España: cloaca democrática y de derecho

CloacaNacional

El estado español se ha convertido en un colosal conducto por donde circulan los purines y las inmundicias de partidos políticos, patronales, sindicatos, casa real y alguna que otra secular institución. Todo huele, todo apesta, todo está infectado en la cloaca nacional donde las especies coprófagas se han adueñado del hábitat ciudadano sumiéndolo en la miseria monetaria y de derechos. La peste amenaza al país y son sus propagadores, la mayoría, aforados.

En la posguerra, la carestía otorgaba a la prensa un higiénico epílogo de páginas de periódico troceadas, colgados sus pedazos de un gancho colocado a mano junto al retrete. Agridulce metáfora era contemplar la cara de políticos, militares o clero, segundos antes de realizar su pulcro recorrido anal. En el siglo XXI existe colorido papel multicapa y perfumado para ese menester y los rostros que antes limpiaban ahora arrojan las heces de sus palabras y actos a la ciudadanía desde impolutas y brillantes pantallas.

Día tras día, los noticiarios ofrecen copiosas excreciones de corrupción que se secan como boñigas bajo el sol de la justicia sin que nadie tire de la cadena y rasque la loza con una rígida escobilla. La falta de una eficaz higiene legal hace que se asuman esas deposiciones como parte del paisaje cotidiano, de forma que la juventud piensa que así es la vida y así debe continuar. Impunes quedan los excrementos de los aforados culos gracias a disponer de abundante papel de 500 € para costear lujosos picapleitos especializados en su limpieza.

Disfrutan metiendo la mano en la faltriquera del pueblo y ensuciando las vidas de gente honesta y trabajadora que les alimenta y, de forma inexplicable, les vota. Hozan en la caja b de la corrupción, en la B de la estafa bancaria y en todo el abecedario sociolaboral con el que hacen caja, desde la A hasta la Z, en mayúscula y minúscula, en cursiva y en negrita. PP, PSOE y la corona recitan el escatológico abecedario con la farisea rutina de las tablas de Moisés.

Sólo defeca, más cuanto más come, el estómago que se alimenta. Así, el 10% de la población es responsable del 90% de las deyecciones que circulan por la cloaca patria. La reforma laboral, nada que ver con la crisis o estafa bancaria sino con la fe neoliberal del Partido Popular, ha dejado a más de media España con un escuálido cuerpo del que sólo salen sudor y lágrimas. La reforma fiscal ahonda la desigualdad apretando el cinturón de los más pobres y desabotonando ropas para dar paso a la cada día más indecente y oronda panza de los poderosos.

Es apremiante la necesidad de purgar el cuerpo del estado llenando de ricino las urnas y aplicando laxante sin paliativos a unos sindicatos podridos por sobredosis de porquería. Regenerar el cuerpo es un imperativo social para restablecer la salud evacuada por el inodoro del conformismo resignado. De no hacerse, las fiebres de la pobreza y la necesidad extrema, que ya se padecen, se convertirán en pandemia a la que sólo sobrevivirán los cabales para seguir alimentando a las indestructibles cucarachas y a las ratas que roen y corroen la democracia.

Hay que acabar con los forrados aforados aflorados al olor del dinero que patronal y banca ponen a su servicio a cambio de la salud y el bienestar ciudadano, fumigar sus nidos, desde los paraísos fiscales hasta el paraíso legal en que Gallardón ha convertido la justicia española, combatirlos en nombre de la dignidad y la supervivencia. Pero, cuidado: las ratas muerden de forma ejemplarizante, como han hecho a Carlos y a Carmen, porque se sienten dueñas y señoras de la cloaca democrática y de derecho en que han convertido a España.

 

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La España optimista. Carpe diem

Crisis

Un pesimista es un optimista bien informado.

Se acabó la crisis. No nos dejemos llevar por una realidad que nos incomoda oprimiendo el cuerpo y el alma desde el alba hasta el crepúsculo. Aprendamos a dibujar una sonrisa en el bolsillo vacío, a esculpir la esperanza con jornales pasajeros y a interpretar la felicidad en el sombrío escenario del dolor cotidiano. Contemplemos en el espejo el futuro sin los ojos del pasado, con la mirada del presente, y busquemos en el pulido cristal los colores de la sombra reflejada por nuestras vidas.

