochos que a diario pone sus huevos en los pabellones auditivos acondicionándolos con cerumen intencionado y torticero. Los engaños, parásitos de la comunicación y la convivencia, necesitan de muy poco para crecer y multiplicarse y lesionan de gravedad los organismos que los acogen.

La ciudadanía está infectada de mentiras y parece disfrutar rascándolas en lugar de extirparlas y sanar sus oídos, como sería lógico, antes de que el cerebro colectivo se resienta. En pocos días, los medios de comunicación se hacen eco, o las producen ellos mismos, de decenas de mentiras que bordan la actualidad, para ajustarla al deseo de Pinocho, y bordean la dura realidad social. Conectar una radio, una televisión, un ordenador, o leer la prensa, son hoy actividades de riesgo que se practican con cierta inocencia infantil. Como mal menor, las noticias cabrean hasta sacar de quicio.

Definitivamente, la dignidad se pierde cuando Pinocho mueve la lengua ante un micrófono o se deja acariciar por una cámara. Sabe que va a mentir, que pasará por mentiroso, pero es el papel que ha elegido y trata de hacerlo bien, con desparpajo, con profesionalidad, sin dignidad. Sabe que sus compañeros de escenario haran lo mismo, que sus apuntadores mediáticos reforzarán su mensaje, que sus trolas tendrán que competir duramente con los bulos de otros pinochos y que las falacias del día siguiente ocultarán bajo un pliegue de la memoria las de hoy. También sabe que los oídos del público se rigen por la máxima goebbeliana “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” y el aforismo daliniano “que hablen de mí aunque sea mal”.

Produce estupor ver o escuchar a los máximos responsables de un partido político y de una nación mentir ufana y reiteradamente sobre el caso Bárcenas. Es pasmosa la arrogancia con la que Merkel engaña a Europa sobre la necesidad de extender la pobreza para crear (su) riqueza. Es asombroso que el estado hable de proporcionalidad en las cargas policiales contra manifestantes. Es desconcertante oír decir al actual gobierno que su objetivo es el estado del bienestar. Es sobrecogedora la manera en que los partidos presentan un programa que no dudan en asesinar cuando alcanzan el poder. Repiten, repiten y repiten sus mentiras, una, dos, tres y mil veces, para transfigurarlas en verdad.

Hasta el límite de la indignidad se han arrastrado como culebras, en un solo día, la señora Dolores De Cospedal y el señor Toni Cantó. No cabe mayor afrenta ni desdén hacia la inteligencia que las palabras de una persona, adicta a los sueldos y a la erótica del poder, para explicar la situación contractual de Bárcenas en su partido. Tampoco se puede imaginar mayor escarnio y vejación hacia las mujeres que las palabras, tan populistas como peligrosas, pura ideología UPyD, escritas por un cómico-florero, otrora galán de los escenarios, para que se hable de él, aunque sea mal, y volver a remolcar su figura ante las cámaras.

Pero la angustia, la ansiedad, la aflicción, la inquietud y el desconsuelo se instalan en nuestros oídos cuando en ellos anida la peor de las rapaces, lo peor de la fauna política, el silencio. Nadie en el PP quiere nombrar a Bárcenas, hicieron memorables cabriolas verbales para no hablar de rescate, contorsionaron el lenguaje para eludir sus privatizaciones como parte de nuestra realidad y, ahora, la Comunidad de Castilla La Mancha quiere desahuciar del diccionario la palabra desahucio. Silencio. Ruedas de prensa sin preguntas. Respuestas envueltas en el celofan de la mentira. Silencio e impunidad.

Sr. Presidente: dimita

Afilador

Señor Presidente:

Permítame dirigirme a usted desde mi condición de plebeya pluma y ciudadana inquieta que aún, con la que está cayendo, confía en que su país, el suyo y el mío, siga siendo una democracia a pesar del monárquico nombre que se le impuso al registrarla en la Constitución y que dejó la soberanía popular como apellido bastardo. Soy consciente de que sus ocupaciones le impiden escuchar o leer los pensamientos que la ciudadanía pueda albergar en sus humildes cerebros y soy consciente de que tiene usted a su alcance voces más halagadoras y aduladoras a las que prestar atención. A pesar de ello, confío en que alguno de sus cargos de confianza se haga eco de mis cuitas y se las haga llegar aunque sea en calidad de enemiga a batir.

