Sacrificio nacional

cerdo

Mariano Rajoy aparece en televisión y rentabiliza su minutaje propagandístico: “crecemos a buen ritmo, estamos en la senda de la recuperación, creamos empleo”. En muchos hogares, sus palabras distraen a la familia de la loncha de mortadela con guarnición de patata cocida del almuerzo, se aprietan dientes, se expanden las aletas nasales y las miradas adquieren una fugaz pátina asesina. “Estamos jodidos”, exclama un coro de necesidad. Mos está chuleando”, responden las conciencias silenciosas.

¿Quién es “mos”? Es evidente que no es la primera persona del plural, no somos nosotros, sino la tercera persona del plural, son ellos. ¿Quienes son ellos? Es evidente que se refiere el presidente al crecimiento y la recuperación de la élite política, financiera y empresarial. Lo único cierto es que están creando un empleo, neto e indefinido, que ni siquiera llega para que la loncha de mortadela cuente con relleno de aceitunas. Alegrías, las justas.

La ausencia de aceitunas enfría la ira con solitarias lágrimas que resbalan hasta los platos. El joven licenciado en Historia del Arte se permite compartir su mortadela con la familia porque las sobras que le deja el McDonald´s le saben mejor que los 600 euros de salario neto y temporal que suplen su raptada beca para el máster. El padre reconoce en la patata su vida cocida al sol del andamio de la que ya no le queda ni el derecho a una prestación por desempleo. La madre suspira mirando a su propio padre, postrado en el limbo del Alzheimer, y sonríe con amargura queriendo pensar que no es consciente de la escena.

Gracias al sacrificio del pueblo español…”, espeta y esputa Montoro sin despeinarse, “…estamos levantando este país”. Ahora sí, lo ha clavado: nuestro sacrificio es su beneficio”, traduce el sentido común. Este señor no miente. Gracias a nuestra pálida mortadela, los esforzados de Bankia disfrutan de sus negras tarjetas y del recate que pagamos a escote. Gracias a nuestras sosas patatas, los hijos de Mato tienen confetis de cumpleaños y Jaguar. Gracias a nuestras lágrimas, sonríen los invitados a la boda de la hija de Aznar en los juzgados. Lo ordenó Andrea Fabra –“¡que se jodan!”, ¿recuerdas?– y jodidos estamos, sacrificados.

Se echan de menos los tiempos de los lunes al sol, quién lo iba a decir, ahora que el sol escuece los siete días de la semana, doce meses al año. Las cifras del paro navegan por los procelosos mares de la indiferencia y a Ulises ya no le importa naufragar ante los cantos de las sirenas porque la realidad laboral es una patera mal pagada y sin dignidad. Cualquier persona hoy entra y sale del mercado sin abandonar la pobreza y encima aguanta las adulteradas estadísticas de Cospedal.

Sacrificados, como los cerdos en la matanza, abiertos en canal, sin salarios justos, sin protección, sin derechos, sin cotizar, sin otra cosa que mortadela y patatas para almorzar. Ellos y ellas, los que crecen y se recuperan, quienes estafan y roban, prevaricadores y mentirosos, los que ignoran a quienes les votan, frotan cuchillos y chairas y sus miradas anuncian que quieren más. Como del cerdo, quieren aprovecharlo todo.

La ciudadanía en pleno, nosotras y nosotros, está invitada a la bacanal del Ibex35, a la orgía neoliberal, a la Santa Cena del capital, con la élite de comensales de siempre y el pueblo como eterno manjar. Como en La gran comilona de Marco Ferreri, debieran comer hasta reventar, pero son cobardes y no lo harán. Sólo nos queda la fría venganza a la hora de votar. Es fácil: antes de meter la papeleta en la urna, pensar… y recordar.

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Montoro no es tonto

Soria evita que Montoro arremeta contra la verdad.

Soria evita que Montoro arremeta contra la verdad.

Alejada del uso cotidiano en la política nacional, rectifico lo que hasta ahora pensaba y afirmo públicamente que Don Cristóbal Montoro no es tonto. Desde que lo vi y escuché por primera vez en televisión, me deje llevar por su acento nasal y su idilio imposible con las cámaras, por esa manera tan personal de descalabrar la palabra “señorías” y por su asombrosa capacidad para deconstruir el lenguaje. No es que ahora piense que es listo, no; simplemente me ha demostrado que es peligroso.