Hemos superado lo peor. Hemos vencido. Seamos optimistas. Carpe diem. Abramos los ojos y ceguémonos con la luz al final del túnel; agucemos los oídos y escuchemos el tintinear de la lluvia de euros sobre las aceras; saquemos la lengua y degustemos las excelencias del sistema; alcemos las manos y palpemos el cielo; aspiremos el aire fresco de la libertad liberal. ¡Arriba esos ánimos! ¡Disfrutemos el gran momento de España!

¿No se habían enterado? ¿Es que no ven los noticiarios y las tertulias ni leen la prensa? España vive un momento dulce de su historia y los españoles, con esfuerzo, tesón, constancia y sacrificio hemos conseguido salir de la crisis que nos ha golpeado durante el último lustro. El dinero circula a toda marcha, quien no trabaja es porque no quiere y el futuro está asegurado para las generaciones venideras. La gente que nos quiere, la que nos cuida, la que nos mima, la que se sacrifica por todos nosotros, eso es lo que proclama.

Gracias a las vidas hipotecadas de nietos, bisnietos y tataranietos, hemos conseguido que la banca vuelva a los espectaculares beneficios que se merece. Le hemos obsequiado a escote sesenta mil millones de euros (con toda seguridad, mucho más) para que los mercados respiren aliviados y la realidad obedezca a sus deseos. Es un orgullo y un privilegio para quienes vivimos los comienzos del siglo XXI saber que la historia hablará de nosotros como los salvadores del capital. Somos la ciudadanía de a pie quienes hemos vencido la crisis asumiendo y pagando la estafa financiera.

La sumisa renuncia a los derechos laborales, la dócil aceptación de la precariedad, la vertiginosa adaptación a la pobreza, el cómplice consentimiento del vasallaje, todo ello ha sido fundamental para que los empresarios de España creen empleo. Gracias a cientos de miles de abaratados, improcedentes e innecesarios despidos, se crean miles de empleos. Gracias a la reducción de salarios, aumentan los beneficios empresariales como se merecen nuestras empresas. Ya somos competitivos, además de pobres, explotados, malpagados y vejados.

Desmantelar la sanidad pública era imprescindible para atraer inversores. Ahora podemos elegir entre decenas de empresas que cuidan de nuestra salud a precio de mercado -hasta el Corte Inglés le ofrece seguros- y la industria farmacéutica aumenta su cuenta de resultados como se merece. Cuídese de enfermar si no dispone dinero. Desmantelar la educación pública era imprescindible para que crezca la privada. Ahora podemos elegir colegios salesianos, escolapios, maristas, teresianos, claretianos, calasancios, carmelitas, jesuitas, mercedarios, dominicos o del Opus. Alguno de ellos educará a sus hijos y cuidará de su VISA. El talento español ha sido encomendado al Espíritu Santo, seguro que salimos ganando.

El desbordado optimismo expandido por el gobierno, la banca, la CEOE y el mismísimo Príncipe de Asturias, patria querida, es una tarascada de cinismo asestada sobre un pueblo que ya sólo sus zapatos reconoce de tanto agachar la cabeza. Lo que vemos en las calles, lo que comemos en los hogares, lo que cobramos por nuestro trabajo, lo que pagamos por muestros derechos, no debe estroperarles la fiesta, su fiesta, ni empañar su gestión pública al servicio de los intereses privados.

Rajoy: paro y desamparo.

El PP pasó siete años en la oposición afirmando que era imposible hacerlo peor que Zapatero, que ellos sabían lo que España necesitaba para crecer y que disponían de una fórmula mágica para detener la escalada del paro. Durante los primeros cuatro años, la población hizo oídos sordos a estos cantos de sirena prefiriendo el carisma novel del anterior presidente a la ausencia de carisma de un Rajoy con el perfil más bajo como aspirante y como presidente que se ha dado en la democracia, a excepción, quizás, de Leopoldo Calvo Sotelo.

