De la CEE al TTIP: de lo malo a lo peor

TTIP

Como el gato, nos calzamos las botas de siete leguas para recuperar el pulso del reloj atascado durante la dictadura. En dos pasos nos metieron en la Comunidad Económica Europea, rebautizada Unión Europea por falso pudor. Nos cambiaron la moneda, redondearon la vida al alza, llenaron la esperanza de confeti y aceptamos que todo eso era la modernidad. Paletos y catetas disfrutamos del nuevo traje dominical, sin renovar las mientes, al servicio del Marqués de Carabás.

Mordimos la estafa de la crisis, envuelta en la burbuja inmobiliaria, como Blancanieves la manzana envenenada, ofrecida por un liberal brujo de bigote, melena y llamativos abdominales. El veneno del consumo aletargó la capacidad analítica y nadie se preocupó de la letra pequeña que hipotecaba su vida y, ahora se comprueba, la de sus hijos y nietos. Nadie excepto los vendedores de burbujas y sus conseguidores políticos.

Como Hansel y Gretel, nos lanzamos a morder el pan de jengibre, el azúcar y el chocolate que parecían recubrir a España. Sus dueños nos dejaron hacer, viendo cómo engordábamos, hasta que otro brujo liberal, éste de rala barba y shesheante lengua, decidió que ya estábamos cebados para servirnos a la mesa de sus amos. Despojados de todo, convertidos en carne humana, somos el aperitivo del banquete que se están dando.

Los españoles, sin ser los únicos, nos hemos tragado las obras completas de los Grimm y de Perrault adaptadas a su conveniencia por nuestros dirigentes. Ahora se han apartado del cuento como embaucador relato y preparan una novela de terror cuyo guión escriben a escondidas, en amenazador secreto, con alevosa letra y gramática traidora. La Europa que hemos conocido hasta ahora se va a convertir en el País de Nunca Jamás.

Todas las estafas, sisas, ultrajes, vilipendios, vejaciones e infamias sufridas hasta hoy por la ciudadanía pertenecen al relato de un cuento de hadas. El Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) entre EEUU y la UE se inscribe en una realidad de vampiros y hombres lobo que destruirá el castillo de naipes europeo para siempre. De firmarse, pasaremos de un mal sueño a una eterna y aterradora pesadilla interpretando el papel de muertos vivientes.

Básicamente, este acuerdo supone el fin de la soberanía de los estados, de los pueblos, de la democracia, a manos de una oligarquía empresarial y financiera globalizada. No serán los poderes legislativos, judiciales o ejecutivos quienes dicten las normas de convivencia, sino las multinacionales y la banca. Países como Francia y Alemania rechazan su actual formulación mientras la tripulación española del Capitán Garfio (PP, PSOE, CiU y UPyD) acepta de antemano este acuerdo, este golpe de estado.

El TTIP exige desregular cualquier ámbito: salarios, sanidad, alimentación, seguridad, educación, medio ambiente, etc., cediendo su regulación a, por ejemplo, Goldman Sachs, Philip Morris, Amazon, Monsanto, Shell o Dresser Industries. También incluye una cláusula de arbitraje internacional (ISDS) favorable a los intereses de las multinacionales, el descabello de la democracia en todos los estados europeos. Pero hay más y conviene conocerlo.

Tratados similares son el NAFTA o el ALCA, promovidos por EE.UU. y firmados por diferentes países que, como en el caso del TTIP, mordieron el anzuelo del crecimiento económico. La realidad es que dicho crecimiento se ha producido exclusivamente en las multinacionales promotoras y los fondos de inversión, quedando los respectivos pueblos firmantes más empobrecidos y desprotegidos. Sin duda, se trata de una excelente oportunidad para los integrantes del IBEX 35, pésima para la ciudadanía de la Europa sureña, una necrológica dorada.

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Mujer y trabajadora

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Mal asunto cuando algo o alguien necesita de un recordatorio en el calendario para que la sociedad visibilice su existencia. Los días dedicados a recordar suelen coincidir con causas para borrar de la realidad y de la memoria: el día de la paz evidencia las guerras, el día del medio ambiente realza la contaminación y el día de los enamorados supone días de desamor. Hay más de 365 “días de” al año, contando los que proponen la ONU, la OMS, la UNESCO, la CEE, el Almanaque Zaragozano, los santorales religiosos, el Corte Inglés y la taberna de la esquina. El personal no da abasto entre la industria del recuerdo y el comercio onomástico.

