Fraude, pan y circo

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En épocas de vacas flacas, el fútbol es el mejor ansiolítico para una población que lo utiliza como narcótico en épocas de vacas obesas. El fútbol es, además, el mayor mercadillo del mundo en el que todo se comercia, desde carne humana hasta etéreas ideas, y en el que todo el mundo compra, vende, negocia, salda, liquida o subasta productos muy variados. La mercadotecnia del balón se mueve entre la inmoralidad de una camiseta a 100 euros y la ilegalidad asequible de una imitación a 5 euros, entre el espectador televisivo de pago y el pirata parabólico o digital. Mercado para todos los bolsillos.

Los gobiernos conocen los efectos de este deporte sobre las masas y lo utilizan para venderse: Franco derrotó a la pérfida Albion con gol de Zarra y al comunismo con gol de Marcelino. Zapatero es barcelonista confeso y Rajoy se va al estadio cada vez que puede. Todos se disfrazan de futbolistas. El presidente del gobierno lo tiene claro: “Si uno es ingeniero, químico o futbolista, se le abren todas las puertas del mundo”.

El fútbol tapa las miserias, las carencias, las desgracias, los infortunios y la tristeza generalizada de la población. El fútbol lo tapa todo y los magos del balón se convierten en druidas del optimismo, catedráticos de la vida, astros de las ventas y mercaderes con patente de corso. En la liga de la evasión fiscal ha irrumpido Messi tal vez con la intención de que los Bárcenas, Urdangarín y señora, Botín y los equipos del Ibex 35 pasen a jugar en una especie de segunda división del fraude.

Las estrellas del fútbol venden a sus seguidores estilos de vida basados en alimentos, vehículos, seguros, videojuegos o gallumbos que anuncian a diario. Son rentables comerciales para los dueños de sus turbios derechos de imagen y no suelen cuidar otros aspectos de su personalidad que también venden a sus fans, niños impresionables, jóvenes encandilados y adultos poco desarrollados. Quienes disfrutan de la magia de sus piernas también valoran sus habilidades sociales, entre ellas el manejo de su riqueza y su pensamiento.

Escuchar a la mayoría de los futbolistas produce inquietud si se tiene en cuenta su incondicional público infantil y juvenil. Una entrevista a un futbolista suele ser una oda a los lugares comunes, una elegía al razonamiento o un himno a las muletillas. “La verdad es que…” el discurso de un jugador huele a improvisación, obligación y artificio para arañar minutos de presencia pública, de publicidad. No tienen por qué ser magos de la oratoria, pero sería de agradecer que la cuidasen. Messi evade y confiesa que sólo ha leído un libro en su vida. Messi vende ambas cosas: evadir y no leer.

Otra leyenda del balompié, Pelé, ha coceado la dignidad de sus compatriotas que critican el boato futbolero y reclaman derechos básicos como salud y educación. “Apoyemos a la selección. Olvidemos la confusión y las protestas” ha dicho sin pestañear el ídolo, a lo que el dios menor Romario ha respondido “em silêncio, ele é um poeta”. Pelé defiende los intereses económicos de la FIFA que le paga y no comprende al pueblo brasileño.

Los clubes de fútbol adeudan casi 1.000 millones a la Seguridad Social, la recortadora Generalitat de Valencia compra el Valencia C.F. y Madrid 2020 está a la vuelta de la esquina para el Gobierno de España y la Comunidad de Madrid que escamotean el dinero público de la sanidad y la enseñanza entre otras necesidades básicas. A ver qué pasa. Al “Pan y circo” de Juvenal, defendido por Pelé y todos los gobernantes, se contrapone el lorquiano “Medio pan y un libro” exigido en las calles por la ciudadanía. Entre ambos se interponen la manipulación, la represión policial y las hazañas deportivas de individuos con vergonzantes bolsillos y neuronas despeinadas.

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Aznar y Rouco: la momia y el exorcista

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El exilio en España debería estar subvencionado para el ciudadano de a pie. A diario se ve cómo se exilia el dinero a espuertas en paraísos fiscales, cómo se exilian la ética y la decencia de este paraíso impune de la corrupción, cómo se exilia la producción al paraíso competitivo del tercer mundo, cómo se exilia la juventud sin futuro al paraíso de los minijobs europeos o cómo se exilian los sueños y las esperanzas del yermo paraíso de un bipartidismo estéril. La última exiliada parece ser la inteligencia de muchos personajes que ocupan cargos de responsabilidad.