Y llegó la crisis como agua de mayo para el PP. Durante su segundo mandato, Zapatero hizo añicos el crédito carismático que disfrutó durante su primer mandato, torció del todo su gobierno hacia la deriva neoliberal y gestionó el comienzo de la crisis de forma deplorable. Los golpes de la economía comenzaron a lacerar las espaldas de la población y Rajoy se encontró con que la economía mundial le estaba allanado el camino. La economía mundial y la propia ineptitud de un gobierno agonizante.

Rajoy enarboló el estandarte del paro en la carrera electoral y bautizó las infames listas del desempleo como “los parados de Zapatero”, llegando a protagonizar una astracanada fotográfica luciendo su lamentable palmito ante una oficina del INEM. El mensaje, coreado al unísono por el PP y la derecha mediática, fue tomando cuerpo ante la desesperación ciudadana, dispuesta a agarrarse a un clavo ardiendo, por la escalada de una crisis ante la que claudicó Zapatero haciendo una reforma laboral, metiendo los primeros tijeretazos y reformando a dúo con Rajoy la Constitución, de forma vergonzosa y nada democrática, para satisfacer a los mercados.

El PSOE perdió unas elecciones que Rajoy no llegó a ganar nunca por méritos propios y sentó sus reales en Moncloa supuestamente para salvar al pueblo y llevarlo a una tierra prometida donde el paro se reduciría y España volvería a crecer como dios manda. La pócima milagrosa eran, según él y los profetas de la FAES, unas reformas estructurales que volverían a crear empleo y a devolver la confianza a los mercados. Las reformas estructurales y la flexibilización del mercado laboral se han traducido en recortes en los bolsillos y en los derechos de una ciudadanía que vive mucho peor que con Zapatero y que ha podido comprobar, al igual que Europa y los mercados, que Rajoy y su gobierno no son de fiar y que mienten más que hablan.

En un año de gobierno, Rajoy ha conseguido aumentar el paro de forma alarmante y descarada, ha conseguido un crecimiento galopante de la prima de riesgo y un decrecimiento paralelo de la economía sin precedentes. La misma guadaña con la que ha segado la economía del país para las próximas tres o cuatro generaciones le ha servido también para cercenar derechos cívicos labrados durante cuarenta años de lucha, tras un periodo de otros cuarenta años, los más negros de la historia de España, bajo el yugo franquista. Y también ha reflotado el franquismo mediante la actuación de un ramillete ministerial siniestro como el propio fantasma resucitado.

España, azotada por el paro, asiste asustada a una ofensiva neoliberal y neofranquista que vuelve a contar con presos políticos en sus cárceles -como el joven estudiante del piquete granadino-, persecución de ideas políticas contrarias al régimen -como los sancionados, heridos y detenidos por protestar-, censura informativa -el último caso es Informe Semanal-, policía que cumple órdenes ciegamente -hasta el punto de hacer brotar la sangre en una cabeza de 13 años- y es indultada y justificada por sus máximos responsables. Un panorama tétrico y desolador para una España cuya pesadilla fascista aún no ha sido desterrada ni enterrada por la rabiosa oposición del Partido Popular a la Ley de la Memoria Histórica.

La situación era susceptible de empeorar y empeoró con la irrupción de Gallardón a la grupa del caballo de Atila en el Ministerio de Justicia. El gobierno de Rajoy nos ha condenado al paro y este peligroso ministro nos condena ahora al desamparo. No sólo se han perdido empleos, viviendas y derechos sino que también se ha perdido la posibilidad de defensa del pueblo a través de la justicia, se ha perdido la justicia misma y la dignidad de un país que vuelve a ser la España negra rediviva. España vuelve a ser ese país decadente que tropieza siempre en la misma piedra. Es la “Marca España” del PP.

La gran depresión nacional.

Se está viendo venir y nada hacemos para evitarla. La gran depresión sobrevuela nuestras cabezas y manifiesta sus síntomas de manera alarmante en una sociedad que aguanta la crisis, como quien aguanta un resfriado, esperando en cama a que los síntomas y los efectos desaparezcan para recuperar el estado previo de salud.