Comprendo que la zozobra se haya instalado en los desvanes del palacio que los españoles le han cedido temporalmente, por cuatro años renovables en las urnas, y que las bodegas de La Moncloa dejen escapar un frío presagio que incomoda a su presidencial esqueleto. Usted se beneficia hoy de unos resultados electorales en los que sus adversarios perdieron, que no es lo mismo que ganar, y está dedicando todos sus empeños a satisfacer los deseos de quienes le han allando el camino, sin contar para nada con los deseos de quienes se dejaron camelar por usted y los suyos y acabaron votándole. No es mi caso, porque no le voté, pero es el caso de muchas personas conocidas que dedican cada día unos minutos de sus angustiadas vidas a maldecir la hora en que le votaron.

Usted y los suyos se pasaron siete años señalando al anterior gobierno como culpable de todos los males de España, incluido que el Madrid no ganara todas las ligas o que no lloviese en verano. Acusaron, como era su deber, al anterior gobierno de los vaivenes de la prima de riesgo, denunciaron la corrupción real que rodeaba a sus rivales, dijeron que sólo su partido sabía qué hacer para salir de la crisis, afirmaron que con ustedes se crearía empleo, sostuvieron que la RTVE estaba manipulada políticamente, declararon que no subirían los impuestos y garantizaron que rescatarían la libertad para los españoles. Todo eso prometió usted a los españoles como un enbaucador de feria que se gana la vida vendiendo duros a cuatro pesetas.

Lleva usted algo más de un año como presidente, desde el 20 N de 2011 ¿se acuerda?, y en España el Barça sigue ganándolo casi todo, en verano continúa sin llover, la prima de riesgo sigue a su bola, no ha cesado la crisis, han subido las cifras del paro, la RTVE -previa purga de desafectos- se ha convertido en el NODO particular de su partido, han subido los impuestos, han bajado pensiones y salarios, han desmantelado lo público, la libertad ha sido encarcelada y, para colmo, la corrupción cubre España al máximo nivel alcanzado en nuestra historia.

Comprendo que el balance no es esperanzador y que yo, en su lugar, mantendría un silencio total y sospechoso como el que usted luce desde que llegó a La Moncloa. No es, desde luego, usted culpable de nada de lo que está pasando en el país que le eligió para gobernar porque cada persona es responsable de sus actos y usted actúa por encargo y en nombre de otros. Usted fue candidato porque su amigo José María así lo dispuso; usted se presentó a las elecciones porque las facciones de su partido reservaron el papel de don Tancredo a su gris perfil político; usted ganó unas elecciones, ya lo he dicho, por demérito de sus oponentes; y usted gobierna al dictado de empresarios, Merkel y Rouco Varela. Me ratifico en mi opinión de que usted no es responsable de nada, usted es inocente, usted, en suma, es un inocente irresponsable.

Me dan pena usted y su mediocridad, de veras. Un personaje anodino como usted no se merece la carnicería que augura el sonido de afilador que emiten los despachos de Aguirre, Gallardón o Cospedal. El afilador está haciendo su agosto y las puñaladas de los suyos, entre los suyos, no tardarán en alfombrar de rojo los pasillos de la calle Génova. Usted no se merece esto, señor presidente. Su simpleza le exculpa y le sitúa en el cadalso como el tonto útil que servirá a otra o a otro para ocupar su apetecible lugar en La Mocloa.

Por su bien, señor presidente, dimita de una vez y convoque elecciones para ver si el pueblo estafado continúa confiando en su partido.

Si no lo hace por su bien, hágalo por el bien de su querida España. Una servidora y millones de españoles le quedaremos agradecidos.