Gordillo y Rajoy: la barba del vecino.

España es un país de excesos donde la moderación no rige ni siquiera a la hora de atender necesidades tan elementales como el sueño: o no despertamos, o no pegamos ojo. O se monta una hoguera en la plaza o se saca la procesión, el término medio de los españoles es aquél que no pasa por ningún sitio que no sea un extremo de la cuerda.

Algunos sindicalistas del SAT han hurtado unos carros de la compra con productos de primera necesidad de dos grandes superficies. Medio país ha saltado a la arena defendiendo la acción. Medio país ha hecho sonar las alarmas para denunciarla. Medio país no sabe o no contesta, a la espera de que alguien le diga qué debe opinar al respecto. Medio país se desentiende del asunto diciendo que no entra en política. Medio país confunde a Gordillo con un lateral del Betis y de la selección. Medio país no se ha enterado. No es que España sea un país tan grande, es que es excesiva.

No hay político que no se haya pronunciado al respecto, coincidiendo todos en abordar las formas y la imagen y pasando de puntillas sobre el fondo de la cuestión. Todos los medios de comunicación se han atrincherado en las líneas editoriales de sus empresas no para dar cuenta de un hecho, sino para desplegar toda la artillería al servicio de su ideológía y no al servicio de la información. El circo montado alrededor del hecho ha sido excesivo para el mediocre espectáculo que había en la pista.

Ha habido mucho cacareo en el corral. Se ha hablado tanto de la kufiyya (pañuelo palestino) como de los trajes de Camps, se ha comentado la camisa abierta y por fuera del pantalón como se comentó el bolso Vuitton de Rita Barberá, se han dicho tantas cosas sobre la barba mesiánica como de la melena de Aznar en su momento o los implantes capilares de Bono. Se ha denunciado la vida sibarita del personaje y las pésimas condiciones demócratas (asamblearias) en las que vive el culag de Marinaleda, se ha puesto de relieve la pésima administración que han hecho los marinaleños de las subvenciones públicas recibidas, se han resaltado los enormes emolumentos que recibe el alcalde y diputado y las estratosféricas comisiones que recibe de inconfesables trapicheos con banqueros y constructores de la comarca. Gracias a este debate nos hemos enterado de que existe una realidad diferente, distinta y distante de la que nos ofrecen cada día las noticias.

Y nos hemos enterado también de que España no va bien, de que va fatal y de que el gobierno, ése que tenía la fórmula para sacarnos de la crisis, ése que gozaba de credibilidad internacional, ése que jamás mentiría, ése que gobernaría para TODOS los españoles, ese gobierno del PP navega a la deriva reservando los botes salvavidas para la banca, para los mercados, para su banca y sus mercados, que para eso es neoliberal.

En cuanto a la oposición del PSOE, continúa siendo una “suposición” ocupada en reclamar para su pecho cualquier medalla que salte de la situación y renunciando a su cuota de responsabilidad en la crisis (más por lo que no hizo en sus momentos de gobierno que por lo que hizo). El PSOE debió seguir siendo un partido socialista y obrero, pero se acomodó en el neoliberalismo.

De lo que dudo que nos hayamos enterado bien, a pesar de la evidencia, es de que España vuelve a padecer hambre y miseria y de que la iglesia, aliada histórica del diablo, calla a diferencia de la iglesia de otros países castigados como el nuestro. Véase si no el contrapunto que ofrecen el arzobispo de Braga en la homilía de Fátima y nuestra inefable Fátima Báñez en el Rocío.

Gordillo, ateo confeso y diablo practicante, se ha encomendado a Mercadona y Carrefour para que se hable de una realidad evidente, palpable y en progresivo deterioro.

El debate está servido y los españoles posicionados en los extremos.

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Los cómics de Moncloa no tienen gracia.

La capacidad del gobierno para crear cortinas de humo y tratar de manipular al personal parece no tener límite ni sentido del ridículo. La Moncloa parece una sucursal de la editorial Bruguera donde el PP se afana en rescatar para el presente los personajes del cómic español que distrajeron la infancia y la juventud de varias generaciones. Por lo pronto, ha conseguido que más de medio país se meta en la piel de Carpanta y tema vivir bajo un puente de Calatrava debido a un desahucio o rebuscar en los contenedores de Mercadona para defenderse de la cada vez más inasequible cesta de la compra.

A pesar de que casi todos los guionistas de la FAES se han centrado en Carpanta, hay varios liberados que trabajan en otros personajes. Así, Jorge Moragas, en el papel de Superintendente Vicente, ha tenido la feliz idea de montar una especie de T.I.A. a la que ha bautizado como Departamento de Seguridad Nacional desde donde se supone que se coordinarán las misiones de lo más selecto del espionaje nacional para librarnos de los enemigos que algún Profesor Bacterio crea en el laboratorio gubernamental.

El ministro de defensa, Pedro Morenés (segundo de los hijos de José María Morenés y Carvajal, IV vizconde de Alesón, hijo a su vez de los condes del Asalto, grandes de España, y Ana Sofía Álvarez de Eulate y Mac-Mahón) llegó a tal puesto desde sus anteriores cargos como director general para España de la empresa paneuropea de misiles MBDA y consejero de la entidad Instalaza, S. A., principal fabricante española de bombas de racimo hasta 2008. El ministro acaba de representar ante el mundo el papel de Anacleto, agente secreto, que algún guionista le ha asignado para salvar a los cooperantes españoles de unos secuestradores norteafricanos que ningún otro servicio de inteligencia (palabra excesiva para este gobierno) extranjero ha visto. La aventura, además de servir para hacer el ridículo internacionalmente, ha puesto de actualidad los inhumanos recortes en cooperación y la tradicional y delictiva vista gorda que España viene haciendo sobre el conflicto del Sahara.

Paralelamente, el PP ha enviado a Cuba a Mortadelo y Filemón en una extraña misión que ha acabado con la muerte de dos agentes de la disidencia cubana. Mortadelo (Ángel Carromero) y Filemón (disfrazado de joven sueco democristiano) han acabado, como en el cómic, encarcelados, y las personas a las que iban a salvar, en la morgue. El conflicto internacional está servido y la munición anticubana y anticomunista espera con tensión a que el dedo inocente del ministro de exteriores apriete descuidadamente el botón rojo del detonador.

Finalmene, una vez que el PP ha abierto las puertas del armario de la posguerra, entre Rita Barberá y Gallardón están reescribiendo las obras completas del genial Carlos Giménez a la luz de las velas del Valle de los Caídos. Los reconocimientos oficiales al general Queipo de Llano y al general Franco son toda una declaración de intenciones acerca del camino emprendido hacia la España más negra de la historia moderna.

Mientras tanto, el personal de a pie parece que contempla la realidad que le rodea con las gafas de Rompetechos, encajando los golpes asestados sobre sus vidas como simples tropezones fruto de su propia torpeza y ceguera.

La canción dedicada por Asfalto al Capitán Trueno carece por ahora de sentido. El Capitán Trueno no está ni se le espera y, por ahora, está muy complicado que gane el bueno.