Los tratamientos aplicados hasta ahora han tenido unos resultados devastadores sobre la población, ya que han arrasado las defensas y han inoculado el propio virus en los cuerpos como una suerte de tratamiento homeopático que, en lugar de sanar los cuerpos afectados, ha beneficiado a los agentes causantes de la epidemia. La fiebre se nos lleva por delante mientras la banca recibe una sobredosis de antibióticos y los mimos de todo el personal sanitario disponible.

La estancia demasiado prolongada en las urgencias del país, el caos asistencial que sufrimos, los demoledores efectos secundarios que padecemos y el convencimiento de que no es gripe sino neumonía o algo peor, van minando nuestra salud mental asomándola cada vez más al precipicio de la depresión. Ver cómo nos amputan los derechos en la sala de espera, a la par que el suero financiero inunda de euros el podrido tejido bancario del país, nos lleva a la desesperación de quien pide remedio para su malestar y es tratado como un intruso del sistema, como un antisistema.

La depresión se está instalando en nuestras vidas como parte del paisaje cotidiano. Cada vez desfilan por las calles más personas que asoman su tristeza al contenedor de la basura a ver qué encuentran. La competitividad se muestra descarnada en cada semáforo entre personas que cambian limosnas por pañuelos o ambientadores. Las hileras humanas se han desplazado de las taquillas del cine a los comedores sociales y de las puertas de los museos a las puertas de las oficinas de empleo. La depresión está moviendo a las personas por el tablero de la derrota.

Causa depresión que el presidente señale a la realidad como inductora de la torticera y premeditada praxis médica con la que nos está envenenando. La realidad, SU realidad, venía dispensada a granel en el proyecto político de SU partido sin prospecto alguno, sin programa electoral alguno, que advirtiese de las indicaciones, contraindicaciones, posología y efectos secundarios, a los millones de votantes que han acabado en la UVI de la pobreza intoxicados por su consumo confiado.

Deprime contemplar cómo las vacunas causan más estragos que la gran estafa del virus financiero. Más que un sanador hipocrático, el gobierno actúa como un verdugo que remata a sus víctimas en nombre de la piedad, un practicante de la eutanasia masiva por decreto, un dudoso familiar que vela el cuerpo del enfermo con la esquela preparada y la fosa cavada, un fúnebre contable que anota imperturbable cuántas víctimas son necesarias para que su realidad se materialice. Como los vampiros, el sistema financiero necesita sangre, mucha sangre, para sobrevivir y el gobierno oculta la estaca y esconde los ajos para evitar que se deprima.

Ya ni siquiera las estrellas del vodevil mitigan la depresión social. Los payasos de hoy, aquejados también de depresión, nos restriegan sus miserias en las narices y nos hacen llorar con fechorías que en tiempos pasados nos hacían reír. Aumenta la depresión ver a Cristiano Ronaldo infeliz o a Ruiz Mateos acosado de nuevo por la justicia, el primero como símbolo de la especulación financiera y la burbuja de la fama, y el segundo como símbolo de esa justicia lenta y degradada que permite estafar una y otra vez sin proteger nunca a las víctimas.

A pesar de todo, seguimos buscando una realidad imposible que nos aísle de la depresión, al igual que Diógenes caminaba por las calles con una linterna encendida buscando hombres honestos. Este filósofo griego (maltratado por una sociedad que ha puesto su nombre a un síndrome que sirve para etiquetar a quien acumula basura en su casa) y su filosofía debieran servirnos de antídoto contra la depresión: el sabio debe liberarse de sus deseos y reducir al máximo sus necesidades, disfrutando de una vida natural independiente de los lujos sociales.

Hoy tomamos por sabio a quien es capaz de multiplicar nuestros deseos y nuestras necesidades en la calculadora del consumo. Tomamos por sabio a quien deprime nuestros bolsillos y nuestras cabezas. Tomamos por sabio a quien nos sume en la depresión.

Los misterios de Fátima (Báñez).

Cuando la realidad se ensombrece como en los aciagos tiempos que vivimos, son recurrentes las explicaciones a lo que sucede basadas en misterios y prodigios, más digeribles por el pueblo que las sinrazones y los desvaríos que nos gobiernan.