Para solicitar asilo en cualquier país del mundo, bastará con acreditar la nacionalidad española y se disfrutará de inmediato del estatus de refugiado. Fuera de las fronteras hispanas se observa la actualidad del país y no pasa desapercibido el retorno de muertos vivientes, momias, vampiros, hombres lobo, espíritus y todo tipo de ectoplasmas a la escena pública. En el extranjero son compresivos con un país que a la estafa financiera suma la estafa democrática y lo que va camino de ser una estafa intelectual.

En pocos días, a los vampiros tipo Bárcenas o Urdangarín, al hombre lobo de educación, a la esfinge de sanidad, a los fantasmas de la troika o al zombi de la Moncloa, se le ha sumado la momia. La momia ha concedido una entrevista a una cadena amiga, con periodistas amigos, para señalar a sus enemigos, a los enemigos de España. Horror y terror. Los enemigos del mundo son los notarios de la corrupción que consintió en su otra vida, quienes heredaron su burbuja sin querer explotarla y, ¡oh Belcebú! el propio faraón al que situó en el vértice de la pirámide del PP.

La momia se ha desprendido de sus vendas purulentas para denunciar que todo el mundo está equivocado y que el universo entero conspira contra ella. Todo el mundo menos quienes desfilaron por el Escorial en la boda iluminada de su familia o quienes alquilan su talento después de cobrar por comprarle una medalla. La momia ha salido del sarcófago para reclamar a su partido que resucite el proyecto del faraón del Pardo y cumpla un programa que los españoles desconocían cuando se cerraron las urnas en las útimas elecciones. La momia ha interpretado los resultados de las urnas como un arma de votación masiva mal aprovechada por su partido para bombardear España.

Esperaba la momia que su intervención distrajese de la Gürtel, del rescate, de la estafa, de Bankia, de las preferentes, del robo sanitario y educativo, de la represión policial, de los desahucios, del paro, de las reformas laborales y del vendaval neoliberal. Acto seguido ha resucitado otro adalid de la libertad y la democracia para el que todo el mundo no sólo está equivocado, sino que, además, vive en pecado. Aparece el exorcista en la escena con agua bendita en una mano y un crucifijo en la otra.

Después de evangelizar desde el BOE con la LOMCE y el proyecto de ley del aborto, el director comercial del Vaticano en España, ante la demanda creciente de su parroquia, ha decidido crear una falange de exorcistas para proteger a España de Satanás. Después de las rogativas de diversos políticos para que el cielo solucione el paro, después de recomendar encender velas a los santos para aliviar los efectos de la crisis, después de crucificar la escuela pública, después de separar a niños y niñas y de aconsejar más decoro indumentario a éstas, ha llegado el exorcista para combatir al diablo.

En este país, el exilio emprendido por la modernidad exige defensas apropiadas para combatir a la tropa que nos gobierna y amenaza civil y espiritualmente. La parte creyente de la sociedad se aferrará al crucifijo para librarse de ellos, el resto deberá echar mano de ajos, estacas y balas… de plata, claro, o tomar el camino del exilio por higiene mental.

Consejos doy y para mí no tengo.

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Jacopo Tintoretto “Adan y Eva”. Entre 1550 y 1553.

Mª Dolores De Cospedal, en directo y sin simular, al contrario que el despido de Bárcenas, tan claramente explicado en su momento, ha defendido el actual modelo de participación política, el mismo que la mayoría de la ciudadanía rechaza ampliamente. Viene a decir Cospedal que la democracia consiste en depositar una papeleta en una urna cada X tiempo y luego olvidarse hasta que los representantes elegidos, los únicos profesionales que entienden de democracia, vuelvan a llamar al voto. Todo lo demás, para ella, es atentar contra el sistema que la mantiene, a ella y a cientos de miles como ella.

Aconseja Cospedal, a quienes discrepan del sistema, “participar en el juego de la representación” integrándose en dicho sistema. Sabio consejo a quienes ella y su partido acosan y acusan de nazis, entre otras descabelladas lindezas, a quienes acosan y acusan sus compañeros Fernández Díaz y Cifuentes, como hacía la Stasi, con golpes, rejas y listas negras, a quienes su aparato judicial suspende los derechos hasta que los detenidos demuestran ser inocentes y no, como corresponde a una democracia, cuando se demuestra que son culpables sin denuncias trucadas.