Cuando en 2010 dijo a la diputada canaria Oramas “que caiga España, que ya la levantaremos nosotros”, pensé que eran palabras de pasillos, bobadas de andar por casa, pero no. El tiempo ha demostrado que el señor Montoro y su partido eran capaces de incendiar el Reichstag para alcanzar el poder e imponer sus doctrinas, culpando de ello a todo aquél que no comulgue con sus ruedas de molino. En dos años, han tildado a media España de etarra, comunista y, ahora, socialista.

La purga desatada en la Agencia Tributaria es, a día de hoy, la última vuelta de tuerca para depurar su España, la España de un PP que cada día se parece más a la España de su generalísimo. Pocas dudas quedan de sus escarceos con el autoritarismo que, de continuar por esa senda, devendrán en totalitarismo. El ministro, que cobra alojamiento teniendo casa en la corte, es como los niños o los borrachos cuando hablan: se les desliza la verdad entre sustantivos y preposiciones.

Fiel lacayo de Rajoy, basa su verdad en prepotencia con aroma cosa nostra. Mariano, que también parecía tonto cuando fue designado sucesor por Aznar, dijo respecto a la Gürtel en 2009 que “Nadie podrá demostrar que Bárcenas y Galeote no son inocentes” y Cristóbal “desafía” hoy a que alguien demuestre que él ha dictado “orden política alguna” en la Agencia Tributaria. El no es tonto, se limita a considerar boba a una ciudadanía que ve cómo trata con exquisita vista gorda a defraudadores y evasores, cómo compensa esas pérdidas en las cuentas del estado con el bolsillo de todos y cómo tapa con descaro los embrollos de su majestad.

Su voz, pronunciada como con la nariz tapada por el hedor corrupto que emana de los escaños gubernamentales, vuelve a tratar de insensatos a quienes nos negamos a llamar “salida de la crisis” a esa cloaca salarial, laboral, educativa, sanitaria y social a la que nos ha condenado su partido. La España que han construido es un callejón sin salida custodiado por pelotas de goma, identificaciones, multas y concertinas. No es cierto que nos estén sacado de la crisis, nos han metido en lo más profundo e inmundo de ella; no han levantado España, la han clavado al suelo.

De su boca han salido más perlas para su peligroso collar: “los mercados no son gilipollas” y “si vuelven los otros perderemos todo lo ganado”. Ya se intuía que gobernaban para los mercados despreciando al pueblo y Montoro lo deja diáfanamente claro. No se trata de convencer de que lo están haciendo bien, cosa imposible a estas alturas de legislatura, sino de vencer al archienemigo, a esos otros que no son ellos, al pueblo que elige otras salidas posibles.

Se ha propuesto Montoro “salvar a España, enferma de tanto endeudamiento” colocándole un salvavidas de hormigón en alta mar y endeudándola con un rescate bancario para varias generaciones. Del naufragio español sólo han salido a flote la banca, el Ibex 35 y pocas ratas más. Todo el Partido Popular coreó desde la oposición que no iban a subir impuestos y que no se tocarían pensiones, sanidad y educación. Han cumplido su promesa: esos derechos son ya casi intocables para el español medio, para la inmensa mayoría. Los impuestos han subido y ellos no los van a bajar, al igual que los salarios y los derechos han bajado y no serán ellos quienes los suban. Han salvado su España ahogando a los españoles.

Usted, al oír o leer las palabras del ministro, debe ser consciente del peligro que representan Montoro y sus compañeros de gobierno y de partido, hoy por hoy verdaderas “reencarnaciones del mal”, como ha apuntado el comunista que ocupa la silla de San Pedro.

Andalucía chuleada (otra vez).

Bofetadas azules a Andalucía. ¿Quién ha sido?.

Señor presidente del Gobierno de España (incluida Andalucía):

Está usted maltratando a una tierra y a un pueblo que han hecho por España y por su partido mucho más de lo que su imaginación puede abarcar sin que la realidad, esa mala consejera que cubre sus espaldas, se atreva a negarlo. Está usted despreciando y castigando a una comunidad y a una ciudadanía tan dignas y nobles como las que más. Andalucía no se merece lo que usted y los suyos le estan haciendo. Andalucía, usted y los suyos lo saben.

