La España independizada

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Las patrias y las banderas tienden a suplantar las ideas y sentimientos propios de las personas con ideologías, filias y fobias inducidas por padres de las patrias y abanderados. Cada vez que se construye una patria se fortifican los intereses de los padres sin atender las necesidades de los hijos. Cada vez que se enarbola una bandera se hurga en la úlcera por donde se desangra la sociedad. Solidaridad, convivencia y sentido común no necesitan patrias ni banderas.

Los nacionalismos no son de fiar. Como ratas, entran en lo cotidiano por agujeros políticos y mediáticos, roen conciencias y propagan la peste de la alienación. Los padres del europeísmo, del españolismo, del catalanismo o de cualquier otro -ismo, son roedores; con denominación de origen, pero roedores. Fortifican sus patrias y agitan banderas, independentistas o dependentistas, y todos ellos, hace siglos, se han independizado de la ciudadanía, de sus supuestos hijos e hijas.

Mientras la clase trabajadora busque ser o no ser catalana o española, sonreirán los padres de las patrias cuyo común objetivo, lo que los mueve, es el poder, el dinero. La ciudadanía debe echarse a la calle e independizarse, sin consultas, patrias ni banderas, de quienes recortan sus vidas, sus derechos y su libertad. PP, PSOE, CiU, ERC, PNV, BNG, UPyD y casi todo el espectro parlamentario hace tiempo, hay que insistir en ello, se independizaron del pueblo.

El gobierno central y los autonómicos han independizado la sanidad y la educación del mojado papel constitucional y las han llevado al reino del papel moneda, sin consultas, faltaría más. Un enemigo, real y tangible, de todos los pueblos de España son las banderas de la privatización y el apátrida dinero refugiado en paraísos contables y fiscales. Exculpándose, mintiendo, manipulando, no dudan en achacarlo a “los otros”, los de diferente lengua, piel, bandera o traje regional.

Salarios y derechos laborales se han independizado de la dignidad desde que los empresarios izaron la bandera de la competitividad. Las empresas producen o compran fuera de sus patrias, en países donde la bandera de la esclavitud produce más beneficio. El gobierno aprieta las tuercas del despido libre y la desprotección social sin que los trabajadores se atrevan, por miedo y necesidad, a independizarse de quienes imponen el grillete laboral.

La justicia española se ha independizado de su venda y su balanza y también ha sido puesta en almoneda. Los salvapatrias, la aristocracia política, la casta, son una peste rufianesca y bandolera que actúa a cara descubierta, sin sonrojo ni temor. Blindados por aforamientos, zalagardas legales e indultos, no dudan en abrazar las banderas de sus patrias para su defensa. La delincuencia cortesana, sea castellana, catalana, vasca, andaluza, gallega o valenciana, como se ve cada día, vive independizada de la justicia.

El Partido Popular se ha independizado de España, de los españoles, y el PSOE se ha independizado de sí mismo abrazando al primero. La muerte de Botín es llorada por sus deudos (su familia) y sus deudores: “que muera un pobre es importante para los familiares pero que muera un rico es trágico para España. Lo fundamental en un país son sus ricos y la turba es intercambiable”. Lo ha escrito un depravado ideológico, pero lo piensan políticos, empresarios y banqueros, esa casta de la que hay que independizarse con urgencia.