Los misterios de Fátima Báñez compiten hoy día con los de su tocaya portuguesa, de la que se diferencia básicamente en la faceta virginal (supongo). El primer misterio de Fátima B es cómo ha conseguido plantarse en los 45 años viviendo con una comodidad insultante sin que se le conozca actividad laboral alguna alejada de la política y llegar, sin embargo, a ser ministra de trabajo. Quizás en el propio misterio esté la respuesta si consideramos que la política se ha convertido en este país en un medio de vida para demasiada gente que no sirve a la sociedad sino a sus propios intereses.

Otro misterio de Fátima B es adivinar cómo se conjuga la disminución del paro a la vez que se facilita el despido de los trabajadores. Tal vez el pueblo no comprenda, llevado por un agnosticismo pertinaz, que la fe inquebrantable en el poder celestial es muy superior a la lógica empresarial y del mercado y que, por eso, la ayuda implorada a su paisana la virgen del Rocío sea la panacea militante del pleno empleo y la salida de la crisis. En este sentido, ha creado escuela dentro de su partido y este verano hemos asistido incrédulos a ruegos y oraciones de medio PP a patrones y patronas en todos los rincones de España para que iluminen al gobierno en su empeño de socorrer a los pobres sin molestar a los ricos. Un milagro imposible incluso para su dios todopoderoso.

Un misterio más de Fátima B es contemplar cómo es una mujer de su tiempo que concilia a las mil maravillas su vida laboral y familiar, llegando al punto de que sus hijos dedican su ocio a jugar con el tamagotchi que el Congreso regaló a mamá, pagado con el dinero de todos los españoles, y consiguen 5.390 puntos en Bubble Shooter. Como madre entregada, también ha creado escuela en el PP y sus hijos compiten en las redes sociales con los de Gabriel Elorriaga, José Antonio Monago y otros muchos que prestan sus juguetes públicos a sus hijos sin la debida supervisión paterna para que no se conviertan en ludópatas o caigan en manos de proxenetas cibernéticos.

El último misterio que nos ha ofrecido Fátima B ha sido la explicación dada al atraco moral perpetrado por su gobierno a cuenta del PROTEJA. Dice la ministra que es injusto que una familia cuyos cónyuges cobran 8.000 € al mes de forma conjunta (esto sí que es un milagro) disfrute del derecho adquirido, como personas físicas, por sus hijos mediante su trabajo y sus cotizaciones sociales. El ejemplo puesto por Fátima es revelador de su profundo desconocimiento de la vida cotidiana del español medio y de la fe ciega que tiene en el argumentario de la FAES. El PROTEJA que ella y su gobierno protegen es una muestra más de caridad, beneficiencia y limosna exento por ahora de la partida de bautismo o el certificado de buena conducta como requisitos indispensables para acceder a él.

Debiera saber Fátima, por el entorno que la rodea, que una familia opulenta como la que retrata sólo es imaginable en un matrimonio de profesionales ligados al erario público y no es imaginable que los hijos de estas familias estén distraídos con trabajos remunerados con 1.000 € al mes, sino disfrutando de sus estudios en universidades privadas y segregadas por sexo a ser posible. En el caso de que estos descendientes, los únicos españoles que pueden permitírselo, hayan cursado ya dos grados, tres másters y un postgrado en Yale, seguramente estarán trabajando para el partido, alejados de la incertidumbre laboral a la que sus progenitores condenan al resto de sus compatriotas. No tiene más que mirar dónde se mueven los hijos de Aguirre y otros próceres populares y socialistas.

Fátima B, enredada en los circunloquios verbales que usa su partido para mentir y manipular, no es consciente del daño que provocan sus palabras y sus actos. No es que sea analfabeta, no, es sencillamente que comulga a muerte con el ideario de su partido y no le duelen prendas a la hora de hacer el ridículo públicamente.

Fátima B, al igual que Montoro, son dos ejemplos de andaluces atípicos que, renunciando a sus orígenes, han adquirido la nacionalidad genovesa para salvaguardar sus mezquinos intereses.

El “Amanecer Dorado” de Rajoy

Los tenemos en España, desde hace tiempo, valiéndose de la democracia, como hizo Hítler en su momento, para imponer de forma totalitaria sus ideas, para dominar en lugar de gobernar.

