Wert: el toro que no cesa

lomce

El señor ministro de educación siente que tiene cuernos, dos orejas y un rabo, amén de cuatro patas de las que se sirve, además de para caminar, para hacer algo parecido a pensar. No lo dice una servidora, sino que lo dejó caer él mismo en la recepción celebrada en el senado para conmemorar el 34 aniversario de una Constitución que su partido está corneando en la femoral de los derechos ciudadanos: “Soy como el toro bravo que se crece con el castigo”. Está crecido, sí, de astas que le dan un aspecto demoniaco a su ya siniestra figura.

Los destrozos causados por el ministro astado son para trasladar el sistema educativo directamente a la UCI de un hospital público, si quedara alguno tras la faena de los monosabios del ministerio de sanidad. El almacenamiento de alumnado en las aulas y las carencias de docentes en colegios e institutos se ha podido comprobar en el inicio de un curso con 80.000 alumnos más y 20.000 docentes menos. A pesar de todo, está satisfecho el ministro porque aún queda espacio libre en los pasillos de los centros ante eventuales complicaciones.

El ministro ha decidido dejar sin ayudas para material didáctico a casi 600.000 familias y a otras 25.000 ya las dejó sin beca el año pasado porque el ministro considera que les sobra el dinero. Para Wert, la cuestión es bien simple y no tiene nada que ver con los recortes ¿para que necesita un repartidor de bollería la licenciatura de empresariales? Capricho, estudiar es un capricho y los empresarios de este país, entre las cornadas de Wert y las de Báñez, están contentos, atendidos y bien servidos con lo que hay. No hacen falta más estudiantes, a no ser que los solicite Merkel.

Se crece el ministro con las protestas y no duda en colocarse la montera, atarse los machos y convertirse en torero por un día para incitar a la marea verde a hacerle una protesta como la chilena o la mejicana, como Dios manda. Con dos cojones” le ha faltado decir, que no pensar, seguramente con la testuz puesta en los subalternos Fernández Díaz y Cifuentes que saben cómo cornear con saña a la ciudadanía brava y rebelde. Si se radicalizaran las protestas, no faltarían Aguirre, Cospedal o cualquiera de la cuadrilla para señalar a los manifestantes como comunistas radicales y tal vez Gallardón señalaría a la República como culpable de todos los males de España.

Hoy se ha despachado el cuadrúpedo de educación afinando que la protesta anunciada para el 24 de octubre es política. Un cerebro bovino no da para mucho más. Ideológica, que no política, es su reforma, sus recortes y su concepto de la educación, pura ideología nacional catolicista de la prestigiosa ganadería franquista que pasa por una etapa de sobreproducción. Catecismo evaluable, Educación del Espíritu Nacional como materia transversal y, por supuesto, los niños con los niños y las niñas con las niñas, de la castidad y la abstiencia al cielo.

Es preocupante la fijación tan extrema que muestra Wert, ministro de Educación, Cultura y Deporte, hacia los toros. En plena crisis, en pleno desmantelamiento de la educación y de la sanidad públicas, en pleno ocaso inducido de la RTVE, no son pocos los ayuntamientos y diputaciones gobernadas por el PP que hacen un esfuerzo sobrehumano para subvencionar museos o celebrar eventos taurinos. Se han gastado un dineral para televisar una corrida los mismos que no encuentran dinero para adquirir los derechos de retransmsión de la última final de tenis ganada por Nadal, por ejemplo.

Wert es el digno sucesor del toro de Osborne en los paisajes patrios y su silueta merece ser estampada en banderas rojigualdas para que los cachorros de las Nuevas Generaciones las enarbolen en lugar de las franquistas. Los saludos e himnos son más difíciles de sustituir, aunque este sucesor de José María Pemán al frente de la educación española es capaz de crear una letra para el himno y, si se tercia, depurar al profesorado español. No le demos ideas.