Cospedal aconseja a la ciudadanía defraudada que se integre “si quieren representar a un grupo de población y a unos intereses determinados o a una forma de ver y estar en la sociedad”. Aún no ha explicado nadie de su partido, verbalmente, a qué grupo de población, a qué intereses representan los electos del PP, y tampoco cuál es su forma de ver y estar en la sociedad. Pero lo hechos hablan y dicen nítidamente que representan a una respetable minoría empresarial, a una ínfima minoría financiera española y europea, y que su forma de ver y estar en la sociedad está inspirada por el Espíritu Santo y por una concepción confesional del Estado.

Cospedal aconseja y, si no se le hace caso, desprecia a quienes se “aprovechan del sistema democrático que permite la libertad de expresión a todo el mundo”, a todo el mundo menos a quienes protestan la estafa electoral de su partido, que, por cierto, no ha pasado “por el ejercicio de responsabilidad que es aceptar unos compromisos para que los ciudadanos le puedan preguntar y exigir”. Consejos da y para ella no tiene Cospedal.

También aconseja Gallardón prestar atención y cuidarse de dos extremos: “…uno, ser autocomplacientes (sería un error mayúsculo); y otro, hacernos a nosostros mismos una enmienda a la totalidad”. Su consejo defiende el status quo del bipartidismo y previene contra lo que considera una amenaza para “su democracia”: las listas abiertas. El PP jamás ha dado más señales de autocomplacencia que en este momento y es consciente de que merece algo más que una enmienda a la totalidad, que es justamente lo que la calle exige y ellos no quieren que se escuche.

Pues yo también aconsejo, que es gratis y de cumplimiento no obligado, como los programas electorales. Aconsejo al 15 M, a la PAH y a otros colectivos sociales que se integren en el sistema, se constituyan como partidos y abran sedes a las que puedan acudir empresarios, banqueros y clero para exigir limosnas o hacer negocios desde el Parlamento y el BOE. Les aconsejo esto para que vivan la experiencia de colocar a colegas y allegados, de recibir/repartir sobres, de hacer negocios con grupos privados y tener un cómodo retiro en cualquier consejo de administración agradecido por sus servicios. Integrarse en el sistema, crear un partido, es ponérselo demasiado fácil al sistema, es pintarse una diana para que los bipartidistas y sus secuaces disparen con tino sus heces.

Si los colectivos sociales lo que pretenden es obrar con independencia, ética y solidaridad, mi consejo es no hacer caso a Cospedal y que sigamos en la calle practicando otro tipo de democracia real, genuina y cotidiana. El precio es alto, denuncias, multas, acoso, cárcel o lesiones, pero merece la pena. La libertad y la dignidad siempre merecen la pena.

¡Oído cocina!

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Hay días en que la actualidad se devora a sí misma con tal voracidad y virulencia que las arcadas son un mal menor para quien consume noticias de forma desprevenida. Los cocineros de la actualidad padecen estrés desmedido y los consejos de redacción parecen un ensayo de La Grande bouffe, dirigida por Marco Ferreri, donde la comida es sustituida por noticias. España se está convirtiendo en una impresionante cocina donde se producen primicias, no aptas para gourmet, a ritmo frenético y con la fecha de caducidad expresada en horas.

Las crónicas sobre Bárcenas y los EREs son un cocido de garbanzos, con abundante tocino y chorizo porcino, que atraganta a los españoles en el desayuno, el almuerzo y la cena (a quien pueda, hoy, comer tres veces al día). Si malo es engullir trapicheos de este calibre, peor aún es tragar las ruedas de molino con que los cocineros del PP y del PSOE tratan de escurrir el bulto aparentando aliviar la indigestión. La alta cocina política de España goza de una reputación, por méritos propios, equidistante entre lo pútrido y la cochambre. La factura es, no obstante, digna de El Bulli.

Los sucesos de La Zarzuela son un potaje, también abundante en chorizo, que hincha los estómagos forzando a un titánico ejercicio de esfínteres para evitar que los gases acaben con la capa de ozono. En este caso, las palabras de los cocineros del bipartidismo son un exceso de vinagre que raspa los esófagos y pellizca los hígados más allá del dolor físico. Según Martínez Pujalte, personaje que aún no ha vivido la transición, y eso que se conoce como derecha mediática, el potaje borbónico se le indigestará al juez instructor siguiendo la receta con la que cocinaron al juez Garzón. Todos respetan la justicia cuando se pliega a sus intereses: ésta es una mala noticia.