Saben que la pobreza y la miseria son el abono perfecto que hace crecer la desesperación y que ésta ciega el entendimiento a la hora de buscar oxígeno sin que importe el precio a pagar. Primero se agostan las plantas y luego se mima y se cuida, como si del mayor de los tesoros se tratase, el primer cardo borriquero que sobrevive en el páramo. La crisis ha traído la pobreza y la miseria a Europa acompañadas de garrapatas neofascistas que aprovechan el terrorismo financiero para hichar sus cuerpos al calor de la desesperación.

En España pensábamos que no, que el fantasma totalitario no conseguiría mover la losa de 1.500 kg. del Valle de los Caídos que cubre el cadáver de Franco y, con él, una dictadura que supo mucho de pobreza, de miseria, de sangre, de represión y de domino exterminador. Nos equivocamos. O no quisimos ver que la repentina mutación demócrata de sus supervivientes no era más que una zalea extendida sobre la jauría de lobos que han sabido esperar su momento. Y su momento ha llegado.

Llevaban tiempo aullando desde las pantallas de Intereconomía, azuzados por El Mundo, La Razón y ABC, interpretando de modo soberbio el cuento de Pedro y el lobo. Los españoles, confiados en la tirita aséptica que supuso la transición, pensamos que la hemorragia se había cortado sin atender al olor a sangre que desde hace unos quince años manaba de estos medios de comunicación. Ese olor nauseabundo ha estallado en nuestras narices y proviene de los afilados colmillos y de los hocicos enrojecidos de esta tropa. Al final, era cierto que venía el lobo, tan cierto como que sus fauces victoriosas zarandean nuestros derechos y nuestras vidas como en sus mejores tiempos.

El gobierno, astutamente agazapado bajo la zalea durante la campaña electoral, se ha destapado en nueve meses mostrando su cara más retrógrada e integrista desde Gallardón y Fernández Díaz hasta Wert y De Guindos. El gobierno vuelve a gobernar, como Franco, de espaldas al pueblo y velando por los intereses de los suyos, a saber: la iglesia y sus sectas servidoras (Opus, Kikos, etc.), la oligarquía financiera y las grandes empresas cuyos monopolios ahora son privados. Al pueblo, le quitan pan y le devuelven los toros. Esta alfombra roja, sobre la que vuelven a desfilar los fantasmas que expoliaron España durante el franquismo, comenzaron a desplegarla Aznar, su cónyuge, Aguirre, Mayor Oreja, Cospedal y otros “demócratas” que han visto recompensado su esfuerzo con un festín que ni ellos mismos esperaban.

En Europa, la crisis ha hecho aflorar los cardos borriqueros de la extrema derecha y las garrapatas, como el Frente Nacional en Francia o Amanecer Dorado en Grecia, han engordado con los votos que miles de electores desesperados les han entregado atraídos por las mismas soflamas populistas que las garrapatas españolas proclaman insistentemente desde sus pantallas y sus cabeceras. En España, la garrapata va adosada al cardo borriquero de un PP abiertamente proclamado heredero del franquismo que utiliza la crisis como coartada democrática.

Han devuelto a la educación la estética sexista, religiosa y elitista que analfabetizó a la España de posguerra. Han devuelto el carácter benéfico del franquismo a la sanidad para las masas arruinadas que no disponen de medios para acceder a ella. Han recuperado la figura del patrón explotador que dispone de las vidas de unos trabajadores despojados de sus derechos y con la dignidad desprotegida. Han recuperado la caridad como única vía posible para atender a ancianos y desvalidos. Y vuelven a utilizar la ley y las porras contra todo aquél que se atreva a levantar la voz ante la injusticia y la opresión, mientras los ladrones y facinerosos de toda la vida gozan de la vista gorda por parte del gobierno. Como en los mejores tiempos.

Pero la jauría pide más sangre, más sudor y más lágrimas. A pesar de los esfuerzos del gobierno para restaurar la España, Una Grande y Libre que su melancolía añoraba, la ultraderecha aúlla exigiendo más y amenaza con crear partidos propios y disputarle un espacio político que considera suyo. Esta perspectiva no tardará en hacerse realidad y ya veremos cómo se desangra el PP de militantes y simpatizantes prestados que pasarán sin disimulo ni dolor a las filas de Mario Conde o de Rosa Díez que agitan las aguas de la derecha extrema.