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Nochevieja. Vidavieja. ¿Vidanueva?

apocalipsis

Ni fin del mundo ni fin de peromias. El almanaque de la vida deshojará su último aliento el 31 de diciembre, como todos los años, y, sin sorprender a nadie, aparecerá de nuevo el día uno de otro mes, de otro año, de otras esperanzas, de otras ilusiones, las mismas de toda la vida. Los rituales ancestrales se volverán a repetir con esa fe desgastada que constituye la base de la cultura popular: doce campanadas del reloj, doce uvas acompasadas; un íntimo deseo, un público incumplimiento; un fin de año, una continuidad sin fin. Las uvas, como la vida, son frutos para consumir sin ninguna proyección mágica, por mucho que nos empeñemos en otorgársela.

Los mayas no han errado, hemos errado quienes buscamos desesperadamente el final de un presente de agrio futuro por arte de birlibirloque, quienes buscamos en los hados imaginarios las soluciones reales que no somos capaces de alumbrar por nosotros mismos. Tampoco se cumplió la profecía de Nostradamus ni el temido fin del mundo preconizado por los agoreros informáticos para el redondo año 2000. Vivimos en una continua búsqueda de un holocausto ajeno manteniendo los ojos cerrados ante el holocausto que nosotros mismos estamos empecinados en autocondedernos con nuestros votos y nuestra pasividad. El holocausto real se anuncia a diario en prime time, en potada a cinco columnas y en cualquier conversación casual con la primera persona que se cruza con nosotros por las aceras cotidianas de la vida diaria.

Los jinetes del Apocalipsis del siglo XXI no cabalgan a la grupa de zaínos corceles ni se anuncian con trompetas finiseculares. Los jinetes del Apocalipsis del 2013 se sientan en los mullidos asientos del consejo de ministros y sus trompetas replican el sonido de la estenotipia que esculpe nuestros destinos en el Boletín Oficial del Estado. Pero concedamos un prudencial margen al optimismo al modo del Partido Popular: una vez asesinados, es imposible morir; una vez arrasados los derechos ciudadanos, es imposible su secuestro; una vez empobrecido el pueblo, es imposible robarle sus constitucionales ilusiones; una vez arrasada la esperanza, sólo es posible buscarla y volverla a encontrar.

Como en las cosechas que alimentan a la población, la siega no es más que un preámbulo festivo a la alimentación y un punto y seguido que culminará con otra siembra que propiciará nuevos frutos para segar, alimentar y extraer nuevas semillas. Lo que el diablo neoliberal está haciendo en el sembrado de los derechos ciudadanos debe ser motivo de júbilo pagano, con la vista puesta en la siguiente campaña, y, por si acaso, hay que tomar nota del parásito que ha diezmado la cosecha para fumigarlo en primavera a la hora de depositar las semillas renovadas en las urnas electorales.

En la nochevieja de 2012, las campanadas sonarán lúgubres. Cada cuarto reproducirá 1: el “¡Qué se jodan!” de Andrea Fabra (compartido por el gobierno), 2: el “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” culpabilizador del PP, 3: “ La herencia recibida” excluyente de la política económica de Aznar, 4: la rediviva represión franquista de las protestas impuesta por Fernández Díaz, 5: la encomienda de Báñez al santoral para solucionar angustias, 6: el concepto de vagos y maleantes aplicado por Aguirre a todos los sectores productivos, 7: la justicia sin venda impuesta por Gallardón, 8: la educación elitista rescatada por Wert, 9: la amenaza militar resucitada por Morenés, 10: la eutanasia como concepto universal de salud patrocinada por Ana Mato, 11: el “Que inventen ellos” promovido por Soria y 12: la agricultura y la pesca al servicio de Mercadona que complace a Cañete. El brindis será con una copa de vil garrote impositivo de Montoro y otra de estafa global de De Guindos. Cerrará la velada el carrillón descendente del “hágase tu voluntad” con el que Rajoy bendice todo lo que complace a Merkel.

¡Ojo con las uvas! contienen huesecillos que pueden atragantar. Escúpalas. Escúpales.

Cristina Cifuentes, Madrid sin fuentes.

Antes de nada, Cristina, permíteme un desahogo personal: ¡eres muy, pero que muy, pesada!