El día de la mujer trabajadora señala una fecha femenina en el calendario reivindicativo de la historia. En marzo de 1911 se celebró por primera vez para demandar el derecho de voto, la posibilidad de ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral de las mujeres. Unos días después, 146 trabajadoras, la mayoría inmigrantes, murieron y 71 resultaron heridas en el trágico incendio en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York, suficiente duelo para que las autoridades revisaran la legislación laboral y para que el color de las telas que trabajaban se adoptara como cromatismo reivindicativo.

Los desastres suelen escribir su historia en cuadernos de debilidad, desprotección, marginación o discriminación, cuadernos femeninos en la mayoría de las ocasiones. Los cuadernos de la historia han tratado a las mujeres con poco amor, exigua solidaridad y escaso respeto. El bolígrafo social emborrona el lado femenino de las culturas, las religiones y las ideologías y anota con preciosista caligrafía los detalles que conducen a considerarlo de forma negativa; lo positivo se anota en márgenes y notas al pie de página con letra pequeña y, a veces, confusa redacción.

La sociedad posmoderna, digital y avanzada señala, un siglo después, las reivindicaciones femeninas como algo fuera de lugar en el siglo XXI, un reducto de feminismo superado, un sinsentido. Algunos motivos de reivindicación, sin embargo, siguen ahí, testarudos, como renglones torcidos de retorcida gramática insumisa a cualquier cambio de reglas. Basta ver las condiciones laborales de las costureras de Inditex en el mundo no desarrollado, las diferencias salariales en empresas españolas en función del género o, sin ir más lejos, el pluriempleo, productivo y reproductivo, asignado mayoritariamente a las mujeres posmodernas, digitales y avanzadas.

Al margen de la realidad laboral, el entramado ideológico sigue percutiendo sobre la mujer con andanadas defensoras de una convivencia desigual y discriminatoria. Con indigna frecuencia se escuchan consignas y mantras en contra de cualquier medida opuesta a la desigualdad, voces cómplices y mentalidades, fuera de tiempo y de lugar, empeñadas en mantener un sistema social favorable a la hegemonía masculina. Dan fe de ello articulistas y tertulianos de ABC, La Razón, El Mundo, Intereconomía, 13 TV, la COPE, anuncios publicitarios arraigados en mensajes olvidables, programas de televisión ricos en testosterona, políticos de todo signo o predicadores de cualquier religión, que no dan tregua a una batalla que nunca debió existir.

En 2013, todavía hay motivos para exigir una existencia ni mejor ni peor, ni favorable ni desfavorable, ni ni más dura ni más delicada, una vida simplemente igual para todas las personas, como reza el artículo 14 de la Constitución: Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Bendita Constitución, catálogo de buenos propósitos cuya defensa es tan cotidiana como utópico su cumplimiento pleno.

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Arqueología ideológica:
“A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.” La Biblia. Génesis, Cap. III Vers. 16
“Que las mujeres se queden calladas en las iglesias, porque no es permitido hablar. Si ellas quieren ser instruidas sobre algún punto, que interroguen en casa a sus esposos.” San Pablo (apóstol cristiano, año 67 D. C.)
“Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Alá ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan. Las mujeres virtuosas son devotas y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Alá manda que cuiden. ¡Amonestad a aquéllas de quienes temáis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen, no os metáis más con ellas. Alá es excelso, grande.” El Corán. Sura 4:34
“Aunque la conducta del esposo sea censurable, aunque éste se dé a otros amores, la mujer debe reverenciarlo como a un Dios. Durante la infancia, una mujer virtuosa debe depender de su padre; al casarse, de su esposo; si el mismo muere, de sus hijos, y si no los tiene, de su soberano. Una mujer nunca debe gobernarse a sí misma.” Leyes de Manú. Libro Sagrado de la India.
“La mujer que se niegue al deber conyugal deberá ser tirada al río.” Constitución Nacional Sumeria. Civilización mesopotámica, siglo XX A.C.
“La mujer es de lo más corrupto y corruptible que hay en el mundo.” Confucio. Filósofo chino, siglo V A.C.