Las relaciones de Feijoo y de Rajoy con la narco marina gallega es una mariscada en la que el chapapote es más abundante que el marisco y los presuntos langostinos se quedan en camarones que cantan como pies sudados. En la línea de transparencia abanderada por el PP, Ignacio González propone “regular” las noticias que dañan a su partido. Es otro político más que hizo novillos cuando en este país se impartieron las clases de democracia y que añora con nostalgia otros tiempos en los que don Manuel Fraga ejercía de censor y amo de las calles a las órdenes de otro gallego de luctuoso recuerdo. Otra mala noticia.

La gran fritanga la están haciendo, con aceite de ricino requemado por el gobierno y sus medios de propaganda, con los escraches. Después de más de un año buscando un lider para el 15 M, el 25 S y cualquier movimiento ciudadano, quienes no creen en la conciencia colectiva y niegan la capacidad de pensamiento individual a la sociedad, han encontrado en Ada Colau el ansiado mesías para crucificar. El escrache de la PAH tiene un precedente cercano en las Nuevas Generaciones gallegas y otro más lejano en el Cobrador del Frac. Se rasgan las vestiduras de que haya niños en las casas de los políticos quienes diariamente acosan a todo el país desde el hemiciclo o desde el gobierno.

Mientras la cocina sirve raciones y tapas no aptas para el consumo humano, el maître Rajoy vuelve a recitar el menú de falsedad, especialidad de la casa, escondido tras su pantalla de plasma. De entrantes, actuamos contra la corrupción, representamos a quienes no han votado lo que hacemos desde el gobierno y hay que reprobar a quienes protestan porque pasamos de un millón y medio de firmas. De primero, en el 14 España crecerá con claridad; de segundo, hemos evitado el rescate; de tercero, la reforma evita destrucción de empleo. De postre, hemos superado la crisis financiera y la deuda soberana. Y como chupito digestivo, cortesía de la casa, he demostrado que estoy dispuesto a dialogar.

Rajoy sabe que las arcadas y la repugnacia ante los platos servidos impiden a la clientela escuchar con nitidez sus mensajes, sobre todo si es una pantalla de plasma la que habla. Se recomienda pedir el libro de reclamaciones e irse sin pagar.

La crisis: sospechas y teorías

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Son tantos ya los casos de mangoneo en este país que mi sentido común ha decidido independizarse de mis otros sentidos y se ha tomado un prudente distanciamiento, como un novio que pide tiempo para analizar y pensar la relación. No ha tardado mucho en regresar y aquí lo tengo, acosándome con teorías y sospechas, a la espera de que despierte -según me dice- y vuelva a ser la persona fría que era antes.

Una de sus sospechas es que los adictos al pillaje, amigos del dinero rápido, fácil y ajeno, en realidad están haciendo su trabajo. Son intermediarios y, como tales, se llevan un pequeño pellizco del “beneficio” que genera cualquier operación monetaria. Habría que calcular cuál ha sido el beneficio que los pagadores de los políticos han obtenido y a cambio de qué. Una teoría que me propone mi sentido común es que los casos de corrupción, torpes y chapuceros, a lo mejor son una distracción. Se trataría de entregar como culpables a incautos y mediocres que en realidad han robado poco dinero, en comparación con los 80.000 millones que -según los técnicos de Hacienda- están de vacaciones fiscales en los paraísos. Mientras públicamente se crucifica a cuatro pillos de poca monta, Inditex, Repsol, Telefónica y los etcéteras del Ibex 35, están a salvo de la ira de la ciudadanía, también estafada por éstos últimos con el beneplácito de aquéllos.

Otra sospecha es que, en la era global, los chorizos nacionales recogen las migajas que se escurren de las redes del Gran Hermano Financiero. La calderilla de Bárcenas, Urdangarín y la dilatada ristra de presuntos rateros, me han tenido distraída de los verdaderos culpables de mi súbita pobreza. El rescate a la banca, los chantajes de la prima de riesgo y las privatizaciones de servicios públicos son realmente lo preocupante, ya que me han robado a mí, a mis hijas, a mis nietos y a mis bisnietos. Han sido mis representantes en el parlamento quienes se han ocupado de firmar una hipoteca preferente a 100 años sobre la mismísima Constitución.

Mi sentido común me ha susurrado al oído la triste balada del liberalismo, encarnado en el FMI y en los EE.UU., hipotecando a Chile, Argentina, Bolivia, Ecuador y prácticamente a todo el continente sudamericano con el timo de la deuda externa. A mediados del siglo pasado, éramos jóvenes y mirábamos a Sudamérica como un Tercer Mundo lejano y a los EE.UU. como modernos misioneros que quitaban gobiernos diabólicos y ponían en su lugar a ejemplares militares con los que las multinacionales pactaban la compra a precio de saldo de sus riquezas naturales a cambio de riquezas materiales y personales. Hoy le ha tocado a Europa. El FMI y la banda de los mercados han corregido las coordenadas de tiro y apuntan con la deuda a Europa.