No hay día que mis neuronas no reclamen una dosis de tranquimazin debido a que has abierto tu boca de par en par y has dejado salir en estampida tus ideas. No me intranquilizan tus palabras, Cristina, me intranquilizan tus ideas; o, mejor dicho, me intranquilizan las ideas que tus mentores te dejan anotadas cada día para que tires la piedra mientras ellos esconden la mano. Una mujer como tú está exenta de toda sospecha involucionista; como mucho, tu imagen con albornoz oriental ribeteado en fosforito da para acompañante de mafioso gordo y desaliñado o novia casual de Torrente. No te acaba de encajar el traje de golpista a pesar de tu destreza ordenando golpes.

Comprendo que la competencia feroz dentro de tu partido te exige estar en forma para ocupar la primera línea del fotocall y salir bien en la foto entre tus compañeros y compañeras que colaboran en la empresa de arruinar de forma coral a tu país y a tus conciudadanos. Te lo ponen muy duro Vidal Quadras (reclamando la intervención de la guardia civil como solución añeja, igual que vuestra ideología), Mayor Oreja (reclamando la clandestinidad, fuera de los focos de la democracia, para las actuaciones policiales), tu jefe Fernández Díaz (aplaudiendo la represión violenta y condecorando a las porras que más muescas muestran en su empuñadura), o Felip Puig (ese alumno aventajado que controla los bajos fondos catalanes). A pesar de todo, consigues brillar con luz propia y demostrar que el género femenino puede competir con el masculino en fuerza bruta.

Tu papel en el coro destructor de derechos es fundamental para que el resto de tu banda haga su trabajo con eficacia y rapidez. Tu director de orquesta es consciente de que el éxito de cada ministerio se basa en la imposición a las bravas de sus desvaríos y para ello es imprescindible acallar la voz de cualquier inocente que se atreva a denunciar la injusticia de sus políticas. Los medios de comunicación los tenéis controlados -o ellos os tienen controlados a vosotros, que ya no lo sé con certeza- y se encargan de manipular a la opinión pública para que se acepte como bondad el fuego eterno del infierno que estáis imponiendo.

Y por si falla algo, ahí estás tú, compitiendo de igual a igual con tu jefe el ministro. Que alguien protesta: ¡zas!, en toda la boca con una porra, con una pelota de goma o con una denuncia en la Audiencia Nacional a un septuagenario que se queja de vicio porque la pensión no le llega o a una joven, ligera de quejas, sin curro, sin casa y sin futuro. Eres toda una profesional, Cristina, una profesional con los ovarios bien puestos, las ideas represoras muy claras y un conocimiento exacto y exhaustivo del manejo de la tropa antidisturbios.

Tu última propuesta es admirable, digna de una persona perfectamente capacitada para manejar una situación límite que saca a la calle a cientos de miles de personas cada mes desde que tu partido manda en España. Modular las manifestaciones (sois imbatibles manipulando el lenguaje), Cristina, debe ser la solución ideal para salir de la crisis, y racionalizar el uso del espacio público es la panacea para la convivencia feliz y dichosa de todos los madrileños. La gente no tiene consideración ni otra ocurrencia que salir a la calle a protestar, como si así solucionasen algo. Las calles, las plazas y las fuentes de Madrid las pones a su disposición cada vez que hay motivos racionales y vitales como una final de fútbol, una concentración de kikos, una procesión, un desfile militar o un desfile papal.

Tienes razón, Cristina, la peligrosa ciudadanía descontenta, el enemigo, abusa de sus derechos constitucionales sin saber lo que hace ni lo que quiere. Para eso estás tú, Cristina, que todo lo sabes, menos contar manifestantes desafectos. Tú sabes lo que conviene al pueblo y por esto estás dispuesta a imponerle el silencio y la sumisión, a prohibirle hablar, mientras tu compañera Cospedal le recorta la representatividad parlamentaria, tu compañera Mato le ayuda a morir indignamente, tu compañero Wert le analfabetiza, tu compañero De Guindos le estafa y tu compañera Báñez reza por él.

Asesórate, Cristina, no te quedes corta y mira a ver si te autoriza tu partido a imponer el toque de queda y suprimir las libertades. Tu compañero Gallardón, entre misa y misa, encontrará un resquicio para que parezca legal. Sé que nos quieres y que lo haces todo por nuestro bien, pero te rogaría que no nos quisieras tanto y persuadieras a tu partido de que son sus actos los que incendian las calles. Sólo te falta que Democracia Nacional o Falange hagan en la calle el trabajo sucio de la policía ¿o ya lo tienes previsto?