Maltrata usted a una tierra donde la corrupción del partido que la gobierna le ha servido a usted y a su partido para tapar y mitigar la corrupción que los suyos han desplegado por toda España, incluida Andalucía, con el llamado caso Gürtel y otros de menor cuantía. Usted no ha tenido la decencia política ni la ética social de montar siquiera un paripé de comisión en Valencia para que su amiguito del alma y su alcaldesa fallera expliquen lo que quieran a sus votantes y al resto de la población. No es que me fíe de una comisión como la de los EREs, compuesta por comisionistas de la política, pero hubiera sido un detalle. Es usted un desagradecido, Don Mariano.

Discrimina usted a un pueblo que le ha devuelto a su querido Javier Arenas con la virginidad presidencial intacta despues de toda una vida entregada al asalto de la Junta de Andalucía sin conseguirlo. Se le ha devuelto para que usted pueda usarlo a conveniencia en las cloacas de la calle Génova como antídoto contra la plaga de cospedales y aguirres que le están royendo lo poco que le quedaba de cultura democrática a su partido. Y a usted no se le ocurre nada más que discriminar a quienes le han hecho semejante favor. No tiene usted perdón, presidente.

Insulta usted la inteligencia y la devoción del pueblo más mariano del país que ha hecho posible que su andaluza ministra de trabajo haya colocado, como asesora y cargo de confianza en el ministerio, a la mismísima virgen del Rocío, encargándole que tome en persona las riendas de las políticas de empleo desde una comunidad que tiene los índices más elevados de desempleo de Europa. Es usted un retorcido diablo, señor Rajoy.

Acosa usted al pueblo andaluz cuyo gobierno ha mantenido la fiesta de los toros televisada por Canal Sur pensando en la minoría (cada vez menor) que la ve y no en la mayoría (cada vez mayor) que reniega de ella. Ya ve, señor Rajoy, que el gobierno socialista al que usted acosa no es tan diferente al suyo neoliberal en esto de mantener la tradición sin tener en cuenta al pueblo que les vota; y en otras muchas cosas, tampoco. En buena sintonía, como socios alternantes del gobierno de la nación, usan los toros ajenos a la realidad del siglo XXI. Es usted un embaucador populista.

Castiga usted a un pueblo andaluz que este verano ha salido a la calle a pedir tierra y libertad (el himno de Andalucía, a diferencia del español, sí tiene letra, reivindicativa y solidaria ella, apréndala). Los medios de comunicación que le apoyan a usted y a su gobierno se han beneficiado de ello subiendo sus audiencias y castigando de camino a Andalucía, como usted, Don Mariano. Su ministro Fernández Díaz ha aprovechado para mostrar músculos, cascos y porras sirviendo los intereses de bancos y grandes almacenes con 300 guardas jurados gratuitos. Y Cristina Cifuentes ha sido feliz viendo cómo engordan las listas negras de ciudadanos díscolos y desafectos a su régimen. Es usted muy chulo, señor Presidente Mariano Rajoy.

Tiene guasa que sea un exandaluz como Cristóbal Montoro el encargado de negar a Andalucía un anticipo a cuenta de los ingresos del estado por impuestos que paga el pueblo andaluz. Tiene guasa que le niegue a Andalucía lo que ha concedido sin pestañear a valencianos (1.400 millones), catalanes (1.800 millones) o madrileños (más de 700 millones). Tiene guasa que hable usted de igualdad, justicia y equidad. Tiene guasa que sea usted presidente de España. Tiene guasa que haya quien le vote fuera de los círculos de Lacostes, Burberrys, Loewes y Vuittones que le rodean y para quienes gobierna. Es usted un pijo al que le repugna la pobreza.

Andalucía viste de mercadillo porque ustedes se han empeñado históricamente (desde hace siglos, que el PP sigue instalado en la Andalucía latifundista, romera y montera) en que así sea. Pero Andalucía tiene sentimientos y memoria, Don Mariano, para ir anotando uno a uno los desprecios que usted le hace y las estrías que su látigo deja en nuestras vidas. Es usted un sayón pasional.

La realidad es la que es, presidente, y puede que explique la dificultad de su partido y de su ideología para arraigar en esta tierra tan fértil. Si no la ve, por algo será.