Casualidad o no, mi sentido común tiene la teoría de que los resultados electorales en Sudamérica, con el triunfo de gobiernos de izquierda (dictatoriales y populistas, según los neoliberales), han tenido que ver con el cambio de víctima. Estos gobiernos han puesto coto a los expoliadores, le han dado la vuelta a la deuda externa y han reclamado la devolución de sus riquezas malvendidas a los mercados. Los mercados han sufrido grandes pérdidas y están saneando sus cuentas de resultados a costa de Europa.

No han hecho falta golpes de estado militares: nuestros civilizados y demócratas políticos se han prestado graciosamente al juego del casino financiero a cambio de las propinas, dejando para los rateros de poca monta la calderilla de la intermediación. El gran robo lo han perpetrado con calzador, por la espalda y, encima, con el consentimiento de un pueblo entregado a creerse todo lo que vocean los medios de manipulación y los comparecientes en ruedas de prensa cada vez más bananeras y mediocres.

Alguien dijo que, para robar a gusto, lo más cómodo y efectivo era montar un banco.

Mentiras y silencios

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Las mentiras anidan en los oídos y amenazan con desahuciar la razón de los cerebros para instalar en ellos una realidad paralela, virtual, prefabricada, hecha a la medida de los profesionales del embuste. La inmediatez actual de la información ha favorecido la aparición de un ejército de pinochos que a diario pone sus huevos en los pabellones auditivos acondicionándolos con cerumen intencionado y torticero. Los engaños, parásitos de la comunicación y la convivencia, necesitan de muy poco para crecer y multiplicarse y lesionan de gravedad los organismos que los acogen.

La ciudadanía está infectada de mentiras y parece disfrutar rascándolas en lugar de extirparlas y sanar sus oídos, como sería lógico, antes de que el cerebro colectivo se resienta. En pocos días, los medios de comunicación se hacen eco, o las producen ellos mismos, de decenas de mentiras que bordan la actualidad, para ajustarla al deseo de Pinocho, y bordean la dura realidad social. Conectar una radio, una televisión, un ordenador, o leer la prensa, son hoy actividades de riesgo que se practican con cierta inocencia infantil. Como mal menor, las noticias cabrean hasta sacar de quicio.

Definitivamente, la dignidad se pierde cuando Pinocho mueve la lengua ante un micrófono o se deja acariciar por una cámara. Sabe que va a mentir, que pasará por mentiroso, pero es el papel que ha elegido y trata de hacerlo bien, con desparpajo, con profesionalidad, sin dignidad. Sabe que sus compañeros de escenario haran lo mismo, que sus apuntadores mediáticos reforzarán su mensaje, que sus trolas tendrán que competir duramente con los bulos de otros pinochos y que las falacias del día siguiente ocultarán bajo un pliegue de la memoria las de hoy. También sabe que los oídos del público se rigen por la máxima goebbeliana “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” y el aforismo daliniano “que hablen de mí aunque sea mal”.

Produce estupor ver o escuchar a los máximos responsables de un partido político y de una nación mentir ufana y reiteradamente sobre el caso Bárcenas. Es pasmosa la arrogancia con la que Merkel engaña a Europa sobre la necesidad de extender la pobreza para crear (su) riqueza. Es asombroso que el estado hable de proporcionalidad en las cargas policiales contra manifestantes. Es desconcertante oír decir al actual gobierno que su objetivo es el estado del bienestar. Es sobrecogedora la manera en que los partidos presentan un programa que no dudan en asesinar cuando alcanzan el poder. Repiten, repiten y repiten sus mentiras, una, dos, tres y mil veces, para transfigurarlas en verdad.

Hasta el límite de la indignidad se han arrastrado como culebras, en un solo día, la señora Dolores De Cospedal y el señor Toni Cantó. No cabe mayor afrenta ni desdén hacia la inteligencia que las palabras de una persona, adicta a los sueldos y a la erótica del poder, para explicar la situación contractual de Bárcenas en su partido. Tampoco se puede imaginar mayor escarnio y vejación hacia las mujeres que las palabras, tan populistas como peligrosas, pura ideología UPyD, escritas por un cómico-florero, otrora galán de los escenarios, para que se hable de él, aunque sea mal, y volver a remolcar su figura ante las cámaras.