Quieres cerrar las plazas, las calles y las fuentes a las protestas convirtiendo los hogares en guantánamos. Puedes hacerlo, Cristina, pero haciéndolo no desaparecerán las causas de las protestas y tú serás ante tu pueblo responsable de la política de tu partido y de nuestras desgracias. No creo que te importe.

Gordillo y Rajoy: la barba del vecino.

España es un país de excesos donde la moderación no rige ni siquiera a la hora de atender necesidades tan elementales como el sueño: o no despertamos, o no pegamos ojo. O se monta una hoguera en la plaza o se saca la procesión, el término medio de los españoles es aquél que no pasa por ningún sitio que no sea un extremo de la cuerda.

Algunos sindicalistas del SAT han hurtado unos carros de la compra con productos de primera necesidad de dos grandes superficies. Medio país ha saltado a la arena defendiendo la acción. Medio país ha hecho sonar las alarmas para denunciarla. Medio país no sabe o no contesta, a la espera de que alguien le diga qué debe opinar al respecto. Medio país se desentiende del asunto diciendo que no entra en política. Medio país confunde a Gordillo con un lateral del Betis y de la selección. Medio país no se ha enterado. No es que España sea un país tan grande, es que es excesiva.

No hay político que no se haya pronunciado al respecto, coincidiendo todos en abordar las formas y la imagen y pasando de puntillas sobre el fondo de la cuestión. Todos los medios de comunicación se han atrincherado en las líneas editoriales de sus empresas no para dar cuenta de un hecho, sino para desplegar toda la artillería al servicio de su ideológía y no al servicio de la información. El circo montado alrededor del hecho ha sido excesivo para el mediocre espectáculo que había en la pista.

Ha habido mucho cacareo en el corral. Se ha hablado tanto de la kufiyya (pañuelo palestino) como de los trajes de Camps, se ha comentado la camisa abierta y por fuera del pantalón como se comentó el bolso Vuitton de Rita Barberá, se han dicho tantas cosas sobre la barba mesiánica como de la melena de Aznar en su momento o los implantes capilares de Bono. Se ha denunciado la vida sibarita del personaje y las pésimas condiciones demócratas (asamblearias) en las que vive el culag de Marinaleda, se ha puesto de relieve la pésima administración que han hecho los marinaleños de las subvenciones públicas recibidas, se han resaltado los enormes emolumentos que recibe el alcalde y diputado y las estratosféricas comisiones que recibe de inconfesables trapicheos con banqueros y constructores de la comarca. Gracias a este debate nos hemos enterado de que existe una realidad diferente, distinta y distante de la que nos ofrecen cada día las noticias.

Y nos hemos enterado también de que España no va bien, de que va fatal y de que el gobierno, ése que tenía la fórmula para sacarnos de la crisis, ése que gozaba de credibilidad internacional, ése que jamás mentiría, ése que gobernaría para TODOS los españoles, ese gobierno del PP navega a la deriva reservando los botes salvavidas para la banca, para los mercados, para su banca y sus mercados, que para eso es neoliberal.

En cuanto a la oposición del PSOE, continúa siendo una “suposición” ocupada en reclamar para su pecho cualquier medalla que salte de la situación y renunciando a su cuota de responsabilidad en la crisis (más por lo que no hizo en sus momentos de gobierno que por lo que hizo). El PSOE debió seguir siendo un partido socialista y obrero, pero se acomodó en el neoliberalismo.

De lo que dudo que nos hayamos enterado bien, a pesar de la evidencia, es de que España vuelve a padecer hambre y miseria y de que la iglesia, aliada histórica del diablo, calla a diferencia de la iglesia de otros países castigados como el nuestro. Véase si no el contrapunto que ofrecen el arzobispo de Braga en la homilía de Fátima y nuestra inefable Fátima Báñez en el Rocío.

Gordillo, ateo confeso y diablo practicante, se ha encomendado a Mercadona y Carrefour para que se hable de una realidad evidente, palpable y en progresivo deterioro.

El debate está servido y los españoles posicionados en los extremos.