Por ahora, Rajoy disfruta del peculiar e inesperado amanecer dorado que la crisis, la ineptitud del PSOE, la iglesia, los medios ultraconservadores, la FAES y la desesperación de muchos españoles le han proporcionado.

Gordillo y Rajoy: la barba del vecino.

España es un país de excesos donde la moderación no rige ni siquiera a la hora de atender necesidades tan elementales como el sueño: o no despertamos, o no pegamos ojo. O se monta una hoguera en la plaza o se saca la procesión, el término medio de los españoles es aquél que no pasa por ningún sitio que no sea un extremo de la cuerda.

Algunos sindicalistas del SAT han hurtado unos carros de la compra con productos de primera necesidad de dos grandes superficies. Medio país ha saltado a la arena defendiendo la acción. Medio país ha hecho sonar las alarmas para denunciarla. Medio país no sabe o no contesta, a la espera de que alguien le diga qué debe opinar al respecto. Medio país se desentiende del asunto diciendo que no entra en política. Medio país confunde a Gordillo con un lateral del Betis y de la selección. Medio país no se ha enterado. No es que España sea un país tan grande, es que es excesiva.

No hay político que no se haya pronunciado al respecto, coincidiendo todos en abordar las formas y la imagen y pasando de puntillas sobre el fondo de la cuestión. Todos los medios de comunicación se han atrincherado en las líneas editoriales de sus empresas no para dar cuenta de un hecho, sino para desplegar toda la artillería al servicio de su ideológía y no al servicio de la información. El circo montado alrededor del hecho ha sido excesivo para el mediocre espectáculo que había en la pista.

Ha habido mucho cacareo en el corral. Se ha hablado tanto de la kufiyya (pañuelo palestino) como de los trajes de Camps, se ha comentado la camisa abierta y por fuera del pantalón como se comentó el bolso Vuitton de Rita Barberá, se han dicho tantas cosas sobre la barba mesiánica como de la melena de Aznar en su momento o los implantes capilares de Bono. Se ha denunciado la vida sibarita del personaje y las pésimas condiciones demócratas (asamblearias) en las que vive el culag de Marinaleda, se ha puesto de relieve la pésima administración que han hecho los marinaleños de las subvenciones públicas recibidas, se han resaltado los enormes emolumentos que recibe el alcalde y diputado y las estratosféricas comisiones que recibe de inconfesables trapicheos con banqueros y constructores de la comarca. Gracias a este debate nos hemos enterado de que existe una realidad diferente, distinta y distante de la que nos ofrecen cada día las noticias.

Y nos hemos enterado también de que España no va bien, de que va fatal y de que el gobierno, ése que tenía la fórmula para sacarnos de la crisis, ése que gozaba de credibilidad internacional, ése que jamás mentiría, ése que gobernaría para TODOS los españoles, ese gobierno del PP navega a la deriva reservando los botes salvavidas para la banca, para los mercados, para su banca y sus mercados, que para eso es neoliberal.

En cuanto a la oposición del PSOE, continúa siendo una “suposición” ocupada en reclamar para su pecho cualquier medalla que salte de la situación y renunciando a su cuota de responsabilidad en la crisis (más por lo que no hizo en sus momentos de gobierno que por lo que hizo). El PSOE debió seguir siendo un partido socialista y obrero, pero se acomodó en el neoliberalismo.

De lo que dudo que nos hayamos enterado bien, a pesar de la evidencia, es de que España vuelve a padecer hambre y miseria y de que la iglesia, aliada histórica del diablo, calla a diferencia de la iglesia de otros países castigados como el nuestro. Véase si no el contrapunto que ofrecen el arzobispo de Braga en la homilía de Fátima y nuestra inefable Fátima Báñez en el Rocío.

Gordillo, ateo confeso y diablo practicante, se ha encomendado a Mercadona y Carrefour para que se hable de una realidad evidente, palpable y en progresivo deterioro.

El debate está servido y los españoles posicionados en los extremos.