Pero la angustia, la ansiedad, la aflicción, la inquietud y el desconsuelo se instalan en nuestros oídos cuando en ellos anida la peor de las rapaces, lo peor de la fauna política, el silencio. Nadie en el PP quiere nombrar a Bárcenas, hicieron memorables cabriolas verbales para no hablar de rescate, contorsionaron el lenguaje para eludir sus privatizaciones como parte de nuestra realidad y, ahora, la Comunidad de Castilla La Mancha quiere desahuciar del diccionario la palabra desahucio. Silencio. Ruedas de prensa sin preguntas. Respuestas envueltas en el celofan de la mentira. Silencio e impunidad.

La peste moral en España

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La humanidad está marcada por tragedias que han dejado sus cicatrices indelebles a lo largo de su historia. Las catástrofes naturales han sido, son y serán fenómenos que producen duelo social, a veces global, por amenazas pendulares que se escabullen de la lógica a la hora de ser explicadas. Terremotos, tsunamis o volcanes suman al dolor por las muertes y los destrozos que ocasionan la incertidumbre de una amenaza que potencialmente pende sobre cualquier persona. Los cataclismos cuentan con la resignación como respuesta a su acción porque el azar y la fatalidad los fundamentan y su predicción es casi quimera.

Pero la humanidad sabe, desgraciadamente mucho, de otras tragedias, con el factor humano en su origen, que la han marcado. En esto casos, la resignación es suplantada por la sumisión que provoca el miedo, compañero inseparable de quien sufre guerras o, como en la actualidad, estafas univerales sobre el segmento débil de la población. Ante calamidades evitables, el miedo convive en las conciencias individuales con la ira y el desprecio hacia quienes las provocan.

La capacidad del ser humano para competir destructivamente con la naturaleza parece no tener límites. Una mínima parte de la sociedad trabaja con desmesurado aínco para fagocitar a la mayoría convirtiendo el sufrimiento ajeno en beneficio particular. Utilizan el miedo como arma fiable y tratan de esconder su responsabilidad bajo apariencia de catástrofe cuasi natural para esquivar la indignación y el deseo de venganza de la población. Los tiranos posmodernos se alían entre ellos para desplegar una maniobra envolvente desde todos los flancos sociales, asolar las vidas de los inocentes y rapiñar en las ruinas los despojos que hallan a su paso.

La conducta de esta minoría, moderna peste negra, afecta a la población de manera indiscriminada. Las huestes financieras, la armada política y las mesnadas empresariales han decidido finiquitar el bienestar de la población. La sociedad sufre espasmos agónicos, causados por las medidas políticas adoptadas en beneficio de banqueros y empresarios, con sumisión y furia contenida, de momento. Sin sentimientos ni moral, los aliados gozan y se reparten el botín social, como piratas desalmados, y esta actitud la contagian a su infantería y a gánsters espontáneos que surgen por doquier.

Poca humanidad cabe suponer en quienes hacen de la corrupción su negocio, del sufrimiento ajeno su beneficio y del empobrecimiento general su catecismo político. La peste corrupta ha infectado a los partidos políticos, la peste codiciosa ha infectado a la banca y la peste mezquina ha contagiado a los empresarios. Entre tanta peste, entre tanta plaga, surgen desaprensivos mafiosos que, emboscados en el caos general, hacen sus particulares saqueos, llegando su despropósito a cebarse en personas tan indefensas como las que transitan en nuestra sociedad por las estrechas aceras de la discapacidad.

Entre tanto político sin vergüenza, entre tanto estafador bancario, entre tanto explotador negrero, no sorprende que pase desapercibido el caso de la Fundación Clavell, dedicada presuntamente al cuidado y atención de personas con discapacidad. Este caso eriza la conciencia y pone de relieve que presuntas personas llegan a comportarse como hienas maltratadoras de discapacitados, no dudan en explotar a sus trabajadores, estafan al estado en beneficio propio y cabe esperar que lo nieguen todo ante la justicia ofreciendo una cabeza de turco para escapar indemnes.

A pesar del susurro informativo, devorada la noticia por la peste negra de Bárcenas, los ERES, la familia Pujol, Amy Martin o Urdangarín, anónimas conciencias derraman lágrimas de impotencia ante esta infamia desde lugares tan recónditos como, pongamos por caso, el Alto Alagón salmantino.